CAPÍTULO 5
La cabeza de Isabella daba vueltas como si de un remolino se tratase y su vista estaba algo borrosa por el golpe. No pudo frenar, de hecho, supo que iba a terminar en el suelo en cuanto sintió como los dedos de su pie derecho pisaba la tea de su vestido.
Al sentir el contacto de las manos se aferró a ellas para poder incorporarse pues el suelo continuaba moviéndose bajo sus pies haciendo que su equilibrio fuese poco estable. Las manos que la aferraban de manera firme eran fuertes, aunque intentaban sostenerla con delicadeza.
Un dolor punzante taladraba su frente por lo que llevó una de sus manos a la zona para intentar calmarlo mientras que con la otra continuaba apoyada en la persona que le estaba dando soporte. Su visión aun continuaba algo borrosa, pero en cuanto pudo focalizar un punto fijo se calmó.
—¿Se encuentra bien?
Isabella giró despacio la cabeza hacia su lado para observar al dueño de esa voz, pero su respuesta quedó atrapada en la garganta al ver como dos ojos esmeraldas la miraban con preocupación y algo más…algo que no sabía descifrar…. Estaba paralizada, congelada… El sonido de las palabras le habían hecho estremecer, erizar cada fibra de su piel, pero esa mirada…esa mirada la estaba abrasando.
—S-Sí... —Titubeó sin apartar la mirada— Bueno… No del todo, mi cabeza….
—¡Hermana!, ¿Estás bien? —Emmet llegó hasta su lado y en ese momento, en ese segundo todo cambió.
Isabella no supo bien que fue. Pero algo en el ambiente tornó hacia otro lado. De repente la calma y el revuelo provocado por su irrupción se transformó en tensión. El hombre parado frente a ella se envaró, sus ojos verdes se volvieron fríos, esos que segundos antes la abrasaban, se habían vuelto fríos como el hielo y sus manos se apartaron de ella como si su tacto le quemase. Confundida por su reacción, miró a su hermano en busca de una explicación, pero su sobrino, asustado por su caída les interrumpió.
—¡Tía Bella!, ¡Lo siento! ¡Solo quería jugar!
—Tranquilo, Charlie. Estoy bien. —Intentó calmarle dedicándole una sonrisa.
—¡Pero tienes sangre en la frente! —Señaló el pequeño apuntando con el dedo hacia el lugar de la herida.
Bella llevó la mano hasta la zona y sintió como el líquido caliente empapaba sus dedos.
—Es un golpe bastante feo, Bella. Será mejor que vayas a mirártelo. —Aconsejó su hermano buscando ofrecerle un pañuelo entre sus ropas sin éxito.
—Tome —Le ofreció un hombre de cabello negro al que no había visto jamás y que permanecía detrás de la persona que la había ayudado a levantarse. El hombre parecía una estatua. Permanecía inmóvil mirándola fijamente. —Esto le ayudará.
—Gracias. —Dijo tomando el pañuelo que le ofrecía y limpiando la herida.
—¡Lo siento, tía Bella! ¡Te has hecho daño por mi culpa! —Sollozó el pequeño.
—No te preocupes, granuja. Estoy bien
—Ya hablaremos tú y yo, Charlie. —Le reprendió Emmet dejándole en el suelo. ¡Ve con tu madre! —Ordenó.
El pequeño besó a su tía que se había agachado a su lado para despeinarle y desapareció obedeciendo las órdenes de su padre.
—No seas tan duro con él, es solo un niño.
—Un niño que casi te mata. ¡Menudo golpe te has dado!
—La culpa ha sido mía, me pisé el vestido. Mi torpeza tampoco ayuda mucho en estos casos. —Bromeó ella dirigiendo de nuevo la mirada hacia los cuatro hombres, aunque en realidad, solo estaba intrigada por uno, que seguía petrificado fulminándola con la mirada.
Incómoda ante el escrutinio de él, intentó excusarse.
—Lamento haberos interrumpido de esta manera. Será mejor que me marche para que podáis continuar.
—En realidad... —Habló Emmet reteniéndola a su lado— No debería ser así como os tendríais que haber conocido. Padre debería ser el encargado de hacerlo, pero dada las circunstancias...
—¿A qué te refieres?
— Bella, te presento a Sir Edward Cullen. —Le indicó su hermano haciendo un leve gesto con la cabeza en dirección a Cullen.
Isabella sintió como todo su cuerpo se tensaba. Ahora entendía la reacción de él, la manera en la que se había apartado y su forma de mirarla…Debió reconocerla ante la llamada de Emmet. Pero… ¿Cómo era posible que el fuego con el que la había estado mirando se hubiese convertido en hielo en cuestión de segundos?
Había una razón, claro que la había. Él la odiaba, estaba claro. No había nada más que ver como la continuaba mirando. Era la hija de su enemigo, ¿Qué esperaba? Ella tampoco había escuchado nada amable sobre él. También le odiaba sin fundamentos, como le dijo su cuñada.
—Sin duda ha sido toda una sorpresa, no pensábamos que me recibiría lanzándose a mis pies. —Habló Edward para incomodarla.
—Mi caída ha sido un lamentable accidente, no lo tome como un gesto de pleitesía. —Respondió dolida por su impertinencia.
—Permítame dudarlo. Siempre me han dicho que vuelvo locas a las mujeres y creo que usted no ha sido la excepción. Si tantas ganas tenían de conocerme hubiese acompañado a su padre y su hermano para recibirme.
Isabella bullía de rabia en su interior. El aire de superioridad y el descaro que desprendía ese hombre la estaba volviendo loca.
—¡Ojalá no hubiese tenido que conocerle nunca! Me alegra saber que todo lo que me han dicho de vos es cierto.
—Isabella… —La reprendió Emmet.
—¿Ha oído hablar de mí? ¡Qué honor!
—Es para sentirse honrado, desde luego. Su arrogancia, su descaro, su falta de educación… —Las gentes no exageraban al comentarlo.
Isabella sonrió al ver como la sonrisa burlona que permanecía en su cara desaparecía convirtiendo la diversión de sus ojos en furia y enfado.
—Lamento decirle que en mi caso ha ocurrido lo contrario.
—Ah, ¿sí?
—Sí. Todos hablaban de la dulzura y belleza de la hija de Swan. Una jovencita calmada y cauta. Sin embargo…Usted es todo lo contrario.
—¡Cómo se atreve…! —Bella alzó su mano furiosa dispuesta abofetearlo, pero su hermano al retuvo. Emmet presenciaba ocultando su diversión a la pequeña batalla dialéctica que mantenían los dos. No iba a permitir que le faltase el respeto a su hermana, pero por el momento ambos estaban a la par.
Edward la observó de arriba abajo; descalza, despeinada y con la herida en la cabeza parecía cualquier cosa menos la hija de un laird. El que el bajo de su vestido se hubiese roto al pisarlo tampoco ayudaba a mejorar su aspecto y mucho menos que el lazo que debía ajustar la prenda a su cuerpo estuviese deshecho por lo que no desaprovechó la oportunidad de avergonzarla. Esa muchachita tenía una lengua viperina. No había ni astro del dulce candor del que todo el mucho hablaba.
—Espero que no reciba a todas sus visitas de esa planta; descalza, despeinada y a medio vestir. Sin duda, las mujeres en Swan son diferentes.
La vergüenza e incomodidad se hicieron patentasen su rostro haciendo que Edward sonriese triunfal.
Emmet, consciente de que esa situación estaba a punto de rebasar los límites de la diversión, iba a reprocharle sus palabras, pero su hermana se le adelantó.
Elevando la cabeza en un gesto altivo y desafiante, Isabella se apresuró a responder.
—Si hubiese sabido que se trataba de vos, me hubiese vestido a conciencia para la ocasión. De hecho, he arreglado especialmente uno de los vestidos que utilice durante el duelo por la muerte de mi madre para cuando le conociese. Creo era lo más indicado ya que nuestra unión es como firmar una sentencia de muerte. Vivir a su lado, será como estar en un luto perpetuo.
—¡Ya está bien, Bella!¡Tú no eres así! —La reprendió Emmet.
—No, pero por lo visto mi futuro esposo tiene la capacidad de sacar lo peor de mí. —Afirmó sin apartar la mirada de él.
Tanto Jacob como Mike y Newton tuvieron que contener la risa ante la mordaz respuesta. Ni siquiera el propio Edward pudo contener una ligera e involuntaria sonrisa
—Me alegra saber que ambos compartimos la misma ilusión ante la situación. Nuestro enlace será una condena para ambos. Creí, que aun siendo hija de Swan, al menos me desposaría con una mujer educada y correcta, pero veo que lo que voy a recibir va a ser a una chiquilla insolente, consentida y mimada.
—¡Se acabó! ¡No toleraré estas faltas de respeto!¡Dejemos esta conversación aquí! —Intervino el hijo de Swan. No entendía el comportamiento de su hermana, pero era normal que, ante su descaro, Cullen respondiese a sus ataques. Aun así, no podía tolerar que aquel despropósito de encuentro llegase a más— Esta noche en la cena podremos conversar más tranquilamente. Será mejor que vuelvas a tus aposentos, Isabella
Bella fulminó a su hermano con la mirada. Odiaba que la tratase como a una niña pequeña. Si pretendía mantenerse fuerte en frente de ese hombre, su hermano, con esa orden, acababa de darle la razón a Cullen. Era una jovencita sometida a las órdenes de su padre y su hermano, una mujercita desvalida a la que debían decirle que hacer.
—Por supuesto, iré a prepararme. —Aceptó con resignación. Pero no pudo controlar el comentario mordaz e irónico que salió de su boca— No quiero que mi futuro esposo se sienta decepcionado.
Isabella se marchó airada sin siquiera esperar una respuesta dejando a todos allí parados.
—Las mujeres son mujeres independientemente del clan al que pertenezcan. —A veces no hay quien las entienda. Mi hermana no suele comportarse así. —Intentó justificarla Emmet—Espero que puedan descansar. Nos veremos en unas horas.
El hijo de Swan se marchó y Edward, furioso, entró en la primera habitación que encontró acompañado por sus hombres.
—¿Qué ha pasado ahí? —Quiso saber Jacob.
—Nada.
—¿Nada? —Casi devoras con la mirada a esa muchacha cuando la has ayudado a levantar y lo de después…. Lo de después aún estoy intentando encontrarle una explicación em mi cabeza.
—Menos mal que Emmet estaba demasiado ocupado con su hijo y no se ha percatado de como la desnudabas con la mirada, si no te hubiese sacado los ojos. —Añadió Jasper.
—¡Bobadas! Estáis exagerando. Esa niña…. Es… ¡Un demonio! ¡Aquellos que hablan tan bien de ella de seguro no la conocen! ¡O sí, pero no se atreven a decírselo a su laird!
Edward aún sentía su corazón latir fuerte contra su pecho. La hija de Swan había conseguido sacarle de sus casillas en apenas unos minutos. Odiaba perder el control y esa…niña, casi lo había logrado.
—Así que te ha impresionado. —Sonrió Newton, pues jamás habia visto a Edward así.
—¿Impresionado, dices?¡ Lo único que me ha impresionado de ella es su impertinencia! ¡Su insensatez! ¡Es una maleducada! —Bramaba caminado de un lado a otro—. Pero no sé porque me extraño, siendo hija de quien es, no sé qué esperaba encontrarme.
Desde luego no a esa belleza.
Escuchó decir a su voz interior para disgusto de sí mismo mientras rememoraba la electricidad que recorrió sus dedos al tocar su piel.
Jamás había sentido algo igual. Era como si algo en su interior se hubiese despertado. Esos enormes ojos que le miran intrigados y su expresión de inocencia le habían impactado. Pero toda la inocencia de su aspecto perdió valor en cuanto abrió laboca.
—Es toda una belleza. —Confesó Jacob observando la inquietud de su amigo.
—¡Una bruja! ¡Eso es lo que es! —Respondió Edward furioso consigo mismo por haberse dejado impresionar tanto por la hija de Swan— ¿Por qué diablos le has ofrecido ese pañuelo? ¿Desde cuándo ayudamos al enemigo?
—¿Enemigo, Edward? ¿De verdad? Esa chiquilla tiene menos peligro que mi difunta abuela. Además, ¿Qué querías que hiciera? ¡La pobre se ha partido la cara contra el suelo! No te inquietes, no tengo ningún interés en tu futura esposa.
Edward fulminó a Jacob con la mirada.
Sorpresa, a eso se debía su inquietud. En su fuero interno esperaba encontrarse a una muchacha normal, no a esa carita de ángel y melena marrón con lengua de diablo.
—Es demasiado guapa para su propio bien, aunque algo patosa. —Habló Newton— Los rumores sobre su belleza eran ciertos...
—Al menos no tendrás que apagar la luz cuando vayas a yacer con ella.
Al ver la mirada furiosa de Edward, Jacob alzó la mano en señal de la paz excusándose por su comentario.
—¡Vale, vale! Lo he entendido. Te dejaremos solo para que te calmes. Creo que la cena de esta noche va a ser muy interesante.
En el ala opuesta del castillo, Isabella se limpiaba la herida frente al espejo de su tocador cuando su cuñada Rosalie, entró gritando en sus aposentos.
—¡Bella! ¿Cómo es? ¿Qué te ha parecido? —Preguntó emocionada tomándola de los hombres y conduciéndola hacia la cama para sentarse y poder hablar.
—¡Oh, gracias, Rose! —Ironizó al ver que a Rosalie le interesaba más cotillear que el posible daño que hubiese sufrido— Me encuentro bien. ¡Gracias por preguntar! La herida es pequeña y superficial, me duele la cabeza, pero se me pasará.
—¡Oh, vamos! Ya sabía que no era para tanto, se lo he preguntado a tu hermano. Quien, por cierto, está muy enfadado. Ha castigado a Charlie durante una semana. Aunque creo que su enfado, no se debe solo a las travesuras de nuestro hijo.
—¡Oh, pobre...! Hablaré con mi hermano y…
—¡No cambies de tema! Emmet me ha contado que te encontraste con Sir Edward y que por lo visto entre vosotros estalló la guerra. ¿Qué tal? ¿Cómo es? ¿Y por qué le hablaste así? —Preguntó interesada.
—¡Un idiota!¡Un maleducado! ¡Eso es lo que es! —Se quejó Bella sin ocultar su malestar. Recordando lo acontecido, se sentía avergonzada consigo misma. Jamás se había comportado así con nadie. Pero ese hombre….
—¿De verdad? —Rosalie no salía de su asombro
—Es tan altanero y arrogante. Se cree tan superior y tan…tan… ¡Ufff!
—Pero... ¿Por qué dices eso?
Cuando me caí, intentó ayudarme. Se mostró preocupado y ate to pero en cuanto supo quién era se apartó de mí como si fuese un demonio.
¿De verdad?
—Ese hombre despiadado. ¡Frío como un tempano de hielo! Me dijo cosas horribles
—¡Te faltó el respeto! No creo que Emmet lo permitiera.
—No, bueno…Yo tampoco fui muy agradable con él.
—¿Y su aspecto? ¿Es tan guapo como dicen?
—¿Guapo! Si te gusta la belleza vulgar…No está mal —Respondió fingiendo indiferencia.
Estaba mintiendo a su cuñada, y lo peor de todo es que se estaba mintiendo a ella misma. Si Edward Cullen era atractivo, varonil…Su melena salvaje y sus ojos verdes le habían impactado. Era hermoso, fuerte y y su barba desaliñada le hacía parecer tentador.
—¡Estas ruborizada!¡Me estás mintiendo! —Le acusó su cuñada.
—¡No digas bobadas! Puede que no haya sido del todo justa con su descripción, pero mi rubor no se debe a eso, es por el golpe y además, tengo calor…
—Sí, claro. Calor cuando el invierno se está acercando... —Sonrió Rosalie quitándole el pañuelo y mojándolo en la jofaina con agua que había en su habitación— Déjame que termine de curarte esa herida y te ayude a prepararte para la cena. Vamos a hacer que ese Cullen se quede impresionado al verte.
—No quiero impresionarle.
—Pero puedes hacer que se arrepienta de sus palabras, de cómo te trató
—¿Cómo? —Se interesó bella, pues la idea de que Swan se tragase sus palabras no le disgustaba del todo
—Puede que su primera impresión sobre ti no haya sido la mejor, pero vamos a demostrarle por qué te llaman el tesoro de Swan. —Sonrió Rosalie malévolamente.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Pues parece que el encuentro ha sido…interesante.
Ambos han quedado impresionados, y parece que Bella hará que Edward se trague sus palabras.
Veremos que pasa en el próximo capítulo.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Espero ansiosa leer vuestros comentarios.
Nos leemos el martes en Facebook en el grupo de Elite Fanfiction y el viernes en el nuevo capítulo.
Saludos.
Nos seguimos leyendo
