CAPÍTULO 19

—¿James? —Preguntó Edward sorprendido al ver a su hermano sentado en su sillón dentro de su habitación.

Aún se encontraba detrás de Isabella, pero al ser más alto que ella, le permitía observar toda la estancia.

—¿Ni siquiera vas a darme un abrazo, hermano? —Preguntó el rubio levantándose del sillón y mordiendo la manzana.

—¡Claro que sí! ¡Ven aquí!

Edward rodeó a su mujer que aún permanecía paralizada observando la imagen y avanzó hasta fundirse en un efusivo abrazo con su hermano.

James golpeó eufóricamente la espalda y le elevó un par de centímetros del suelo al abrazarle.

—¡Te recordaba más fuerte! —Bromeó James

—¡Y yo a ti menos bestia! —Respondió Edward palmeando su mejilla—. ¿Cuándo has llegado? ¿Nadie me ha avisado?

—Eso es porque tu vigía no estaba haciendo bien su trabajo. Estaba demasiado ocupado echando una siestecita.

—¿De verdad? —Preguntó Edward furioso.

—Pero no te preocupes, ya me he encargado de ello. Creo… que no olvidará la charla que hemos tenido. —Sonrió de manera suspicaz.

—Claro que me preocupo, ¿Y si en lugar de ser tú hubiese sido alguien peligroso? Esos fallos no se pueden permitir.

—Ya te he dicho que me he encargado de ello. El pobre hombre acaba de ser padre y al parecer no está pasando muy buenas noches. Me ha prometido que no volverá a ocurrir. Pero ahora volvamos a lo verdaderamente importante: ¿No vas a presentarme oficialmente a esta belleza de ojos marrones?

Edward pasó sus manos por el rostro cansado, para después sonreír mirando a Isabella.

—Por supuesto, Isabella. —Se giró para tomarla de la mano y acercarla hasta él—. Este es mi hermano, James.

—Perdona si te he intimidado antes, pero nunca he podido resistirme a sentarme en este sillón, es demasiado cómodo.

—No... Importa. —Titubeó— Encantada de conoceros...

—Somos cuñados, dejemos las cortesías a un lado y tutéame. El placer sin duda es mío. —Sonrió acercándose hasta ella besando su mano— Debo confesar que me sorprendió que te casases con una Swan, pero aun habiendo sido por imperativo real, entiendo que no pudieses resistirte a su belleza.

—Es verdad que nuestro matrimonio comenzó de manera algo inusual, pero las cosas cambian... —Confesó abrazando la cintura de su esposa.

James se llevó las manos a la boca en un gesto burlón de sorpresa.

—Jamás creí vivir para ver esto: ¡Edward Cullen rendido a los pies de una mujer!, ¡Y no una cualquiera! ¡Una Swan!

— Isabella ahora es una Cullen.

—Pero no reniego de mi familia. —Se apresuró a corregir ella dedicándole a su marido una mirada molesta— Soy una Cullen por matrimonio, pero en mis venas corre sangre Swan y estoy orgullosa de ello.

—Y además con carácter, —Añadió James— ¿Has conseguido domarla?

—¡A mí no me...!

—Estoy en ello. —La cortó Edward riendo ante la broma de su hermano.

—Si quieres puedo ayudarte. —Propuso con tono sugerente.

—No hace falta. De mi esposa me encargo yo. —Respondió más serio de lo que quiso.

—Está bien, está bien. Solo bromeaba. No hace falta que te pongas así. Ya lo he entendido.

—Creo que yo me iré para que podáis hablar a solas. —Dijo incómoda Isabella.

—No, cuñada. No te preocupes, yo debo asearme y descansar, el viaje me ha dejado agotado. Ya sé que padre no se encuentra en el castillo. —Habló mirando directamente a su hermano.

—Está en la corte, no creo que tarde en volver.

—¿Y le has dejado viajar en su estado?

—Estaba mejor, además, ya sabes cómo es, cuando toma una decisión nada ni nadie le puede hacer cambiar de idea. Sigue siendo el laird y hay asuntos que solo puede manejarlos él.

—¿Ha ocurrido algo? —Preguntó preocupado.

—Está noche hablaremos en la cena. La vuelta del hijo pródigo se merece una celebración. ¿Podrás ocuparte de ello? —Preguntó mirando a Isabella, que, retenida por la mano de su esposo, aún no había abandonado la habitación.

—Sí, claro.

—Gracias.

—Bueno, será mejor entonces que vaya a descansar y prepararme. Os espero esta noche para la cena.

James se marchó y dejó al matrimonio solo, pues Angela, se había marchado sigilosamente tras la llegada de su señor.

—Estás muy sería. —Habló Edward—. ¿Ha ocurrido algo?

—No, es solo que... Me sorprendió verle en nuestra habitación cuando entré.

—Hablaré con él, James está acostumbrado a entrar aquí cuando le apetece, pero obviamente ya no puede hacerlo. No me gustaría que te encontrase medio desnuda.

—¿Seguro? —Preguntó enarcando una ceja.

—¿Como dices?

—Según las palabras de tu hermano, vosotros lo compartís todo.

—James es un bromista, seguro que solo quiso incomodarte.

—Ya...

—Bella, no voy a negarte que en el pasado hayamos disfrutados de las atenciones de la misma mujer, aunque no en el mismo tiempo ni espacio, pero tú... Eres solo mía. Si algún hombre se atreve a tocarte le cortaré las manos.

—Demasiado intenso para no estar enamorado.

—Soy muy posesivo y... Te tengo cariño.

—Cariño...

—Sí...

—Pues no parecías tenérmelo en el campo de entrenamiento.

—En el campo de entrenamiento me pareció mucho más divertido sacarte de tus casillas. —Confesó acercándose hasta ella y acariciando su rostro con el dedo índice—Estás preciosa cuando te enfadas.

—Eso quiere decir... —Preguntó Isabella jugueteando con los cordones de la camisa de él —Que me dejarás ayudarte con el arco.

—Eso quiere decir, que primero me darás unas lecciones privadas, y yo me encargaré de transmitirle a mis hombres esos sabios consejos tuyos.

—Pero ¿Por qué?

—Porque es lo correcto, además, así podremos hacer esas lecciones mucho más… divertidas. —Edward tomó el rostro de Isabella entre sus manos y la besó suavemente—. Ahora ve a preparar todo para esta noche. Te aseguro que lo pasaremos bien

Isabella observaba a Edward reír cómplice mientras que James narraba su enésima aventura. Nunca le había visto tan feliz ni relajado, parecía otro Edward, alguien más humano, lejano a la imagen de frío y duro líder. Allí sentado a la mesa rodeado por sus hombres, parecía un hermano más, disfrutando de chistes y algarabías. Incluso se había mostrado más cariñoso de lo normal con ella, cogiendo su mano para entrar en el salón y haciéndola participe de la conversación

Debía confesar que le alegraba verle así, aunque esa felicidad no era completa pues había algo en James que le hacía desconfiar de él. No sabía decir cuál era la razón: pero algo en su interior le producía desconfianza.

Quizás, su encuentro no había ayudado mucho. Los comentarios que hizo y la lascivia en su mirada la cohibieron basta. Sin embargo, todos allí parecían tener en estima a James, incluso los hombres más cercanos a Edward, aunque Black parecía mostrarse algo más distante que el resto.

—¿Cayo se mantiene alejado? —Preguntó Jasper haciendo que la conversación se tornase más seria.

—No cruzará la frontera, eso os lo aseguro. Nuestras tropas están bien situadas.

—Pues por algún sitio debe haber alguna coyuntura, se rumorea que algunos partidarios de él han conseguido traspasarlo.

—¿Quién ha dicho eso?

—Son rumores...

—Los rumores y cotilleos dejémoslo para las damas, a ellas se les dan mejor. Escocia no caerá ante él, eso seguro. Y creo que será mejor cambiar de conversación, parece que a mi cuñada le incómoda el tema

Isabella se envaro en la silla al escuchar su nombre.

—La guerra nunca es agradable. —Habló mirándole fijamente.

—Sin duda. Y a veces tiene un final impredecible. El mejor ejemplo es esta reunión, durante años los Swan y los Cullen han sido enemigos y ahora caminan de la mano unidos

—La enemistad se debía a viejas rencillas familiares, sin embargo, en todo lo concerniente a Escocia ambos han formado un frente unido, no somos tan diferentes.

—Bueno, ahora podrás demostrarlo. —Sonrió James—. Pero si mi padre, ha caído rendido a tus encantos como he escuchado decir, no hay nada más que hablar.

—Carlisle ha sido muy amable conmigo, le tengo en alta estima.

—Aún sigo sorprendido por su decisión de viajar, sus pulmones...

—De ese tema hablaremos más tarde. —Aclaró Edward— Pero si ha viajado es porque se ha encontrado con fuerzas.

—Aún así...

—James, no te preocupes todo está bien. Esta es tu fiesta, vamos a disfrutar de ella. —Edward se levantó y alzó la copa para brindar—. Por James y su regreso; ¡Ojalá su estancia aquí sea por mucho tiempo!

—¡Por James! —Brindaron al unísono.

—Gracias amigos. Bebed, comed y bailad. Ese es el mejor regalo que podéis hacerme.

—Te haré caso, hermano. —Sonrió Edward—. ¿Me acompañas? —Pidió tendiéndole la mano a Isabella.

—Por supuesto.

Las notas del laúd y las gaitas comenzaron a sonar entonando una canción alegre. Edward tomó de la cintura a s Isabella y se mezclaron con el resto de los allí presentes que danzaban entre saltos, giros y risas.

—¡Para, Edward! ¡Vas muy rápido! —Se quejó entre risas Isabella al ver cómo todo daba vueltas a su alrededor.

—Ni hablar, ahora viene lo mejor. —Freno en seco y la separó un poco de si, alzó sus manos unidas y la hizo girar sobre si misma, haciendo que la falda de su vestido se alborotase entre sus piernas.

Con tanto giro, Isabella tropezó y perdió el equilibrio cayendo en brazos de su marido.

—Bella, ¿Estás bien?

—Todo me da vueltas... No sabía que fueses un bailarín tan entusiasta.

—Yo todo lo hago con entusiasmo

—¿Me has llamado Bella? —Preguntó sorprendida.

—Sí

—Es la primera vez que me llamas así

—¿Te molesta?

—Para nada. —Sonrió.

Podía parecer una tontería pero que la hubiese llamado por su diminutivo ya era un gran paso. Así sólo la llamaban aquellos que la querían, y eso significaba que Edward empezaba a abrirle su corazón.

—¿Por qué sonríes? —Preguntó Edward haciéndola consciente de que en su rostro se había dibujado una sonrisa involuntaria.

—Porque soy feliz. —Respondió Bella.

Edward, recordó en ese instante las palabras que Charlie Swan le había dicho antes de entregarle a su hija, le hizo prometer que la haría feliz y al parecer lo había logrado. Lo sorprendente es que no le resultó difícil y extrañamente saber que Bella era feliz le hacía feliz a él también.

—Si quieres saberlo, yo siento algo parecido y es raro, porque hacía años que no me sentía así.

Isabella iba a responder cuando la voz de James llegó hasta ellos interrumpiendo.

—Siempre tan oportuno, James. Se quejó Edward.

—Ese es mi don ¿Puedo bailar con mi cuñada?

—Yo... No creo que pueda resistir otro baile —Intentó negarse Isabella.

—Tranquila, yo no soy tan efusivo como mi hermano,

—James te cuidará, pero solo un baile. Después te espero en el despacho, tenemos que hablar.

—Por supuesto. —Edward besó la mano de su esposa y la dejó junto a James.

Incómoda, retorció las manos delante de su vestido, pues no quería estar allí, pero Edward la había dejado a su merced.

—¿Puedo? —Preguntó James pudiendo permiso para bailar con ella.

—Claro, —Aceptó Isabella.

Guardando una distancia prudencial, ambos empezaron a balancearse al ritmo de la música, más tranquila que la pieza anterior.

—No estás cómoda. —Habló James observando como ella permanecía rígida e intentando evitar todo contacto visual con él.

—No es eso, solo... Estoy cansada. ¿Tú no? Prácticamente no has parado en todo el día después de un largo viaje.

—Estoy acostumbrado. Siento lo que te dije esta mañana, te pido disculpas por mis palabras. A veces no todo el mundo entiende mi sentido del humor.

—No pasa nada, ya está olvidado.

—Me gustaría mantener una relación cordial contigo, mi hermano es muy importante para mí.

—Por mi parte no habrá problema.

—Lo que quiero decir, Isabella es que... No voy a permitir ninguna jugada sucia a su alrededor. Tu misma has dicho que sigue siendo una Swan en el fondo, y por tanto la traición corre por tus venas. Las mujeres podéis cegar hasta a él más vil guerrero con vuestros encantos y en el fondo Edward no deja de ser un hombre.

Isabella se deshizo del agarre de James y le fulminó con la mirada.

—Si quieres mantener una buena relación conmigo no creo que la mejor forma de hacerlo sea insultándome. No me conoces y yo tampoco a ti, pero tu hermano sí. Si confía en mí o no, es problema suyo y de nuestro matrimonio. Los Swan no traicionamos a nadie y yo jamás le haría daño a tu hermano.

—Te mantendré vigilada, Isabella.

—Creo que lo mejor será que dejemos esta conversación aquí. Vigílame todo lo que quieras porque no vas a encontrar nada. ¡Buenas noches!

Isabella abandonó el salón conteniendo las lágrimas de frustración. Su impresión sobre James no había sido equivocada. Ese hombre no era de fiar. Sólo esperaba que su llegada no acabase con la paz y tranquilidad que se acababa de instaurar en su matrimonio.

¡Hola a todos! James ha llegad y parece ser que por todo lo alto.

Veremos que ocurrirá a partir de ahora.

Espero leer vuestras teorías en los comentarios. Garcias a todos los que seguís apoyando esta historia.

Y por supuesto.

¡FELIZ AÑO NUEVO! Espero que este 2021 esté cargado de buenos deseos y ojalá que empecemos a ver la luz de este oscuro túnel e el que no sha metido la pandemia.

Un beso y un abrazo muy fuerte para todos.

Saludos.