CAPÍTULO 15
—¡Esto es increíble! ¡Intolerable! ¡Maldita sea! —Exclamó Edward golpeando la mesa de su escritorio—. ¡Maldita Isabella!
—Toma un trago de wishky, eso ayudará a calmar tus nervios. —Habló Jacob tendiéndole el vaso.
—¿Mis nervios? ¡Mis nervios solo se calmarán si vuelvo a ese dormitorio y le hago entrar en razón a esa loca! ¡Mi dormitorio! ¡Del que me ha echado!
—Bueno, no te ha echado, solamente se ha negado a tener intimidad contigo.
—¡A cumplir con su deber! Si yo quisiera... Si ahora mismo le escribiese una misiva a Aro… ¡Podría destrozar su vida y quitarle en un segundo todas las tonterías y las ínfulas que tiene en la cabeza!
—Pero no quieres hacer eso, es tu ego herido el que habla Edward. En los años que tengo de vida que yo sepa ninguna mujer te había rechazado. Alguna vez tendría que ser la primera. —Bromeó.
—¡Es que no ha sido ninguna mujer cualquiera! ¡Ha sido quien no debe hacerlo! ¡Mi propia esposa!
—Lo sé, pero hay una cosa que no entiendo ¿Por qué te importa tanto? Puedes tener a quien quieras, busca a Tanya, seguro que te perdona el haberla sacado de aquí. Desfógate con ella y listo.
—No sé trata solo de mi necesidad sexual. Es que... ¡Esa bruja está poniendo mi vida patas arriba! Se supone que soy yo, quien debe dar las órdenes no ella y sin embargo... ¡Aquí estoy! He echado a mi amante del castillo y encima he sido repudiado por ella.
—Desde luego, al final es verdad que tú esposa es todo un tesoro por descubrir. Creo que no te aburrirás con ella. —Le sonrió antes de beber un trago.
Edward le fulminó con la mirada. Entendía que a Jacob le hiciese gracia el asunto, pero a él no se lo parecía en nada.
—Qué vas a hacer ahora?
—¿Tú que crees? Si Isabella quiere guerra, guerra tendrá. —Sonrió dándole forma a la idea que acababa de pasar por su cabeza.
A la mañana siguiente se encontraba al lado del herrero supervisando como este retoca a su espada cuando llegó su padre hasta él llamándole con premura.
—¡Edward!
—Padre, ¡Que alegría verte por aquí! ¿Ocurre algo? Preguntó acercándose hasta él.
—No lo sé, dímelo tú.
—¿Yo?
Isabella lleva gritando toda la mañana golpeando la puerta de vuestro dormitorio sin poder salir y cuando me he acercado para ver qué ocurría me encuentro con uno de tus hombres haciendo guardia frente a la puerta diciendo que has ordenado encerrarla. ¿Te has vuelto loco?
—No, solamente he decidido darle un escarmiento.
—¿Cómo si fuese una niña pequeña?
—¡Es colmo se comporta, como una niña malcriada!
—¡Es tu esposa, no tu hija! Tienes que acabar con este despropósito.
—Estar unas horas encerrada no le hará daño, le ayudará a reflexionar y...
—Y provocará que Charles Swan llegue aquí y prenda fuego a todo. ¿En qué estabas pensando? ¿Crees que esto no llegará a sus oídos? Los criados hablan, su doncella está llorando desconsolada sin saber qué hacer. Le prometiste a ese hombre tratarla bien ¿De verdad piensas que encerrarla es cumplir con tu palabra? ¡Te creía más inteligente!
—¡Y lo soy! Pero es que... ¡Consigue sacarme de mis casillas! ¡Me vuelve loco! Me falta el respeto, me des obedece y...
—Hijo, el matrimonio no es fácil, y más en las circunstancias en las que se dio el vuestro. Te aconsejo que arregles tus diferencias con ella de otra manera... Hablando o... En el lecho.
—Ese es el problema. —Murmuró entre dientes.
—¿Qué has dicho?
—Nada, llevas razón, padre. Me he dejado llevar. Será mejor que vaya a abrir esa puerta antes de que tengamos problemas.
Juntos, pusieron rumbo al castillo y subieron las escaleras que llevaban hasta el dormitorio. Cuando llegaron allí, todo estaba en silencio.
—¿No decías que los gritos se escuchaban por todo el castillo? —Preguntó mirando a su padre antes de dirigirse a Alec, el hombre a quien le había encargado la guardia de la puerta
. ¿Todo bien por aquí?
—Sí, mi señor. La señora... Lleva un rato tranquila.
—Se habrá cansado o perdido la voz de tanto gritar. —Apuntó Carlisle— Abre esa puerta de inmediato, hijo.
Edward rebuscó en su bolsillo para sacar la pequeña pieza plateada e introducirla en la cerradura. Cuando abrió la puerta la imagen que vio le hizo soltar una maldición y salir corriendo hasta la ventana que estaba abierta.
—¡Isabella!
—¡Por todos los demonios! —Exclamó Carlisle llegando hasta él.
Rápidamente se asomó por la ventana y observó como su esposa estaba colgando del muro, aferrándose con sus manos a una improvisada cuerda formada por las sábanas de la cama. Debía llevar bastante tiempo en su tarea, pues estaba mitad del recorrido
—¡Estás loca! ¡Como se te ocurre tal temeridad! ¿Quieres matarte? —Preguntó tirando de la tela hacia arriba para elevarla.
—¡Suéltame! ¡No vas a volver a encerrarme! Gritó removiéndose sin ser consciente de que su zarandeo rasgó parte de su débil cuerda.
—¡Basta! ¡Quédate quieta! ¡Alec, ven aquí! ¡Ayúdame a tirar de ella!
El hombre, junto a Carlisle a garrón el extremo que colgaba por dentro de la habitación para tirar de a tela y subirla.
Isabella solamente había ascendido unos centímetros cuando de repente, la tela se rasgó y ante la mirada asustada de Edward y el grito desgarrador que escapó de su garganta pronunciando su nombre cayó al vacío.
Sintió como su cuerpo golpeaba contra la fría y dura piedra y como un lacerante dolor atravesaba su cabeza.
El rostro desdibujado de su marido, cuyo cuerpo estaba casi por fuera del ventanal fue lo último que vio antes de perder el sentido.
ὠὠὠ
Isabella se removió en la cama sintiendo como cada parte de su cuerpo se estremecía de dolor al hacerlo. Un leve gemido escapó de sus labios a realizar un nuevo intento que le hizo desistir de ello.
—Intenta no moverte, estás muy magullada. —Susurró la voz aterciopelada de Edward.
Abrió los ojos y le vio allí frente a ella, con el rostro lleno de preocupación.
—¿Qué ha ocurrido?
—¿No recuerdas tu intento de huida? —Preguntó intentando controlar su enfado. El miedo que sintió a vera caer le hizo temer lo peor, pero lo que más le asustó fue lo que sintió al pensar que ella había muerto— Casi te matas, ¿En qué estabas pensando?
Isabella se sintió avergonzada al recordar lo ocurrido. Había estado a punto de matarse por su inconsciencia.
—Tú…me encerraste, yo solo quería salir de aquí.
—Lo sé, sé que esto es culpa mía y lo siento. Pero jamás pensé que se te ocurriría salir por la ventana. A partir de ahora las cosas van a cambiar.
—¿A qué te refieres? —Preguntó asustada.
—He faltado a mi palabra. Prometí respetarte y hacerte esto fácil y sin embargo…he hecho todo lo contrario. ¡Y mira como casi acaba todo! —Lamentó poniéndose de pie— Lo siento, te prometo que te daré tempo y respetaré tus deseos. No voy a obligarte a nada. Intentaré…ser comprensivo contigo, pero tú también debes bajar el hacha de guerra conmigo.
—Tú me has obligado a alzarla.
—Y ahora te hago una ofrenda de paz. ¿La aceptas? —Preguntó esperanzado.
—Sí, acepto. —Confirmo esbozando una pequeña sonrisa.
Esperaba que ese cambio de actitud de Edward pudiese traer un poc de calma a su matrimonio. Yal parecer así fue.
Habían transcurrido tres semanas desde el accidente que marcó la diferencia entre ellos. Tres semanas, en las que aún con cierto recelo, Isabella observó como él cambiaba su actitud con respecto a ella
Su relación había cambiado y aunque a nivel íntimo no la había vuelto a tocar, dormía todas las noches a su lado, compartía su cuarto con él y la acompañaba en las comidas. Edward había bajado las barreras con ella. Ya no era tan hermético, aunque seguía apreciando cierto recelo y desconfianza en él.
Ambos se habían abierto, hablando de su infancia y sus respectivas vidas antes de que Aro decidiese jugar con ellas.
Edward, incluso cumplió su deseo de salir a pasear con Volterra. Un paseo tranquilo y relajado que despertó en ella a necesidad de abrazarle. Deseo poder tumbarse allí, debajo de un árbol junto a él, pero encerró ese pensamiento en su corazón se conformó con seguir cabalgando.
A Tanya solamente la había visto una vez de lejos y observó como la fulminaba con la mirada. En su interior tenía una duda que la estaba consumiendo: quería asegurarse que Edward no había vuelto a mantener relaciones con ella. Según los rumores del castillo así era, pero quería saber la verdad de su boca. Odiaría que él estuviese acercándose a ella mientras que seguía manteniendo relaciones con esa mujer, se le encogía el corazón de solo pensarlo. Era, como si una herida se abriese pasó poco a poco en su interior de sólo imaginar que pudiese tener esa intimidad con alguien más a parte de ella. Esa sensación le angustiaba y preocupaba. Le daba miedo ponerle nombre a los sentimientos que su corazón y su alma estaban empezando a albergar sobre el hombre que dormía a su lado. En su interior, lo sabía, pero no quería reconocerlo.
Edward se giró aún dormido en la cama quedando frente a ella que observaba su rostro relajado. Abrió los ojos y observó como esos dos orbes esmeraldas correspondían su mirada.
—¡Buenos días! —Saludó con voz ronca.
—Buenos días! —Respondió Isabella sonriendo tímidamente.
El ambiente se volvió pesado y denso entre ambos haciendo que el tiempo se ralentizase. Un momento que se vio roto cuando el estruendo de la puerta abriéndose y los gritos le sobresaltaron.
—¡Mi señor, mi señor! ¡Tiene que venir!
Furioso por la interrupción se incorporó ocultando el cuerpo de Isabella que no pudo reprimir un grito asustado.
—¿Cómo demonios se te ocurren entrar así? ¡Largo de aquí! —Vociferó.
El joven Tyler al ser consciente de la presencia de Isabella se volteó y titubeó nervioso.
—¡Lo siento, mi señor! Yo... ¡No lo pensé! ¡No he visto nada, lo juro!
—¡Sal de aquí y espérame en la puerta! ¡Más vale que el maldito castillo esté ardiendo o yo mismo te mataré con mis manos!
El muchacho salió como un resorte cerrando la puerta detrás de si.
Edward saltó de la cama y comenzó a vestirse maldiciendo por el abrupto despertar. Si Tyler no hubiese interrumpido, la habría besado y ella no habría podio negarse porque vio el mismo deseo que é sentía en sus ojos.
—¡Edward, cálmate! Debe haber ocurrido algo importante para irrumpir así.
—Eso espero, porque si no voy a tener que recordarle a la gente cual es mi posición en esta casa.
Edward abandonó la habitación dejando a Isabella sentada en la cama. La duda aún continuaba en su interior, pero al parecer no era el momento de ser resuelta. Algo grave debía estar ocurriendo y ella también quería saberlo.
Edward se dirigió a los establos seguido por un avergonzado Tyler que lo único que hacía era repetir cuanto lamentaba la interrupción.
—¡Ya basta de disculpas! ¿Estás seguro de que Jacob no te dijo para que me requería?
—No mi señor, solo me pidió que le buscase y le llevase a los establos.
—Está bien. —Aceptó caminando deprisa.
—Cuando llegó hasta el lugar, Jacob Black le esperaba subido a su caballo.
—¿Qué diablos ocurre, Jacob?
—Ahora te lo explicaré. Sube a tu caballo y marchémonos, debes verlo con tus propios ojos.
Edward subió a su caballo que ya estaba preparado y comenzó a galopar al lado de Black. En poco tiempo llegó hasta las lindes del dominio Cullen, donde Jasper y Newton, junto a un par de hombres más se reunían en torno a algo que no podía divisar muy bien.
Bajó de su montura y acompañó a Jacob, hasta el pequeño grupo.
—Buenos días, ¿Qué ha ocurrido? —Preguntó intrigado.
—Míralo por ti mismo. —Habló Jasper haciéndose a un lado y dejando al descubierto el cadáver de un hombre.
Tenía cabeza abierta por un corte profundo, el cual probablemente le habría causado la muerte, además de algunos rasguños y golpes en el brazo derecho. Sus ojos estaban abiertos de par en par y por más que intentaba buscar algo conocido en su rostro no lograba encontrarlo.
—¿Quién es? No parece uno de los nuestros.
—No lo es, te lo aseguro. —Respondió Jacob—. Pero vas a sorprenderte cuando veas algo. Mike, enseñárselo.
Newton fue hasta su caballo y sacó un pequeño saco.
—Mira. —Le dijo tendiéndole la pequeña daga.
—Es... ¡El escudo de Cayo! —Edward no pudo ocultar su sorpresa ante su descubrimiento y continuó examinando la daga.
—El resto de sus pertenencias tienen el mismo grabado. Este tipo, quien quiera que fuese pertenece al batallón de Cayó. —Habló Jacob
—¿Cómo ha llegado hasta aquí? Y lo más importante ¿Quién le ha matado? Porque esa herida en la cabeza no parece accidental.
—No lo sabemos. Kellan y Killian le encontraron esta mañana muerto y nos avisaron. La guardia de la noche no ha dado aviso de ningún suceso extraño.
La zona de vigilancia de la guardia queda demasiado retirada de aquí como para haber visto algo.
—¿Crees que pueda ser un espía?
—¿Y por qué habría de espiarnos a nosotros? No tenemos nada que ocultar.
—¿Puede ser un desertor?
—Si lo fuese se habría desecho de sus armas, solo habría dejado una para defenderse en caso de ataque. Lo que me preocupa no es solo como ha llegado aquí, es que quien le haya matado puede estar aún en la zona.
—¿Crees que ha podido ser alguien de los nuestros?
—Lo dudo, pero ahora mismo todo es posible. Por el momento esto quedará entre nosotros. Enteraremos el cuerpo y Newton y tú os encargareis de investigar si alguien sabe algo. Jacob, tú me acompañarás a dar una vuelta por la zona.
—¿No deberíamos llevar a alguien más?
—No creo que la persona que haya hecho esto esté acompañado. Volveremos pronto.
—¿En qué piensas?
—Todo esto me parece muy raro y no me gusta nada.
—A mí tampoco.
—Las últimas noticias que tenemos confirmaban que Cayo no había avanzado mucho, y ahora de repente aparece uno de sus hombres muerto aquí. Como si hubiese aparecido de la nada.
—Si alguien de los nuestros le hubiese encontrado, habría dado la voz de alarma y le hubiese llevado al castillo, no le habría matado así porque sí.
—Y eso es lo segundo que me preocupa, que haya un asesino suelto por aquí.
—Puede que simplemente se haya tratado de un desencuentro fortuito. —Dijo Jacob.
—Ni tú mismo crees tus palabras. —Respondió Edward conociendo a su amigo.
—¿Se lo dirás a tu padre?
—Debo hacerlo, pero nadie más sabrá de lo ocurrido. No quiero que la noticia corra hasta no estar seguros de que es lo que ha ocurrido.
—Por aquí no hay nada. Las lluvias de anoche han debido borrar las huellas.
—Entonces volvamos.
Ambos volvieron al castillo donde Edward fue a encontrarse con su padre para informarle de lo ocurrido.
A Carlisle Cullen tampoco le gustó lo ocurrido y coincidió con su hijo en mantener el asunto bajo discreción. Incluso barajaron la posibilidad de informar al rey Aro pero decidieron esperar a tener más información.
Abandonó el despacho de su padre dispuesto a buscar a sus hombres. Ambos decidieron redoblar la vigilancia y debía organizar a los grupos. En ello iba pensando cuando la voz de Isabella llamándole le hizo detenerse.
—¡Edward!
A su llamado, se giró para verla caminar hacia él. Aún con el sencillo vestido de lana a cuadros estaba preciosa.
—¿Todo bien? ¿Ha ocurrido algo grave?
—No, — Edward se envaró ante su pregunta— ¿Por qué lo dices?
Isabella enarcó una ceja como si la respuesta fuese toda una obviedad.
—Después de la manera en la que nos despertaron esta mañana...
Edward se relajó al escucharla. Había olvidado la manera en la que fue avisado. Por un momento sintió desconfianza hacia su esposa, pero era imposible que Bella tuviese algo que ver. Su mente le estaba jugando una mala pasada.
—Fue un asunto sin importancia, tranquila. Tyler es un poco…alarmista.
—Vale, entonces seguro que te agradará mi idea.
—¿Qué idea?
—Había pensado en que podríamos pasar la tarde juntos cabalgando, así podré conocer el resto de Cullen y...
—Isabella, estoy demasiado ocupado para entretenerte con tus paseos. —Respondió en un tono más cortante y seco de lo que él hubiese querido. En cuanto sus palabras abandonaron su boca fue consciente del dolor y la desilusión que las mismas provocaron en ella.
—Está bien. —Respondió desilusionada— Iré sola...
—¡No! —Gritó.
La imagen de alguien atacándola en mitad del bosque le sobrevino de golpe. Ella tirada en el suelo, con sus ojos abiertos sin vida y sangrando profusamente le hizo encogerse de dolor.
—No vas a salir de aquí.
—¿Qué? —Preguntó confundida—¿Pero por qué? Creí que os castigos ya habían terminado.
—¡Porque lo digo yo! Es una orden, Isabella. No saldrás a cabalgar sola a menos que yo lo autorice.
—¡No puedes...!
—¡Sí puedo! Puedo y lo estoy haciendo. Soy tu esposo, el jefe de este clan.
—¡Eso no es cierto, el laird aún es tu padre! Hablaré con él, seguro que no se opondrá.
—Isabella... No me hagas perder los nervios. ¡Es una orden!. ¡Y ni se te ocurra intentar escabullirse porque te juro que te buscaré y yo mismo te encerraré en la habitación!
—¿Qué te ocurre? ¡Vuelves a ser el ogro desalmado que conocí! —Sollozó— ¡Creí que algo había cambiado entre nosotros!
—Que me acerque a ti no significa que me sea tu juguete, no me tienes a tu merced.
Isabella sintió como sus palabras volvían a clavarse en su alma.
—Entonces veo que hemos estado perdiendo el tiempo, tú mintiendo de nuevo y yo creyendo en ti. —Le reprochó dolida antes d buscar refugio en su habitación.
—¡Maldita sea! —Quiso ir tras ella y exigirle una explicación a sus palabras, pero de nuevo no pudo hacerlo.
—¡Edward! Le llamó de nuevo Jacob Black.
—¿Qué ocurre ahora?
—Hemos encontrado esto entre sus ropas. —Explicó tendiéndole una nota.
Cullen es desleal a su rey.
Aro no perdona traidores, por eso debéis saberlo, majestad.
Vuestros amados escoceses planean apuñalaros por la espalda.
—¿Qué diablos...? —Exclamó contrariado al leer la nota
—No lo sé, pero alguien quiere meternos en problemas... —Habló Jacob.
Al parecer la calma iba a verse perturbada.
¡Hola a todos ¡¿Qué tal?
Muchas cosas por asimilar en este capítulo. Parece que nuestros protagonistas están acercando posturas, pero…¿Lo lograrán?
Gracias por los avs, follows y reviews. Espero con ganas vuestros comenarios.
Nos leemos el artes en el grupo de Facebook Elite Fanfiction y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
Nos seguimos leyendo.
