No tenía idea de porque esa pregunta lo desconcertaba, recordaba la flecha y el dolor que sintió, pero también el deseo de tocarla, era lo más extraño que le había sucedido, también recordaba aquella hermosa mujer, ¿que hacía ella encerrada?, pero ella a diferencia de la flecha, lo hacía sentir bien, como si ella lo llamara, no sabía que estaba sucediendo, pero sabía que la única forma de saber, sería diciéndole todo al señor que tenía en frente, no tendría caso mentir.

-Logre...logre ver una flecha siendo cubierta por una burbuja negra- Sota al escuchar eso desvío su mirada como si estuviera pensando- no sé que pasó, pero sentí que me llamaba, había algo en esa flecha que me atraía- Sota abrió los ojos sorprendido.

-¿Sentiste algo?-preguntó preocupado. Inuyasha dudó en responder, pero al final accedió, soltando un gran suspiro y frotando su mano en su el cuello.

-Si..., a cada paso que daba, un dolor en mi cabeza iba creciendo, pero mi deseo por agarrarla era mayor, sin embargo no lo soporte y me alejé-.

-Esa reacción es realmente extraña- dijo susurrando Sota para sí, pero que Inuyasha logró escuchar con claridad.- ¿hubo algo más?-.

-La vi- dijo sabiendo que ambos sabían de quien hablaban- a diferencia de la flecha..., con ella, sentí... paz, como si ella me estuviera llamando, también logré ver una luz rosa que desprendía de ella, así que por inercia me acerqué a ella, cuando estuve a centímetros de ella, quise tocarla, pero alguien nos interrumpió y salí del trance en el que estaba, tal vez suene como un completo idiota, pero después de todo, creo que es mejor decirle todo.- finalizó Inuyasha mirando directamente a Sota.

-Es lo mejor, hijo, después de esto... todo me indica que tienes la otra parte de la perla de Shikon- dijo mirándolo con determinación-tú eres el único que puede hacer despertar a mi hermana-.

-Espere, ¿qué?, ¿qué yo soy quien...?, ¿qué tengo que...?- dijo Inuyasha incorporando su cuerpo rápidamente.- es más que obvio que estoy en un lugar completamente diferente, pero ahora me dicen que tengo una dichosa Perla en mi interior..., me dijo que me daría explicaciones y solo me ocurren estas cosas, ¡primero, vengo a este lugar sin saber nada, segundo, dos locos me perseguían, con un demonio gato afuera, tercero, siento cosas raras por esa flecha y por aquella mujer dormida y que ahora, yo soy el único que puede despertarla, no entiendo que esta pasando aquí!- dijo contando cada cosa con sus dedos y con sus cejas fruncidas.

-Sé que tienes varias dudas, yo te las responderé todas, pero necesito que te calmes- dijo posando su mirada con calma hacía a Inuyasha, este se relajó y tomó asiento nuevamente.

-Estás en la era feudal, Inuyasha, un lugar muy antiguo para ti, y aunque suene muy extraño, te hemos estado esperando a ti, tanto la perla como a ti, Inuyasha- Inuyasha se señalo a si mismo incrédulo. Sota solo asintió- y te explicaré porque, Inuyasha- Sota cerró los ojos suspirando profundamente para después exhalar y al mismo tiempo abrir los ojos.

-Hace 1000 años atrás, se creó una perla. La perla de Shikon, era una poderosa perla, que podía cumplir un deseo, y darte todo el poder que poseía, sin embargo todos la querían para el mal, varias guerras se desataron para conseguirla, haciendo que varios inocentes murieran, los sacerdotes y sacerdotisas más poderosas, lograron conseguirla y resguardarla en un templo, sin embargo no duraría mucho, eran muchos demonios para ellos, sabían el mal que causaría si caía en malas manos. Se dedicaron a investigar la forma en como la perla podría desaparecer. Duraron muchos años, hasta que lo encontraron, la única forma de hacerla desaparecer era pidiendo el deseo correcto.

Varias sacerdotisas y monjes lo intentaron, pero la perla los manipulaba para que ellos pidieran deseos egoístas. Cuando alguien tenía la Perla, está hacía que los deseos fueran los más impuros posibles, no había nadie que no se dejará llevar por esos pensamientos, sabían que no podían, hasta que descubrieron que no solamente era el deseo correcto, si no, también a la persona correcta. Se llevaron muchos años tratando de encontrar a la persona correcta, pero no la pudieron encontrar en ese tiempo, así que solo se dedicaron a buscar a sacerdotisas o a monjes que protegerían la perla hasta poder hallar a la persona correcta. Y así paso por 500 años, hasta que esa persona apareció.

-¿La chica... que está sellada...?, ¿es ella?- preguntó Inuyasha poniendo atención a la historia que le estaban contando. Sota asintió de forma melancólica.

-Kagome..., Cuando Kagome empezó su entrenamiento, varios de sus tutores lograban ver un poder espiritual muy poderoso, y muy especial, me contaron que sin importar lo pesado que era su entrenamiento, ella siempre tenía tiempo para ayudar a otras personas, era amable, cariñosa y con el corazón mas puro que una niña podría tener. Cuando nuestros padres murieron...-Inuyasha en ese momento abrió los ojos sorprendido, pues no sabía que ellos eran hermanos- todos pensaron que perdería esa luz con la que la caracterizaba, pero no, fue un golpe duro, pero ella me dijo que me protegería con su vida, yo en ese momento fui su fuerza.

Cuando cumplió 15 años, fue reunida con otras sacerdotisas igual de poderosas que ella, para llevar a cabo su entrenamiento final, es decir, proteger la perla de Shikon. Algunas no lo lograron, otras no querían aquella carga, sin embargo Kagome hizo lo posible para lograrlo, tenía un objetivo y ese era cuidar la perla para evitar más desgracias. Al final del entrenamiento quedaron solo dos sacerdotisas. Se presentaron al templo del monje más sabio que había en esa aldea y el logró ver el poder y corazón de kagome, así que la eligió a ella. Cuando mi hermana quedo a solas con el monje, el le dijo todo el poder que tenía y lo poderosa que era, también le explicó la gran carga que llevaría de cuidar la perla, pero eso no fue lo único, le dejó muy en claro que ella era la persona para eliminar la perla de este mundo.

Dias después mi hermana llevo la gran carga por cuidar la perla de Shikon, demonios la atacaban día y noche, algunos tenientes o soldados la perseguían por aquella perla, siempre tenía que estar alerta y había veces en donde no dormía, sin embargo ella nunca dejó de mostrar esa sonrisa para todos, siempre que podía, ayudaba a los enfermos, ayudaba a pequeños niños humanos, monjes, aldeanos y hasta exterminadores, pero lo que más nos sorprendió de ella fue ayudar a algunos demonios. A pesar de que ellos eran nuestros peores enemigos, Kagome podía ver quiénes necesitaban su ayuda.

-¿Qué fue lo que le pasó?, y ¿yo que tengo que ver con todo esto?- preguntó Inuyasha ansioso por saber lo que le ocurrió aquella sacerdotisa.

-Se enamoró de un demonio- Inuyasha abrió los ojos sorprendido, la verdad no esperaba una confesión así- supe que se conocieron en el bosque, mi hermana lo trajo a la aldea para curarlo, había sido atacado por veneno, después de eso, sus encuentros fueron más seguidos, pero no pasaban de más, muchos creían que ellos se casarían. Mi hermana me contó que Koga la hacía sentir humana, la hacía sentir despreocupada, pero lo que más la marcó fue que no estaba sola en su lucha de la perla y que no todos los demonios eran desagradables. Hubo un momento donde mi hermana creyó saber cuál era el deseo correcto, se lo contó a Koga y ambos crearon un plan para poder liberarse de la Perla y vivir felices como lo tenían planeado, ya que al tener la perla ambos eran víctimas de constantes ataques.

Sin embargo, una noche de Luna nueva, mi hermana preparaba sus armas, me dijo que saldría, pero la mirada que tenía era de miedo, y tristeza, nunca la había visto así, me preocupe pero me dijo que me quedara, así que obedecí, después de una hora en que se había marchado se empezaron a escuchar gritos de horror, busqué a mi hermana por todas partes, pero aún no había regresado, así que me arme y salí para combatir con los demonios, hasta que escuché los gritos "está en el templo", "irá por la perla de Shikon", "engañó a nuestra sacerdotisa", corrí hacia allá preparando mi arco, y cuando estaba apunto de disparar me lo encontré a él, era Koga quien robaba y había incendiado nuestra aldea, me quedé paralizado al ver como cogía la perla, y pude divisar que en su espalda tenía una flecha purificadora igual a las de mi hermana, no sabía que hacer, hasta que el empezó a correr hacia mi dirección, creí que moriría, cerré los ojos esperando el golpe, pero solo me lanzó hacía un extremo y pude ver como una flecha se enterraba en la madera del templo que había estado apunto de atravesarme, pude darme cuenta en ese momento que me había salvado, cuando alce la vista, el ya no se encontraba, quede paralizado por varios minutos hasta que pude escuchar los gritos de mi hermana y el.

-Ambos querían matarse entre si, pero logré llegar a tiempo. Disparé una flecha para evitar aquella tragedia, sin embargo, Koga fue quien selló a mi hermana, nadie sabe porque, pues al final él murió siendo "purificado", llevándose consigo la otra mitad de la perla. Me dediqué a buscarla por más de 50 años, pero sin ningún resultado, hasta que un sacerdote me señaló que la perla pudo reencarnar, aprendí varios hechizos para conectar tu mundo con el nuestro, y cuando lo logré, envíe a kirara a rastrearte, era la más rápida y confiable, pero una vez que hayas pasado por el pozo, solo tú podrás utilizarlo.

-¿Por eso fue que logré entrar al templo?- preguntó Inuyasha viendo hacia la salida. -y, ¿por qué me esperaban con tanta urgencia?- preguntó volviendo su mirada hacía Sota.

-No creo que con solo con portar la perla te haya ayudado a entrar al templo, tiene que ver con algo más, y te necesitábamos, ya que varios demonios querían apoderarse de la mitad de la perla y del cuerpo de mi hermana.-

-¿Por qué?-.

-Mi hermana al estar inconsciente, sus poderes se debilitan y más al saber que sus poderes son sellados por la misma Perla, varios demonios quieren comer su cuerpo para apoderarse de la perla y de sus poderes de sacerdotisa, si eso llegase a suceder, estaríamos todos perdidos, y el conjuro que utilice me llevo años dominarlo, además mi hermana es la única que puede desaparecer la Perla y no sé por cuánto tiempo seguirá dormida-. Finalizó Sota formando pequeños puños en mis arrugadas manos.

-Entonces, ¿yo seré el único que podrá despertarla?- dijo Inuyasha desviando su vista al suelo.

-Si- afirmó Sota. Inuyasha proceso toda la información que se le está dando, era más que claro que esto no era un sueño, podía ver la desesperación en los ojos de Sota por recuperar a su hermana, también vio a varios aldeanos asustados por aquella chica...

-Lo haré- exclamó Inuyasha poniéndose de pie.- si soy el único que puede despertarla, eso haré-.

-Muchas gracias, hijo mío- agradeció Sota, igual poniéndose de pie.-Vamos-.

Inuyasha siguió a Sota hasta la salida de la cabaña para después ver dos rostros fijándose en ellos como si esperaran una respuesta.

-Es el- fue lo único que dijo Sota para que tanto como Miroku como Sango se abalanzaran sobre Inuyasha abrazándolo y agradeciéndole. Minutos después lo soltaron y se disculparon por el trato con lo que los había recibido y posteriormente se presentaron. Durante el trayecto hacia el templo, le contaron el porqué su preocupación por aquella sacerdotisa.

-Kagome salvó a mi familia de unos demonios muy poderosos, además era muy amiga de mi padre, ella siempre fue una figura a seguir para mi, mi padre siempre me contaba lo grande que era su corazón, pero cuando me enteré que había sido sellada, simplemente no podía creerlo, nunca supe que paso en realidad, pero puedo decir que ella no merecía esto, cuando conocí a Sota y logré descubrir que había posibilidad de hacerla despertar, me dedique a entrenar y ayudar en todo lo que podía, sé que era lo que mi padre habría querido..-dijo Sango con una sonrisa junto con una mirada nostálgica.

-Es cierto, la sacerdotisa Kagome es la mujer más dulce que ha habido en este pueblo, ella ayudó a varios sacerdotes para salvar aldeas, también ayudó mi padre a entrenar para ser un buen monje, nadie sabe exactamente qué fue lo que sucedió aquella noche, lo único que podríamos decir es que ella no merecía ese final- dijo Miroku agachando su cabeza.

Entre más escuchaba las historias de aquella mujer, más curiosidad tenía sobre ella, quería saber que le había sucedido para terminar de esa manera. Seguían el mismo sendero que el había tomado para llegar aquel templo.

-Hemos llegado- informó Sota logrando captar la atención de lo tres- Sango, Miroku, quitaré el campo de fuerza, y necesito que estén preparados por cualquier ataque de algún demonio, no sé cuánto durará despertarla- ellos dos asintieron y tomaron cada quien sus armas- es hora, Inuyasha- este solo asintió.

Sota dirigió su mirada hacia el templo, se podía ver que en su mirada había duda, pero rápidamente lo remplazó con una mirada determinada, junto sus manos cerca de su cara cerrando los ojos y murmurando unas palabras. Sota abrió los ojos de golpe al mismo tiempo que una luz azul desaparecía poco a poco alrededor de la cabaña. En ese momento Inuyasha logró escuchar varios ruidos que salían por el bosque, sin embargo en cuanto Sota se metió al templo, él lo siguió.

Pudo ver como Sota veía a burbuja más grande con tristeza, después ladeó el rostro hacia Inuyasha, el paso delante de él para poder quedar cara a cara con la mujer, no obstante, había algo diferente, no la lograba ver, ni mucho menos sentir. Nervioso, se decidió por alzar una mano para poder tocar su mejilla y poder sentir la sensación de calidez que había horas antes había sentido, pero lo único que sintió fue una fuerte descarga, logrando apartar su mano inmediatamente y sostenerla con la otra.

-No...no entiendo- susurró Inuyasha mirando su mano. - es diferente, no la logró sentir-

-¡SEÑOR SOTA, SON DEMASIADOS DEMONIOS!- gritó Sango mientras lanzaba su Hiraikotsu.

-Debemos irnos, Inuyasha- mencionó Sota agarrándolo de los hombros, sin embargo un demonio cien pies rompió el techo logrando entrar al templo.

-No- negó Inuyasha, se rehusaba a dejarla ahí- puedo hacerla despertar, sé que puedo- fue lo ultimo que dijo antes de ser interrumpido.

-¡AL FIN, EL CUERPO DE LA SACERDOTISA Y LA MITAD DE LA PERLA SON MÍOS, APÁRTENSE!- gritó la mujer mientras empujaba a Sota e Inuyasha a diferentes lugares, dirigiéndose directamente a la ya inconsciente sacerdotisa, hasta que algo la hizo parar en seco.- espera un momento- decía mientras miraba a Inuyasha- siento un poder dentro de ti...¡TÚ... TIENES LA OTRA MITAD, TE MATARÉ Y DESPUÉS A LA SACERDOTISA¡- gritó mientras se acercaba a Inuyasha.

Inuyasha se levantó como pudo del lugar y corrió hasta una esquina del templo, buscando desesperadamente a Sota con su mirada, pero se encontraba inconsciente. Volvió a divisar al demonio y trató de huir hacia la salida para pedir ayuda, estaba casi cerca de Sota para ayudarlo, más no contaba que lo empujaría de nuevo al otro extremo del templo, alejándolo de Sota, dejándolo tirado a lado de la burbuja de la sacerdotisa.

-¡MORIRAS!- gritó mientras se acercaba él con gran velocidad.

-¡AYUDA!-gritó Inuyasha con todas sus fuerzas cerrando los ojos.

Y como si alguien hubiese escuchado su súplica, una luz rosa rodeó al campo de fuerza negro que tenía a lado Inuyasha, este abrió los ojos mirando fascinado como aquella luz cubría todo el templo y logrando evaporizar al demonio ciempiés, minutos después esa luz se fue apagando, logrando ver a una mujer de pie mirando hacia el frente. Ella volteó su mirada hacia Inuyasha y le ofreció su mano junto con una sonrisa, era la sonrisa más hermosa que había visto. Inuyasha no sabía que pasaba pero en ese momento no tenía tiempo para ponerse a pensar, así que aceptó su ayuda , tocando su mano con la de ella, era pequeña, suave y muy cálida fue lo que pensó al tocarla, más no sabía que sería jalado hacia ella para finalmente ser abrazado por su pequeño cuerpo. Inuyasha sintió sus pequeñas manos rodeándolo junto con su pequeña cabeza recostada sobre su pecho, él la miró sorprendido e inconscientemente fue aceptando su abrazo, logrando el poner su cabeza en la coronilla de la mujer y cerrando los ojos, disfrutando de la sensación.

Un sonido de algo cayendo y chocando con el suelo se llegó a escuchar, pero en ese momento no le importaba a Inuyasha, sin embargo sintió como lo empujaban de forma exagerada haciendo que cayera al suelo. Desconcertado vio a la figura que tenia al frente, pero no se encontraba a la pequeña mujer que le había dado una sonrisa...,no..., se encontraba una mujer mirándolo con odio, pudo darse cuenta que sus ojos estaban opacos, llenos de odio, de tristeza.

-¿Qué haces aquí?- dijo ella con enojo en su voz. "¿acaso ella sabía de su existencia?, pero estaba dormida".- después de todo lo que me hiciste, ¿te vienes a parar enfrente de mi, Koga?,- dijo ella con recalcando el nombre con dolor.

-Oye, yo no soy ese tal Koga, ¿si?- dijo mientras se incorporaba y se colocaba al frente de la sacerdotisa.- soy Inuyasha-

-No quieras engañarme... puedo sentir tu parte demoniaca emanando en ti- dijo con dolor y rencor. En el momento que Inuyasha iba a replicar, la sacerdotisa se agacho y procedió a agarrar la perla, sin embargo notó como ella empezaba a temblar

-Oye, ¿estas bien?- dijo Inuyasha sosteniéndola.

-No... te... atrevas a... tocarme- fue lo único que dijo antes de desmayarse, Inuyasha pudo agarrarla a tiempo antes de que cayera al suelo logrando tambien agarrar la perla, pero sin prestarle mucha atención. Mientras la observaba, pudo ver como que la chica temblaba, su respiración era entre cortada. Pasaron dos minutos para que ella pudiera relajarse, pero pudo ver como una pequeña lagrima salía por su ojo derecho.

Inuyasha volteó su rostro y pudo ver a Sota despertándose. Cuando Sota logró recuperar su consciencia, dirigió su vista primero hacia a Inuyasha, para después posarla sobre el bulto que el sostenía, el abrió los ojos sorprendido. Se incorporó poco a poco y se dirigió hacia Inuyasha para finalmente posarse enfrente de el. Inuyasha soltó poco a la sacerdotisa para que Sota pudiera verla mejor, pudo ver como con su mano arrugada agarraba la de ella, pero inmediatamente la soltó.

-Esta demasiado fría- dijo Sota preocupado - ¿donde esta la perla?- preguntó Sota mirando directamente a Inuyasha. El solo metió su mano en donde la había metido para finalmente sacarla y entregársela a Sota. La reacción de el no fue lo que esperaba. - no puede ser- fue lo que dijo para finalmente lograr ver que la preciada perla estaba oscura por la mitad, pero que en la otra se encontraba perfectamente limpia- debemos irnos a la cabaña, los demonios se han ido sabiendo que la sacerdotisa ha despertado, pero regresarán al saber que esta debíl- dijo mientras se daba media vuelta, escondiendo la perla sobre sus mangas para ir hacia a salida.

Inuyasha dirigió su vista hacia la sacerdotisa que estaba recostada en sus brazos, pero fue interrumpido por una sensación que empezaba a sentir sobre el, ladeo su rostro para encontrar aquella cosa que lo llamaba y pudo divisar la flecha, no sabía porque, pero le daba una mala espina esa cosa.

-¿Qué sucederá con la flecha?- Preguntó Inuyasha dirigiendo su vista hacia la espalda de Sota.

-No te preocupes por ello, Inuyasha, lo hablaremos en la cabaña-.

Sota e Inuyasha salieron del templo con la pequeña sacerdotisa en sus brazos, varios aldeanos soltaron suspiros de sorpresa, otros se había desmayado, otros habían rezado de forma de agradecimiento. Poco después se encontraron con Miroku y Sango, quienes ayudaban a varias personas, cuando estos los divisaron, corrieron a la dirección de Inuyasha para poder ver a la sacerdotisa desmayada.

-Sigue igual como las leyendas contadas - dijo Sango con nostalgia.

-Tenemos que ir a la cabaña, tenemos que hablar de algo seriamente- finalizó de decir Sota. Miroku y Sango miraron Inuyasha esperando una explicación, sin embargo este solo encogió los hombros.

Todos siguieron a Sota preguntándose que había sucedido, cuando finalmente llegaron, Sota le indicó a Inuyasha que la acostara en el futon que estaba pegado hacia la pared, y finalmente les pidió a todos que tomaran asiento.

-La perla esta contaminada- soltó Sota de golpe haciendo que Miroku y Sango se miraran entre si alarmados.

-Pero, ¿por qué?, ¿no se suponía que tanto la perla de Inuyasha como la de la sacerdotisa Kagome estarían puros?- dijo Miroku desconcertado.

-Yo tampoco logro entender que fue lo que sucedió- dijo Sota sacando la perla y viéndola fijamente

-Inuyasha- lo nombró Sango- ¿sucedió algo cuando despertó Kagome?- preguntó Sango preocupada. En ese momento todos lo miraron esperando una respuesta, haciendo que el recuerdo de como lo había abrazado tiernamente para que al final lo apartara y cambiara esa cálida mirada, con una de sufrimiento.

-Cuando el demonio ciempiés iba a atacarme, ella despertó junto con una aura color rosada logrando desaparecerla, recuerdo que estaba viendo un punto invisible, como si estuviera procesando lo que había ocurrido, después de eso, ella giro a verme, y me ofreció su mano para ayudarme a levantarme, cuando la acepte, ella me jalo hacia ella y me abrazó, como si de verdad me extrañara y yo solo pude aceptarla, se sentía estar tan bien en sus brazos, sin embargo, cuando la perla cayó, ella inmediatamente me apartó e hizo que me cayera, intente reclamarle, pero lo que una vez había sido una mirada dulce, se convirtió en una de tristeza y dolor, me nombró como si yo fuera Koga- todos dieron un respingo de sorpresa- hasta que finalmente, ella quiso agarrar la perla, pero en eso se desmayo y eso fue todo lo que sucedió.-

Ajena a toda la conversación, unos ojos color almendra iban despertando, tratando de acoplarse a la intensidad de la luz con la que se encontraba, ladeo el rostro a varias direcciones hasta topar con las personas que estaban con ella, también pudo divisar que estaba Koga entre ellos, su furia la cegó, tratando de divisar alguna arma que le fuera útil para poder atacarlo. por fortuna pudo divisar un arco con dos flechas cerca, asi que sin hacer el menor ruido posible fue arrastrándose para poder alcanzarlo.

-Es imposible que la sacerdotisa Kagome este contaminada- mencionó Miroku con su vista al suelo.

-Si ese fuera el caso, ¿que podríamos hacer?- mencionó Sango.

-Sería ir hasta la cascada purificadora del norte, varios monjes y sacerdotisas, la utilizaban para librarse de malos pensamientos- dijo Sota con una mano bajo su mentón.

-Pues será un viaje demasiado largo, duraría más de un mes para llegar hasta allí- Mencionó de nuevo Miroku.

- Lo sé-.

De pronto una flecha se clavo milímetros arriba de la cabeza de Inuyasha. logrando llamar la atención todos. Voltearon a ver al lugar en donde había sido lanzada, para encontrase con una Kagome preparando su arco con otra flecha, con la misma mirada de odio que tenía antes. Inuyasha intento ponerse de pie de forma rápida sin embargo ella lo detuvo.

-No te muevas- fue lo que le dijo mientras apuntaba directamente a su corazón.

-Oye, no sé cual es tu maldito problema, pero no soy quien tu crees, ya te había dicho, ¿si?, no soy ese tal Koga, ¿entiendes?- y eso fue lo único que hizo para que la gota se derramase del vaso, ella lanzó su flecha directamente al corazón de Inuyasha.


Y damos terminada el cap 2, perdón por la demora, pero en verdad la escuela me tiene atareada, y luego se me va la inspiración cuando anoto, espero les haya gustado, y prometo actualizar estrella de amor, lo prometo, los quiero mucho, cuídense 3 . pd: si tienen alguna idea o algo que quieran agregar a la idea no duden en decirme, todo es para que disfruten su lectura, ahora si, byesss