CAPÍTULO 11

Isabella observó como Edward junto a Newton y Jasper peleaban con el grueso tronco que sustituiría al eje dañado. Con sus espadas le habían lijado y modelado, y ahora debían hacer que encajase.

El sol se estaba poniendo y la brisa cada vez era más fresca. Con la mano libre, cerró el nudo de su capa y se dirigió hasta su objetivo.

—Jacob, ¿Verdad? —Preguntó cuando llegó al lado del hombre que arrodillado en el suelo intentaba hacer fuego.

—Sí, mi lady. ¿Ocurre algo?

—No, solo... he recogido esta leña, —Indicó extendiendo los brazos para entregarle el manojo de palos que había recolectado— Son finos pero tal vez ayuden a que la hoguera se avive.

—Gracias... —Habló sorprendido, pus lo que menos esperaba era que esa mujer mostrase preocupación por el fuego. —Pero primero debo conseguir encenderla. —Continuó sonriendo mientras golpeaba las dos piedras. Saltó una chispa, pero la ráfaga de viento, frustró el intento.

—¡Maldita sea! —Se lamentó antes de mirarla y que una idea cruzase por su mente—... Tal vez podáis ayudarme.

—¿Yo? Pero… ¿Cómo?

—Poneos ahí en frente, vuestra presencia hará de barrera y frenará el aire, quizás así tengamos más suerte.

—Está bien.

Bella se colocó donde Jacob le ordenó y vio como volvía a golpear las piedras, la chispa saltó y esta vez si cayó en el montón de ramas y hojarasca. Jacob se acercó y sopló suavemente avivado la llama haciendo que cada vez fuese más intensa hasta que se formó la pequeña hoguera

—¡Lo habéis conseguido! ¡Enhorabuena!

—No hubiera sido posible sin vuestra ayuda. —Sonrió antes de gritar a viva voz para llamar la atención de los demás— ¡Tenemos fuego!

—¡Tú salvándonos de morir congelados como siempre, Jacob! —Bromeó Jasper.

—Aunque esta vez he necesitado ayuda. —Respondió guiñándole un ojo a Isabella que sonrió.

—¡Esto está solucionado! —Exclamó Mike.

—Entonces debéis preparaos para pasar aquí la noche.

Edward fijó la vista en Isabella que al tiempo que cambiaba su sonrisa por un gesto serio. Cuando le comunicó la noticia de que acamparían allí, esperaba recibir una pataleta y una retahíla de quejas, pero se equivocó. Sorprendida, su esposa, aceptó los cambios de planes sin rechistar, aunque por su expresión sabía que no era una situación cómoda para ella.

—Sue, la cocinera, preparó una cesta con algo de pan y dulces para el camino. También hay vino, puede servirnos de cena. —Le informó mirando directamente a su esposo.

—Mejor eso que nada. Podremos apañaros, además, si tenemos necesidad podremos cazar un par de conejos.

—Iré… a buscar la cesta.

Bella se marchó dejando allí a su esposo junto a Jacob, quienes no apartaron los ojos de la menuda mujer que se afanaba por encontrar la cesta dentro del carro.

—¿Por qué no has querido viajar solo con ella? A estas alturas podríais estar en Cullen. —Preguntó Jacob.

—No quería arriesgarme a que ocurriese algo.

—Ya... Yo pienso que quieres asustarla, pero te digo una cosa, creo que tu esposa es toda una caja de sorpresas y me parece que una noche en el bosque no va a acabar con ella. —Sonrió palmeando e hombro de su amigo y marchándose para cuidar del fuego.

La noche cayó y el sonido del bosque les envolvió: el silbar del viento, el crujir de las ramas, y algún que otro aullido.

Isabella se estremeció cuando lo escuchó y se arrebujó aún más en las pieles de su improvisada cama: un lecho de hojas y una manta de lana a modo de colchón.

—¿Son lobos? —Preguntó tímidamente.

—Sí, pero están lejos. —Respondió intentando buscar algo entre la oscuridad de la maleza— Puedes dormir tranquila.

Ambos estaban junto a la hoguera, ella tumbada en la improvisada cama y él jugueteando con un par de piedras entre sus manos a su lado. Newton y Jasper dormían mientras que Jacob montaba guardia. Habían establecido varios turnos y el de Edward sería el último.

—No creo que pueda dormir. Además, me has mentido no hay estrellas.

—Está nublado, aunque no lloverá por eso no se ven. Intenta dormir.

—No puedo.

—Isabella... —Le reprendió en tono cansado— Somos cuatro hombres cuidando de ti, no pasará nada. Ningún animal se acercará.

—No es por eso. Estoy nerviosa

—¿Por qué?

—Por llegar a tu casa. —Confesó girando el rostro para observar su expresión.

—También es tu casa ahora, —Le corrigió manteniendo su rostro imperturbable y su mirada fija al frente— No lo olvides.

—¿Cómo es?

—Muy parecido a Swan, aunque mejor. —Bromeó.

—Lo dudo... —Murmuró antes de atreverse a preguntarle algo que le estaba quemando por dentro— Edward... ¿Por qué te fuiste la otra noche?

Edward volteó la cara para mirarla y quedó prendado de ella, parecía una niña dolida. Sus ojos marrones le miraban expectantes, anhelando una respuesta.

Por un momento, la máscara de indiferencia que había construido en torno a ella se resquebrajó. Tuvo que morderse la lengua para evitar decirle que, de no haberlo hecho, no habría podido controlar las ganas de volver a poseerla, pero no lo hizo, no iba a otorgarle ese poder.

—Porque cumplí con mi deber. Mi obligación esa noche era desflorarte para que Aro estuviese conforme, lo hice y me marché. No tenía nada más que hacer allí. —El tono indiferente de su voz pretendía herirla, y por su expresión lo estaba logrando— Ya tienes tu respuesta, ahora duérmete.

Se levantó y se dirigió hasta Jacob dispuesto a relevar le, aunque no fuese su turno. Necesitaba alejarse de ella.

Isabella observó como su marido se marchaba y cerró los ojos sin poder evitar que un par de lágrimas se escapasen de ellos. Para él, era sólo un cuerpo, un trozo de carne con el que yacer y en el que engendrar hijos. Todas las palabras que le dijo para calmarla fueron solo eso, palabras, un analgésico para endulzar su miedo. No era nada para él.

Y así sería, si esa noche pensó que podría amar a su marido, ahora lo descartaba. El hombre frío que tenía delante de ella no se merecía ni su amor ni su corazón. Con ese pensamiento y rendida a la desolación, se durmió.

ὠὠὠ

El trinar de los pájaros se coló en sus oídos haciendo que se despertarse. Fijó la vista el humo que salía de la hoguera ya apagada y se incorporó lentamente. Miró a un lado y a otro y observó como Edward junto a sus hombres lo tenían todo dispuesto para partir.

Se levantó y dobló las mantas que le habían servido de improvisada cama para acercarse hasta ellos.

—Buenos días, ¿Por qué em habéis dejado dormir? Podría haber ayudado a recoger todo, A no ser que pretendieseis dejarme aquí abandonada. —Intentó bromear consiguiendo que Jacob, Newton y Jasper esbozasen una sonrisa.

—No me des ideas. 3Respondió Edward—. Suena demasiado tentador...

—¡Pues marchaos sin mi!, ¡Volterra y yo volveremos a Swan, no es ningún problema.! —Respondió orgullosa y enfadada.

—Deja de decir tonterías, Isabella. Partiremos de inmediato. En el carro hay algo de pan, cuando lleguemos a Cullen podrás tomar algo caliente. Te daré un momento si necesitas hacer tus necesidades, pero tendrás que darte prisa.

—No es necesario, estoy lista. ¡Me muero por conocer ese paraíso que llamas hogar! —Ironizó.

—¡No agotes mi paciencia, Isabella! ¡O te juro, que ese paraíso se convertirá en tu infierno!

Edward se alejó de ella y terminó de alistar lo todo para el viaje. Cuando todo estuvo listo, partieron rumbo a Cullen.

El trayecto no fue excesivamente largo, pero si dificultoso, los caminos eran estrechos, y no estaban en buen estado, las lluvias acaecidas las semanas antes habían causado estragos y embarrado todo el terreno, haciéndolo peligroso. Sin duda, fue una buena decisión no adentrarse de noche por esos lares.

Cuando la frondosidad de la vegetación se empezó a disipar, Isabella pudo divisar las murallas del castillo que sería su futuro hogar. A medida que la distancia se reducía el cosquilleo en su interior aumentaba.

Edward y sus hombres azuzaron el galope y en cuestión de minutos se encontraba cruzando el arco de entrada de Cullen.

Los curiosos se agolpaban rodeando la escalinata de la puerta principal vitoreando al hijo de su laird y cuchicheando sobre ella.

Bella era consciente de los murmullos y miradas recelosa pues, aunque algunos intentaban cubrir sus bocas para disimular, la mayoría lo hacían descaradamente.

Edward bajó del caballo y se acercó hasta ella, pero Isabella se adelantó y bajó sin su ayuda.

—Sígueme. —Ordenó.

Juntos subieron las escaleras que estaban presididas por un hombre de la edad de su padre, rubio y con ojos azules: Carlisle Cullen

El laird descendió las escaleras para recibir a su hijo.

—¡Bienvenido a casa, hijo! —Saludó abrazándole y palmeando su espalda.

—Gracias, padre. Siempre es un placer volver. —Edward le devolvió el abrazo a su padre de manera cariñosa.

Carlisle sonrió y miró por encima de la cabeza de su hijo. Isabella permanecía en un segundo plano retorciendo nerviosa sus manos.

—Creo que debes presentarme a alguien. —Habló señalando con la mirada a la joven.

Edward se acercó a su esposa y la tomó del brazo suavemente haciéndola quedar frente a su progenitor.

—Padre, ella es Isabella Swan, mi esposa.

Isabella, ruborizada y avergonzada, inclinó la cabeza a modo de respeto.

—Creo que ahora eres una Cullen, —Sonrió Carlisle— ¡Bienvenida a tu nuevo hogar!

—Gracias, señor.

—Nada de señor, ahora y a pesar de las circunstancias somos familia. —Habló tomando las manos de Isabella— Puedes llamarme Carlisle. Sin duda, eres una belleza, me recuerdas a tu madre.

—¿La conoció? —Preguntó sorprendida

—Coincidimos alguna vez en la corte, aunque nunca hablé con ella. Su muerte debió de ser una dura perdida.

—La más dolorosa que he tenido en mi vida. —Confesó con la voz teñida de tristeza.

Carlisle asintió comprendiendo sus palabras. Tomó su mano de nuevo y la unió a la de su hijo, para dirigirse a los allí presentes

Isabella no había sido su elección como esposa para su hijo, pero debía mostrar su apoyo ante la unión matrimonial y respeto ante ella.

—Tengo el honor de presentaros a vuestra futura señora; Isabella Cullen, —Habló remarcando el apellido—. El día que yo falte, mi hijo será vuestro laird y al lado de su esposa proveerá vuestro bien. Carlisle observó el gesto de disgusto ante la cara de los allí presentes—A partir de ahora ella es uno de los nuestros, que quede bien claro. No toleraré ninguna falta de respeto hacia mi familia.

Carlisle con su discurso, no dio opción a replica. Emprendió la marcha hacia el castillo seguido por Edward e Isabella.

—Espero que con el tiempo puedas encontrarte a gusto entre nosotros.

—Seguro que así será. —Respondió tímidamente.

—Hijo, ayuda a tu esposa a acomodarse y cuando hayas terminado, reúnete conmigo en el salón. Debemos hablar.

—Por supuesto, padre.

Carlisle se despidió de ellos y Edward no perdió el tiempo, colocó su mano en la espalda de Isabella y la condujo hacia el ala sur.

—Acompáñame. —Pidió explicándole a grandes rasgos la distribución de las estancias— Las cocinas están en la planta de abajo, el salón y los aposentos de mi padre en el ala norte, los míos en el ala sur. También hay una pequeña biblioteca y un saloncito que podrás usar como se te antoje, el resto de las estancias las irás descubriendo poco a poco.

Edward abrió la pesada puerta de madera y le cedió el paso para que entrase primero.

Una gran cama presidía la estancia, flanqueada por un cabecero de madera oscura y una pequeña mesa a su lado. El suelo, estaba cubierto por grandes pieles a modo de alfombras.

—Tus baúles se colocarán al fondo y mandaré traer una mesa y un espejo para ti.

A excepción de un par de sillones de cuero y una gran bañera de madera, el resto de la habitación carecía de adornos.

—¿Dormiré aquí, en tu habitación? —Preguntó confundida.

—Sí. —Parco en palabras, su afirmación no fue acompañada por ninguna explicación.

—¿Contigo? —Insistió.

—Debo marcharme —La interrumpió sin responder a su pregunta—. Tengo que hablar con mi padre. Traerán tus cosas en seguida, Ordenaré que te suban algo de agua caliente si quieres bañarte...

—Pero Edward...

—Nos vemos después Isabella.

Edward se marchó dejando completamente confundida a Isabella. Cada vez comprendía menos a su esposo.

Intentó no pensar más en ello, suspiró y se apoyó en una de las paredes.

Isabella Cullen, esposa del futuro laird Cullen, ese era su nuevo nombre y ahora debía enfrentarse a aquellos que durante años habían odiado su apellido, aquellos a quienes a partir de ahora debía considerar como parte de su clan, su nueva familia.

¡Hola!¿Qué tal todo?

Pues empieza su nueva vida en Cullen, veremos si es aceptada o no.

Muchas gracias por los favs,folows y reviews. Espero ansiosa vuestros comentarios.

Nos leemos el martes en el grupo de Elite Fanfictio y el viernes en un nuevo capítulo.

Saludos.

Nos seguimos leyendo.