CAPÍTULO 6
En el salón de Swan estaba todo dispuesto para la cena. La tensión podía palparse en el ambiente. La guardia de Charles Swan al completo acompañada por algunas de sus esposas asistían a aquella reunión. Ni siquiera podía llamarlo celebración, porque no había ningún motivo para celebrar nada.
Edward junto a Jacob, Jasper y Newton entraron en la estancia con la cabeza bien alta, demostrando así que no se sentían intimidados, aunque estuviesen rodeados de gente que no le mostraban ningún aprecio.
Una ola de murmullos, sobre todo femeninos empezó a recorrer la sala a medida que ellos avanzaban. Ataviados con el kilt típico escocés y el tartán con los colores del clan Cullen cruzado sobre su pecho, los cuatro hombres eran un espectáculo digno de ver.
Edward avanzaba un paso adelantado. La tela a cuadros amarillos, azules y grises rodeaba su formido pecho sobre una camisa blanca. Había decidido recogerse la melena en una coleta y perfilado su barba adecentándose para la ocasión.
—Espero que hayáis podido descansar algo después del viaje. —Habló Swan.
—Estamos acostumbrados a realizar trayectos más duros, pero ha sido agradable poder refrescarnos.
—Eso está bien. Podéis tomar asiento, mi hija se reunirá con nosotros enseguida.
—Espero que esta vez no acuda descalza. —Habló en tono socarrón.
—¿Cómo dice?
—Padre, —Intervino Emmet dirigiendo una molesta mirada hacia Edward— Isabella y Cullen se encontraron de casualidad esta tarde.
—Decir que nos encontramos difiere mucho de lo que en realidad ocurrió….Podríamos decir que su hija se lanzó a besar el suelo por el que camino.
—¡Como se atreve! ¡Voy a cortarle la lengua ...! —Bramó Swan golpeando la mesa intentando levantarse.
—Padre, todo tiene una explicación. ¡Cálmese! —Pidió Emmet— Bella tuvo un pequeño accidente. Tropezó y cayó al suelo delante de nosotros. Ya sabes lo travieso que es Charlie. El niño le quito los zapatos, Bella corrió detrás de él y tropezó. Ya he castigado al niño por ello.
—Castigo que me parece injusto, por cierto.
La voz de Isabella se abrió paso entre ellos que, sumidos en la conversación no se habían percatado de su llegada ni de la de Rosalie.
Si el primer encuentro impactó a Edward por lo descuidado de su aspecto, este le marcó por todo lo contrario. La hija de Swan parecía un hada del bosque que invitaba al pecado.
Llevaba el pelo recogido en un moño bajo, coronado por una diadema formada por un doble cordón dorado. El tono crema de su piel contrastaba con el verde oscuro de su vestido de terciopelo, que se ceñía a su cintura y cuyo escote cuadrado aprisionaba sus pechos que parecían luchar por liberarse. La sobre falda se abría al frente, dejando al descubierto otra parte del vestido en un tono verde más claro y con bordados dorados que iban acorde con el adorno del cabello.
Edward se encogió al sentir un tirón en su entrepierna cuando fijó la vista en los la labios de Isabella, unos labios finos y suaves que tenían el color de las fresas. De sólo imaginar esa boca alrededor de su miembro... Sacudió rápidamente la cabeza para deshacerse de esa imagen en sus pensamientos.
Isabella Swan le miraba fijamente, sonriendo altiva como si no quisiese dejarse intimidar. La mujer que tenía frente a él era completamente distinta a la jovencita que horas atrás apareció descalza y despeinada tirada en el suelo. Isabella Swan a sus dieciocho años tenía la mezcla perfecta que combinaba la dulzura de una niña y la picardía de una mujer.
—Charlie es tu debilidad. Ningún castigo te parece justo para él. —Intervino Emmet—. Pero la herida de tu frente bien merece una reprimenda.
—Vamos, hermano. No queremos que el señor Cullen piense que somos unos tiranos con los niños.
La referencia a su nombre le introdujo de nuevo en la conversación.
—Un castigo a tiempo puede servir de ayuda en un futuro. A los niños hay que enseñarles donde están los límites del juego.
—Y sin duda vos estaríais encantado de emplear mano dura. —Señaló Isabella.
—Si es necesario, sí. Veo que, a pesar de la herida, vuestro aspecto ha mejorado.
La joven Swan lucía una pequeña línea rosada en la parte derecha de su frente como consecuencia del incidente de la tarde, aún así, ese pequeño rasguño, le daba un toque de vulnerabilidad que, ante los ojos de cualquier hombre, hacía despertar las ganas de abrazarla y cobijarla entre sus brazos.
—¡Ojalá pudiese decir lo mismo de vos!
Edward sonrió ante su comentario. Sin duda, la vulnerabilidad que le aportaba la pequeña herida, quedaba relegada a un segundo plano en cuanto abría la boca y su sádica lengua empezaba a moverse.
—Algunos no necesitamos arreglarnos en demasía para llamar la a atención.
—Le aseguro Cullen, que mi hija no necesita llamar la atención de nadie. Por lo Intervino Swan dispuesto a cortar la disputa dialéctica en la que ambos se habían enzarzado— Por lo que veo no es necesario hacer las presentaciones.
—Vuestra hija ya se presentó esta tarde. Al parecer es muy impaciente.
—En todo, no le quepa duda. —Habló Isabella interrumpiendo la respuesta que iba a dar su padre— Y es esa impaciencia la que me está haciendo desear que esta velada acabe cuanto antes.
—Pues permitidme que le explique que va a tener que aprender a tomarse las cosas con calma porque os esperan muchos años a mi lado.
Ese comentario dibujó una mueca de desagrado en el rostro de ella. Un pequeño gesto que sirvió de triunfo ante Cullen, pues había conseguido molestar a esa pequeña impertinente.
—Para desgracia de ambos. —Intervino Swan— Dejemos esta lucha de titanes y tomemos asiento. Intentemos al menos disfrutar de la cena.
—Laird, discúlpeme, pero necesito que me acompañe. Hay algo que requiere su presencia. —Les interrumpió Bill.
—¿Y ahora que ha ocurrido? —Se quejó Charles— Emmet acompáñame. —Ordenó para después volverse a sus invitados—Espero que aprovechéis estos minutos para hablar tranquilamente.
—¿Hablar? Creo que Lady Swan sólo sabe lanzar dardos envenenados por esa boquita.
—Igual es que me estoy enfrentando a una víbora. —Respondió Isabella.
—¡Oh Lady Swan! No soy una víbora, el animal que más se me asemeja es el león, es más, en alguna ocasión me han llegado a decir que soy una fiera, aunque prefiero no revelar en las circunstancias en las que se hicieron esas declaraciones pues probablemente os escandalizaríais.
Isabella sintió como su cara ardía por el rubor y escuchó el jadeo de su cuñada detrás de ella.
—¡Seréis desvergonzado! ¿Cómo os atrevéis a hacer ese tipo de insinuaciones?
—Sólo le he aclarado a que tipo de animal me asemejo. Una simple corrección a su atrevido y maleducado comentario.
—Pues a ver cómo respondéis a este; Decidme de lo que presumís y os diré de lo que carecéis. ¡Vamos Rosalie!
Bella se alejó de allí indignada acompañada por su cuñada que intentaba contener la risa.
—Vaya, vaya. Esa mujer tiene carácter. Te compadezco hermano. No va a ser fácil domarla. —Le dijo Jacob palmeando su espalda.
—Eso ya lo veremos... Puede que disfrute enseñando a esa fierecilla algo de respeto. —Sonrió traviesamente.
—Te gusta, ¿Verdad? No hay nada más que mirarla, es muy hermosa
—¡No digas estupideces! —Negó rápidamente— Me gusta el reto que supone bajarle los humos. —Aclaró Edward obviando las palabras de su amigo— Al menos voy a divertirme un poco.
—¿Crees que lo lograrás? —Preguntó Jasper mirando a Jacob y Newton.
—No lo dudes. Ahora está segura porque está aquí, en su casa. Pero ya veremos cuando lleguemos a Cullen. Estoy seguro de que esa…florecilla salvaje se va a convertir en un pajarillo asustado.
—¿Y si no es así? —Newton no estaba tan seguro como Edward.
—Si no es así, yo me encargaré de solucionarlo.
Charles volvió acompañado por su hijo y se unieron a los demás. La cena transcurrió de manera tranquila en cuanto Swan volvió. La mayoría fueron conversaciones banales sobre el tiempo y la situación de Cayo en el campo de batalla. Por el bien de todos intentaron no tocar temas delicados entre ellos. No volvió a intercambiar ninguna palabra con Lady Isabella Swan, aunque sí la buscó con la mirada, pero en cuanto sus ojos se cruzaban ella los apartaba rápidamente.
En cuanto termino la cena, Swan junto a su hijo y Emmet con sus hombres se reunieron en el despacho del laird.
Durante la cena, Charlie le había transmitido su deseo de reunirse con él y Edward estaba ansioso por saber qué era eso que Swan tenía que decirle.
Swan se quitó el tartán que llevaba anudado a su pecho con los colores de clan y se sentó frente a Edward en su despacho. Una sala de fría piedra, que aún así se mantenía caldeada por las dos chimeneas que llameaban para darles calor.
—Quiero que sepáis que en estos momentos estoy reunido con vos como padre y no como laird de Swan. Si mi hijo y sus hombres están aquí, es en calidad de testigos de lo que a continuación vamos a hablar.
—No os entiendo... —habló confundido Cullen viendo como Swan tragaba saliva y apretaba el puente de su nariz en señal de cansancio.
—He aceptado con resignación el tener que entregaros a mi hija. Isabella vale para mí más que mis tierras, más que todas mis posesiones. La felicidad de mis hijos es lo más valioso que tengo. Le prometí a mi difunta esposa que procuraría su bienestar y es lo que pretendo hacer.
—Hablad claro —Pidió Edward confundido.
Charles abrió el cajón de su escritorio y sacó unos documentos que deslizó sobre la mesa hasta hacérselos llegar a Edward.
Intrigado, tomó los papeles que él laird le ofrecía y al leer lo que ponía no pudo ocultar su sorpresa.
—¿Esto es lo que creo que es?
—Las escrituras del terreno que vuestro tío Anthony perdió.
—¿Y para que me lo enseñáis? ¿Osáis regodearos de ello?
—No, no es ninguna afrenta, quiero hacer un trato con vos. Esas tierras serán vuestras a cambio de que me prometáis una sola cosa.
—¿El qué? —Preguntó intrigado.
—Quiero que hagáis a mi hija feliz. —Al ver que Edward se disponía a hablar Charlie le cortó— No os estoy pidiendo que os enamoréis de ella. Sé que los sentimientos no se pueden forzar, pero quiero que la cuidéis, protejáis e intentéis tener una convivencia amable con ella. Sé cuáles serán sus obligaciones como esposa, y también sé que aún casado vos podréis tener ciertas libertades, pero me gustaría que vieseis a mi hija como una compañera de vida, que al fin y al cabo es lo que será. Podéis tratarla como una amiga. Si os tomáis tiempo para conocerla veréis que Bella es una caja de sorpresas. Ahora está enfada porque la noticia del enlace le ha sorprendido, como a todos, pero os prometo que no encontraréis un alma más pura y buena que la suya en toda Escocia.
—Me temo que su hija no va a ponerme las cosas fáciles, Swan.
—Tendréis que tener paciencia. Yo os doy algo que codiciáis y vos procuráis mi paz mental al saber que mi hija estará bien. ¿Aceptáis?
—¿Cuál es la trampa?
—No hay trampa, no cuando se trata de algo tan importante como el bienestar de Bella.
—¿Y ya está? ¿Así de fácil? No me lo creo.
Edward estaba receloso. Durante todo su viaje a Swan había pensado en cómo plantear el tema a Swan y ahora, de la manera más fácil se lo cedía.
—Leed el documento, que lo vean vuestros hombres. Ellos son testigos de mis palabras al igual que mi hijo. No hay engaño ni ningún interés oculto. ¿Aceptáis?
Edward leyó el documento que Swan le ofreció, se lo cedió a Jacob y este se lo pasó a Newton y Hale. Todo estaba en orden.
—Acepto. —Respondió firmando— Esas tierras vuelven a manos de sus legítimos dueños, de donde nunca debieron salir.
—Eso tendríais que hablarlo con vuestro difunto tío. Os aseguro que yo nunca robé nada. Espero que cumpláis con vuestra palabra, por mi parte prometo cumplir la mía.
Swan le tendió la mano en señal de paz gesto que Edward correspondió apretando la fuertemente.
—Mañana os acompañaremos para que veáis el estado en el que se encuentran esas tierras. Las hemos cuidado durante todos estos años. Tened claro que sois vos quien salís ganando. Ganáis a una esposa y lo que tanto ansiáis mientras que yo pierdo a una parte de mi vida. Pasad buenas noches.
Swan se marchó acompañado por su hijo dejándolos allí parados.
—Este hombre es una incógnita. Jamás pensé que fuese así. —Habló Jacob.
—No te confíes, el tiempo nos dará la razón. Veremos si cumple su palabra.
—¿Y tú? ¿Cumplirás la tuya?
—Ya veremos... —Respondió entregándole los documentos—- Guardad esto a buen recaudo, iré a tomar un poco el aire.
Edward necesitaba respirar. Su encuentro con Swan le había descolocado. El hombre que tuvo frente a él minutos atrás no tenía nada que ver con el avaro y sin escrúpulos que durante años describió su padre. Era un hombre que se preocupaba por su hija, y que estaba dispuesto a anteponer el bienestar de los suyos ante sus riquezas.
Todo era demasiado extraño. La situación le estaba superando. Por eso mismo no se había permitido pensar en Isabella. Esa mujer estaba despertando en él algo que desconocía por eso mismo prefería mantener sus pensamientos sobre ella encerrados bajo llave.
Se dirigió hasta los establos. Era de noche por lo que no saldría a montar, pero estar con su caballo siempre le tranquilizaba. Una voz de mujer le hizo detenerse.
—¡Vamos, Volterra! ¡No me hagas esto! ¡Muévete o nos descubrirán!
—Esa voz... —Murmuró para sí mismo dirigiéndose hasta el lugar de donde provenía el sonido.
La mujer iba ataviada con una capa oscura que mantenía su rostro oculto, pero su voz, aún en susurro, era inconfundible.
—¡Tenemos que marcharnos antes de que se den cuenta! ¡Vamos, amiga!
La mujer intentaba tirar de las riendas del caballo, pero el animal se resistía. Era una persona menuda, con unas manos blancas, un tono de piel demasiado familiar para él a pesar de haberlo visto en tan solo dos ocasiones.
Edward observó la imagen y al ver el bulto anudado a lomos del caballo comprendió lo que estaba a punto de pasar.
Su prometida quería escapar. Abandonar Swan y abandonarlo a él. Pero estaba equivocada si pensaba que iba a permitirlo. Sigilosamente se acercó hasta ella que continuaba demasiado concentrada en convencer al animal para que se moviese.
—¡Volterra! ¡Nos tenemos que ir!
—¿Y hacia dónde se supone que vais, mi Lady? —Preguntó Edward tomándola del brazo y haciéndola girar hasta quedar frente a él.
Los ojos de Isabella se abrieron ante la sorpresa y no pudo retener el grito asustado que salió de su boca. Le habían descubierto y Edward estaba allí. Mirándola fijamente con una sonrisa burlona en su boca. Esperando una respuesta.
Bella no sabía cómo iba a salir de esa situación. Su temor a ser descubierta se había hecho realidad y ahora... Debería enfrentarse a las consecuencias.
¡Hola a todos! Pues parece que Bella no está dispuesta a casarse y menos después de la turbulenta cena junto a su prometido.
¿Qué os está pareciendo la historia?
¿Escapará Isabella o la retendrá Edward?
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Espero ansiosa vuestros comentarios.
Nos leemos cada martes en el adelanto que se publicará en el grupo de Facebook Elite Fanfiction y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
