CAPÍTULO 20

Edward llenó la copa de whisky y se la ofreció a su hermano que permaneció sentado de manera relajada en la silla frente al escritorio.

—Cuéntame, ¿Qué sabes sobre la situación de Cayo? Pero quiero la verdad, no los rumores que andan circulando. Tú has estado allí, en la batalla, sabes cual es la situación real.

—Bueno, hemos tenido tiempos mejores. Cayo ha ganado algo de ventaja, pero aun así el territorio está controlado. La frontera es fuerte y no caerá fácilmente.

—¿Habéis detenido a muchos tránsfugos? Se escucha que algunos hombres de Cayo han conseguido pasar.

—Allí no se detiene, Edward. Allí se mata. Han caído unos cuantos...

—Entonces algunos si han podido pasar, Cayo ha conseguido colar a sus espías.

—Igual que nosotros hemos colado a los nuestros. Pero... ¿Por qué te preocupa? ¿Ha ocurrido algo?

Edward se acarició la barba, pensativo, analizando los datos que le había dado su hermano.

—¿Edward? ¿Qué ha ocurrido?

—El otro día apareció un hombre muerto, todo parece indicar que era de las tropas de Cayo y llevaba una nota consigo que insinuaba una posible traición por nuestra parte.

—¿Cómo? ¿Estás seguro? —Preguntó sorprendido.

—Lo vi yo mismo con mis propios ojos.

—Pudo ser un accidente...

—Tenía la cabeza abierta, a ese hombre le mataron, pero no es solo eso...

—¿Hay más?

—La otra noche fui con Bella a dar un paseo por el bosque.

—¿Un paseo de noche? —Preguntó enarcando una ceja.

—Sí, un paseo. —Repitió cortando cualquier tipo de broma que pudiese provenir de su parte— El caso es que escuché un ruido y después descubrí que alguien nos había seguido.

—Probablemente sería algún curioso. Os vio y quiso saber qué hacía el futuro laird con su esposa a esas horas en mitad del bosque...

—No lo creo, aquí hay algo más...

—¿A qué te refieres?

—Creo que alguien quiere hacer creer que somos unos traidores. Si no, ¿Por qué tendría ese hombre esa nota?

—Si fuese así, el problema está resuelto. Me has dicho que estaba muerto ¿No?

—Sí, pero... ¿Quién le envió?

—Puede que nadie. Quizás quien se encontró con él descubrió la nota y le mató.

—¿Sin dar aviso? ¿Sin informarme de lo que ocurría?

—Edward, a veces las cosas son más simples de lo que piensas. Igual, quien mató a ese tipo no dijo nada por temor a ser juzgado por asesinato. ¿Qué es lo que está pasando por esa cabeza tuya?

—Creo que hay un traidor entre nosotros...

—¿Hablas en serio?

—Sí.

—¿Tienes pruebas? Porque es una acusación muy seria.

—No, no las tengo. Por eso quiero pedirte ayuda. Tú acabas de volver, quiero que observes cualquier comportamiento extraño, cualquier movimiento fuera de lo normal y me lo digas. Pero todo debe hacerse con la mayor discreción posible, sois muy pocos quienes sabéis esto: solo tú, padre y mis hombres de confianza.

—Está bien, estaré al pendiente, hermano.

—Gracias, James. No me gustaría que tuviésemos una sorpresa desagradable.

—No te preocupes, me mantendré vigilante.

—Bien, ahora descansa, ha debido ser un día duro para ti.

—Ha merecido la pena con tal de volver a casa. Aunque creo que tú tienes más ganas que yo de retirarte a dormir. Esa esposa tuya... Es toda una delicia.

—James, un poco de respeto, por favor. No quiero escuchar esos comentarios sobre Isabella.

—Está bien, está bien. Pero sabes que no lo he dicho con mala intención.

—Lo sé

—Ve a que tú esposa te de unos mimos, seguro que ella te quita las preocupaciones.

—Descansa, hermano.

Edward se marchó dejando a James pensativo en el despacho. Sin duda, cuando dejó Cullen meses atrás las cosas eran muy diferentes a como estaban ahora. Acababa de llegar y odiaba los cambios, y al parecer las cosas iban a cambiar y mucho.

ὠὠὠ

La vida en Cullen continuaba sin sobresaltos. La llegada de James había supuesto un soplo de aire fresco pues siempre se había caracterizado por ser el más extrovertido de los dos hermanos.

Edward continuaba con los entrenamientos y adiestramiento de los hombres e Isabella observaba recelosa desde la distancia los movimientos.

—¿Qué le preocupa? —Preguntó Angela la verla fruncir el ceño.

—Se le pega como una lapa. —Murmuró Isabella.

—¿Cómo dice?

—James... No se separa de Edward, está todo el día pegado a él...

—Siempre se han llevado muy bien, a pesar de...

—¿A pesar de qué?

—Bueno, ya sabe... De que no sean hermanos completos.

Isabella asintió. Edward no le había contado la historia, pero en más de una ocasión escuchó a su padre hacer referencia al origen bastado de James. Aunque al parecer, Carlisle Cullen le había tratado como a un hijo, sin hacer grandes diferencias con Edward.

—En teoría, James debería ser el heredero, es el mayor... —Murmuró Bella.

—Pero nació fuera del matrimonio, por lo que no está permitido. Lady Esme era un ángel y aceptó a ese niño como si fuese suyo. No todas las mujeres en su lugar harían lo mismo.

—En eso estoy de acuerdo. Pero... ¿James ha aceptado bien el que alguien ocupe su lugar?

—Yo solo soy una empleada, mi señora. Pero jamás le he escuchado hacer referencia al tema. Siempre ha mostrado admiración por el señor Edward y se han llevado muy bien. ¿Por qué lo pregunta?

—No, por nada. —Le restó importancia— Es solo que no todo el mundo acepta así de fácil renunciar a ser el jefe de un clan, aunque al no estar reconocido oficialmente esa opción nunca ha sido factible. Pero no deja de sorprenderme lo bien que lleva que, aun siendo el mayor, en teoría el heredero de todo esto, se muestre conforme.

—Tal vez, lo aceptó porque nunca ha tenido opción de que eso se haga realidad. La jefatura del clan siempre ha sido del señor Carlisle y al señor Edward, desde pequeño se le instruyó para eso. No le cae bien el señor James, ¿Verdad?

—Digamos que hay algo que no termina de convencerme, pero igual me equivoco. No merece la pena darle más vueltas, será mejor que continuemos con nuestros asuntos.

—Pues creo que no va a poder ser, su esposo se dirige hacia aquí

Isabella apartó la mirada de Angela y observó como Edward, sonriente se acercaba hasta ellas.

—¿Cómo van esas labores de vigía?

—¿Cómo dices? —Preguntó Isabella temerosa de qué hubiese descubierto cómo observaba a James...

—Llevas un rato ahí parada, observando mis movimientos. Pareces un vigía de la torre oteando el horizonte en busca de algún movimiento extraño.

—¿Y no puedo parecer una esposa interesada por su marido? —Sonrió coqueta.

—Eso me gustaría más... ¿Te interesan mis movimientos?

—Edward, me interesa todo de ti...

Edward esbozó una amplia sonrisa, la tomó por la cintura y la aproximó hasta él lanzándose a devorar su boca ante el jadeo de Angela y algún que otro grito burlón de sus hombres.

—¡Edward! —Exclamó Bella sorprendía por el asalto pues precisamente su esposo no era de muchas demostraciones de afecto en público.

—¿No te ha gustado?

—Sí, pero... Tú no eres así...

Edward se encogió de hombros.

—Me apetecía besarte, soy el futuro jefe de estas tierras y de algo me tiene que servir ese poder. Si me apetece besar en público a mi esposa, lo haré y nadie podrá recriminarme nada, aunque me apetecía hacerte mucho más, pero eso mejor lo dejamos para nuestra alcoba.

—¡Santo cielo! ¡Te estás volviendo un descarado!

—Es lo que provocas en mí, ¿O no te apetece seguir perfeccionando el arte de cabalgar a caballo? —Susurró en su oído haciendo que se estremeciese todo su ser.

Isabella se sonrojó de arriba a abajo al recordar la clase de "monta" que recibió la noche anterior en su cama.

Sus encuentros maritales hasta ese momento siempre habían estado conducidos por Edward, pero la noche anterior, él decidió cambiar las tornas sentándola a horcajadas sobre él e invitándola a disfrutar de una nueva experiencia.

Isabella se estremeció al recordar como todo su cuerpo se erizó cuando su interior albergó el miembro.

—¿Un bonito recuerdo? —Preguntó Edward al ver su sonrojo.

La tez de Isabella se encendió un poco más haciendo que Angela sonriese a su lado.

—Puede que mis recuerdos no te hagan justicia. —Respondió fingiendo indignación.

De pronto se vio a escasos centímetros de la cara de Edward, que la había apresado por la cintura acortando la distancia que les separaba arrancando un jadeo de sorpresa de su boca.

—Entonces… —Susurró en su oído— Tendré que hacerte revivirlos de nuevo.

Isabella escondió su avergonzada cara en el pecho de él que divertido sonrió sobre su pelo.

—¡Edward!

La voz de James llegó hasta ellos haciendo que se separasen. Su hermano alzaba la mano para llamar su atención, uno de sus hombres permanecía en el suelo retorciéndose de dolor.

—¿Qué ha ocurrido? —Preguntó Isabella.

—Nada importante, Lewis es un quejica, —Aclaró en referencia al hombre que permanecía en el suelo— Seguro que se han emocionado demasiado entrenando. A veces se comportan como niños pequeños.

—Pues entonces ve y pon orden, —Sonrió Isabella.

—Solo porque tú me lo pides. Te veré en nuestros aposentos, esta noche cenaremos allí.

—¿Por qué?

—Hay cosas que no se preguntan, esposa mía. —Edward le acarició los labios con el pulgar y besó su frente antes de marcharse.

Bella acompañó a Angela hasta las cocinas, donde, para disgusto y contrariedad de las mujeres insistió en ayudarlas a preparar mermelada de moras.

—No tengo anda que hacer, y no pienso encerrarme en la habitación para volver loca de aburrimiento.

—¡Pero se ha puesto perdida, mi señora! —Exclamó Angela— Tiene todo el vestido manchado y el rostro también.

Isabella limpió las gotas de mermelada que tenía en su mejilla y llevó parte del dulce a su boca para probarlo.

—¡Está delicioso! El esfuerzo ha merecido la pena.

—Le prepararé un baño para que pueda cambiarse antes de…cenar —Apuntó Angela, que sabía los planes de sus señores para esa noche.

—Gracias, Angela.

—Suba a sus aposentos, iré en seguida con el agua caliente.

Isabella subió las escaleras y se encaminó hacia su habitación. Un extraño silencio rodeaba el pasillo, silencio que fue roto por el sonido del metal golpeando el suelo.

Extrañada, Isabella se volteó para ver desde donde provenía el sonido, pero no logró identificarlo. Siguió avanzando en su camino, pero esta vez algo parecido a un lamento la hizo detenerse.

—¿Hola?, ¿Hay alguien ahí? —Preguntó intentando averiguar de dónde venía el sonido.

Un nuevo quejido le hizo reconocer el lugar desde donde provenía el lamento; las escaleras.

Isabella avanzó escuchando como el lamento cada vez se volvía más cercano. Llegó hasta las escaleras y observó una pequeña bola peluda acurrucada junto al primer escalón; era un gatito.

—¡Hey, pequeño! ¿Qué haces ahí? —Susurró agachándose para quedar a su altura, aunque manteniendo la distancia puesto que no quería asustarle.

El felino escondía su rostro entre sus patas, aunque un pequeño rastro de sangre se podía adivinar entre su pelaje blanco.

—¿Estás herido? ¿Qué te ha ocurrido? —Preguntó acercándose un poco más.

En ese mismo momento el gatito se alzó sobre sus patas y bufó en gesto defensivo, sacando sus garras.

—¡Tranquilo, Tranquilo! —Pidió acercándose hasta el borde de las escaleras justo en el mismo momento en el que el gato volvió a bufar y salió corriendo.

—Pero ¿Qué…?

Isabella se levantó observando como el gato huía, sin embargo, no pudo terminar de formular su pregunta pues de su propia garganta brotó un grito al sentir como perdía el equilibrio. Una perdida de equilibrio provocada por una fuerza proveniente de su espalda, como un empujón.

De pronto se vio rodando escaleras abajo, a una velocidad inesperada. Sintió como cada escalón la golpeaba en cada parte de su cuerpo: sus piernas, sus costillas, su hombro…Intentó aferrare con sus brazos para frenar la caída, pero no pudo hacerlo. Sin embargo, la caída paró, paró en seco cuando su cabeza golpeó contra el frio granito.

Un dolor lacerante atravesó su cabeza, haciendo que perdiese la visión y sintiese como un frio liquido comenzaba a recorrer su frente.

Lo último que escuchó fue el grito de una mujer y el sonido del agua derramándose en el suelo.

Hola a todos. Espero que hayáis empezado este 2021 con buen pie y que venga cargado de salud para todos vosotros.

La tranquilidad que reinaba en Cullen se ha visto perturbada, ¿Qué ocurrirá con Bella?

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.

Espero ansiosa vuestros comentarios

Un Saludo.