CAPÍTULO 24

La tensión que se respiraba en el ambiente podía cortarse con un cuchillo. La noticia había caído como un balde de agua fría entre los allí presentes. Despertando una ola de sentimientos contradictorios.

—¿Qué piensas hacer, Edward? ¡Esto no puede quedarse así! —Bramó por enésima vez James.

—Necesito pensar, no quiero tomar decisiones en caliente. —Explicó Edward extrañamente calmado. No podía creerlo, más bien, no quería creerlo, por eso necesitaba tiempo, para no precipitarse e incurrir en errores del pasado.

—¿Pensar? ¡Nos han atacado! ¿Qué clase de jefe eres? ¿Nos atacan y en lugar de defendernos quieres pensar? —Gritó su hermano fuera de sí.

—Cálmate, James. —Pidió Jacob observando como Edward estaba a punto de perder los nervios.

—¡No voy a calmarme!¡Son unos traidores!¡Una sangre sucia!

—¡Ya basta, James! —Edward acortó la distancia que les separaba y le agarró por el pecho— Ten cuidado con esa boca porque te recuerdo que esa misma sangre corre por las venas de mi esposa, tu futura señora. —Sentenció con tono amenazador.

—Pues la familia de tu esposa no parece tener mucha consideración contigo, a la vista de los acontecimientos. ¿Quién sabe? Igual hasta Isabella…. —Sugirió mirando fijamente a Edward

—No vayas por ahí, James. No acabes esa frase, porque te juro que soy capaz de olvidarme de que eres mi hermano —Amenazó

James respiró para intentar calmarse, aflojó el agarre de su hermano y palmeó su hombro.

—Está bien, lo siento. Es solo que... Todo esto... Nos están atacando Edward, no podemos quedarnos quietos.

—Y no lo haremos, pero actuaremos con justicia y racionalidad. —Explicó antes de buscar el apoyo de su amigo— Jacob, acompáñame, si todo está controlado podréis iros a descansar. Que se quede solo una cuadrilla de cinco hombres de los que han venido a hacer el relevo. Y que nadie diga ni una sola palabra de lo ocurrido aquí.

—Por supuesto.

—Te acompaño, Edward. —james se adelantó aproximándose a él.

—No, mejor ve a descansar. Deberás estar agotado de toda la noche, un baño te calmará y aclarará tus ideas.

Jacob acompañó a Edward hasta el despacho tras abandonar la zona del incendio., Una vez allí, bajo el calor del hogar, tomó la botella de cristal y sirvió un par de vasos de whisky.

—Toma, bebe. Creo que nos vendrá bien a ambos.

Edward ni siquiera reparó en qué era demasiado temprano para beber. Tomó el vaso y dejó que el licor abrasase su garganta.

—¿Mejor?

—No, —Respondió rellenando el vaso y bebiendo de nuevo el contenido de un solo trago.

—Emborracharse no creo que te ayude a analizar esta situación con claridad, amigo.

—Pero si me ayudará a calmar mi ira. —Habló girando el cuello a un lado ya a otro para intentar deshacerse de la tensión que pesaba sobre sus hombros.

—¿Crees que han sido los Swan? Al fin y al cabo, eran sus terrenos y...

—No han sido ellos.

—Pareces muy seguro.

—Lo estoy. Charlie Swan no haría nada que pudiese dañar a su hija, y vengarse de mí de esa manera... Podría desatar mi furia y hacérselo pagar a ella.

—Pero tu jamás le pondrías la mano encima a tu mujer. Estás enamorado de ella.

—Pero eso Charlie no lo sabe, él piensa que todo sigue como al principio.

—¿Isabella no le ha dicho nada en sus cartas?

—No, estoy seguro. —Afirmó recordando como su esposa descubrió su pequeña labor de espionaje.

—¿Entonces?

—El enemigo es uno de los nuestros, Jacob. —Confesó observando el gesto de perplejidad en el rostro del hombre que era su mano derecha.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—La caída de Isabella no fue un accidente, alguien la empujó. Alguien… que conoce tan bien el castillo como para actuar sin ser visto

—Pero ¿Cómo lo sabes?

—Ella lo recuerda todo, lamentablemente no vio a su agresor. Pero, piénsalo: el hombre que apareció muerto aquí, intentándonos hacer como unos traidores, el accidente de Isabella, si Swan se hubiese enterado habría venido aquí a matarme, ahora este incendio intentando despertar nuestra furia para que les ataquemos...

—Alguien quiere que una guerra entre clanes estalle. —Habló Jacob— Pero…¿Por qué?.

—Para resquebraja la frontera. Si nos matamos los unos a los otros Cayo podrá penetrar en Escocia.

—Pero aquí no hay ningún partidario de Cayo...

—Ninguno que sepamos. —Aclaró Edward enarcando una ceja— Alguien está siendo desleal a los Cullen y a Aro.

—Edward, esto... Si esto es verdad, es más grave de lo que pensamos.

—Escúchame, Jacob. —Pidió acercándose hasta él y tomándole por los hombros— Eres la única persona que sabe lo que pienso, ni siquiera le he querido decir nada a mi padre para no preocuparle. Confío en tu discreción, hermano.

—Claro, sabes de sobra que no diré nada. Pero... ¿Qué vamos a hacer?

—Lo que esa persona quiere.

—¿Atacarás Swan? —Preguntó sorprendido.

—No, le haré creer que lo haré, que he caído en su trampa.

—¿Cómo?

—Está noche haré una reunión con todos presentes, les diré que iremos a Swan para hablar con su laird. El traído querrá comprobar con sus propios ojos que es así, nos seguirá y tengo fe en descubrirle en mitad del bosque.

—¿Estás seguro, Edward?

—Completamente.

ὠὠὠ

—¡No han sido los Swan!, ¡Mi padre jamás ordenaría algo así, Edward! Él sabe que ésta es mi casa ahora y que tú eres mi familia. —Explicó Bella sin poder ocultar su desasosiego.

Edward había decidido ponerla al tano de sus planes, para evitar confusiones y malos entendidos.

—Lo sé. No te preocupes, quédate tranquila, mi amor.

Bella sonrió ante sus palabras.

—¿Y esa sonrisa? —Preguntó besando su cuello.

—Es que no me acostumbro a que me llames así.

—Mi amor, mi amor, mi amor... ¿Si lo repito más veces te acostumbrarás? —Susurró estrechándola entre sus brazos.

—Puede. —Dudó divertida Bella besando suavemente sus labios. Lentamente apoyó su cabeza en el pecho de él y prosiguió—. ¿De verdad tienes que irte?

—Sí, debo aclarar esto cuanto antes. —Explicó apoyando su barbilla en la cabeza de ella—. Puede que alguien le haga creer a tu padre que estamos en contra suya, al igual que me lo están haciendo creer a mí. Quiero explicarle de mi boca lo que está ocurriendo.

—Está bien. —Aceptó resignada— Ojalá pudiese acompañarte, los niños deben haber crecido tanto..

—En otra ocasión, además, aún te estás recuperando del accidente.

—¡Pero si estoy bien!

—No del todo. Por eso dedicarás estos días a recobrar fuerzas, me muero por hacerte el amor de nuevo. —Susurró rozando su nariz con la de ella—. Cuando vuelva, no te daré tregua.

—O yo a ti...

—Edward sonrió sobre su boca.

—Me prometiste no salir de la habitación, ¿Recuerdas? Solo mi padre y Angela entrarán y dejaré a Jasper para cuidarte, solo a él, ¿Entendido?

—¿No es demasiado?

—Toda precaución es poca. —habló besando de nuevo su frente— Y ahora descansa. Bajaré para informar a mi padre y al resto y partiré al alba.

—Te esperaré despierta, no quiero desperdiciar tu última noche aquí.

—Cómo desees, —Respondió alejándose de ella, aunque su cuerpo le pedía estar allí.

—¡Ah! y ¡Edward! ¡Te quiero!

—Y yo a ti. —Se despidió para después bajar las escaleras que le conducían hacia el gran salón.

Allí, la larga mesa presidida por Carlisle estaba llena de todos los hombres, James se sentaba a su izquierda y el asiento de la derecha quedaba reservado para él.

—Está bien hijo. —Aquí estamos todos, explícanos lo ocurrido.

Edward con el permiso de su padre se puso de pie y procedió a explicar lo ocurrido durante el día anterior incluido el hallazgo del tartán de los Swan.

—Debo confesar que me sorprende. Creí que las cosas estaban solucionadas. —Habló Carlisle— Pero no podemos permitir que un ataque de esa magnitud quede impune.

—Y no lo hará, pero padre, tampoco podemos precipitarnos. Por eso he creído que lo más conveniente es ir a Swan y hablar con ellos.

—¿Hablar? —Preguntó James—. ¿Ahora en lugar de guerreros somos charlatanes, hermano?

—James, entiendo que el tiempo que has pasado en el campo de batalla te haga ver el enfrentamiento como algo normal, pero no estoy dispuesto a derramar sangre en vano. Ha sido un daño a nuestras tierras no a nuestra gente.

—Edward tiene razón. —Le apoyó Carlisle— Iremos a Swan, organizaremos una partida y...

—Padre, creo que debería ir yo, me llevaré a Jacob. Si llevamos a un grupo de hombres puede tomarlo como un ataque. Además, has vuelto hace poco tiempo de la Corte, no creo que debas viajar de nuevo tan pronto.

—Pero ir los dos solos...

—No somos dos damiselas indefensas. Partiremos mañana a primera hora. Tú seguirás a cargo del clan y James puede ocuparse de entrenar a los hombres. Mike y Jasper le ayudarán y coordinarán la guardia.

Ambos hombres aceptaron lo dispuesto.

—¿Estás de acuerdo, James?

—Ya lo tienes todo decidido, así que... Mi opinión no importa. Aceptaré tus órdenes como siempre, hermano. Ya sabes que puedes contar conmigo.

—Bien, pues si no hay preguntas, podéis volver a vuestros quehaceres.

La sala se fue despejando poco a poco bajo la observación de Edward que intentó vislumbrar algún gesto sospechoso, algo que le indicase quien pudiera ser la manzana podrida de su cesto, pero no obtuvo resultado. El plan estaba en marcha, ahora... Ahora solo quedaba esperar y mientras tanto disfrutaría de su última noche junto a Isabella.

¡Hola a todos! ¿Qué tal?

Pues ya tenemos plan para descubrir al traidor, ¿Será efectivo?

Mil gracias a todos por los favs, follows y reviews.

Espero ansiosa vuestros comentarios.

Estamos entrando en la recta final de la historia, asi que...

¡Disfrutad!

Saludos.