—¿Se puede saber qué están susurrando?
Vernon había vuelto de la fábrica de taladros hacía menos de una hora, por lo que era de esperarse que estuviera cansado por un día largo de trabajar con papeles y gritar a la secretaria.
Durante el transcurso de la cena, su hijo y sobrino se habían estado lanzando miradas mordaces y furiosas. Harry incluso murmuraba algo que Dudley intentaba pasar por alto.
Vernon ya estaba harto y quería ponerle un alto como fuera antes de que comenzara a dolerle la cabeza.
—La sopa está deliciosa.
Y no mentía. Quizás le faltaban más condimentos o más carne, pero a los niños les había quedado buena, considerando que era la primera vez que hacían una.
—¡Harry cree que la arruiné a pro... a prósito!
—A propósito —corrigió distraídamente Petunia, a la vez que agregaba más sal a su porción para luego tomar un sorbo de agua.
—Y lo hacés para que tía Petunia me prohi... me prohíba cocinar —contestó Harry, agarrando el plato hondo vacío y llevándolo a la pileta para acto seguido lavarlo.
Vernon y Petunia miraron a su hijo, expectantes mientras Harry lavaba su plato.
—¡No! —exclamó, avergonzándose. Luego agregó, dirigiéndose a sus padres—. ¡Quería cocinar con Harry!
Harry casi tiró el plato mientras lo ponía a secar. Se dio media vuelta, buscando signos de mentira en el rostro de su primo.
Pero no encontró ninguno. Más bien, el niño se encontraba temblando y llorando... silenciosamente.
¿Silenciosamente? ¿Era posible relacionar esa palabra con un niño ruidoso como Dudley?
Vernon le frunció el ceño a Harry y apretó los puños. ¿Cómo se atrevía a hacer llorar a su hijo?
Harry tragó saliva y todos, menos Dudley que fijaba la vista en su regazo, vislumbraron la duda y el conflicto en sus grandes ojos verdes, que se veían aún más grandes detrás de sus anteojos.
—N-no...
Harry siempre había pensado que Dudley lo odiaba, que por el resto de sus días haría mil y un cosas para perjudicarle la existencia.
Ver a Dudley llorando debido a él, era extraño, absurdo e increíble.
Era un acto único.
—Te creo —Terminó por decir Harry, bajando la cabeza.
Murmuró un "permiso" y marchó a su alacena para pensar más a fondo los acontecimientos del día antes de dormir.
