Summary:

Corren tiempos duros para Escocia, y la unidad de sus clanes debe ser ahora más fuerte que nunca.

Los Swan y los Cullen llevan enfrentados años. Como clanes fronterizos, su unión, en tiempos de guerra debe ser más fuerte que nunca para enfrentar de manera firme los ataques ingleses.

Aro, rey de Escocia, lo sabe y está dispuesto a hacer cualquier cosa para fortalecer esa unión.

Edward Cullen, como futuro laird de su clan, tiene asumido su papel de deber y obligación para los suyos y con su rey. Escocia es su patria y Aro su monarca, daría la vida por ambos.

Cuando el rey le llama ante él para constatar su lealtad y compromiso, acude sin dudarlo, sin embargo, no cuenta con recibir un regalo envenenado.

Un regalo que cambiará su vida y su destino, un regalo que muchos ansían pero que él detesta con toda su alma. Un regalo, que es un tesoro...

Un tesoro codiciado y admirado en sus tierras, un tesoro por el que muchos estarían dispuestos a dar la vida. ¿Será una valiosa joya? ¿Será un cofre de oro? ¿Qué ocultará ese regalo para que todos lo codicien tanto?

Muy a su pesar Edward se convertirá en el poseedor de ese regalo. Suyo será ... El tesoro de Swan.

PRÓLOGO

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de mi completa autoría.


Escocia 1307

El salón del castillo Voulturi se encontraba abarrotado de gente. Nadie podía creer que una de las estancias más grandes de aquella fortaleza se hubiese quedado pequeña para acoger a todos los hombres allí reunidos.

La llamada del rey Aro no daba opción a ninguna negativa, por lo que los principales lairds de los clanes más poderosos de las Highlands junto a sus consejeros y herederos acudieron prestos a su llamado.

Aunque era habitual que el monarca reclamase la presencia de los jefes ante él, lo extraordinario de aquella ocasión era que, todos, absolutamente todos debían acudir allí. Sin ninguna duda, el rumor de aquella reunión se extendería por toda Escocia, hasta llegar a oídos de su rival inglés, Cayo, haciéndole ver la lealtad de sus hombres ante él.

La finalidad de aquel encuentro era únicamente mostrar unión contra el enemigo. La guerra con Inglaterra perduraba en el tiempo, volviéndose cada vez más dura y sangrienta.

Guerreros valientes y curtidos en las artes bélicas habían perecido en la batalla defendiendo los ideales de su patria.

Hombres, cuyo destino era la lucha, nacidos y criados para la labor de la guerra. Temidos y adorados a partes iguales: Higlanders.

La mayoría de ellos era hijos de lairds que pasaban largos periodos de tiempo alejados de su familia, de su clan. Luchaban y morían por defender sus ideales, pero al mismo tiempo, ansiaban que llegase la tan deseada paz.

Aro observó el salón y divisó a varios de esos hombres sentados en su mesa, disfrutando de la comida y bebida y debatiendo sobre las diferencias propias y ajenas.

Esas disputas eran las que más preocupaban al soberano.

¿Cómo podía derrotar al enemigo si entre sus propios súbditos se mantenían frentes abiertos? Si quería derrotar a su adversario inglés debía presentar un frente unido, sobre todo en la zona fronteriza, y que en esos momentos era uno de los terrenos más vulnerables.

Los Swan y los Cullen siempre le habían demostrado su lealtad. Ambos clanes defendían con honor sus terrenos y durante los últimos años habían podido contener las escaramuzas inglesas que habían amenazado su patria. Sin embargo, el odio y descontento que se profesaban ambos clanes era notorio entre los escoceses, aunque por lo que había llegado a escuchar, la noticia acerca de sus desavenencias empezaba a correr como la pólvora entre los batallones enemigos. Por el momento sólo eran rumores, pero si esas habladurías tomaban fuerzas y llegaban a oídos de Cayo, éste podría utilizar la información como un arma a su favor. Si él tuviese esa información sobre el enemigo en su poder no dudaría en hacerlo, pues en el amor y la guerra todo vale, o al menos era así para él.

¿Qué mejor manera de irrumpir en sus tierras que provocando una fractura interna? Crear un conflicto entre los clanes encargados de proteger su frontera le facilitaría avanzar posiciones a las tropas inglesas y eso era algo que no podía permitir. Puede que los vientos no soplasen a favor de Escocia, pero no iba a perder un punto estratégico que durante años había permanecido imbatible.

Sabía que su decisión no iba a agradarle a ninguno de los implicados, pero confiaba en su lealtad y en qué aceptasen lo dispuesto. De todas formas, no podrían negarse, no les iba a dar opción, pues su mandado no era una petición, si no un decreto real.

Con un leve movimiento de cabeza ordenó a uno de sus hombres que llevase a cabo lo acordado y les informase a ambos de la pequeña reunión que se celebraría en ese instante.

Sir Edward Cullen abandonó la estancia acompañado de su fiel amigo y compañero de batallas Jacob Black. Acudió a la reunión sin la compañía de su padre Carlisle, actual laird de los Cullen, cuyo estado de salud le había impedido acompañarle.

El físico del futuro laird Cullen era imponente: alto y fornido, cuyos brazos tenían el aspecto de romper a alguien en mil pedazos con solo acariciarlo le otorgaban un aspecto salvaje, acrecentado por su melena y su barba color cobrizo, así como sus felinos ojos verdes, los cuales decían que congelaban al enemigo con solo una mirada y al mismo tiempo derretían a las mujeres al iluminarse cuando sonreía.

Jacob Black, tampoco dejaba indiferente a nadie. Igual de imponente que su amigo, su oscura cabellera y sus grandes ojos negros le daban un aspecto temeroso. Apodado "el lobo de la noche", era igual de valiente y sigiloso que el animal que le otorgaba su apodo.

La sorpresa se reflejó en el rostro de ambos hombres al entrar en la pequeña cámara a la que habían sido conducidos y encontrarse allí con el laird Charles Swan y su hijo Emmet.

El cruce de miradas entre los cuatro dejaba claro la sorpresa por aquél encuentro ya que para ninguno de ellos era agradable compartir ni el mismo espacio ni el mismo aire.

Según les habían informado, era el rey quien reclamaba su presencia, por lo que no entendían que asunto podía requerir la intervención de ellos.

—Swan que ingrata sorpresa encontraros aquí, pero creo que esperaremos fuera hasta que terminéis vuestros asuntos. No sois una compañía agradable. -Habló Edward con desdén sonriendo burlonamente hacia su amigo.

Ante aquel ataque verbal, Swan se levantó del sillón de cuero que ocupaba y sin dejar de fulminarle con los ojos habló directamente a su hijo.

—Escucha atento, hijo. Creo que es lo más inteligente que oirás salir de la boca de un Cullen en años.

Charlie Swan, sonrió a su hijo Emmet que permanecía de pie detrás de él manteniendo una sonrisa descarada y una pose segura de si misma con los brazos cruzados a la altura del pecho.

Con rostro imperturbable, Charlie Swan, mantenía su postura desafiante. Nada ni nadie achantaba a ese hombre.

No sólo era reconocido y aclamado por su clan, el resto de los jefes mostraban su admiración ante él, pues su destreza con la espada los llevó al éxito años atrás en la batalla de Stirling. Decían de él que era un hombre justo y sabio, que escuchaba a sus gentes y procuraba su bienestar, aunque para los Cullen, el tan aclamado Swan carecía de tales virtudes. Para ellos, era un hombre ávaro y sin escrúpulos.

Su hijo, Emmet Swan, al parecer era un calco de su padre tanto en el físico como en el carácter. Más alto que Edward, pero igual de fuerte, lo más llamativo de su rostro era la cicatriz que surcaba su pómulo izquierdo, una herida de guerra que le aportaba un aspecto aún más feroz. Ambos hombres tenían el pelo castaño, aunque en el del laird ya se vislumbraban algunos hilos grises, señal del paso del tiempo.

En esos momentos, y ante el mordaz comentario de Swan, los ojos marrones de los dos tenían una expresión divertida y de superioridad.

—Mira por dónde Black, acabamos de descubrir que los Swan a parte de déspotas también tienen sentido del humor.

Ambos hombres tornaron sus rostros serios, Charles se envaró y dio un paso hacia delante seguido por su hijo.

—¡Ningún Cullen va a faltarme el respeto en mi propia cara! —Amenazó Swan.

—Padre... —Intentó calmarle su hijo colocando su mano en el hombro de su progenitor.

Edward se disponía a rebatirle, pero la llegada del rey Aro le detuvo.

En cuanto el monarca entró pudo palpar la tensión que flotaba en el ambiente.

—Veo que estáis teniendo una amigable conversación. —Intervino el monarca para relajar el ambiente.

Los allí presentes se inclinaron para mostrarle respeto, pero el gesto fue cortado por el mismo rey que con un movimiento de manos que les instó a no hacerlo.

—Dejaos de adulaciones, no son necesarias. Tomad asiento y hablemos de lo verdaderamente importante.

Todos los allí presentes procedieron a sentarse después de que el rey hiciese lo mismo.

Edward, contrariado por la situación fue el primero en hablar.

—Disculpad mi atrevimiento, majestad. Pero no sé cual puede ser ese asunto tan importante que requiera la presencia de ambos.

—La integridad de vuestra patria, Cullen. Esa por la que lucháis y derramáis sangre. ¿Os parece un asunto de vital importancia o no?

Ante la severidad de la afirmación, Edward tragó saliva y cuadró los hombros para proseguir.

—Sin duda. Puedo asegurarle, majestad, que los Cullen siempre hemos luchado por mantener la unión entre nuestros hermanos escoceses.

—Lo sé, y os tengo en alta estima por ello, al igual que a los Swan.

—Si un escocés necesita nuestra ayuda, se la concederemos sin dudarlo. —Aseveró Charles— Pero… ¿Hay algo que amenace la unidad del país, majestad? ¿Algún traidor entre nuestros hermanos? ¿Sospecha de alguien? Sus palabras….

—Podéis estar tranquilos. —Intervino al notar cierto resquemor entre los allí reunidos—. No os he traído aquí para reprocharos nada. Se de vuestra lealtad y os la agradezco de corazón. Por eso mismo, confío en que cumpliréis con mi deseo.

Los Swan y Cullen intercambiaron miradas expectantes.

—Como he mencionado antes, me preocupa la unidad de mis tierras. Quiero que Escocia sea un país de paz, y aunque los ingleses suponen una gran amenaza, el peligro mayor se encuentra entre nosotros. Sé que entre ambos clanes hay viejas heridas sin cicatrizar y algunas rencillas sueltas, y esas disputas pueden convertirse en un arma de gran valor para Cayo.

—Rencillas que se resolverían si devolviesen lo robado. —Apuntó Edward señalando hacia Swan— Aunque estaremos agradecidos de su intervención en este asunto, majestad. Puede que usted haga justicia.

—¡Nosotros no robamos nada!, ¡Esas tierras fueron ganadas en un acuerdo legal!

—¡Eso es lo que vos decís, pero no hay constancia de ello!

—¡Basta! —Sentenció Aro poniéndose en pie y dando por finalizado el intercambio de acusaciones.

De todos era sabido que gran parte del conflicto entre ambos provenía por la disputa por unas tierras.

Anthony Cullen, hermano pequeño del laird Carlisle, apostó años atrás una parte de las tierras que pertenecían al clan.

Swan, coincidió con él en una de las batallas y aunque el pequeño de los Cullen era conocido por su fanfarronería e impulsividad, Swan aprovechó el cierto estado de embriaguez en el que el hombre se encontraba para ganar la apuesta: Una pelea al primer toque de espada en la que lógicamente Cullen salió perdedor. O al menos esa era la versión que Anthony le había contado a su hermano.

El enfado del laird fue descomunal y se presentó en las tierras de Swan reclamando las tierras alegando la invalidez de la apuesta.

El problema era que los testigos que presenciaron el acuerdo, dieron fe de que Swan intentó por todos los medios negarse a llevar a cabo la disputa hasta que Anthony se recuperase de la borrachera, pero el mismo Anthony se negó.

Aun así, Carlisle nunca aceptó tal explicación tachando a los testigos de embusteros y vendidos, pues su hermano, en un acto de cobardía contradijo la versión de Swan.

Si hubiesen sido unas tierras sin valor, el daño hubiese sido menor, pero para colmo se trataba de una de las parcelas más fértiles y ricas del clan y que además poseían una gran explotación de granito salvaje. Otro punto para recuperarlas era que unirse a los terrenos de Swan, les hacía superar a los Cullen en extensión.

—Si Cayo escuchase esta conversación se frotaría las manos al ver la escisión que hay entre dos de los clanes más importantes de la frontera. ¡Esto tiene que acabar! Desenterrar de nuevo ese tema es una pérdida de tiempo, es vuestro propio orgullo el que os impide avanzar.

Charles tomó aire y habló directamente hacia el rey.

—Bien es sabido que intenté hacer desistir a Anthony Cullen de su empeño, pero él mismo se negó.

—¡Anthony está muerto!, y precisamente no son unas tierras lo que me preocupan. —Respondió Aro— Necesito mostrar una unión fuerte entre ambos clanes, sin atisbos de fractura ni riesgo de traición entre ambos. Y por lo que veo y he observado durante estos años, el diálogo no es una herramienta de valor entre ambos. Por eso mismo he optado por otra solución.

—¿Y cómo pensáis hacerlo, majestad? —Preguntó Edward— ¿Qué solución proponéis?

—Mediante una unión: un matrimonio entre ambos clanes. Vuestra hija menor, Charles ha de desposarse con el heredero de los Cullen —Habló mirando directamente a ambos hombres — Os casaréis con su hija, Edward. Esa será la solución que tanto ansiáis.

Edward sintió como el color abandonaba su rostro y sus ojos se abrían ante la sorpresa que le produjeron las palabras del rey. Expresión que compartía con su amigo Jacob, que durante todo el tiempo había permanecido en un segundo plano y los otros dos implicados, pues tanto Charles como su hijo Emmet tenían la cara desencajada ante la noticia.

El matrimonio no establa entre los planes de Edward, no al menos por el momento y ahora el rey le estaba imponiendo casarse y no con cualquiera, debía hacerlo con la hija de su enemigo, con una Swan, más precisamente con Lady Isabella Swan.

¡Hola a todos!

Aquí empieza una nueva aventura y nada más y nada menso que en tierras escocesas.

Parece que Aro tiene muy clara la solución al problema, pero…¿Estarán los implicados igual de dispuestos para aceptar su mandado?

¿Qué os ha parecido el inicio?

¿Me acompañáis en este nuevo viaje?

Espero que disfrutéis de este nuevo proyecto y le deis una oportunidad a la historia.

Las actualizaciones serán como siempre todos los viernes y cada martes tendréis un adelanto en el grupo de Facebook Élite Fanfictión.

Espero ansiosa conoce vuestras opiniones en los comentarios.

Un saludo.

Nos seguimos leyendo.