Road To Ninja: Choque de mundos
Capítulo 29: late, corazón. Late.
Disclaimer correspondiente.
—Estoy vivo gracias a ti, Sakura.
La impresión, un factor fabricado por el cerebro de forma defensiva ante un suceso inesperado, conforme al contexto, el resultado podría variar de diferentes maneras.
Y Sakura no logró guiarse al punto exacto de entendimiento. No asimilaba las palabras dichas por Hotaru, creyó que se trataba de una mala pasada producto de su cerebro debido a la fiebre.
Boqueó en busca de una respuesta la cual nunca se formuló. Estaba en shock por la noticia. Lo enfocó de nuevo, él no dejaba de mirarla fijamente esperando una reacción además de la sorpresa plasmada en su rostro.
El mencionó que lo curó años atrás, y por Dios, intentaba recordar al respecto, pero fueron tantos los pacientes que ha tratado y remota a los más graves por sus experiencias, así cómo las de un simple resfriado. No memoraba al respecto, creía que era a causa de la poca fiebre en su cuerpo o el estado asombrado en el que se encontraba. Sea una u otra cosa, le resultaba difícil.
Hotaru se permitió soltar un suspiro.
—No lo recuerdas, ¿verdad? —inquirió sin demostrar la desilusión en su rostro. Por un mísero segundo creyó que una vez fue importante para ella—. No importa. Todo será más sencillo de esa manera —murmuró. A continuación se incorporó de un movimiento y giró al estante de alado para guardar lo que utilizo para sanarle la herida.
No la miró. Enfocó un punto al frente, el metal del estante, atendiendo a la insoportable sensación de ahogo. Le dolía su indiferencia mental al asunto, aunque por otro lado, estaba bien, así le sería más fácil deshacerse de estos sentimientos y asesinarla sin remordimientos de por medio.
Sin pretenderlo, recordó aquel instante que en su vida cambió. Ese día en dónde creyó morir, y lo deseaba más que nada en el mundo.
Hasta ese momento...
Ah... la verdad no estaba mal permanecer recostado en el suelo de una vieja casucha que se caía a pedazos en medio de una aldea destrozada por la reciente guerra. Su mente se encontraba al borde del abismo oscuro materializándose en su mente. Apenas tenía consciencia del instante del tiempo, casi anochecer, parte de sus días. Desde su posición, al borde de la puerta, podía ver las montañas alzarse imponentes ante el atardecer proyectando una imagen única, la última a decir verdad, los cálidos rayos le arrullaban confrontándole su ambiguo corazón a punto de detenerse por completo.
Después de todo, morir en una tierra desconocida sin nadie a su alrededor le parecía bien. Así no había quién se lamentará y llorara su pérdida, evitaría sufrimiento. El sabor de las lágrimas llegaron a sus labios, tan vividas y el recuerdo del cadáver de su hermano, su último aliento y sus ojos enfocados en él. Por lo menos, murió acompañado.
Y aquí es dónde se arrepentía de haberse alejado demasiado de su aldea natal. Aunque, pensándolo bien, ¿quién lo esperaba en Konoha? Nadie. Sus padres habían muerto en una misión difícil dejándolos huérfanos. Dos años después fueron capturados por ese vil hombre-serpiente esclavizándolos, robánoles todo lo que les quedaba en la vida. Y después... la muerte de su hermano en manos de ese chico, jamás lo olvidaría.
Ah, así que estos serían sus recuerdos finales. Era extraño. No sentía dolor físico, su cuerpo entumecido por la fiebre no reaccionaba, al estar al borde de la muerte era irrelevante el sentir físico. El sufrimiento mental pesaba más.
Las lágrimas silenciosas seguían escurriendo sin cesar. ¿En qué momento se enfermo? Tal vez cuando piso esa aldea moribunda o la ocasión que ayudó a la anciana que vivía a dos casa de ahí. Debió prevenirlo en cuanto ella murió una semana atrás, no le sorprendió la racha de desvanecimientos en los demás aldeanos, en el fondo lo esperaba impaciente. ¿Qué más daba? No le quedaba nada en el mundo, y su venganza impulsado por el odio, no pudo más que su enfermedad.
Un espasmo lo sacudió y gimió adolorido. Su cuerpo ardía y sus párpados empezaron a pesarles demasiado. El desvanecimiento de su mente lo transportó a un insólito mundo de sensaciones raras.
Sus ojos entrecerrados captaron los finos rayos de luz ocultándose en el horizonte brindándole un espectáculo digno de la naturaleza, recordándole su lugar en el mundo, su don cómo humano y la cualidad de pertenecer a él. Se despedía de la pasantía.
Por fin iba a descansar en paz, lo presentía. Cerró los ojos esperando el momento de su ida al mundo de descanso eterno.
—¿... escucharme?
No.
No lo hacía.
Estaba delirando. ¿La muerte misma le llamaba?
—Por favor, resiste todo lo que puedas, voy a ayudarte.
¿Alguien le hablaba?
No.
Nadie lo hacía.
Después de todo, lo habían desahuciado y ninguna alma se acercaba a ese pueblo abandonado a causa del daño irreversible que causó la guerra.
No sentía su existencia.
Vaya, por fin se iría.
Dio un suspiró y su conciencia se desvaneció por completo.
*"*"
Extraño. Podía sentir sensaciones físicas después de todos, ¿con qué así era la muerte? Pensaba que después de que la vida se esfumara no experimentaría sensaciones, ni siquiera del pensamiento. Pero, por alguna razón, percibía algo debajo de su cuerpo, cálido y acogedor...
Un momento. ¿En verdad estaba muerto? El infierno no debería ser tan considerado.
Entonces, por sus ojos se filtró la luz. Había abierto los párpados en un gesto confuso. Lo primero que observó fue el techo de una casa y escuchó voces amigables a su alrededor. Desde ahí giró el rostro a la derecha, una ventana abierta dejaba entrever el cielo azul rebosante de nubes blancas, un árbol le brindaba una reconfortante sombra, el aire rebosaba en su rostro y las ramas se mecían al compás.
Sin salir de su confusión, se agarró la frente descubrierto por un paño de agua. A decir verdad, ya no sentía su cuerpo consumido por el calor. Su garganta seca le reclamaba agua, y sus extremidades entumecidas lograron moverse un poco. Incluso su vista percibió a las personas a su alrededor postradas en camillas con diferentes cuidados, y personas con bandas Ninjas cuidándolas.
Tosió al momento de sentarse y por la brusquedad sintió un pinchazo en el brazo derecho, lo alzó lentamente dándose cuenta de la aguja de la intravenosa, le picaba y ardía al mismo tiempo. Fijó su vista en la aguja y colocó sus dedos con la intención de quitárselo.
—Oh, no te lo quites.
Sus ojos se clavaron en unas pupilas verdosas tan deslumbrantes y una mirada preocupante acompañaba sus gestos. Una criatura que jamás había visto, de una forma inocente la admiró en silencio y siguiendo sus movimientos sencillos y rápidos. Le había apartado la mano de la aguja y colocado a su costado.
Le sonrió a él.
Y no le devolvió el gesto.
—Me alegra que hayas despertado —dijo con voz femenina y delicada. Se agachó a su estatura, apoyando las manos en sus rodillas, no borró su sonrisa—. ¿Cómo te sientes?
No contestó. ¿Qué más daba el saberlo? Le hizo un desaire al voltear al cabeza negándose a hablar. Tal vez así la ofendiera y se fuera de su vista.
Tan pronto comprendió todo: estaba siendo tratado por la enfermedad, la intravenosa y el paño de agua lo confirmaba, además de los medic-nin a su alrededor, y por la banda de Konoha que portaba la chica de cabellos rosados, apostaba que era parte del grupo.
Le salvaron la vida.
No. Él no quería eso. ¡Morir sería una vía fácil y accesible!
—Debiste dejarme morir —sus primera palabras fueron un reproche molesto para ella. La encaró aún estando débil, sus ojos miel se afilaron en una mirada—. Lo merecía, mi vida se cae a pedazos y es la única forma de salir. No soporto la desesperación del agujero negro que se forma a mis pies.
—La muerte nunca será la última solución a nuestros problemas —musito la chica. Él sonrió irónico al observarla tan ingenua, y negó con la cabeza soltando una risa apagada—. La vía más fácil siempre es para los débiles.
—No soy débil, simplemente ya estoy cansando de éste mundo y sus personas de mierda —parpadeó tratando de enfocarla, veía doble y lo disimulo perfectamente.
La kunoichi le sonrió amistosa mientras le retiraba el paño de agua para remojarlo.
—No todas las personas somos inconscientes y malvadas —aseguró exprimiendo la tela, en cuanto le pidió que se recostara, el chico lo hizo lentamente solo para darle la espalda y negarse a cooperar—. Habremos personas que tendamos la manos desinteresadamente.
—Vete —le cortó agrio cerrando los ojos cediendo un poco al dolor de cabeza. Empezó de sopetón. Sentía como si un martillo le estuviese pegando en el cráneo.
—Todavía estás en observación, tu estado no es del todo saludable y necesitas el cuidado necesario para...
La ignoró.
"¨"¨"
Los siguientes días fueron similares, al principio no dejaba tratarse por ella, ni mucho menos con una de las enfermeras, pero desde que cayó fulminado al suelo al querer largarse en busca de un lugar para morir tranquilamente, permaneció dos días inconsciente. Se rindió por el momento y dejo que la pelirrosa lo tratara. Presentía que no lo dejarían ir en cuanto ellas estuvieran en la aldea. Esperaría el momento de su partida para alejarse y terminar su cometido.
La mejoría fue notoria a la semana, ya no sentía los dolores en su cuerpo, los calambres aparecían de repente cómo efectos de la enfermedad que poseía. Seguía ahí por ello, le trataban el virus con analgésicos y medicamentos, además que la pelirrosa le estimulaba sus defensas todos los días.
Ahora, obligadamente le estaba debiendo la vida a la pelirrosa y odiaba estar en deuda.
Mientras la pelirrosa le inyectaba el medicamento a la intravenosa, él preguntó casualmente por su nombre.
—Haruno Sakura —dijo ella esbozando una sonrisa sin dejar sus acciones. Lo miró con sus grandes ojos verdes, examinándolo—. ¿Sabes? Antes de querer saber el nombre de los demás, debes presentarte primero.
Después de eso no emitió palabra alguna.
Sakura... uh, sin duda le quedaba perfecto.
"*"*"
Días después pudo salir de la casucha al ser librado de las agujas, y lo primero que investigó con las enfermeras de las que dormían en las tiendas de campar, era que los trajo al pueblo. Le contaron sobre la misión de controlar una enfermedad catalogada peligrosa a un nivel medio, transmitida por el agua del río al pie de la montaña y debían eliminarla a como diera lugar para que no se propagara a gran escala.
—¿Cuándo planean irse? —lo que realmente le interesaba saber.
La enfermera se detuvo de doblar las mantas y lo miró sobre sus lentes alzando una ceja.
—Todo está marchando sobre ruedas, no tendrás que preocuparte por nosotros hasta dentro de dos semanas. Claro, si no hay inconvenientes en los pacientes restantes.
Perfecto, podía soportar unos días más a las kunoichis. Especialmente a Sakura que estaba atento de él a todas horas. Le brindaba una atención especial por ser el menor de los pacientes, el más "niño" como solían decir las enfermeras.
Con las manos metidas en los bolsillos delanteros de su pantalón, se encaminó a la última cabaña de la aldea murmurando sobre el hambre que tenía. En ese espacio tenían a los enfermos y él entraba en esa categoría gracias a que el virus seguía en su cuerpo pase a ya no tener dificultades físicas. Ansiaba trasladarse al otro pabellón, por lo menos hasta que ellas marcharan. Ya llevaban una semana paseándose a su alrededor, no soportaba su presencia.
Soltando un suspiro, se detuvo en el umbral apartando la tela que asimilaba una ventana. Adentrándose, observó a cuatro pacientes en vigilancia. Él era el único en pie.
El escritorio estaba vacío, no veía a ninguna enfermera o a Sakura que era la que se la vivía ahí monitoreándolos. Se preguntó vagamente sobre su paradero y al darse cuenta de sus pensamientos, bufo irónico y se acercó a su camilla a perder el tiempo, pronto sería la hora de la cena. Esto era lo único bueno que rescataba de la situación.
Un sonido extraño lo distrajo de sus pensamientos, provenía del monitor que dictaba la secuencia cardíaca del paciente siguiente, un viejo. Emitió un sonido extraño y agudo, y seguido, exasperante y realmente preocupante.
En cuanto se dio cuenta, ya estaba a su lado desesperado puesto que por conocimientos vagos y su intuición, el hombre ya no respiraba. Miró la máquina y el pecho del hombre. Su mente maquinó rápido y dio la media vuelta dispuesto a ir en busca de ayuda.
No dio ni dos pasos cuando Sakura cruzó el umbral leyendo la tabla entre sus manos, y en cuento se percató del sonido, corrió hasta el paciente para atenderlo.
—Está teniendo un paro cardíaco —Sakura comenzó a actuar profesionalmente.
El chico estaba asustado al verla moverse rápidamente al estante de la esquina sacando un aparato extraño con mascarilla unido a un globo azul y se aproximó al viejo para colocárselo al hombre cubriéndole la boca y nariz, fue cuando ella fijo sus ojos en él y se sintió intimidado por alguna extraña razón.
—Ven aquí, vas a tener que ayudarme —le agarró el brazo acercándolo más, colocó las manos en la bolsa azul y le explicó mientras se alejaba y rodeaba sin titubear la camilla. Todo estaba pasando rápido, y la adrenalina recorría su cuerpo—. Aprieta y suelta, no dejes esa acción.
Vio anonado y haciendo lo que ella pidió, cómo le apretaba una y otra vez el pecho con fervor y sin detenerse, muy concentrada en su trabajo, miraba de reojo el monitor esperando ver una señal de secuencia cardíaca. No dejaba de hacerle opresión en el pecho.
Hasta él esperaba ver una señal en el monitor. La victoria se alzó aliviada cuando la primera señal traspasó la pantalla y el viejo respiró exageradamente en busca de aire, sin abrir los ojos.
Sakura le apartó la mascarilla y verificó su estado, al comprarlo, soltó el aire por la boca y esbozó una fina sonrisa de alivio.
—Su corazón vuelve a latir —susurró el chico escuchando ensimismado el ritmo cardíaco del monitor.
—Gracias a ti —dijo Sakura.
De inmediato se giró a verla, confundido por su afirmación.
—Sí. Sostuviste el resucitador manual mientras yo hacía las compresiones. Sin la coordinación que teníamos, hubiera muerto segundos después.
La miró. Ella había cobijado al viejo y caminaba para posarse a su lado, él alzó la cabeza pues su estatura no era muy favorable a su edad de trece años.
—¿Muerto...? —deslizó su mirada del rostro femenino al monitor.
Nunca imaginó que le salvaría la vida a alguien con un acto tan sencillo. Apenas días atrás quería desfallecer y dejarlo todo atrás sin explicaciones, que no se detuvo a preguntarse aspectos similares y la que podría tener por delante.
—Su corazón... late.
—Así se representa el corazón de todos —comentó Sakura de igual manera mirándolo lo que él, con los brazos cruzados y una mueca tierna, explicándole su concepto, viéndolo como una persona normal. Sin miedo—. Poseemos uno que late dentro de nuestro pecho, deseoso por dar lo mejor de nosotros.
—El mío falla —aseguró el chico tocándose el pecho con fuerza, apretando los dientes, en sus oídos escuchó el palpitar—. Sigue latiendo pase a que ha muerto en sentimientos, ¿de qué sirve cuando ya no tienes nada que profesar?
—Porqué no has encontrado un propósito para permanecer de pie.
—Mi familia murió hace tiempo, y no tengo amigos.
—Yo no me refiero a una persona —ella se giró a él sin borrar sus gestos—. Puede ser una meta en particular o algún sueño que cumplir. No todo está perdido en esta vida, sólo tienes que detenerte por un segundo y mirar a tu alrededor, y descubrirás la verdad. En ocasiones está frente a nosotros y es tan sencillamente maravilloso.
El chico no emitió palabra, se quedó particularmente callado analizando el significado de sus palabras, de la vida misma y el propósito. ¿Tenía uno? Lo recordaba con dolor: vengarse del hombre que le arrebato su única familia. Pero, ¿sería lo correcto?
Por supuesto, pensó retomando la decisión principal de su joven vida. Aunque se destruyera en el intento, aunque el poder del hielo de su línea sucesora lo congelará por siempre, jamás olvidaría a ese hombre. Algún día Uchiha Sasuke tendría que pagar las consecuencias de sus pecados, se los haría arder con creces y de una forma inimaginable.
Admitía que no era un propósito sano, pero si lo iba a mantener con fuerzas a la vida, ¿qué más daba? Porque muy en el fondo de su corazón, mientras moría días atrás, se agazapaba la esperanza de aferrarse al mundo luchando por sobresalir tras su pasado marcado de sangre y perjurio gracias a su poder que se abría sin control alguno y lastimaba a los de su alrededor en cuanto lo desataba, ya había matado accidentalmente a varias personas inocentes.
Sus ojos miel se dirigieron a ella, quién le hizo recordar sus ganas de vivir con todo y sus pecados, con tan sólo unas cálidas palabras.
—Soy Hotaru.
La sonrisa de Sakura podría iluminar toda la habitación, pensó resignado.
—Por fin me dices tu nombre, Hotaru-chan —la alegría en sus ojos era deslumbrante y sincera.
Ella tenía razón, todavía existían personas cómo ella.
Personas que te extienden un gesto completamente desinteresado y sincero.
"*"*"
Los días transcurrían cómo agua entre sus dedos, pero disfrutaba casa segundo que pasaba alado de Sakura ayudándole con los enfermos, especialmente al viejo que salvaron.
Personalmente le daba de comer y lo vigilaba mientras estuviera ahí.
Cuando podía corría detrás de Sakura por las tardes pues se dirigía al prado cercano a recoger plantas medicinales cuales utilizaba para los aldeanos del pueblo. Se volvió un voluntario, puesto que, una vez más, ella le hizo ver el amor a tal vocación. Lo supo en cuando vio vida en los ojos del viejo, rebosantes y agradecidos por abrir sus ojos una vez más.
Y él quería ver más brillos en las miradas de las personas. Tratarlos con la misma delicadeza y devoción que Sakura, sin malas caras y la intención sincera de verlos recuperados por completo.
Gracias a ella, la enfermedad de su cuerpo cedió y por fin estuvo sano, sin rastros de una recaída, fuerte como una lechuga —a palabras de la kunoichi—. En todo este tiempo, su relación de amistad evolucionaba a cada, él procuraba que comiera sus tres tiempos y que no durmiera tan tarde. Había notado que era una maniática del trabajo.
Y entonces, el último ocaso a su lado llegó. Su corazón palpito angustiado con la posibilidad de no verse nunca más.
—Te prometo que nos volveremos a encontrar —Sakura apoyó las manos en sus rodillas inclinándose un poco a su estatura—. Sabes en qué villa vivo, siempre serás bienvenido.
Su mirada triste lo delataba.
—¿Quién te dijo que quiero tal cosa? —orgulloso, ladeo el rostro.
—Uh, tu rostro me lo dice todo —soltó una risa ante el mohín de Hotaru. Pasó a una sonrisa nostálgica y se acercó a él para abrazarlo.
Hotaru no se espero ese gesto, por la impresión grata, permaneció totalmente quieto, incluso se le olvidó cómo respirar por unos segundos.
Alguien... lo abrazaba.
Alguien... le prometía.
Alguien... lo estimaba.
Apenas reaccionó, ella se separó de su cuerpo, acarició tiernamente el cabello y le depósito un beso maternalmente en su frente. Un nudo se formó en su garganta ante el recuerdo de su propia madre.
Ah... hacía mucho tiempo que alguien le besaba la frente.
—Adiós Hotaru-chan.
Una mirada triste invadió sus fracciones al verla alejarse poco a poco. Su menuda espada femenina, su cabello rosado agitarse al viento obteniendo reflejos naranjas, y su andar preciso, dirigiéndose al sendero del bosque, se ocultaría entre sus ramas.
Ella se iba.
Cerró los ojos aguantando las lágrimas. Retomó el valor, avanzó dos pasos y gritó:
—¡Sakura! —fue valiente al pronunciar su nombre con voz quebrantada.
Ella se detuvo de inmediato, y giró sobre sus talones.
—¡Te prometo que seré un gran médico cómo tú! —exclamó emocionado derramando lágrimas de felicidad. Por ella, por la mujer que le hizo ver un sentido bueno a la vida pase a toda sus errores y pensamientos erróneos—. ¡Y cuando eso ocurra, nos volveremos a ver, algún día!
Una vez más vio la sonrisa deslumbrante de ella.
—Estaré esperando ansiosa ese momento.
Se fue.
Permaneció de pie en el mismo lugar hasta que el último rayo del sol se escondió entre las montañas, observado el punto en el camino, recordando su vida y lo bendecido que fue al encontrarse a Sakura en medio de su tribulación.
Estaba seguro que, jamás olvidaría a Haruno Sakura, la chica que le salvo la vida en muchos sentidos.
Siempre estaría grabado en su corazón como fuego. Podía asegurarlo con su alma misma.
Hotaru sacudió la cabeza despejando los recuerdos. ¿Por qué le afectaba? Ahora se daba cuenta que Sakura no fue sincera pues se había olvidado de él, de la promesa que hicieron. Como no sí en ese entonces sólo se trataba de un niño —uno de tantos— al que le salvo la vida, sin importancia.
Lo supo en el momento que se presentó frente a ella en su dimensión, al decirle su nombre ni siquiera había reaccionado y mucho menos al ver su apariencia, ¿es que ya no se parecía a aquel chico escuálido y flacucho de trece años? Sus rasgos debían hablar por él.
Debió cambiar abruptamente. Después de todo, han pasado años desde que se vieron en esa misma honda. Cuando él se fue el pueblo, entreno como loco su línea sucesora aprendiendo a controlarlo, al mismo tiempo logró hacerse alumno de un medic-nin retirado y aprender de él, siguiendo las noticias de Sakura como gran médico, siendo su ejemplo por seguir.
Una imagen perfecta cual alcanzar.
Por eso cuando ella se defendió, él no tuvo más opción que enterrar esos sentimientos en lo más profundo de su corazón, aquel que seguía con vida gracias a ella. Dejó todo de lado, y siguió con su propósito barriendo con lo que alguna vez fue apreciado para él. Le dolió, claramente, pero no se dejaría bloquear por sus emociones.
Si ella no recordaba, mejor para él. Así el remordimiento sería menos.
—Hotaru-chan...
Maldición. Jamás imagino escuchar de nuevo su nombre formulado de esa forma en sus labios.
¿¡Por qué cuándo había decidido enterrarla por completo!?
Pasmado, giró su rostro a ella permitiéndose observarla desde ahí. Sus ojos verdes llenos de sorpresa y anhelo, su rostro crispado en tristeza y sus labios temblorosos.
Ella... lo recordaba.
Trago grueso apartando la mirada.
—¿En verdad eres tú...?
No respondió.
Volvió a sentarse frente a ella y permaneció en silencio mirándola fijamente.
La vio alzar una mano sin titubear y eso le hizo cuestionarse sobre su siguiente acción, ¿lo goleparía? ¿Lo llevaría a su boca por la impresión? ¿Qué? ¿Qué?
De nuevo olvidó cómo respirar.
Ella llevó la mano a su mejilla, acunándola con cariño y delicadeza. No había temor o aborrecimiento en sus ojos. No, más bien una profunda tristeza y decepción, una mirada decaída.
Intentó apartarse pero ella se inclinó a él para abrazarlo.
Un segundo... esto era demasiado, pensó Hotaru totalmente estático. Él intento matarla, ¿y ella simplemente lo olvidaba y lo abrazaba? Ella estaba loca, demasiado.
—No puedo creerlo, estás vivo —Sakura seguía diciendo cosas sin sentido.
—Lo estoy gracias a ti —el modo en que lo decía no se identificaba precisamente como un agradecimiento, si no, una resignación—. Permanecí de pie estos años entrenando arduamente.
—Volví unos días después por ti para llevarte conmigo a la aldea, la Goindame había autorizado tu estancia. Pero... cuando llegue, la aldea había sido destruida y reducida a cenizas. Al investigar un poco, supe que unos bandidos los atacaron. Las tumbas el pie del río... todas ella... creí que no habías sobrevivido.
Ahora él estaba en shock al escucharla. ¿Ella había vuelto por él? ¿No se olvidó de él cómo pensó en un principio?
Definitivamente...
—... estás aquí —susurró ella conteniendo las lágrimas.
Por supuesto que Sakura jamás olvidó a aquel niño flacucho y serio que deseaba morir. Él le marcó su vida por completo, él fue su inspiración para completar la idea del Centro de Rehabilitación para los niños huérfanos por la guerra. Ver a niños como él sin encontrar sentido a la larga trayectoria que tienen por delante, tocó en lleno su corazón y la motivo lo suficiente para no doblegarse a las primeras negativas.
Por eso, el verlo vivo y frente a ella, la hacía feliz. Sobre todas las circunstancias, ese niño —ahora joven— siempre estaría en su corazón.
Ahora le dolía ver lo tan perdido que estaba yendo por un camino erróneo.
Sintió cómo el se alejaba bruscamente de su agarre, casi se cae de boca si no fuera porque se estabilizó a tiempo. Lo miró caminar de un lado a otro por la habitación, con una mirada de sufrimiento, debatiéndose por dentro de sus próximas acciones.
—Ahora todo se complica —susurró—. Maldición. Si tan sólo te hubieras alejado desde el principio de Uchiha yo no tendría que hacerte daño. Ahora es muy tarde, estás muy involucrada.
—Hotaru... entiendo tu sentir, pero la venganza no es buena. Mira lo que sucedió con Sasuke-kun, lo consumió por completo e incluso perdió un brazo.
El joven se detuvo de golpe y le lanzó una mirada nada agradable, sin duda no le gustó ni un poco que mencionara al azabache.
—No me compares con esa escoria. No soy cómo él que se deja llevar por las circunstancias —se recordó lo que le ayudó a enfriar su cabeza a tiempo. Regresó a ella y se plantó de frente mirándola desde arriba con frialdad—. Te aseguro Sakura que lo mataré, y si te interpones en mi camino, no dudaré en hacer lo mismo contigo.
El miedo sacudió a Sakura, pero no en el aspecto que él imagino.
—Esto no se trata sólo de Sasuke-kun, también de ti. ¡Te condenaras! Puedes detener esto Hotaru, aún estás a tiempo —lo pidió en suplica afectada por él, de lo que podría sucederle.
Pero Hotaru no escucharía. Sabía que si le prestaba demasiada atención caería, y no lo deseaba.
—Nada volverá a ser cómo antes —aseguró alejándose de ella al escuchar la puerta ser tocada—. Olvida a ese chico, Sakura, se ha perdido en el momento que recordó su verdadero propósito para vivir. Jamás regresará.
El dolor en su pecho se intensificó al darse cuenta de lo cuan perdido estaba Hotaru, ¿por qué no se dejaba ayudar? Debía entender que el camino que seguía lo llevaría a la muerte. No... lo perdió una vez, no quería...
Si Sasuke lo encontraba, tampoco dudará en matarlo como viceversa. ¿Quién moriría? Lo sabía, siempre lo supo, por eso sufre por una muerte que llegará. ¿Perdería a Hotaru definitivamente?
No, recordó repentinamente, con una chispa de esperanza en su corazón.
—Llévala con las prisioneras.
Alzó la cabeza al escuchar a Hotaru. Vio a un hombre acercarse a ella para jalarla con brusquedad y ponerla sobre sus pies, entendió que la llevaría de vuelta con Hime y Mikoto.
No. ¡No! ¡Debía decirle la verdad antes que cometiera una locura!
—Hotaru, por favor, escúchame —pidió al borde de la desesperación.
El hombre la volvió a jalar, y ella se defendió golpeándole el rostro, cuando estuvo libre se acercó rápidamente a Hotaru que permanecía a una distancia prudente. No alcanzó a rozar su ropa cuando sintió unos brazos rodear su cintura y brazos, inmovilizádola. Aún se sentía débil, así que no podía hacer mucho al respecto. Fue alzada y pataleo dándole batalla al guardia.
—¡No! ¡Déjame! ¡Tiene que saber la verdad! —gritó angustiada.
Se opuso, se resistió a que la llevarán, pero el hombre era más fuerte y la estaba sacando de la habitación. Y Hotaru ni siquiera la mirada, le daba la espalda.
En un acto desesperado. Le reveló toda la verdad. No tenía otra alternativa, arriesgaba a ser tachada de mentirosa y traicionera, más de lo ya era para sus ojos. Pero debía intentarlo, él se perdía a cada segundo.
—¡Hotaru, no sigas con esto! ¡Debes saber que tus padres siguen con vida!
No es así, pensó Hotaru sin inmutarse.
—¡Ellos aún esperan encontrarse con su pequeño hijo amado!
Mentirosa.
—¡Por favor, créeme! ¡Yo jamás te mentiría! —ella rompió en llamado cediendo a la fuerza del hombre, dejándose llevar a rastras por él.
Sus súplicas no cesaron, retumbaban en el pasillo al igual que su llanto desgarrador, repitiendo su nombre una y otra vez, anhelado a que la escuchara verdaderamente.
Hipo con fuerza observado la espalda del joven. No se movió de su lugar.
Él no le creería.
No después de todo lo que ha sucedido, él era su enemigo.
—¡Hotaru...! —se lamentó lloriqueando.
Pero, sobre todas las cosas, para ella seguía siendo aquel chico con las ganas de vivir ocultas en su corazón.
Holis amiwas (wos), ¡por fin les traje el capítulo! ¿El retraso? Bueno, hace una semana avise por mi Facebook que tuve un problema con mi computadora, ya no encendió. La envié a repararla pero... ya no tiene reparación. No tengo más computadora :(
Traducción = actualización más lenta puesto que ahora escribiré por el celular.
Terrible, ioremos (?
Y sobre el capítulo, me pareció apropiado y justo redactarlo desde el punto de vista de Hotaru, ya era hora. Todos juzgan desde afuera pero nadie conocía la verdad hasta ahora :c bebé Hotaru sufre mucho.
En fin, (? ¡Gracias por su apoyo! Perdónenme por no contestar los reviews, por el celular me es dificíl c: Trataré de actualizar lo más pronto posible, ya quiero acabar (?
Alela-chan fuera.
