CAPÍTULO 10
Edward observo como su esposa se removia en el lecho cubierta por las mantas de lana.
Había vuelto al dormitorio un par de horas después de abandonarlo, justo el tiempo necesario para calmarse y aclarar sus ideas.
Lo ocurrido entre aquellas paredes se debía a su necesidad como hombre y su honor como laird. Un cumplimiento de un mandato del maldito Aro, nada más. O al menos, intentaba convencerse de eso.
Había que estar ciego para negar que Isabella era hermosa, si vestida deslumbraba, desnuda era una tentación. Eso, unido a su tacto por no querer herirla durante su primer contacto íntimo era lo que le había empujado a actuar así. Él era dueño de su voluntad, Isabella Swan no tenía poder sobre él, o al menos eso se repetía una y otra, quizás a base de recordárselo d manera continua, acabaría por creérselo.
Cuando volvió, evitó yacer a su lado en la cama, pues no estaba seguro de poder controlarse si su cuerpo le rozaba, por eso, decidió descansar en el jergón que había en una esquina de la estancia.
Estaba acostumbrado a dormir poco tiempo por lo que el amanecer le despertó haciendo que se vistiese a la espera de que Isabella despertase, cosa que, al parecer, ocurriría en unos instantes, ya que empezaba a removerse.
Isabella abrió los ojos lentamente y se estiró en la cama sintiendo una pequeña punzada de dolor en sus partes íntimas, lo que le hizo ser consciente de todo lo acontecido en las últimas horas.
Se había entregado a Edward, un desconocido y su esposo. Un esposo que había abandonado su cama en cuanto había cumplido con su deber, pero... ¿Qué esperaba?
Cuando le vio abandonar la habitación de quedó sentada esperando su regreso, ¿Habría hecho algo mal? ¿Le habría molestado de alguna manera? Sin embargo, el sueño y cansancio la venció y sin darse cuenta se quedó dormida. Extendió la mano y tocó el lado vacío del lecho; estaba frío. ¿Dónde habría dormido?
—¿Piensas quedarte mucho más tiempo holgazaneando en la cama?
—¡Ahhh! —Gritó asustada incorporándose al escuchar la voz fría y seria de Edward.
—¿Qué... haces ahí? ¿Cuándo has vuelto?
—Eso no importa. —Respondió con voz fría.
Despeinada y envuelta en las mantas medio desnuda estaba preciosa, y su cuerpo estaba reaccionando. Su miembro pulsaba por volver a hacerla suya.
—Me urge volver a Cullen, será mejor que te apresures a vestirte. Nos marcharemos en breve. —Le informó centrando su mirada en el ventanal.
—¿Edward? —Preguntó contrariado por su actitud. El hombre que tenía frente a ella no tenía nada que ver con el que le habló y calmó la noche anterior— ¿Estás enfadado? ¿Yo he hecho…?
—¡Buenos días, mi Lady! ¡Ahhhhh! ¡Discúlpenme! —Gritó Heidi, una de las doncellas que había irrumpido en la habitación y que totalmente sonrosada miraba hacia el suelo nerviosa.
—¿Siempre entráis sin llamar a la puerta? ¿Qué clase de servicio sois? —Bramó furioso.
—Yo... Lo siento, mi-milor... Es la costumbre...
—Heidi siempre entra sin llamar porque normalmente yo ya estoy preparada, pero hoy... Me he demorado. —Explicó Isabella fulminándole con la mirada por su grosería—. Tranquila, Heidi, no hay problema.
—Milady, el rey... solicita ver las pruebas de... —Nerviosa, señaló con la cabeza la cama.
—Decidle al rey que en cuanto la señora esté lista podrá ver con sus propios ojos que se han llevado a cabo sus requerimientos. —Ordenó Edward dirigiéndose a la puerta no sin antes volver a hablarle a Bella—. Te espero abajo, no te demores. Como ves, todos tenemos prisa.
Isabella observó como el cuerpo de Edward desaparecía detrás de la puerta. No entendía que había ocurrido, si ella hizo anoche algo que le incomodó fue sin querer. No sabía qué hacer, ni cómo actuar. Sólo se dejó llevar por las palabras de él, pero al parecer... Lo que ocurrió entre esas mantas había sido solo una tregua. La ley de hielo había vuelto.
—¿Milady? —Preguntó Heidi— ¿La ayudo a vestirse?
—Sí, no queremos que el rey se impaciente. —Respondió sin ocultar su sarcasmo.
Si desnudarse, aún a oscuras frente a Edward la incomodó, que un extraño violase su intimidad para asegurarse de la prueba de su virginidad rota no lo era menos.
Con el pelo trenzado, y un grueso vestido de lana azul marino, bajó al gran salón donde su hermano y su esposa con los niños le estaban esperando.
Saludó a todos cariñosamente y se detuvo un par de minutos con su cuñada que le susurró en el odio antes de soltarla
—¿Todo bien? —Preguntó refiriéndose a la noche de bodas.
—Sinceramente, no lo sé. —Confesó separándose de ella.
Rosalie le pidió más explicaciones con la mirada, pero Isabella negó con la cabeza restándole importancia.
Unos pasos bajando las escaleras le hizo voltear para ver que ocurría: El monarca junto a su consejero bajaba por ellas acompañado de su padre, Edward y sus hombres.
—Mi labor aquí ha finalizado. —Habló dirigiéndose a los recién casados— Deseo que el nuevo camino que habéis iniciado al lado de vuestro esposo sea feliz para ambos y vuestra progenie.
—Que así sea, mi señor. —Agradeció ella de manera forzada.
—Debo volver, me espera un camino largo. Gracias por vuestra amabilidad, Charlie.
—De nada, alteza.
—Edward... Traslada mis mejores deseos a vuestro padre. Espero que la próxima vez, contemos con su presencia.
—Y yo.
El rey Aro se marchó llevándose con el él toda la pompa y boato propia de su corte.
—Iré a comprobar que todo esté listo para marcharnos. —Habló Edward mirando directamente a Isabella— Te daré unos minutos para que puedas despedirte de tu familia.
El temido momento para ella había llegado, debía marcharse.
—Hermana, espero que tengas un buen viaje. Escríbenos. —Pidió Emmet abrazándola y besando su mejilla cariñosamente.
—Gracias, Emmet.
—Bella... —Sollozó Rosalie con la pequeña Lilly en brazos—. Ojalá seas muy feliz.
—¡Te voy a echar tanto de menos! —Se despidió besando la cabecita rubia del bebé—. ¡Y a ti pequeña, también!
—Tía... ¿No vas a volver? —Lloró su pequeño sobrino.
—¡Oh, claro qué si! —Intentó calmarle sintiendo como su corazón se encogía el ver las lágrimas en el rostro del pequeño Charlie— Vendré a visitaros en cuanto pueda. Pórtate bien y obedece a tus padres. ¿Vale?
—Vale. —Aceptó limpiándose las lágrimas con sus manitas
Isabella se acercó hasta su padre que permanecía apartado.
—Padre... —La voz de Isabella se quebró al dirigirse a su progenitor
—Aquí, no... Yo... Te acompaño fuera. —Pidió emocionado Charlie tomándola de la mano.
Salieron del salón y vio como los hombres de Edward estaban subidos a sus caballos custodiando el carro donde se guardaban sus pertenencias mientras que Edward ajustaba las riendas de su animal. Su yegua estaba allí, perfectamente ensillada y tranquila.
—Padre...
—Hija mía, cuídate —Habló emocionado sosteniendo el rostro de su hija entre las manos—. Escribe cuando llegues y si ese hombre no cumple con la palabra que me dio házmelo saber y yo mismo le mataré con mis manos. ¿Me lo prometes?
—Lo prometo. —Rompió a llorar
Charles abrazo a su pequeña sin poder contener las lágrimas.
—Ve con tu esposo, te está esperando.
Isabella bajó las escaleras limpiando se las lágrimas y llegó hasta donde se encontraba Edward sosteniendo las tiendas de Volterra. Él ni siquiera la miró, parecía un temprano de hielo.
—¿Me permites? —Preguntó indicándole que se apartase para poder subir al animal.
—Puedes viajar en el carro si estás incómoda. —Le ofreció Edward, pues sospechaba que podía encontrarse algo dolorida después de lo acontecido anoche.
—Cabalgaré, gracias. —Isabella abandonó su intento de ser amable con él y pasó a tratarle con la misma indiferencia con la que ella recibía. Decidida, subió a su yegua rechazando la mano que su esposo le ofreció para ayudarla.
—Espero que cumpla su palabra, Cullen. —Amenazó Charlie.
—Lo haré.
Edward subió a su caballo y se despidió de Swan con un asentimiento de cabeza.
Isabella miró de nuevo a su familia. Su cuñada estaba emocionada y su pequeño sobrino lloraba abrazado a su padre. Charlie intentaba contener las lágrimas para no hacerle más difícil la despedida.
Guardando esa imagen en su retina, cerró los ojos si poder evitar que las lágrimas escapasen de ellos. Azuzó a su yegua y emprendieron el rumbo hacia Cullen dejando atrás Swan, a su familia y las gentes que se habían congregado para despedirla. Ahora sí, ponía rumbo hacia su nueva vida.
ὠὠὠ
Llevaban varias horas cabalgando. Se encontraban atravesando el bosque a paso ligero. Jacob y Edward lideraban el pequeño grupo, seguidos por Jasper y Bella, que iba algo más rezagada. Newton había enganchado su caballo al carro y lo conducía en la retaguardia.
Desde que abandonaron Swan, Edward no le había dirigido la palabra, ni siquiera le dedicó ni una sola mirada. Isabella no dejaba de darle vueltas en su cabeza a todo lo ocurrido la noche anterior para intentar encontrar una explicación a ese cambio de actitud.
—¿Se encuentra bien?
La voz de Jasper le hizo abandonar sus pensamientos.
—Sí. —Respondió dedicándole una tímida sonrisa.
—Si está cansada podemos parar, solo tiene que decirlo.
—Estoy bien, de verdad.
—Imagino que no debe ser fácil para vos alejaros de vuestra familia. —Habló Jasper intentando darle un poco de conversación.
—Imagináis bien. Abandonar Swan es lo más duro que he hecho en mi vida.
—Cullen os gustará, es un lugar tranquilo, y sus gentes son abiertas y amables.
¿Incluso son una Swan? —Preguntó escéptica.
—Sobre todo con una Swan que es la mujer de su futuro laird. —Intentó infundirle algo de calma con sus palabras.
—Permitidme que lo dude. La gente de Swan también es noble y tengo entendido que os recibieron con un montón de estiércol, imaginaos lo que me espera a mi...
—No creo que ocurra algo por el estilo, y si así es, deberéis tomarlo con humor como hicimos nosotros.
—¡Oh, si yo tengo mucho sentido del humor!,—Exclamó sintiendo que tenía una pequeña arma a favor suyo para ganarse a las gentes de su nuevo clan— Se me da bien hacer reír a la gente.
—¿De verdad? —Preguntó Jasper intrigado.
—¿Queréis oír una?
—Por supuesto, soy todo oídos.
—A ver que se me ocurre… ¡Ah, ya sé! ¿Cómo maldice un pollo a otro?
Jasper la miró expectante y atento a lo que iba a decir.
—No se m ocurre ninguna respuesta.
—¡En caldo te convertirás! —Exclamó Bella como si de verdad estuviese maldiciendo.
Jasper no pudo evitar reír ante su imitación y por lo malo de la broma.
—¡Es horrible! —Confesó negando con la cabeza ante tal ocurrencia.
—Lo sé, pero a mí sobrino le encantaba... —Afirmó sin poder ocultar su tristeza al recordar al pequeño.
Las risas de ambos fueron interrumpidas por la llegada de Edward.
—Jasper, será mejor que ayudes a Newton con el carro, parece que está teniendo problemas.
Los tres miraron hacia atrás, donde observaron como sentado en la banqueta, Mike peleaba con las riendas del caballo intentando enderezar la dirección.
—¡Déjale que sufra! —Bromeó Jasper.
—Es una orden. —Afirmó en tono serio dedicándole una mirada heladora dejando claro que no admitía ni discusión ni bromas.
Esas tres palabras, junto a la mirada que le dirigió bastaron para que Jasper entendiese lo que estaba ocurriendo: a Edward no le agradaba que él estuviese compartiendo risas con su esposa.
—Está bien. —Aceptó dirigiéndose hacia el carro
—¡Soooo!¡Soooo caballo! —Gritaba Mike peleando con las riendas.
—¡Newton, enderézalo! —Jasper intentaba ayudarle, pero el animal no obedecía.
Jasper viendo cómo el carro se dirigía hacia la cuneta, intentó avanzar rápido hacia él, pero fue demasiado tarde. La rueda encalló haciendo que el carro quedase inclinado sobre la cuneta haciendo que Newton saliese despedido hacia el suelo.
—¡Oh, Dios! —Gritó Bella asustada.
—Newton, ¿Estás bien? —Preguntó Edward cuando llego a su lado, bajando del caballo y ayudándole a levantarse.
—Sí, solo me duele el trasero. —Se quejó frotándose la zona dolorida—¡Maldito trasto!
—¿Qué ha ocurrido?
—Creo que la rueda andaba mal y el caballo se encabritó, intenté hacerme con el control, pero no pude.
—¿Por qué no avisaste de que tenías problemas? —Preguntó Jasper.
—Si en lugar de andar parloteando hubieses estado a su lado esto no habría ocurrido. —Le reprendió Edward
—Yo...
—Edward, no es su culpa, creí que podría solucionarlo sin ayuda. —Explicó Mike extrañado por la actitud de él. Edward no solía hablarles de esa manera.
—Ahora eso da igual. Pararemos e intentaremos solucionarlo. —Espoleó al caballo y se acercó hasta Isabella que permanecía alejada.
—¿Está Newton bien? —Preguntó preocupada.
—Sí, solo ha sido el golpe. Estaremos un rato parados hasta que lo solucionemos, puedes bajar y caminar un poco si deseas estirar las piernas o sentarte.
—Gracias, prefiero caminar.
—Está bien, pero no te alejes. Lo último que necesito ahora es que te pierdas. Es más, te acompañaré.
—¡No, gracias! —Rechazo s ofrecimiento mirándole dolida por su actitud y su comentario— Yo... Necesito intimidad
—¿Para pasear?
—Para pasear, no, pero para hacer mis necesidades sí. Puedes estar tranquilo, no me alejaré ni me perderé.
Edward no la perdió de vista mientras se alejaba entre los matorrales. Recordó cuando la escuchó reír junto a Jasper y sintió como algo se removió en su interior, una ira desconocida, pero ¿por qué? ¿Por qué le molestaba tanto?
Jamás le había hablado mal a sus hombres y sin embargo no pudo controlar el tono osco que brotó de su garganta cuando le ordenó a Jasper que se alejase de ella.
Durante todo el trayecto, había evitado mirarla, pero mantuvo el oído alerta por si algo ocurría.
—Edward...
—Dime, Mike.
—Podré arreglarlo, pero necesito reparar la rueda y buscar un tronco que sirva para sustituir el eje, me llevará algo de tiempo. Estoy seguro que oscurecerá antes de solucionarlo. Podéis marcharnos, Jasper y yo nos quedaremos y...
—No, no os dejaremos solo. Será una noche, y no quiero adentrarme en el bosque en la oscuridad, no con Isabella. Pasaremos la noche aquí y partiremos al alba.
—¿Y tu esposa? ¿Lo soportará?
—¿Qué debo soportar? —Preguntó llegando hasta ellos.
—Una maravillosa noche bajo las estrellas. —Explicó si poder ocultar su sarcasmo— Dormiremos aquí.
—¿Aquí?
—Sí, puedes tomarlo como un regalo de bodas, estoy seguro que lo disfrutarás.
Pero ella no compartía su opinión, amaba la naturaleza, pero de día, no de noche, en mitad del bosque y en medio de la nada. Y mucho menos acompañada por un esposo que parecía disfrutar haciéndola pasar calamidades.
Sin duda, su nueva vida, empezaba de una manera…. interesante.
¡Hola!¿Qué tal todo?
Pues parece que el viaje está siendo un poco accidentado y Edward a pate de estar un poquito celoso, lo está disfrutando.
Muchas gracias por los favs,folows y reviews. Espero ansiosa vuestros comentarios.
Nos leemos el martes en el grupo de Elite Fanfictio y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
Nos seguimos leyendo.
