Me alegra estar de vuelta un poquito más pronto! Espero que sigan disfrutando la historia uwu
Me encanta ver que aumentaron los corazones y los guardados aaaa, no olviden dejar un comentario que en serio me ayuda mucho a seguir!
Que estén muy bieen
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Una… ¿Malgeniada chica rubia?
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Fue realmente difícil prestar atención en sus siguientes clases del día.
El recuerdo de lo que había pasado esa mañana no abandonaba su cabeza. El rostro apenado del chico, las locuras que trataba de explicarle.
¿Qué demonios estaba sucediendo?
Cuando por fin terminaron las clases, Astrid decidió ir a sentarse a una de las tantas mesas que habían en uno de los jardines del campus, aún analizando toda la situación. La universidad de Ruffnut estaba a unas calles de su propia escuela, así que se decidió a esperar a que las clases de su prima terminaran para ir a buscarla y poder volver juntas a casa.
Era un poco molesto, pues sabía que iba a tener que esperarla sola por más de una hora, pero igual podía entretenerse en algo durante ese tiempo.
La verdad era que aquel chico en realidad no le parecía peligroso en lo absoluto, se sentía bien segura de poder enfrentarlo ella sola si se lo volvía a topar, pero parte de ella insistía en que tal vez lo mejor sería regresar a casa acompañada. Además, aún quería interrogar a Ruffnut, sobre si había visto algo o directamente si ella tendría algo que ver con toda esta broma.
Todo seguía sonando tan descabellado…
Recargó la frente en sus manos, sobre la fría pieza de metal que componía la mesa del jardín, dejando escapar un cansado suspiro. En las mesas cercanas habían algunos otros estudiantes también, conversando y algunos tomando el almuerzo. El barullo era mínimo, pero aún así fue suficiente para que Astrid no se diera cuenta de las personas que estaban caminando y que iban directamente hacia ella.
—¿Quién te crees, Hofferson?
Reconoció la voz al instante, pero por un segundo dudó tener la suficiente paciencia como para levantarse y encarar a estas molestas chicas justo en ese momento.
—Tampoco tenemos energía para discutir, Astrid, ¡Pero venimos para decirte que lo que hiciste fue ridículo y grosero! —la segunda voz habló, y Astrid deseó poder tener el poder de hacer que ambas se esfumasen—. ¿Por qué tenías que decirle al profesor que nuestra parte del trabajo era una basura? ¡Él también estaba molesto!
—Sólo le mencioné lo mucho que trabajé de más para arreglar las partes que se suponía USTEDES debían hacer bien en primer lugar —respondió al fin, enojada.
—¡Enviaste el archivo en dos partes! Nos sacaste del equipo sin decírnoslo ¡Yo también trabajé duro en el trabajo!
—Pues no se notó mucho, en ninguna de sus partes —dijo Astrid, mirándolas a ambas y tratando de sonar lo más calmada posible—. Tienen suerte de que al menos le enviara al profesor la parte que hicieron ustedes también para que les pusiera la nota que se merecían, aún pudiendo enviar únicamente mi investigación con mi nombre.
—Ya, es que te crees más lista que todos, ¿Verdad? —la otra de las chicas reclamó—. ¡Crees que sólo tú haces todo bien y siempre desprecias y echas en menos los esfuerzos de los demás! ¡Ese es tu problema, por eso nadie quiere estar contigo!
Astrid apretó los labios y los ojos, esas chicas no tenían ningún derecho a reclamar o a decirle nada, ella insistió mucho en que hicieran bien su parte del trabajo y la mandaron al diablo. No había hecho nada malo, sólo hizo lo justo. Con tanto en mente, su paciencia estaba al borde y sintió inmensas ganas de pararse y de ponerlas en su lugar como era debido...
Pero alguien le ganó la palabra.
—Señoritas… —esa voz… Astrid levantó la mirada de inmediato, con los ojos muy abiertos—. Perdonen que me meta en el asunto, pero esas no son formas de hablarle a alguien. Y, ustedes deberían preocuparse más por el empeño que le ponen a su trabajo individual, ¿No creen? sean conscientes de que nadie va a hacer las cosas por ustedes en el futuro. Sus notas hablan por sí solas.
Y con una pequeña sonrisa y un guiño, el chico castaño que había llegado para plantarse detrás de ellas sin previo aviso terminó con su pequeño discurso, recibiendo nada más que miradas de disgusto en respuesta.
—Si me disculpan, tengo otros asuntos que atender con Astrid. Espero que puedan arreglar su problema directamente con el profesor.
Para sorpresa de la rubia, ambas chicas hicieron caso al indirecto "fuera de aquí", pues no pasó mucho para que se retiraran por donde habían venido con las bocas cerradas y ceños fruncidos.
Astrid volvió a ver al chico frente a ella, quien seguía con una expresión tranquila y las manos metidas en los bolsillos del pantalón.
—¿Tú de nuevo?
—De nada.
—No te pedí que me ayudaras.
—Sí, se ve que tenías las cosas bajo control.
Astrid se levantó de su lugar de forma amenazadora, haciendo que Hiccup diera un saltito para atrás.
—¡Espera, Astrid! —le pidió, subiendo ambas palmas a la altura de su rostro—. Sé que dijiste que no querías volver a verme, pero no lo entiendes… tenemos que hablar de esto, absolutamente todo lo que he dicho es verdad, ¡Y-y puedo probarlo!
—¿En serio? —respondió Astrid con sarcasmo—. ¿Vas a probarme que eres un ángel, Y el gato que me ha estado molestando los últimos días?
Hiccup asintió muchas veces.
Ella se cruzó de brazos, si esto era una broma o cualquier otra tontería, lo descubriría ya mismo—. A ver, si eres un "ángel" ¿Por qué no tienes alas para empezar?
—Sí tengo alas —miró por sobre su hombro, como si él mismo quisiera comprobar que éstas seguían ahí, las movió un poco incluso, aunque sabía que era inutil, no podía usarlas como de costumbre, y tampoco podía hacer que ella las viera o sintiera para poder probárselo—. Sólo no puedes verlas. Es frustrante de verdad.
—Aja, claro. ¿Entonces cómo piensas probarme nada, exactamente?
—Muy fácil, he estado cerca de ti estos últimos días, ¡He aprendido muchas cosas! por ejemplo…
—No me interesa eso, ¿Sabes? a estas alturas incluso creo que puede ser una broma de Ruffnut, así que cualquier tipo de prueba de ese tipo no te servirá —sentenció Astrid, poniendo los puños en la mesa—. Ahora, fuera de mi vista.
—¿De verdad Ruffnut inventaría algo así?
—No dudo de su creatividad.
Hiccup dio un paso al frente, decidido a convencerla—. Anoche bromeaste con que yo quería revelarme contra ti por querer sacarme de la habitación, y te lo pensaste cuando me acerqué al cuadro en el buró al lado de tu cama. ¿Cómo lo sabría Ruffnut si ambos la oímos roncando cuando eso pasó?
Astrid lo miró con recelo. Su prima bien pudo estar fingiendo dormir… aunque la noche anterior le hubiera parecido que estaba realmente noqueada por el sueño.
—Como sea —sacudió la cabeza, no tenía tiempo ni paciencia para más tonterías—. Si de verdad eres ese maldito gato, ¿Por qué razón serías un humano ahora, eh?
—¡Porque ibas a llevarme a un refugio! —él la acusó con el dedo—. ¡No creas que no descubrí tu plan! Ayer cuando te levantaste de la computadora para ir a la cocina eché un vistazo a la pantalla y habías buscado las direcciones de los refugios de animales más cercanos a tu casa, ¡no podía dejarte hacer eso! ¡¿De verdad estabas planeando llevarme a una perrera?!
—¡¿QuÉ?! ¡No iba a llevar a nadie al refugio, idiota! Busqué la dirección para llevar la comida que tú… ¡q-que EL GATO no se estaba comiendo para que Ruff no fuera sólo a tirarla a la basura!
Hiccup la miró anonadado.
—¿D-de verdad?
—¡Sí!
—D-dijiste que no me querías ahí…
—¡EN MI CUARTO! Con lo obsesionada que estaba Ruffnut con el gato incluso consideré dejarlo por la paz —Astrid se quitó el flequillo de la cara con frustración—. ¡Oho- pero ahora...!
—¡Y-yo en serio soy el gato! —Hiccup insistió—. De cualquier forma ibas a conocerme así —se señaló a sí mismo, refiriéndose su forma humana—… eventualmente, ¡Pero puedo probarte que soy él para que al fin me creas que soy un ángel!
—¡No quiero que me pruebes nada! ¿Por qué debería interesarme siquiera? Déjame en paz y regresa al manicomio de donde saliste.
—¡Te juro que no estoy loco! —juntó ambas manos a modo de súplica, acercándose hasta ella—. Estoy diciendo la verdad… pero necesito tu ayuda para volver a ser un gato.
Astrid lo miró, harta de todo lo que estaba escuchando. Comenzó a preguntarse por qué seguía ahí siquiera, ya podría haberle gritado a algún guardia del campus o a un maestro para quitarle a ese no-alumno loco y gritón de encima.
—No pienso hacer nada por ti —le siseó.
—¡No seas así!
—¡¿Qué demonios podría hacer yo en primer lugar?!
Tal vez sólo quería ver hasta dónde llegaba esta locura.
Y Hiccup podía ver el atisbo de esperanza que necesitaba justo en ese momento, tal vez Astrid se rehusaba a creerle (lo cual aceptaba que era comprensible), pero en el fondo también sabía que tenía curiosidad, de eso no había duda ahora…
Pero con lo que iba a pedirle, seguro que iba a ganarse un golpe en donde menos quería uno, si eso tuviera algún sentido.
Titubeó, y miró por un segundo hacia el cielo.
—¿Por qué? —dijo, casi en tono de aflicción—. ¿Por qué tienen que hacer estas cosas tan complicadas? Deben odiarme allá arriba seguro...
Astrid no apartaba la mirada de él, sin impresión alguna.
Hiccup juntó ambas manos justo frente a su rostro, como si así pudiera amortiguar sus propias palabras.
—Necesitoquemebeses —dijo al fin, demasiado rápido y compungido, pero lo suficientemente claro para que Astrid entendiera por encima lo que decía.
—¡¿QUÉ?!
—¡NO ES MENTIRA LO JURO! ¡Yo no hice las reglas! —puso las manos frente a él, tratando de apaciguar a un totalmente nuevo tipo de furia emanando de la chica—. No puedo transformarme yo solo por culpa de las normas de la misión, ¡P-pero un beso en la mejilla o en la frente es suficiente!
—¿ME QUIERES VER LA CARA DE ESTÚPIDA?
—¡NO! ¡Te juro que si no funciona puedes patearme donde sea y me iré y nunca más me vas a ver en tu vida!
—¡ES JUSTO LO QUE QUIERO QUE HAGAS AHORA, NO ME IMPORTA SI LO QUE DICES ES VERDAD O NO!
—¡Pero es necesario que esté contigo!
—¡No me interesa!
—¡No te cuesta NADA!
Astrid dio un paso al frente, viéndolo con rabia. Hiccup presentía el peor de los golpes que jamás hubiera recibido encaminándose hacia su rostro sin duda, pero no dio un paso atrás. No podía rendirse. No era una opción rendirse… No podía fallar con la misión.
Pero lo que ocurrió en realidad, para su sorpresa, fue que de pronto sintió los dedos de la chica hundiéndose en su hombro y tirando de él para acercarlo con agresividad hacia ella.
Y luego los labios de Astrid posándose bruscamente en su mejilla.
Ella apenas pudo respirar cuando lo siguiente que pasó, fue que Hiccup desapareció en una nube de humo blanquecina y brillante, para después dejar caer en la mano con la que antes sujetaba el hombro del castaño, a un igualmente sorprendido gato café.
~"¿Sorpresa?"
Astrid lo miró, con los ojos abiertos como platos.
Qué...
¡¿Qué demonios acababa de pasar?!
Astrid miró a su alrededor, incrédula y hasta podría decir que asustada, y es que lo más extraño de todo —a parte obviamente de acabar de presenciar cómo un humano se convertía en un gato frente a sus ojos—, era que las personas a su alrededor ni siquiera parecían haberse dado cuenta de lo que acababa de pasar.
De hecho, Astrid se preguntaba cómo era que nadie parecía haberse percatado ni siquiera de la ruidosa discusión que tenían el castaño y ella hace un momento.
¿Ahora todos ignoraban a un tipo desapareciendo nada discreto en una nube de humo y transformándose en un gato?
~"Uh, entiendo que estés en shock, pero te agradecería que no me tuvieras agarrado del pellejo".
El maullido del animal volvió a llamar su atención, haciendo que lo soltara inmediatamente.
Hiccup cayó sobre sus cuatro patas en la hierba.
—¿Que acaso nadie acaba de ver eso? —preguntó, casi sin voz. Miraba a toda la gente que seguía con sus actividades, estaban ahí a la vista, pero todos seguían totalmente ajenos a lo que acababa de pasar—. ¿Cómo es que nadie dice nada?
~"Sería perjudicial que me vieran hacer eso, yo no puedo controlar sus mentes, pero para fines prácticos ellos no pueden recordar haber visto una tran-"
Hiccup se detuvo, sentado en el suelo y viendo como Astrid se alejaba para hablar con algunas personas que estaban en la mesa más cercana.
~"¿Por qué me molesto en explicarte si sólo me escuchas maullar?" ~ sacudió una de sus orejas con molestia ~ "Nota mental: cállate, Hiccup"
Sin más remedio, se levantó para abrirse camino detrás de la rubia hasta llegar a la mesa para escuchar de lo que hablaban.
—D-disculpen… —Astrid llamó la atención de los otros estudiantes que conversaban animadamente—. ¿De… casualidad ustedes vieron al chico que estaba aquí hace un momento? ¿Suéter blanco, un poco alto, castaño...?
—Uh, claro, ¿No hablabas con él hace rato? —dijo una de las chicas un poco confundida—. Yo lo vi… pero no me di cuenta de cuándo se fue.
—Yo tampoco vi cuando se fue, pero sí lo recuerdo porque pensé que estaba guapo, aún con la ropa extraña —mencionó también uno de los chicos a su lado.
~"Gracias. Yo no escogí la ropa, por cierto"
Todos en la mesa vieron con curiosidad cómo de pronto un pequeño gato café saltó a uno de los asientos alargados y sólo se acomodó para escuchar su conversación.
—¡Ayy, miren qué lindura! —otra de las chicas que estaba sentada en el mismo lugar se emocionó con la presencia del bonito animal y extendió la mano para acariciarle la cabeza, a lo cual él correspondió gratamente.
Astrid lo miró con recelo.
—¿Pasa algo con ese muchacho, linda? —preguntó el mismo chico de antes amablemente, regresando su atención en la rubia.
Ella parpadeó varias veces, viéndolo otra vez. Aún estaba confundida y en pánico, verlos a ellos tan frescos e ignorantes de lo sucedido le provocaba una sensación terrible en el estómago.
—Eh… nada, sólo… ¿No vieron algo extraño, de verdad? —dijo con cuidado, comenzaba a desesperarse más—. Además de su ropa, claro.
—Sólo los vimos platicando —respondió la chica que estaba acariciando al susodicho sin darse cuenta. Todos los demás asintieron de acuerdo con lo que ella decía.
Astrid se mordió los labios.
—¿Está todo bien? —la otra chica volvió a hablar.
—S-sí, claro. Cómo sea, perdón por molestarlos, y gracias.
Sin pensarlo más, se retiró de ahí tan rápido como se lo permitieron sus piernas, dejando a los tres estudiantes compartiéndose miradas confundidas y pronto volviendo a sus asuntos.
Hiccup dio un respingo al ver que Astrid se alejaba, y se apartó de los mimos que le daban para bajarse rápidamente del asiento y salir corriendo detrás de ella.
Lo que estaba pasando era una locura.
Una todavía peor a lo que había ocurrido antes por la mañana.
Estaba a otro nivel, no era posible. ¿Cómo se había convertido ese chico en el gato? ¿Qué clase de truco o brujería era esa? ¿Y cómo es que la gente a su alrededor no había visto nada?
Esto tendría que ser un sueño. Definitivamente. Aunque por desgracia no se sintiera como uno del todo, nada tenía sentido. Estaba bien despierta y consciente, y eso lo volvía aún más extraño.
Decidió no esperar más a Ruffnut, ni siquiera pensó en el animal al que había dejado atrás y se encaminó directo a su casa, con la firme idea de llegar, encerrarse bajo llave y meterse entre sus cobijas. Con suerte podría quedarse dormida y eso le ayudaría a pretender que todo efectivamente había sido un mal sueño...
Lo habría hecho, de no ser porque una criatura que iba siguiéndola la obligó a cambiar de planes.
No se percató de su presencia hasta que estuvo en la entrada de su casa.
Miró hacia el piso, encontrándose con el gato café, el cual había hecho todo por seguirle el paso y ahora esperaba inocentemente a que ella le abriera la puerta.
Oh no, ni de broma.
Astrid volvió la mirada hacia la perilla, creando un rápido plan a efectuar, y con una sorprendente nueva determinación abrió la puerta tan rápido como pudo y la cerró detrás de sí misma, sin dejar al gato dar un solo paso dentro.
~"Sabía que ibas a hacer eso".
Hiccup optó por sentarse ahí mismo, tal vez lo mejor justo ahora sería esperar a Ruffnut y así dejar que Astrid procesara un poco lo que acababa de pasar. No quería molestarla más, aunque no podía negar que la frustración se lo quería comer vivo.
Esta misión era ridículamente imposible.
¿A quién se le ocurre…?
Iba a empezar a quejarse internamente, por milésima vez desde que había llegado ahí, pero la puerta abriéndose de nuevo frente a él hizo que sus pensamientos se esfumaran. Dio un brinquito hacia atrás.
Astrid salió otra vez, ahora sin cargar su mochila, con la boca apretada y con una mirada difícil de descifrar. La miró atentamente mientras ella se agachaba para tomarlo y levantarlo del suelo, muy cuidadosamente, cabe mencionar, lo cual fue muy extraño. Lo llevó en brazos hasta el interior de la casa y se dirigió al comedor.
Él no estaba seguro de cómo sentirse ni de qué hacer, pero algo definitivamente le daba mala espina.
Y se dio cuenta de por qué al mirar hacia la mesa.
La chica ni siquiera le dio tiempo de reaccionar cuando ya lo había metido en una caja de cartón el triple de grande que él, le puso una tapa encima y escuchó el sonido de cinta adhesiva desenrollándose.
~"¡No! ¡Astrid, espera!"
Hiccup entró en pánico, comenzando a hacer ruidos y a sacar las patitas por los agujeros que habían a cada lado de la caja, pero a pesar de sus insistentes maullidos, Astrid se aseguró de que ésta quedara bien sellada y procedió a levantarla para llevarla con ella.
~"¡Escúchame por favor! ¡Podemos hablar de esto, no hagas algo de lo que te puedas arrepentir!"
Él se removía dentro de la caja intentando liberarse, pero la ya de por sí tenaz rubia la abrazó firmemente y se dispuso a salir de su casa, tomando sus llaves con dificultad y cerrando la puerta.
~"¿A dónde me llevas? ¡Astrid!"
Hiccup sabía que no tenía escapatoria, realmente no podía volver a transformarse por sí mismo y ella definitivamente no parecía estar nada dispuesta a escucharlo de todas formas. Comenzó a sentirse molesto y abatido y claustrofóbico en esa situación.
Lo había arruinado todo.
Ahora ella bien podría estar en camino a dejarlo en un bote de basura o lo tiraría a un río o algo peor, no estaba seguro, pero el brusco movimiento dentro de la caja comenzó a marearlo horriblemente en poco tiempo.
De cualquier forma la estaba perdiendo, tenía que estar cerca de ella o la misión se vendría abajo.
Como su estómago.
¿Por qué tenía que hacer todo mal?
Durante todo el camino siguió rogando, maullando y llorando sin recibir ni una palabra de Astrid en respuesta. Sólo la escuchaba caminar, y el sonido de los autos que pasaban cerca de ellos.
Si tan sólo hubiera esperado a Ruffnut en otro lugar.
Si tan sólo hubiera esperado el momento correcto para revelarse como ángel.
Mil lamentaciones y unos minutos después, sintió que ella se detuvo.
Habían llegado a un lugar.
~"Por favor… Astrid"
Hiccup rogó una vez más, sin estar seguro de lo que le esperaba, trató de asomarse por uno de los agujeros de la caja cuando Astrid volvió a moverse, entrando por una puerta y haciendo que él se tambaleara.
—Buenas tardes —pudo escuchar la voz de un hombre, que luego le sonó un poco extrañada—. ¿Puedo ayudarle, señorita?
—Sé que se ve muy mal, pero esta criatura me está volviendo loca —Astrid puso la caja en el mostrador ante la mirada atenta del hombre—. Es un gato que llegó a mi casa hace unos días —explicó—. Busquenle un hogar, o algo…
—Aquí no hacemos eso precisamente, jovencita —se notaba que trataba de ser amable, pero Astrid pudo notar cómo ver la caja y saber que llevaba un animal dentro lo ponía incómodo.
—Entonces haga lo que sea, sólo asegúrese de que no se escape. No lo quiero volver a ver.
~"No puedo creer que de verdad me trajeras a la perrera".
El hombre se aclaró la garganta—. Uhm, claro…
Ella sacó un par de premios y comida de gato de una bolsa que llevaba cargando también en el brazo y los puso en el mostrador—. También traje esto como donación.
—¿Para no sentirse tan mal? —trató de bromear él. Astrid, sin mostrar expresión alguna, dedujo que el señor estaba en sus tempranos cuarenta. También tenía barba y restos de papitas en el pecho de la camisa.
—Por supuesto.
Y sin más, ella se dio media vuelta y salió por la puerta.
Hiccup la vio alejarse a través del cristal, por uno de los agujeros de la caja, sintiendo cómo sus últimas esperanzas de triunfar en la misión se drenaban de su pequeño y temporal cuerpesito.
¿Qué se suponía que iba a hacer ahora?
