CAPÍTULO 2
—No digas nada. —Refunfuñó Edward ajustando las riendas de su caballo.
—Creo que de mi boca no ha salido ni una sola palabra. —Bromeó Jacob Black.
—Pero estás deseando hacerlo. Lo sé, te conozco demasiado bien.
Las palabras de Edward destilaban el malhumor que invadía su cuerpo. El rey se había negado a recibirlo de nuevo alegando que no admitía discusión a lo dispuesto y que esperaba que la próxima vez que se encontrasen fuese durante su boda. Ni siquiera le recibió, el mensaje fue transmitido por su mano derecha y hombre de confianza haciéndole saber, además, que le deseaba una pronta partida, un buen viaje y que le transmitiese sus saludos y sus deseos de recuperación a su padre.
—Como compañero de armas y gran amigo tuyo, creo que merezco tener el honor de ser el primero en felicitarte por tu próximo enlace.
—¡Púdrete en el infierno!
Jacob estalló en carcajadas ante su maldición. Edward no había relajado el ceño desde que abandonaron el castillo y dudaba que lo hiciese durante el viaje.
—Espero que el día de la boda tengas mejor humor, si no espantarás a esa pobre muchacha.
—Si lleva la sangre de Swan no creo que tenga nada de pobre, será igual de insoportable que su padre...
—No sé, ya los has escuchado: Es el tesoro de Swan
—¡Por mi como si es el tesoro de Escocia! No me agradaba la idea del matrimonio, no ahora. Mucho menos me agrada tener que hacerlo porque al loco de Aro se le ha metido esa absurda idea en la cabeza.
—¡Cuidado con tus palabras! Aquí los árboles tienen oídos y te recuerdo que estás hablando de tu monarca.
Edward ignoró el comentario y prosiguió su queja.
—Y mucho menos me agrada tener que hacerlo con la hija de ese…maldito. Ni siquiera sé cómo decírselo a mi padre. Temo empeorar su salud. —Confesó preocupado.
—El laird es un hombre cabal y fiel a los designios del rey, lo entenderá. Seguro que se toma la noticia mejor que tú.
—Ya veremos...
Acamparon esa noche en mitad del bosque y prosiguieron su viaje al amanecer llegando a la fortaleza cuando ya estaba anocheciendo. En cuanto descabalgó, Edward subió hasta la habitación de su padre para ver cómo se encontraba. Golpeó la puerta y entró antes de recibir respuesta encontrando a su progenitor tumbado en la cama.
—¡Hijo! ¡Bienvenido! —Exclamó incorporándose sobre las almohadas sin ocultar cierto gesto de sorpresa— Aunque debo confesar que esperaba tu regreso para más adelante, espero que la premura de tu regreso no se deba a ningún contratiempo.
—Tranquilo. —Pidió sentándose a su lado— Todo está en orden, calmaos. Lo importante ahora es saber cómo os encontráis.
—Mejor, —Confesó palmeando suavemente la mano de su hijo— La tos se ha ido y puedo respirar con normalidad. En un par de días más estaré recuperado.
Carlisle Cullen había sido un ávido guerrero al igual que su hijo, pero al laird, la húmeda climatología le había pasado factura. Sus pulmones se resentían cada cierto tiempo, por lo que se había visto obligado a guardar reposo en varias ocasiones.
—Pero…Cuéntame, ¿Por qué has regresado tan pronto?
—Traigo órdenes del rey, padre —Comenzó a hablar removiéndose incómodo a su lado en la cama— Quiere reforzar la alianza fronteriza y acabar con las disputas entre clanes, mostrar unión frente al enemigo y para ello no se le ha ocurrido una idea mejor que hacerlo a través de un matrimonio: quiere que me despose.
Carlisle abrió los ojos ante la sorpresa que le produjeron las palabras de su hijo.
—¡Vaya...! Sin duda ha debido ser una reunión interesante. ¡Lástima habérmela perdido! Me hubiese encantado ver tu cara al recibir la noticia.
—Padre, no bromeéis, es un asunto serio.
—No lo dudo, y tanto por tu rostro como por tus palabras, imagino que la situación no es de tu agrado.
—No, no lo es, y creo que tampoco lo será del vuestro cuando desvele quien es la elegida para tal atrocidad.
—No seas exagerado, el matrimonio no es tan malo. —Sonrió
—Este lo será. Una maldición sería mejor que este absurdo sinsentido.
—No bromees con eso, Edward. —Le regañó en tono severo.
—Disculpadme, padre. Pero es que…
—Si conozco a Aro, —Continuó ignorando las quejas de Edward— que creo que lo hago y analizando las palabras que has pronunciado, puedo imaginarme la identidad de tu futura esposa.
—Si supierais quien es no estaríais tan calmado.
—Creo que no debe ser otra que la hija de Swan. —Confesó entrelazando sus dedos en gesto pensativo— ¿Me equivoco?
—¡Ojalá! —Deseó Edward—Pero lamentablemente habéis acertado. Veo que lo teníais claro.
—Hijo, Swan es el único clan con el que tenemos un enfrentamiento abierto y sé que a Aro, dentro del aprecio que nos tiene, le perturba que con el pasar de los años no hayamos sido capaces de resolver el conflicto. Si su intención es demostrar la unión entre dos clanes enfrentados, esa era la única opción posible.
—Parece que no te ha alterado la noticia... —Habló dolido pues esperaba encontrar en su padre un aliado para enfrentar a Aro y librarse de ese castigo.
Carlisle inspiró hondo y habló serenamente
—Hijo, no es la opción que yo hubiese elegido para ti. Incluso hubiese preferido a una inglesa antes que, a la hija de esa rata, pero… si analizamos la situación con calma no es una unión tan desfavorable. No al menos para nosotros. —Sonrió enigmáticamente.
Edward no pudo evitar mostrar cierta sorpresa ante las palabras de su padre, pues por más que él había dado vueltas al asunto no encontraba ninguna razón que supusiese un beneficio para ellos.
—¿A qué te refieres? ¡¿Cómo puedes decir eso?! —Estalló alejándose de su lado— ¡Son unos sucios traidores! ¡Unos ladrones! ¡Ni siquiera merecen ser escoceses!
—Piensa con calma, Edward. —Pidió sin perder la compostura Carlisle, intentando hacer entrar en razón a su hijo— Tú lo has dicho, son unos ladrones. Ellos tienen algo que nos pertenece, algo que es tiempo de que vuelva a nuestras manos. Un asunto que merece ser cerrado con justicia, y ese matrimonio …puede ser la única manera de recuperarlo.
—Las tierras que perdió el tío Anthony, —Habló Edward entendiendo por fin a lo que se refería su padre— Pero… ¿Cómo? ¿Cómo mi matrimonio puede ayudar a solucionar eso?
—Serás familia de… Swan —Escupió su nombre— Su yerno, alguna ventaja hemos de sacar. Dicen que esa cría es la niña de sus ojos…
—Y su hermano también. Además, será ella quien venga a vivir aquí. Ni en sueños permitiría Emmet que yo accediese o me encargase de controlar a sus terrenos.
—Ya veremos cómo... Lo importante ahora es pensar bien en una manera de hacerlo… Podemos pedirle que lo incluya en la dote o…
—Padre, ¿De verdad crees que estará dispuesto a negociar sobre la dote? Para él este matrimonio es una imposición como a nosotros. No creo que este dispuesto a ser generoso con su regalo de boda. La noticia le causó tanto o más desagrado que a mí. Para él desprenderse de ese…tesoro que tiene por hija, según dicen, ya es una gran pérdida, no creo que esté dispuesto a ser complaciente con nuestros deseos.
—Precisamente por eso, no creo que quiera que su hija dependa de nuestra generosidad para subsistir. —Continuó Carlisle—Según lo que él esté dispuesto a entregar podemos tratar a esa muchacha como a una reina o…como a una aldeana cualquiera.
—Escuchando vuestras palabras cualquiera diría que la noticia del enlace ha sido un regalo, padre. Sinceramente, creí que me ayudaría a encontrar una solución para evitar este enlace. Sin embargo, me está enviando directo al matadero.
Carlisle sonrió y palmeó el hombro de su hijo para reconfortarle.
—El sacrificio valdrá la pena. Quita esa cara de disgusto. Tarde o temprano necesitarías encontrar esposa y tener hijos para asegurar tu descendencia y el futuro del clan. Además, tengo entendido que la muchacha, a pesar de ser hija de quien es, posee una gran belleza.
—Un tesoro según dicen…—Ironizó recordando el apodo al que habían hecho referencia Swan y su hijo.
—Un tesoro que pasará a nuestras manos.
Edward hizo un mohín de disgusto. Esperaba que su padre le apoyase al negarse a contraer nupcias, pero se había encontrado con todo lo contrario. Al parecer, su matrimonio con la tal Lady Isabella no solo le reportaría beneficios al rey, también lo haría a su padre. Por eso mismo necesitaba saber la razón por la que eran tan importante esas tierras.
—Hay algo que no acabo de comprender ¿Por qué son tan importantes esos terrenos? ¿Qué tienen? ¿Qué hay en ellas? Poseemos varios acres de tierras que ocupan mejores posiciones que esas…
—No es sólo lo que tienen, es lo que significan. —Explicó— Mi abuelo recibió ese terreno como recompensa a su valor en la batalla, es una de las zonas más ricas en granito. Si vuelven a nuestras manos podremos comerciar con ellas y aumentar las arcas del clan.
—Dinero...Todo se resume en eso: dinero, honor, poder…
—Y orgullo, reponer el honor de mi difunto hermano. —Aclaró—No soy un hombre ávaro, Edward y lo sabes. Pero si astuto. En una guerra siempre hay un vencedor y un perdedor y aunque Aro es optimista, no debemos subestimar a Cayo. Los vientos cambian y si ahora soplan a nuestro favor, en un tiempo se pueden volver en nuestra contra. No quiero que mi gente pase hambre. La decisión de Aro es irrevocable por lo que debemos intentar sacar el máximo provecho a este infortunio. Si tu matrimonio con esa muchacha puede reportarnos un medio de vida para el futuro debemos aprovechar la oportunidad. Si perdemos la guerra y sobrevivimos deberemos buscar una manera de abastecernos. Habrá murallas que reconstruir, castillos que reforzar y esa piedra nos puede ayudar...
—Hablas como si estuvieses convencido de la derrota.
—No, no lo estoy. Solo soy precavido, hijo. El futuro es incierto y debemos estar preparados.
Edward apretó el puente de la nariz entre los dedos en un gesto cansado.
—No le des más vueltas al asunto…Tu cabeza va a echar humo de tanto pensar. Debes estar agotado del viaje, ¿Por qué no vas a descansar? O mejor aún, ¿Por qué no vas a distraerte un rato? Seguro que hay alguna mujer encantada de ayudarte a hacerlo... Eso siempre es una buena distracción...
—Padre... —Reprochó Edward sin poder contener la sonrisa ante sus consejos.
—Tus días de soltero están próximos a acabarse, y aunque estoy seguro de que no le guardarás fidelidad a tu esposa, cosa que respeto, por tu posición deberás ser más discreto.
—Por supuesto habláis desde la experiencia... —Habló sin pensar arrepintiéndose al instante de sus palabras— Lo siento, padre.
Carlisle agachó la mirada. Había amado a su difunta esposa Esme con toda su alma, pero no siempre fue así. Su matrimonio fue una imposición de su padre, así como tendría que hacer su hijo con la hija de Swan.
Lady Esme Platt era la hija de uno de los jefes de los clanes más poderosos del norte, y en aquellos tiempos, las diferencias entre norte y sur eran bastante graves, por lo que tanto su padre como el de Esme, vieron en la unión de sus hijos, una manera de estrechar lazos, calmar las aguas y además emprender un buen acuerdo comercial.
Carlisle aceptó los deseos de su padre a pesar de no compartirlos. El cambiar su estado civil, no supuso para él ningún problema para continuar con sus escarceos extramaritales, pues aún así cumplía su obligación como esposo y no desatendía las necesidades de su mujer.
Esas aventuras e infidelidades tuvieron como resultado el nacimiento de James, su hijo bastardo.
Lady Esme, que se había enamorado de él desde el inicio, se mostró disgustada, dolida y humillada con la noticia.
Para Carlisle, verla sufrir de esa manera le hizo acercarse más a ella. Pasar tiempo a su lado, le hizo conocerla más y poco a poco, sin apenas darse cuenta, comenzó a enamorarse de ella.
Su esposa jamás le reprochó nada, pero Carlisle sabía que las habladurías le hacían daño. Desde el momento que descubrió que se había enamorado de Esme, terminó con todas sus amantes.
Su vida junto a ella le cambió por completo pues descubrió la gran mujer que era su esposa a la que hasta hacía unos meses atrás la trataba como a una extraña. Su felicidad se vio colmada con la llegada de su hijo Edward.
Pero si a Carlisle le quedaba alguna duda de la nobleza de su esposa, esta se disipó cuando tras la muerte de la madre de James, Esme le solicitó traerle al castillo para criarlo junto a su hermano.
Carlisle aceptó, pues siempre se había hecho cargo del pequeño, aunque no tuviese su apellido. No podía reconocer como primogénito a un hijo nacido fuera del matrimonio, aunque sí le crío con todos los privilegios que le otorgaba ser el hijo del laird.
—Quién sabe... —Continuó Carlisle abandonando sus pensamientos— Igual terminas enamorado de la hija de Swan, al igual que yo me enamoré de tu madre.
—Antes muerto, padre...
—Eso mismo dije yo en su día hijo...
—Será mejor que dejemos esta conversación, creo que estáis desvariando. —Finalizó Edward la conversación dirigiéndose hacia la puerta.
Carlisle rio ante la incomodidad de su hijo.
—¿A dónde vas?
—Seguiré vuestro consejo. Le haré caso, buscaré cobijo en los brazos de alguna mujer. Como bien habéis dicho hay más de una que me espera.
—Aunque sospecho que la elegida será la chica esa que trabaja en la cocina... ¿Lyana?
—Tanya, a quien por cierto se le da muy bien otras cosas además de cocinar... —Bromeó en tono pícaro.
—No lo dudo...—Sonrió— Disfruta de la noche. Mañana prepararemos todo lo necesario para viajar a Swan.
—Descansad, padre. Mañana hablaremos.
Edward abandonó la habitación de su padre para ir a buscar a Tanya. La joven pelirroja se había convertido en su amante más asidua en los últimos meses.
La muchacha era guapa, sabía complacer a un hombre, y con eso a él le bastaba. Necesitaba olvidarse de Aro, de Swan y de su hija. No quería escuchar hablar más de Isabella Swan, si fuera por él se olvidaría para siempre del Tesoro de Swan.
Se dirigió primero a sus aposentos con intención de asearse un poco antes de buscar a Tanya, pero cual fue su sorpresa al descubrir a la mujer tumbada sobre su lecho ataviada únicamente con una fina camisola.
—Bienvenido a casa, mi señor. —Saludó jugueteando con uno de sus rizos de su melena suelta.
—Pareces haber leído mis pensamientos. —Confesó deshaciéndose de su camisa y acariciando la barbilla de ella— Eres justo lo que necesito en estos momentos.
—Sabe que me encanta complacerle. —Ronroneó incorporándose y haciendo que fuese él quien quedase sentado al borde de la cama.
Tanya deshizo el nudo de sus pantalones y los bajó junto a sus calzones dejando al descubierto su inhiesto miembro que ante sus caricias se había encendido. Las manos de ella empezaron a acariciarlo, peor rápidamente esas caricias fueron sustituidas por su boca, que comenzó a devorarlo con frenesí.
Edward enredó la mano entre su pelo para dirigir el ritmo y acompasarlo a su necesidad, necesidad que estalló en un desorbitado orgasmo haciéndole caer de espaldas sobre la cama.
—¿Quién necesita un tesoro pudiendo disfrutar de esto? —Suspiró Edward sintiendo como el cuerpo de Tanya se cernía sobre él dispuesto a continuar disfrutando de la lujuria del sexo. Lujuria, ante la que Edward se rindió dispuesto a olvidarse de todo lo que se le venía encima.
¡Hola a todos ¿Qué tal? Al parecer para los Cullen esta unión no va a ser tan desfavorable, ¿Qué ocurrirá cuando ambos se encuentren?
Muchas gracias a todos por los favs, follows y revies.
Espero con ansias conocer vuestra opinión en los comentarios. Nos leemos el martes en el grupo de Facebook de Elite Fanfiction y el viernes en el nuevo capítulo.
Saludos.
