CAPÍTULO 25

Edward movió el cuello de un lado a otro para relajarse un poco. El viaje no estaba siendo demasiado agradable, no tanto por el estado de los caminos, si no por la alerta y tensión que les envolvía.

—Deberías subir el cuello de tu camisa antes de llegar a Swan, no creo que a tu suegro le agrade ver la huella que su hija ha dejado en tu piel. A no ser que no quieras evitar preguntas incómodas

Edward sonrió recordando lo acontecido la noche anterior. El tenía intención de esperar a que Isabella estuviese recuperada para volver a intimar con ella, sin embargo, su dulce e inocente esposa no pensaba lo mismo. Sus cálidos y rescatados besos, se volvieron aventurados y sus manos decidieron explorar su cuerpo, de tal forma que al final no pudo evitar tomarla. Le hizo el amor lenta y suavemente, intentado controlar su fuerza y éxtasis para evitar hacerle daño. Esa contención, derivó en una placentera tortura que culminó llevándolos a ambos al culmen del placer.

—No creo que lleguemos a Swan, al menos, no sin interrupciones, ahora mismo, ese es el menor de mis problemas.

—¿Has escuchado algo? —Preguntó poniéndose en alerta.

—No, pero no me fío. Sé que nos perseguirá, solo que buscará el momento perfecto para actuar.

—Confío en tu intuición, pero ¿Crees que hemos hecho lo correcto dejando Cullen?

—Volveremos pronto. De no ser así no me habría aventurado a hacerlo.

El viaje continuó hasta que el sol empezó a caer, la penumbra, aun sin ser completa les envolvía.

—Pararemos antes de que sea completamente de noche, así podremos hacer algo de fuego y cenar.

Sin embargo, sus planes se vieron alterados. Toda la situación cambió en un segundo y Edward fue testigo de ello sin poder hacer nada

Jacob cayó inconsciente del caballo cuando una fuerte piedra le golpeó en la cabeza.

—¡Jake! —Gritó Edward desmontando al animal para ir a auxiliar a su amigo. La sangre caía de un lateral de si frente y Jacob no reaccionaba. El sonido del crujir de unas hojas le hizo levantarse y sacar su espada para ponerse en guardia ante quien quiera que estuviese allí.

De entre las sombras apreció la figura de un hombre: alto fuerte, de pelo oscuro y tez blanca. Su rostro estaba marcado por una enorme cicatriz que desfiguraba su cara. Su avance era lento, como el de un tigre que acecha a su presa y su mirada, era la mirada de un asesino.

Ese hombre no pertenecía a su clan, jamás le había visto, pero estaba claro que él si los conocía a ambos.

—Estás a mi merced, suelta las armas y ríndete. —Susurró.

—Te equivocas, yo solo me someto ante mi rey. —Respondió Edward adoptando una posición defensiva.

—Un rey bastardo, que llegó al trono con sucias artimañas...

—Un rey legítimo, reconocido por su padre, y que no ampara a traidores como tú.

—¡Yo no soy ningún traidor, sucio escocés! Aunque no puedes decir lo mismo de los tuyos. Estás rodeado de traidores, de ratas sucias como tú, que son capaces de venderse al enemigo por avaricia.

Edward lo había deducido por el acento antes de que él mismo lo confirmase; ese hombre era inglés, ¿Pero que tenía contra él?

—¿Y que gana un inglés como tú con mi muerte? Yo solo soy el hijo del jede de un clan, no pertenezco a la corte y mucho menos pertenezco al círculo íntimo del rey.

—¿Yo? Yo no gano nada, solo cumplo órdenes y esas fueron acabar con tu vida. Así qué…vamos a dejar tanta palabrería, ya es hora de llevar a cabo mi cometido. —Amenazó como una hiena feroz.

Como una gacela veloz el desconocido emprendió su envite contra Edward que frenó el ataque con su espada. El choque del metal era el único sonido que es escuchaba en mitad de la noche. El desconocido no era ningún aficionado, se notaba que estaba formado en la batalla, buscaba cualquier punto al descubierto para herirle, pero los reflejos de Edward eran raudos y veloces por lo que le permitía defenderse.

—¿A quién obedeces? —Preguntó Edward furioso— ¿Quiéne stá detrás de todo esto?

—¡Al demonio! ¡Ahhh! —El grito precedió una nueva embestida que consiguió derribar a Edward.

El cuerpo de su atacante se cernió sobre él, pero Edward, tomó la empuñadura de su espada y le golpeó en la cabeza, deshaciéndose de su agarre.

Se incorporó y le pateó hasta dejarle derrotado. Con el pie, le giró y colocó la punta de su espada en su cuello.

—¿Quién eres?

—No es eso lo que quieres saber... —Jadeó entre dolores escupiendo sangre por la boca.

—¡Habla, bastardo inglés! —Gritó presionando aún más la punta de la espada.

—Marco, mi nombre es Marco.

—¿Quién te envía? ¿Por qué intentaste matar a mi esposa? ¿Por qué incendiaste mis tierras?

—Yo no hice nada de eso.

—¡No mientas, o te cortaré una a una cada parte de tu cuerpo! —Amenazó.

—No miento. Llevo aquí un tiempo es verdad, pero no he hecho nada de eso. A mi solo me ordenaron acabar contigo.

—¿Tampoco mataste a ese inglés que apareció muerto hace semanas en mis lindes?

—Ese idiota buscó su propia muerte. Empezó a dudar, a tener remordimientos... El jefe no lo iba a permitir, fue un sacrificio necesario.

—¿Y quién es tu jefe? ¿Quién te envía? —Gritó empujando aún más el filo de su espada contra la garganta de él. Un fino hilo de sangre empezaba a brotar de su cuello. Debía controlarse si no quería acabar con él antes de que confesase la verdad.

—¿De verdad quieres saberlo?

—¡Habla!

—Entonces... ¡Lo sabrás!

Inesperadamente, Marco aprovechó para lanzarle un puñado de tierra a los ojos lo que hizo que Edward se desequilibrase y perdiese la ventaja que tenía frente a él. Aprovechando su debilidad, Marco se incorporó y embistió con todas sus fuerzas contra Edward. Le golpeó en el costado, el abdomen... Edward se defendió lanzando un codazo al aire rompiendo le la nariz sin embargo no veía bien, por lo que no podía ser conciso.

Sintió como los brazos de Marco le rodeaban y el helado filo de un puñal de clavaba en su abdomen.

La prisión en torno a su cintura se deshizo y cayó arrodillado al suelo. La cálida sangre emanaba de su interior, empapando su mano y su camisa.

Un nuevo puntillón le hizo rodar sobre si mismo y quedar tumbado sobre su espalda, mirando cara a cara a su agresor, que aún con el rostro empapado en sangre sonreía triunfal.

—Vaya, vaya… El fiero escocés no es tan indestructible como parece...

—Aún... No estoy, destruido... —Habló arrastrándose sobre el suelo.

—Pero lo estarás.

—¡Mmmm! —Gimió al sentir como el pie e Marco se clavaba en su abdomen.

—¿De verdad quieres saber quién te quiere muerto antes de abandonar este mundo?

—¡Habla!, —Jadeó con esfuerzo— Porque, aunque muera volveré y le perseguiré hasta acabar con su vida.

—Le transmitiré tu mensaje a James. Le encantará saber, que su hermano tuvo buenos deseos para él antes de morir. —Sonrió observando la cara incrédula de su víctima,

—¿J-James? No es... Posible.

—¡Claro que lo es!, ¡Él es el heredero legítimo de tu clan!, ¡Él será el futuro laird! ¡La puerta perfecta para abrirle la frontera a Cayo y que Escocia caiga en manos inglesas... ¡

—Él no podría...

—¿Aún tienes dudas? Él me ordenó matarte, no tener piedad. El campo de batalla cambia a los hombres, y un soldado herido es capaz de vender su alma por salvar su vida. Tu hermano cayó en una emboscada, suplicó por su vida ante el rey, y llegó a un acuerdo con él: su vida a cambio de una llave, la llave de entrada a tu país.

—¡Maldito bastardo!

—¡O un bastardo con suerte!, Al menos mejor que la tuya. Tú vas a morir y él... Él ocupará tu lugar, liderará a tu clan y se follará a esa delicada mujercita que tienes.

—¡Antes muerto! —Gritó intentando incorporarse, pero una nueva patada le hizo volver al suelo.

Marco desenvainó su espada

—¡Arrodíllate, vamos! Al menos morirás con honor.

Edward se incorporó como pudo, escupiendo la sangre que se acumulaba en su boca.

—¡Mátame!, Pero… ¡Volveré!, ¡Voy a perseguirte en sueños hasta que te vuelvas loco!

—No creo que puedas hacerlo sin cabeza. —Sonrió de manera triunfal— ¡Qué tengas un buen viaje hacia el infierno, bastardo!

Elevó el espada dispuesto a poner fin a su vida. Sin embargo, sus ojos se abrieron de par en par al sentir como el metal se abría paso en su pecho. Un último jadeo y cuerpo cayó inerte en el suelo.

—¡Maldito inglés! Me va a doler la cabeza por Días. Se quejó Jacob aún medio atontado por el golpe.

Había recuperado el conocimiento justo en el momento en el qui vio como su amigo se arrodillaba frente a él. Con una señal silenciosa le advirtió que no desvelase su presencia y esperó el momento justo para trinchar como a un pavo, a ese sucio animal.

—Pensé que no llegarías a tiempo. —Jadeó Edward antes de caer de nuevo en el suelo. La camisa estaba empapada en sangre y apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie.

—Solo quería hacerlo más interesante. —Bromeó acercándose hasta él para examinar su herida— Vamos amigo, volveremos a casa. Esto no pinta bien. Te curaremos y saldrás de esta.

—No, creo que aguante... Ese.. cabrón me ha herido bien... Es James, Jacob. El traidor…

—Lo sé, escuché parte de la conversación. —Respondió tomándole sobre sus hombros— No digas eso, venga. Sin que sirva de precedente te tomaré en brazos y te subiré al caballo.

—¡No, Jacob!, te retrasaría. Cu-cuida de Bella... Habla con S-Swan y que se la lleve de allí.

—Edward no me hables como si te fueras a morir. Vas a salir de esta, si no tu dulce esposa me matará por no cuidar de ti.

—Jake, no, lo siento, lo sé... Dile a Bella que la amo, que siempre la amaré. Yo...

—Edward… ¡Deja de decir tonterías! —Exclamó caminando con dificultad— Pesas como un muerto, pero sigues vivo.

—¡Jake, díselo!, Cuida de mi padre y de Swan. Lleva mi anillo y cuéntale todo.

—No vas a morir amigo, —Habló en vo alta depositándolo sobre su caballo.

—Yo no creo lo mismo. ¡Acaba con James!, ¡Hazlo por mí! ¡Júralo! —Suplicó mirándole a los ojos.

—¡No! ¡Lo harás tú mismo!

—¡Júralo, Jake!

—Te lo juro, hermano. —Aceptó resignado, pues, aunque quería creer lo contrario, la herida no tenía buen aspecto— Pagará por lo que ha hecho, pero se lo haremos pagar juntos. Te lo.. ¡Edward! —Gritó viendo como su amigo cerraba los ojos y perdía todo rastro de color en su rostro—. ¡No, no, no!

—¡Mierda!¡Esto no se queda así, Edward!, ¡Hermano, esto no se queda así!

Jacob aseguró bien el cuerpo inerte de su amigo al caballo, ajustando las riendas y subiendo detrás de él.

Golpeó el lomo del caballo de Edward que empezó a cabalgar solo de vuelta a casa, deshaciendo el camino que horas antes ellos habían recorrido.

—Espero, amigo que tu caballo haga su trabajo. ¡Vamos! —Espoleó su propio animal y emprendió de nuevo el rumbo, solo esperaba que cuando llegase a su destino no fuese demasiado tarde.

¡Hola! ¿Qué tal todo? Pues Edward ya sabe quien es el traidor, pero... ¿Vivirá para hacérselo pagar? ¿Hacia dónde habrá puesto rumbo Jacob?

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Espero ansiosa vuestros comentarios.

Espero que estéis disfrutando de la historia.

Nos leemos en un nuevo adelanto cada martes en el grupo Elite Fanfiction y el viernes en un nuevo capítulo.

Saludos.