CAPÍTULO 26
Isabella miraba el paisaje a través de la ventana retorciendo las manos con nerviosismo. Ansiaba ver la figura de Edward entrando a lomos de su caballo de vuelta a casa, pero sabía que eso no iba a pasar. Al menos no sobre su corcel, pues este se encontraba desde hacía días en los establos.
—Señora, apártese de esa venta, no le hace bien. —Habló Angela acercándose hasta ella y colocándole una pequeña toca de lana sobre sus hombros—. Venga, le he traído una infusión caliente.
—Déjame, Angela. Aquí estoy bien. —Respondió limpiando la solitaria lágrima que escapó de sus ojos—. ¿Ha vuelto Carlisle? ¿O James?
—El laird acaba de llegar, imagino que vendrá para acá en cuanto pueda, pero del señor James aún no se sabe nada.
Dos semanas. Habían pasado dos semanas desde que Edward se marchó y el infierno se desató en Cullen y en su corazón.
Al día siguiente de su partida hacia Swan, su caballo llegó al castillo solo, algo inusual, pero lo que hizo saltar las alarmas fueron la huella de sangre que el animal traía marcada en su lomo.
Ese mismo día, una partida de hombres encabezada por James y Carlisle salieron en su busca para intentar encontrar una respuesta, pero sólo descubrieron más intrigas: un hombre muerto al que nadie conocía, un montón de huellas de animales confusas que no llevaban a ninguna parte y sangre, mucha sangre.
Carlisle quiso ir hasta Swan para comprobar si su hijo había llegado allí, pero James le quitó la idea, era imposible que estando tan cerca de casa hubiese decidido viajar hasta el clan de sus suegros y mucho menos si estaba herido.
Aun así, el paso de los días alimentaba la desesperación y la angustia que todos sentían. Era como si la tierra se los hubiese tragado. Isabella no perdía la esperanza, Edward era fuerte, podría estar en algún recoveco del bosque junto a Jacob, esperando ser encontrados. Se aferraba a esa idea con todas sus esperanzas.
— Isabella... —La voz de Carlisle la sacó de sus o recuerdos.
—¡Carlisle! ¿Qué ha pasado? ¿Habéis encontrado algo? —Preguntó corriendo hasta él para tomar sus manos
—Lo siento, hija, pero todo sigue igual. Yo... Creo que deberíamos empezar a hacernos a la idea de que Edward... Está muerto. —La voz de Carlisle se quebró al pronunciar esas palabras. Quería ser igual de positivo que su nuera, pero la realidad era bien distinta. Era casi imposible que dos hombres heridos sobrevivieran solos en mitad del bosque durante tanto tiempo.
—¡No, no! ¡Carlisle, no digas eso, es imposible! ¡Edward es fuerte!, ¡Debe estar en algún refugio, esperando reunir fuerzas para volver! Igual... Igual él está bien, igual el herido es Jacob y no quiere dejarle solo, por eso no ha venido. —Lloraba desesperada.
—Mi padre tiene razón, Isabella. —Habló James que de manera sigilosa entró en la habitación—. Si tu teoría fuese cierta, Edward habría preferido dejar solo a su amigo y venir a buscar ayuda. Es duro, pero debemos hacernos a la idea de que mi hermano… no va a volver.
—¡No! ¡No, no, no! ¡Vosotros podéis creer lo que queráis, pero yo no lo haré! ¡Hasta que no vea una prueba de su muerte no lo creeré!
—Isabella...
—¡No!, Si vais a decirme esas cosas, será mejor que me dejéis sola. —Gritó— ¡Buscadle, seguid buscándole, porque está vivo!, ¡Lo sé!
—Padre, dejémoslo sola, será lo mejor. —Pidió James colocando la mano sobre su hombro.
Ambos hombres salieron de la habitación y se reunieron en el despacho. James sirvió una copa para su padre y otra para él.
—Bebé esto, te hará bien. —Pidió tendiéndole la copa.
—Gracias, James, pero ahora mismo no me entra nada. Tengo un nudo en la garganta. —Negó Carlisle abatido en el sillón.
—Padre, llevamos quince días buscándole y no hay rastro ni de él ni de Jacob. Sabes tan bien como yo que es imposible que...
—Lo sé. —Confesó pasando la mano por su rostro—. Pero es que me niego a creer que el final de tu hermano haya sido ese. Es todo tan... Extraño. ¿Quién es ese hombre? ¿Por qué le atacó?
—Puede que fuese algún asaltante de caminos o algún desertor.
—Sí, pero ellos eran dos.
—Igual no iba solo, puede que les atacasen por sorpresa, alguna emboscada...
—¿Y si lo han secuestrado?
—En ese caso ya habríamos recibido alguna nota pidiendo un rescate.
—¿Y sus cuerpos? ¡Aunque hubiesen sido pastos de los animales, tendría que haber algún rastro! ¡Algo! —Exclamó desesperado.
—No lo sé, padre. Puede que los lobos...
—¡Cállate, por favor! No quiero tener esa imagen en mi mente.
—¿Y yo sí? ¡Es mi hermano, pero tú te niegas a ver la realidad e Isabella también! ¡Acabará desquiciada como siga negándose lo mismo! ¡Alguien debe poner algo de razón en toda esta locura!
—Lo siento, James. Perdóname, hijo, es el dolor quien habla.
—¿Qué vamos a hacer? —Preguntó intentando calmar los ánimos.
—Seguiremos buscando, no vamos a cejar en el esfuerzo. Si no podemos encontrarle vivo, al menos traeremos su cuerpo a casa. Descansará aquí, junto a su madre y su gente.
—Como desees, padre. —Aceptó James sin mostrar ninguna emoción.
—James...
—¿Sí?
—Gracias por estar aquí, conmigo. —Sonrió tristemente mirándole— No sé si podría soportar esto solo.
—Este es mi hogar, aquí es donde debo estar. —Confesó recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de Carlisle abandonando la sala esbozando una sonrisa triunfal.
Estaban siendo días duros, oscuros, pero después de la tormenta siempre llega la calma y para él, probablemente brillaría el sol.
Los días continuaron pasando, para desesperación de todos. Isabella apenas comía lo que estaba empezando a preocupar tanto a Angela como a Carlisle que veía como su nuera, que a simple vista estaba recuperada de su accidente, se apagaba poco a poco debido a la desesperación, la angustia y la pena.
Era la mitad de la tercera semana cuando las cornetas de la torre del vigía resonaron por el castillo. Isabella salió corriendo de sus aposentos hasta llegar al gran salón donde en ese mismo instante llegaban también Carlisle y James.
—¿Qué ocurre? —Jadeó por la carrera.
—El vigía ha alertado de la llegada de alguien. —Explicó su suegro.
—¿Edward? —Preguntó esperanzada.
—No lo sé, será mejor que vaya a ver. Deberías quedarte aquí, Bella. —Pidió Carlisle.
—¡No! No me pidáis eso, por favor. —Los miró suplicante.
En ese instante la figura de Newton apareció ante ellos.
—¿De qué se trata? —Preguntó James.
—Es un grupo pequeño, de nos más de diez hombres, el que va a la cabeza lleva el tartán de los Swan —Explicó mirando a Isabella que no pudo ocultar su gesto de sorpresa.
—¿Swan? ¿Estáis seguro? Pregunto James recibiendo un asentimiento como respuesta.
—Está bien, iremos a ver de qué se trata.
Carlisle, acompañado por James e Isabella salieron del castillo hasta el gran patio donde un numeroso grupo de curiosos se agolpaban para ver que estaba ocurriendo.
La imponente figura de Charlie Swan flanqueado por su guardia a lomos de un corcel negro como la noche se abrió paso entre la multitud que, sorprendida, murmuraba ante la llegada del hombre.
—¡Padre! —Exclamó Isabella al tiempo que Charlie desmontaba su animal y abrazaba a su hija que había corrido hacia él.
—¡Mi pequeño tesoro...! Deja que te abrace, cariño. —Susurró emocionado estrechándola entre sus brazos emocionado.
—¡Padre! —Sollozó contra su pecho.
—A ver, déjame que vea esa carita. —Pidió apartándola suavemente—. Hmm, estás más delgada, y esas ojeras bajo tus ojos no me gustan...
—Están siendo días difíciles... —Explicó sintiendo como la tristeza la invadía de nuevo.
—Ninguna dificultad debería apagar al tesoro de Swan. —Habló Billy el fiel amigo de su padre
—¡Billy,! —Exclamó esbozando una triste sonrisa.
Una garganta aclarándose rompió el momento padre e hija. Carlisle, extrañado y reticente ante la visita de Swan, se acercó hasta ellos.
—Demasiado tiempo sin verte Swan, aun así, ¡Bienvenido a Cullen! ¿Qué te trae por aquí? Porque lamento decirte que no es un buen momento para visitas familiares.
—Lo sé, ese es precisamente el motivo de mi visita. —Respondió Charlie con tono sereno.
—¿A qué se refiere? —Preguntó James—.
—Tú debes de ser el otro hijo de Carlisle, ¿No es así?
—Él es James, —Habló Carlisle— Pero deja de dar vueltas y dime que te trae por aquí, ¿Sabes algo de lo que ha ocurrido aquí?
—¿Podemos hablar en un lugar más...íntimo?
—Padre, sabéis algo de Edward, ¿Está en Swan? ¿Está bien? —Le interrogó Isabella esperanzada.
Charlie besó la frente de su hija y acarició su mejilla. Desvió la mirada hacia Carlisle y vio en los ojos de su antiguo enemigo el reconocimiento de que no era portador de buenas noticias.
—Vayamos dentro. —Habló Carlisle—Newton conduce a sus hombres hasta los establos para que descansen los animales y que las cocineras le ofrezcan algún refrigerio.
Mike aceptó las órdenes del laird y se alejó mientras que ellos se en caminaban al gran salón.
Billy acompañaba a Charlie que no había soltado la mano de su hija mientras que Carlisle y James les conducían hacia el interior del castillo.
Carlisle paseaba nerviosos de un lado a otro expectante por saber que tenía que contar ese hombre.
—Hablad por favor, si sabéis algo de mi hijo...
Charlie miró a Isabella, la cual esperaba con ansias y esperanza tener una buena noticia.
—Hace unos días llegaron a Swan dos hombres a lomos de un caballo. Al principio no les reconocí, pues ambos estaban demacrados y ensangrentados, pero en cuanto pude examinarles de cerca me di cuenta de que se trataba de Edward y uno de sus hombres... Ese tal Jacob.
—¡Oh, gracias al cielo! ¡Sabía que no todo podía salir mal! ¡Están a salvo! —Lloró de alegría Isabella.
La efusividad que la embarga a le impidió ver la cautelosa y lastimosa mirada que Charlie le dirigió a Carlisle y James...
—¿Cómo está mi hijo, Charles? —Preguntó Carlisle preocupado.
—Padre, responde. Dinos cómo está, debemos preparar todo para viajar hasta Swan y verle...
—Hija, cálmate. Pidió Charlie acariciando sus hombros.
—Edward llegó muy malherido, tenía una fuerte puñalada en el abdomen. Su amigo, Jacob sólo pudo decirnos que habían sido atacados antes de desplomarse en el suelo, él también tenía un fuerte golpe en la cabeza, aunque al parecer tuvo la suficiente fuerza como para llegar hasta allí.
—¡Oh, Dios mío! ¿Cómo está, padre?
Charlie Swan tragó saliva y tomó aire antes de continuar. Isabella observó el rostro compungido de su padre. Fue en ese mismo momento, cuando miró a los ojos a su progenitor y vio la sombra oscura que les envolvía, cuando Isabella supo que algo no iba bien.
—Padre...
—¿Está vivo? —Preguntó James.
—¡Hablad, Swan! ¡Dime como está mi hijo! —Pidió Carlisle.
—Lo siento, hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano, pero había perdido mucha sangre. Murió dos días después de su llegada a Swan.
Carlisle sintió como el mundo caía sobre si y se desplomó abatido sobre el sillón mientras que el grito desgarrador de Isabella cruzaba la estancia.
—¡No, no, no! ¡No es verdad! ¡No está muerto! ¡No puede ser! ¡Estás mintiendo!
—¡Bella, hija, lo siento! ¡Ojalá pudiese decirte otra cosa, pero no puedo! —Explicó abrazándola— Lo siento. —Se excusó besando la cabeza de su hija y mirando a Carlisle que estaba desolado.
—¿Dónde...? ¿Dónde está su cuerpo? —Preguntó James con voz ahogada—. Debemos traerlo a casa, enterrarlo y...
—Lo siento, —Volvió a excusarse Swan— Las heridas eran demasiado graves, me hubiese gustado traerle a su casa, pero no pudo ser. Le enterramos allí, en una zona arbolada, cerca de donde descansa mi mujer, podréis ir a verle cuando queráis.
—¡No está muerto!, ¡No, no! —Sollozaba Isabella.
—Cariño levanta, tienes que calmarte.
—¡No, ni puedo! Yo... ¡No lo acepto!, ¡No puedo creer que está muerto sin una prueba!
Charlie buscó en su bolsillo y sacó una pequeña bolsa de terciopelo. La desanudó y sobre su palma cayeron un par de alianzas.
—Espero que esto te sirva de prueba, cielo; su anillo de bodas y el sello de Cullen, es lo único que os he podido traer de él. —Explicó tendiéndole a Isabella la alianza y entregándole a Carlisle el sello con el escudo de los Cullen.
—Es suyo, es su sello. —Confirmó Carlisle apretando la joya en su puño.
—Creí que era mi deber traeros algo de él. Yo soy padre, y sé lo que duele un hijo.
Carlisle examinó minuciosamente el anillo que había pasado de generación en generación entre los hombres de su familia, lo estrechó con furia en su mano y cerró los ojos para recomponer su postura.
—James, ocúpate de que no les falte nada ni a Swan ni a sus hombres. —Pidió levantándose mirando directamente a Charles—, Gracias por todo.
Y sin más abandonó la estancia dejando una una Isabella destrozada, casi catatónica, cuyo padre la acunaba en sus brazos como si de una niña pequeña se tratase.
—Hija, levanta... —Pidió limpiando sus lágrimas— Tienes que calmarte.
—No, no, es un mal sueño, padre, un mal sueño...
—¡Ojalá fuese así hija!, ¡Ojalá! Pero todo irá bien, te lo prometo.
Charles tomó a su hija en brazos y mirando a James preguntó
— ¿Dónde está su habitación? Me gustaría acompañarla.
—Le diré a la muchacha que la acompaña que os lo indique.
James salió del salón acompañado por Swan con su hija en brazos y Billy
Angela, conmocionada por la noticia que había corrido cómo la pólvora entre la gente del clan, llegó hasta ellos y les indicó el camino.
—Ve con los demás Billy, en cuanto pueda me reuniré con vosotros...
—Sí, mi señor.
—Billy, ¿Verdad? —Preguntó James.
—Sí...—Respondió seriamente.
—Lo siento, lo de Edward nos ha afectado tanto... Que hemos sido unos desconsiderados al no preocuparnos por Jacob.? ¿Él también ha muerto?
—No, —Reveló— sigue vivo. Aunque yo en su pellejo desearía estarlo
—¿Por qué?
—Yo creo que el golpe en la cabeza le ha dejado un poco... Perturbado, señor.
—¿Por qué decís eso?
—Solo habla de hienas, lobos con piel de cordero, traición... Aún está débil, por eso no nos ha acompañado.
—No os preocupéis, yo mismo enviaré una diligencia para su traslado aquí cuando esté recuperado... —Habló James intentando ocultar su nerviosismo— Yo me encargaré de él.
—¿Se encargará de él? —Preguntó Billy enarcando una ceja.
—Por supuesto, ese hombre era como un hermano para Edward. Es lo mínimo que puedo hacer por él. —Respondió aludiendo a sus buenas intenciones.
Intenciones que ocultaban un interés propio, pues no debía dejar ningún cabo suelto y con Edward muerto, Jacob... Era el único que podía dar al traste con su plan.
¡Hola a todos! ¿Qué tal? Pues parece que Charlie no ha traído buenas noticias ¿Creéis que Edward está muerto de verdad?
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Os leo en los comentarios.
Nos vemos el martes en el grupo Elite Fanfiction y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
