CAPÍTULO 30

—Algo no va bien. Dijo Edward observando la torre de la vigía vacía. Algo que no debía ser así.

—¿Por qué dices eso? —Preguntó Emmet—. Todo está tranquilo.

—Porque no hay nadie ahí, —Explicó señalando el lugar— y en Cullen siempre hay alguien en la torre,de día o de noche, llueva o truene…Ese puesto siempre está ocupado.

—Igual está en un descanso, o haciendo sus necesidades.

—Entonces debería estar su relevo. Esto no me huele bien, creo que hemos tardado demasiado.

—No te anticipes, esperemos a que vuelva Jacob y nos diga que ha descubierto. —Intentó calmarle su cuñado al observar como la impaciencia se apoderaba de él.

Habían llegado esa mañana a las inmediaciones de Cullen. El trayecto había sido más largo de lo normal pues decidieron dar un rodeo en lugar de ir directamente, ya que Edward sospechaba que James podía tener espías ocultos en el terreno. De esa forma, en lugar de entrar por la zona norte lo harían por el noreste, un lugar estratégico en el que además se encontraba la puerta de entrada del pasadizo que los llevaría hasta dentro del castillo.

Jacob, que se caracterizaba por ser sigiloso como un lobo propuso intentar llegar él primero para evaluar la situación, realizar un examen visual de la zona y detectar las posibles amenazas para ver con lo que se podían encontrar. Ataviado con una capucha para evitar ser reconocido, intentaría contactar con Jasper o Newton y así facilitarle la entrada al interior.

—¿No debería haber vuelto ya? —Preguntó Emmet.

—¡Shhh!, Viene alguien —Susurró Edward haciendo que todo el grupo se pusiese en guardia. Eran unas veinte personas, y esa noche llegaría el resto para reunirse con ellos y reforzar el asalto a su propio clan.

Jamás pensó que tuviese que llevar a cabo algo así, pero las circunstancias le habían empujado a atentar contra su propia sangre, para salvar a sus seres queridos, a sus gentes y a él mismo.

Justo cuando Edward terminó de pronunciar esas palabras apareció de entre la maleza la figura de Black, quitándose la capucha y dejando su rostro al descubierto.

—¡Bajad las armas!, ¡No vayáis a trincharme como a un conejo! ¡Soy yo!

Las espadas bajaron al unísono y tanto Edward como Emmet se acercaron a él en busca de novedades.

—¿Qué has descubierto? ¿Está todo controlado? —Preguntó Edward.

Jacob se deshizo de la capa que le había ayudado a camuflarse antes de hablar.

—Desde luego que está todo bajo control, pero no el de tu padre. James ha sabido jugar bien sus cartas, tiene a todo el clan dominado.

—¿Qué quieres decir? —Interrogó Emmet.

—Va a proclamarse laird, lo hará mañana por la mañana. —Explicó mirando fijamente a su amigo.

—¿Qué? ¿De qué demonios estás hablando? —Bramó Edward.

—¡Cálmate!, Pidió Emmet agarrándole por el hombro.

—No ha sido fácil porque no sé cómo ha conseguido colar a su propia guardia. ¿Recuerdas al tipo que intentó matarnos? Pues estos tienen el mismo aspecto, además, algunos, son sucias ratas inglesas.

—Desertores. —Habló Swan escupiendo la palabra.

—Traidores, más bien. —Dijo Edward. ¿Pero cómo es posible? ¿Y mi padre? ¿Isabella? ¿Charlie? ¿Cómo están ellos?

—Tanto tu padre como el tuyo. —Habló mirando a Emmet—. Están presos en los calabozos del castillo junto al resto de nuestros hombres más leales. Los demás, han tenido que someterse en contra de su voluntad al yugo de James si no querían morir.

—¡Maldito demonio! ¡le voy a matar con mis propias manos! ¿Y Bella? ¿Dónde está mi mujer?

—Está viva y encerrada en vuestro dormitorio, aunque nadie la ha visto.

—Pero... ¿De dónde has sacado esa información? ¿Cómo estás tan seguro de que está bien? —Preguntó Emmet.

—Porque mañana, a parte de proclamarse laird, James tiene pensado desposarse con ella.

—¡Por encima de mi cadáver! —Estalló Edward— Mañana ese desgraciado pagará por sus pecados. ¿Quién te ha dicho eso?

—Hablé con Peter, conseguí colarme en su casa y allí, tanto él como su mujer me pusieron al día de todo. Charles siguió tus instrucciones, todos te creen muerto y a mí, desahuciado, no me extraña que casi se desmayasen al verme con tan buen talante.

—¿Cuándo ocurrió eso?

—Hace unos días, al parecer esta mañana anunció a bombo y platillo que mañana se celebraría el traspaso de poderes.

—Pero... ¿Cómo saben ellos todo esto? ¿Estás seguro de su lealtad?

—Edward, es Peter —Habló Jacob recordándole que ese hombre era igual de fiel que él.

—Y James era mi hermano y ¡Mira! ¿Cómo es posible que haya podido derrotar a Swan y sus hombres?

—Al parecer amenazó con matar tanto a Carlisle como a Charlie si no se rendían.

—¿Y mi mujer? ¿Cómo saben que está bien si no la han visto? ¡Cómo ese malnacido le haya puesto un dedo encima...!

—Angela le sube comida todos los días, aunque no entra a verla. La deja en la puerta y es uno de los hombres de James quien se la entrega, sin embargo, Isabella consiguió colar una nota entre la bandeja vacía donde le decía que estaba viva y que pidiese ayuda a Swan. Angela no sabía que hacer por lo que acudió en busca de Peter para intentar encontrar la manera de enviar un mensaje hasta Swan, aunque nosotros nos hemos adelantado en nuestra llegada.

—No podemos perder más tiempo, hay que entrar ahora mimo. Tenemos que sacarla de ahí, a ella, a mi padre a Swan... ¡Todos corren peligro bajo las órdenes de James!

—Tranquilo Edward, no podemos hacer que el plan fracase al precipitarnos. Debemos pensar con calma como actuar.

—¿Con calma? ¡Tu padre y tu hermana están también ahí encerrados! ¿No temes por ellos?

—¡Claro que temo!, ¡No me subestimes! —Le reprochó Emmet— No debemos precipitarnos si queremos salvarles. Debemos pensar, no podemos ponerles en alerta.

—Está bien, lo siento, pero es que necesito salvarlos, necesito saber que están bien. Tenemos que pensar algo. —Habló Edward desesperado.

—Creo... Que sé cómo hacerlo. —Les interrumpió Jacob haciendo que todos prestasen atención.

—¿Cómo?

—Bueno, toda proclamación y toda boda debe tener un regalo, una bonita sorpresa y nosotros... Nosotros seremos la suya. —Sonrió de manera traviesa.

Isabella mojó la pluma en el tintero para firmar la misiva que acaba de escribir. No sabía cómo lo haría, pero tenía que lograr dársela a Angela para que se la hiciese llegar a su hermano. Sabía que la joven era la encargada de subirle la comida porque había escuchado su voz preguntando por ella. Incluso en alguna ocasión intentó comunicarse con ella a través de la puerta, pero el gemido de la muchacha le hizo saber que no había sido una buena opción. Tal vez... Si la escondiese entre la ropa...

El sonido de unas llaves abriendo el candado que la mantenía presa en su dormitorio le hizo esconder rápidamente todos los útiles de escritura.

Tomó su labor de costura y permaneció sentada intentando disimular ante su visitante.

—¿Cómo estás querida Isabella? ¿Ha sido un día interesante? —Preguntó James depositando una bandeja con dos servicios en la pequeña mesita situada a un lateral de la habitación.

Isabella ni siquiera le miró, continuó centrada en la costura intentando ignorar su presencia.

Llevaba cautiva cinco días. Cuando abrió los ojos tras presenciar la muerte de Tanya, se encontró encerrada en su habitación, con la ventana sellada y un fuerte golpe en la cabeza.

La mancha de sangre de la joven aún permanecía allí, marcada en la alfombra como un recuerdo de que aquello no era una pesadilla, si no algo real.

—Veo que hoy has decidido ignorarme, pero creo que lo que tengo que contarte te interesará. Como verás, incluso voy a tener el placer de compartir la cena contigo, por favor, ven y toma asiento.

Isabella continuó ignorándole, pero el golpe que dio en la mesa la hizo dar un brinco y observar la mirada furiosa de James.

—¡Háblame! —Ordenó.

—Lo siento, pero no tengo apetito.

—¡Me da igual!, ¡Comerás, aunque no quieras! No necesito a una esposa escuálida y débil. —Añadió como si tal cosa partiendo su filete de ternera.

—Creo que has olvidado que yo no soy tu esposa, soy la viuda de tu hermano. —Respondió aferrando con fuerza las manos a la mesa.

—No lo eres aún, pero a partir de mañana lo serás.

—¡Te has vuelto loco!, ¡Estás delirando!

—No, querida, mañana a parte de convertirme en el laird de este maravillo clan, me convertiré también en tu esposo.

—¡Antes muerta!¡Prefiero cortarme las cenas con este cuchillo ahora mismo que cometer semejante locura! —Gritó tomando el afilado filo de metal y colocándolo en su muñeca.

Sin embargo, James fue más rápido que ella. En segundos estaba a su lado retorciéndole la mano y haciendo que cayese al suelo el arma arrancándole a la vez un gemido de dolor.

—¡Ah!

—¡Puede que con mi hermano hicieses lo que te daba la gana, pero conmigo no será así!¡Necesitas un poco de mano dura y te haré entrar en razón! —Amenazó zarandeándola— Creo que me encantará azotar ese hermoso trasero.

—¡Suéltame!¡ Puedes buscarte a otra que te caliente la cama! ¡Seguro que hay muchas dispuestas a hacerlo!

—Sí, pero ninguna es la hija del otro clan fronterizo. Pienso ofrecerle a Cayo la entrada a Escocia por la puerta principal, de esa manera ganaré un lugar en la corte.

—¡Swan, jamás será tuyo! ¡Mi padre y mi hermano no lo permitirán!

—¡Tú padre es mi prisionero y tu hermano...! Puede morir en un accidente durante una de nuestras futuras visitas.

—¡No permitiré que te salgas con la tuya!¡No lo haré!

—¡Lo harás, si no quieres presenciar cómo les corto la cabeza delante de todo el mundo a tu padre, el mío y todos los adorados hombres de Edward! Mañana los tendré arrodillados delante nuestra y si te niegas... Serás la responsable de su muerte, ¿De verdad quieres tener ese cargo de conciencia?

—No serás capaz. —Susurró ahogando sus lágrimas.

—¿Aún lo dudas, querida...? —Sonrió malévolamente—. Mañana te quiero ataviada con tu vestido de novia, ese que usaste para casarte con mi difunto hermano, tendré todo lo que él tuvo, incluida a ti, al tesoro de Swan. Descansa, amor mío, porque mañana por la noche conocerás lo que es un hombre de verdad.

James la soltó bruscamente y se marchó de la habitación dejándola rota de dolor. Tendría que hacerlo, James era capaz de llevar a cabo su palabra y matar a todos allí delante de ella. No podría avisar a su hermano, no se arriesgaría a ponerle en peligro. Además, aunque lo hiciese no llegaría a tiempo para impedir ese despropósito.

Cuando se casó con Edward creyó que viviría un infierno, pero se equivocó. Conoció al amor de su vida, un amor que había sido efímero.

Ahora... Ahora empezaba el verdadero infierno.

¡Hola a todos! Edward está a las puertas de Cullen y james a punto de cometer una locura ¿Llegará a tiempo para impedirlo?

Muchas gracias a todos por los favs, follows y revies. No nos queda nada para llegar al final de esta historia.

Nos leemos el martes en Facebook y su grupo Elite Fanfiction en los martes de adelantos y el viernes en un nuevo capítulo.

Saludos.