CAPÍTULO 4
–Sí, bonita, ¡soy yo! –dijo Rick gustoso.
–¡Todavía no lo creo! ¡Richard! –respondió ella mientras se acercaba a él.
–No llores, por favor, princesa preciosa –contestó Rick con mucho cariño–. ¡Ven, mi Elizabeth!
Rick extendió sus brazos para recibir a Lisa y abrazarla. Ella sonrió con el gesto y lo abrazó con todas sus fuerzas, dejando escapar el llanto que tenía contenido. Rick también lloraba de gusto, por volver a encontrar a su amiga, su amor de adolescencia, su primer amor. Él la abrazaba con tanto cariño y amor, como si se tratara de una delicada pieza que se rompería o como si fuera un espejismo que pronto se desvanecería. Lisa lloraba recargada en el pecho de Rick.
–¡Oh, Richard! ¡Richard! –decía Lisa mientras se acariciaba su rostro en el cuello de él –. ¡Cómo no pude darme cuenta antes! –añadió ella, abrazándolo más fuerte–.
–¡Elizabeth! Siempre estuvimos juntos y no lo sabíamos–mencionó él con melancolía.
–Sí, Rick. Estábamos tan ocupados con nuestras peleas y dramas personales que nunca nos dimos cuenta que nos teníamos tan cerca.
Los jóvenes militares se abrazaban como si no hubiera un mañana. Rick acariciaba el sedoso cabello de Lisa mientras que ella recargaba su cabeza en el espacio entre el cuello y las clavículas de Rick.
–Lisa… Lisa… Elizabeth… Mi Elizabeth eres tú –repetía Rick–. ¿Por qué nunca me buscaste? ¿Por qué no regresaste?
Lisa se separó un poco de Rick para verlo al rostro. Los ojos de ambos estaban completamente húmedos, lo que hacía que brillaran más y emitieran destellos luminosos debido a las lágrimas.
–Regresé, Rick… Fui a buscarte y no te encontré. También te dejé mensajes en el centro vacacional, supongo que no te los dieron –respondió ella entre lágrimas.
–¿Regresaste? –preguntó él–. Yo… no supe. Nadie me dijo.
–Sí, la primera vez que regresé, acababa de cumplir la mayoría de edad. Fuí a tu casa pero no había nadie –aclaró Lisa–. Personal del centro vacacional me informó que tú y tu padre se habían ido de gira con el circo aéreo y que tardarían meses en regresar. Te dejé una carta con ellos… Por lo visto no te la dieron o simplemente se les perdió.
–No me enteré, Lisa. Esa vez le dije a mi padre que fuéramos a Londres, con el circo aéreo. Estuvimos haciendo promoción y tenía la esperanza que te enterarías e irías a vernos, pero no fue así. También visité la oficina de correos donde estaba el apartado postal que sabía de ti, a ver si alguien sabía algo del propietario de ese apartado pero me dijeron que ese edificio había sido destruido en uno de los ataques de grupos antigubernamentales –mencionó Rick con melancolía–. Te escribí pero creo que por esa razón nunca recibiste mis cartas.
–En efecto, Rick. El edificio fue destruido casi cuando yo regresé de las vacaciones en el campamento, así que no recibí ninguna de tus cartas –dijo Lisa–, además, cuando fui a buscarte, yo ya no estaba en Londres porque había ido a estudiar a la Academia Militar Robotech.
–La vida y sus caprichos… Ambos nos buscamos y nunca coincidimos… Y por fin conozco tu verdadero apellido.
–Discúlpame, Rick, fue por seguridad... Mi padre me había recomendado no decir mi apellido, por temor a que me pasara algo, pues él tenía un cargo militar importante y ya se manejaba su nombre como uno de los posibles candidatos a ocupar el Almirantazgo Supremo de las Fuerzas de Defensa de la Tierra Unida.
–Sí, Lisa, lo entiendo. Era para protegerte, pues serías un blanco atractivo para los grupos contrarios.
–Así es... –respondió ella e hizo una pausa–... También regresé a buscarte, justo antes de que partiéramos al espacio pero me dijeron que tu papá había fallecido y tú habías vendido todo…
–Sí, Lisa. Roy me invitó a visitarlo en Ciudad Macross y a vivir ahí. No tenía mucho en qué pensar, así que vendí todo para reparar mi mocking bird y tener dinero suficiente en lo que encontraba trabajo en la isla –contó Rick–, por eso no me encontraste, a pesar de que yo estaba tan cerca de ti.
–Y la vida decidió unirnos, pero ambos estábamos tan enfocados en molestarnos el uno al otro, que no supimos identificarnos –dijo Lisa–, éramos unos niños cuando dejamos de vernos, crecimos y… creo que cambiamos un poco...
–Sólo un poco –afirmó Rick–, seguimos siendo muy guapos.
Ambos rieron ante tal comentario. Lisa fue acercándose a Rick y acarició su rostro.
–Tus ojos azules no cambiaron, siguen igual de hermosos…
Rick colocó su mano sobre la fina mano de su Elizabeth. Con su fuerte mano, fue bajando lentamente la delicada mano de su compañera hasta que los finos dedos estuvieron al alcance de sus labios y comenzó a darles pequeños besos.
–Y tú, sigues tan hermosa como siempre, con tus delicadas manos de finos y suaves dedos… ¡Cómo no me di cuenta que tú eras mi Elizabeth! –decía Rick mientras continuaba besando los dedos de ella–. Quizá fue por tu cabello, que siempre lo traías recogido y también su color, que era rubio y ahora es color miel…
–Ya veo… Mi cabello siempre lo traía recogido porque me había acostumbrado a peinarme así por la gimnasia –dijo Lisa–. Y el color del cabello, se oscureció por sí solo. Es una característica de la familia Hayes, casi todos nacemos rubios y con el paso de los años, nuestro cabello se torna castaño –aclaró ella con una risilla–.
–Y tienes un cabello hermoso,,, –dijo Rick mientras tomaba un poco del cabello de Lisa y lo acariciaba.
–¿Y qué me dices de ti, Piloto? Ese look de cabello alborotado, no es como el look que tenías hace años, con tu cabello corto, siempre bien peinado con gel….
–¡Con litros y litros de gel! –dijo Rick entre risas–. Me cansé y decidí dejar a mi cabello en libertad y que se alborotara lo que quisiera.
–¡Y vaya que sí se ve liberado y alborotado! –dijo Lisa con voz graciosa.
Ambos rieron ante tal comentario. Rick se quedó observando a Lisa, oyendo su risa cristalina y viendo lo hermosa que se veía.
–Esa risa… –mencionó Rick–. Me recuerda cuando nos conocimos, Elizabeth. Eres tú, mi amiga, la primera chica de la que me enamoré y de la que aún sigo enamorado…
El sentimiento se apoderó de la garganta del piloto pues finalmente había dicho lo que guardó por tantos años, que estaba enamorado y se lo había dicho a la propia Elizabeth, quien no daba crédito a lo que estaba escuchando. Ella dejó de reírse y miró a Rick con seriedad.
–¿Lo… dices en serio? –preguntó ella.
–Sí, Lisa. Siempre he estado enamorado de ti… Como Elizabeth y como Lisa… te amo en todas tus facetas –respondió él–. No sé por qué no pude sincerarme conmigo mismo y decirte desde un principio que estaba enamorado de tí y solo me dediqué a molestarte. ¡Perdóname! –añadió Rick mientras se acercaba a Lisa y acariciaba su rostro.
Lisa cerró sus ojos, sintiendo el cariño en esa caricia que Rick le brindaba, con tanta ternura y delicadeza. Ella reunió valor y por fin liberó esas sencillas palabras pero que tienen un significado enorme.
–Richard… Rick… yo… en todos estos años, no te he olvidado… –dijo con tanta emoción que se le cerraba la garganta–. ¡También te amo, te amo y siempre te amaré!
Se miraron con tanto amor. Sus ojos expresaban los sentimientos que habían estado guardados por años y que ambos se negaban a aceptar cada vez que se veían en los pasillos o las veces en que tenían sus peleas frecuentes por la red táctica. En lugar de ser sinceros y confesar la atracción y el cariño que tenían el uno por el otro, inmediatamente generaban una tensión que los hacía desbordarse en comportamientos infantiles del uno hacia el otro.
Rick retiró su mano del rostro de Lisa para colocarla en la nuca de ella. Lentamente la fue atrayendo hacia él sin encontrar resistencia. El espacio entre ellos fue acortándose hasta que los centímetros se convirtieron en milímetros que desaparecieron con un tierno roce de sus labios mientras cerraban sus ojos..
El momento fue electrizante. Los sentidos de sus cuerpos se encendieron al contacto de las pieles de sus jóvenes labios. Ambos abrieron sus ojos cuando las vivencias vinieron a sus mentes y sonrieron. Ese beso les había recordado a los primeros besos adolescentes que se dieron cuando se conocieron. besos que estaban llenos de candor, ternura e ilusión y que justo en ese momento, habían tenido esas sensaciones nuevamente.
Volvieron a acercarse para unir sus labios otra vez pero fueron abruptamente interrumpidos por un fuerte movimiento de la nave. Las paredes metálicas comenzaban a moverse. Rick y Lisa miraron desconcertados hacia los muros que empezaban a retirarse mientras que en los altoparlantes de la nave se anunciaba que la batalla había terminado y que la fortaleza regresaba a su posición de navegación original.
El frío piso donde estaban sentados, comenzó a elevarse. Por inercia, Lisa abrazó a Rick y él la cubrió protectoramente con sus brazos. Finalmente, las estructuras de la nave dejaron de moverse y ellos se dieron cuenta que estaban sentados en lo que era una avenida.
Inmediatamente se pusieron de pie y observaron los daños que la batalla había causado a los edificios, comercios y viviendas. Caminaron hasta la acera.
–Cada batalla genera un desastre –mencionó Rick.
–Aunque tengamos que reconstruir todo una y otra vez, lo importante es que seguimos vivos, Rick –puntualizó Lisa y suspiró.
–Tienes razón y ahora tengo un motivo más para vivir y defender al SDF-1 –añadió Rick, mientras sujetaba la mano de Lisa y le depositaba un tierno beso.
Ella sonrió ante tal gesto y comenzó a sonrojarse.
–¿Qué sucede, Lisa? –preguntó Rick con curiosidad.
–Yo… bueno, es que, no estoy acostumbrada a tales muestras de afecto.
–Acostúmbrate, Hayes, porque de ahora en adelante, voy a llenarte de halagos, besos y caricias –dijo Rick.
«¿En verdad dije eso? Si yo tampoco estoy acostumbrado a dar ni a recibir muestras de afecto» pensó el piloto. «Pero por ti, Lisa, daría todo mí y te quiero conmigo para siempre, yo,,,», la voz de Lisa interrumpió los pensamientos de Rick.
–Delta 1 llamando al líder del escuadrón Bermellón… –dijo ella.
–¿Eh? –contestó Rick confundido.
–Te fuiste lejos, piloto. ¿En qué estabas pensando?
–Este, sí, Lisa, disculpa… yo… –Rick no quiso decirle lo que estaba pensando pues se le hizo prematuro decirle que quería pasar toda su vida con ella–. Bueno, creo que debo reportarme a la base.
–No creo que te digan algo si saben que estabas con un oficial superior –respondió ella–. Yo avisaré que estás conmigo. A decir verdad, me gustaría que te quedaras... Podemos comer algo en mi habitación o tomar café…
–¡O una petite cola! –dijo Rick, señalando una máquina de refrescos que se acercaba a ellos.
–Claro, pero yo invito. Los comandantes ganamos más que los tenientes, permítame invitar.
–Está bien, pero solo esta vez. El caballero siempre invita a la dama, no importa que ella sea la comandante.
Ambos se rieron con el comentario. Compraron las petite cola y fueron al departamento de Lisa.
–Rick, no he comprado la despensa para la semana, no he tenido tiempo. Sólo tengo café, té y galletas… –dijo Lisa apenada.
–No te preocupes, bonita, podemos ordenar una pizza y ponemos las petite cola en el congelador, para que estén heladas,
–¡Perfecto, piloto! ¿Podrías ordenar la pizza en el restaurante de la nave? Toma mi celular, puedes llamar desde mi número porque ya lo tienen registrado.
–¡Seguro!
Lisa se quitó su abrigo, lo colocó en el perchero, dando la espalda a Rick, quien se quedó estupefacto viéndola. La blusa de cuello en V y el pantalón entallado que ella usaba, mostraban su fina figura. Rick se acercó a la atractiva comandante y no pudo evitar abrazarla por su espalda, cerrando sus brazos en la cintura de ella. Lisa se sorprendió ante este gesto y nuevamente comenzó a sonrojarse. Sin soltarla, Rick se movió para quedar frente a ella. Pudo notar las mejillas sonrojadas de Lisa y lo nerviosa que ella estaba.
–Olvidaba lo hermosa que te ves cuando te ruborizas, bonita... –dijo Rick.
Lisa llevó sus manos a su rostro, como si fuera una niña, tratando de ocultar los colores rojizos de sus mejillas pero siguió la conversación de Rick con el humor característico de ella.
–¿Quieres decir que solo me veo hermosa cuando me ruborizo? –preguntó ella con una risilla.
–Claro que no, te ves hermosa siempre, incluso cuando estás en tu papel de comadreja parlanchina.
–¡Oye! Pensé que habíamos hecho las paces, piloto –respondió ella muy seria, pero la risa le ganó.
–Por un momento creí que sí te habías enojado. Qué bueno que era broma –contestó Rick mientras llevaba su mano a su nuca como gesto nervioso.
–Sí, Rick, es broma. ¡Cómo podría enojarme contigo, ahora que he recuperado a Richard, mi amigo y mi primer amor! –dijo Lisa pero enseguida se entristeció.
–¿Qué pasa, Lisa? –preguntó Rick, quien instintivamente colocó sus manos en la cintura de ella.
–Es que… Te recuperé, Rick, pero... Perdí la pulsera que me diste hace años. Tiene mucho valor para mí porque tú la hiciste y por todo lo que ella significa… la historia que guarda en sí.
Rick sonrió con ternura, buscó en el bolsillo de su pantalón y le enseñó a Lisa un objeto, ante el cual, ella abrió los ojos y su rostro tenía una expresión de admiración.
–¿Te refieres a esta pulsera? –preguntó Rick con una sonrisa de satisfacción.
–¡¿Cómo es que la tienes?! –contestó ella sorprendida.
–La encontré en uno de los pasillos cerca de la alberca, precisamente ese día en que nadamos juntos «y que te veías tremendamente sexy». Permíteme ponerla en tu muñeca… como aquella vez cuando éramos unos niños… –dijo Rick.
Lisa ofreció su muñeca izquierda para que Rick le pusiera la pulsera. Los ojos de ella comenzaron a humedecerse al recordar la escena de despedida años atrás y también porque había recuperado su pulsera de las propias manos de Rick, "su Richard".
–Gracias, Rick –fue lo único que Lisa pudo decir.
Rick la miraba satisfecho. Con una pequeña sonrisa en su rostro, se animó a confesarle el paradero que había sufrido el anillo que ella le entregó.
–Lisa, yo… quiero enseñarte algo… –mencionó el piloto.
Lentamente, Rick bajó el cierre de su camisa de cuello alto y comenzaron a verse sus clavículas y parte de sus pectorales. Lisa estaba atónita, pues si bien, ya había visto a Rick en diversas ocasiones en traje de baño, nunca lo había visto bajar el cierre de su camisa, lo cual se le hizo sumamente sexy.
Rick tomó la mano de Lisa. Ella no sabía cómo reaccionar.
–¿Qué… qué haces, Rick? –preguntó Lisa mientras el nerviosismo se apoderaba de ella.
–Quiero que veas algo…
Él dirigió la mano de ella dentro de su camisa. Los dedos de Lisa tuvieron contacto con la piel de Rick, lo que ocasionó que ambos sintieran un hormigueo recorriéndolos de la cabeza a los pies. Lisa se topó con las placas metálicas de identificación militar que colgaban en el pecho de Rick.
–Ponlas a tu vista, Lisa… –solicitó el piloto.
Con muchos nervios, Lisa tomó las placas y las acercó a ella. Pudo ver que además de los dos pedazos metálicos, se encontraba un anillo de oro blanco, con una esmeralda rodeada de zirconias. Ella se sorprendió totalmente, llevándose una de sus manos a su boca mientra con la otra sostenía al anillo junto con las placas.
–¡Aún lo conservas! –exclamó Lisa.
–Sí, bonita… Tus finos dedos hacen que el tamaño del anillo sea tan pequeño que no pueda usarlo ni en mi dedo meñique. Así que siempre lo he traído justo en mi pecho, cerca de mi corazón, porque… Lisa… siempre has estado ahí. Mi corazón ha sido tuyo desde el primer día en que te vi.
–¡Oh, Rick! –fue lo único que ella pudo decir mientras dejó salir libremente a esas lágrimas que inundaban sus ojos y brillaban como diamantes.
Rick cerró el espacio entre ellos. Una de sus manos rodeó la cintura de Lisa y con la otra, comenzó a secar las lágrimas que recorrían el rostro de tan bella comandante.
–Te amo… –dijo Rick con voz dulce.
–Yo también te amo… –respondió Lisa.
Ambos acercaron sus rostros. Cada uno podía sentir la respiración y el calor del otro. Cerraron sus ojos y sus labios se encontraron, uniéndose en un cálido beso, lleno de cariño, amor y ternura.
Lisa colocó sus manos sobre el pecho de Rick mientras que él perdía sus manos entre el cabello y la espalda de ella.
Los besos que comenzaron tan tiernos se convirtieron en besos llenos de pasión que necesitaba ser demostrada. Sus bocas se unían en una sola y ambos daban libre acceso a los labios del otro. Su respiración comenzaba a entrecortarse y los latidos de sus corazones incrementaron su ritmo. Las manos de Lisa se habían perdido en la piel del pecho de Rick mientras que él comenzaba ligeramente a levantarle la blusa hasta tener contacto con la piel de la cintura de ella. De no haber sido porque el celular de Lisa comenzó a sonar, quién sabe cómo hubiera terminado esa demostración de amor.
–La pizza llegó… –dijo Lisa algo apenada al notar que había acariciado la piel de Rick.
–Yo bajo por ella ¿o quieres venir conmigo?
–Vamos juntos, Rick. No me quiero separar de ti.
–Ni yo de ti. Te quiero siempre junto a mí.
Ambos sonrieron y fueron por la pizza. Nuevamente subieron al departamento y tuvieron una agradable cena. Platicaron de muchas vivencias y sobre todo, recordaron sus días en el centro vacacional. La conversación se alargó hasta altas horas de la madrugada, hasta que llegó la hora de irse a dormir pues ya no podían mantener sus ojos abiertos. Separarse esa noche fue muy doloroso para ellos pero les quedaba la felicidad de haberse encontrado y de ser completamente correspondidos en sus sentimientos.
Al día siguiente, Lisa se presentó en el puente. Se veía muy tranquila y relajada, a pesar de haber dormido solo unas horas. Lisa empezó a dar instrucciones a los escuadrones para el patrullaje de ese día. Curiosamente, el líder del escuadrón Bermellón no objetó ninguna de las órdenes de la comandante, lo cual fue notorio por la tripulación del puente, quienes esperaban que de un momento a otro, ambos militares explotaran como era su costumbre e iniciaran sus ya muy comunes conversaciones poco amables. Y no… ese día no hubo peleas por la TacNet y el Teniente Hunter acató al pie de la letra todas y cada una de las instrucciones de vuelo de su comandante.
Cuando el horario de patrullaje había terminado, únicamente se encontraban Claudia y Lisa en el puente, haciendo su turno de guardia.
–¿Pasó algo que yo no sepa? –preguntó la teniente Claudia Grant.
–¿A qué te refieres? –cuestionó Lisa.
–Sabes a qué me refiero… A ti y al teniente Hunter.
–Hicimos las paces, Claudia y… –dijo Lisa que no alcanzó a terminar la frase porque la puerta del puente se abrió.
–¿Puedo pasar? –dijo el piloto de cabello rebelde.
–Claro, teniente Hunter, pase… ¿A qué debemos su agradable visita? –dijo Claudia en tono amable.
–Yo… vine a ver si necesitaban algo… y… les traje café –respondió Rick mientras entraba el puente y enseñaba los recipientes con tapadera que contenían el delicioso líquido–. Sé que su turno aún no termina y solo quise hacer más agradable las horas que les faltan por trabajar.
–Muchas gracias, Rick –dijo Lisa con una tímida sonrisa.
–Es un placer, Lisa –respondió Rick, con una voz cálida y cariñosa.
No se necesitaba ser muy acucioso para notar el lazo que había entre Rick y Lisa. Además, Claudia era muy suspicaz y enseguida comprendió que la relación entre ellos había cambiado. Sus miradas derrochaban amor y sus voces estaban colmadas de cariño y admiración. «Vaya, creo que me perdí de algo. Parece que ambos finalmente se sinceraron y se están dando una oportunidad. Roy y yo teníamos razón. Me da mucho gusto por ellos...» pensó la atractiva teniente.
...
Así, siguieron pasando los días, con algunas escaramuzas pero con tranquilidad en la red táctica de la nave.
Las chicas del puente Kim, Sammy y Vanessa eran las más interesadas en saber qué ocurría con Rick y Lisa, que si bien, ya sospechaban algo, aún no tenían la información confirmada y para ellas era todo un enigma.
La tranquilidad del día fue dejada atrás pues los radares de amplio rango empezaron a detectar naves enemigas que se aproximaban por el sector frontal de la nave. Lisa distribuyó a los escuadrones y dio las órdenes para salir a combate, remarcando que no era un simulacro.
El sistema de comunicación de Lisa, recibió la alerta de un mensaje entrante.
–Líder del Escuadrón Bermellón a Delta 1 – repetía el teniente Hunter.
–Aquí Delta 1, adelante… –respondió Lisa.
–Comandante, solicito confirmación del cuadrante al que fuimos enviados…
–Es el cuadrante G1.
–Pero eso está justo detrás de la nave y… –el teniente hizo una pausa, pues ya sabía lo que podía desencadenar con su comentario.
–¿Y? –repitió Lisa.
–Y la batalla se está llevando a cabo justo en dirección contraria –contestó Rick con voz neutra.
–Entiendo su punto de vista, teniente. Ya envié a varios escuadrones a combate… Sin embargo, quiero tener protegidos todos los flancos de la fortaleza. Necesito a un escuadrón de rápida respuesta que proteja la parte posterior del SDF-1.
Se generó un silencio en la línea de comunicación. El personal del puente se inquietó esperando los conocidos comentarios del teniente retando a su comandante, pero no fue así.
–Está bien, comandante... Aunque aquí se ve todo tranquilo, usted es la mejor estratega y confío en sus decisiones –respondió el teniente, ante la admiración de todos en el puente.
–Gracias, teniente –contestó la comandante.
–Además, es mi comandante favorita…
Inmediatamente las chicas del puente voltearon a ver a Lisa y ella se sonrojó con ese comentario, llevándose su mano derecha al rostro, en señal de nerviosismo.
–Gracias… teniente Hunter –agradeció Lisa pero fue interrumpida por Rick.
–¡Comandante! ¡Tenía razón! ¡Los vemos! –exclamó Rick.
–¿A qué se refiere, teniente? –preguntó la comandante.
–¡Son cientos de ellos! ¡No sé cuánto tiempo podamos aguantar! Ben, Max, esperen mis instrucciones para el ataque –ordenó Rick,
Lisa estaba desconcertada. Si bien, ella había previsto cubrir todos los flancos de la nave, no se esperaba un ataque tan repentino.
–¡No puede ser, Rick! ¡Los radares no están detectando nada! Entonces… ¡Los tienen intervenidos! Están enviando ondas de interferencia que no nos permiten verlos. ¿Puedes estimar el número de naves enemigas?
–Lisa, son cientos, me atrevería a decir que poco más del millar…
–¡Rayos! Delta 1 al líder del Escuadrón Skull, repito, Delta 1 al líder del Escuadrón Skull… Responda, comandante Focker.
–Aquí Focker, ¿qué sucede Lisa?
–Comandante, ¡necesito que usted y su escuadrón se dirijan al cuadrante G1 enseguida!
–¿Al cuadrante G1? Pero si estamos en una batalla aquí, que es de lo más rara, parece que solo quieren entretenernos –replicó Roy.
–Lo sé, ¡es un señuelo! Las naves enemigas se aproximan por el cuadrante G1 –informó Lisa.
–¿Quién está defendiendo el cuadrante?
–El escuadrón Bermellón… únicamente… ¡Y son aproximadamente mil naves enemigas!
–¡Diantres! ¡No podrán ellos solos! Enseguida formo al escuadrón y nos dirigimos al cuadrante. Tiempo estimado, 10 minutos. ¡Focker, fuera!
–¡Lisa! Necesitaremos refuerzos aquí, el enemigo ya está llegando –solicitó Rick.
–Sí, Rick. Ya envié al escuadrón Skull, llegan en 10 minutos aproximadamente.
–Gracias, Lisa. Espero que podamos aguantar esos minutos.
–También activé el armamento de defensa de la parte trasera, espero sea de ayuda.
–Cualquier apoyo es de mucha ayuda.
–Escuadrones Índigo, Verde y Gold, tienen orden de presentarse al Prometeus para apoyar en el cuadrante G1, repito, presentarse al prometeus… –decía Lisa–. Rick, enviaré también a los escuadrones que estaban de descanso.
–¡Gracias! ¡Lisa… Los enemigos ya están aquí! Son unos pods y cientos de battlepods. Dejaré la línea abierta...
–Aguanten, Rick, la ayuda ya va hacia ustedes.
–Y Lisa… Pase lo que pase, recuerda que te amo…
–Yo también te amo, Rick…
Las reacciones en el puente no se hicieron esperar, Claudia volteó a ver unos segundos a su amiga y sonrió. Las conejitas asombradas, se miraron entre ellas y se escucharon sus risillas, sin embargo, no pudieron comentar nada por la prioridad de la batalla.
De repente, los radares comenzaron a funcionar y el personal del puente pudo ver la cantidad de naves enemigas que estaban atacando a la fortaleza. Se quedaron atónitos. Lisa abrió su boca sorprendida y sólo acertó a pensar en su piloto «¡Rick! Dios, protégelo, por favor...»
–¡Lisa! Tengo a un pod tras de mí, no logro quitármelo… Solicito permiso para hacer unas maniobras evasivas... a mi estilo.
–¡Tiene el permiso concedido, teniente!
Lisa miraba en su consola, seguía los leds verdes que simbolizaban a los varitechs en funcionamiento. De pronto, la nave se cimbró, estaba recibiendo los impactos de los misiles lanzados por las fortalezas zentraedi. Lisa dejó de ver su consola para ordenar que se activara el sistema de armamento y la barrera de alfiler. Justo en el instante en que ella volvió a ver su consola, se apagó el led que representaba al varitech de Rick.
–¡Teniente Hunter! –lo llamó ella–. ¡Delta 1 a líder Bermellón! ¡Conteste, lider Bermellón!
Nada... La comandante no recibía respuesta y sólo se escuchaba estática en la línea de comunicación directa con Rick.
–No puede ser… –dijo Lisa, bajando su cabeza por un instante y dejando escapar una lágrima–. Rick… ¡Rick!
Continuará...
Nota de autor:
Hola a todos. Comparto un capítulo más de esta romántica historia de los queridos Lisa y Rick H2, que finalmente se han dado cuenta que ya se conocían de años atrás.
Espero que los lectores hayan disfrutado del capítulo. He querido actualizar más seguido pero no se han dado los tiempos.
Gracias por sus comentarios y el interés en mis historias. Un agradecimiento especial para Anto, Contrabraham, Fabiola, Maonome, Patytob, Shiber, AdenaMcGee, WarriorHeart5, ZayMel, Darlina140, Pola73, Lizzyrick, Saralisse y a los "Guest" (desconozco sus nombres) que publican sus amables comentarios.
¡Saludos!
