Subí a instagram una pequeña ilustración del cap anterior jejej es la escena en la que Hiccup sigue a Astrid y la ve cambiarse. Hiccup está inspirado en los gatos Somalí rojo.
Antes que nada quería aclarar que Astrid tiene 17 años y Ruffnut 19, creo que di a entender por accidente que Astrid está en la universidad y no es así, Ruff es la que sí lo está uwu
Perdón por tardar tantoo aaaaa ya pasaron meses nopuedeser ╥﹏Muchas gracias por la paciencia y por sus comentarios! Me hacen muy muy feliz, espero que estén de maravilla y que sigan disfrutando la historiaa.
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Un chico
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Conforme los días seguían pasando, las esperanzas de que alguien estuviera interesado en adoptar al gato se estaban agotando para Astrid.
Y lo peor era que Ruffnut cada vez estaba más encariñada con él.
Durante toda la semana Ruff la había estado asaltando a cualquier hora del día (y a veces de la noche) con datos totalmente random sobre gatos, como qué significaba su lenguaje corporal, cómo interpretar sus expresiones faciales y los movimientos de su cola. Qué significaba cuando se lamían de la nada y cómo descifrar sus estados de ánimo, un día incluso, mientras estaba en clases, le había enviado por mensaje una lista con el título "El idioma de los gatos" con varios enlaces a páginas de internet que tenían información de temáticas similares: sobre cómo los gatos usaban los maullidos y ronroneos sólo para comunicarse con los humanos.
Según la lista, la intensidad, volumen, profundidad y duración de los sonidos que producía el gato significaban siempre algo diferente. Era una tontería, y Astrid ni siquiera estaba segura de por qué se había molestado en echarle un vistazo a la lista en primer lugar.
Probablemente para ver qué tan ridículas eran las cosas que decía y que la gente se creía.
Pero si de algo sí estaba segura, era de que a este paso deshacerse del animal ya no era tema de discusión para Ruffnut.
—¿Sabías que cuando un gato se frota contra ti, te está marcando como su propiedad? —le dijo un día desde su cama, mientras ella hacía tarea en el escritorio—. Bonito estableció que le perteneces desde el primer día.
Astrid frunció el ceño y miró a su prima por encima del hombro.
El gato estaba acostado al lado de la mayor, y sólo de verla moverse, de inmediato levantó la cabeza y la observó con curiosidad.
Ruffnut se rió—. ¡¿Lo ves?! Está al pendiente de ti.
Astrid simplemente exhaló y negó con la cabeza—. Como sea.
No pensaba discutir por eso.
—Aquí también dice que cuando te tocan levemente con su naricita húmeda o restriegan su hociquito contra ti, es su principal muestra de afecto...
No tenía remedio.
Ruffnut en serio estaba más que encantada con el gato, incluso había hecho una videollamada para presentárselo a Tuffnut justo el día anterior. El chico hasta le propuso que deberían hacerle una fiesta de bienvenida al animal o algo así.
Astrid quería ser clara con ella desde ya, porque definitivamente no iban a quedarse con él, no podían...
Se giró sobre la silla para encarar a su prima—. Ruff...
—¿Sabes qué es molesto? —la chica la interrumpió—. ¡No ha querido comerse nada de lo que le he comprado! Incluso fui a la tienda de mascotas a comprarle premios y no los quiere. Voy a terminar acabándome mi mesada sólo en descubrir qué rayos le gusta.
Astrid hizo una mueca—. Uh, ¿Y si es, tal vez, porque sale a cazar su propia comida? Quizá está acostumbrado y no le gusta la comida procesada...
—¿Lo has visto salir de la casa? —Ruff la miró con atención, intrigada.
Ella podía ser muy cuidadosa al salir para asegurarse de que el gato no se fuera a escapar, pero con su prima era otra historia.
Astrid aprovechó cada ocasión al salir a la escuela para dejar la puerta abierta un momento y dejarlo salir, pues tal vez así con algo de suerte el gato se podría ir a buscar a su familia, o se perdería o volvería con su manada, o algo... Pero para su decepción, todo lo que hacía el animal era seguirla por un rato hasta que se le perdía a la rubia de vista, y luego de alguna manera estaba de vuelta para cuando Ruff o ella llegaban a casa. Una vez la siguió así hasta la escuela, y Astrid estuvo nerviosa de que se infiltrara a alguna clase y que algún maestro la castigara por tener al gato encima de ella.
Pero ese día, él la acompañó hasta la entrada de la escuela, y se detuvo justo en el pórtico.
Astrid lo miró mientras se adentraba al campus, y el gato permaneció parado viéndola alejarse.
Y luego sólo se fue.
Y más tarde ya estaba de vuelta en casa.
—A veces se sale cuando yo me voy a la escuela —dijo medianamente la verdad, igual no le dio mucha importancia—. Lo más seguro es que come y hace sus necesidades afuera, Ruff, deja de gastarte tu dinero.
—¡Nada de eso! En internet dice que a los gatos caseros no debemos permitirles salir a cazar la fauna de la ciudad, es muy malo para el ecosistema —replicó ella, sentándose en la cama con las piernas cruzadas debajo de ella—. Y un amigo que estudia veterinaria me lo dijo también, así que debemos buscarle comida que le guste para reemplazar su hábito de comer animales vivos.
Ruffnut podía sonar inteligente cuando se lo proponía (o al menos, cuando tenía pleno conocimiento o interés en algo). Miró al gato a su lado y le acarició el lomo con cariño.
—Aunque, siendo honesta, me cuesta creer que este precioso salga por ahí a matar sanguinariamente a otros animales.
—Suena horrible que lo digas así —Astrid casi se rió—. ¿Y qué piensas hacer con la comida que no ha querido?
—No sé, luego veré qué le hago.
La menor de las chicas suspiró, viendo cómo Ruff dejaba el tema y levantaba a Bonito de repente, atrayéndolo después hacia su pecho y abrazándolo con fuerza, en su forma brusca de dar cariño, pero sólo consiguiendo que el gato se removiera entre sus brazos hasta escapar y salir corriendo por el pasillo.
—¡Algún día vas a tener que aceptar mi forma de darte amor! —le gritó Ruffnut desde la cama—. Ya volverá.
Rodando los ojos, Astrid se giró de nuevo a su computadora, disponiéndose a buscar algunas cosas que tal vez le serían útiles para la situación.
[…]
Cada noche, no era de extrañar que el gato estuviera encima de su cama cuando iba a acostarse.
Él parecía buscar por todos los medios que Astrid cayera ante sus encantos y lo acariciara, pero la chica precia ser totalmente inmune a ellos.
—Fuera de aquí —le decía cada vez, antes de empujarlo fuera de la cama o de plano levantarlo para sacarlo de la habitación.
Esta vez no iba a ser diferente, pero entonces el maullido de reproche de parte de él hizo que Astrid sólo se le parara enfrente, fingiendo estar ofendida.
—¡Ah! ¿Qué? ¿Quieres revelarte ahora, animalito?
Antes de que él pudiera hacer otro ruido en respuesta, los sonoros ronquidos de Ruffnut al otro lado de la habitación hicieron que ambos miraran en su dirección con el ceño fruncido.
Astrid parpadeó varias veces, ya casi se estaba acostumbrando a lo ruidosa que era su prima para dormir, aunque no había sido nada fácil, pero al menos lo toleraba.
Volvió a centrar su atención en el otro animal frente a ella.
—Ya sabes que no vas a dormir conmigo, bola de pelos. Largo.
El gato bufó.
A Astrid le parecía gracioso y, hasta cierto punto, un poco anti natural que esa pequeña criatura café fuera tan respondona. Casi parecía poder entenderle, pero nunca había convivido con gatos antes, así que se tomaba la situación lo más ligeramente posible.
Sin embargo, él siguió sin hacerle caso, abriéndose camino hacia la cabecera de la cama en lugar de bajarse, la rubia estaba por acercarse para tomarlo y bajarlo ella misma, cuando de pronto notó algo... extraño.
El gato llegó hasta la cabecera y luego se subió al buró junto a la cama, donde se hallaban un par de cuadros con fotografías.
Se acercó con cuidado, captando toda la atención de la chica cuando se dirigió a una en particular, y acercó su nariz para olisquear sutilmente el rostro del noble ojiverde retratado junto a ella en aquella imagen.
Astrid sintió una pequeña presión en el pecho.
La sola presencia de la imagen siempre lograba llenarla de nostalgia. El recuerdo de él la llenaba de nostalgia, acompañada de una profunda tristeza. La persona a la que más había querido en el mundo, a quien había perdido.
Lo extrañaba, lo quería de vuelta. Deseaba tanto que siguiera con vida... cada vez que lo veía ahí deseaba poder sacarlo de la foto y abrazarlo y no soltarle jamás.
Volvió la vista a la criatura que estaba al lado.
El gato no dejó de verla en ningún momento, con la cabeza ligeramente inclinada y los ojos brillantes.
Maulló, despacio.
Y a ella se le revolvió el estómago.
Otra vez esos tontos pensamientos, otra vez las ideas locas de Ruffnut y de su amiga invadiendo su cabeza, otra vez esa sensación dolorosa e incómoda escalando por su garganta.
¿Podría ser...?
No.
Sacudió la cabeza. Lo dejó en claro hace unos días y no planeaba cambiar de parecer, no existía tal cosa como la reencarnación, o los espíritus en gatos. No era posible, no era razonable. Eran ideas tontas para personas desconsoladas y de mente débil.
Esto, justo ahora, sólo era una coincidencia.
Tenía que ser eso. Sólo se estaba dejando llevar por la nostalgia, no podía permitirse pensar de más.
—Ya basta —dijo al fin en voz alta, aunque el nudo en su garganta le sorprendiera apenas dejándola hablar en un tono ronco. Parpadeó varias veces, inclinándose sobre la cama para tomar al gato y lo llevó al pasillo, soltándolo ahí sin cuidado y haciendo una mueca de disgusto—. Sólo haces que piense cosas ridículas. No quiero esto y no te quiero aquí.
Y sin más, cerró la puerta de su habitación, dejando al gato afuera.
Y dejando a su desconcertado ángel sin opciones.
[…]
~"¡SANTAS DEIDADES, ¿QUÉ SE SUPONE QUE TENGO QUE HACER PARA AGRADARTE?!"~
Un molesto minino se quejaba dando vueltas por el frío suelo del corredor tras haber sido echado por cuarta vez de esa habitación desde que había llegado ahí y la rubia había decidido que no lo dejaría dormir en su cama.
No era nada agradable ser alzado y echado fuera y recibir un portazo en los bigotes cada noche.
~"Creía que se estaba haciendo del rogar, pero ¿Quién se hace del rogar con un gato? ¡Son los gatos los que se hacen del rogar con los humanos, no al revés! Tiene suerte de que no sea un gato normal, ojalá nunca decida tener uno...".
Estaba frustrado, pero ya no sólo por la renuencia de la chica a darle mimos o a aceptar su cercanía, sino también porque justo cuando creía que Astrid se había resignado a su presencia, más temprano al asomarse por mera curiosidad a la computadora de la rubia había descubierto lo que seguramente era su plan malévolo para deshacerse definitivamente de él.
Y eso no lo podía permitir.
Se acercó a la puerta y recargó ambas patas delanteras en ella.
~"Tienes que dejarme estar cerca de ti, Astrid, aunque eso signifique que tenga que decírtelo directamente"~ Maulló decidido ~"Mañana en cuanto Ruffnut abra esta puerta, comienza la fase dos de esta misión".
[…]
Durante la noche, Astrid había estado dando vueltas en la cama pensando en cosas que no quería pensar.
Sentía que aún por tan poca cosa iba a volverse loca. Aunque sabía que extrañar a alguien podía provocar eso y más. Pero le frustraba que justo cuando más estaba tratando de no rendirse, justo cuando más fuerte pretendía ser para no dejar a otros verla cayendo en picada, aparecía esta criatura a ponerle ideas que ahora ya no la dejaban dormir.
Tal vez todo habría sido más fácil si no hubiera escuchado a Ruffnut y a su amiga diciendo aquellas locuras.
Aún a altas horas de la noche, la pregunta ¿Y si eso en verdad fuera posible? no abandonó su mente, por más que se lo tratara de negar.
Pero no iba a poder descifrar la respuesta ella misma.
No al menos, hasta despertar a la mañana siguiente, para encontrarse con la cosa probablemente más peculiar que le había pasado en mucho tiempo.
Un chico.
Un chico más o menos de su edad, con ojos verdes y cabello castaño, vestido de blanco de pies a cabeza, sentado en el suelo de su habitación.
—¡¿QUÉ DEMONIOS?!
Y él juraba poder explicarlo, decía no tener malas intenciones y decía haber estado en su casa desde hacía cinco días.
Este chico...
¿Este chico decía... ser el gato?
[…]
Curiosamente, Hiccup no esperaba sentirse más vulnerable en su forma humana que en su diminuta forma felina.
Esa mañana, después de que la señora Hofferson se marchara a trabajar y de que Ruffnut saliera como rayo por ir tarde a su clase de las siete (dejando la puerta de la habitación abierta, gracias a los dioses), él llevó a cabo su plan, y luego pasó casi dos horas sentado en el suelo junto a la cama, esperando a que Astrid decidiera despertar pronto.
Pero nadie lo había preparado para este aterrador momento. La chica sólo tenía unas tijeras en la mano, pero en su rostro podía percibir que estaba en un peligro inminente... él, no ella. Incluso luego de tratar de explicarle lo que estaba pasando, un claro mensaje de "No te creo ni una sola palabra" estaba grabado claramente en todo el rostro anonadado de la rubia. En ese momento Hiccup sintió cómo se le subieron unos nervios terribles a la cabeza que le impidieron pensar coherentemente por un instante.
Se aclaró la garganta—. Sé que es lo más extraño que has oído, pero tienes que dejarme acabar de explicarte —trató de seguir razonando con ella ante su mirada atónita—. S-soy un ángel, y como te decía, he estado aquí unos días tratando de cumplir una misión que me fue asignada... así que mi primera fase la tuve que cumplir... e-en el cuerpo del gato al que encontraste en la calle hace unos días. ¡H-he estado conviviendo con ustedes! contigo y con Lillian y Ruffnut... Justo ayer Ruffnut y tú estaban hablando sobre gatos.
La expresión horrorizada de Astrid no tenía precio.
Hiccup trató de sonreír, temerosamente. Preguntándose si había hablado muy rápido, o si había dicho algo malo.
¡Pero claro que había dicho algo malo! seguro todo lo que había dicho seguía sin tener sentido, ¿Qué esperaba? ¿Que Astrid dijera "Ah, lo siento, ahora todo está claro, puedes quedarte"?
Sí, seguro.
En su defensa, ningún entrenamiento lo había preparado para esto, y por desgracia él estaba seguro de que ni él mismo se creería, así que ahora esperaba lo peor.
Y justamente, después de todo su discurso, Astrid frunció aún más el ceño y se armó de valor para lanzarse sobre él y agarrarlo con fuerza de la manga del suéter, obligándolo a levantarse. Sin decir una palabra lo llevó arrastrando fuera de su habitación, por el pasillo y la sala; sin importarle que el chico a penas le siguiera el paso a tropezones, y abriendo la puerta de su casa, lo arrojó fuera sin ningún tipo de consideración.
Justo como la noche anterior, pero siendo un gato era más fácil caer sin lastimarse.
Esta vez el castaño cayó de bruces, golpeándose la barbilla contra el piso y quedándose sin aire en los pulmones por el impacto.
—¡Estás LOCO! —le gritó Astrid, furiosa e internamente asustada—. ¡Si vuelvo a verte aquí te juro que voy a llamar a la policía y de paso voy a molerte a golpes! ¿Escuchaste? ¡Lárgate a la de ya y no te atrevas a acercártele a mi familia ni a regresar nunca a mi casa!
Y sin más, azotó la puerta con más fuerza de la necesaria, y desde afuera se pudo escuchar cómo ponía todos los seguros de inmediato. Rápidamente corrió las cortinas también, en caso de que él quisiera asomarse por alguna o hacer algo raro.
—Qué carácter... —Hiccup se dio vuelta aún en el suelo para reincorporarse, se sobó la barbilla para calmar el dolor y se dio un golpe mental por la burrada que acababa de hacer.
En realidad, no podía culpar a la chica, ¿Qué clase de persona en sus cinco sentidos se creería algo tan descabellado como lo que acababa de decirle?, se frustró y se confió mucho volviéndose a su forma humana demasiado pronto. Ahora tendría que tener cuidado con lo que hacía para arreglarlo...
Si arruinaba la misión justo al comienzo, las cosas podrían salir muy mal.
[…]
Astrid seguía dándole muchas vueltas a la situación.
Gracias a los dioses, el tipo ya no estaba afuera para cuando salió camino a la escuela. Había decidido ir a pesar de lo mucho que quiso quedarse en casa para solucionar lo que había pasado.
¿Quién demonios era ese chico? ¿Por qué estaba en su casa y por qué estaba vestido de esa forma? ¿Cómo había entrado hasta su habitación? ¿Dijo que era un ángel?
¿Por qué... su rostro le resultaba tan familiar?, aunque no estaba segura de dónde exactamente...
Pero, sobre todo, ¿Dónde se metió el maldito gato y por qué el tipo decía ser él?
No sabía qué pensar, ni siquiera estaba segura de por qué no llamó a la policía en primer lugar.
Tal vez fue el hecho de que el tipo no parecía peligroso, fácilmente tendría más o menos su edad, quizá ligeramente mayor que ella. No cargaba ningún arma, no la amenazó tampoco, y su ropa lo hacía ver bastante inofensivo, a decir verdad. ¿Quién va a robar una casa o a secuestrar a alguien vestido como nerd, con ropa blanca y llamativa? un loco, tal vez. Pero eso no fue lo que la convenció de no hacer nada, sino su expresión afligida al tratar de explicarle toda esa locura del ángel y una misión y el gato... parecía ser sólo un pobre chico perturbado.
Hasta podría decir que le había dado lástima verlo tirado en el suelo con la barbilla raspada.
No podía explicarse qué carajo acababa de pasar, y no se sentía con la cabeza para explicarle a la policía tampoco, nunca había tenido la necesidad de tratar con la policía. Fue un alivio poder sacarlo de su casa sin ningún problema, y fue otro alivio también ver que el tipo se fue de su jardín casi de inmediato luego de echarlo a la calle.
Astrid creyó que con eso podría estar más tranquila, y a pesar de unas cuantas paranoias que la abordaron, se atrevió a ir a la escuela y seguir con sus responsabilidades, aún a pesar de que se le había hecho tarde y no pudo presentarse hasta su clase de las diez. Aunque no planeaba usar al tipo de excusa precisamente, y de cualquier forma se sentía más segura yendo a la escuela y volviendo con Ruffnut a casa en lugar de quedarse sola en ésta por varias horas.
Tenía cosas de las cuales ocuparse en la escuela, tal vez podría olvidarse del asunto hasta que tuviera la oportunidad de hablarlo con su madre a la hora de cenar, si es que se daba el caso. Tal vez incluso podría decirle a Ruffnut para que tuviera cuidado al salir.
Un momento...
¿Y si todo era una broma de Ruffnut?
Tampoco tenía sentido, si de eso se trataba, entonces era una malísima broma. Y, de todas maneras, una tontería de un ángel en la tierra que también era el gato y que tenía una supuesta misión, parecía ser demasiado hasta para ella.
¿O no?
¿Pero qué otra cosa podría ser?
—¡Hofferson! La clase no está afuera de la ventana, si no está prestando atención por favor retírese.
Lo que fuera, tendría que esperar a que sus clases se acabaran y poder hablarlo con Ruff.
—Lo siento...
Aunque realmente no sabía lo que le aguardaba a la hora de salir.
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Muchas gracias por leer! concentrarme en escribir de verdad me es muy difícil, pero hacerlo y leer sus comentarios es de las cosas que más me motivan en esta vida jej así que no planeo dejarlos. Gracias por seguir aquí!
A KatnissSakura mil gracias por haber recomendado esta historia! Ni me lo merezco por tardar tanto ╥╥ gracias a Mispiy por comentar y gracias a Nina por tu lindo comentario también, me alegra mucho que te guste cómo escribo aaaaaa
Cuidense mucho! Nos leemos uwu
