DULCES BESOS


20| LA VISION


Los ojos de Mikoto estaban oscuros de terror mientras observaba la guardia MacNamikaze pasar con gran ruido por la granja. ¡Las noticias que ella había oído en Konoha tiempo atrás eran ciertas! ¡Los guardias regresaban con la prometida de Naruto! Ni siquiera había sabido que habían ido a buscarla, gracias a las negativas de Itachi para discutir los acontecimientos del castillo.

¡Ahora veía la llegada de la mujer que mataría a su hijo!

Temblando, Mikoto se arrastró lejos de la ventana y más cerca del fuego. Friccionó sus manos, haciendo un intento vano para apartar un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima. El escalofrío estaba de su corazón, sin descongelarse hasta que asegurara el futuro de su hijo.

Había comprometido los servicios de los gitanos varios días antes, pero, ignorando que la prometida del laird llegaría tan pronto, más la culpa de Itachi por ser tan reservado, no había especificado la fecha para el secuestro de Naruto.

Había tenido la intención de usar hierbas para drogar al laird, luego engañarlo con algún señuelo para llevarlo al lago donde, indefenso, él sería encantado. Ahora tenía una mejor idea. Iría al campamento gitano esa misma noche y les ordenaría actuar inmediatamente, llevar a su prometida, usarla como cebo, y luego encantarlos a ambos.

Agarró su capa en dedos temblorosos y se apresuró a ir la puerta. Itachi estaba todavía en el castillo y lo estaría por varias horas si seguía exactamente su horario, completamente inconsciente del peligro que lo acechaba.

Dejó sus ojos apretadamente cerrados, agarrando firmemente la puerta y endureciendo su voluntad. Estaba casi hecho. Simplemente un día más, se enfrentaría al bando gitano una vez más, y su hijo estaría a salvo.

Y quizá, sólo quizá, esa horrible oscuridad absorbente finalmente la dejaría en paz.

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La tarde que Naruto regresó, Hinata, Minato y Kushina, alertados por la guardia que cabalgaba adelante, esperaban en los escalones de la parte delantera del castillo.

Hinata sentía que su corazón podría explotar de felicidad. Su mirada permaneció mucho tiempo en los dos hombres imponentes que hablaban, golpeándose ruidosamente uno al otro en los hombros y bromeando mientras se apeaban y el jefe de cuadras conducía lejos sus caballos. Ella había tenido una parte en eso, pensó, sonriendo. La primera meta lograda. El hermano de Naruto estaba a salvo.

Cuando Naruto alcanzó la grada más baja, ella se lanzó a sus brazos. Él la hizo girar en su abrazo y la besó ávidamente. Cuando hubo terminado, ella estaba sin aliento y riendo.

—¿Mi turno?— bromeó Menma.

—Creo que no— gruñó Naruto. Luego su semblante ceñudo se desvaneció y sonrió a su hermano—. Por Amergin, esto es como un sueño. Todavía recuerdo estar parado en el siglo de Hinata, llevando luto por ti, hermano. Ten cuidado contigo mismo. Nunca quiero pasar por eso otra vez. Espero que vivas cien años o más.

—Tengo esa intención— lo reconfortó Menma. Luego sonrió a Hinata, y ella recobró el aliento. Por un momento, pensó que él era casi tan bello como Naruto. Volvió la mirada a Naruto, que había arqueado una ceja, vigilándola.

—Oh, vamos— dijo Hinata ágilmente—. Puedo apreciar qué tan atractivo es, tanto como se parece a ti.

Naruto rugió profundo en su garganta.

—Pero me casé contigo— ella dijo impertinentemente.

—Sí, lo hiciste. Fue ella quien lo hizo, Menma— dijo Naruto significativamente.

—Y no hace un buen trato— dijo Menma con ligereza—. Es claro que su corazón es sólo para ti. Si recuerdas, a ella no le gustó besarme.

Naruto gruñó otra vez. Menma se rió.

—Te doy las gracias, Hinata Hyûga. Naruto me dijo que recobró su memoria cuando le dijiste el hechizo. La batalla ocurrió como predijiste. Y te pagaré con mi vida.

—No— protestó Hinata—. Estoy feliz de haber podido ayudar, y contenta de que tú estés bien.

—Esta es una vieja costumbre. Siempre te protegeré a ti y a los tuyos— dijo él, sus ojos azules brillando intensamente—. Y está el hecho pequeño de que has hecho a mi hermano más feliz de lo que alguna vez lo he visto, así que te agradezco doblemente, muchacha. Te doy la bienvenida a nuestra familia.

Los ojos de Hinata se empañaron. Era parte de una familia ahora. Los brazos de Naruto la apretaron y él levantó sus piernas hacia arriba, acunándola. Ella inclinó la cabeza hacia atrás para otro beso lento.

Menma sonrió abiertamente y sacudió la cabeza, empezando a saludar a su padre. Hizo una pausa, advirtiendo el brazo de Minato alrededor de la cintura de Kushina. Naruto lo advirtió al mismo tiempo. Sus ojos se ampliaron y miró a Hinata. Ella se encogió de hombros, sonriendo.

—No sé lo que sucedió, pero desde que te fuiste, han estado actuando diferente. Parece que finalmente admitieron sus sentimientos.

Menma echó hacia atrás la cabeza y dio un grito de alegría. Agarró a Kushina y la besó sólidamente en la boca. Kushina se sonrojó, mostrándose inmensamente aliviada, y Hinata se percató de que ella habría debido estar nerviosa acerca de cómo podrían sentirse Naruto y Menma acerca de su relación con su padre.

—Detente— gruñó Minato—. Besa su mejilla si lo deseas, pero no beses esos labios. Son míos.

La risa de Kushina fue jovial, y ella y Hinata intercambiaron una sonrisa puramente femenina. La posesividad en dosis diminutas podría ser deliciosa.

Menma sonrió abiertamente.

—Entonces, nuestro Pa finalmente ha abierto los ojos.

Minato pareció tímido.

Menma levantó a Kushina y la giró en círculos vertiginosos.

—Es tiempo de que tomes tu asiento en nuestra mesa, Kushina.

—Entonces supongo que lo apruebas— dijo Minato secamente.

—Oh, sí, lo aprobamos— dijeron Menma y Naruto simultáneamente.

Cuando Menma depositó a Kushina junto a Minato, sólo Hinata advirtió el indicio débil de tristeza en los ojos de Menma, enterrado profundo detrás del destello azulado. No lo podría haber advertido del todo si no hubiera experimentado eso por sí misma.

Era soledad.

¿Donde habría Menma MacNamikaze, hermano de un hombre que había sido plantado cuatro veces...? ¿...un druida extraordinario, bellísimo más allá de las palabras, encontrar a una mujer para casarse en toda Alba?

Y Menma sabía eso, aunque Naruto no se había dado cuenta aún.

—Rompiste el compromiso matrimonial, ¿verdad?—. Ella apartó la cabeza de Naruto, entrecerrando los ojos.

—Sí, parece que a Sakura no le gustó que invocara una tormenta durante la batalla— dijo él, sonriendo abiertamente.

—¿Hizo sus ojos resplandecer y todo eso?— bromeó ella, observando a Menma atentamente.

—Fue más impresionante— le informó Menma—. Lo deberías haber visto levantar sus brazos hacia el cielo y hacer realmente una interpretación, cuando en verdad no precisa mucho esfuerzo, sólo una flecha con los elementos correctos disparados en una cierta formación nubosa.

—Oh, debes contármelo— Hinata suspiró.

Los dos hermanos se rieron, lanzando sus melenas de diferente tono y sedoso sobre el hombro, aun no sabía como los había podido confundir si su pelo era de un color diferente, pero sus ojos eran del mismo hermoso tono azul cielo.

—No mandé bajar una tormenta. Le dije a ella que si rompía nuestro compromiso matrimonial, podría retener el precio de la novia para usarlo como una dote futura—. Él hizo una mueca—. Parece que no tenía deseos de casarse conmigo de cualquier manera, ya que había estado penando por otro. Me dijo que su pa no le dio elección, porque tenían necesidad de dinero.

Oh, Naruto, pensó Hinata. Condenado a no ser nunca apreciado por las mujeres de su siglo. ¡Y Menma! Tendría que hacer algunos esfuerzos serios de casamentera en su futuro. ¿Dónde diablos le encontraría una esposa?, se preguntó.

Luego no se preguntó nada más, pues Naruto cambió de dirección con ella en sus brazos y subió las escaleras del castillo. Para hacer de inmediato el amor apasionadamente con ella, estaba realmente segura, y su cuerpo entero se aligeró con anticipación.

—¡Un momento!— los llamó Minato—. Pensé que podríamos cenar juntos como una familia.

—Déjalos, pa, que dudo que dejen el dormitorio hasta el amanecer— dijo Menma secamente.

Minato suspiró, luego recorrió con la mirada a Kushina. Su mirada se hizo más y más ardiente. Cuando Minato tomó la mano de Kushina y la apuró hacia las escaleras, deseando una buena noche sobre su hombro para su hijo, Menma negó con la cabeza, sonriendo débilmente, y retiró una botella de whisky de su sporran.

Menma permaneció sentado sobre los escalones por mucho tiempo, lleno de una inquietud extraña que ni aún el whisky podía dulcificar, mirando el cielo nocturno brillando intermitentemente con las estrellas brillantes.

Si se sentía solo, en la inmensidad de las cosas, era un sentimiento al cual él se había acostumbrado hacía mucho tiempo.

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Hinata dio la bienvenida a su marido a casa en una manera avalada por el tiempo. Pasaron la tarde en su cámara, donde ella cariñosamente le lavó el polvo del viaje, para luego unirse a él en una bañera limpia y demostrarle lo muchísimo que lo había extrañado.

Encendieron velas y recogieron el terciopelo de las cortinas de la cama, alternativamente haciendo amor y deteniéndose para alimentarse el uno al otro con delicadezas de una suculenta cena entregada personalmente por Menma.

Quedaba en claro por el conjunto imponente de comidas, decidió Hinata, que Menma tenía realmente una mente erótica, lo mismo que su hermano. Pues les había traído comida de amantes: rebanadas jugosas de melocotones y ciruelas, tortas cocidas de carne, queso y una barra de pan costrosa.

Él también había traído miel, con nada específico dónde ponerla, algo que ella no había entendido hasta que Naruto colocó su espalda sobre la cama, dejó caer pequeñas gotas en esa parte tan femenina suya, luego procedió a demostrarle simplemente cuánto tiempo podía llevarle lamerla completamente. A fondo.

Había llegado al clímax dos veces bajo su lengua magistral, ligeramente pegajosa. Y después hubo cerezas del huerto, y ella había comido un puñado mientras probaba su propia mano en la miel.

Naruto había yacido indolente en la cama por dos minutos y medio antes de lanzarla una vez más de espaldas y hacerse cargo del asunto. Ella se había deleitado en socavar su control. Para ser un hombre tan disciplinado, ciertamente no lo era en la cama. Desinhibido, apasionado, su entusiasmo por el sexo parecía no tener fin.

Ella lo había alimentado con rebanadas de cochinillo asado, luego le había dado de beber pequeños sorbos de vino de sus labios. Y cuando él le había murmurado al oído las mismas básicas, primitivas palabras que ella le había dicho a él su primera noche juntos en las piedras, la lujuria salvaje los había consumido a ambos.

Habían rodado a través de la cama y se habían caído al piso, tumbando las mesas y las candelas y prendiendo fuego a la alfombra de piel de cordero. Se habían reído y Naruto lo había apagado con el agua fría de la bañera.

Y cuando ella finalmente se durmió acurrucada, su espalda apoyada contra el pecho de su esposo y sus brazos alrededor de ella, su último pensamiento fue cielo. Ella había encontrado el cielo en las Highlands de Escocia.

—Mmm— suspiró Hinata satisfecha. Había estado teniendo un sueño maravilloso en el cual Naruto la despertaba haciéndole el amor. Débilmente, la comprensión de que no era un sueño la penetró en el mismo momento que él lo hizo.

Ella se quedó sin aliento mientras, quieta en su posición de costado, él se deslizaba en ella desde atrás.

—Oh, Dios Santo— ella jadeó a medida que él aumentaba el ritmo. Más profundo, más duro, más rápido. Él empujó en ella, sus brazos envueltos apretadamente alrededor de su mujer, y mordió la piel en la base de su cuello. Cuando él rodó sus pezones entre sus dedos, ella se arqueó hacia atrás contra él, encontrándolo en cada empuje hasta que llegaron al clímax en armonía perfecta.

—Hinata, mi amor— murmuró él.

Cuando, más tarde, él había ido a ir a buscar desayuno, en su intento de servirla en la cama, ella se recostó, una sonrisa boba emplastada en su cara.

La vida era tan buena.

Silbando una melodía alegre, Naruto balanceó en su brazo una bandeja cargada de arenques y embutidos regordetes, tatties y bolas de masa, melocotones y gachas de avena, mientras manoseaba torpemente la puerta. Todo había sido preparado por la misma Kushina y catado por Shikamaru.

A pesar de que la amenaza pendía malignamente a alguna distancia aún en el futuro, él no correría riesgos con su esposa.

—El sustento está aquí, y lo vas a necesitar, amor— él anunció, empujando la puerta para abrirla.

Las cortinas de terciopelo de la cama estaban atadas hacia atrás, revelando un enredo de colchas y ropa de cama, pero la cama misma estaba vacía. Él recorrió con la mirada el cuarto, desconcertado. Se había estado ido una media hora escasa, a recoger la comida.

¿Dónde se había ido ella? ¿Una visita rápida al garderobe? Él había planeado una mañana deliciosa: un desayuno pausado, un lento baño para su esposa, que debería estar dolorida de tanto juego de cama. Más hacer el amor sólo si ella era capaz, y en caso de que no, le daría un masaje con los aceites perfumados en su piel y atendería tiernamente sus extremidades blandas.

Un escalofrío de presentimiento besó su columna vertebral a medida que miraba la cama vacía. Dejando caer la bandeja en una mesa cerca de la puerta, atravesó velozmente el tocador hasta la Cámara De Plata.

Ella no estaba allí.

Él giró sobre un eje y regresó a su propia cámara.

Sólo entonces vio el pergamino sobre la mesa cerca del fuego. Sus manos temblaron mientras lo agarraba rápidamente y lo leía.

Ven al claro junto al lago pequeño si aprecias su vida. Solo, o la muchacha morirá.

—¡No!— rugió, aplastando el pergamino en su puño. Aún no es tiempo, protestó su mente. ¡Se suponía que él sería encantado dentro de casi dos semanas! ¡Él aún no había dado indicaciones a los guardias de triplicar la vigilancia y buscar por todos los sitios!

—Por Armegin— murmuró roncamente—, hemos cambiado las cosas en cierta forma—. Impidiendo la muerte de Menma, habrían debido alterar los subsiguientes acontecimientos que se desarrollarían. Su mente corrió a toda velocidad, furiosamente.

¿Quién estaría detrás de todo? Tenía poco sentido para él. ¿Y qué podría querer el enemigo con Hinata?

—Para acercarse a mí— él masculló desagradablemente. No lo habían drogado esa vez. Como Hinata estaba allí, había sido utilizada como cebo.

Frenéticamente, él apretujó sus pies dentro de sus botas y agarró sus bandas de cuero, fajándolas en su pecho. En el Gran Hall, llenó cuchilla tras cuchilla las hendeduras mientras corría hacia la guarnición. Solo, mi culo, pensó.

Entraré andando solo, mientras mis hombres se mueven furtivamente detrás de ellos y destruyen a todos y cada uno de los bastardos que tomaron a mi mujer.

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Mikoto se encogió de miedo detrás del roble elevado, observando a los gitanos disponerse a manipular el hechizo que les había comisionado. Habían pintado un gran círculo rojo en la tierra. Runas que ella no reconocía demarcaban la oscura magia gitana dentro del perímetro, pensó, temblando.

En el momento en que Itachi se había ido a su paseo matutino hacia el castillo, ella había salido de la granja y había avanzado a rastras a través del bosque. Estaba decidida a ver la acción hecha con sus propios ojos. Sólo entonces creería que su hijo estaba seguro. Estrechó sus ojos, mirando fijamente a la prometida de su enemigo Naruto, que había sido sacada a la fuerza de su cama, estaba segura, pues la muchacha no traía puesto nada excepto una blanca bata de noche.

Pronto el laird mismo llegaría, los gitanos los encantarían y se los llevarían lejos, para ser enterrados secretamente, y sus preocupaciones se terminarían. Los gitanos habían exigido más dinero para encantar a la mujer también, obligando a Mikoto a hurtar la caja de caridad de Itachi. Pero ninguna trasgresión era demasiado grande para salvar a su hijo.

Unas pocas yardas más allá, Itachi observaba a su madre con el corazón oprimido. Durante algún tiempo, ella había estado empeorando, su temperamento haciéndose progresivamente errático, sus ojos demasiado brillantes.

Lo miraba incesantemente, como si temiera que un rayo pudiera golpearlo de un momento a otro. Él había hecho todo lo que podía para apaciguar sus miedos de que Naruto MacNamikaze pudiera dañarlo, en vano. Ella estaba perdida en sus espejismos terribles.

Murmuró a Dios una oración suave de agradecimiento por guiarlo. Se había despertado con un presentimiento molesto, y en vez de ponerse en marcha inmediatamente hacia el castillo, se había demorado detrás de la granja. En efecto, momentos más tarde, su madre había salido distraída, viéndose salvaje, su cabello desordenado, medio vestida, jalando su capa apretadamente alrededor de ella.

Cuando se había escabullido, él la había seguido a cierta distancia. Ella había avanzado a rastras hacia el borde del bosque, hasta un claro circular al borde del lago pequeño. Ahora la observaba, profundamente inquieto. ¿Qué estaba haciendo su madre? ¿Qué implicación tenía ella en los asuntos gitanos, y qué diseños extraños estaban grabados en el césped?

Él escudriñó el claro, atiesándose cuando un grupo de gitanos se apartó y uno se libró del resto, llevando a una mujer atada hacia el círculo rojo. Era la pequeña muchacha pelioscura que Itachi había visto en el castillo últimamente. Cuando el gitano brevemente miró en su dirección, Itachi se agachó rápidamente más profundo en la maleza en las sombras del bosque.

¿Qué acontecimientos ominosos planeaban? ¿Por qué estaba allí su madre observando, y por qué estaba una mujer del castillo atada? ¿En qué cosas terribles había sido enredada Mikoto?

Alisando sus ropas, se recordó a sí mismo que era un hombre de Dios, y como tal, tenía el deber de operar en Su nombre a pesar de su naturaleza humilde. Lo que fuere que estaba a punto de suceder, estaba claro que ningún bien podría resultar de ello.

Era su responsabilidad poner un alto antes de que alguien fuera dañado. Él comenzó a dar un paso adelante de su encubierta posición, pero no antes de que Naruto MacNamikaze, montado en un garañón negro, irrumpiera en el claro. El laird saltó de su caballo y, desenfundando su espada, se dirigió al gitano que sostenía a la muchacha.

—Suéltala— Naruto rugió salvajemente en una voz que sonó como mil voces. Sus ojos azules resplandecieron incandescentemente. Esa no era una voz normal, se percató Itachi, sino una voz de poder.

Itachi se agachó rápidamente hacia atrás otra vez, parpadeando.

El gitano que llevaba a la muchacha de cabello oscuro, la dejó caer como si quemara y retrocedió hacia el lago. La muchacha dio vueltas y comenzó a rodar a través del césped rocoso, deteniéndose a algunas yardas de donde Itachi estaba oculto.

Y así estaban cuando todo el infierno se desató.

Mikoto cayó de rodillas berreando a medida que el caos hacía erupción en el claro. Enjugó sus palmas húmedas y pegajosas en su falda y vio con horror cómo los guardias montados saltaban del bosque.

Los gitanos, sitiados por el lago a su espalda y los guardias por todos lados, alcanzaron sus armas.

¡Mal, mal, todo estaba saliendo mal!

Ella avanzó lentamente del borde del bosque, arrastrándose, inadvertida en el tumulto, hacia al carromato que había sido traído para llevarse el cuerpo adormecido del laird.

Los gitanos apuntaron sus ballestas.

Los guardias levantaron sus escudos y balancearon sus espadas.

Los hombres iban a morir y la sangre iba a derramarse, pensó Mikoto, agradecida de que Itachi estuviera seguro en el castillo trabajando en su capilla. En vez de ser encantado, Naruto MacNamikaze sería asesinado en combate. No por su mano en absoluto.

Tal vez.

Pero tal vez fuera una posibilidad demasiado frágil para afirmar la seguridad de su hijo. No dañaré al MacNamikaze, había prometido a Itachi, y era una mujer de palabra. Si un hijo no podía confiar en la palabra de su madre, ¿en qué podía hacerlo?.

Ella había pensado cuidadosamente el sortilegio a fin de que ni un pelo en la cabeza del laird fuera dañado. Pero ahora todos sus minuciosos planes se habían salido de cauce. No tenía más alternativa que probar otra opción para salvar a su hijo.

Si no podía sacar a Naruto MacNamikaze de en medio antes de que se casara, entonces su dama... bien, ella no había hecho ninguna promesa acerca de esa dama. Y esa señora estaba en ese momento olvidada mientras la batalla se enfurecía alrededor de su cuerpo atado. Yaciendo sobre la tierra, ella podía o no ser pisoteada por los caballos. Podía o no ser alcanzada por una flecha vagabunda.

Mikoto estaba decidida a no correr riesgos. Si Naruto sobrevivía a la batalla, Mikoto tenía que asegurarse de que no tuviera ninguna mujer con la cual casarse. Estrechó sus ojos, mirando la lucha de la muchacha con sus ataduras, y avanzado lentamente más cerca del carromato.

Con las manos temblorosas, apuntó una ballesta apretadamente tensada y, exigiendo cada onza de su fuerza, la puso en dirección a la muchacha.

Los ojos de Itachi se ampliaron de horror. ¡Su madre, su propia madre, cometería un asesinato! ¡Estaba verdaderamente perdida en su locura! ¡No matarás!

—¡No! — rugió él, emergiendo raudamente de la maleza.

Mikoto lo oyó y terminó de tensar la cuerda. Su mano resbaló en el cordón.

—¡No! ¡Madre!—. Corriendo, él se catapultó a través del aire para escudar a la muchacha atada, y tropezó, aterrizando literalmente encima de ella—. Nooooo...

Su grito terminó abruptamente mientras la flecha se metía de un golpe en su pecho.

Mikoto se congeló. Su mundo se hizo aún más oscuro. El tumulto en el claro amainó y se hizo nebuloso, como si estuviera parada en un túnel de ensueño, ella en un extremo, su hijo moribundo en el otro. Ahogando un sollozo horrorizado, sus rodillas colapsaron y se desplomó.

La visión cayó sobre ella otra vez, esta vez en su totalidad, y finalmente vio la cara de la cuarta persona. La persona que ella había pensado no había significado nada dado que había sido incapaz de verla.

No había podido ver a la cuarta persona porque había sido ella misma. Ella era la mujer que mataría a su hijo. Nunca había sido la muchacha. Och, indirectamente, en cierta forma, porque si no hubiera llegado la muchacha, Mikoto no habría tenido la intención de secuestrar al laird, y poner esos planes en movimiento, y nunca habría disparado a su amado hijo.

Se hará la Voluntad de Dios, Itachi había dicho mil veces, no una.

Pero, confiando en sus visiones más que en Dios, ella había tratado de cambiar lo que creía haber visto y había causado el mismo acontecimiento que había intentado tan desesperadamente evitar.

Se imaginó que podía oír a su hijo jadeando, respirando moribundo sobre el estrépito de la batalla. Inconsciente de la guerra desatada alrededor de ella, las flechas que volaban, las espadas meciéndose, ella gateó al lado de su hijo y lo jaló encima de su regazo.

—Och, mi muchachito — cantó dulcemente, alisando su pelo, acariciando su cara—. Itachi, Mi bebé. Mi niño.

Hinata luchó para incorporarse en el momento que ya no se sintió inmovilizada por el cuerpo del hombre. Un sollozo se le escapó cuando observó la flecha proyectándose de su pecho ensangrentado.

Nunca había visto a nadie herido antes. Era horrendo, peor que el cine incluso. Trató de alejarse lentamente, pero sus muñecas estaban atadas detrás de ella, sus tobillos apretadamente ligados. Reptando torpemente sobre su trasero, cuidadosamente fue alejándose.

Cuando un caballo relinchó y se levantó en dos patas detrás de ella, cuando oyó el latigazo frío de una espada partiendo el aire, se quedó completamente quieta, y decidiendo que moverse podría no ser el curso de acción más sabio.

Naruto se había ido sólo por unos pocos minutos cuando los gitanos se habían metido calladamente en la cámara y la habían apresado. La habían doblegado con facilidad humillante.

No los había visto llegar, pero en cierta forma, impidiendo la muerte de Menma, habían cambiado las cosas. Los planes habían sido acelerados, y en vez de un mensaje obligando a Naruto a ir si deseaba saber el nombre del hombre que había matado a su hermano, ella había sido empleada como cebo.

Hinata clavó los ojos en la vieja llorosa, cuyas manos frenéticas y nudosas revoloteaban por encima de las mejillas y la frente del hombre. Mientras Hinata observaba, el pecho del sacerdote se levantó y cayó, luego no se levantó más.

—Fui yo desde el principio— gimió Mikoto—. Fue mi visión la que hizo esto. ¡Nunca debería haber negociado con los gitanos!

—¿Tú planeaste encantar a Naruto?—, Hinata se quedó sin aliento. ¿Esa vieja de pelo oscuro con hebras grises, manos artríticas y ojos legañosos era su enemiga desconocida?—. ¿Tú eres la que está detrás de todo?—. Pero la vieja no contestó.

—¡Hinata!— rugió Naruto—. ¡Apártate de Mikoto!

La cabeza de Hinata se recobró rápidamente, y ella lo vio dirigiéndose hacia ella, una expresión horrorizada en su cara.

—¡Gatea, escápate!— rugió otra vez él, capeando espadas y flechas.

—Retrocede— gritó Hinata—. ¡Protégete!—. Él nunca lo lograría a través de tantas armas. Pero él no retrocedió, continuó corriendo, sin prestar atención al peligro.

No estaba a más de una docena de yardas de ella cuando una flecha se estrelló contra su pecho, levantándolo de sus pies. Mientras él se derrumbaba sobre su espalda, repentinamente ella estuvo...

...En la roca plana, tomando el sol, en las colinas al pie de una montaña por encima de Loch Ness.

—¡Noooooo!— gritó ella—. ¡Naruto!


Continuará...