CAPÍTULO 22
—¡Estás loca! ¿Qué demonios se te pasó por la cabeza para hacer eso? —Bramó James.
Se encontraban en las traseras del establo. La noche había caído y el velo negro del cielo les cobijaba. Tuvo que retrasar su conversación con Tanya por temor a que les descubrirsen, era demasiado peligroso hablar en el castillo y al parecer esa mujer no temía las consecuencias.
Cuando tiempo atrás la vio espiando a su hermano y a su esposa en su escapada nocturna, creyó encontrar en ella a la aliada perfecta, sin embargo, lo que en un principio pareció ser una gran idea, ahora dudaba de que así fuese.
De todos era sabido que esa mujer calentaba la cama de su hermano desde hacía tiempo, y no hay un arma mejor que una mujer despechada. Sin embargo, Tanya se estaba saliendo del plan trazado y eso podía poner en peligro su futuro.
—¡No me grites! Solo he acelerado un poco las cosas.
—¡¿Qué has acelerado las cosas?! ¡Has podido estropearlo todo! ¡Te dije que yo te informaría de los pasos a seguir!
—¡Pero no lo has hecho! Te has dedicado a jugar al buen hermano.
—¿Y qué querías que hiciese? Sería demasiado sospechosos que empezasen a ocurrir cosas justo a mí vuelta. ¡Ya me arriesgué bastante al matar a ese tipo que encontraron en el bosque!
James sentía como la furia invadía todo su ser, todo se estaba descontrolando y siendo más complicado de lo que creía. A su vuelta se encontró con la sorpresa de que su padre en persona había ido a informar a Aro de lo ocurrido. No contaba con eso, la salud de Carlisle no había sido demasiado buena en los últimos tiempos, pero al parecer incluso eso se había puesto en su contra.
—¿Por qué lo has hecho? ¿Podías haberla matado?
—¡Es que esa era la idea!
—¿Por qué?
—¡Porque la muerte de esa zorra hundiría a tu hermano! Edward está loco por ella, aunque no lo reconozca, si muere flaqueará, se hundirá y ese será el momento oportuno para que tú te hagas con el control del clan
—¿Y tú? —Interrogó James a sabiendas de que ese no era su objetivo inicial—. ¿Qué ganas tú?
—Yo seré su paño de lágrimas, la persona que le reconforte y ayude a pasar ese amargo trance y...
—Y consigas meterte de nuevo entre sus sábanas.
Tanya sonrió.
—Isabella no ha muerto, esa... Artimaña a tuya de infectar las vendas no está funcionando. Está viva y va a salir de esta. ¿Te vio?
—No. —Respondió furiosa.
—¿Segura?.
—Creo que no. Utilicé un gato para llamar su atención y la ataqué por la espalda. Si sobrevive no recordará nada por el golpe y, además, me aseguré de que estuviese sola.
James suspiró y pasó sus manos por su despeinada melena.
—A partir de ahora no harás nada sin consultarme. No podemos arriesgarnos. ¿Me escuchas Tanya?
—Pero...
James acortó la distancia que les separaba y tomándola por el cuello la aprisionó contra la pared apretando su agarre.
—Escúchame bien, maldita sea. —Susurró mirándola fijamente—. No voy a permitir que tú ineptitud arruine mis planes. Si yo quiero... Si me desobedeces…, tú Edward puede acabar dos metros bajo tierra. Me basta mover solo un dedo para acabar con su vida. Es más, no mi importaría sustituirle también como esposo de Isabella, esa Swan es... Tentadora... —Sonrió imaginando esa posibilidad.
—Ese.. N-no era el tra-trato. —Jadeó intentando ganar un poco de aire—. N-no le ma-matarias..
—El trato depende de que me obedezcas. —Amenazó— Ya lo sabes Tanya, ten cuidado y no vuelvas a actuar sin consultármelo primero. —Escupió deshaciéndose del agarre lanzándola contra el suelo.
Furioso, volvió al castillo. No iba a sacrificar la oportunidad de hacerse con el liderazgo del clan por las estúpidas creencias amorosas de una ramera. Él, sería el próximo laird de Cullen, y si para ello debía sacrificar a su padre y su hermano, lo haría.
Edward acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de Isabella. La convalecencia se le estaba haciendo eterna. Afortunadamente, la sudoración había disminuido, la temperatura de su piel era más regular y la respiración más normal. Los hematomas de su cuerpo comenzaban a desaparecer, pero lo único que le importaba era que ella despertase.
Apretó la mano de ella entre las suyas y unidas las llevó a su frente de nuevo, a penas la soltaba cuando estaba con ella.
Un leve gemido le hizo volver la atención a su esposa. Quizás lo hubiese imaginado, pero al ver cómo la cabeza de ella comenzaba a moverse suavemente, supo que no. El momento que tanto ansiaba estaba llegando.
—¡Bella!, ¡Bella, mi amor! ¿Me escuchas? —Susurró acercándose más a ella y acariciando su cara—. Mi amor, ¿Estás despierta?
Los ojos de Isabella se abrieron y contactaron con los de él que en ese mismo momento refulgían de alegría y esperanza.
—¡Bella, Bella! ¡Estás despierta, mi amor! —Exclamó sin poder creérselo aún.
—Ed-Edward, ¿Qué...? —Preguntó intentando incorporarse, pero su gesto se torció al recibir un latigazo de dolor en su costado—¡Ahhh!
—¡No te muevas, mi vida! Estás, bien, voy a llamar a Peter y Claire para que te revisen.
—Edward...
Pero Edward era un borrón en la habitación, salió disparado ordenando a voces que trajesen a Claire y Peter hasta sus aposentos.
En un instante el matrimonio acudió acompañado por Carlisle, James y un par de doncellas entre las que se encontraba Angela que no podía contener la emoción por ver a su señora despierta.
Peter se encargó de despejar de gente la alcoba, a todos menos a Edward que se negó en rotundo a salir de allí. Claire fue la encargada de revisar las heridas de las zonas más íntimas mientras que su marido se ocupó de comprobar el estado del resto de las heridas.
Todo estaba en orden. Isabella estaba consciente y no parecía haber sufrido daños graves. La debilidad de la fiebre aún era evidente en su cuerpo, pero nada que con una buena alimentación y reposo pudiese solventar.
—Iré a prepare un caldo caliente y un poco de carne estofada. Debe comer algo, mi señora. —Se excusó Angela dejando en la habitación a Isabella, junto a Edward, James y Carlisle.
Fue este último quien rodeó la cama y se sentó al otro lado para tomar la mano de su nuera.
—Me alegra mucho verte despierta, Isabella. Cuando llegué y me enteré de tu accidente me sentí devastado.
—Muchas gracias, Carlisle. —Sonrió— Espero que hayáis tenido un buen viaje. —Habló con voz más clara. ¿Cuándo regresasteis?
—Hace una semana.
—¿Una semana?
—Sí, te has echado una siesta muy larga. —Sonrió Edward apretando su mano.
—Pero ya ha despertado, eso es lo importante. —Habló James— Y creo que deberíamos dejarla a solas para que descansé, ¿No creéis padre?
—James tiene razón. Será mejor que nos marchemos. —Dijo Carlisle levantándose— Descansa, hija.
—Gracias.
—Me alegro verte bien, Isabella. Nos has dado un susto de muerte.
—Muchas gracias. —Sonrió Bella de nuevo.
Padre e hijo salieron de la habitación dejándolos solos, sumidos en un extraño silencio cargado de emoción.
—Así que, una semana...
—La peor semana de mi vida. —Confesó.
—No seas exagerado, has luchado en batallas y guerras, seguro que aquello fue mucho peor.
—Bella, creí que ibas a morir. Cada vez que sentía como tu fiebre subía se rompía un trozo de mi alma, cada vez que convulsionabas me sentía impotente por no poder calmar tu dolor, si tú... Si me hubieses dejado, habría muerto contigo.
—No digas eso, —Pidió acariciando su mejilla—. Estoy aquí, no me voy a ir a ningún lado.
—Más te vale, porque no me lo habría perdonado nunca. —Confesó besando la palma de su mano— No podría vivir con el remordimiento de haber sido un necio y no confesarte mis sentimientos.
—¿Tus... sentimientos?
—Te amo, Bella. —Reconoció en voz alta por fin— Aunque haya sido un ciego negándome a mí mismo mis sentimientos, aunque haya intentado reprimir los y frenarlo. Creo que me enamoré de ti el mismo día que te conocí. Allí, en Swan, descalza y a medio vestir, tropezando y cayendo al suelo, creo que atrapaste mi corazón en el mismo instante en el que me miraste.
—Edward... —Sollozó
—No llores, mi amor. No quiero que te aflijas. A partir de ahora te prometo que solo llorarás de felicidad. —Susurró limpiando sus lágrimas con sus besos.
—Es que... He soñado tantas veces con escucharte decir eso, ... Que creo que no es real.
—Lo es, lo soy. Te amo, y voy a dedicar mi vida entera a hacerte feliz.
—Mi vida. —Sonrió Isabella.
Edward besó sus labios suavemente, un beso cálido y tranquilo que al momento se tornó intenso y apasionado. La lengua de Edward perfiló los labios de Isabella, abrazándola más intensamente, pero controlando de no hacerle daño.
Isabella sentía como una nube de felicidad invadía todo su interior. La amaba, Edward la amaba. Lo había reconocido, el anhelo de que sus sentimientos fuesen correspondidos se había hecho realidad por fin.
Un jadeo de sorpresa les hizo separarse.
—¡Ay, disculpen, yo...! —Una ruborizada Angela estaba bajo el quicio de la puerta sosteniendo nerviosa la bandeja con la comida de Isabella.
—No te preocupes Angela, —Habló Edward— Deja la comida ahí, yo mismo me encargaré de ayudar a mi esposa.
—Sí, mi señor.
Angela abandonó la estancia y fue él mismo quien ayudó a incorporarse a Isabella y llevar la bandeja con la comida hasta la cama.
Movió suavemente el cuenco lleno de caldo caliente y tomó la cuchara dispuesto a alimentarla.
—Puedo comer sola, Edward.
—Lo sé, pero mi deber es cuidarte y protegerte, además me apetece cuidarte.
—Pero no hace falta, seguro que tienes cosas pendientes que hacer y...
—Bella, nada es más importante para mí que tú. Voy a darte de cenar porque quiero, te ayudaré a asearte como en estos días y vigilaré que no te levantes de esa cama hasta que estés completamente recuperada.
—¿Tú...me has aseado? —Preguntó ruborizada
—Pues claro, soy tu esposo, no iba a permitir que nadie más lo hiciese. Y cuando estés recuperada vamos a trabajar ese equilibrio tuyo. ¡No quiero que me vuelvas a dar un susto de estos, pequeña patosa!
El semblante de Isabella se volvió serio y apartó la mirada de su esposo centrándose en el cuenco en el cual, la sopa se enfriaba.
Edward, confundido por su reacción, tomó su barbilla entre los dedos y alzó su rostro.
—Mi amor, no quiero que te lo tomes a mal, pero tu agilidad no es demasiado buena, vas a tener que subir y bajar esas escaleras con frecuencia y no quiero que te vuelvas a caer.
—Edward, yo... —Suspiró tapándose el rostro
—¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?
—No, no es eso es que...
—¿Qué?
—Edward, yo no me caí por las escaleras.
—¿De qué hablas?
—Cuando me dirigía hacia aquí escuché un ruido, me giré y vi a un gato situado al borde de la escalinata. Me acerqué porque parecía estar herido, nunca le había visto en el castillo, pero el gato salió huyendo y cuando me incorporé...
—Bella, ¿Qué pasó?
—Cuando me incorporé sentí como alguien me empujaba por la espalda. —Confesó viendo como los ojos de su marido se abrían por la sorpresa.
—¡¿Qué?! Exclamó levantándose de golpe atónito por sus palabras.
—Alguien me empujó escaleras abajo, Edward.
—¿Estás segura, Bella? Es una acusación muy grave. Puede que el golpe y la fiebre haya emborronado tus recuerdos y estés confundida.
—Edward recuerdo todo perfectamente: lo que hicimos ese día, lo que comimos, la mermelada que hice con las cocineras, el color de mi ropa y por supuesto, recuerdo sentir unas manos empujando me por la espalda. Enumeró con la vista fija en las sábanas— Lamentablemente no pude ver quien era.
Edward paseaba nervioso por la estancia intentando controlar el estallido de furia que se habría paso en su interior.
—¿Sabes lo que significa eso, Bella? ¿Sabes...? —No pudo terminar porque tuvo que descargar esa ira golpeando el puño contra la pared, gestó que asustó a Isabella.
—Edward...
Éste se giró y volvió a su lado junto a la cama. Inspiró y juntó sus frentes acariciando suavemente su rostro.
—Bella, si lo que dices es cierto, eso significa que alguien, alguien cercano a mí, alguien de mi clan, alguien que me debe lealtad... ¡Ha intentado matarte!
Isabella acarició el pecho de Edward sabiendo el dolor que aquella noticia le había provocado. Tenían a un traidor entre ellos, alguien que la quería muerta a ella, y tal vez a él.
¡Hola a todos!
Por fin ha despertado Bella y parece que lo recuerda todo, o casi todo. ¿Qué hará Edward? ¿Descubrirán al traidor?
Os aseguro que viene capítulos moviditos.
Muchas gracias por los favs, follows y reviews.
Os leo en lso comentarios.
Saludos.
Nos seguimos leyendo.
