CAPÍTULO 18
Edward vio como la flecha surcaba el aire y caía a un lado sin hacer diana.
—¡Vladimir, céntrate! ¡Fija tu mirada en el objetivo y no lo pierdas! —Gritó Edward viendo como el guerrero asentía ante sus órdenes para después lamentarse—. ¡Esto es un desastre!
Jacob sonrió al ver cómo su amigo se tapaba el rostro con las manos y negaba con la cabeza.
—Los hombres están nerviosos. Has doblado los entrenamientos y les estás preparando como si una guerra estuviese a la vuelta de la esquina, pero no has dado ninguna explicación, es normal que fallen.
—Los errores a estas alturas no se pueden permitir. En la lucha cuerpo a cuerpo somos los mejores, pero debemos dominar también el arco, para ayudarnos si hace falta.
Edward estaba tenso. Habían transcurrido dos semanas desde la noche que se escapó al claro con Isabella, y como pudo comprobar al día siguiente, alguien les había seguido.
Las huellas iban desde los establos hasta donde ellos se encontraban y volvían, pero lo más inquietante es que en el bosque se hallaban otras huellas diferentes, como si otras dos personas hubiesen estado allí, aunque quien quiera que fuese sí había borrado su rastro. Lo que más le enfurecida era saber que alguien de su propio clan le estaba traicionando.
Su padre, se encontraba en la corte. Abandonó Cullen dos días después y según la última misiva recibida, su entrevista con Aro había sido fructífera. Sin embargo, la tranquilidad que su padre le transmitía en sus palabras contrastaba con la tensa calma les rodeaba.
Su relación con Isabella era más fluida desde aquel día. Él no se cansaba de su cuerpo y sin darse cuenta había comenzado a extrañar la también. Era reacio a pensar que esa bruja de ojos marrones se había apoderado de su corazón, pero sólo una mirada suya bastaba para hacerle temblar. Contaba los minutos del día para que llegase la noche y estar a su lado, cenar con ella y hablar sobre cosas insustanciales.
Su confesión aquella noche diciéndole que se había enamorado de él le dejó descolocado. Él también tenía sentimientos hacia ella, solo que los suyos eran confusos, temerosos, desconocidos...Sin embargo, sus palabras fueron sabías.
¿Por qué debía resignarse a pasar una vida infeliz cuando tenía la oportunidad de intentar que ese matrimonio funcionase? ¿Sería capaz de enamorarse de ella? Lo estaba intentando, eso seguro.
—¡Maldita sea! —La queja de Newton le hizo volver a la realidad.
—Está claro que el arco no es nuestra mejor baza. —Añadió Jacob al ver cómo Mike también fallaba.
—¡Mike céntrate!
—¡No es tan fácil! Si quieres puedes intentarlo tú. —Se quejó. No solía hablarle así a su jefe, pero su amistad hacía que en ciertas ocasiones pudiese tomarse algunas licencias.
Edward se acercó hasta él, tomó el arco y cogió una flecha. Tensó la cuerda y la soltó observando como la trayectoria se desviaba por la ráfaga de viento que se levantó en ese momento haciendo que terminase impactando en el suelo.
—No es tan fácil como parece, ¿verdad? —Se burló Jacob observando como Edward le dedicaba una mirada molesta, sin embargo, esa molestia se convirtió en un brillo resplandeciente al observar quien se acercaba hasta ellos.
—Parece que no estáis teniendo mucha suerte. —Saludó Isabella que acompañada por Angela llegó hasta ellos.
—Los hombres están un poco desentrenados, solo tenemos que seguir trabajando. —Explicó Edward.
—Querrás decir estamos, tu tiro tampoco ha sido bueno. —Apuntó Jacob.
—Ha sido por el aire, ha desviado la trayectoria.
—Sí, claro...
—Esta vez no fallaré.
—Sí lo harás. —Se atrevió asegurar ella—Todos lo haréis. Si seguís trabajando de la misma manera vuestra técnica no mejorará.
—No sabía que mi esposa fuese toda una experta en estos menesteres. —Ironizó Edward algo molesto por su comentario.
—Me he criado al lado de Emmet Swan, el mejor arquero de toda Escocia, eso ya es un punto a mi favor.
Edward le dedicó una mirada contrariada y…molesta. No estaba bien que su esposa alabase las habilidades de otros delante de sus hombres, aunque ese otro fuese su hermano.
—De todas formas, ¿Qué haces aquí? El patio de entrenamiento no es un lugar para ti. —Reprendió intentando cambiar de tema.
—Sólo pasaba a saludar, quiero recoger hojas de menta e hinojo para una infusión.
—¡Ni hablar! No es buena idea, no quiero que...
—Que vaya sola ni que me aleje, lo sé. Por eso me acompaña Angela, porque están allí, a escasos metros de aquí. Estaré cerca de vosotros.
—Aun así, no es seguro, alguna flecha puede desviarse y dañarte.
—Desde luego si seguís lanzando así acabaréis matando a algún pobre animal. Los niños de Swan lanzan mejor que vosotros.
—Está claro que la altanería es algo que te viene de familia, querida.
—No es altanería, estoy segura que puedo lanzar la flecha mejor que tú.
Un murmullo generalizado y unas risas se escucharon entre los allí presentes.
—Isabella, por favor... No quiero que quedes en ridículo delante de mis hombres. Lo digo por tu propio bien
—Si tan seguro estás ¿Por qué no me dejas? Si hago el ridículo es problema mío.
—Isabella, esto no es un juego de niños.
—¡Oh, vamos!, —Intervino Jacob deseoso de ver como acababa aquello— Edward ¡Déjala! Ella quiere intentarlo, no va a pasar nada.
—Jake, no es apropiado. Los hombres...
—Edward, de verdad, los hombres no se atreverían a reírse de su señora.
—Estáis dando por supuesto que voy a fallar. —Habló Bella molesta.
—Está bien, —Aceptó Edward sin más remedio— Aquí tienes mi arco. Todo tuyo.
Isabella le dedicó una sonrisa angelical y ocupó su posición.
Todos estaban expectantes, incluso los hombres habían formado un semicírculo para observarlo mejor. Algunos sonreían indulgentes, dando por hecho que la flecha caería delante de sus pies.
Isabella se retiró el cabello de la cara, subió el arco y colocó la flecha hasta tensar la cuerda lo suficiente. Entrecerró los ojos y jugó con la orientación del arco hasta encontrar el punto justo. Sus dedos tensaron un poco más la cuerda y la soltó observando como la flecha volaba a través del campo de tiro y hacia una diana perfecta justo en el punto marcado en el árbol.
El jadeo generalizado fue la verbalización de la sorpresa que inundó a los allí presentes, incluidos Jacob y Edward, sobre todo a este último que no daba crédito a lo que sus ojos veían.
—¿Qué demonios...?
—¡Oh, vaya! He fallado. —Se lamentó Isabella.
—¿Qué has...? ¿Qué has fallado? ¡Te has vuelto loca, mujer! Ninguno de mis hombres ha hecho una diana tan precisa como la tuya.
—Pero yo apuntaba a la rama que estaba por encima, esa de allí, ¿La ves? —Preguntó señalando a una finísima rama que se situaba un par de centímetros más arriba de donde la flecha había impactado. Creo que el viento no me ha ayudado. Lo intentaré otra vez.
—Pero... —Ni siquiera pudo acabar de hablar pues su esposa ya estaba dispuesta a efectuar un nuevo tiro.
Está vez fue más, rápida. Insertó la flecha, tensó la cuerda y sin pensarlo apuntó haciendo que la flecha partiese en dos la rama que había señalado antes.
—¡Por todos los santos! —Exclamó Jacob llevándose las manos a la cabeza— ¿Puedes hacerlo otra vez?
—Sí, yo...
—¡Ya está bien! —Les cortó Edward malhumorado—. ¿Dónde has aprendido a hacer eso?
—Me enseñó mi hermano.
—¿Emmet?
—Sí. Cuando era pequeña me encantaba ver como mi padre le enseñaba a lanzar con el arco. Le pedí un par de veces que hiciese lo mismo conmigo, pero se negó diciendo que eso eran cosas de hombres. Emmet vio que su respuesta me molestó y accedió a enseñarme si no se lo decía a nuestro padre. Nos pasábamos las tardes practicando con los árboles, manzanas, alpacas de paja... Cualquier cosa que nos sirviese de diana. —Recordó divertida— Creo que en parte, el enseñarme a mi le ayudó a perfeccionar su técnica. Emmet Swan no sólo es el mejor arquero de Swan, para mí en Escocia no hay nadie igual a él.
—No voy a restarle méritos a la habilidad de tu hermano, pero fue un poco imprudente por su parte acceder a tu petición.
—Sin embargo, a ti eso va a servirte de ayuda.
—¿Cómo dices?
—Puedo ayudaros a mejorar en el tiro con arco. Ya has visto de lo que soy capaz, si me dejas…
—¡Ni hablar! —Negó en rotundo. No iba a permitir que su mujer le adiestrase ni a él ni a sus hombres.
—Pero…
—¡He dicho que no!
—Déjala que hable, Edward, tal vez nos sirva de ayuda. —Intervino Jacob.
—¿Estás loco? No voy a dejar que mi esposa entrene a mis hombres. ¿En qué lugar quedaría yo?
—No he hablado de entrenar. Solo…. quiero daros un par de consejos —Propuso Isabella.
—¿Y cuáles son esos consejos?
—La técnica no es mala, al menos no tan mala como parece. El problema está en los arcos y las flechas, sobre todo.
—Son las que hemos usado siempre
—Y siempre habéis sido igual de malos
—Isabella…Controla tus palabras….
—Lo siento. —Sonrió.
—Está bien, te escucho, continua.
—Los arcos son demasiado pesados, eso hace que se tensen los hombros y se cansen los brazos, por lo que no podéis tensar bien la cuerda, que, por cierto, es demasiado gorda. Las flechas tienen la punta irregular, es mejor que además de afilada no presente imperfecciones, para que corte mejor el viento. Esa curva que hace abajo desvía el lanzamiento haciendo que no siga una trayectoria recta, si no que caiga en picado.
—¿Eso también te lo enseño tu hermano? —Preguntó asombrado ante sus conocimientos.
—No, eso lo aprendí de mi padre. Él supervisa junto al armero todas las armas que se fabricaban en Swan.
—No creo que fuese el mejor lugar para una niña.
—Era muy traviesa, e inquieta.
—Y lo sigues siendo, doy fe de ello. —Apuntó haciéndola suspirar.
—Te he proporcionado una información que va serte de mucha ayuda. ¿Tan complicado es dar las gracias?
—Te las daré cuando compruebe que no estás mintiendo. ˜—Respondió para hacerla enfurecer.
Sabía que todo era cierto, no dudaba de su palabra, pero le divertía verla así.
—¡Serás...! ¿Sabes qué? ¡Haz lo que quieras! ¡Yo he cumplido con mi palabra! —Gritó enfurecida— ¡Vamos Angela!
Isabella emprendió el camino de vuelta al castillo de manera presurosa. Sin percatarse de la divertida expresión que se esbozaba en el rostro de Edward.
—¿Por qué has sido tan desagradable con ella? —Preguntó Jacob—. No he examinado las flechas, pero podría tener razón.
—Porque me gusta hacerla enfadar. —Confesó divertido— La dejaré un par de minutos y ahora iré a hablar con ella.
—¡Ay, amigo! Esa mujer se te está metiendo bajo la piel, aunque tú no lo quieras ver.
Edward miró fijamente como Isabella se alejaba de él. Jacob tenía razón, Isabella se estaba colando en su piel, en su sangre y en su corazón.
ὠὠὠ
—¡Señora, señora! ¡Más despacio, por favor! —Suplicó una jadeante Angela subiendo las escaleras detrás de ella.
—Desagradecido, idiota... —Murmuraba para si entre dientes.
No entendía como Edward la había tratado así, ella solo pretendía ayudarle y a cambio... A cambio él se había burlado de ella.
Abrió la puerta de sus aposentos y se quedó paralizada al ver a un hombre allí dentro. Angela, que corría detrás de ella, prácticamente chocó contra su espalda.
Rubio, con su melena recogida en una coleta poseía unos rasgos fieros, acentuados por sus dos ojos azules, fríos como el hielo. Estaba sentado relajadamente, con una pierna cruzada a modo de cuatro en el sillón de Edward. La miraba con una sonrisa lasciva, una sonrisa que estremeció a Isabella.
Sentado allí, lanzaba distraídamente una manzana al aire, la cual, volvía a caer en su mano sin que tuviese que apartar los ojos de ella.
—¡Vaya! ¡Vaya! Desde luego, sabía que Edward me recibiría con honores, pero jamás pensé que me enviase al mismísimo Tesoro de Swan en persona... Creí que lo de compartir mujeres excluiría a su esposa...
—¿Quién...sois vos? —Preguntó Isabella aferrándose a la manija de la puerta.
Sin embargo, la respuesta a su pregunta llegó desde detrás de ella. La sorprendida voz de Edward rasgó el aire desvelando la identidad de aquel desconocido.
—¿James? ¿Eres tú?...
¡Hola a todos!
Antes de nada… ¡FELIZ NAVIDAD! Espero que estéis pasando unas buenas fiestas con los vuestros, pero sobre todo con salud.
Vaya sorpresita guardaba Isabella. Parece que James ha llegado a casa, ya era hora de conocer al hermano.
Espero que disfrutéis del capítulo, como siempre estaré encantada de leer vuestros comentarios.
Nos leemos el martes en los martes de adelantos del grupo de Facebook Elite fanfiction y el viernes en un nuevo capítulo.
Un abrazo para todos.
