Naruto No me pertenece
Capítulo 1: Vida temprana
ALEJATE DE NOSOTROS MONSTRUO.
Mira su mirada es repugnante.
No te acerques a ella o te matara.
Es un asco el solo verla.
LARGATE DE MI TIENDA ANIMAL.
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Hinata Uzumaki había comprendido muchas cosas desde tierna edad, el hecho de que la mayor parte de la aldea la odiaba, era una de ellas. No entendía cuál era la razón, pero si entendía que era odiada. Intentaba no entrar a muchas tiendas con temor a ser repudiada y la mayoría que visitaba siempre le cobraban el triple de lo normal con miradas de asco. Con tan solo siete años, era difícil de aceptar que nadie parecía quererla. Era mejor intentar ocultarse y no ser vista.
Si no te ven.
No pueden odiarte.
En realidad las miradas de odio del pueblo eran pasables, que la mayoría le tirar comida podrida, se quitaba con un baño, esquivar las piedras que le lanzaban no era difícil después de un tiempo. Nada era tan difícil como soportar las miradas que a veces le daba el jefe del clan Hyuga.
Su padre.
Ese hombre que al verla la hacía sentir inferior y que si las miradas mataran, ella estaría tres metros bajo tierra. Sus recuerdos de su madre eran muy vagos, destellos de una mujer de cabellera azulada y ojos morados, siempre la llenaban de insaciable calidez como un espejismo. Porque su madre estaba muerta. Más que los recuerdos vagos de la vida de su madre, el cuerpo sin vida de esta, estaba grabado como fuego en su mente. En una noche llena de sangre y gritos que no recordaba.
Poco después de esa noche, ella había pasado en el hospital, en recuerdos vagos, antes de ser movida a su hogar en el clan Hyuga. Donde no poco más de medio año de completo aislamiento y malos tratos de su familia, fue enviada a un pequeño departamento lejos de la ciudad por órdenes del cuarto hokage. El tercer hokage solía venir a visitarla, dándole dinero y alimentos, pero sin ninguna muestra de reconocimiento o apego.
Nadie parecía apegado a ella.
Todo lo contrario.
Todos parecían verla con odio.
Huirle.
Dejarla de lado.
Los niños no jugaban con ella.
Los adultos la odiaban.
Si bien ella ya era de naturaleza tímida por defecto, esos tratos solo la hicieron aislarse más de lo que debería. Intentar pasar desapercibida, no llamar la atención. No quería molestar a nadie, así que si no la notaban estaba bien. Ella solía entrenar en el campo de entrenamiento más alejado, algunos sellos que había visto en la academia. Tenía solo un año en la academia, si bien la materia parecía fácil para ella (dado que no tenía nada más que hacer que entrenar) sus profesores parecían odiarla también y por lo tanto la dejaban casi siempre en notas al final de la clase.
Prefería no destacar, prefería que nadie la viera mal, ser el último no era tan malo.
Ella había aprendido algo los tres años anteriores, el 10 de octubre es el día donde ella debe estar más alejada de todos, oculta para que nadie le haga nada. Si bien en la aldea había una especie de cerebración al cuarto Hokage por proteger a la aldea de un monstruo, los habitantes veían ese día para atormentarla, tenía varias heridas en su cuerpo de hombre borrachos que le habían atacado con rocas y ella había tenido que correr con el torso y el rostro sangrante. Su regeneración era asombrosa, pero algunas cicatrices adornaban su cuerpo.
Prefería pasar lejos de su departamento, el año pasado unos niños habían tirado bombas fétidas cuando ella se ocultaba y roto sus vidrios. Probablemente este año sería igual, pero al menos con ella no adentro, el daño seria mínimo.
También la cerebración opacaba un poco el cumpleaños del hijo del cuarto. El niño probablemente tendría una linda fiesta, rodeado de gente que le amaba y con muchos regalos que ella no tendría.
No recordaba su última fiesta de cumpleaños, pero probablemente fue cuando su madre vivió.
Antes del ataque.
Ella odiaba el 10 de octubre.
Su madre había muerto ese día como muchos otros.
Se arrojó detrás de un basurero al ver unos niños pasar a lo lejos, ellos le habían atacado los anteriores días, sabiendo que era cerca del 10 de octubre, como si sus padres le alentaran a eso. Comenzó a correr dispuesta a irse lo más alejada de las luces y fiestas del festival que era en honor a que la aldea estaba con vida. Ella no era bien recibida. El primer año ella había visto a un vendedor regalarle manzanas a unos niños, ella con hambre por una mala administración de su dinero había pedido una, el vendedor furioso le había tirado algo de caramelo caliente, quemándole las manos y haciéndola correr.
Mala idea un festival.
También el siguiente año fueron los globos cubiertos de pegamento, que la hicieron tener un lindo corte de cabello por su cuenta, no dejaría nadie se acercara a ella con unas tijeras sin temer que le harían daño. Le había costado varios intentos, pero logro cortarse el pelo ella sola, claro que era un corte recto por los hombros sin fleco ni nada, ya que no tenía mucho talento.
Al final término cerca de la academia ninja, suspirando bajo un árbol que tenía un columpio que solía usar sola. Los niños no jugaban con ella, este columpio era como su único amigo.
La noche parecía larga y fría.
Por lo cual ella camino tranquilamente por los callejones oscuros a su hogar, donde como espero, varios vidrios rotos la esperaban y pintura por todos lados con olores asquerosos. Por suerte este año había ahorrado parte de su mesada para al menos tener dinero para las reparaciones, antes que la casera le volviera a gritar. Limpiando rápidamente lo más que pudo su habitación, término acostada en su cama cansada, pero sin cerrar los ojos, temiendo que alguien entrara por la ventana rota e intentara matarla.
Anteriormente en años pasados había recibido tres intentos de asesinato, algunos ninja ANBU que parecían cercanos lo habían impedido, pero el miedo que alguien no llegara a tiempo, no la dejaba dormir.
No fue hasta que la luz del día y el pago de la fiesta, que ella por fin pudo caer dormida.
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Fue raro, generalmente no tenía sueños tan vividos. Todo a su alrededor parecía un enorme bosque con árboles demasiado tupidos diferentes a los de la aldea. Aunque todo gritaba peligro alrededor de ella, comenzó a caminar sintiendo extrañamente que todo era familiar. El sonido de una respiración, la hizo saltar curiosa cuando al pasar por una senda de árboles, el paisaje parecía cambiar para ver una enorme jaula que se perdía en el cielo oscuro y que unos grandes ojos naranja la vieran con intensión asesina.
La sonrisa de la bestia la hizo caer sentada con su cuerpo temblando de miedo.
¿Qué rayos era eso?
—Uzumaki—gruño la bestia sacando una de sus garras, pero por suerte sin poder tocarla.
Igual que estas se incrustaran poco menos de un metro frente a ella, levantando parte de sus cabellos por el impacto, la hizo casi orinarse ahí mismo.
—Ven aquí mocosa, te matare de formas inimaginables—gruño el zorro de nueve colas y grandes garras que mostraba ahora también sus colmillos.
Alzo las manos intentando defenderse.
Cuando se levantó agitada en su cama, con la frente sudando y la extraña sensación de un gruñido proveniente de su interior.
De todas las pesadillas que habían vivido en su vida, esta fue una de las más claras que había vivido.
No volvió a dormir aunque tuviera sueño durante los siguientes tres días.
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Minato Namikaze suspiro cuando las cerebraciones con felicidad y sentimientos de venganza acabaron. El 10 de octubre no era una fiesta para celebrar, habían perdido incontables vidas esa noche, pero igualmente el consejo había asegurado que celebrar podía ser bueno para apagar los ánimos oscuros de la fecha. Para él era importante la fecha porque era el nacimiento de su hijo, como que su esposa había sobrevivido de forma milagrosa. Todo debido a que alguien había logrado controlar a la bestia incluso antes que el llegara.
Aun así.
Los recuerdos de una chica de cabello azulado que abrazaban llorando a Kushina cuando la secuestraron hace tantos años, le hacía sentir mal.
Hana Uzumaki había sido la mejor amiga de su esposa, una ninja prodigio en sellados, una esposa adorada y una madre protectora.
Los recuerdos de Kushina al enterarse de su muerte, la habían llevado a una profunda depresión que esperaba no ver jamás. Un ninja no debe llorar en un funeral, recordaba a su esposa tirada de rodillas, llorando por perder a otro ser querido en la masacre, por su culpa de haber podido contener al kyubi.
Quiso decirle que fue su culpa, como hokage debió proteger a otros, pero no lo hizo.
Muchos perdieron la vida esa noche.
Lo único que tranquilizo a Kushina luego de esa noche, fue su hijo, siempre lo había visto con cariño, protegiéndolo demasiado y sonriendo levemente. La sombra de su vitalidad, poco a poco iba cambiando y regresando con forme Naruto crecía. Lamentablemente para él, Kushina había cerrado toda puerta referente a Hana, debido a que su madre también había muerto como todos los conocidos de ella del clan Uzumaki, había cerrado la puerta por su cordura mental.
Ella siempre había sido la persona más fuerte que conocía.
Pero perder a Hana.
Algo había cambiado esa noche.
Muchas cosas habían cambiado.
Demasiadas.
No se extrañó que Kushina no mencionara a Hinata, si bien estaba siendo asistida por un subsidio del gobierno, que fuera de conocimiento público que era la nueva jinchuriki, en un desesperado intento del tercero de darle una buena vida. Todo había ido de mal en peor, si bien pocos conocieron la condición de Kushina como jinchuriki, el sumarle a la niña que la bestia había masacrado gran parte de la aldea. Gano el odio de la aldea y no la admiración por ser la única barrera con que algo así fuera a pasar de nuevo.
Las grandes reservas de chacra de la niña, mantenían a la bestia a raya, junto con un complejo sello de Hana que nunca había visto ni podía replicar.
Él hubiera querido cuidar de la niña, pero con Kushina en ese estado, la aldea y problemas con otras naciones. Cuando pudo volverla a ver casi más de un año después, la niña rehuyó de él, como de cualquier adulto a la redonda, demasiado asustada, demasiado temerosa. Esperaba que la academia le ayudara, pero en realidad, parecía que algunos adultos no la trataban bien.
Quisiera protegerla, como un recuerdo de la amiga de Kushina, como hija de su amistad con Hiashi.
Pero incluso el hombre que nunca había mostrado emociones, no podía ver a su hija, por el recuerdo de su esposa.
Hiashi y Kushina eran diferentes.
Pero al mismo tiempo iguales.
No podían ver a la niña, por la sombra de lo que había dejado el pasado.
Se aseguró de hacer esa semana el sobre de dinero que iría a Hinata, había notado que alguno de sus funcionarios solían quitarle dinero y aunque quería decir algo, recordar la ira de ellos por la pérdida de sus familiares lo derribo, ocupaba tomar otra medida, pero no pensaba alguna buena a pesar de ser un prodigio como otros le llamaban. Era un hokage demasiado cansado.
Uso su habilidad para llegar al departamento de la niña.
Generalmente era el tercero quien pasaba por aquí, sin poder ver tampoco a la niña aun normalmente, él había perdido a su esposa por la bestia de la niña. Incluso Hiruzen parecía triste de solo el recuerdo. Él también había perdido a muchos esa noche, pero esa niña no era la culpable.
Detuvo su mano en la puerta con seriedad, de no haber sido por Hana, él se habría llevado a la bestia cerca de Kushina, había estado decidido a salvar a la aldea, pero su idea había sido clara. Había tenido el plan de sellar el kyubi en Naruto aun a costa de su propia vida.
No lo hizo.
Pero estuvo tan cerca.
Negó con la cabeza, pensando que eso no ocupaba atormentarlo ahorita. Tenía problemas con las negociaciones con Kumo y otras aldeas, no era tiempo para pensar en que pudo haber pasado.
Cuando abrió la puerta se topó con un departamento pequeño, pero bastante ordenado para ser de un pequeño niño. Había tal vez muchos sobres de ramen en la despensa, pero al menos estaba todo en orden. La falta de chacra le hizo saber que la niña no estaba cerca. Según el reporte de los ANBU, ella solía entrenar bastante a las afueras de los campos de entrenamiento.
Pero lo curioso fue cuando un ANBU apareció de la nada, reconoció rápidamente la persona y su semblante se puso serio.
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Era difícil, pero no imposible. Igual gimoteo cuando la bola de fuego prácticamente le exploto en la cara y se tiro sobre su espalda viendo al cielo. Ese día había sido particularmente malo, cuando un sensei le había pedido que usara un jutsu de fuego, a pesar que eso no se enseña en la academia y que ella no tenía afinidad con ese elemento, terminando nuevamente en el último lugar, aun cuando no le habían pedido a otro alumno usar un jutsu elemental.
Había pensado torpemente que lograrlo, tal vez ayudaría en algo en la clase, pero no podía hacerlo.
Unos pasos la hicieron sobresaltarse y levantarse rápidamente con los pies listos para huir. Estaba demasiado lejos del centro de la aldea y si era alguien que quería hacerle daño, claramente estaba en desventaja. Se congelo cuando vio a un hombre que ella reconocía bien, con ropas de negro, grilletes en su mano, medio rostro distorsionado y mirada perdida.
Uchiha Obito.
Probablemente uno de los reconocimientos más grandes para el hokage, cuando en medio de una misión habían capturado al hombre, trayéndolo a la aldea para hacer justicia. Entre los aldeanos había escuchado que él fue uno de los causantes del 10 de octubre, fue la primera vez que la aldea odio a alguien más que a ella. Pero en lugar de matarlo, algunos habían abogado por él, usando esos grilletes con sellos que suprimían todo el chacra, con ANBU todas las horas del día y siendo prácticamente el ser más odiado de la aldea.
Se tensó.
La mirada de alguien que parece muerto pero aun camina, vio en todas direcciones buscando algún ANBU, aunque si ese ANBU de día la odiaba, probablemente dejaría que el hombre la matara.
No tenía los números a su favor.
—No tienes afinidad con ese elemento, no saldrá bien hacerlo igual que alguien que si tiene afinidad—dijo el hombre Uchiha tomando asiento en la nada en particular sin dejar de verla.
El hombre odiado por la aldea.
Repudiado por su propio clan.
No pudo evitar sentir alguna afinidad por ese hombre tan despreciado al verlo en el mismo barco que ella. Aunque hubiera causado la masacre donde murió su madre, verlo frente a ella, era diferente. No parecía tan peligroso, pero de nuevo, sus sentidos no se pusieron menos relajados.
No le gustaba hablar.
No era buena en ello.
Pero igual no pudo evitar la pregunta en sus labios.
—¿Qué quieres de mí?—pregunto con suavidad y nervios.
La gente solía odiarla tanto como para quererla muerta, pero ese hombre aun no mostraba algún intento de asesinato, lo cual era mejor que la mayoría a este punto.
—Solo quería ver el pequeño estorbo que hizo que mi plan fallara, gracias a tu madre todo se fue al carajo—hablo tranquilamente como si hubiera hablado del clima, pero no lo era.
Sus palabras eran veneno.
Su cuerpo se tensó y sintió algo golpear su intestino cuando una ola poco racional de odio se formó en ella. Solía ser una persona bastante calmada y relajada, pero cuando alguien hablaba de su madre, las ganas de sangre se hacían presentes con odio. No sabía si eso era normal, nunca estuvo rodeada de personas que pudieran decir si era normal.
Pero para ella, sus ojos se entrecerraron en enojo frio ante el hombre.
—No hables de oka-san de esa forma—susurro con veneno e instinto asesino, que hizo al hombre alzar una ceja.
—Bueno esa perra puso a esa bestia dentro de ti antes de hacer mis planes realidad—indico este con un encogimiento de hombros.
Eso la hizo detenerse, cuando algo más gruño dentro de ella, que estaba segura no era ella.
¿Bestia?
Un leve recuerdo de su pesadilla días atrás, con esa bestia de grandes ojos rojos y pelaje naranja, la hizo estremecerse un poco. Había pensado que solamente era una pesadilla, aunque no tenía motivo de ser y era más vivida que cualquier otro sueño en su pasado.
Pero también.
No tenía forma que ese hombre supiera de sus sueños.
Los insultos de su madre fueron opacados un poco por esa nueva revelación.
Pero se detuvieron cuando dos siluetas aparecieron de la nada, un ANBU al lado de Obito y al otro lado el cuarto hokage, lo cual la hizo a ella pestañear por verlos aparecer prácticamente de la nada. Obito Uchiha no dejo de verla, no vio a sus nuevos visitantes y solamente suspiro antes de ponerse de pie.
—Obito sabes que tienes prohibido estar cerca de Hinata bajo cualquier circunstancia—expreso el hokage con expresión de seriedad, que no inmuto al Uchiha.
Este lo vio de reojo, antes de rodar los ojos con fastidio.
—Solo vine a saludar…kyubi-chan—hablo este viéndola de reojo, antes de comenzar a caminar seguido del ANBU.
¿Kyubi-chan?
Quiso preguntar porque le llamaba como la legendaria bestia de las nueve colas, cuando su pesadilla nuevamente afloro en su mente dejándola congelada. Pero eso solo era una pesadilla, no tenía nada que ver con la realidad. Al ver como el rostro del hombre se ensombrecía con ese nombre, parecía tener una comprensión que ella estaba llegando poco a poco. No le hubiera dado importancia al nombre, si no fuera porque muchas veces le habían dicho zorro apestoso, monstruo de colas o incluso tirado pintura naranja en su cuerpo.
Tendría sentido.
Una respuesta al odio de otros sobre ella.
Por más fantasía y pesadilla que soñara.
Miro a su vientre recordando el extraño patrón que se formaba en ocasiones por el uso de chacra.
—Hokage-sama—hablo con algo de pánico viendo al hombre frente a ella, quien la vio de reojo preocupado—¿El Kyubi este dentro de mí?—pregunto pensando que la pregunta era más estúpida cuando salía de su boca.
Que probablemente solo era una estúpida conjunción que hizo y que no tendría sentido.
Una bestia mitológica en su interior.
Ridículo.
Pero eso explicaba el odio de todos a ella, el odio del 10 de octubre.
Su pesadilla.
Bueno no eran muchas cosas, tal vez solo estaba siendo ridícula. Antes que el hokage pudiera contestar, otros tres ANBU aparecieron diciendo cosas sobre trabajo y el hokage había ido corriendo con ellos dejándola sola. Pero sintiendo extrañamente que no estaba sola.
Miro a su vientre confundida.
Solamente había sido una idea estúpida.
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Kakashi Hatake no sabe cómo sentirse ante el prisionero que se ha escapado por primera vez en un año, su ex compañero Obito Uchiha quien creo que desastre del 10 de octubre. El Hokage fue quien lo había encontrado hace más de un año y en medio de una potente lucha cerca de la aldea de la niebla, había evitado probablemente alguna locura. Todo gracias a que Itachi había mencionado sobre un enmascarado cerca del complejo Uchiha. Lo cual lleva a otros puntos importantes. Si bien no era conocido entre la aldea, el consejo parecía comenzar a culpar a los Uchiha por lo pasado el 10 de octubre.
El hokage hacia maravillas saltando entre controlar todo con los Uchiha, agradeciendo que Fugaku el actual líder era buen amigo de este, controlar al consejo, controlar a Kumo, controlar una posible guerra e intentar estabilizar la armonía con la aldea de la arena. Además de su familia, Kushina había pasado mal después del 10 de octubre, si bien ahora parecía casi como siempre, había un tono de tristeza que salía al aire siempre que se acercaban esas fechas.
No es de extrañar que él fuera quien velara principalmente por la hija de la alumna de su padre. Hana Uzumaki había sido la alumna de su padre, quien lo había cuidado a él en ocasiones cuando era niño y la única que había defendido el honor de su padre cuando este traiciono las leyes ninja al salvar a sus camaradas. Recordaba haber sido la única persona con quien el lloro en medio de un funeral donde nadie había asistido.
Ignoro los recuerdos de la Uzumaki para centrarse en Obito, casi ido, siempre con la mirada perdida y casi esperando el momento para escapar. El chico débil que una vez conoció, era ahora un criminal clase S odiado por la aldea. En las únicas veces que hablo, menciono que ser odiado era como siempre. No lo reconocía a él o parecía no hacerlo. Nunca había hablado a los interrogatorios y estaba con vida solamente por la intervención del Hokage y algunos otros ninja.
Pero era un prisionero.
Que se había escapado para ver nuevamente al jinchuriki del kyubi.
Si lo hubiera soltado.
Hubiera sido nuevamente otro desastre.
—Esa niña se parece a su madre—fue lo que musito cuando volvió nuevamente a la prisión de la que se había escapado con facilidad.
Kakashi se tensó, sintiendo casi que el hombre quería estar dentro de la aldea.
¿Por qué?
Pensó antes de verlo sonreír con diversión.
Una parte de él deseo volver a ver al Uchiha que había conocido, pero sabía que esos días, habían muerto hace mucho tiempo.
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Los ojos de Hinata parpadearon nuevamente al estar en aquel enorme bosque que había reconocido como aquella pesadilla. Cualquier niño se hubiera encogido de terror, pero ella apretó los puños con fuerza. Había ido a la biblioteca (entrando a escondidas) para buscar cosas sobre el Kyubi, solo por curiosidad. Sabía que era ridículo pensar que en verdad algo así estaba en su interior, pero la falta de libros sobre el tema solo aumento su ansiedad. Otra persona se hubiera dejado caer derrotado, pero ella en cambio sentía algo dentro que le impulsaba averiguar si era cierto o si solo eran sus imaginaciones.
Los aldeanos le odiaban.
Las pesadillas.
Lo que dijo el Uchiha.
Comenzó a correr por el bosque llegando por el mismo camino a la enorme jaula rodeada de espesa maleza y a la bestia que parecía haberle estado esperando.
Trago pesado.
Esperando que la jaula al menos le mantuviera lejos de matarla.
—¿K-Kyubi?—pregunto con timidez y ganas de llorar, pero sin moverse un solo milímetro.
La bestia abrió la boca mostrando grandes dientes, que la hicieron escalofriarse.
—Mocosa Uzumaki, voy a matarte al salir de aquí—exclamo este con una sonrisa siniestra y un aura de muerte que le demostraron que si bien esto podía ser una pesadilla.
Podría ser real.
Puso una mano sobre su pecho, antes de alzar la mirada brillante que hizo a la bestia congelarse aun en medio de su aura asesina.
—¿Estas dentro mío?¿Esta es mi mente?¿Eres el famoso Kyubi?—pregunto todo con un leve tartamudeo pero claramente emocionada.
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Había muchas cosas que Kurama odiaba, estar encerrado dentro de mujeres, era una rutina que odiaba más que antes. Todo por culpa del primer hokage y su estúpida esposa Uzumaki. Todos tenían que ser Uzumaki mujeres los que le capturaban en su interior. También estaba el hecho de que cada uno parecía verlo como un arma o una molestia, no esperaba que nadie fuera como el viejo, pero al menos hubiera gustado vivir de forma más cómoda y no con una estúpida estaca incrustada como con Kushina. También estaba su odio por los Uchiha, pero ese era otro tema que realmente no importaba.
Si bien había tenido Jinchuriki antes, nunca uno que con edad tan joven hubiera podido entrar en su espacio mental y hablarle.
Tampoco nadie que le viera con ojos brillantes en lugar de molestia u odio.
Dejo de lado ese pensamiento antes de verla con fastidio, era su actual recipiente y aunque le odiara, no podía matarla. El matarle solamente haría un proceso largo de regresar y estar en modo inconsciente por demasiado tiempo. No era extrañarse que aunque no tuvieran relación, la mayoría de los biju protegieran de la muerte a sus jinchuriki.
No es que tuviera que agradarle.
Esa niña no le agradaba.
Su madre le había puesto en esta situación después de todo.
Le haría la vida miserable.
—Mira mocosa, te odio y voy hacerte de la vida una miseria—gruño este mostrando los dientes para dejar en claro sus pensamientos.
Pero la niña siguió viéndole con ojos curiosos, sin una pisca de terror.
—Bueno en la aldea no soy recibida por nadie y todos parecen odiarme…si eres el Kyubi, eso significa que eres el causante del 10 de octubre—
El zorro miro con interés como la mirada brillante de la niña paso a una oscura unos segundos.
¿Sabría que él mato a su madre?
Probablemente no.
De ser así no estaría de forma tan tranquila frente a su persona.
—Pero si de verdad eres el Kyubi dentro de mí—empezó la niña antes de alzar la vista y verlo con grandes ojos brillantes—significaría que no estoy sola y ambos estamos juntos, casi como amigos—hablo la niña con esperanza y anhelo en su voz.
Por un momento su forma cruel y aura asesina desapareció ante la estúpida idea de la niña. Se preguntó qué tan estúpida inocente y desesperada puede ser esta mocosa para querer ser amiga de una bestia que claramente había matado a tanta gente. En los que incluye su madre y varios miembros del clan Hyuga. Los ojos de la niña seguían pareciendo esperanzados, lo cual le dieron nauseas.
Ignorándola se acostó en la parte más lejana de la jaula.
No tenía ganas de molestarla más o asustarla.
Solo la quería lejos de su persona.
Un destello del sabio le hizo gruñir.
—Largo de aquí—le gruño haciendo que su imagen desapareciera probablemente despertando en la vida real.
En cambio él se quedó en la misma jaula, con claros recuerdos que no quería recordar, maldiciendo a la niña. Lo mejor sería no molestarla en un tiempo, no quería verla, prefería dormir.
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No hay información disponible sobre el Kyubi, es algo que rápidamente aprende Hinata con frustración. Sus maestros no hacen más que mencionarlo un poco semanas después del 10 de octubre, pero no es como si le respondieran a ella si preguntara. Silenciosa y pasar desapercibida, esa es su táctica. No había nadie a quien preguntarle, el hokage casi nunca la veía y el tercero parecía verla cada vez menos, los ANBU que ocasionalmente observaba con su buena visión, tampoco parecían ser receptivos a sus preguntas antes no lo harían ahora. El zorro en su interior tampoco parecía muy animado.
Casi todas las noches para su suerte podía verlo, no es que no le tuviera miedo y pensara que no iba a morir, pero era genial tener a alguien que no pudiera huir de ella, por muy egoísta que sonara. Sentir una presencia con su persona, era relajante, incluso si quisiera matarle, lo cual no era muy diferente a la aldea.
Puede que fuera estúpida.
Pero en realidad ver al zorro era bueno.
Este había intentado la técnica de ignorarla cuando ella hablaba sobre sus clases o algunas personas que veía a lo lejos, el zorro se haría el dormido, pero en ocasiones parecía verla de reojo con un ojo lleno de fastidio. Las amenazas de muerte se le habían acabado y ahora solamente parecía aburrido.
Se veía adorable.
Si bien no eran amigos, pensó que si encontraba información de este, podrían serlo.
No muchos niños de su edad quisieran tener como amigo a una bestia demoniaca dentro de ellos, pero bueno, no es como si ella tuviera muchas opciones tampoco.
—Buenas noches Kyubi-san—hablo cuando nuevamente esa noche apareció en su bosque mental.
La bestia soltó un gruñido que parecía casi fastidiado, dándole la espalda rápidamente, aparentemente aburrido de intimidarla.
—Hoy en clase hablaron sobre ti, bueno estoy casi segura que eras tú, pero igualmente no dieron mucha información—hablo moviendo rápidamente las manos y con las mejillas sonrojadas.
La bestia la ignoro toda la noche que ella hablo.
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Era claro que otros niños no la querían, pensó Hinata cuando nuevamente en su clase la mayoría de niños tomaban asiento alejados de ella. Había empezado un nuevo año escolar y ahora tenía ocho años. Solo habían pasado cinco meses desde que había despertado la habilidad para hablar con el kyubi. Si bien había visto de reojo en algunas ocasiones al hokage actual y al tercero, ambos parecían inquietos por asuntos internos que prácticamente la ignoraban como el resto de la aldea. Lo que le hubiera desmotivado hace algún tiempo, no era nada ahora, tenía al kyubi con ella. Si bien no había hecho algún avanza en los últimos cinco meses de forma grande, había mejorado. La bestia no le gruñía y en ocasiones no le daba la espalda, acercando el hocico a la jaula y viéndola con sueño antes de dormirse.
Al parecer sus historias eran la forma de la bestia de dormirse, lo cual la ofendía un poco, pero eso significaba que le prestaba un poco de atención.
Ella era paciente.
Había esperado ocho años para tener un amigo, unos meses más no eran problema.
Ese año tienen un nuevo profesor, que si bien es claro su repulsión a ella y no deja de lanzarle miradas de odio en ocasiones, al menos no le baja puntos de forma indiscriminada como los dos anteriores. Ebizu es su nombre, cuando dijo el apellido un pájaro había graznado y desde entonces nunca nadie lo repitió. En su salón tenían nuevos estudiantes, que si bien no le habían lanzado miradas de odio, parecían más cómodos hablando con otros.
No era tan malo.
Lo malo era su compañero de asiento.
Raiden.
Era un miembro del clan Uchiha, lo cual la hacía tensarse. No es que pensara como algunos viejos de las tiendas cosas malas sobre los Uchiha, ella más que nadie sabía que no podía juzgar un libro por su portada. Lo malo con Raiden es que era como todo Uchiha, cabellera negra al igual que sus ojos, aunque su cabello tenía puntas algo curvas. Para ella era alguien bastante normal, pero para el resto de sus compañeras de clase, era el ser más atractivo de todos. Las cuales no dejaban de verla mal por tener un asiento a su lado.
No es como si fuera su culpa.
El sensei había asignado los asientos.
A su otro lado estaba una niña llamada Rigel.
Comenzaba a tener problemas para pronunciar nombres con "r" pero no es como si tuviera el chance de hablarles.
La niña tenía el cabello blanco corto sobre sus hombros y ojos color azul profundo casi como el hielo. Vestía ropas de chico, por lo cual si no hubiera escuchado su voz alguna vez, hubiera pensado que era hombre, no por sus rasgos que eran andróginos, si no por su forma de ser tan diferente a las chicas. Al igual que Raiden no hablaba mucho, por no decir que ambos casi no hablaban, dejándola a ella en el medio con su timidez usual.
Al menos no le habían llenado su pupitre con basura como en años anteriores.
—Hoy tendremos entrenamiento de combate—dijo Ebisu ajustando sus anteojos.
Trago saliva.
Eso no le gustaba.
No es que fuera mala, en realidad pasar horas entrenando en campos de entrenamiento había mejorado su fuerza, además que solía recuperar energías relativamente rápido. Lo malo es que en años anteriores sus profesores, rápidamente la ponían en desventaja, sus contrincantes con armas y ella si nada, sintiendo la presión de que siempre que estaba cerca de ganar, los profesores interrumpían el combate y el otro alumno terminaba siempre hiriéndola.
No le gustaba.
Camino detrás del grupo claramente incomoda.
Si bien todos los niños tomaron asiento mientras veían los combates, ella tomo asiento lo más alejada posible, queriendo ignorar cuando fuera su turno. Generalmente era de las ultimas, provocando que cuando estuviera tendida llena de sangre, el profesor la dejara olvidada con el resto de los alumnos.
Abrazo con fuerza sus rodillas.
No le gustaba esto.
Cuando iban por la mitad de los combates, había destacado los combates de Raiden por su buen uso con kunais y shuriken. Rigel si bien tenía problemas con armas, realmente fue buena en el combate cuerpo a cuerpo derribando a su oponente con agilidad. Al menos ambos habían sido emparejados con otros. Si hubieran luchado contra ella, probablemente recibiría una paliza.
—Megumi Otsuka—nombro rápidamente Ebisu de forma algo aburrida.
Una niña de cabellera por debajo de sus hombros en una coleta de lado de color naranja y grandes ojos verdes salto entusiasmada. La gran sonrisa de la niña que había estado rodeada de otros, parecía algo fanfarrona cuando se puso en el medio del improvisado campo. La niña había declarado el primer día de clases que si bien sus padres eran civiles, ella sería una gran ninja.
—Hinata Uzumaki—al decir el nombre con fastidio y algo de molestia, la hicieron tensarse.
Recibió la atenta mirada de los niños, algunas de clara repulsión, otras más indiferentes.
Tímidamente se puso de pie caminando con la vista al suelo, apretó los puños sintiendo un leve temblor en su cuerpo. Se puso frente a Megumi quien solamente la vio fijamente sin quitar su sonrisa, antes que Ebisu le diera la orden de comenzar. La niña de cabellera naranja corrió hacía ella de forma algo enérgica y con un puño que ella pudo ver desde la distancia.
No sería difícil esquivarlo.
A pesar que su padre la odiaba y que no tenía la técnica ocular del clan de este, su vista era claramente mejor que la de un humano promedio. Suspiro internamente antes de que el puño impactara contra su mejilla lanzándola al suelo, donde se quedó sin moverse. Ignorando la mirada casi incrédula de Megumi. No se levantó al menos que le obligaran.
No quería pelear.
No quería recibir una paliza nuevamente.
De reojo noto como Ebisu declaro la batalla como ganadora para Megumi, quien no dejaba de verla confundida, antes de ser arrastrada por sus amistades. Ella se arrastró al otro lado alejada de todos mientras abrazaba sus rodillas. Una mejilla roja no había sido tan mala, debería considerarse suertuda que Ebisu no impulso a que la batalla continuara.
De reojo una niña de cabello blanco la miraba fijamente, antes que el siguiente combate comenzara.
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El kyubi estaba molesto por su desempeño, si bien era casi imposible escucharlo, sentía parte de su malestar en su interior. Motivo por el cual se fue al campo de entrenamiento más alejado para entrenar con todo lo que tenía, si iba a dormir, no quería ver que todo lo que había hecho para avanzar, seria echado atrás. Había estado hasta altas horas de la noche, hasta que termino tirada sobre el suelo de espaldas viendo a la luna. También había algo que la estaba incomodando. Hace una semana se había dado el anuncio que el líder del clan Hyuga había tenido por fin un hijo. Con su esposa Harumi, una miembro del mismo clan. Su padre por fin tendría un heredero para el clan.
No es que le molestara.
Su padre la odiaba al igual que el clan Hyuga, claramente ella había sido desterrada de este.
Era saber que tenía una hermana, lo cual le molestaba, saber que no podría conocerla, la había estado incomodando un poco, pero por algún motivo esa noche, el ver la luna, le hizo preguntarse si su hermana tendría los ojos blancos.
Una familia.
Tomo asiento viendo sus manos sangrantes, regenerarse poco a poco.
Ella no tendría una familia.
Jamás.
Era odiada demasiado.
Pasos a lo lejos le hicieron eliminar todo rastro de chacra de su cuerpo, si bien esa técnica era de niveles avanzados y probablemente recibiría un elogio de algún profesor (si no fuera tan odiada) ella había logrado dominarla. Por supervivencia más que todo, era claro que no eliminaba el chacra para alguien de nivel ANBU o kage, pero si para algunos aldeanos ninja que habían intentado lastimarla.
Se arrojó contra la maleza lo más rápido posible, intentando cortar su respiración.
No quería otra mala noche.
Había pasado muchas malas noches.
Donde algunos ninja la habían pateado, otros le habían lanzado piedras y en el peor de los casos, había terminado con un brazo roto. El chacra en su interior lo había arreglado poco más de dos días después, pero no es algo que quisiera repetir.
Curiosamente la persona que paso, era un ninja enmascarado con otros cinco ninjas, que no parecían ANBU normales. Uno de los ninja tenía un bebé que parecía dormido, pero que cuando noto más de cerca tenía una mordaza en su boca a pesar que era claramente un recién nacido.
Su entrecejo se frunció.
¿Qué estaba pasando?
—Shinobigashira está seguro de que es necesario llevarnos a la hija del líder del clan Hyuga—pregunto uno de los ninja a su lado que parecía ser más joven que todos.
Parecía nervioso y dudando si eso sería buena idea.
Pero Hinata o ignoro viendo al bebé, que en un momento donde la nube que había tapado la luna, se despejo, dejo ver grandes ojos color perla que brillaban entre lágrimas.
El bebé.
El heredero del clan Hyuga.
Su media hermana Hanabi Hyuga.
Entonces, algo en su interior comenzó a palpitar, mientras sentía algo fluir dentro de ella.
.
El Kyubi en su interior, sonrió de forma maliciosa.
—Ya era hora niña—hablo oscuramente mientras se sentaba, divertido de sentir la oscuridad en el interior de la niña que no era suya.
Era de ella.
Todo de ella.
Y él iba aprovechar esta oportunidad.
Continuara…
Bueno gente les traigo otro capítulo al final de cuentas. Me alegra mucho que algunos enviaran sus personajes, por lo cual ya tengo varios para usar para la historia. Lo curioso es que casi todos son chicas, por lo cual no todas aparecerán al inicio y otras aparecerán en la historia más adelante. Tuve que descartar dos personajes de comentarios, que no me dejaron explicados muy bien, por lo cual no supe ni como tomarlos. Lo cual fue triste.
También cierro el concurso, al menos que me manden un personaje muy bien desarrollado que pueda usar para la trama, temo que no tomare más ideas. También si quieren que alguno de sus personajes aparezca, les recomiendo que sea un chico, eso fijo lo tomare en cuenta de inmediato.
Pueden notar que la vida de Hinata es muy diferente, realmente no será la misma historia que siguió Naruto, más bien será una palarela con nuevos personajes, nuevas misiones, pero que al final llegara a esa guerra ninja.
Incluso con Obito en medio de la aldea, hay alguien que va a mover los hilos bajo todo.
Ya se cual personaje será, pero me pregunto.
¿Ustedes podrán verlo venir?
Nota:
Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.
Sayonara sexys lectores.
