CAPÍTULO 12

El agua de la bañera se estaba enfriando, pero Isabella estaba tan a gusto que no quería salir de allí.

Había estado toda la tarde ordenando sus cosas, pues ninguna de las mujeres del servicio había subido para prestarle ayuda.

Quizás, hubiese tenido que bajar ella y ordenar a alguien que subiese, pero no se sentía con fuerzas, además así podía mantenerse ocupada.

Cuando una de las jóvenes llegó hasta sus aposentos dispuestas a llenar la bañera, la cara de desagrado que puso al mirarla le dejó más que claro que atenderla a ella no era una tarea que le resultase agradable.

Debía relajarse y entender que para ellos no era fácil aceptar que la hija del hombre al que odiaban ahora era su señora. Ella tampoco había recibido de buen grado a Edward, pero debía aceptar su nueva situación y adaptarse con paciencia a ella.

Unos golpes en la puerta dieron paso a una jovencita de unos dieciséis años de edad, morena y con su melena negra recogida en un moño bajo. Era la primera vez que la veía y por su nerviosismo parecía no saber muy bien cómo actuar.

—Disculpad, señora. Siento interrumpir su baño —Se excuso titubeante.

—No te preocupes, —Respondió Isabella alcanzando la toalla y envolviéndose en ella— Ya estaba terminando.

—Su esposo me envía para decirle que cenará en los aposentos de su padre y que, si vos o deseáis, podéis bajar al salón para disfrutar de vuestra cena.

Isabella no pudo evitar que la desilusión recorriese su cuerpo. Esperaba poder cenar con él, hablar e intentar comprender que pasaba por su cabeza. Pero estaba claro que no iba a ser así. Dormiría con ella, pero una vez más sus actos mostraban su frialdad y distanciamiento con ella.

No bajaría, no quería enfrentarse a todos solas, no tenía tanto valor para soportar las miradas de desprecio y odio que le prodigaban.

—¿Cuál es tu nombre? —Preguntó observando a la joven.

—Ángela, señora.

—Está bien, Angela. No tengo mucho apetito, el viaje me ha cansado más de lo esperado. Preferiría tomar algo ligero aquí, un caldo o sopa estaría bien.

—De acuerdo, señora. Ahora os lo subiré.

Mientras que Isabella se ponía el camisón, Ángela bajó a ordenar la cena que subió al poco tiempo.

En la soledad de su habitación, Bella cenó y esperó durante horas la llegada de su marido, una llegada que nunca ocurrió pues al final el sueño terminó venciéndola y cayó rendida en la enormidad de su solitaria cama.

Al día siguiente Isabella se despertó con energías renovadas. Estaba terminando de peinarse cuando Edward entró en la habitación. Llevaba la misma ropa de ayer, y cara de haber dormido poco.

—Buenos días. —Saludó observando su imagen a través del espejo.

—Buenos días... —Respondió sin ni siquiera mirarla.

—Al parecer tenías muchas cosas que contarle a tu padre... —Se dirigió a él haciendo referencia a la hora de su llegada.

—¿Eso es un reproche? —Preguntó sonriendo descaradamente— Porque no creo que te deba ninguna explicación.

Isabella se mordió la lengua para reprimir sus palabras. Era su esposa, no una desconocida, y en s fuero interno deseaba gritarle que sí, que le debía una explicación, pero si le daba la razón sería como reconocer que le había estado esperando, que le importaba su ausencia y no pensaba darle ese gusto.

—Yo tampoco te las he pedido, me he limitado a hacer una observación.

Sonrió para sus adentros; su pequeña esposa sí lo estaba haciendo, le estaba exigiendo una explicación por su ausencia de manera disimulada.

Edward lo sabía, empezaba a conocerla. Intuía que Isabella se moría de ganas por saber dónde había pasado la noche, pero no pensaba decírselo. Disfrutaría viendo como esa cabecita echaría humo debido a su enfado.

Cuando la dejó en la habitación la noche anterior, fue a reunirse con su padre para contarle todos los detalles de lo ocurrido durante su estancia en Swan, sobre todo, aquello relacionado con los terrenos que había recuperado, esos que durante tantos años le habían quitado el sueño a su padre y cuya recuperación le había alegrado enormemente.

Después de esa conversación, Jacob, Newton y Jasper prácticamente le secuestraron y le llevaron hasta el salón donde se reunían para celebrar en condiciones su matrimonio a base de buen wishky escocés y un apetitoso asado.

Estuvo toda la noche refrenando sus ganas de subir y volver a hacerle el amor a su esposa, incluso sus hombres intentaron echarlo de allí, pero él prefirió seguir bebiendo para mantenerse alejado de la bruja que dormía en su cama y se apoderaba de él y de sus pensamientos.

Debía mantener las distancias. Le había dado su lugar como señora acomodándola en su cuarto, ahora le tocaba a él sufrir las consecuencias y hacer acopio de valor para mantener las barreras.

—Quiero pedirte algo... —Pidió sacándole de sus pensamientos— Me gustaría conocer el castillo, no quiero perderme en él...

—Puedes investigar todo lo que quieras, al fin y al cabo, esta es tu casa.

—Pero no me gustaría entrar donde no debo, pensé... Podrías acompañarme, hacer un pequeño recorrido, no te quitaré mucho tiempo...

—No puedo, —Negó acercándose al fondo de la habitación y vertiendo un poco de agua en una jofaina para lavarse las manos— Tengo que ponerme al día con todo lo que ha pasado durante mi ausencia. Hay asuntos que requieren mi presencia.

—Pero...

—Te llevaré con Emily, ella es la cocinera y quien ha estado llevando todo lo relacionado con las tareas del castillo. Ella podrá ayudarte mejor que yo.

—También me gustaría que me dijeses en qué puedo ayudar... En Swan...

—Isabella, esto no es Swan.

—Lo sé, pero puedo ayudar a la gente...

—Creo que lo último que querrán será tu ayuda.

En ese momento que terminó de pronunciar sus palabras se arrepintió pues solo tuvo que girarse para observar el daño que le había hecho.

—Lo que quiero decir es que…

—Sé muy bien lo que has querido decir, Edward.

—Ellos no te conocen, te ve como a una ...

—Una enemiga.

—Una extraña. Primero debes ganarte su confianza para poder ayudarlos

—Y para ello debo conocerlos, ¿Cómo van a confiar en mí si no me relaciono con ellos? —Se quejó elevando la voz.

—Ya resolveremos eso más tarde. —Edward se despojó de su camisa dejando al descubierto su formida espalda. Se lavó la cara y las axilas y mojó su cabello para recogerlo en una coleta. Buscó en el baúl una camisa nueva y se volteó para enfrentar a Isabella que le miraba embobada.

—Sígueme... —Ordenó haciendo que Isabella, resignada, aceptase su mandato.

Ambos abandonaron la habitación y juntos llegaron hasta las cocinas.

Las mujeres que allí trabajaban, se sorprendieron al verlos llegar y rápidamente dejaron lo que estaban haciendo para saludarle.

—Mi Señor, ¿Necesita algo? —Preguntó una mujer regordeta, con el pelo canoso, mientras que se limpiaba las manos en un trapo.

—Buenos días, Emily, me gustaría que pusiera al día a mi esposa sobre todo lo relacionado con el funcionamiento del castillo. A partir de ahora ella se encargará de esa tarea.

—Cómo usted ordene, señor...

—Te dejo con Emily, —Habló mirándola directamente— Ella resolverá todas tus dudas...

—Pero Edward... —Su llamado fui inútil pues su esposo desapareció dejándola allí de pie, con una Emily que la miraba esperando recibir órdenes.

Isabella tragó saliva y se dirigió hacia la mujer.

—Emily, ¿Verdad? Yo soy Bella, —Se presentó extendiendo su mano para saludarla.

Al ver el gesto, la cocinera abrió los ojos completamente sorprendida, pues no era algo normal que las señoras tuviesen esas consideraciones con sus empleadas.

Bella, al ver que la mujer no reaccionaba y ella permanecía con la mano sostenida en el aire, decidió retirarla y continuar.

—Edward... Me ha informado que eres la encargada de gestionar todas las tareas de la casa. —Sonrió— Si no es mucha molestia, me gustaría hablar contigo para que me informases de cómo funciona todo en el castillo y así poder ayudar...

—¿Vos... Queréis ayudar? —Preguntó perpleja.

El resto de las mujeres que estaban allí presentes no perdían detalle del encuentro.

—Por supuesto, no quiero estropear tu trabajo de tantos años. Podemos sentarnos y hablar para que me expliques todo ¿Te parece?

—¿Sentarnos? —Volvió a preguntar Emily, que no daba crédito a la cortesía con la que le trataba aquella mujer.

—Claro. —Isabella se adelantó tomando asiento en la gran mesa que presidía la cocina ofreciéndole a Emily ocupar el lugar que estaba a su lado—. Podemos tomar algo caliente mientras tanto, creo que la conversación va a ser bastante larga.

Durante las dos horas siguientes Bella interrogó a Emily sobre todo lo relacionado con el castillo. La mujer hacia una labor encomiable y parecía tener todo bajo control, aunque Bella debatió con ella unas cuantas cosas que se podían mejorar y que la mujer accedió a modificar sin ningún reparo, pues supondrían un ahorro en víveres y una menor carga de trabajo para ellas.

—Muchas gracias, Emily. Mañana haremos un recuento de los alimentos que hay en las despensas y si te parece veremos cómo podemos aprovechar los excedentes para evitar que se malogren. Creo que podemos repartir pequeños paquetes entre los empleados...

—¿De la comida de los señores? —Exclamó una de las mujeres que escuchaba la conversación disimuladamente haciendo que tanto Emily como Isabella volteasen a mirarla— Perdón, no debí interrumpir.

—No te preocupes. —Sonrió tranquilizándola— Pero creo que es una buena idea; mejor repartir esos alimentos entre vosotros a tener que tirarlos a la basura.

—Como vos ordenéis, señora. —Aceptó Emily.

—Mañana lo veremos. —Se despidió Bella levantándose dispuesta a abandonar las cocinas—. No quiero retrasar más vuestra tarea. Se levantó y se giró dispuesta a salir cuando la voz de una mujer la detuvo.

—¡Hey, Emily! ¡Mueve ese lustroso trasero y sírveme un poco de agua fría! Estoy sedienta.

La mujer que irrumpió en la cocina vestía como una de las criadas, aunque sin duda, su belleza era llamativa.

—¡Yo no soy tu doncella! —Respondió Emily—Aquí eres una más así que sírvete tú misma.

—¡A mí no me hables así!, ¡A Edward no le gustará saber que me tratas mal, gorda del demonio! ¡Más vale que me sirvas ese vas de agua si no quieres que te eche a patadas de aquí!

Isabella no pudo aguantar más esa falta de respeto.

—¿Y quién eres tú para tomar ese tipo de decisiones? —Preguntó Isabella enfrentando a la mujer.

Alta, joven y esbelta, la chica que le sonreía con suficiencia podía ser unos cinco años mayor que ella y la miraba con gesto altivo.

—Yo no puedo tomar esas decisiones, pero Edward sí. Si se lo pido, él no dudará en hacerlo.

Las palabras con las que se refirió a Edward no le gustaron, y la sonrisa irónica que le acompañó mucho menos, por lo que su sexto sentid se puso en alerta.

—Habláis con mucha familiaridad de vuestro señor, ¿Sois familia...?

—No, aunque si somos muy…cercanos.

—¿Y cuál es vuestro nombre? —Preguntó enarcando una ceja.

—Tanya, señora, ella es Tanya. —Respondió Emilyreprimiendo las ganas de sacar a esa descarada de la cocina.

—Tanya... Y bien, ¿Cuál es vuestra posición aquí en Cullen?

—Soy... Una empleada en alta estima por el señor.

—¡Como te atreves, descarada! —La reprendió Emily.

—Pues si en tan alta estima os tiene mi esposo, le conoceréis lo suficientemente bien como para saber que será justo a la hora de saber quién debe o no conservar su trabajo.

—¡Oh, le conozco muy bien!

—Ya veo que a mi no. —Continuó sintiendo como la sangre hervía en sus venas— Como señora de este castillo, no voy a tolerar ninguna falta de respeto ni hacia tus señores ni a las personas que trabajan aquí. Tienes dos manos que pueden servirte perfectamente un vaso de agua. Y no te preocupes, yo me encargaré de que no vuelvas a estar tan... Fatigada en tus tareas.

—Yo solo respondo ante el laird y mi señor. —Respondió indignada Tanya dirigiéndole una mirada cargada de odio.

—Pues a partir de ahora también responderás ante mí, y si no estás de acuerdo puedes informar a tu señor. Veremos qué opina él.

—Vos no sois una Cullen. —Apuntó con desdén.

—Es cierto, —Le dio la razón alzando la cabeza con orgullo— Por mis venas corre sangre Swan, sangre y familia de la que estoy orgullosa. Pero mi matrimonio me ha convertido en una Cullen para disgusto tuyo y de algunos más de los habitantes de este clan. Yo no te he faltado el respeto y como señora del futuro laird, ese respeto me lo debes a mí. Si hay algo que te desagrada puedes hablarlo con mi esposo, pero desde ya te informó, que desde este momento todo lo relacionado con esta casa es responsabilidad de Emily y mía. Si no estás de acuerdo puedes abandonar el castillo cuando te plazca. Buenas tardes a todas.

Isabella abandonó hecha una furia la cocina. Esa mujer... No había que ser demasiado lista para saber la razón por la que Edward la tenía en tan alta estima. Era su amante, su insinuación lo había dejado claro.

—¡Descarada! —Exclamó furiosa caminando sin sentido—. ¡Eres tonta, Bella! ¿Por qué te molesta? ¿Por qué te enfadas tanto? —Hablaba consigo misma—¡Él es tan descarado como ella!, ¡Son tal para cual! Pero…. ¡No! ¡Esa mujer no va a faltarte el respeto! ¡Tú tienes aquí tu lugar! ¡Se van a enterar! —Golpeó furiosa la madera de la puerta frente a ella.

De pronto esa puerta se abrió y la figura de Carlisle Cullen apareció frente a ella.

—¡Ah! —Gritó asustada.

—Siento haberos asustado, pero sois vos quien habéis llamado a mi puerta.

—¿Vuestra...? —Isabella miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en el ala opuesta del castillo. Su intención era dirigirse a sus aposentos, pero al parecer se había equivocado.

—Lo siento, me he equivocado de dirección.

—Es normal, es muy grande. Espero que Edward se haya tomado el tiempo necesario para enseñarte tu nuevo hogar.

—Solo… me mostró las partes que conducían a nuestros aposentos. No conozco nada más.

—Pues eso debe solucionarse. —Carlisle cerró la puerta detrás de él y le ofreció su brazo— ¿Me acompañas? Así podré conocer un poco más a mi nuera.

Isabella tomó su brazo y comenzaron a caminar. Carlisle le fue enseñando cada una de las estancias y explicándole la historia de algunos cuadros que están colgados en la pared. El trato amable y simpático del hombre le sorprendía y no podía ocultarlo.

—¿Ocurre algo? —Preguntó Carlisle al verla perdida en sus pensamientos.

—No, es solo que... —¿Por qué hacéis esto? Vos odiáis a mi familia, a mi... Y, sin embargo, me tratáis con cortesía.

Era cierto que su odio se había dirigido a todo el clan Swan, pero al ver la cara de la joven, asustada y perdida a los pies del castillo algo se rompió en él. Además, la afrenta de su hermano se había solucionado con la devolución de las tierras, no debía hacer pagar a esa muchacha por ello.

—Es cierto que no tengo a tu padre en alta estima, pero al igual que a mí no me gustaría que condenasen a mi hijo por mis actos, yo tampoco quiero condenarte a ti por los suyos. Para mí, esa hacha de guerra está enterrada y este es un nuevo comienzo.

—Gracias, laird. —Sonrió emocionada por sus palabras.

—Nada de laird, Carlisle para la familia. —Respondió apretando cariñosamente su mano— Y ahora voy a enseñarte cuál era el rincón preferido por mi esposa, espero que sea de tu agrado.

Carlisle abrió la puerta e Isabella pudo observar el pequeño saloncito decorado con un gusto exquisito. Una estantería repleta de libros, se situaba a la derecha junto a una mesa y un par de sillones, pero sin duda lo más impactante era el gran ventanal que presidía la sustancia desde el que se podía ver toda la extensión del clan.

—Las vistas son hermosas. —Admiró impresionada.

—Esme adoraba este sitio, ella lo decoró y aquí se dedicaba a coser, leer...

—¿Es ella? —Preguntó señalando el cuadro situado encima de la chimenea donde se apreciaba la figura de una mujer pequeña, de rostro dulce y ojos verdes.

—Sí

—Era una mujer hermosa.

—Para mí la más bella. Físicamente Edward se parece a ella, aunque tiene mi carácter endiablado.

—¿Dándole armas al enemigo padre? Vos debéis estar de mi lado.

La voz de Edward le sorprendió llegando hasta ellos.

—Tranquilo, no desvelarse tus secretos. —Bromeó Carlisle.

—Ya se encargan otros de hacerlo... —Murmuró entre dientes Isabella, pero no lo suficiente bajo para que no la oyesen. Sobre todo, Carlisle, que vio en ese comentario una señal para dejar espacio a la pareja

—Yo... Os dejaré solos. Espero que esta noche nos acompañéis en la cena, Isabella. Y no dudéis en usar esta estancia si os apetece.

—Muchas gracias, lai…Carlisle se corrigió en el último momento.

El laird se marchó al sentir como la tensión crecía entre los recién casados.

—Si tienes que decirme algo hazlo de frente y no a través de murmuraciones. —Le reprendió enfadado— No me gustan y mucho menos delante de mi padre.

—¡Pues deberías dejárselo claro a tu querida..., perdón, estimada Tanya!, A ella parece no importarle.

Edward se envaró ante sus palabras.

—¿A qué os referís?

—¡Podéis preguntárselo a vuestra amante, ella os lo aclarará!

Isabella comenzó a caminar con toda la intención de dejarlo allí parado, pero él la aferro del brazo al pasar por su lado y la detuvo.

—¡No!, ¡De aquí no te vas! —Habló mirándola seriamente— Ahora mismo e vas a explicar a que te refieres.

¡Hola! ¿Qué tal todo?

Pues Tanya entra en acción, veremos en qué deriva esta nueva conversación

Muchas gracias a todos por losfavs, follows y reviews. Espero ansiosa vuestros comentarios.

Nos leemos el martes en facebok en el grupo de Elite Fanfiction el viernes en un nuevo capítulo.

Saludos.

Nos seguimos leyendo.