Road To Ninja: Choque de mundos


Capítulo 27: Aliados


Disclaimer correspondiente.


Horas antes.

—… Aceptamos cumplir la misión. No quiero tener más problemas innecesarios con Tsunade —soltó de malhumor Sasuke. Su mirada cargada de irritación se veía a varios kilómetros de distancia, lo que causaba gracia a quienes les hablaba, sus constantes cambios de humor les divertían—. Aunque podríamos ir ahora mismo hasta Suna, tomar al Hotaru de nuestro mundo y largarnos de una vez por todas.

Pero no podemos dejarles el problema en lleno —opinó Naruto de inmediato—. Si marchamos, les dejaremos varios huecos por responder. Ellos nos han apoyado todo este tiempo, no se merecen que los traicionemos.

Ah —chasqueó la lengua por el silencio del hombre sentado en unos de los sillones, mirándolos expectantes y escuchando el anterior relato sin opinar, ¿qué esperaba? ¿una invitación por escrito?—. Tú y tu sentido de la moral —murmuró—. No los traicionaremos, simplemente nos moveremos como nos sea más conveniente.

Entiendo tu frustración, Sasuke —interrumpió por primera vez el hombre con los dedos entrelazados sobre la rodilla cruzada, limpió una basura imaginaria de su pantalón—, pero Naruto tiene razón.

¿La tengo? —preguntó deslumbrado el Uzumaki, se vio ignorado por el hombre y formó un puchero ofendido por su falta de seriedad.

Una persona de nuestra dimensión ocasionó todo este problema —prosiguió—. Y es deber de ustedes colaborar con Tsunade-sama hasta que terminé todo este embrollo. Sólo así regresaremos a casa con Hotaru para resolver nuestros problemas.

Sasuke no le quedó de otra más que aceptar indicaciones sin protestar. Pase a que no se regía completamente a las órdenes del Hokage, prefería evitar sermones o represarías que afectarán su libertad a futuro.

Tenía planes y no le parecía que fuera estropeados por no colaborar en la misión. Apreciaba sabiamente su independencia.

Bien. Terminaremos con esto de una vez por todas.

Me alegra que colabores —dijo el hombre sonriendo detrás de su máscara.

No contestó.

"Fuiste tú el que lo pensó mucho en venir con el clon" pensó hastiado.

Lo que investigaron es relativamente interesante —la voz de Sakura acaparó su atención. Sentada a su lado mientras leía cuidadosamente el pergamino que había obtenido de sus amigos, los miro a los ojos con intriga—. Tenía entendido que su única familia viva en ese entonces era su hermano mayor.

Se suponía —dijo el hombre pálido con un ademán—. Y como ves feita, no es así. Recabamos toda la información que pudimos desde que nos proporcionaron la identidad.

No fue fácil hallarlo, tuve que escarbar en varios archivos con los chicos e ir a las aldeas vecinas —dijo el azabache de forma despreocupada y soltando un bostezo revelando su cansancio.

Nos topamos con varias cosas desagradables de Orochimaru. Arg —la rubia hizo un sonido de asco—, no entiendo cómo Sasuke-kun lo soportó por tres años.

Ante la pregunta, todos voltearon a verlo con la duda marcada en sus rostros. El aludido alzó una ceja en señal de interrogación y soltó un bufido exasperado. ¿Les parecía importante su respuesta? Había otras cosas que tratar. No estaba dispuesto a contestar algo que era sencillamente obvio.

Da igual —zanjó el tema desilusionándolos por su escaso interés—, falta una hora para reunirnos en las puertas. Será mejor partir.

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—Sakura… huye con Mikoto-san antes que haga algo de lo que pueda arrepentirme —le suplicó Hime.

Instantes atrás, Hotaru no esperó ninguna respuesta ante su amenaza y se enderezó alejándose de ambos Shinobis para mirar directamente a Sakura-hime con sus ojos rojos. Esta se contrajo de dolor sobre sus rodillas, batallando para que él no ejerciera el control mental que anteriormente la sometió trayendo consecuencias terribles.

La Haruno se resistía con todas sus fuerzas. Su mentalidad cambio tras ese combate por lo que le era costoso a Hotaru hacerla caer de nuevo, su ceño fruncido y expresión corporal lo delataban. Estaba ligeramente desconcertado. Ella le daba la batalla interna necesaria para hacerlo dudar de su capacidad.

Pero no lo suficiente.

Y Sakura no permitiría que fuera atrapada, no cuándo la amenaza se encontraba justo frente a ella.

Se aproximó a Hotaru dispuesta a dar el primer golpe obligándolo a centrar la mayor parte de su concentración en ella y en esquivar los puñetazos mortales; uno impacto en la pared de su costado dejando un agujero en su lugar, el polvo de las grietas del techo cubrió su cabellera.

Hotaru silbó impresionado mientras intercambiaba varios golpes con la kunoichi, una patada en el estómago, tórax, vueltas sobre sus pies y pronto se encontraban en una batalla sin precedentes. Su mirada carmesí la enfocó con cierto recelo, pase a contrarrestar sus técnicas, la chica no se rendía, y vaya que le estaba desafiando arduamente.

Se distrajo un segundo dónde ella logró asentarle perfectamente un puñetazo en el rostro, partiéndole el labio. Propinándole una patada en el estómago, la mando lejos de su alcance. No corrió a su encuentro, en vez de eso, se quedó de pie deleitándose de la sangre en su boca, dulce… casi metálico. Había transcurrido mucho desde la última vez que sintió su sabor.

Pasando el pulgar por su labio, quitó el resto de la sangre. Se percató de los movimientos ajenos. Mikoto pasaba un brazo por la cintura de Hime para ayudarla a incorporarse mientras que Sakura estaba frente a ellas, alerta a sus movimientos. Identificaba la amenaza en sus ojos y que no dudaría en abalanzársele si veía indicios de ataque.

—Me complican todo el proceso —se quejó encogiéndose de hombros y elevando un poco sus manos. Negando falsamente desilusionado—. ¿No pueden, simplemente, dejarse atrapar?

—¿Y crees qué nos rendiremos ante ti? —dijo sarcástica Sakura-hime, una mueca de dolor cruzó en su rostro al apoyarse sobre su pierna derecha.

—Hubiera sido mejor para ustedes. Aunque me sorprendes, princesa —aceptó para sí, una cuestión que le entusiasmaba—, no cualquiera se resiste a mi control mental.

—Me desagrada que me vean cómo un juguete que puedan manipular a su antojo —chistó ella

—Es una verdadera lástima… —murmuró Hotaru sonriendo de lado dándole mala espina a las mujeres—. ¿Sabes cuál es la diferencia entre el significado de "resistir" y "libre"? —preguntó con astucia al levantar su mano, girándola en círculo en cuestión de segundos, sus ojos brillaron entre la oscuridad. El aire alborotó su cabellera larga, con fuerza que parecía que intentaba retenerlo.

Un quejido emergió.

Un lamentó se escuchó.

Y después… la sangre salpicó.

Sakura, atónita, bajo la mirada con lentitud para presenciar las raíces sobresalientes clavadas desde su espalda cruzando su estómago. Las filosas espinas se incrustaban en su piel generándole una sensación terrible y asfixiante. Atinó a escupir sangre y gemir presa de la agonía. Sentía sus músculos contraerse, y a consecuencia, enviándole sucumbidas de pánico. Respiró agitadamente bloqueando ese pensamiento inservible ante la situación.

Mantener la cabeza fría.

—No… —murmuró Hime asustada al estar consciente de lo que propicio. El terror la inundó al ser espectador de su padecer. Intentó bajar la mano que la apuntaba, mas esta se dirigía lentamente hacia Mikoto con las mismas intenciones. No pudo con la presión, gritó desesperada y con su otra mano trataba de parar la que se movía. La mitad de su cuerpo se hallaba paralizado por completo.

Mikoto supo de su batalla interna al ver su sufrimiento. No lo dudó. Aproximándose a ella, la tomó de los hombros y la zarandeo con fuerza obligándole a recuperar el control sobre su mente. Aborrecía la debilidad que mostraba su mirada. No. Ella tanto la doctora, eran fuertes a su manera.

—Pelea Sakura, ¡no te dejes vencer por ese hombre que sólo quiere hacerte daño! —le exigió a medio grito.

La aludida, ofuscada, soltó un jadeo y el temblor de su cuerpo cesó.

—Vaya… —Hotaru se enderezó mostrando sorpresa. Supo que Mikoto era una amenaza para él desde el momento que la vio.

Al virar su cuerpo unos centímetros, quedó inevitablemente atrapado por el Sharingan de la Uchiha. Se maldijo al instante. Un tremendo descuido de su parte le costará segundos de desventaja.

Mikoto lo había sometido a un poderoso Genjutsu, tomando en cuenta que él podía liberarse gracias a sus poderes oculares, era cuestión de minutos para que el efecto desvaneciera por completo. Utilizaba mucha energía en la técnica por lo que tampoco podía moverse sin descuidarlo, debía concentrarse al máximo y darles ventajas a las Haruno.

Mientras tanto, Sakura a sabiendas que debía liberarse, concentro chakra en las puntas de sus dedos simulando una cuchilla, la acercó al ras de la raíz y su piel, no sentía el ardor puesto que el dolor sucumbía en su mente quitándole cualquier otra sensación. Primero debía librarse de las raíces, regenerar sus heridas con el Byakugo No In y así acabar de una vez por todas con Hotaru.

No tardó en cortar la parte sobresaliente. Ahogando un grito por el violento movimiento, miró a Hime indicándole que procediera en retirársela.

Todavía resistiéndose y con una mano en la cabeza y la otra extendida, acató su orden. Fue atrayendo el brazo a su pecho controlando la raíz, retirándola delicadamente e intentando no dañarla más de lo que estaba.

—¡Ah! —chilló Sakura.

—Lo siento, lo siento, lo siento —murmuraba desesperada la joven.

—Arráncala de un tirón, el tiempo se agota —apresuró la doctora jadeando mirando de reojo los esfuerzos de Mikoto.

Sakura-hime se opuso inmediatamente a la idea.

—Pero tú… —intentó decir.

—¡Rápido! Está saliendo —apremió Mikoto encogiéndose de hombros.

La kunoichi cerró los ojos tratando de evitar ver el sufrimiento de la doctora, movió bruscamente su mano pegándola a su pecho. Un chillido desgarrador le perforó sus oídos clavándose en lo más profundo de su mente. Dejándole una huella irreparable.

—Debemos avisarles a los demás —dijo entrecortadamente Sakura agarrándose la parte afectada, sudaba frío. La sangre le manchaba su ropa y escurría entre sus manos, la sentía cálida.

Cuando se proponía en prepararse para activar el sello, una maraña de cables oscuros apareció de su franco derecho enrollándola desde los pies hasta los brazos, de una manera inesperada que apenas pudo percatarse. Resbaló con la sangre y estuvo a punto de tocar el suelo si no fuera por la prisión cual era sometida.

Jadeo al sentir el apretón de su cuerpo.

—¡No, Sakura! —exclamó Hime sorprendida.

Vio a Mikoto caer de rodillas al suelo respirando fatigada, y frente a ella, Hotaru la tomaba de los cabellos dejando de la misma fuerza la atrapará sin remordimientos, una tira cubrió sus ojos impidiéndole el uso del Sharingan.

—Mikoto-san… —murmuró azorada.

Atrapada, la Haruno retrocedió precavidamente hasta topar con la pared, se apegó esperando camuflarse con ella y librarse de todo.

La situación se había volteado en unos cuantos segundos y de una forma inesperada.

No tenía a donde huir, mirara por donde sea, la única salida era por el patio o atravesar el pasillo hasta la puerta principal, si llegaba a la calle, alertaría a los demás Uchiha, estaba segura de que ellos podían detenerlo el tiempo suficiente.

Al hacer un ademán de moverse, pudo identificar a Kakuzu en uno de los extremos del pasillo, acercándose rápidamente a su dirección, de él proveían los cables que aprensaban en ambas mujeres que se removían cómo peses fuera del agua y le apresuraban para que escapara sin ellas.

Y por el otro lado, Hidan movía amenazadoramente su gigantesca arma recogiendo muestras de sangre pertenecientes a la doctora con el fin de realizar su técnica mortal.

Maldición… la desventaja era particularmente visible.

—Ya me cansé del trato amable —refutó Hotaru visiblemente molesto y moviendo su cabeza. La mano que controlaba a Kakuzu la apuntó a ella.

Al carajo todo.

Tan pronto cómo intentó escapar, los cables se enrollaron en sus piernas derribándola enseguida, su cabeza impacto repentinamente en el suelo aturdiéndole los sentidos. Ah, dolió demasiado. Todo le daba vueltas, las punzadas en su frente persistían. Su cuerpo fue arrastrado e intentó removerse percatándose de la imposibilidad de movimientos comunes.

Gimoteo al ser alzada de sopetón, sintió la suspensión y cambió de posición, al abrir sus ojos se dio cuenta que estaba de cabeza en el aire junto a la doctora y azabache. Respiró aceleradamente al ver la sangre que escurría por los hombros de Sakura, la imagen le perturbo.

—Bastardo mal nacido —insultó ella pase a su estado. Saber que él fue quién propició el sufrimiento de la chica, le rabiaba.

Hotaru la ignoró, estaba enojado.

—Seré generoso y haré de cuenta que me habló un diminuto mosquito… —dijo iracundo.

Bajó la mirada al reparar en un apretón en su tobillo, una mano lo aprensaba con la poca fuerza que le sobraba. Le dio risa, ¿esa mujer intentaba detenerlo?

Le sonrió a escondidas mientras apartaba bruscamente el pie dejándola con la mano al aire. No la mataría para que informara sobre el asunto y así hacer el juego más divertido.

—Andando —ordenó a los Akatsuki bajo su mandato al hacer un movimiento con su mano.

—Maldito… ¿a dónde nos llevas? —exigió saber Sakura-hime intentando zafarse de la opresión.

—Uh… un lugar nada acogedor para ti —Hotaru siguió con su expresión pulcra al acercarse a ella y tomando una de las tiras de cables para rodear la boca femenina, impidiendo así que lo insultara nuevamente.

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Recorrieron cierta distancia desde que partieron de la aldea. Con el plan en su mente y sin emitir ninguna palabra más, permanecieron expectantes a su alrededor mientras avanzaban. Concentrándose en impulsarse de las ramas y atentos por si les llegaba un ataque sorpresa.

El viento fresco y el cielo oscuro amenazaba al sereno, el frío no tardaría en instalarse sobre ellos llenándolos de sensaciones placenteras. La fatigación todavía no se presentaba, estaban muy lejos de estarlo.

Para Sasuke, estar en el mismo grupo que su padre lo ponía, de cierta forma, ansioso. En todo el camino no se dirigieron miradas o gestos, empero, no tenía prisas por entablar una conexión, no era que planeaba hacerlo. Después de todo, al terminar la misión, volverían a su mundo.

Pero, lo que en verdad acaparaba toda su mente, era el asunto de Hotaru. Él antes de salir, que posiblemente se trataba de una trampa, y vaya, cuando ese chico genio lo deducía, no tenía por qué dudarlo. Para su muy pesar lo aceptaba… sólo en su mente.

Fue hasta que notó la inquietud en el rostro de Charasuke y supo que no era el único con esa sospecha.

—Es demasiado fácil para ser cierto. Ni siquiera Akatsuki pudo con ellos porqué tienen a Kakuzu e Hidan bajo su dominio. Me parece absurdo que un puñado de ninjas comunes lo hayan conseguido en tan poco tiempo —murmuró el joven policía al mirarlo de reojo, respondiendo a su pregunta implícita. Al ver el reconocimiento en la pupila del Rinnegan, enfocó su atención al frente totalmente satisfecho.

—Pero el documento es auténtico, es imposible que Suna confabule con ellos —insistió Menma abogando por la pantalla de los sucesos.

—Pudieron falsificarlo —opinó Sasuke desde su lugar. Fue tomado muy en serio puesto que su mirada atisbaba cierta alarma—. Posiblemente interceptaron algún otro mensaje… para alejarnos de la aldea… —dedujo al instante—. ¿Con qué fin?

—No estamos seguros de que sea una trampa —volvió a rebatir Menma, hastiado de sus ideas—. Suna tiene extremo cuidado en el intercambio de mensajes.

—Creo que estos dos tienen razón —Naruto interrumpió con toda la seriedad del mundo—. Yo también lo dude al principio, y creo que papá y Fugaku-san piensan lo mismo, además… tengo un mal presentimiento —alegó mirándolos a ambos.

Ninguno de los adultos emitió palabra puesto que lo sospesaban seriamente. Aún después de tener varios puntos de vista, no creían con exactitud que se tratara de una trampa, pues el documento había sido firmado por el Kazekage y nada podía cambiarlo, cómo afirmaba Menma.

—Hay dos personas al frente —dijo Charasuke de pronto cortando de sopetón sus pensamientos.

El grupo se detuvo en seco sobre las copas de los árboles, esperando atentos a los desconocidos para identificar si eran una amenaza o no. Al transcurso de unos segundos, pudieron vislumbrar las siluetas caminar lentamente por el sendero. La oscuridad fue un impedimento con el objetico de saber sus identidades. Fue hasta que toparon con la luz natural de la luna y pudieron reconocerlos.

—¿Temari? ¿Kankuro? —Naruto no cabía de la impresión. ¿Qué hacían ellos ahí cuándo tenían una amenaza inminente en su aldea? Por otro lado, sus vestimentas eran muy distintas a lo que acostumbraba en ver.

Todos mantenían la misma duda principal, así que bajaron de los árboles alertando de sobremanera a los dos ninjas de Suna, quienes, al reconocer a sus aliados, soltaron un suspiro de alivio y los miraron expectantes por su presencia.

—Es una grata sorpresa —comentó tímidamente Temari, les sonrió contenta de ver a sus amigos de Konoha, empero, se desconcertó visiblemente al reparar en Sasuke y Naruto encontrando gran parecido con Charasuke y Menma—. ¿Acaso sus clones tienen otra identidad?

—Shh —Menma cubrió la boca de Naruto con su mano tras percatarse de que diría "ingeniosidades" cómo lo tenía catalogado. Nadie tenía que saber de su visita por el bien de las aldeas.

—Un gusto encontrarnos Temari-san —se adelantó en hablar Minato evitando controversias, su seriedad intrigo a los dos jóvenes extranjeros—. Vamos a Suna ya que nos llegó este informe —amablemente extendió el pergamino que Kankuro no dudo en tomarlo con cierta brusquedad y extenderlo para que su hermana también lo leyera.

A medida que pasaban sus ojos por las líneas, la sorpresa atacaba sus rostros alarmando a los Shinobis de la Hoja, cayendo en cuenta que las suposiciones previamente formuladas… fueron acertadas, para su muy pesar.

—Definitivamente no enviamos esto —apresuró Temari en aclarar, no deseaba polémicas con sus aliados—. Ciertamente es nuestro sello, pero yo me enteró de todo lo que pasa dentro. Y jamás vi este pergamino ni tampoco tenemos presos a dos sospechosos.

—¡Lo sabía! ¡Era una trampa! —exclamó Naruto frustrado. Alborotándose el cabello, soltó un gruñido de exasperación que a Minato se le hizo similar al gesto de Kushina.

Ahora quién sabe con qué propósito los engañaron.

—Si se trata de una trampa, hay que averiguar de qué trata —advirtió Fugaku mirando a Minato.

—Podría ser, cómo dijo… él —Charasuke haciendo referencia a su contraparte sin mencionar su nombre, ni siquiera por lo obvio—… que quisieran alejarnos de la aldea porque… —su frase quedó al aire y un extraño silencio se formo en el ambiente. Las mentes trabajaron tan rápido que apenas pudieron procesarlo con facilidad.

Lo dedujeron en un instante.

Las dudas se despejaron.

Y el terror los invadió por completo.

—Esos imbéciles lo hicieron a propósito —rugió Charasuke volviendo sobre sus pasos visiblemente enfadado y dispuesto en aplastar varias cabezas—. Los haré picadillo cuándo los vea.

—Debemos regresar de inmediato —dijo Fugaku y Minato estuvo de acuerdo.

—Será mejor que vuelvan a Suna por su seguridad —les pidió sereno el rubio.

—Por lo menos merecemos una explicación por tanta intriga —rebatió Kankuro sin intenciones de marcharse.

—Después les contaremos los detalles. Por ahora será mejor que se marchen. Nosotros nos contactaremos con ustedes una vez que este todo bajo control.

No se quedó a averiguar si lo aceptaron o no. Se apresuró en alcanzar a su grupo que había empezado a correr velozmente en dirección a Konoha. La ventaja es que no habían avanzado demasiado, tardarían un par de horas en llegar.

Sin embargo, el tiempo apremiaba, y no estaba para ser desperdiciarlo.

—Desde aquí puedo utilizar la teletransportación debidamente —informó a todos lo suficientemente alto para que lo escucharan.

Sin decir palabra, se detuvieron al pie del camino. Menma se apresuró a tocar el hombro de su padre, y así los demás procedieron a imitarlo.

Cerraron los ojos preparados en recibir la técnica, y en cuestión de segundos, tras separar los parpados, se encontraron justo alado de la puerta principal de la aldea. Llegaron prácticamente un pestañeo, tampoco lo sintieron en absoluto.

Sin reparos, se apresuraron en cruzar los tejados de las casas directamente al despacho de la Hokage, lograron ver las luces encendidas, por lo que se precipitaron por las escaleras hasta llegar a la puerta que estaba medio abierta.

—…Hotaru de nuestra dimensión las secuestró. A las tres.

Tal revelación dejo abierta las especulaciones de los hombres que no esperaron para irrumpir la habitación sorprendiendo a la Hokage, Obito y Shizune.

—¿A quiénes se llevó Hotaru? —exigió saber Charasuke. Al no escuchar contestación, se acercó a zancadas lo encaro de frente. Lo miró intensamente haciéndolo dudar si revelarlo o no—. ¡Dime! —exigió exasperado temiendo lo peor.

—Lo siento, Izumi nos contó todo… él se las llevó —dijo pasando su pesada mirada en Charasuke, Sasuke y Fugaku. Cerró los ojos esperando la reacción de los involucrados.

Los Uchiha lo procesaron de inmediato que, por primera vez odiaron esa capacidad. Preferían ignorarlo por unos segundos más a sentir la paulatina sensación de furor.

—¿¡Cómo fue posible!? ¡Ellas estaban aquí, dentro de la aldea! —estalló Charasuke consternado por la situación, ninguna de las posibilidades consideradas entraba esta, no, para nada. Su respiración se aceleró ante la idea que…—. Se supone que es un lugar seguro, ¿y no se dieron cuenta en el momento exacto?

—Las atacaron en el barrio Uchiha al ocaso.

—¡Mucho peor! ¿cómo ellos no se percataron de nada?

—Todo fue muy rápido…

—¡No es excusa!

Sasuke no escuchaba las replicas de Charasuke y a continuación, las de Naruto. Se había sumergido en un trance mirando un punto en la nada. La sola recreación de ese maniático en el mismo lugar que Sakura le causaba incertidumbre hasta el punto de que la ira recorría sus sentidos, nublándole momentáneamente la noción del tiempo.

La bestia de su interior amenazaba en salir de las profundidades de su ser para tomar las vidas indiscutibles. Marcándolas con la fatalidad, mostrándoles el destino que les depara.

Dejó a Sakura en la aldea creyendo completamente que estaría a salvo de esos infames, fuera de su alcance, procurando su seguridad y confiando en los habitantes de esa dimensión. Oh, cuanto se arrepentía de hacerlo, debió de renegar por la única orden de Tsunade y haberla llevado con ellos. Él no pudo hacer nada puesto que se suponía que no debía de estar en esa dimensión, ni siquiera debía existir para las demás naciones.

Pero perder el control cómo su contraparte no serviría de nada. Debían pensar con la cabeza fría, si no, todo se resumiría a un completo desastre ocasionado por el mal manejo de sus emociones.

—Cálmate —le dijo a Charasuke que estaba reclamándole a Tsunade por la poca eficiencia de la seguridad en la aldea.

—¿Qué me tranquilice? ¡Si mi madre y novia fueron secuestradas! ¡Y ese lunático atacó de nuevo a Itachi e hirió a Izumi! —exclamó incrédulo volteando a verlo. Sus nervios se crisparon por la serenidad que rayaba el desinterés en su rostro. Tanto así que le reclamó con fervor.

Sasuke escuchó atentamente cada una de sus réplicas sin rechistar, esperando el momento en que la furia cesara definitivamente. Él también ardía por dentro, lo consumía la desesperación por no saber el paradero exacto de su novia.

Le había jurado protegerla ese día y había incumplido sus palabras.

—¿Crees qué no estoy desesperado por ir tras esos engendros y hacerlos perecer de la manera más dolorosa posible? —citó entre dientes sin apartar la mirada.

En ese instante, Charasuke calló abruptamente tras detallar a profundidad de los ojos cuales parecían dos esferas ardientes bajo el deseo de sangre cuyo portador cometió el error más grande de su misera existencia: tocar lo más valioso para un hombre de pasado sombrío.

—Él tiene razón —intervino Fugaku, su expresión daba miedo o eso estimaba Naruto—, es mejor mantenernos serenos.

—Tsunade-oba-chan, ¿ya pensó en un plan de rescate? —preguntó Naruto tratando de controlarse, después de todo, su mejor amiga corría un gran riesgo. Espero impaciente a que la rubia cerrara los ojos por unos segundos para sospesas sus opciones, un mar de infinitas posibilidades.

—Primero tengo que hablar con el consejo…

—¿O por qué no simplemente trazamos una estrategia de rescate?

La sorpresiva entrada de "aquellos visitantes" dejó con la boca abierta a los de esa dimensión.

Kakashi, el Sexto Hokage, caminaba a paso firme entre los ninjas para posicionarse frente al escritorio. No traía consigo su atuendo oficial de máxima autoridad para no llamar la atención de los transeúntes y haciéndose pasar por la persona de esa dimensión. Era acompañado por Ino, Sai y Shikamaru que no dejaban de observar interesados las contrapartes del equipo siete.

—Ustedes… —murmuró Menma impactado al deducir que no se trataban de sus amigos. Especialmente Kakashi, su aura era muy diferente al que fue una vez su maestro.

—Por fin nos conocemos Goidame-sama. Debería decir que es un honor, pero tomando en cuenta que retuvo a ninjas bajo mi jurisdicción por meses, la emoción no es tan placentera —dijo Kakashi sonriendo bajo su máscara, de una forma despreocupada y a la vez mordaz. No estaba contento, por el descuido de todos se habían llevado a Sakura.

—¿Usted es el Hokage de su dimensión? —inquirió impresionado Minato. Los visitantes nunca revelaron el nombre de la persona que tanto respetaban. Una verdadera sorpresa descubrir su identidad.

—Sé que es imposible de creer, pero Kakashi-sensei hace bien su trabajo, incluso dejo de llegar tarde a las reuniones desde que le dieron el puesto —alegó Naruto asintiendo varias veces con la cabeza y soltando una risita entre dientes.

—Esto es una sorpresa —murmuró Charasuke analizando a los jóvenes que habían llegado con el Hokage. Un Shikamaru con mirada perezosa que claramente no deseaba estar ahí, Ino esbozando una sonrisa de oreja a oreja de actitud energética y Sai poseyendo una sonrisa falsa.

—¡Waa! ¡Es Sasuke! —exclamó emocionada Ino abalanzándose al Uchiha para abrazarlo por el cuello. Procedió a frotar su mejilla con la de él en un gesto alegría.

A esto, Charasuke se mantuvo consternado, pero sin apartar a la rubia, totalmente anonado. ¿Se trataba de Ino? ¡Era totalmente diferente a la chica tímida que conocía! La miró con extrañeza cuando ella se detuvo de golpe y alejó su cuerpo para analizarlo de pies a cabeza.

—Sigues igual de guapo… ¿son aretes? —preguntó al percatarse del detalle en su oreja, los tocó sin pena. Él seguía boqueando en busca de palabras—. Y qué bonita sonrisa… ¡Ah! Tienes tu brazo izquierdo, que felicidad —chilló. Se lo palpó colaborando que fuera real.

—Yamanaka —advirtió Sasuke con voz aterciopelada por lo último, se sintió aludido.

—Lo siento Sasuke-kun, es que es impresionante —se excusó Ino mirándolo con una sonrisa de oreja a oreja de mostrando la confianza de compañeros que existía. Sasuke solamente bufó por debajo y la dejó ser, no le convenía reñirse con la mejor amiga de su novia—, es cómo volver en el tiempo a esos tiempos… —murmuró por debajo recordando sus tiempos de academia. No se dejo llevar por el recuerdo y volvió a componer su contagiosa sonrisa.

—Eh, un gusto Ino… ¿chan? —murmuró Charasuke un poco extrañado por la interacción.

—¡Ah! Eres más expresivo —siguió diciendo entusiasmada cual niña descubriendo accesorios de su nuevo juguete.

—Ino, por favor, concéntrate —rebatió desinteresadamente Shikamaru, su tono de voz no válido sus palabras.

—Amor, asustas al emo-no-manco —le dijo Sai desde atrás, su sonrisa extraña le causo escalofríos a los de esa dimensión.

Sasuke lo miró con mala cara por el insulto indirecto. Sigue sumando puntos copia barata…

—Pero esto es excitante, ¡ver diferentes versiones de mi amor platónico es mi sueño frustrado de la adolescencia! —se quejó con su esposo.

Tenías que hablar Yamanaka —pensó exasperado Sasuke esperando que su contraparte y Charasuke le restaran importancia al tema. Lo menos que deseaba era ser molestado por ese par.

—Luego podrás experimentar todo lo que desees. Por ahora estamos aquí para rescatar a la feita —el joven pálido se acercó a jalarla por el brazo no sin antes dirigirle una mirada extraña a Charasuke.

Este alzó una ceja interrogante al descifrarlo: "ni una mano encina, intento de emo". Quiso reír histéricamente. Vaya reacción. Les sonrió abiertamente provocando chillidos de Ino y un movimiento de manos eufóricos.

Un segundo…

—¿¡Están casados!? —cuestionó impresionado al ver los anillos en los dedos de la pareja.

Ino sonrió de forma zurrona y se llevó el índice a sus labios en señal de silencio.

Tras el gesto de la rubia, Kakashi les sonrió a los chicos. Dejaría las presentaciones informales para después, ahora tenía que tratar un tema importante con Tsunade. Decidido, se giró de nuevo a la rubia dispuesto a entablar una conversación.

—Kakashi… —comenzó la Senju.

Rokudaime, por favor —rectificó Kakashi con una sonrisa.

A esto, Shikamaru e Ino rodaron los ojos. Kakashi siempre andaba regañándolos por hablarle formalmente. Al parecer ese dilema no aplicaba en el resto de los ninjas. Parecía que se estaba divirtiendo, pero entendían que era para hacerse ver cómo alguien con el mismo poder.

—Y con respeto a nuestra inesperada visita. No iba a quedarme de brazos cruzados a sabiendas que mis chicos seguían en un lugar completamente desconocido. Acudí a su llamado debido a que usted no les ha permitido ejercer su trabajo correspondiente.

—Y yo le expliqué las razones por la cual no acepté —replicó Tsunade de inmediato—. En un descuido podrían descubrirlos y todo el mundo llegaría a saber de su existencia. Este asunto es sumamente serio, su la información cae en manos equivocadas, se desataría una guerra.

—¿Cree que ellos Genins para no saberlo? No. Tienen el nivel de un Jounin, capaces de hacer una misión conjunta con la mayor discreción posible; están marcados por los sucesos de la guerra que vivieron en carne propia, andarían con extremo cuidado a sabiendas que podrían llamar la fatalidad sobre las naciones —alegó en su defensa y cansado que los subestimaran. ¿Lo creían idiota?—. Si usted hubiera dejado desde el principio que ellos asumieran su responsabilidad, yo no estaría aquí dispuesto a sobrepasar de su cargo.

Tsunade estaba harta de que le repitieran lo mismo.

—Pero ya no hay que lamentarse por algo que pudo suceder —agregó Kakashi pasando una mano por el escritorio— las cosas se han suscitado de esta forma bajo su mandato. Ahora nos haremos cargo del resto.

—¿Qué quieres decir con eso? —Tsunade, pase a la situación, seguía serena. Apenas se le notaba indició de molestia y Kakashi apostaba que no estaba lejos de revelarlo. Aquella mujer le intrigaba pues era todo lo opuesto a la rubia explosiva adicta al sake con la que convivía.

—Resolveremos esto a nuestra manera —sentenció cargando el ambiente de tensión palpable que fácilmente podría se cortado cualquier incentivo de motivación. La determinación en sus ojos oscuros hizo sudar frío a Tsunade—. Pueden ayudarnos o no, eso queda a su criterio. Si desean perseguirnos y catalogarnos cómo amenazas, adelante, están en su mundo y ejercen sus reglas, yo haría lo mismo. Pero eso sí, no les daremos la más mínima oportunidad de estropearlo. Nosotros fuimos amables y no supieron manejarlo correctamente.

Y tras la sentencia que parecía más una amenaza, giro sobre sus talones y encaró a todos. Enfocando a Sasuke y Naruto les dio a entender que debían actuar ya. El tiempo transcurría en su contra. Confiaba que Sakura no se dejaría vencer, pero necesitaban ayudarla.

—Espera —Tsunade se había incorporado de sopetón. Sintió las miradas de los Shinobis a su mando transmitiéndole sus deseos, así como los de ella. Espero paciente a que Kakashi le devolviera la mirada, todavía seguía inexpresivo—. Colaboraremos —aceptó.

—¡Hokage-sama! —replicó muy pronto Shizune—. No tenemos porqué hacerlo. Ellos vinieron con una actitud altanera. Lo menos que pueden hacer es quedarse aquí sin interrumpir nuestras operaciones…

—Ya hemos hecho bastante y de la forma incorrecta —le calló abruptamente con severidad. Shizune solo pudo apretar los labios, cuándo ella le hablaba de esa forma quería decir que su decisión era irrevocable—. Debemos apoyarlos. Olvidas que dos de nuestras kunoichis también fueron raptadas.

—Nos involucraremos de cualquier forma. Esos imbéciles deben de pagar por su osadía —dijo Fugaku impasible. Fue apoyado por todos en la habitación.

Kakashi detalló por cada uno con lentitud, su inexpresivo empezó a en una ceja alzada y una mirada que reconocían los de su dimensión.

Cuando se le ocurría una brillante idea…

—Ya tienes una estrategia —no era una pregunta por parte de Sasuke, si no una mera afirmación de alta expectativa. Con Kakashi no era llevársela a la ligera.

—Eres muy persuasivo Sasuke —atinó él orgulloso del joven—. Pero no, sólo pensaba que no podré continuar con mi libro hasta terminar con el rescate —dijo desilusionado.

O, por el contrario, que tenía en mente su preciado libro.

—¡Kakashi-sensei, esto es serio! No salga con sus ninfómanas —refutó exasperado Naruto no creyendo que saliera con ese tema—. Es más importante salvar a Sakura-chan que el libro que sabe de memoria.

A Sasuke y los demás no les sorprendía tal respuesta, en cierta parte lo venían venir. Sólo se les hacia extraño que no lo haya mencionado antes.

—Oye, se más respetuoso con el manual de la vida que también tú lo has leído —le reprendió ofendido.

Naruto se sonrojo visiblemente al recordar "ciertos detalles".

—Suficiente, dejémonos de juegos —disipó la conversación el peliplata moviendo su palma. De nuevo volvió su semblante serio asustando a quienes no lo conocían realmente, ¿cómo pudo cambiar rápidamente de gesto al esbozar una expresión profesional?—. Debemos apresurarnos porqué conociendo la mente retorcida de Hotaru, no se tentará el corazón para herirlas.

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Tenía frío.

Apenas ese pensamiento cruzó por su mente adormecida, no hizo mucho esfuerzo por averiguar la indiscutible sensación de vacío que recorría su pecho. Lo ignoró por un corto lapso suponiendo que debía temerle a nada, empero, su conciencia le gritaba con todo el fervor que separara los parpados y analizara a su alrededor.

"¿Por qué?" se cuestionó.

No supo la razón. Simplemente empezó a recordar todo… los últimos acontecimientos y…

Ah, todo le daba vueltas. Le dolía la cabeza y el cuerpo. Su boca seca apremiaba.

—¡Basta!

Abrió de sopetón los parpados. La voz lamentosa penetró a sus oídos alertándola. Desorientada, vio a su alrededor con desesperación hasta que logró enfocar a las dos mujeres a metros de ella.

Sakura estaba en el suelo agarrándose el estómago, se retorcía adolorida, la sangre no cesaba de ninguna manera asustando a Hime. ¿No había curado sus heridas? Era una medic-nin, debía ser capaz de utilizar su chakra.

Aunque, extrañamente, no percibía la de ellas ni la suya. Se sentía débil, demasiado. Ni siquiera podía liberarse de las cuerdas con su fuerza actual. ¿Qué le hicieron?

—No la toques —advirtió Mikoto. Su expresión de advertencia era una faceta que jamás había visto.

Desplazó la vista su contraparte.

—No te diré nada —escupió Sakura con firmeza. Sus ojos jades brillaban desafiantes—. Jamás revelaría información sobre mi mundo a un bastardo cómo tú.

—Oh —Hotaru se puso de cuchillas para acariciarle su rostro provocándole escalofríos internos. Apartó su rostro cómo si el contacto quemará, y él sonrió mostrando sus dientes rectos—. Eres chica muy ruda, no esperaba menos de la pareja de Uchiha Sasuke. Escuché que es un asesino a sangre fría… ¿no te da asco ser tocada por sus manos que cargan las almas de las vidas que arrebato? —cuestionó seriamente, pero detrás de eso, un tono malicioso se escondía entre sus ojos— ¿o de sus labios manchados de sangre? La fatalidad es un efecto colateral que no podrás soportar.

La Haruno no se dejó intimidar, no les tomó importancia a sus palabras. Sabía que era con intenciones de distraerla y hacerla bajar la guardia para que su lengua se aflojará y diera la información que deseaba.

No contestó, prefirió ahorrarse las energías que necesitaría cuando lo destrozara. Estaba haciendo todo lo posible en concentrar el poco de chakra que circulaba en sus venas en la hemorragia. Dolía terriblemente, pero debía soportarlo, por lo menos hasta salir de ahí. Se lamentó. No debió permitir que Hotaru les inyectará la sustancia que le bloqueaba los canales de energía.

Pronto se percató de la figura de joven Hotaru ingresando a la cueva. Por unos segundos estuvo segura de que identificó sorpresa en sus ojos, sólo por uno segundos antes de ser cubiertos por frialdad.

—¿Qué significa esto? —preguntó el chico acercándose al hombre.

Este, sin dejar su posición, elevó el rostro. Lo miró desde abajo con extrañeza.

—Haré de cuenta que no escuché esa estúpida pregunta.

—Dijiste que nada más querías información, no que la lastimarías —lo ignoró señalando la herida de la pelirrosa.

—¿Y? un detalle sin importancia no morirá desangrada. Es sólo para acelerar el proceso de tortura —informó en tono condescendiente crispando un poco los nervios del menor—. ¡Ya no te alarmes! Recuerda que ellas atraerán a los Uchiha, chico.

—Como sea —dijo el hombre incorporándose. Miró de reojo a Mikoto y Sakura-hime y las saludó con un movimiento recibiendo aberración, suspiró fingiendo tristeza. Luego se giró de nuevo a la kunoichi atrapando su expresión feroz de una mujer que no se dejaría vencer fácilmente—. De una u otra forma hablaras, querida. Te lo aseguro.

El chico contempló a Sakura sin sentimiento en su rostro, admirando la determinación en su mirada. Tan intensamente que se perdió por un momento en sus ojos, hermosos... opacados por una emoción negativa dirigida a él. Y pensar que al principio intento matarla, ¿qué cambió?

Nada.

No había cambiado nada.

Simplemente recordó su pasado.

Y sufrió demasiado en el proceso.

"Debes pagar por lo que hiciste, Sasuke".


Vamos llegando a la recta final chicas, estoy tan emocionada que les traje el capítulo en tiempo récord. Siento que lloraré, pero no ahora.

Me siento MUY FELIZ quiero agradecerles a todos. Cuando vi el número de lecturas esta mañana, casi lloro de felicidad -se me salió la lagrimita loca- que emoshion (? Por ese emotivo me apresuré a escribir.

Los pandicornios dominaran al mundo, se ha dicho.

Gracias, infinitas gracias, casi llegamos al año que esta historia salió del borrador, no hubiera sido nada sin ustedes.

Perdonen si no constesté los comentarios del capítulo anterior, estoy muy corta de tiempo, pero si los leo -risa- me gusta saber sus opiniones y reacciones.

Nos leemos luego pequeños saltamontes.

¡Alela-chan fuera!