El presente documento fue elaborado sin fines de lucro.
Es una traducción de Nefilims para Nefilims.
Traducido por fixtohope, Shanty_Flo, shiptowreckk, herondalewife, patchftjace, City0fBooks, reinaseelie, Isabelle_SHRol, oursparkofhope, CLCKWORKFLARROW, ohheronstairsx, sizzyfans, novarellaaaa, 2Sophie7 Pixie_Stilinski s_tita Paulette_Zuniga PanchaTole SofiGracious
Hemos traducido todos los capítulos de esta historia en nuestro blog .es/
Que disfruten esta historia y que el ángel Raziel los acompañe ;)
"Creo que deberíamos tener un funeral", George Lovelace, dijo, la voz le tembló en la última palabra. "Uno adecuado."
Simon Lewis hizo una pausa en sus labores y miró hacia su compañero de cuarto. George era el tipo de chico que Simón hubiera odiado a primera vista, con ese brillo de bronce, los abdominales, y que según algunas chicas y chicos su enloquecedor acento escocés sexy, debería tener un cerebro del tamaño de una rata y una personalidad nada atractiva. Pero George volvió su cabeza hacia Simón. En ese mismo momento estaba limpiando algo que se parecía sospechosamente a una lágrima.
"¿Estas. . . llorando?"Preguntó Simón, incrédulo.
"Por supuesto que no." George limpio sus ojos furioso. "Bueno, en mi defensa" añadió, sonando ligeramente avergonzado, "la muerte es una cosa terrible."
"Es una rata muerta," Simon señaló. "Una rata muerta en tu zapato, debo añadir." Simon y George habían descubierto que la clave para una relación feliz entre compañeros de cuarto era una clara división del trabajo. Así que George estaba a cargo de la eliminación de todas las criaturas, ratas, lagartos, cucarachas. Simón se encarga de todo lo que se había arrastrado dentro de los artículos de ropa y se estremeció al recordar el momento en que se dieron cuenta de esta mano de obra incluía buscar bajo las almohadas. "Además, para que conste, sólo uno de nosotros ha sido realmente una rata, y él no es exactamente el que esta llorando".
"Podría ser la última rata muerta que encontramos!" George sollozó. "Piensa en ello, Si. Esta podría ser la última rata muerta que compartiremos en toda la vida".
Simón suspiró. Al acercarse el Día de la Ascensión, el día en que dejarían oficialmente de ser estudiantes y empezar a ser cazadores de sombras, George había recordado eso tristemente hasta que ya no dijo nada. Ahora, mientras la luna se elevó sobre su última noche en la Academia, él aparentemente perdió su mente. Un poco de nostalgia tenía sentido a Simón: mañana seria su última sesión de calentamiento con Scarsbury, lo había llamado spaghetti-armado, cuatro ojos, arco de patas, merienda de demonios y el casi había dicho gracias.
Pero volverse loco sobre una rata, eso ya sería tomar las cosas demasiado lejos.
Utilizando la cubierta arrancada de su antiguo libro de texto sobre demonología, Simón logró sacar la rata del zapato sin tocarla. La dejó caer en una de las bolsas de plástico que le había traído Isabelle para este propósito, ató la bolsa herméticamente, y tarareo mientras lo dejaba en la basura.
"RIP, Jon Cartwright la trigésima cuarta," dijo George solemnemente.
Llamaron a todas sus ratas Jon Cartwright, un hecho que llevó volverse loco al original Jon Cartwright. Simón sonrió al pensar en ello, la frente de su compañero de clase engreído al ras de la ira, mientras que las venas de su musculoso cuello empezaban a palpitar.
Tal vez George tenía razón. Tal vez, algún día, podrían incluso extrañar a las ratas.
Simon nunca antes había puesto demasiado esfuerzo en imaginar su graduación, y mucho menos la noche anterior. Así como bailes escolares estos eventos parecían pertenecer a otra especie de adolescente – aquellos que tenían espirito escolar, los deportistas y las líderes de torcida que él conocía solamente por las películas. Nada de fiestas con barriletes de cerveza para él, nada de tristes momentos de adiós o pésimos enganches alimentados por nostalgia y cerveza barata. Dos años atrás si él se preocupase en pensar sobre eso, Simon probablemente llegaría a la conclusión de que el pasaría la noche como pasaba la mayoría de las noches en Brooklyn, con Eric y los chicos en el Java Jones, consumiendo gran cuantidades de café y trocando ideas de nombres para la banda. Ratas Muertas Furtivas, Simon pensó por hábito. O quizás Funerales de Ratas.
Claro, todo eso ocurrió cuando el todavía creía que después de la escuela vendría la universidad y después el estrellato de rock… o por lo menos un trabajo moderadamente cool en una grabadora moderadamente cool. Antes de saber que existían demonios, antes de saber que existía una raza de guerreros súper poderosos y con sangre de ángel empeñados en batalla eterna con esos demonios – y definitivamente antes de él ser voluntariado para juntarse a ellos.
Entonces en lugar del Java Jones, el estaba en la sala de estudiantes de la Academia, intentando leer en la luz de velas, estornudando por lo equivalente o dos siglos de polvo acumulado, y evitando los ollares íntimos de los nobles Shadowhunters del pasado cuyos retratos rellenaban las paredes, sus expresiones pareciendo decir, ¿Cómo puedes imaginar que podría ser uno de nosotros? Al revés de Eric, Matt y Kirk que Simon conocía desde la primaria, el se encontraba con amigos que había conocido apenas cortos años antes, uno de los cuales tenían un extraño y gran afecto por ratas, y otro que compartía su nombre con ellas. Y al revés de imaginarse como estrellas de rock, estaban todos preparándose para una vida de batallas contra males multidimensionales. Eso todo si ellos sobreviviesen a la graduación.
Y asumir que él iba a sobrevivir no era una suposición segura de hacer.
"¿Cómo piensas que va a ser?" Marisol Garza preguntó, situada en los musculosos brazos de Jon Cartwright aparentando estar casi feliz allá. "La ceremonia, quiero decir. ¿Qué piensas que vamos tener que hacer?"
Jon, así como Julie Beauvale y Beatriz Mendoza, descienden de un gran linaje de Shadowhunters. Para ellos, mañana seria solamente un día más, el adiós oficial a sus vidas de estudiantes. Tiempo de parar de entrenar y empezar a batallar.
Pero para George, Marisol, Simon, Sunil Sadasivan y un pequeño grupo de otros estudiantes mundanos, mañana planeaba sobre ellos como lo día en que ellos Ascenderían.
Nadie tenía certeza de lo que aquello significaba: Ascensión. Mucho menos lo que aquello traería. No les habían dicho mucho: que ellos iban a beber del Mortal Cup. Que ellos iban, como el primero de la raza, Jonathan Shadowhunther, beber la sangre de un ángel. Que ellos iban, si tuviesen suerte, ser transformados en Shadowhunters de verdad. Que ellos iban a decir adiós a sus vidas mundanas y comprometerse a una vida sin miedos a servicio de la humanidad.
O si tuviesen mucha mala suerte, ellos iban a morir, una inmediata y presumiblemente macabra muerte.
No hacia exactamente una tarde festiva.
"Estoy solamente preguntándome lo que va a estar en el Mortal Cup" Simon dijo "¿No piensan que va a ser sangre de verdad, no?"
"¿Pero no es esta tu especialidad Lewis?" Jon dijo con desdén
George suspiró melancólico "La última vez que Jon haz una broma estúpida de vampiro."
"Yo no contaría con eso" Simon murmuró. Marisol golpeo el hombro de Jon. "Cállate tonto" ella dijo. Pero dijo con un tono demasiado amoroso si preguntasen a Simon.
"Te apuesto que es agua" Beatriz dijo, siempre la pacificadora. "Agua que tienes que fingir ser sangre o que el Mortal Cup transforma en sangre, o algo así."
"No importa lo que está dentro" Julie dijo en su mejor 'yo sé de todo' voz, a pesar de que ella claramente no sabía más que todos ellos "El Mortal Cup es mágico. Podrías probablemente beber kétchup del y aun iba a funcionar."
"Entonces espero que sea café" Simon dijo, ahora en vez de suspirar de forma melancólica. La Academia era en zona libre de cafeína. Sería un mejor Cazador de Sombras si pudiera Ascender con cafeína."
"Sunil dijo que escuchó que es agua del lago Lyn" dijo Beatriz escépticamente. Simon esperaba que estuviera en lo correcto siendo escéptico, pues su último encuentro con el agua del lago había sido un tanto inquietante. Y dado que un desconcertante porcentaje de mundanos morían durante la Ascensión, le parecía que la Copa no necesitaba de ninguna ayuda extra para lograrlo.
"¿Dónde está Sunil de todas formas?" preguntó Simon. No tenían planes para juntarse esta noche, pero la Academia ofrecía un limitado número de actividades recreacionales-por lo menos si no disfrutabas pasando tu tiempo libre atrapado accidentalmente en los calabozos o acompañando a la mágica babosa gigante que se rumoraba que andaba por los corredores en las madrugadas.
La mayoría de las noches de los últimos meses, Simon y sus amigos terminaban aquí, hablando sobre sus futuros, y esperaba que esta noche fuera lo mismo.
Marisol, quien conocía mejor a Sunil, se encogió de hombros. "Quizá está considerando sus opciones." Eso era lo que la decana Penhallow les había pedido al grupo de los mundanos, que pasaran su última tarde pensando en ello, asegurándoles que no habría problema de que decidieran no continuar a último minuto.
"Humillación. Vergüenza de por vida por su cobardía mundana y culpa por gastar nuestro valioso tiempo" les había dicho Scarsbury, y luego, cuando la decana lo miró severamente, dijo "Pero seguro, no hay problema".
"Bueno, ¿no debería estar considerándolo?" preguntó Julie. "¿No deberían estarlo considerándolo todos ustedes? No es como ir a la escuela de doctores y tomar el juramento de hipocresía o algo. No pueden cambiar su decisión".
"Primero que todo, se llama juramento hipocrático" dijo Marisol.
"Y se llama escuela de medicina" agregó Jon, luciendo orgulloso de sí mismo. Marisol le había estado enseñando sobre la vida mundana. Contra su voluntad, o al menos eso era lo que Jon les hacía creer.
"Segundo, ¿por qué pensaría que alguno de nosotros nos gustaría cambiar de opinión? ¿Estás planeando cambiar de opinión sobre ser una Cazadora?"
Julie lució sorprendida por la idea. "Soy una Cazadora de Sombras. Debería ser que me preguntes si planeo cambiar de opinión en seguir con vida."
"¿Qué te hace creer que es diferente con nosotros?" dijo Marisol con rudeza. Ella era la menor de todos por dos años y la más pequeña por unos cuantos centímetros, pero a veces Simon pensaba que a veces era la más valiente. Ella sería por quien Simon apostaría en una pelea. (Marisol sabía pelear, y cuando era necesario, peleaba sucio.)
"Ella no quiso decir nada con eso" dijo Beatriz gentilmente. "Realmente no" dijo Julie rápidamente.
Simon sabía que era verdad. Julie no podía evitar parecer como una snob odia-mundanos en algunas ocasiones, no más de lo que Jon podía evitar parecer como-bueno, como un idiota en algunas ocasiones. Esos eran ellos, y Simon se dio cuenta, inesperadamente, de que no los cambiaría. Para bien o para mal, estos eran sus amigos. En dos años habían enfrentado muchas cosas junto: demonios, hadas, Delaney Scarsbury, la "comida" del comedor. Eran casi como la familia. Podrían no agradarte todo el tiempo, pero, llegado el momento, los defenderías hasta la muerte.
Aunque esperaba que no llegara a tales extremos.
"Vamos, ¿no estás un poco nervioso?" preguntó Jon. "¿Quién puede recordar la última vez que alguien Ascendió? Se escucha un poco ridículo si lo piensas: un trago de la Copa y-poof-Lewis es un Cazador."
"No es ridículo para mí" dijo Julie suavemente, y todos se callaron. La madre de Julie había sido Convertida durante la Guerra Oscura. Un trago de la Copa Infernal de Sebastián y se había convertido en una Oscurecida. El cuerpo de una persona, nada más que un cuenco vacío para los planes malvados de Sebastian.
Todos sabían lo que un trago podía hacer.
George se aclaró la garganta. No podía soportar el silencio por más de treinta segundos, esa era una de las cosas que más extrañaría Simon al no vivir con él.
"Bien, yo estoy listo para reclamar mi derecho de nacimiento" dijo animadamente. "¿Creen que me volveré insoportablemente arrogante con un solo trago o tendré que pedirle a Jon me ayude?"
"No es arrogancia si estás en lo correcto" dijo Jon, sonriendo, y así, la noche volvió a su curso normal.
Simon intentó prestar atención a la conversación de sus amigos e hizo lo que pudo para no pensar en la pregunta de Jon, sobre si debería o no estar nervioso-si debería pasar su última noche en sobria consideración de sus "opciones".
¿Qué opciones? Después de dos años en la Academia, después de todo su entrenamiento y estudio, después de haber jurado querer ser un Cazador, ¿simplemente podría retractarse?
¿Cómo podría decepcionar a Clary e Isabelle así?... Y si lo hacía, ¿cómo podrían amarlo de nuevo?
Trató de no pensar sobre qué tan difícil sería para ellas amarlo-o al menos apreciarlo-si algo salía mal en la Ceremonia y terminaba muerto.
Trató de no pensar en todas las otras personas que lo amaban, aquellas que, de acuerdo a las Leyes de los Cazadores, se suponía que no vería de nuevo. Su madre. Su hermana.
Marisol y Sunil no tenían a nadie que los esperara en casa, algo que siempre le había parecido triste a Simon. Pero quizá era más fácil, alejarte cuando no dejabas nada atrás. Luego estaba George, el afortunado-sus padres adoptivos eran Cazadores, incluso si nunca hubieran levantado una espada. Él sería capaz de regresar a casa para almorzar los domingos, tampoco tendría que elegir un nuevo apellido.
George si había estado burlando de él últimamente, diciendo que Simon tampoco debería tener mucho problema eligiendo uno nuevo. "Lightwood se escucha bien, ¿no crees?" le gustaba decir. Simon era muy bueno fingiendo sordera.
Sin embargo, el rubor le subía por las mejillas al pensar: Lightwood tal vez... Algún día. Si se atrevía a tener esperanza.
Mientras tanto, había pensado en un nuevo nombre propio, uno para su nuevo Cazador de Sombras, que era tan infatigable como todo lo demás en este proceso.
"Um, ¿puedo entrar?" Una delgada niña de alrededor de trece años estaba en la puerta. Simon pensó que su nombre era Milla, pero no estaba seguro, pues nunca llegó a conocer a muchos de ellos. Ella tenía la confusa mirada de un mundano, uno que, incluso después de todos estos meses, no podía creer que estaba realmente aquí.
"Es propiedad pública" dijo Julie, con un arrogante-o incluso más-arrogante-que-lo-usual, tono en su voz. Julie amaba tener autoridad sobre los nuevos niños.
La niña se acercó a ellos asustadizamente. Simon se preguntó a sí mismo cómo alguien como ella terminaba en la Academia-luego se dio cuenta. Era mejor no juzgar por las apariencias. Especialmente debido a cómo él lucía cuando llegó dos años antes, tan delgado que sólo podía ponerse trajes de combate del tamaño de una niña. "Estás pensando como un Cazador" se dijo a sí mismo.
Era divertido que eso nunca se escuchara como algo bueno.
"Él me dijo que te diera esto" susurró la niña, entregándole un papel doblado a Marisol, y luego se hizo atrás. Marisol, se dio cuenta Simon, era un tipo de heroína para los mundanos más pequeños.
"¿Quién lo hizo?" preguntó Marisol, pero la niña ya se había ido. Marisol se encogió de hombros y abrió la nota, su expresión decayendo mientras leía la nota.
Marisol sacudió la cabeza.
Jon tomó su mano, y Simon esperó a que ella lo abofeteara, pero en su lugar solamente lo apretó fuerte. "Es de Sunil" dijo con voz enojada. Le pasó la nota a Simon. "Creo que 'consideró sus opciones.'"
"No puedo hacerlo" decía la nota. "Sé que probablemente me hace un cobarde, pero no puedo beber de esa Copa. No quiero morir. Lo siento. ¿Te despides de todos por mí? Y buena suerte.
Se pasaron la nota uno por uno, como si necesitaran ver las palabras en blanco y negro antes de que pudieran creerlo. Sunil se había ido.
"No podemos culparlo" dijo Beatriz finalmente. Todos puedes haces sus propias decisiones." "Yo lo culpo" dijo Marisol. "Nos está haciendo lucir mal."
Simon no pensó que esa fuera la razón por la que estuviera molesta, no exactamente. Él también estaba molesto, no porque pensara que Sunil fuera un cobarde o porque los hubiera traicionado. Simon estaba enojado porque había puesto mucho esfuerzo en tratar de no pensar sobre lo que podría pasar, o en cómo esta era su última oportunidad para irse, y ahora Sunil había hecho lo imposible.
Simon se levantó. "Creo que necesito tomar aire." "¿Quieres compañía, amigo?" Preguntó George.
Simon nego con la cabeza, sabiendo que George no se ofendería. Era otra de las cosas que los hacía grandes compañeros—cada uno sabía cuando dejar al otro tranquilo.
"Los veré en la mañana," Dijo Simon. Julie y Beatriz sonrieron y le desearon buenas noches, e incluso Jon le brindó un saludo sardónico. Pero Marisol no lo miraba, y Simon se preguntó si pensaba que el sería el siguiente en huir.
Quería asegurarle que no era una posibilidad. Quería jurar, que en la mañana, el estaría allí con ellos en el salón del Concejo, listo para acercar la copa a sus labios sin reservaciones. Pero jurar era algo serio para los Cazadores de Sombras. Nunca jurabas a menos que estuvieras totalmente seguro.
Entonces Simon dijo buenas noches y dejo a sus amigos atrás.
* * *Simon se preguntó si, en la historia del tiempo, alguien dijo, "Necesito aire," y lo dijo de veras. En realidad, eso era usado solamente como un código para decir "Necesito estar en otro lado." Lo que necesitaba Simon. El problema era que ningún lugar se sentía como el lugar correcto para estar—entonces, sin una mejor idea, decidió que su dormitorio era suficiente. Por lo menos allí podía estar solo.
Ese era el plan.
Pero cuando entró a la habitación, encontró a una chica sentada en su cama. Una pequeña pelirroja cuya cara se iluminó cuando lo vio.
De todas las cosas extrañas que le han ocurrido a Simon en estos ultimos años, lo más extraño era que esto—chicas hermosas esperándolo en su habitación con impaciencia—ya no parecía extraño en absoluto.
"Clary," dijo abrazándola fuertemente. Era todo lo que necesitaba decir, porque esa era la cosa de tener una mejor amiga. Ella sabía exactamente cuando el necesitaba verla y cuan agradecido y aliviado estaba—sin tener que decir nada.
Clary le sonrió y guardó su stele en su bolsillo. El Portal que había creado todavía estaba temblando sobre la decrepita pared de piedra, la cosa más brillante en la habitación. "Sorprendido?"
"Querías verme por última vez antes de ponerme todo musculoso y pelea-demonios?" Jugueteo Simon.
"Simon, sabes que Ascender no va a ser como ser mordido por una araña radioactiva, ¿no?"
"¿Entonces estas diciendo que no voy a poder ir de un edificio a otro colgado de una telaraña? ¿Y no me dan un Batimovil? Quiero un reembolso."
"En serio, Simon—"
"En serio, Clary. Se lo que significa Ascender."
Las palabras salieron pesadas entre ellos, y como siempre, Clary escuchó lo que él no decía: Que esto era demasiado grande como para hablar seriamente. Que bromear era, por el momento, lo mejor que podía hacer.
"Además, Lewis, ya estas bastante musculoso." Tocó sus bíceps, los cuales, no pudo evitar notar, estaban cercanos a abultarse. "Un poco más y tendrás que comprar ropa nueva."
"¡Nunca!" dijo indignado, alisando su camiseta, que tenía una docena de agujeros en el algodon y decía ESTOY VESTIDO DE MI MISMO en letras demasiado esfumadas para leer.
"¿Ha venido Isabelle contigo?" Dijo tratando de mantener la ilusión fuera de su voz.
Era difícil pensar que hace dos años, el había venido a la academia en parte para escapar de Isabelle y Clary, de cómo lo miraban, como si él fuera la persona que más amaban en el mundo— pero también como si hubiera ahogado un cachorro en una bañera. Habían amado a otra versión de él, alguien que ya no podía recordar, y esa versión las había amado, también. No lo dudaba; solo que no lo sentía. Habían sido extrañas para él. Aterradoramente hermosas extrañas que querían que él fuera algo que no era.
Se sentía como otra vida. Simon no sabía si recuperaría todos sus recuerdos—pero, de alguna manera, a pesar de eso, encontró su camino de vuelta junto a Clary e Isabelle. Encontró una mejor amiga que se sentía como su otra mitad, quien pronto, algún día, sería su parabatai. Y encontró a Isabelle Lightwood, un milagro en forma humana, que le decía "te amo" cada vez que lo veía e, inatendiblemente, lo decía de verdad.
"Quería venir," dijo Clary, "pero tuvo que encargarse de un caso con un hada en Chinatown, algo sobre dumplings y un hombre con cabeza de cabra. No hice muchas preguntas y—" Le sonrió a Simon. "Te perdí en 'dumplings,' ¿no?" El estomago de Simon respondió por él.
"Bueno, tal vez podamos comer algo en el camino," Dijo Clary. "Tal vez un par de rebanadas de pizza y un latte."
"No juegues conmigo, Fray." Simon estaba muy sensible con el tema de la pizza, o la ausencia de esta. Sospechaba que en cualquier momento su estomago iba a renunciar en protesta. "¿En el camino a donde?"
"Oh, olvide explicarte—por eso estoy aquí, Simon." Clary tomo su mano. "Vine para llevarte a casa."
* * *Simon se paro en la vereda, mirando la casa de su madre, su estomago volteándose. Viajar en Portal siempre le dio un poco de nauseas en su intestino, pero esta vez no podía culpar a la magia interdimensional. No completamente, por lo menos.
"¿Estas segura que es una buena idea?" dijo. "Es tarde."
"Son las once de la noche, Simon," dijo Clary. "Sabes que todavía esta despierta. E incluso si no lo está, ya sabes—"
"Lo se." Su madre querría verlo. También su hermana, quien, según Clary, estaba en casa por el fin de semana porque alguien—presumiblemente una bien intencionada pelirroja con el número de su hermana—le había dicho que Simon iba a visitar.
Él se hundió contra Clary por un momento, y, pequeña como era, ella soportó su peso. "No sé cómo hacerlo," dijo. "No sé cómo decirles adiós."
Su madre pensaba que estaba en la escuela militar. Él se había sentido culpable por mentirle, pero sabía que no había elección; sabía muy bien que pasaba cuando se arriesgaba a decirle a su madre la verdad. Pero esto—esto era otra cosa. La ley de Cazadores de Sombras le prohibía decirle sobre la Ascensión, sobre su nueva vida. La ley también le prohibía contactarse con ella cuando ya fuera un Cazador de Sombras, y aunque no hubiera una ley que le prohibía estar en Brooklyn para decirle adiós para siempre, la ley sí le prohibía decirle por qué.
Sed lex, dura lex.
La ley es dura, pero es la ley. Lex apesta, pensó Simon.
"¿Quieres que vaya contigo?" preguntó Clary.
Si lo quería, más que nada en el mundo—pero algo le dijo que esta era una de las cosas que tenía que hacer solo.
Simon negó con la cabeza. "Pero gracias. Por traerme aquí, por saber que lo necesitaba, por— bueno, por todo."
"Simon . . ."
Clary vaciló, y Clary nunca lo hacía. "Que?"
Ella suspiró. "Todo lo que te pasó, Simon, todo . . ." Pausó, justo el tiempo necesario para que el pensara en todo lo que eso fue: ser convertido en rata, luego en vampiro; encontrar a Isabelle; salvar el mundo varias veces, al menos eso es lo que le dijeron; ser encerrado en una celda y ser atormentado por todo tipo de criaturas sobrenaturales; matar demonios; enfrentarse a un ángel; perder sus memorias; y ahora estar parado en el umbral del único hogar que conoció en su vida, preparándose a sí mismo para dejar todo atrás para siempre. "No puedo evitar pensar que todo es por mi culpa," dijo Clary suavemente. "Esto es por mí. Y…"
El la detuvo antes de que pudiera seguir hablando, porque no podía soportar que ella creyera que tenía que disculparse. "Tienes razón," le dijo. "Esto es gracias a ti. Todo." Simon le dio un suave beso en la frente. "Es por eso que te agradezco."
***"¿Estás seguro que no quieres que caliente eso para ti?" La madre de Simon preguntó mientras él engullía otra cucharada de ziti frío.
"¿Mmff? ¿Qué? No, está bien."
Estaba más que bien. Era tomate agrio y ajo fresco, chiles picantes y queso pegajoso, y mejor que las pastas sobrantes de la pizzería de la esquina. Tenía el sabor de comida de verdad, que ya sobrepasaba lo que había estado comiendo por los últimos varios meses. Pero no era solo eso. La comida para llevar de Giuseppi's era una tradición para Simon y su madre –Después de la muerte de su padre y que su hermana se fuera a la universidad, después de que solo quedaran ellos en un apartamento demasiado lúgubre para los dos, habían perdido el habito de tener cenas diarias juntos. Era más sencillo tomar algo de comida cuando lo necesitaran, cuando volvían o antes de irse del apartamento; su madre calentando platos precocinados después de volver del trabajo, Simon tomando algo de pho o un sándwich de camino a el ensayo con la banda. Era, tal vez, más sencillo no tener que enfrentarse a las sillas vacías de la mesa cada noche. Pero tenían como regla comer al menos una noche a la semana juntos, comer los fideos de Giuseppi's y ensuciarse con la salsa picante de ajo.
Estas sobras frías de comida tenían el sabor del hogar, a familia, y Simon odiaba pensar en su madre quedándose sola en el apartamento vacío, semana tras semana, comiendo eso sola.
Los niños se suponen que crecen y dejan el hogar, se dijo a sí mismo. El no estaba haciendo nada malo; él no estaba haciendo nada que no se suponía que debiera hacer.
Pero había una parte de él que todavía tenía dudas. Los hijos debían dejar el hogar, tal vez.
Pero no para siempre. No de esta manera.
"Tu hermana intentó mantenerse despierta hasta que llegaras," dijo su madre, "pero aparentemente ha estado despierta por una semana estudiando para los exámenes. Cayó rendida en el sillón a las nueve."
"Tal vez deberíamos despertarla," él sugirió.
Ella sacudió la cabeza negando. "Deja que la pobre duerma. Te verá en la mañana."
Él no le había dicho precisamente que se fuera a quedar esa noche. Pero había dejado que ella creyera en eso lo que suponía ser más de lo mismo: otra mentira más.
Ella puso su silla junto a él y pincho un zito con el tenedor. "No te quejes de mi dieta," ella dijo firme pero en un susurro, entonces lo comió.
"Mamá, la razón por la que estoy aquí… Quería hablar contigo sobre algo." "Que gracioso, Yo tenía-quería hablar de algo contigo también."
"¿Oh? ¡Genial! Uh, tu primero."
Su madre suspiró. "¿Recuerdas a Ellen Klein, tu profesora de la escuela hebrea?"
"¿Cómo podría olvidarla?" dijo Simon con ironía. La señora Klein había sido la pesadilla de su existencia desde el segundo hasta el quinto grado. Cada martes después de la escuela, ellos peleaban una batalla silenciosa; todo por un desafortunado incidente en el patio de juegos, Simon había accidentalmente hecho que la peluca de la profesora volara de su cabeza al nido de unas palomas. Ella había pasado los siguientes tres años determinada a arruinar su vida.
"Tu sabes que solo era una buena señora que intentaba hacer que pusieras atención," dijo su madre con una sonrisa de complicidad.
"Las señoras buenas no tiran tus cartas de Pokemon a la basura," remarcó.
"Lo hacen cuando las están intercambiando en la parte de atrás del santuario por vino de niños," dijo ella.
"¡Nunca lo haría!"
"Una madre siempre sabe, Simon."
"Okay. De acuerdo. Pero fue por una carta muy rara de Mew. El único Pokemon que-"
"De todos modos. La hija de Ellen Klein contrajo matrimonio con su novia, una mujer encantadora, te agradaría –a todos nos agrada. Pero…"
Simon rodó sus ojos. "Pero déjame adivinar: La señora Klein es una homofóbica rabiosa."
"No, no es eso –la novia es católica. Ella tuvo un ataque, no asistió a la boda; ahora usa ropa de luto y le dice a todos que su hija bien podría estar muerta."
Simon abrió su boca para jactarse de que siempre había estado en lo correcto, que la señora Klein era ciertamente una horrible bruja, pero su madre levantó un dedo para detenerlo.
Una madre, aparentemente, siempre sabe.
"Si, si, es horrible, pero no te lo estoy diciendo para que te puedas jactar. Te lo estoy diciendo…" Ella entrelazó sus manos, viéndose algo nerviosa. "Tuve la sensación más extraña cuando oí la historia, Simon, como si supiera que ella lo lamentaría –porque yo lo lamenté. ¿No es extraño?" Ella soltó una pequeña risa nerviosa, pero no había rastro de humor en esa risa. "¿Sentirse culpable por algo que no has hecho? No puedo decir el por qué, Simon, pero siento que te he traicionado de una manera terrible y no puedo recordarla."
"Pero no lo has hecho, mamá. Eso es ridículo."
"Por supuesto que es ridículo. Yo nunca lo haría. Un padre debería tener amor incondicional por su hijo." Sus ojos estaban vidriosos con lágrimas listas para salir. "Sabes que es así como te amo, Simon, ¿verdad? Incondicionalmente."
"Claro que lo sé."
Lo dijo como si lo dijera de verdad –lo estaba diciendo de verdad. Pero, por supuesto, esa era otra mentira. Porque en la otra vida, esa que había sido borrada integra de sus mentes, ella lo había traicionado. Él le había dicho la verdad, que había sido transformado en un vampiro, y ella lo había echado de la casa. Ella había dicho que él ya no era su hijo. Que su hijo estaba muerto. Ella ya había probado, a ambos, las condiciones de su amor.
El no recordaba que eso hubiera pasado, pero en algún nivel en más profundo de que sus pensamientos conscientes, recordaba el sentimiento –el dolor, la traición, la perdida. Nunca hubiera creído que ella lo recordaría también.
"Esto es tonto." Ella limpió una lágrima y se sacudió un poco. "No sé porque estoy tan sensible al respecto. Yo solo… Solo he tenido este sensación de que debía que decírtelo, y entonces tu apareces aquí como si estuviera todo destinado, y…"
"Mamá. " Simon levantó a su madre de la silla y la atrajo a él en un abrazo fuerte. Ella le parecía tan pequeña ahora, el pensó cuan duro ella había trabajado todos esos años para
protegerlo, y en que el haría lo que fuera para protegerla a ella. Él era una persona diferente a la que había sido dos años atrás, un Simon diferente del que le había confesado todo a su madre y había sido echado de su casa –tal vez su madre fuera diferente también.
Tal vez haber tomado esa decisión esa vez fue suficiente para asegurarse que ella no lo haría de nuevo, tal vez era el momento de dejar de guardarle rencor a ella, por esa traición que ninguno de los dos podía recordar. "Mamá, lo sé. Y yo también te amo."
Ella se apartó, lo suficiente para poder encontrar su mirada. "¿Qué hay de ti? ¿Qué era lo que tenías para decirme?"
Oh, no mucho, solo que estoy a punto de unirme a un culto sobrenatural de cazadores de demonios quienes me han prohibido el volver a verte, cariños.
Eso no sonaba del todo bien.
"Te lo diré en la mañana," le dijo. "Te ves exhausta. "
Ella sonrió, con el cansancio notorio en su rostro. "En la mañana", repitió ella. "Bienvenido a casa, Simon."
"Gracias, mamá", dijo, y milagrosamente logró hacerlo sin un nudo en la garganta. Esperó a que ella desapareciera detrás de la puerta de su dormitorio, esperó a oír sus ronquidos suaves para empezar. Luego escribió una nota pidiendo disculpas por tener que irse tan bruscamente. Sin decir adiós.
Su hermana roncaba también, aunque al igual que su madre lo negaba. Podía, si se quedaba muy quieto, escucharla desde la cocina. Él podría despertarla, si quería, y probablemente podría incluso decirle la verdad, o alguna versión de ella. Rebecca era confiable- no sólo para guardar secretos, sino para entenderlos. Podía hacer lo que había venido a hacer aquí, lo que se suponía que debía hacer, decirle adiós y decirle que amara y protegiera a su madre lo suficiente por los dos.
"No." Él había hablado en voz baja, pero las palabras parecieron resonar en la cocina vacía. La Ley era dura, pero también estaba desgarrada con lagunas. ¿No se lo había enseñado Clary? Había cazadores de sombras que encontraron una manera de mantener a sus seres queridos mundanos en sus vidas-Simon mismo era una prueba. Tal vez por eso Clary le había traído aquí esta noche no quería decir adiós, pero al darse cuenta de que no podía hacerlo. No lo haría.
Esto no es para siempre, Simon prometió a su madre y su hermana mientras se deslizaba por la puerta. Se prometió a sí mismo que no era cobarde, yéndose sin decir nada. Era un silencio-esa promesa, eso no era el final. Iba a encontrar una manera. Y a pesar de que no había nadie para apreciar su impecable acento Schwarzenegger, hizo su juramento en voz alta: "Volveré".
* * *Clary había dicho que la llamara cuando estuviera listo para regresar a la Academia, pero aún no estaba listo. Era extraño: En otro día, no habría nada le impidiera regresar a Nueva York por siempre. Después de su Ascenso, sería un cazador de sombras de verdad. No más escuela, no más misiones de entrenamiento, no más días largos y noches en Idris sin su café de la mañana. No había pensado mucho en lo que iba a ocurrir a continuación, pero sabía que había llegado a casa y en la ciudad tendría estancia en el Instituto, al menos temporalmente. No había ninguna razón para sentir nostalgia de Nueva York cuando estaba tan cerca de estar de vuelta por el bien.
Excepto que no estaba muy seguro de lo que sería cuando regresara. Cuando ascendiera. Si es que ascendía, si nada terrible le sucedía cuando bebiera de La Copa Mortal. ¿Qué significaría convertirse en un cazador de sombras, de verdad? Sería más fuerte y más rápido, y sabía que mucho. Él sería capaz de soportar las runas en su piel, ver a través de glamours sin la ayuda de un brujo. Él sabía mucho acerca de lo que sería capaz de hacer, pero que no sabía nada acerca de cómo se sentiría. Acerca de lo que él sería cuando fuera un cazador de sombras. No es que él pensara que una bebida de una taza mágica iba instantáneamente a convertirlo en un guapo snob sobrenatural salvajemente imprudente ególatra, como... así, como casi todos los cazadores de sombras que conocía y amaba. Tampoco esperaba que se convertiría en un cazador de sombras le haría desdeña automáticamente a D&D, Star Trek, y toda la tecnología y la cultura pop que se inventó a partir del siglo XIX. Pero, ¿quién podía saber a ciencia cierta?
Y no era sólo la transformación confusa de humano a ángel guerrero. Había estado seguro de que, con toda probabilidad, si sobrevivía Ascensión, tendrían que volver todos los recuerdos. Todos esos recuerdos del original Simon, el "verdadero" Simon, el que había trabajado tan duro para convencer a la gente de que se había ido para siempre, lo vendrían inundando de nuevo en su cerebro. Supuso que esto debería hacerlo feliz, pero Simon descubrió que se sentía bastante territorial de su cerebro como lo estaba ahora. ¿Y si ese Simon-El Simon que había salvado al mundo, el Simon del quien Isabelle se había enamorado por primera vez- no le agradaba tanto este Simon en el que se había convertido? ¿Y si él bebía de la copa y se perdía de nuevo?
Le dio un dolor de cabeza, pensando en sí mismo como una persona diferente. Él quería una última noche en la ciudad como este Simon Lewis: miope, amante del manga, de lo mundano. Además, todavía quería algunas de esas albóndigas de sopa.
Simon vagó por Flatbush, sumergiéndose en los ruidos familiares de Nueva York en la noche, las sirenas y los ejercicios de construcción y bocinazos de rabia en la carretera, junto con los pocos menos familiares sonidos de perros ladrando a las Hadas usando glamour para verse como palomas. Cruzó el puente de Manhattan, el traqueteo de metal bajo sus pies mientras el metro pasaba, las luces del distrito financiero brillando a través de la niebla. Incluso antes de que él hubiera sabido algo sobre los demonios y los subterráneos, pensó Simon, él siempre había sabido de Nueva York estaba lleno de magia.
Quizá por eso había sido tan fácil para él aceptar la verdad sobre el Mundo de las Sombras: En su ciudad, todo era posible. Convenientemente, el puente lo dejó fuera en el corazón de Chinatown. Mientras pasaba frente a su agujero-en-la-pared favorito y le tentaba ordenar una sopa de albóndigas, la mente de Simon se desvió a Isabelle, preguntándose si ella estaba cerca, espantando a los malhechores con su látigo electro. Se revolvió su mente, si pensaba en ello, él básicamente estaba saliendo con una superheroína. Por supuesto, la cosa acerca de salir con un superhéroe era que no le podías pedir exactamente que tomara un descanso de salvar el mundo sólo porque tú estabas de ánimo para una cita de último minuto. Simón siguió caminando, tomando el ritmo de la ciudad a la medianoche, dejando que su mente vagara sin rumbo como sus pies. Al menos, pensó que estaba vagando sin rumbo, hasta que se encontró en un bloque familiar de la avenida D, pasando una bodega, donde la leche estaba siempre amarga, pero el hombre detrás del mostrador le pondría café gratis con su rosquilla de la mañana, si supieras lo suficiente como para preguntar.
Espera, ¿cómo lo sé? Simón pensó. La respuesta le llegó de la mano a la cuestión. Él sabía que debido a que, en alguna otra vida olvidada, él había vivido aquí. Él y Jordan Kyle habían compartido un apartamento en el edificio de ladrillo rojo en ruinas en la esquina. Un vampiro y un hombre lobo que vivían juntos, sonaba como el comienzo de una broma de mal gusto, pero la única mala broma era que Simon prácticamente se había olvidado de lo que nunca sucedió. Y Jordan estaba muerto.
Le golpeó ahora casi tan duro como el día que lo escuchó por primera vez: Jordan estaba muerto. Y no sólo Jordan. Raphael estaba muerto. El hermano de Isabelle, Max, estaba muerto. El hermano de Clary, Sebastián, estaba muerto. La hermana de Julie. El abuelo y el padre de Beatriz y su hermano, el padre de Julian Blackthorn, los padres de Emma Carstairs muertos, y aquellos eran sólo los que le habían dicho a Simon. ¿Cuántas otras personas que le importaban, o la gente que ellos habían amado, habían perdido a uno en la guerra de cazadores de sombras? Él todavía era un adolescente- que no debía saber sobre tantas personas que habían muerto.
Y yo mismo, pensó de repente. No te olvides de ese.
Debido a que era cierto, ¿no? Antes de la vida como un vampiro, había habido muerte. Frío y derramamiento de sangre bajo el suelo.
Luego, más tarde, había venido el olvido, y eso era una especie de muerte también.
Simon ni siquiera era un cazador de sombras aún y ya esta vida le había quitado demasiado. "Simon. Pensé que estarías aquí".
Simon dio la vuelta y recordó que por todas las pérdidas, también había habido algunos avances muy significativos. "Isabelle", resopló, y luego, durante bastante tiempo, sus labios estuvieron demasiado ocupados para hablar.
***Ellos volvieron al apartamento de Magnus y Alec. La pareja había llevado a su nuevo bebé de vacaciones a Bali, lo que significaba que Simon e Isabelle tenían el apartamento para ellos solos.
"¿Estas segura de que está bien que estemos aquí?" Simon preguntó, mirando nerviosamente a su alrededor. La última vez que había estado ahí la decoración variaba entre un estilo de El estudio 54 y algo de Burdel francés: Un montón de bolas de disco, cortinas de terciopelo y espejos repartidos por todo el lugar. Sin embargo ahora el salón parecía sacado de Babies"R"Us*, pañales, móviles y conejitos de peluches por todas partes.
El todavía no podía creer que Magnus Bane fuese el padre de alguien.
"Estoy segura" dijo Isabelle, quitándose su vestido en un suave movimiento revelando la suave y pálida piel que yacían bajo la tela "Pero si quieres podemos irnos…"
"No," dijo SImon, luchando por conseguir aire para seguir hablando "Definitivamente. No. Estamos bien aquí. Muy bien"
Isabelle tiro al suelo a una familia de gatitos de peluche que estaba sobre el sofá y se estiro en su lugar, como un satisfecho y peligroso gato. Ella miro fijamente la camisa de Simon, que ciertamente aun se mantenía en su cuerpo.
"Bueno, entonces…" Simon se acerco a ella, sin saber que hacer a continuación. "Simon"
"¿Si?"
"Por si no lo has notado, he mirado tu camisa" "Uh-uh"
"Tu camisa, la que todavía tienes puesta"
"¿Si? Oh, cierto" El acuso recibo de ello. Y se dejo caer a su lado en el sofá. "Simon"
"¿Si? Oh, cierto" Simon se inclino hacia ella y la atrajo hacia sí para darle un beso, al que ella respondió complacida por alrededor de treinta segundos antes de alejarse.
"¿Qué pasa?" Preguntó
"Tú dímelo" ella dijo "Yo, tú increíblemente sexy novia a la que prácticamente no ves nunca, estoy postrada semidesnuda ante ti, y pareciera como si tu preferirías estar viendo un juego de béisbol en vez de estar aquí."
"Odio el béisbol"
"Exactamente," Isabelle se sentó, gracias a Dios, ella no se puso la ropa de nuevo. Todavía no. "Sabes que puedes hablarme de cualquier cosa, ¿cierto?"
Simon asintió.
"Así que, si hipotéticamente estuvieses un poco nervioso por toda esta cosa de la Ascensión de mañana, y estuvieses dudando un poco sobre si seguir adelante con ello, podrías decírmelo"
"Hipotéticamente hablando" Simon dijo.
"Es solo un tema al azar" Isabelle le respondió "También podemos hablar de Avatar: El ultimo avión, si quieres."
"Es el ultimo Maestro del Aire" dijo Simon, conteniendo una sonrisa "Y te amo, aun si eres una Nerd-Despistada"
"Y yo te amo, aun si eres un mundano" ella dijo. "Aun si eliges seguir siendo un mundano. Lo sabes, ¿cierto?"
"Yo…" Había sido fácil para ella decirlo, e incluso el pensó que ella hablaba en serio. Más eso no significaba que fuese del todo verdad. "¿Tu lo seguirías haciendo? ¿En serio?"
Isabelle bufo irritada "Simon Lewis, ¿acaso se te olvida que eras un mundano cuando comencé a salir contigo? Un escuálido mundano con un terrible sentido de la moda, déjame decirte. Y luego eras un vampiro, y de todas formas seguía saliendo contigo. Pero entonces volviste a ser un mundano, pero esta vez con una enloquecedora amnesia. E inexplicablemente, volví a enamorarme de ti. ¿Cómo puedes llegar a pensar que he aplicado alguna clase de criterio cuando se trata de ti?"
"Uh, gracias, ¿creo?"
"Gracias es una buena respuesta, pero sería mejor ¨Te amo Isabelle, y voy a seguir amándote incluso si pierdes la memoria o te dejas crecer un bigote o algo así¨"
"Bueno, obviamente eso también" Simon toco su barbilla "Aunque me gustaría demarcar la línea de su bigote"
"Ni que lo digas" Entonces ella lo volvió a mirar seriamente "Me crees, ¿no es así? No debes hacer esto solo por mi"
"No lo estoy haciendo por ti," Simon le dijo, y estaba diciendo la verdad. Tal vez el había ido a la Academia, en parte, por Isabelle, pero él se había quedado por su propia decisión. Cuando él Ascendiera, no iba a hacerlo para demostrarle algo a ella "Pero…si yo me arrepintiera, lo que por
cierto no voy a hacer, pero si lo hiciera, si me arrepintiera, ¿no me convertiría eso en un cobarde? Y puede que tu saldrías son un Mundano sin ningún problema. Pero te conozco Izzy. Y sé que tú no podrías estar con un cobarde a tu lado"
"Y tú, Simon Lewis, no eres un cobarde. Aunque lo intentaras. Porque no es cobardía el hacer una elección respecto a lo que quieres hacer con tu vida. Elegir lo que es mejor para ti, es el acto más valiente que puedes hacer. Si tú eliges ser un Cazador de Sombras, voy a amarte por eso. Pero si tú eliges seguir siendo un Mundano, de todas formas voy a seguir amándote por tu elección."
"¿Y qué pasa si decido no beber de la Copa Mortal solo porque estoy asustado de morir al hacerlo?" Simon le preguntó. Era un alivio poder decirlo en voz alta. "¿Qué pasa si no tiene nada que ver con como quiero pasar el resto de mi vida? ¿Si mi elección solo está basado en temor?"
"Bueno, entonces eres un idiota. La Copa Mortal jamás te provocaría algún daño. Confía en mí, serias un increíble Cazador de Sombras. La sangre del Ángel jamás te haría daño." Ella le dijo, la intensidad quemando en sus ojos "No es posible que lo hiciera"
"¿Realmente lo crees así?" "Realmente lo hago"
"Así que el hecho de que estemos aquí, ya sabes…"
"¿Semidesnudos y preguntándonos por que aun seguimos teniendo esta pequeña charla?"
"¿No tiene nada que ver con el hecho de que tú pienses que esta va ser nuestra última noche juntos?"
Aquello le valió otro suspiro exasperado "Simon, ¿tienes idea de cuantas veces hemos estado en el tipo de situación en que creo que no vamos a sobrevivir a las próximas 24 horas?"
"Um, ¿muchas veces?"
"Si, muchas veces" Le confirmó "Y en ninguna de esas ocasiones hemos tenido cualquier clase de angustioso y desesperado sexo de despedida"
"Espera… ¿no lo hemos hecho?"
En los últimos meses, Simon e Isabelle se habían hecho más cercanos. Más cercanos, pensó él, de lo que nunca habían estado antes, por lo menos de lo que recordaba. Por lo menos en lo que respecta en cuanto a conversaciones. Cerca del tipo de tener conversaciones por teléfono y escribirse cartas mutuamente, lo que ciertamente no contribuía a perder su virginidad.
Y también estaba el mortificante hecho de que Simon no estaba seguro de si tenía una virginidad que perder.
Durante todo ese tiempo había estado demasiado avergonzado de preguntarlo.
"¿Estas de broma?" Isabelle le preguntó. Simon podía sentir sus mejillas arder. "¡No estas bromeando!"
"Por favor, no te enojes" Simon le dijo.
Isabelle se hecho a reír "No estoy enojada. Si hubiésemos tenido sexo, y tu lo hubieses olvidado – lo que por cierto, te puedo asegurar que es imposible, amnesia demoníaca de por medio o no- puede que si estaría enojada."
"Así que nosotros nunca…?"
"Nosotros nunca lo hemos hecho" Isabelle confirmo "Sé que no lo recuerdas, pero las cosas habían estado un poco agitadas por aquí, con la guerra y toda esa gente que nos estaba intentando matar. Y como te dije, no creo en el ¨Sexo de despedida¨"
Simon sentía que esa noche –tal vez la noche más importante de su joven y miserable vida- estaba colgando de un hilo, y estaba terriblemente asustado de hacer la pregunta incorrecta " Así que, uh, ¿en qué clase de sexo crees?"
"Creo que debe ser el principio de algo," dijo Isabelle "Algo así como, por ejemplo, si hipotéticamente, tu vida fuese a cambiar radicalmente mañana, convirtiéndose en el primer día del resto de tu vida, me gustaría ser parte de ello"
"El resto de mi vida" "Si"
"Hipotéticamente"
"Hipotéticamente" Isabelle le quito los lentes y lo beso ferozmente en los labios, y luego suavemente en su cuello. Exactamente donde un vampiro clavaría sus colmillos, una parte de él pensó. Aunque la mayor parte de si mismo estaba pensando. Esto en realidad va a pasar. Esto realmente va a suceder esta noche¨
"Además, yo pienso en hacerlo porque es lo que quiero" Isabelle dijo firmemente. "Como cualquier cosa. Y yo quiero hacerlo, asumiendo que tú también quieres"
"No tienes idea cuanto" Simon dijo honestamente, mientras le agradecía a Dios porque la sangre de cazadores de sombras no permitía desarrollar poderes telepáticos. "Yo debo advertirte que yo no, ósea, yo nunca he, ósea, esta sería la primera vez que yo, así que…"
"Te vendrá de forma natural" Ella besó su cuello otra vez, luego su garganta y su pecho. "Te lo prometo"
Simon pensó en todas las formas como podría ser humillado, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, y cuando él no tenía ni idea de lo que hacía, tendía a arruinar todo. Montar a caballo, usar una espada, saltar de un árbol- todas estas eran cosas que la gente decía que vendrían de forma natural a él, pero que usualmente venían acompañadas de golpes, moretones, y más de una vez, con una cara llena de estiércol.
Pero él no había intentado ninguna de estas cosas con Isabelle a su lado, o en sus brazos, y eso resultó hacer toda la diferencia.
***"¡Buenos días!" Simon cantó, mientras salía del portal y entraba a su habitación- justo a tiempo para ver a Julie salir por la puerta.
"Er...Buenos días" George murmuró metido debajo de las sabanas. "No estaba seguro si volverías" "¿Acabo de ver a…?
"Un caballero no besa y dice" George sonrió. "Hablando de eso, ¿debería preguntarte donde estuviste toda la noche?"
"No deberías", Simon dijo con firmeza. Hizo lo mejor que pudo para ocultar una sonrisa traviesa, soñadora y enamorada mientras cruzaba la habitación para buscar algo de ropa limpia.
"Estas dando saltitos mientras caminas" dijo George acusatoriamente. "No"
"Y estabas tatareando" añadió. "Definitivamente no"
"¿Sería bueno mencionarte que Jon Cartwright ya 35 veces parece haber hecho sus necesidades en tu cajón de camisetas?"
Pero esta mañana nada parecía arruinar el buen humor de Simon. No cuando aún podía sentir el rastro de las caricias de Isabelle. Su cuerpo se sacudió al recordarlo. Sus labios se sentían hinchados. "Puedo conseguir camisetas nuevas" Simon dijo animadamente. Él pensó que de ahora en adelante podría ser capaz decirlo todo animadamente.
"Creo que este lugar te ha oficialmente vuelto loco" George suspiró sonando un poco con tristeza. "Voy a extrañar este lugar"
"No vas a llorar otra vez, ¿o sí? Creo que todavía hay un poco de fango en mi cajón de medias si quieres ponerte todo sentimental"
"¿Puedes usar medias para convertirte en una máquina sobrehumana mitad-ángel caza demonios? George pensó.
"Al menos no con sandalias" Simon respondió rápidamente. Él no había salido con Isabelle todo esos meses sin aprender algo sobre moda y calzado. "Nunca con sandalias"
Ellos se vistieron para la ceremonia- eligieron después de un pequeño debate, los atuendos que más destacaban su personalidad. Lo que significaba, para George, Jeans y una camiseta de rugby; y para Simon, una camiseta desgastada que él había hecho cuando la banda se llamaba "La pandilla de la muerte de cerdos de Guinea" (Era algo que por fortuna había estado en el suelo, y por lo tanto libre de excremento de rata). Después, sin mucha charla, comenzaron a empacar sus pertenencias. La academia no celebraba muchos eventos- probablemente algo bueno, pensó Simon, desde que en la última fiesta que se celebró, uno de los primíparos había lanzado una flecha de fuego por equivocación y había incendiado el techo. No iba a haber fiesta de graduación, no pose para las cámaras de padres orgullosos, no había anuario o el lanzar de los birretes al aire. Solo el ritual de ascenso, lo que sea que eso significaba, y solo eso. El fin de la academia; el comienzo del resto de sus vidas.
"No es como si no nos veremos de nuevo" dijo George de repente, en un tono que mostraba que era algo que lo estaba preocupando desde hace tiempo.
Simon iba a volver a Nueva York, Y George iba para el instituto de Londres, donde se decía que un Lovelace era siempre bienvenido. Pero, ¿que era un océano de por medio cuando podías hacer un portal, o enviar un email?
"Por supuesto que no", dijo Simon. "No, supongo que no"
George se distrajo doblando cuidadosamente sus medias dentro de su maleta, lo cual Simon encontró alarmante, pues era la primera vez que George hacia algo ordenado en 2 años.
"Tú eres mi mejor amigo, ¿sabes?" dijo George sin levantar la mirada. Y luego para prevenir una discusión, añadió rápidamente. "No te preocupes, yo sé que yo no soy tu mejor amigo. Tú tienes a Clary. Y a Isabelle. Y tus compañeros de banda. Lo sé. Solo pensé que deberías saberlo."
De alguna forma, Simon ya lo sabía. Nunca se había molestado en pensar mucho acerca de eso- él nunca pensaba mucho en George, porque esa era la esencia de George. Simon nunca tuvo que pensar en George, nunca tuvo que descifrar que haría, o como podía reaccionar. El solo era el constante y fiable George, siempre ahí, lleno de alegría y entusiasmo para compartir.
Ahora Simon pensó en George, en que tan bien George lo conocía y viceversa- no solo en cosas grandes: sus miedos de fracasar en la academia, los desafortunados suspiros de Simon por
Isabelle, los aún más desafortunados suspiros de George por las chicas que se cruzaban en su camino. Ellos se conocían en cosas pequeñas- que George era alérgico a las castañas, que Simon era alérgico a los compromisos de latín, que George tenía un miedo paralizante por pájaros grandes- y de alguna manera, eso significaba incluso más. En los últimos dos años ellos habían desarrollado un lenguaje de compañeros de habitación, un lenguaje casi silencioso. No exactamente como parabatais, Simon pensó, y no exactamente como mejores amigos. Pero no menos que eso. No era algo que él quería dejar atrás para siempre.
"Tienes razón George. Yo tengo suficientes mejores amigos"
George frunció el ceño, tan sutilmente, que solo alguien que lo conociese tan bien como Simon podría haberlo notado.
"Pero hay algo que yo nunca he tenido" Simon continuó. "No hasta ahora" "¿Y qué es eso?"
"Un hermano". Esa era la palabra adecuada. No es alguien que tu escoges- es alguien que el destino elige por ti, alguien que, bajo otras circunstancias, no se hubiese interesado en conocerte, y tú a él. Alguien por el que morirías y matarías sin pensarlo dos veces, porque él es familia. Juzgando por la sonrisa radiante de George, la palabra también era la adecuada para él.
"¿Vamos a tener que abrazarnos ahora o qué?" George dijo. "Creo que eso es inevitable"
El salón del Consejo era intimidantemente hermoso, con la luz de la mañana filtrándose por una ventana en lo alto del techo con forma de domo. Le recordaba a Simon fotos que había visto del Panteón, pero de alguna forma este lugar parecía aún más antiguo que la misma Roma clásica. Este lugar parecía fuera del tiempo.
Los estudiantes de la academia se amontonaban en pequeños grupos, todos lo suficientemente nerviosos y distraídos como para sólo comentar pasajeramente sobre el clima (que, como siempre en Idris, era perfecto). Marisol sonrió a Simon y asintió firmemente cuando lo vio entrar a la sala, como queriendo decir que nunca dudó de él… o casi.
Simon y George fueron los últimos en llegar, y poco después de eso, todos tomaron sus posiciones para la ceremonia. Los siete mundanos estaban en fila por orden alfabético, ubicados al frente del salón. Se suponía que debían ser diez, pero al parecer Sunil no fue el único que lo reconsideró en el último momento. Leilana Jay, una chica muy alta, y muy pálida, de Memphis, y Boris Kashkoff, un chico de Europa del este, de musculatura nudosa y mejillas rojas, se habían escabullido en algún momento de la noche. Nadie hablaba de ellos, ni los profesores, ni los estudiantes. Era como su nunca hubiesen existido, pensó Simon, y luego pensó en Sunil, Leilana y Boris, en algún lugar del mundo, viviendo solos con el conocimiento del mundo de las sombras, conscientes del mal, pero sin la voluntad ni la habilidad para luchar contra él. Hay más de una forma de luchar contra el
mal, pensó Simon, y era la voz de Clary en su cabeza, la voz de Isabelle, la voz de su madre, y su propia voz. No hagas esto porque crees que tienes que hacerlo. Hazlo porque quieres.
Sólo si tú quieres.
Los estudiantes de la academia de Cazadores de Sombras –Simon ya no pensaba en ellos como "la élite", así como tampoco pensaba en él mismo o en los otros mundanos como "la basura"- estaban sentados en las primeras dos filas del público. Los estudiantes ya no eran dos partes; eran un solo cuerpo. Una unidad. Incluso Jon Cartwright se veía orgulloso de, y un poco nervioso por, los mundanos al frente del salón –y cuando Simon lo encontró mirando a los ojos a Marisol y presionando dos dedos en sus labios, y luego en su pecho, casi parecía que era lo correcto. (O al menos, no un total crimen contra la naturaleza, lo que era un comienzo.) No habían miembros de la familia en la audiencia –aquellos mundanos con parientes vivos (que deprimentemente eran pocos), ya habían, por supuesto, cortado todos sus lazos. Los padres de George, que eran cazadores de sombras de sangre, no por opción, podrían haber ido, pero él les pidió que no fueran. "Sólo en caso de que explote, amigo" le confirió a Simon. "No me malinterpretes, los Lovelace difícilmente son unidos, pero no creo que les vaya a agradar un montón de George líquido."
Sin embargo, la habitación estaba casi llena. Ésta era la primera generación de mundanos de la academia que habría Ascendido en décadas, y más de algún cazador de sombras quería verlo en persona. La mayoría eran desconocidos para Simon, pero no todos. Amontonados detrás de las filas de estudiantes estaban Clary, Jace, Isabelle, Magnus, y Alec –quienes habían regresado como sorpresa para la ocasión- junto con el revoltoso bebé azul. Todos ellos –incluido el bebé- tenían la mirada fija en Simon, como si lo pudieran hacer superar la Ascensión con pura fuerza de voluntad.
Esto era, se dio cuenta Simon, lo que significaba Ascender. Esto era lo que significaba ser un Cazador de Sombras. No era solo arriesgar la vida, ni dibujarse runas y pelear con demonios, y ocasionalmente salvar al mundo. No era solo unirse a la Clave y acceder a seguir sus draconianas reglas. Significaba formar parte de algo más grande que uno mismo, algo tan maravilloso como aterrador. Sí, su vida era mucho más peligrosa de lo que era hace dos años, pero también estaba más completa. Así como el salón del Consejo, estaba llena de gente que él amaba, de gente que lo amaba.
Casi podrías llamarlos una familia.
***Y entonces empezó.
Uno por uno, los mundanos fueron llamados al estrado, donde los profesores se encontraban en una línea sombría, esperando estrechar sus manos y desearles suerte.
Uno por uno, los mundanos se acercaron a los círculos dobles trazados en el estrado y se arrodillaron en el centro, rodeados de runas. Dos Hermanos Silenciosos se encontraban ahí en caso de que algo saliera mal. Cada vez que un mundano se ponía en posición, ellos se inclinaban sobre las runas e inscribían una nueva, que simbolizaba el nombre del estudiante. Entonces regresaban a los costados del estrado nuevamente, quietos como estatuas vestidas en túnicas color pergamino, observando. Esperando.
Simon también esperó mientras uno a uno sus amigos se llevaban la copa a los labios. Mientras una llamarada color azul los rodeaba, y luego se extinguía.
Uno a uno.
Gen Almodovar. Thomas Daltrey. Marisol Garza. Cada estudiante bebió.
Cada estudiante sobrevivió. La espera era interminable.
Excepto cuando la Cónsul llamó su nombre, entonces se sintió demasiado pronto.
Los pies de Simon parecían bloques de cemento. Se obligó a ir hacia el estrado, un paso a la vez, su pulso parecía un subwoofer, y hacía que todo su cuerpo temblara. Los profesores estrecharon su mano, incluso Delany Scarsbury, quien murmuró, "Siempre supe que estabas hecho para esto, Lewis." Una mentira descarada. Catarina Loss apretó fuertemente su mano y lo acercó hacia ella, con su brillante cabello blanco sobre su hombro mientras sus labios rozaban su oreja. "Termina lo que empezaste, vampiro diurno. Tienes el poder de cambiar a estas personas para mejor. No lo desperdicies."
Como la mayoría de cosas que Catarina le decía, no tenía mucho sentido, pero una parte de él la entendió perfectamente.
Simon se arrodilló al centro de los círculos y se recordó a él mismo respirar.
La Cónsul se paró frente a él, con su túnica tradicional roja rozando el suelo. Simon mantuvo la vista en las runas, pero podía sentir a Clary detrás de él apoyándolo; podía oír el eco de la risa de George; podía sentir el fantasma del tacto de Izzy en su piel. En el centro de los círculos, rodeado de runas, esperando por la sangre divina correr por sus venas y cambiarlo de una forma inimaginable, Simon se sintió profundamente solo –y a pesar de eso, al mismo tiempo, menos solo de lo que había estado en toda su vida.
Su familia estaba ahí, apoyándolo.
No lo dejarían caer.
"¿Juras, Simon Lewis, abandonar el mundo mundano y seguir el camino del Cazador de Sombras?" preguntó el Cónsul Penhallow. Simon había conocido a la Cónsul anteriormente, cuando había dictado una clase en la Academia, y otra vez en el matrimonio de su hija con Helen Blackthorn. En ambas ocasiones había parecido una madre típica: enérgica, eficiente, lo suficientemente simpática, y no muy sorprendente. Pero ahora parecía temible y poderosa, menos que un individuo y más como la depositario de miles de años de tradición de los Cazadores de Sombras.
"¿Tomarás la sangre del Ángel Raziel y honrarás dicha sangre? ¿Juras servir a la Clave, seguir la Ley impuesta por El Pacto, y obedecer la palabra del Consejo? ¿Servirás aquello que es humano y mortal, sabiendo que por tu servicio no habrá recompensa ni agradecimiento alguno, más que el honor?"
Para los cazadores de sombras, los juramentos eran una cosa de vida o muerte. Si hacía esta promesa, no había vuelta atrás, hacia la vida que alguna vez había tenido, a Simon Lewis, el mundano nerd, aspirante a estrella de Rock. No había más opciones a considerar. Estaba sólo si juramento, y una vida llena de esfuerzo para cumplirlo.
Simon sabía que si miraba hacia adelante se encontraría con los ojos de Isabelle, o con los de Clary, y que sacaría fuerza de ellos. Podía preguntarles silenciosamente si ese era el camino correcto, y ellas se lo asegurarían.
Pero la decisión no podía ser de ellas. Tenía que ser propia, y solamente suya. Cerró los ojos.
"Lo juro." Su voz no tembló.
"¿Puedes ser el escudo de los débiles, la luz en la oscuridad, una verdad entre falsedades, una torre en la inundación, un ojo para ver cuando todos son ciegos?"
Simon imaginó la historia detrás de esas palabras, en todos los Cónsules antes de Jia Penhallow por muchos siglos, sosteniendo esa misma Copa ante un mundano tras otro. Tantos mortales, ofreciéndose voluntariamente para unirse a la lucha. Siempre le habían parecido valientes a Simon, arriesgando sus vidas –sacrificando sus futuros por una causa mayor- no porque hubiesen nacido dentro de una gran batalla del bien contra el mal, sino porque ellos habían escogido no vivir en la banca, dejando que otros pelearan por ellos.
Había pensado que, si ellos eran valientes por tomar esa decisión, tal vez él también lo era.
Le pareció que si ellos eran lo suficiente valientes para tomar una decisión, quizá él lo era también. Pero no se sentía como valentía, no ahora.
Solo se sentía como dar un paso más. Así de simple. Inevitable.
"Yo puedo" respondió Simon.
"Y cuando mueras, ¿Darás tu cuerpo a los Nephilim para ser quemado, y tus cenizas puedan ser usadas para construir la ciudad de Huesos?"
Incluso pensar en esto no lo asustaba. De repente se sentía como un honor, que su cuerpo sea de uso después de la muerte, que de ahora en adelante, el mundo de los cazadores de sombras clame por él, eternamente.
"Lo haré" Simon dijo. "Entonces bebe"
Simon tomó la copa entre sus manos. Era más pesada de lo que parecía y tibia al tacto. Lo que sea que estuviese dentro no parecía sangre, por fortuna, pero no era algo que el reconocía. Si no lo supiese mejor, Simon diría que la copa estaba llena de luz. Mientras se inclinaba, el líquido extraño parecía tener un brillo suave, como si dijese. Ven, bébeme.
Él no podía recordar la primera vez que había visto la copa mortal- era una de las memorias perdidas- pero el sabia el papel que había jugado en su vida, sabía que si no fuese por la copa, él y Clary nunca hubiesen descubierto el mundo de los cazadores de sombras en primer lugar. Todo había comenzado con la copa mortal; y parecía que todo iba a acabar ahí también.
No el final, Simon pensó rápidamente. Esperaba y no fuese el final.
Decían que entre más joven eras, tenías menos oportunidad de que la copa te matase. Simon tenía, subjetivamente, diecinueve años. Pero por regla de los cazadores de sombras ahora tenía solo dieciocho. Aparentemente los meses como vampiro no contaban. Y él esperaba que la copa supiese eso también.
"Bebe" La cónsul repitió nuevamente, una nota de humanidad deslizándose en su voz. Simon llevó la copa a sus labios.
Y bebió.
***ÉlestáenvueltoenlosbrazosdeIsabelle,elcabellodeIsabelleformandounacortinaalrededordeél.Él está tocando el cuerpo deIsabelle,élestá perdido en Isabelle,en su olor, su sabor y su pielsuavecomolaseda.
Él está en el escenario, la música sonando, el suelo sacudiéndose, el público gritando, su corazónlatiendolatiendolatiendoala pardelabatería.
Él está riendo con Clary, bailando con Clary, comiendo con Clary, corriendo a través de las calles deBrooklyn con Clary, ellos son niños juntos, cada uno es la mitad de un todo, ellos se toman de lamano,sedanunapretónyprometennuncadejarlotodoatrás.
Él está frio, rígido, la vida saliendo de su cuerpo, el está abajo, en la oscuridad, trepando su caminohacialaluz,lasuñasenterrándoseenlatierra,labocallenadetierra,losojosllenosdetierra,élestátirando,alcanzandoArrastrándosehaciaelcielo,ycuandolograllegar,élabresubocaperono para respirar, porque ya no le hace falta respirar, si no que para alimentarse. Y es que estahambriento.
Élestáhundiendosusdientesenelcuellodelhijodeunángel,bebiendosuluz.
Élhasidomarcado,yesamarcaquema.
Levanta su cabeza para encontrarse con la mirada de un Ángel, y el fuego de la furia delángelquemaatravésdesupiel,sinembargo,descaradamenteysinelmásmínimoderramamientodesu sangre,élvive.
Estáenunajaula.
Estáenelinfierno.
Esta inclinado sobre el cuerpo roto de una hermosa chica, rezándole a cualquier Dios que quieraescucharlo,porfavordéjalavivir,cualquiercosacontalde volverla alavida.
Estáentregandoaquelloqueestanpreciadoparaél,yloestáhaciendovoluntariamente,porquedeesamanerasusamigospodránsobrevivir.
Yahíestádenuevo,juntoaIsabelle,siempreconIsabelle,lasagradallamadesuamorcubriéndolos aambos, y no haydolor,más hayunaexquisitaalegría inundándolo,y susvenaquemanconlasangredelÁngel,yéleselSimonquesolíaserelSimonenelquemástardese
convirtió y el Simon que era ahora, que perdura y que renace, él es sangre y carne y una chispa dedivinidad.
ÉlesahoraunNefilim.
***Simon no vio el destello de luz que esperaba – solo vio una avalancha de recuerdos, una ola gigante que amenazaba con ahogarlo en el pasado. No había sido simplemente su vida pasando frente a sus ojos; había sido una eternidad, todas las versiones de él mismo que podrían haber sido, y que nunca serian. Y luego todo había acabado. Su mente se quedo quieta. Su alma se tranquilizo. Y sus recuerdos- las partes que él creía pérdidas para siempre- volvieron a casa.
Él había gastado dos años de su vida convenciéndose de que todo iría bien aun si no podía recuperar su memoria, que podía vivir reconstruyendo su pasado a partir de los fragmentos de recuerdos que tenia, dependiendo de otros para que le dijesen el tipo de persona que había sido. Pero nunca se había sentido bien. El agujero vacío en su memoria se sentía como un miembro amputado; había aprendido a compensarlo, pero nunca dejaba de sentir su ausencia y el dolor que aquello traía.
Pero ahora, finalmente, él estaba completo.
El estaba más que completo, se dio cuenta, cuando la Cónsul dijo con orgullo, "Yo te nombro Simon Cazador de Sombras, de la sangre de Jonathan Cazador de Sombras, hijo de los Nefilim."
Era un nombre temporal, hasta que escogiera otro para él. Momentos antes, eso había parecido impensable, pero ahora simplemente se sentía verdadero. Era la misma persona que siempre había sido. . . pero de todas formas. Ya no era Simon Lewis. Era alguien nuevo.
"Levántate."
Se sentía. . . no sabía cómo se sentía, excepto anonadado. Lleno de alegría y confusión y sentía una luz titilante, creciendo a cada segundo.
Se sentía fuerte. Se sentía listo.
Sentía que sus abdominales todavía eran solo dos, pero supuso que la magia solo podía hacer parte del trabajo.
La Consul carraspeó. "Levántate," dijo otra vez. Después bajo su voz a un susurro. "Eso significa que te levantas y le das el turno a alguien más."
Simon todavía estaba tratando de sacudirse la felicidad mientras volvía con los otros. George era el siguiente, y cuando se cruzaron, chocó los cinco con Simon.
Simon se preguntaba lo que vería George dentro de la luz, si sería tan maravilloso como lo había sido para él. Se preguntó si, cuando la ceremonia terminara, intercambiarían notas—o si esta era el tipo de cosa que te guardabas para ti mismo. Supuso que había una clase de protocolo de Cazador de Sombras que había que seguir—ellos tenían un protocolo para todo.
Nosotros, se corrigió. Nosotros tenemos un protocolo para todos. Tardaría en acostumbrarse a eso.
George estaba de rodillas dentro de los círculos, la copa mortal en sus manos. Era extraño, ser un Cazador mientras George seguía siendo un Mundano, como si hubiera una pared invisible dividiéndolos. Esto es lo más lejos que estaremos, pensó Simon, y en silencio urgió a su compañero para que bebiera de una vez.
La Cónsul dijo las palabras tradicionales. George juro lealtad a los Cazadores de Sombras sin titubear, respiró hondo, y levantó la copa como si estuviera brindando. "Slàinte!" gritó, y mientras sus amigos rompían en carcajadas, bebió un trago.
Simon todavía estaba riendo cuando el grito comenzó.
La habitación se quedó en silencio, pero en la mente de Simon, había una sirena de dolor. Un grito horrible e inhumano.
El grito de George.
En el estrado, George y la Cónsul fueron engullidos por una cegadora oscuridad. Cuando se disipó, la Cónsul estaba parada, los Hermanos Silenciosos a su lado, todos mirando algo horrible, algo con la forma de una persona, pero no su cara ni su piel. Algo con venas negras hinchándose dentro de una piel grisácea, algo con la copa mortal todavía en su puño, una criatura marchitándose, retorciéndose, desmoronándose, con el cabello y las zapatillas de George, y en lugar de su sonrisa, había una torturada, desdentada expresión que chorreaba algo muy negro para ser sangre. No George, pensó Simon furiosamente mientras la cosa paraba de sacudirse y quedaba inmóvil. Y de alguna manera, en la mente de Simon, George gritaba y gritaba.
La cámara era una tormenta de acciones—adultos responsables sacando alumnos de la habitación, jadeos, llantos y gritos—pero Simon no escuchaba nada de eso. Se movió para adelante, hacia la cosa que no podía ser George, yendo hacia el estrado con la fuerza y la rapidez de un Cazador de Sombras. Simon iba a salvar a su compañero, porque él era un Cazador ahora, y eso era lo que los Cazadores de Sombras hacían.
No notó a Catarina Loss detrás de él, no hasta que sus manos se posaron sobre sus hombros, su tacto tan suave que él podría haberse soltado—pero no podía moverse.
"Suéltame!" Simon hacía estragos.
Los Hermanos Silenciosos se arrodillaron por la cosa, el cuerpo, pero que no estaban haciendo nada por él. Ellos no estaban ayudando. Estaban mirando fijamente a la telaraña de venas, manchas de tinta repartidas a través de la carne.
"Tengo que ayudarlo!"
"No." La mano de Catarina en la frente y los gritos en su mente se quedaron en silencio. Ella todavía se aferraba; él todavía no podía moverse. Él era un Cazador de Sombras, pero ella era una bruja. Él no podía hacer nada.
"Es demasiado tarde"
Simon no podía ver las venas negras comiéndose la piel o como los ojos hundidos se fundían en el cráneo. Se centró en las zapatillas de deporte, Res , de George. Uno de ellos fue desatado, ya que a menudo lo estaba. Justo esa mañana George había tropezado con los cordones y Simon le habían salvado de caer.
"La última vez que me atrapas" George había dicho con otro de sus suspiros melancólicos, y Simon había disparado hacia atrás.
"No es probable." Las venas fueron apareciendo, con un sonido como Rice Krispies en la leche. El cuerpo estaba empezando a supurar.
Simón se aferraba a Catarina también. Su agarre era apretado.
"¿Cuál es el punto de...?" dijo en la desesperación, por... que lo que estaba a punto de morir de esta manera, no en batalla, no para una buena causa, no para salvar a un compañero guerrero o el mundo, pero para nada? ¿Y cuál fue el punto de vivir como un Cazador de Sombras?, ¿cuál fue el punto de habilidad y valentía y poderes sobrehumanos, cuando no se podía hacer otra cosa que esperar y ver?
"A veces no tiene sentido", dijo Catarina suavemente. "No solamente es lo que es."
¿Cuál es?, Simon pensó, la ola de rabia y frustración y horror casi consumiendo.
No iba a dejarse consumirse, no quiso perder este momento, si esto era todo lo que tenía. Había pasado dos años haciendo de él mismo alguien fuerte, iba a ser fuerte por George, ahora, de la única manera que le quedaba. Él dar testimonio, Simon llamó a su voluntad. ¿Qué es...? Se obligó a no mirar hacia otro lado ¿Qué es George? Valiente y amable y bueno. George, muerto. George, se ha ido. Y aunque él no sabía lo que la Ley tenía que decir acerca de la muerte por la Copa Mortal, si la Clave consideraría George uno de los suyos y le daría derechos funerarios de
Cazadores de Sombras, no le importaba. Él sabía lo que era George, lo que estaba destinado a ser, y lo que se merecía.
"Ave atque vale, George Lovelace, hijo de Nefilim ", susurró." Por siempre y para siempre, mi hermano", el granizo y la despedida. Simon rozó un dedo sobre la pequeña placa de piedra, trazando las letras grabadas: GEORGE LOVELACE.
***"Es bonito, ¿no?" Isabelle dijo desde atrás.
"Simple", agregó Clary. "Le hubiera gustado, ¿no te parece?" Simón pensó que George hubiera preferido ser enterrado en la Ciudad de Hueso, como el cazador de sombras que era. (Más al punto, habría preferido no estar muerto en absoluto.) La Clave le había negado. Murió en el acto de la Ascensión, que a sus ojos marcó él como indigno, Simón estaba tratando muy difícilmente de no estar enojado por esto. Pasó mucho tiempo en estos días tratando de no estar enfadado.
"Fue agradable el Instituto de Londres, ha de ser un lugar para él, ¿no te parece? ", dijo Isabelle.
Simon podía oír en su voz por mucho que lo intentaba, lo preocupada que estaba por él "Me contaron que una Lovelace es del Instituto de Londres"
George siempre había dicho cuando se enteró de su colocación. Después de su muerte el Instituto cumplió su palabra que había habido un funeral, que Simon había soportado. Había habido una variedad de recursos sindicales, grandes y pequeños, con sus amigos de la Academia, Simón y los demás, contando historias y memorias comerciales y no tratando de pensar en ese último día. Jon casi lloró. Luego hubo todo lo demás: la vida como Cazador de Sombras, misericordiosamente ocupado con la formación y la experimentación con su recién hallada gracia física y la energía, además de combatir con un demonio ocasional o un vampiro granuja. Hubo largos días con Clary, deleitándose en el hecho de que ahora podía recordar cada segundo de su amistad, la preparación para la ceremonia de su Parabatai, que estaba a sólo días de distancia. Había habido numerosos combates de entrenamiento con Jace, por lo general termina con Simon sobre su espalda mientras Jace sobre él, regodeándose de su habilidad superior, porque esa era la manera de mostrar el afecto de Jace. Había habido tardes de niñera del hijo de Magnus y Alec, el pequeño niño azul, en su pecho y le cantaba para dormir, y el sentimiento, por unos minutos preciosos, casi en paz. Había habido Isabelle, que lo que hacía a todos los días resplandecer. Había habido mucho para que la vida valiera la pena de vivir, y así Simón había vivido, y el tiempo había pasado, y George estaba todavía muerto. Había preguntado Clary por el portal, aquí amaba Londres, por razones que no lo hizo. Él había dicho adiós a George tantas veces, pero de alguna manera nada eso sentía definitiva, no se sentía bien.
"Te llevaré allí" Clary había dicho.
"Pero yo voy contigo" Isabelle había insistido demasiado, y Simon se alegraba de ello. Una suave brisa soplaba por el jardín del Instituto, haciendo crujir las hojas y lleva el tenue aroma de las orquídeas. Simon pensó que George le espera, por lo menos, a pasar la eternidad en un lugar donde no había ninguna amenaza de ovejas. Simon se puso de pie, flanqueado por Clary e Isabelle. Cada uno de ellas deslizaron su la mano en la suya, y se quedaron en silencio, juntos, enlazados.
Ahora que Simon había recuperado su pasado, que podía recordar todas las veces que casi había perdido uno de ellos, como pudo recordar ahora vívidamente, toda la gente que había perdido. Para la batalla, al asesinato, a la enfermedad. Al ser un Cazador de Sombras, lo sabía, significaba estar de forma íntima con la muerte. Pero entonces, también lo que lo hacía un ser humano era que un día perdería Clary e Isabelle, o lo perderían. Nada puede detener eso. Entonces, ¿cuál era el punto? le había preguntado Catarina, pero él sabía mejor que eso. El punto no es que se trata de vivir para siempre; el punto es que viviste, e hiciste todo lo que pudiste para vivir bien. El punto era las elecciones realizadas y la gente que amaba. Simon se quedó sin aliento.
"Simon?" Clary dijo alarmada. ¿Qué es?" Pero Simon no podía hablar. Sólo podía ver la lápida, donde el aire estaba brillando, y la luz translúcida se reflejaba en dos figuras. Una era una chica de su edad, tenía cabello largo y rubio, ojos azules, y enaguas de una duquesa BBC de la edad Antigua. El otro era George, y él estaba sonriendo a Simon. La mano de la chica estaba en su hombro, y había algo amable sobre el gesto algo cálido y familiar.
"George" Simon susurró. Luego parpadeó, y las figuras se habían ido.
"Simón, ¿qué estás mirando?" Isabelle preguntó con el tono de voz firme, irritada, que utiliza sólo cuando estaba tratando de no tener miedo.
"Nada." ¿Que se suponía que iba a decir? ¿Qué él había visto el fantasma de George en la niebla? Que no veía simplemente a George, que casi habría tenido sentido, pero y la hermosa desconocida anticuada? Sabía que los Cazadores de Sombras podían ver fantasmas cuando esos fantasmas querían verse, pero también sabía que las personas en duelo a menudo veían lo que querían ver. Simon no sabía qué pensar. Pero él sabía lo que quería pensar. Él quería pensar que el hermoso espíritu Cazador de sombras del pasado, tal vez incluso un Lovelace muerto hace mucho tiempo, llego para tomar a George, lejos con ella, a donde fue espíritus fueran. Quería creer que George había sido bien recibido en los brazos de sus padres, donde una parte de él viviría.
No es probable, Simon recordó. Se adoptó George, no es un Lovelace por la sangre y para los Cazadores de Sombras, presumiblemente incluso los muertos que rondaban en guarida británica toda se reducían a sangre. "Simon, Isabelle apretó los labios en su mejilla. Sé lo mucho que él era para ti, como un hermano. Ojalá pudiera haberlo sabido mejor." Clary le apretó la mano.
"Yo también." Ambos, Simon recordó, también había perdido a un hermano y dos de ellos se preocupaba por algo más que líneas de sangre. Ambos comprendieron que la familia podría ser una cuestión de elección, una cuestión de amor. Así lo hicieron Alec y Magnus que habían tomado
al hijo de otra persona en su casa y en sus corazones. Así lo hicieron los Lightwood, que había adoptado Jace cuando él no tenía a nadie más. Y así lo hizo Simón, ahora con un espectro.
¿Quién podría cambiar lo que significaba ser un Cazador de Sombras con sólo hacer nuevas elecciones. Las mejores opciones? Ahora comprendía porqué había sentido la necesidad de venir aquí, casi como si hubiera sido convocado. Para que no digas adiós a George sino encontrar una manera de aferrarse a un pedazo de él
"Creo que quiero mi nombre de Cazadores de Sombras, dijo.
"Simon Lovelace", dijo Clary, como siempre sabiendo su mente, así como lo hizo. "Tiene un cierto anillo a ella. Los labios de Isabelle se arquearon. "Un anillo atractivo" Simon rió y parpadeó una lágrima Por un momento, sus ojos estuvieron borrosos, le pareció ver a George sonriendo a través de la niebla de nuevo y luego se fue. George Lovelace se había ido. Pero Simon Lovelace estaba todavía aquí, y ya era hora de hacer ese recuento.
"Estamos listas", dijeron Clary e Isabelle, las dos maravillas que habían cambiado su vida, las dos guerreras que arriesgarían cualquier cosa y todo para aquellos que amaban, las dos chicas que se habían convertido en sus heroínas y su familia.
"Vayamos casa."
