Naruto No me pertenece

Inicio de la segunda parte

Capítulo 19: Diferencias

Su primera misión real en mucho tiempo, fue el pensamiento de Hinata con una sonrisa, cuando el primer día Yamato les indico que tenían una misión importante dada por el cuarto. También era importante porque no era una misión usual que se le dan a los genin. Hinata había notado con horror que tanto Natsu como Sai (quien era menor que ambas) ya ostentaban el rango de chunin, pero ella seguía siendo una genin. Igualmente, el Hokage les había dado permiso para hacer una misión que estaba sobre su rango actual.

Le hubiera gustado saludar a Tsunade primero al igual que Mikoto, pero la misión era de rango urgente.

Era cerca de Kirigakure, no pudo evitar notar Hinata con cierta incertidumbre, pero que al final sería útil para ella. Intercambio un pensamiento con Kurama, pero este parecía igual de curioso ante la ausencia del tres colas. No es que pensaran hacer una rebelión de jinchurikis, pero cuando convocar a tantos y que solamente uno salga excluido.

No estaba bien.

Se alegró cuando dejaron la aldea, de haberle dejado instrucciones a Honomi, esperaba que cuando llegara la casa no estuviera en ruinas.

Mientras saltaban por las ramas, no pudo evitar notar que Sai si bien seguía las ordenes sin decir nada, sus ojos no parecían separarse de sus saltos. Como si la estuviera analizando y buscando cualquier falla o información de su persona.

Detuvo sus saltos entre las ramas cuando Yamato les dijo que irían a descansar.

Mientras Natsu iba por leña y Sai era el encargado de ir por agua, sin soltar su cuaderno de dibujo, no pudo evitar mirar con curiosidad a Yamato.

—Es un ninja que Danzo entreno, ten cuidado—hablo a su oído haciendo que ella suspirara con los brazos cruzados.

Danzo.

Que molesto era ese nombre.

Miro sobre su hombro sintiendo la presencia de algo.

¿Qué seria esa sensación?

.

.

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—¿Se marchó de nuevo? —fue la voz completamente deprimida de Naruto, que casi hizo reír a Honomi.

Detrás de él chico estaban tanto Sasuke como la chica Sakura, ambos acompañándolo después de su entrenamiento para los exámenes, que serían dentro de dos semanas. Había visto que Hinata apenas tenía un día en la aldea y ya se había marchado de nuevo por una misión urgente.

Minato sin duda no tenía compasión de su pequeña Hina-chan.

Sus ojos no se apartaron del niño, que tenía un claro puchero en su boca y parecía bastante deprimido por la situación. Rodo los ojos de forma divertida antes de revolverle el pelo y que este se quejara, era solo un crio, recordaba que cuando Hinata le acariciaba la cabeza no se quejaba tanto.

Soltó un sonoro bostezo antes de echarlos de la puerta de su departamento diciendo que tenía cosas que hacer.

—¿Volverá para los exámenes? —había preguntado Sakura con curiosidad.

Se detuvo unos momentos de forma pensativa, antes de encogerse de hombros y desaparecer en una nube de humo. Ya en otro tejado lejos de ellos, comenzó a saltar hasta llegar a la calle y comenzar a caminar de forma relajada. Tarareo un poco, ignorando la lista de compras en su bolsillo trasero, hasta que logro llegar a la academia ninja.

No era tan temprano, supuso cuando vio a la mayoría de niños en su receso.

Se puso una mano detrás de su nuca de forma nerviosa, sin Hinata era muy mala levantándose, además era la primera vez en mucho tiempo que tenía tiempo libre para ella. O al menos eso quería creer, aún tenía que luchar contra una Tsunade a la cual Hinata no saludo y se fue de misión.

Ella iba a morir.

Quien diría que después de tanto tiempo juntas, aunque Tsunade no estuvo siempre en los viajes, la vieja gruñona le tomaría cariño a Hinata. Aunque admitía que esa chica tenía un poder especial para estar bajo la piel de los demás.

Incluyéndola a ella.

Una cabellera negra la hizo detenerse, antes de sonreír de medio lado y caminar directamente al hombre que estaba sentado leyendo un libro.

—¡Itachi-kun!—saludo divertida parándose frente a él con una sonrisa.

El hombre que no se inmuto y probablemente le había estado viendo hace rato, solo aparto su mirada del libro y sonrió levemente. El hombre era aún más apuesto de la última vez que lo vio, sintió una leve envidia por Izumi, pero bueno no es como si ella estuviera buscando una relación en este momento.

—Honomi-san, escuche que habías regresado junto a Hinata, me alegra saber que regresaron sin heridas de gravedad—expreso este con tranquilidad.

Aburrido.

Ella prefería chicos más expresivos como Shisui, pero este también había sido tomado.

Moriría sola.

—Yo escuche que te habías vuelto profesor, que desperdicio de potencial—hablo ella de forma dramática, ignorando si sus palabras eran crueles o no.

Itachi no pareció afectado por eso.

Quien sabe cuántas veces debió escuchar algo similar.

—Los niños deben ser enseñados, no veo que eso sea un desperdicio—hablo Itachi con calma.

Ella rodo los ojos aburrida.

Demasiado desperdicio.

Itachi no solamente era uno de los ninjas más fuertes que conocía, tenía habilidades que eran de tener cuidado y sin duda un ninja que nadie quiere enfrentar en batalla. Lo había visto en varias ocasiones en acción, por lo cual comprendía cuando decía que era un desperdicio.

Konoha lo ocupaba.

Este sonrió tranquilamente.

Admitió que verse en paz tampoco era tan malo.

—Ocupo que le digas algo a Shisui—hablo de pronto quitando todo ambiente de tranquilidad de la conversación.

Los ojos de Itachi se afilaron levemente, ella se tomó un brazo de forma nerviosa.

Pero no había tiempo que perder.

.

.

Amegakure era todo lo que nadie quiere ver, un pueblo completamente diferente a todo lo que Hinata había visto alguna vez. Demasiado lleno de edificios, con una lluvia que parece nunca detenerse. Amegakure es una pequeña aldea que se encuentra altamente industrializada, la cual es considerada como una tierra apartada del mundo exterior. Una serie de pequeñas aldeas rodean esta aldea. Como su nombre lo indica, llueve casi permanentemente sobre el pueblo. Que es encuentra en el país de la lluvia.

Tanto su persona como sus compañeros, vestían capas y casi no eran reconocibles.

Además.

Un sentimiento en su interior le indicaban que estaban en constante peligro.

—Según los datos de la misión, deberíamos encontrar aquí el paquete—hablo Yamato de forma tranquila.

Lo envidio por eso, todo se sentía, tan incorrecto en esa ciudad.

Camino dentro del bar de Tezuna, como tenía escrito en grandes letras fuera de este. Le gustaría decir que era la primera vez que entraba a un lugar como ese, pero lamentablemente con Honomi, quien decía que era mejor experimentarlo con ella antes que fuera en una misión (a su extraña forma estaba en lo correcto) ignorando que ella solo tenía 13 años le había metido a un bar. También le había obligado a beber, no sabía si era algo de la sangre Uzumaki o si era por ser la portadora de Kurama, o si simplemente ella había salido casi con completa inmunidad al alcohol.

Incluso cuando Honomi había intentado emborracharla, ella tenía una gran resistencia. El licor no sabía de alguna forma positiva para ella, pero igual era algo que consumía si la situación lo requería.

Miro de reojo a Sai, quien, a pesar de ser un niño, no parecía demasiado afectado por su situación actual.

Natsu claramente lucia incomoda.

Yamato solo se sentó cuando una mujer se lo ofreció.

Ella solo los siguió y tomo asiento, sonriendo levemente a la mujer, demasiado voluptuosa que le decía que tenía un rostro muy bonito. Ignoro a la mujer lo mejor que pudo, cuando noto a una mujer rubia caminar tranquilamente a Yamato, quien le indico que buscaban a alguien llamado "Murasame" y esta pareció asentir antes de irse nuevamente.

—¿Quién es este Murasame?—pregunto Natsu con curiosidad y algo de aburrimiento.

Pero noto como todo su cuerpo estaba tenso y listo para entrar a una lucha de ser necesario, sonrió levemente intentando tranquilizarla, pero algo dentro de ella parecía igual de alerta.

¿Qué pasa?

Le pregunto internamente a Kurama, pero este solo gruño y siguió alerta.

De pronto una figura de un hombre de cabellera celeste, con una gran cicatriz en su rostro y ropas como de vagabundo, se posó frente a ellos. Tenía una extraña marca azul sobre su nariz, pero sus ojos que parecían medio muertos, fueron lo que más le alerto.

Tenía una botella en su mano, con algo que parecía agua en esta.

Uso levemente el byakugan, notando que todo dentro de él parecía estar al borde del colapso.

—Me indicaron que tienes algo que entregarnos—hablo Yamato de forma amable, antes que la botella fuera lanzada a sus manos, este la tomo sin pestañar y manteniendo la sonrisa.

Hinata parpadeo.

¿Esto no debería ser diferente?

Giro a ver a los ojos del hombre, quien tenía una botella de licor en su mano.

—Es mejor que lo tenga la mierda de Konoha antes que ese sujeto, ya no quiero tener nada que ver con eso—fue lo único que dijo, antes de eructar y largarse tan rápido como llego.

Giro a ver la botella de agua transparente, casi tentada a preguntar que era, pero no era su deber.

—Eso fue rápido—hablo con falso humor Natsu mientras se colocaba sobre sus pies.

Supuso.

Pero era lo mejor, mientras más rápido tuvieran todo, mucho más rápido podrían largarse del lugar. Saco uno de sus pergaminos que puso sobre la mesa, donde Yamato coloco la botella de agua, con un rápido movimiento de manos, el pergamino sello la botella y con este sin tanto cuidado para transportar, se lo brindo a Yamato.

No era su mejor campo de sellado, pero había aprendido bien cómo hacerlo luego de arduas horas de entrenamiento con Honomi. Pero al menos la había hecho suficientemente competente para algunos sellados.

Con una suave sonrisa de despedida a Tezuna, salieron casi tan rápido como entraron.

—¿Qué clase de agua es esa? —fue la pregunta de Natsu cuando estaban por los pasillos de esa oscura ciudad.

Yamato sonrió.

—El agua del héroe—fue la única respuesta, que no parecía respuesta y daba más dudas.

Natsu giro a verle con muchas dudas en los ojos, pero ella solo se pudo encoger de hombros, claramente ignorante de la misma forma que ella.

Detuvo sus pasos cuando Sai lo hizo, claramente sintiendo algo malo al mismo tiempo. Natsu por otro lado saco un kunai sin detenerse a ver a otro lado y Yamato solamente suspiro.

Hinata no hizo ningún movimiento cuando una presencia apareció detrás de ella. Giro sus ojos para ver a una mujer, de cabellera azulada pero con algo que la hizo congelarse, su traje era completamente negro con nubes rojas por toda la capa.

Tuvo que hacer todo uso de autocontrol, para no abalanzarse contra la mujer, que tenía esa mirada indiferente.

Raiden.

Fue el pensamiento que taladro su nuca, que la hizo querer gritarle a la mujer por la ubicación de su amigo, por la ubicación de la madre de su amigo. Fue lo que hizo palpitar su corazón que estaba comenzando a bombear sangre y decirle a su cuerpo que era hora de atacar.

Tuvo que usar una de sus manos, para sujetar la otra, para refrenarse de hacer alguna estupidez.

—Veo que es el jinchuriki de nueve colas…me parece que vienes demasiado pronto a nosotros—hablo la mujer de forma aburrida.

Su boca comenzó a producir demasiada saliva, quería matarla.

Una mano frente a ella, de Natsu, la hizo parpadear antes de ver a su compañera con incredulidad.

—Gomene nee-san, pero Hinata no vino donde ustedes, pero ya que estas tan interesada en ella, tal vez puedas brindarnos información sobre un chico llamado Raiden—exclamo Natsu con tanta soltura que se extrañó.

No parecía que estaba hablando con un enemigo potencial, si no que estaba hablando con un informante cualquiera o incluso un civil.

—¿Raiden?—consulto la mujer levemente curiosa, antes de asentir—efectivamente es un miembro de nuestra organización, nos ha contado información sobre ustedes, fueron compañeros de equipo después de todo—explico la mujer con frialdad.

Ah.

El dolor en su pecho fue horrible, fue una extraña sensación entre vacío y dolor, al saber que Raiden al final si estaba con ellos. En todo este tiempo Hinata nunca lo había visto, pero una parte de ella había querido que Raiden no estuviera ahí.

Pero lo estaba.

Incluso brindo información sobre ellas.

Un traidor.

Era un traidor de la aldea.

Toco su pecho sintiendo el dolor.

Pero se detuvo cuando vio como Natsu había invocado su guadaña y miraba con odio profundo a la mujer frente a ellas. Trago saliva, casi intentando detenerla, pero sin hacer nada para hacerlo. Después de todo incluso en su dolor, también quería a esa mujer muerta.

Yamato se puso frente a ambas con una mano extendida deteniendo cualquier ataque.

—Lo siento señorita, mis alumnas son algo impulsivas, ya nos vamos—hablo este y la mujer solo las vio fijamente.

Antes que su cuerpo se convirtiera lentamente en muchos papeles que comenzaron a volar lejos. Sintió la oportunidad irse de sus manos, pero también sintió la necesidad de respirar nuevamente.

Algo malo había con ella.

Algo malo había con esta ciudad.

Mientras Yamato se giraba a verles, con una mirada que reprendía sus acciones, ella pudo jurar que, en uno de los edificios más altos del lugar, donde había un rostro que parecía tener una lengua, un hombre la miraba desde lo lejos.

Como un preludio de algo malo.

.

.

El día de hoy estaba más lluvioso que de costumbre, fue su pensamiento al notar como en Kirigakure todo parecía incluso con más neblina que la normalmente aceptada. Sus pensamientos se detuvieron al ver dentro de la oficina del Mizukage, como este se colocaba sobre sus pies y desaparecía en una nube de humo. Levanto una ceja antes de caer en la oficina, sin notar nada anormal, pero manteniendo la guardia en alto. No pensaba que el Mizukage se escapara del poder ocular como el Sharingan.

¿Qué había pasado?

—Lo envié hacer una misión—hablo una voz en su espalda que le hizo ver levemente sobre su hombro.

Se tensó al notar como la mujer estaba con una sonrisa divertida, en este momento con un jutsu de transformación que la hacía pasar como la secretaria del Mizukage. Su apariencia de una jovencita de cabellera castaña y ojos de color azul, no lo engañaban a él.

Pero que era su madre.

—¿Cuál misión? —pregunto con duda.

La chica sonrió casi de forma malvada.

—Mi querido Raiden no te preocupes, Konan me mandó un mensaje, una pequeña eventualidad que ocupa un poco de castigo, nada de qué preocuparte—hablo está palmeando su espalda.

Había crecido desde que dejo la aldea, si bien, aunque la apariencia de la secretaria era pequeña, incluso ya había pasado el tamaño de su madre. Miro de reojo el ventanal que tenía su reflejo. Sus ropas eran de un ninja de kirigakure, ya que estaba de encubierto, su rostro era un poco más maduro y su cabello seguía algo rebelde. Sus ojos negros por otro lado, parecían casi sin vida.

De reojo noto como su madre saltaba infantilmente ordenando papeles.

Enviar al jinchuriki de tres colas para castigar a alguien.

¿Quién podría ser?

Miro la ventana de forma aburrida con ambas manos en sus bolsillos, no debería importarle, no es como si fuera algo nuevo.

Sus manos como las de todos los miembros de Akatsuki estaban manchadas de sangre. Con una sonrisa irónica, se preguntó qué pensaría su antiguo equipo de su persona en estos momentos.

No creía que les agradara la visión.

.

.

Dentro de su paraje mental, no había nadie, algo bastante diferente a lo cual estaba acostumbrada. Frente a ella solo se encontraba Kurama, moviendo sus colas de forma desinteresada. Ella en cambio estaba sentada con ambas manos sujetando sus piernas, metida dentro de sus pensamientos. Estaban camino de regreso a la aldea, si bien la misión era considerada algo de prioridad, no habían topado con ningún obstáculo, todo parecía estar saliendo bien. Pero ella no podía evitar sentirse algo melancólica.

Raiden.

Ya habían pasado cuatro años desde la última vez que lo vio.

¿Estaría bien?

¿Comió ese día?

¿No tendría frio?

¿La recordaría?

Apretó con un poco de fuerza sus piernas, atrayendo la atención de Kurama. No había día que no pensara en Raiden, pensar en que debió traerlo de regreso a la aldea, no dejar que fuera con esa gente. Se suponen que eran familia, que él era su familia, pero había dejado que se fuera sin hacer nada para evitarlo.

Era una inútil.

—No deberías pensar tanto, veo el humo salir de tu cabeza—hablo Kurama de forma aburrida, ganando una mala mirada de su parte.

Pero no duro más que unos segundos antes de suspirar y ver a otro lado.

—Kurama—susurro un poco nerviosa mientras miraba al suelo, el zorro alzo una ceja que ella no vio—No vas a dejarme ¿Verdad? —pregunto al final con inseguridad, sintiendo el vacío en su pecho desde que Raiden se fue, apretó una mano sobre su pecho antes de levantar la vista algo desesperada—Siempre hemos estado juntos, eres mi mejor amigo…no podría soportar que tú me dejaras—hablo con algo de desesperación.

Noto con algo de sorpresa, como el rostro de Kurama se transformaba en una mueca, como si no supiera que decir. Pero a ella no le importo, si bien había comenzado a tener muchas relaciones a lo largo de los años, las relaciones más fuertes aparte de su equipo, era Kurama.

Sin él.

No sabría qué hacer.

—Mira mocosa…—comenzó a decir Kurama, pero se detuvo cuando alzo la cabeza de forma inmediata.

Ella también lo hizo.

Dejando de lado sus sentimientos, el escalofrió en su interior.

Salió rápidamente de su espacio mental, y se levantó lo más rápido posible. Natsu quien era la vigía, volteo a verla sorprendida cuando ella tiro la mochila de Yamato sobre este levantándolo y empujando a Sai quien se quejó en silencio. Los tres la vieron confundidos, pero ella estaba blanca como una hoja de papel, no sentía ningún chacra acercarse, pero algo dentro de ella le decía que huyera.

Pero detuvo sus pensamientos, antes de levantar ambas manos y bloquear la patada que la envió volando por los árboles. Comenzó a rodar entre la colina, antes de saltar y esquivar un bastón que se clavó donde ella había estado.

Saltando para quedar nuevamente sobre sus pies, se sorprendió de ver a alguien de pequeña estatura (su 1:60 siempre seria la burla de todos) comparada la suya, de cabellera clara, ojos casi violetas y ropajes verdosos. Su apariencia de niño, no le hizo bajar menos la guardia, su sed de sangre era increíble, su postura era perfecta.

Iba a matarla.

Detuvo sus pensamientos de auto preservación, cuando pudo notar que el ultimo jinchuriki que le faltaba conocer, estaba frente a ella.

—Es el poseedor del tres colas—hablo emocionada al sentir el biju latiendo en su interior.

Pero algo estaba mal.

No se sentía del todo correcto.

Un pilar de agua en su dirección, que no noto por estar demasiado concentrada en el pensamiento de que habían encontrado al jinchuriki de las tres colas, pudo haberle atravesado de no ser por la rápida intervención de Natsu al arrastrarla a un lado, ambas rodando por el suelo.

Mientras se incorporaba, pudo notar a Yamato usar varios pilares de madera, intentando controlar a la bestia, pero que este eludió con facilidad y su bastón. Sai se puso frente a ellas con el libro abierto listo para atacar con tinta (según había escuchado de Yamato) pero deteniéndose en el ultimo segundo. Ella apenas pudo sujetar el cuello de Sai para bajarlo, y que los tres esquivaran una especie de guillotina de agua.

Era ridículo el poder del tipo, su experiencia, nada comparada a otros jinchurikis.

Yamato salto para quedar al lado de ellos, todos deteniéndose cuando el jinchuriki solamente puso su bastón en su espalda. Parecía esperar a que dijeran algo, pero su rostro sin emociones, le hizo congelarse.

Se veía tan vacío.

Algo estaba mal.

Todo su interior gritaba que algo estaba mal.

No es que ella quisiera creer que todos los jinchurikis iban aceptarla, muchos de sus actuales compañeros jinchurikis, de buenas a primera no le habían aceptado. Utakata había estado resentido cuando lo conoció, Kurotsuchi no tenía interés en conocer a los demás. Había sido un trabajo continuo que le aceptaran como alguien con quien pasar el rato.

Pero ninguno de ellos había llegado con esa intención asesina.

Como si algo estuviera mal.

—Es un jinchuriki—hablo Yamato a los otros dos miembros, que voltearon a verla de reojo.

Ella no se inmuto, nadie sabía sobre su amistad con otros jinchurikis, era algo que no creía que nadie considerara correcto. Si bien su sensei tenía sus sospechas, al igual que el Hokage, ella jamás lo dijo en voz alta.

Pero esto.

—Algo está mal—musito ella en voz baja antes de esquivar una nueva ola de ataques de agua.

—¿Qué rayos esta bien?—gruño Natsu antes de sacar su guadaña y hacer un muro protector de fuego, que apenas los libro del ataque—no poder acercarnos a esa cosa o que casi nos mata de un susto—gruño antes de golpear la guadaña al suelo y que una llamarada de fuego saliera debajo del tres colas.

Quien no pareció inmutarse y salto, esquivando dos leones de tinta que destruyo con demasiada facilidad.

Quiso decir algo, pero se detuvo.

¿Cómo podría explicarlo?

Estaba tan nerviosa, tan confundida, hace tanto tiempo que no le pasaba eso. En medio de las batallas siempre fue alabada por Honomi, por su habilidad de concentrarse y aislarse de todo para dar una lucha mental que sus adversarios jamás podrían superar. Pero en este momento, cuando debería demostrarles a sus compañeros, tanto viejos como nuevos, de que estaba hecha.

Que fuera un jinchuriki su primer contrincante.

Le hizo dudar.

Sus pensamiento variaban de:

Somos iguales.

No deberíamos luchar.

Te entiendo.

No deberíamos hacer esto.

Detuvo sus pensamientos cuando vio al hombre correr donde ella con el bastón levantado, mientras detrás de él varios tentáculos de agua alejaban a sus compañeros, quienes la vieron durante un segundo con incredulidad, ella no pensó en que podría morir. Una pregunta algo tonta e infantil solo llego a su mente.

¿Por qué peleamos?

La pregunta iba dirigida a las aldeas, sin entender su enemistad, todos son iguales, tienen ninjas que proteger a sus ciudadanos. Todos sus amigos jinchurikis, son iguales a ella, solo quieren proteger a la gente que aman. Incluso el jinchuriki frente a ella, solamente debe querer proteger a alguien que ama. Pero en este momento se estaban viendo en la obligación de luchar.

No tiene sentido.

Las guerras no tienen sentido.

Las enemistades tampoco.

¿Este es el futuro?

Las aldeas luchando entre sí, odiándose todo el tiempo.

Una sombra negra fue lo último que vio, antes de pestañear confundida al no sentir nunca el ataque.

—Tus habilidades han bajado…Misaki—hablo una voz que le hizo girar su cabeza incrédula.

De entre todos sus posibles rescatadores, para decirlo de alguna forma, ver la espalda de Obito Uchiha, sin duda no era algo que había planeado. Sus ropas negras de ninja, parecían incluso de viajero. Su cabello era tan corto como recordaba y su cuerpo parecía más saludable. En su mano tenía una vara negra de algún material misteriosos, que había detenido el bastón en sus manos.

El jinchuriki se volvió alejar viéndolo con fastidio.

—Uchiha Obito, tiempo sin verte—su voz sonaba plana sin emociones, pero parecía como…

Un títere.

Se puso de pie rápidamente, colocándose al lado de Obito comprendiendo una cosa, el nombre de Misaki había sido nombrado. Dentro de ella, un sentimiento diferente a la injusticia de luchar con iguales, apareció. El deseo de matar a esa mujer si de alguna forma tenía algo que ver con esto que pasaba.

La mano de Obito frente a ella le hizo detenerse de atacar, viéndolo de reojo con incredulidad, noto que su rostro también estaba manchado de odio.

—De todas las personas no pensé que interferirías, solo quería asustar un rato a la niña y sacarla una temporada del camino, claramente me sirve más con vida—hablo el niño con una sonrisa torcida que no le quedaba a su rostro.

Hinata noto a lo lejos como Yamato detenía a Natsu y a Sai de acercarse.

Estaba bien, por el momento no parecía que fueran a entrar en una lucha. Dejo un poco su postura de ataque, pero sin soltar la kunai ahora en su mano. No quería luchar contra el jinchuriki, pero por algún motivo si Misaki estaba en medio.

No le dolería tanto.

Los humanos eran hipócritas, supuso con una media sonrisa irónica.

—No me gusta Kirigakure, matarlos no es un problema…sobre todo cuando mate al tercer Mizukage—hablo encogiéndose los hombros.

Hinata comenzó a sentirse nerviosa, sabía que este hombre era peligroso, pero la idea que matara a un kage la hizo sentir algo incomoda. Pero curiosamente, aunque ella sabía cuan peligroso era ese hombre, sabía que era de los peores criminales de Konoha, no sentía miedo a su lado.

¿Por qué?

No sentía esa necesidad de estar en guardia, desde el primer momento que lo conoció siendo una niña, no parecía que quisiera hacerle daño como otros adultos. Claramente a Kurama ese hombre no le gustaba, según había escuchado alguna vez, fue Obito quien lo controlo para causar el 10 de octubre. Este era el hombre responsable de la muerte de su madre, algo por lo cual no podía perdonar, pero al igual que con Kurama.

No eran los culpables.

Era algo más.

Estaba segura de eso.

—No debes traicionar las enseñanzas de sensei—hablo Misaki por medio del jinchuriki, pero Obito no se inmuto.

¿Sensei?

¿De quién hablaban?

—Las enseñanzas de ese hombre están mal, no es su voluntad Misaki, está siendo controlado al igual que quiso hacer con nosotros—intento explicar Obito.

Ella rápidamente uso el kunai para detener el ataque del otro jinchuriki, quien había arremetido con su bastón. Gimoteo cuando ella fue arrastrada un poco para atrás, casi hundiéndose en la tierra ante la presión. Para tener un cuerpo de niño, era demasiado fuerte.

Obito uso una vara negra que saco de la nada, haciendo que el enemigo retrocediera.

Lo vio de reojo algo sorprendida que lucharan juntos, pero este no volteo a verla.

—No lo entiendes idiota, es nuestra oportunidad de vivir en un mundo con paz, Konoha va pagar y si te metes en mi camino, también te matare—gruño el niño, antes de desaparecer.

La pequeña cortina de humo que creo, le hizo cerrar levemente los ojos, antes de ver a Obito, quien parecía miserable. Quiso hablar, pero cuando vio de reojo que Natsu corría en su dirección, se confundió, antes de sentir una mano que tomaba su muñeca.

Y sentir un vórtice que la tragaba.

—¡HINATA! —fue el grito de Natsu, que la hizo sentir que todo a su alrededor desaparecía.

.

.

Obito recuerda conocer a Madara, Obito recuerda el odio ante el mundo cuando Rin murió, el odio que tuvo en su interior cuando descubrió que Kakashi no la protegió. El mundo era cruel y lleno de odio, que, desde su infancia con su familia, fue rechazado por sus diferencias, solamente había sido feliz al lado de Rin, pero incluso eso le fue arrebatado. Había estado dispuesto acabar las guerras, acabar todo y hacer un mundo lleno de paz. Eso merecía Rin, eso merecía el mundo en que ella había creído.

Por eso ocasiono el 10 de octubre.

Porque era lo que se necesitaba, por él, hubiera controlado el mundo desde las sombras, si eso mejorara la situación.

Paz.

Madara le había prometido paz.

No más guerras.

Pero entonces lo vio, cuando el 10 de octubre paso, cuando Hana logro evitar una gran cantidad de muertes, entre ellas la de Misaki. La conocía, un familiar lejano devastada por la muerte de su esposo y su primer hijo, llena de odio que logro encontrarlo y seguirlo con una facilidad, que solo tendría un prodigio. Madara también le había confiado la misión como a él.

Aun así, sintió algo mal.

Entonces logro convencer a Zetsu blanco, al inocente que se hizo llamar Tobi, para que le dijera la verdad. No fue fácil, pero tampoco tan difícil de manipular, para que le dijera parte de la verdad que aún no sabía por completo.

No luchaban por un mundo con paz.

Luchaban por una tal "madre".

Madara de cierta forma estaba siendo manipulado y quería hacer lo mismo con ellos, entonces sintió odio de sí mismo. Porque no pudo salvar a Rin, porque odiaba a Kakashi, porque odiaba la aldea, pero al final no se convirtió en algo diferente a Kirigakure, mato a su propia gente que alguna vez había querido proteger como Hokage. Entonces cuando Minato lo encontró, simplemente se dejó capturar, ocupaba pensar, ocupaba estar solo. El plan de Madara, el plan de Zetsu, nada estaba concordando.

No tomo ningún lado, no tenía derecho de tomar algún lado, solamente de quedarse vivo en ese infierno.

Entonces conoció a esa niña, igual que su madre Hana, tenía algo que brillaba a su alrededor. Incluso en un mundo donde la trato como una basura y sus ojos tenían ese destello de soledad, también había fuerza y determinación, pero, sobre todo, un inmenso cariño a sus seres queridos. Aunque claramente le recordaba a Hana, la mirada de Hinata le recordaba incluso más a Rin, probablemente su mente intentando aferrarse a ese pequeño recuerdo de la chica.

Casi como si desesperadamente buscara algo de ella en este mundo.

La forma en que no le tenía miedo, las leves sonrisas de la chica o incluso su forma de andar. No era Rin, porque ella estaba muerta, descansando en un mejor lugar, pero la sola existencia de esta niña, le hacía sentir de forma similar a como fue con Rin.

Alguien a su lado.

Miro a la niña quien aún era sujetada por su muñeca, dentro del espacio-tiempo de Kamui. Esta miraba a todos lados, pero él no dejaba de verla con cierto pesar.

Ella no es Rin.

Debe repetir su mente, no es que quisiera remplazar a su amiga, nadie jamás lograría remplazar a Rin en su corazón. Tal vez solamente tenía demasiados años llenos de soledad, donde nadie había querido estar a su lado. Kakashi y Minato seguían viéndolo con esa cautela, por obvias razones.

Pero esta niña.

—¿Qué es este lugar? —cuestiono ella sin sentirse alterada o sin mostrar algún cambio en su palpitación.

Soltó su mano al notar que no tenía la intención de luchar, en su lugar, parecía incluso curiosa por donde estaba.

Ella no era normal.

Tal vez por eso le gustaba estar cerca de ella.

Pero él no debería tener ese privilegio, incluso si fuera una niña llena de Luz propia como Rin, él fue el causante de su infelicidad. Destruyo a su madre, controlo a Kurama, mato a tanta gente.

Puso una mano sobre su cabeza, no era tiempo para sentirse mal, había prometido no ponerse de ningún lado, pero no podría pensar en la niña sufriendo el mismo destino que Rin. Entonces al menos le daría las armas para estar igualada en la lucha que claramente la seguiría.

La poseedora del nueve colas.

Su destino estaba escrito a estar en medio de la lucha.

Toda la gente que alguna vez le importo y la niña frente a él, estarían en una contienda que nadie podía evitar.

—Akatsuki—comenzó él obteniendo la atención de la niña—está planeando apoderarse de las nueve bestias, para iniciar con el plan ojo de luna, el Tsukuyomi Infinito, es el verdadero plan del líder de akatsuki—expreso con pesar, de saber que algo tan genial, no se podría hacer realidad.

No hay ninguna forma de traer a la vida, aquellos que murieron.

Ellos están en un lugar mejor.

—¿Por qué me dice esto? —pregunto Hinata viéndolo confundida.

¿Por qué lo hacía?

Medito unos segundos, antes de guardar sus manos en sus bolsillos.

—No hay ninguna razón concreta, solamente, ellos vendrán por ti y los otros jinchurikis, son ninjas peligrosos que tienen planes que no te puedes imaginar. Entre ellos los más peligrosos son Misaki y Pain, ten cuidado de ellos—hablo antes de dar media vuelta para ver el vacío.

Noto como la chica parecía incrédula aun viéndole, pero parecía tragar la sorpresa antes de verlo fijamente.

—¿Qué tan fuertes?—cuestiono con algo de temblor en la voz.

Él lo medito.

Los poderes que Misaki también extrajo de Madara, que ella estaba del lado de este, le daba libre acceso incluso a las células de Hashirama. Pain por otra parte, Nagato, tenía demasiado tiempo con el Rinnengan, además de los seis caminos del dolor. Además de ellos los miembros de Akatsuki eran fuertes, pero incluso los zetsu blanco que se podrían generar.

Sus ojos se entrecerraron.

Antes de suspirar, volteo a ver a la chica, que parecía preocupada por su respuesta.

—Una guerra, una guerra será inevitable en unos años—fue su última advertencia, antes de abrir el espacio de Kamui para poder sacarla.

La vio estirar su mano, como si quisiera aun quedarse, claramente para hacer más preguntas, pero la alejo para que volviera con su equipo. Ya le había salvado, había alejado a Misaki, no debería interferir.

Se arrojó sobre su espalda.

No tenía sueño, este era su mundo personal, nadie puede llegar ahí.

Como siempre que estaba ahí, se dejó soñar con Rin, esperando que esta vez no lo viera mal, había querido ayudar a esa niña. Ella tenía el poder de cambiar algo. Una parte algo torpe aun en su interior, se imaginó viviendo en la aldea, con Rin a su lado, ambos tratando a Hinata como una hija.

Sonrió con tristeza.

Solo tenía el mundo de los sueños.

El pequeño lugar, donde aún podía ser feliz.

Continuara…

Este capitulo me quedo un poco más corto de lo planeado, pero es que todo lo demás que planeaba me parece más que iría en otro capitulo entonces decidí dejarlo hasta aquí. El cariño que Obito le tiene a Hinata, no es amor romantico, es más que todo su necesidad de aferrarse a algo, incluso cuando indirectamente el destruyo parte de la vida de Hinata. Ella no se siente incomoda con él, porque esta acostumbrada a Kurama y sabe que Obito nunca ha intentado matarla, aunque claramente los demás no lo ven de esa forma.

Estamos cerca de los examenes de los nueve novatos, pero esto solamente va traer más tragedias.

Quería enfatizar que el cambio de Obito, es debido a que Hana sello a Kurama antes que hubieran más muertes. Esto indirectamente salvo la vida de Misaki, que aunque no es un genio nivel Minato, tiene demasiado poder para poder entender que algo pasaba. Ella encontró a Obito, encontró a Madara (ya pondre el punto de vista de ella) y la historia desde ahí ya cambio. Obito noto que había algo raro, entonces aunque no sabe todo, sabe que algo esta mal y que lo que siempre Deseo.

No se cumplirá.

Este es el capitulo donde Obito esta casi en la lucha con Naruto, sintiendo que traiciono a Rin por todo lo que hizo, que pudo hacer las cosas diferentes, pero al no tener a nadie, no sabe que hacer. Es por eso que al no poder aferrarse a Rin que murió, quiere aferrarse tanto a Hinata.

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Sayonara sexys lectores.