La luna que aparece de día I
En el fondo, Kotetsu había esperado que su regreso fuese más memorable.
Algo como que su debut en la segunda liga tuviese giro inesperado que lo llevase a atrapar a un grupo de ladrones de banco que se cruzaron en su camino mientras patrullaba, mucho antes de que la primera liga lograse llegar al lugar, sonaba como un muy buen comienzo.
También estaría bien algo como salvar al hijo del alcalde de un nuevo intento de secuestro y demostrar con ello la gran diferencia que hacía al estar de vuelta en Sternbild.
O incluso sería mejor algo como mirar hacia arriba en el momento adecuado y descubrir a Lunatic y gracias a sus reflejos ser el primero en ir tras él antes de que alguien resultase herido y quizás, de paso, liderar con ello su posterior captura.
Pero aunque esos y otros diferentes escenarios que se le ocurrían podrían haberle dado un muy buen reinicio a su carrera como héroe, la realidad resultó ser mucho más simple, llena de ocurrencias rutinarias que no llegaban a ninguna pantalla en la ciudad y que se convertirían en un recuerdo poco claro e importante con el paso de los días.
—Entonces, debemos siempre buscar algo inusual —dijo Bombeman, queriendo confirmar haber captado bien los consejos que Kotetsu había estado dándole mientras patrullaban juntos.
Kotetsu asintió con su cabeza manteniendo una expresión seria, visible para Bombeman gracias a que él había abierto el casco de su traje mucho antes, sintiéndose más cómodo hablando así.
—Nunca puedes saber cuándo será útil. Por ejemplo —continuó con su frente en alto, orgulloso—, cuando estrenaron ese rascacielos donde está la estatua de Mr. Legend, nunca habríamos encontrado la bomba si no me hubiese dado cuenta de lo anormal que es que le hagan mantenimiento a un ascensor de un edificio nuevo.
—¡Recuerdo eso! —exclamó Bombeman, haciendo evidente su entusiasmo con sus gestos, alzando ambos brazos e inclinándose un poco hacia Kotetsu, pese a que su traje cubría incluso su boca y lo hacía verse anormalmente inexpresivo—. Usted y Barnaby no evacuaron junto a los demás y se encargaron de la bomba en el último minuto.
No sonreír ante aquel recuerdo era imposible.
Había sido una de las primeras ocasiones en que realmente había trabajado junto a Bunny y no ser el único que recordaba el incidente —y ser apreciado por su trabajo en el— compensaba un poco la falta de sucesos durante el par de horas que patrullaron Bronze Stage.
Bombeman parecía satisfecho hablando de viejos episodios de Hero TV, por lo que Kotetsu lo dejó a cargo de la conversación, interrumpiendo sólo para añadir detalles que no habían llegado a la pantalla por decisión de Agnes o enfatizar lo que él había hecho en uno u otro incidente, aprovechando, de paso, para añadir uno u otro nuevo consejo.
Todo indicaba que los chicos de la segunda liga estaban dispuestos a escuchar la voz de la experiencia como Bunny no lo había hecho en su momento, aunque claro, darles una demostración en vivo sería mejor que hablar.
¿Y dónde estaban los criminales cuando necesitaba atrapar uno? ¿Dónde estaban los ciudadanos que necesitaban su ayuda?
Hasta ahora sólo se habían topado con una anciana con más bolsas de las que podían llevar sola, quien no había estado agradecida cuando ellos habían intentado ayudarla —Kotetsu estaba seguro de que el traje de Bombeman la había asustado—, y un par de niños discutiendo con puños y palabras sobre el próximo rey de los héroes —uno insistía que Blue Rose continuaría en su buena racha; el otro, que Sky High recuperaría su puesto—.
Era grandioso que todo en la ciudad estuviese tan pacifico, obviamente, pero Kotetsu quería hacer algo. Para eso había regresado a Sternbild, ¿no?
—Creo —dijo Bombeman de repente, mirando la vitrina de una relojería cercana— que ya deberíamos ir al punto de encuentro, señor Tiger.
Y así era. La hora "con mayor porcentaje de crimen casual" según la policía, en la que estaban encargados de todos esos pequeños casos en los que se necesitaba a un héroe cerca de inmediato, había terminado. Y nada había ocurrido, ni siquiera habían recibido un llamado reportando algo en las cercanías.
Kotetsu contuvo un suspiro.
—Vamos entonces.
La caminata hasta al punto de encuentro, una zona de parqueo donde la furgoneta de Apollon Media lo esperaba, no fue muy larga, mas no fueron los primeros en llegar. Ms. Violet y Sumo Thunder ya estaban allí, cada uno recostado contra el vehículo que sus patrocinadores habían enviado para ellos.
—Todo en orden —reportó Ms. Violet, alzando una mano hasta su frente en un obvio saludo militar al verlo.
—¡Todo tranquilo en Sternbild! —aseguró Sumo Thunder con un vozarrón digno de su nombre como héroe.
—Sólo falta... —comentó Kotetsu, pero tuvo que detenerse para recordar el nombre del por ahora ausente miembro de la segunda liga—. Eh...
—Chopman —completó Bombeman, moviendo su cabeza para mirar de un lado a otro, buscándolo.
—Él suele ser puntual... —dijo Ms. Violet con un tono pensativo.
¿Quizás Chopman sí se había topado con un caso y necesitaba ayuda?
Kotetsu se contuvo de correr en dirección al área asignada a Chopman. Debía ser un ejemplo y demostrarles lo mucho que sabía de trabajo en equipo, algo que parecían enfatizar más en la segunda liga debido a la falta de competencia por puntos.
—Vamos a buscarlo —sugirió con firmeza y pese a que todos lucieron sorprendidos por un segundo, pronto asintieron.
—¿Deberíamos separarnos o...? —cuestionó Sumo Thunder, dudoso.
—Sí —instruyó Kotetsu— y quien lo encuentre...
El sonido de una moto lo interrumpió y todos giraron al tiempo para ver a un policía motorizado deteniéndose a poca distancia. Con él se encontraba Chopman, quien bajó de la moto, le devolvió el casco y le agradeció en voz alta antes de correr hacia el grupo de héroes que lo esperaban.
—Lo siento, estaba dejando al carterista con la policía —explicó, sonando animado e inofensivo pese a que su traje totalmente blanco y máscara oscura le daba una apariencia, en opinión de Kotetsu, perfecta para pesadillas.
—Oh —exclamó Kotetsu, tragándose la decepción de no haber sido el héroe que había estado en el lugar correcto—, atrapaste a un ladrón.
—A dos, en realidad —asintió Chopman—. El otro estaba intentando robar un carro y lo golpeé así para detenerlo —explicó, golpeando el aire con su mano en un estilo típico de karate—. ¿Así está bien, señor Tiger?
No sólo Chopman, sino los demás héroes de la segunda liga lo estaban observando expectantes, por lo que Kotetsu enderezó su postura y alzó su cabeza antes de contestar.
—Ah, claro, claro, si es necesario —pronunció, esforzándose para sonar como la autoridad con mucha experiencia que era—. Nunca deben usar violencia sin necesidad.
Todos aceptaron sus palabras con una solemnidad que dejaba claro lo mucho que estimaban su experiencia como héroe.
—Uh, por cierto —comenzó Kotetsu, esforzándose por sonar casual—, ¿siempre es así?
—¿Así? —repitió Ms. Violet, mirándolo de reojo.
—Patrullar por la ciudad, sin un caso específico —aclaró Kotetsu, esforzándose por mantener un tono que no delatara la persistente decepción que sentía tras este primer día de trabajo.
—Oh, no, no siempre —respondió Bombeman—. Cuando hay eventos importantes somos los encargados principales de la seguridad.
—Y a veces nos llaman por emergencias —añadió Chopman.
Kotetsu sintió una pizca de esperanza ante eso. Aunque no los llamasen para los mismos crímenes llamativos de la primera liga, quizás sí podría hacer más que esperar que la suerte lo ayudase a realmente trabajar como héroe.
—Sí, como el caso de ese fisgón que estaba aterrorizando a las mujeres de Silver Stage —añadió Sumo Thunder.
—Yo logré atraparlo —intervino Ms. Violet de inmediato, orgullosa.
Que eso iniciara una pequeña discusión sobre el papel de cada uno en ese arresto era quizá la prueba de que la competencia interna en la segunda liga no solo existía, sino que era mayor de lo que se podía esperar.
Pero eso era bueno, ¿no? Esforzarse para ganar, trabajar juntos y también ser capaces de hacer las cosas solos era lo que los haría crecer como héroes, suponía... y quizás debería recordar eso para decírselos en alguna otra ocasión.
Por ahora, sin embargo, Kotetsu se sentía listo para terminar su día.
—Oh, veo —interrumpió Kotetsu después de un rato, mirando de reojo la furgoneta de Apollon Media, donde el conductor —Sam, si mal no recordaba— se encontraba tras el volante ocultando un bostezo tras una de sus manos—. Bueno, nos vemos mañana.
—Gracias por patrullar conmigo, señor Tiger —se despidió Bombeman.
Kotetsu fingió no notar que los demás parecían listos para discutir sobre quién podría trabajar la próxima vez junto al héroe con más experiencia y subió a la furgoneta, indicándole a Sam que ya podían partir.
Asumiendo que no tendría ahora la acción que no había tenido durante el tiempo que había pasado recorriendo la ciudad, Kotetsu decidió cambiarse y una vez llegaron a Apollon Media, ya estaba de regreso a su ropa de civil, antifaz incluido debido a la fuerza del hábito.
—¿Crees que Saito me necesita para algo? —le preguntó a Sam, quien se encogió de hombros.
—¿Hubo algún problema con el traje?
—Nada que haya notado. —Eso sonaba mucho mejor que decir que no había tenido ninguna oportunidad de probarlo y descubrir si las mejoras de las que Saito le había hablado esa mañana eran tan buenas como Saito le había asegurado que eran.
—Entonces imagino que no —dijo Sam, encogiéndose de hombros una vez más.
Incapaz de pensar en alguna otra razón por la que alguien podría querer verlo en las oficinas, ya que dudaba que necesitasen un reporte escrito luego de un día carente de novedades, Kotetsu le deseó buenas noches y dejó el edificio a paso lento, con sus manos en sus bolsillos y su mente ocupada con la pregunta de qué hacer ahora.
No tenía sentido llamar a Antonio y anunciarle la sorpresa de su regreso cuando su primer día había sido tan poco heroico y lo mismo se aplicaba a los demás; pero tampoco sentía deseos de volver directamente a su apartamento o de ir sin ninguna compañía a tomar algo.
Con el ceño fruncido, Kotetsu se detuvo en medio de la acera y miró hacia arriba por un segundo.
No había mucho que ver en el cielo nocturno opacado por las luces de la ciudad, mas entre los muchos edificios altos de Sternbild, la Torre de la Justicia sobresalía como siempre en el centro de ésta y eso le dio la respuesta que buscaba.
Ya sabía qué hacer.
Contrario a lo que se veía durante las horas laborales, la usual concurrencia de la Torre de la Justicia había sido remplazada por sólo algunos guardias y unos cuantos ejecutivos de trajes costosos y semblantes cansados, la mayoría de los cuales ya iban hacia la salida.
Kotetsu no vio ningún rostro conocido entre ellos y pese a que eran pocas las oficinas donde todavía había luz, Kotetsu no se dejó desanimar.
Si estuviese con alguien, Kotetsu habría apostado el sueldo de una quincena —cien por ciento seguro de que no lo perdería— que Yuri Petrov no solo estaba en su oficina, sino que era uno de los últimos en irse todos los días.
Era extraño pensar en venir a visitar a Yuri de sorpresa como si fuese un viejo amigo de confianza, pero Kotetsu suponía que después de tantas visitas, conversaciones y el simple hecho de que Yuri finalmente había decidido tutearlo, en lugar de ocultarse tras su exagerada formalidad como solía hacer, podía decir que eran amigos y mientras no estuviesen en horario de trabajo —o peor, en una corte judicial— buscarlo para preguntarle por su día e invitarlo a tomar algo era perfectamente correcto.
Aunque sin duda debería prepararse para algo de resistencia.
De todas las personas que Kotetsu había conocido durante su vida, Yuri se llevaba el título de la persona más terca y obsesionada con su trabajo que había conocido.
Lo mucho que le había costado convencerlo en su momento de aceptar tomarse una hora para una simple comida y lo poco que Yuri había comido en esa ocasión y lo rápido que se había ido, además de lo que sabía de él, todavía lo hacía pensar que el juez vivía de tazas de té que tomaba tras su escritorio, rodeado de folios y trabajo y más trabajo.
Sólo pensarlo le provocaba escalofríos, a la vez que lo hacía querer arrastrar a Yuri a cualquier lugar donde no tuviese que estar por un motivo laboral y eso haría hoy. Si podía.
Al llegar a la oficina de Yuri y ver luz bajo la puerta de ésta y tras las como siempre cerradas persianas, Kotetsu se quitó su antifaz, dio un par de golpes sin dudarlo y en cuanto escuchó un pausado «siga», giró el pomo y entró con una gran sonrisa.
—Primer día, cero daños —anunció, deteniéndose justo frente al escritorio donde, tal como él había predicho, había una taza ya vacía y varias carpetas, además de la delgada pantalla del computador.
Yuri permaneció inmóvil, con sus labios apretados como si estuviese indeciso sobre sonreír o hacer una mueca descontenta, mas finalmente se recostó en el espaldar de su asiento con un suspiro.
—Por ahora —replicó, alzando una ceja—. Le recuerdo que el día no ha terminado.
A Kotetsu le costó no soltar una carcajada, más divertido por el hecho de que Yuri Petrov había hecho una broma que por la insultante implicación de las palabras de Yuri, pero logró hacerlo al tiempo que hizo un mohín descontento.
—Si no hay una emergencia —señaló Kotetsu, dejándose caer en una de las sillas para visitantes al tiempo que miró de reojo el comunicador en su muñeca—, puedo decir que no haré nada hoy.
—Si le sirve de consuelo —dijo Yuri en voz baja, mirándolo con fijeza—, en el día de hoy la primera liga no tuvo ninguna actividad.
Quizás su descontento por la falta de crímenes que combatir durante el día había sido demasiado evidente, porque no podía pensar en ninguna otra razón por la que Yuri querría intentar animarlo de esa forma.
—Mejor así, ¿no? —rió, deseoso de restarle importancia al asunto. La seguridad de todos era más importante que la falta de acción, al fin de cuentas—. Aunque eso significa que no tendré nada para ver esta noche —se quejó en broma; ver la repetición del día de Hero TV no había estado entre sus planes.
—Estoy seguro de que encontrará algo que hacer —pronunció Yuri con una sonrisa—, como terminar de desempacar.
Ese era, sin lugar a dudas, el mayor problema de Yuri: era incapaz de dejar algo para después, incluso si no se trataba de algo urgente, y esperaba que los demás hiciesen lo mismo.
Aun así, Kotetsu no pensaba hacerle caso. Independientemente del estado de su apartamento —donde tal vez quedaban más que un par de cajas sin desempacar, una cantidad que sería mayor si Yuri no lo hubiese ayudado días atrás— y del poco acontecido día, ya era hora de cambiar un poco de escenario y quizás celebrar propiamente su retorno.
—Como ir a tomar algo —lo corrigió, negándose a darse por vencido—. O a comer.
Yuri sólo lo observó en silencio por unos segundos, como si estuviese considerando con cuidado cómo responder. Ese era otro de los malos hábitos de Yuri, uno que hacía que Kotetsu se preguntase con mucha frecuencia qué tantos secretos guardaba.
—Wild Tiger... —advirtió con lentitud.
—Estoy seguro —interrumpió Kotetsu, más irritado de lo que quería aceptar ante el hecho de que Yuri se estaba apegando tanto a sus típicas formalidades— que si encuentro a tu asistente y le pregunto por tu horario, me va a decir que ya terminaste por hoy.
La forma en que Yuri dejó caer sus hombros delató más el que estaba a punto de rendirse que sus palabras, carentes de la firmeza que utilizaba cuando no planeaba dar su brazo a torcer.
—Seguimos en mi oficina.
Kotetsu sonrió, sintiendo la victoria en la punta de sus dedos, y se puso de pie. Sólo necesitaba darle un último empujón.
—Salgamos entonces.
Con un nuevo suspiro, Yuri masajeó su temple y tras un corto momento asintió.
—Déme unos minutos.
Fiel a su palabra, Yuri no tardó demasiado en apagar el computador y guardar algunos de los archivos bajo llave y otros cuantos en su maletín, detalle que hizo que Kotetsu entrecerrase sus ojos.
No podía pensar a qué horas Yuri pensaba trabajar en lo que fuese que estuviese llevando consigo, a no ser que no planease dormir y eso... era posible, si juzgaba por sus eternas ojeras.
Yuri ignoró su mirada de desaprobación y se levantó, maletín en mano y una expresión neutra en su rostro, y luego de cerrar su oficina lideró el camino hacia el ascensor.
—¿Imagino que tienes un lugar pensado? —preguntó Yuri mientras esperaban a que las puertas metálicas se abrieran, moviendo su cabeza un poco para verlo.
Aunque la respuesta sincera sería un «no» y que estaba improvisando, las obvias señales de que Yuri se había relajado, al menos un poco, lo hacían querer no hacer o decir nada que arruinase eso.
—Uno o dos, sí —pronunció. Le costaba imaginar qué sitios frecuentaba Yuri, si es que visitaba algún lugar no relacionado con su trabajo alguna vez, pero quería creer que el bar de los héroes era una apuesta segura y si no, podía pensar en uno o dos restaurantes que si bien no eran lujosos, eran tranquilos y lo suficientemente buenos—. Y puedo llevarte a casa si se nos hace tarde —añadió, sacando de su bolsillo las llaves de su auto para remarcar sus palabras.
Las puertas del ascensor se abrieron con un corto timbre y Yuri entró a este, moviendo su cabeza de tal forma que un mechón de cabello que siempre parecía dejar suelto oscureció su rostro.
—No es necesario y...
—No me digas que tienes cosas que hacer a esta hora —interrumpió Kotetsu con el ceño fruncido, yendo tras él.
Aun sabiendo que Yuri era el tipo de persona que nunca dejaba el deber para después, al punto que parecía estar usándolo como excusa para no disfrutar la vida, entre más lo conocía, más exagerada se le antojaba su actitud.
—Iba a decir que no planeo trasnochar —aclaró Yuri con un suspiro, mirándolo de reojo—, mañana debo ir directamente a la corte a primera hora.
—Oh —balbuceó Kotetsu, quedándose sin palabras durante el tiempo en que el ascensor los llevó hasta el primer piso.
Aunque no parecía que a Yuri le molestaran esos silencios prolongados e incómodos, Kotetsu no podía decir lo mismo. Lo hacían pensar en esperas interminables por milagros imposibles, en despedidas no pronunciadas por el miedo a que fuesen finales y en el gran vacío que deja una ausencia...
—¿Kotetsu? —preguntó Yuri en el mismo instante en que las puertas se abrieron.
—Ah, vamos al bar de los héroes —sugirió Kotetsu rápidamente, volviendo a su plan original en su afán de despejar su mente. Un segundo después, mientras se encaminaban a la salida, añadió—: ¿O prefieres otra parte?
—Tengo entendido que no tienen sólo bebidas alcohólicas —comentó Yuri, pensativo.
—¿No tomas? —cuestionó Kotetsu, la sorpresa tan evidente en su tono como en su rostro ante lo que Yuri estaba insinuando—. ¿No te gusta?
Yuri lo miró de soslayo, apretando sus labios como si necesitase una pausa para considerar con cuidado sus palabras antes de pronunciarlas.
—No particularmente.
Algo como eso no debería requerir ese cuidado en el momento de contestar y casi lo hacía querer indagar al respecto.
¿Se trataba de un tema relacionado con la familia Petrov, algo que siempre parecía afectar a Yuri de una forma que Kotetsu nunca se había esperado? ¿O se trataba de una más simple renuencia a aceptar algo que muchos considerarían extraño? ¿O todo se resumía en que Yuri carecía de resistencia al alcohol?
—¿Ni siquiera para brindar por mi regreso? —bromeó, decidiendo dejar el tema para otra ocasión. Por mucho que había querido que el día de su retorno oficial tuviese algún acontecimiento importante, hacer que Yuri se pusiese a la defensiva y usase sus máscaras de formalidad para evitarlo no era el tipo de suceso que buscaba.
—Brindaré si pasa un mes sin ninguna demanda en tu contra —replicó Yuri con un tono que parecía ocultar una pizca de diversión.
Era mucho mejor cuando Yuri estaba así, inusualmente tranquilo y abierto.
—Fácil de lograr.
Yuri alzó una ceja, demostrando su incredulidad sin palabras, y Kotetsu hizo una mueca irritada al tiempo que se quejó en voz no realmente baja sobre lo poco que todos parecían confiar en él.
Con las luces de neón de su letrero y la cantidad de clientes que siempre se veían entrando y saliendo, era sorprendente que "Hero's Bar" lograse brindar un ambiente tranquilo y tanta privacidad como era posible en un lugar público.
La música nunca llegaba a ser el ruido retumbante que podía ser en establecimientos más frecuentados por jóvenes y cada persona en el lugar siempre parecía contenta en lo suyo, fuese comer un tentempié con un amigo, ver alguna de las escenas memorables que pasaban por las pantallas cuando Hero TV no estaba siendo transmitido en vivo o simplemente tomar algo, solo o acompañado.
—No ha cambiado en nada —comentó Kotetsu con sus labios curvados en una pequeña sonrisa, mas aliviado de lo que quería aceptar ante la familiaridad del lugar, mientras guiaba a Yuri hacia la barra.
—¿Solías venir con frecuencia? —cuestionó Yuri en un tono casual, aunque con su atención más en Kotetsu que en el lugar como si realmente estuviese interesado en la respuesta.
—Sí, es un buen punto de encuentro. —Kotetsu se encogió de hombros, tomando asiento, y por costumbre dejó su gorra sobre la barra, diagonal a él—. Y no está mal, ¿no crees?
Quizás era un poco infantil, pero la decoración inspirada en héroes retirados y actuales e incluso las comidas que llevaban los nombres de los más famosos eran unos de los aspectos del lugar que siempre le habían gustado a Kotetsu y si bien habían transcurrido años desde que había pasado de ser un fan a ser un héroe, eso no había cambiado.
Yuri se sentó tras dejar su maletín en el suelo, apoyado contra la silla, e hizo un sonido pensativo al tiempo que observó el menú, alzando una ceja según leyó los nombres de los platos.
—Tengo que decir —pronunció, alejando la carta un poco de él a la vez que giró su cabeza hacia Kotetsu— que paso tanto tiempo entre asuntos relacionados con los héroes que...
¿No le llamaba la atención? ¿Lo encontraba aburrido? ¿Preferiría ir a un lugar que no tuviera nada que ver con su trabajo?
La tentación de preguntar eso y más, en lugar de intentar adivinar qué era lo que Yuri no quería decir y estaba ocultando tras esas vagas palabras, era mucha, mas Kotetsu decidió ignorarla. Pese a lo que había implicado sobre lo que pensaba del bar de los héroes, Yuri parecía de buen humor y Kotetsu no quería arruinar eso.
—Ah —balbuceó por un momento, tocando su barba distraídamente mientras pensaba qué decir—. La próxima vez vamos a otra parte, entonces —sugirió al fin, decidido a descubrir por qué tipo de lugar se inclinaba Yuri—. ¿Te gusta el sushi? ¿La comida china? ¿Italiana? ¿Las hamburguesas?
La forma en que Yuri frunció el ceño hizo que Kotetsu se preparase para una nueva pila de negaciones, pero que uno de los empleados que se encontraban tras la barra se acercase a tomar sus órdenes interrumpió la conversación por poco menos de un par de minutos.
Una vez el hombre se alejó con la promesa de regresar pronto con los pedidos, Yuri suspiró calladamente.
—Veo que estás pensando en continuar con las invitaciones.
El recuerdo de lo ocurrido en Oriental Town fue suficiente para que Kotetsu sintiese una pizca de vergüenza. Aun si Anju no se hubiese tomado el trabajo de recordarle lo lejos que estaban de Sternbild, después de la reacción de Yuri cuando había ido a buscarlo a casa él había comprendido que su insistencia había sido demasiada; sin embargo, en el fondo Kotetsu no se arrepentía.
Kotetsu sospechaba que, de no haberlo hecho, Yuri seguiría siendo un lejano desconocido que siempre apoyaba a los héroes con una máscara de cortesía y sentía que incluso ahora, si no daba el primer paso, Yuri volvería a su papel en las sombras de Hero TV y se convertiría en un lejano conocido que podría haber sido algo más.
—¿Por qué no? —Kotetsu se encogió de hombros—. Estamos en la misma ciudad y si ambos tenemos tiempo...
—Kotetsu —lo interrumpió Yuri con un tono firme que prometía una objeción larga y lógica, la cual quizás incluía algo relacionado con sus respectivas ocupaciones.
—Después —especificó Kotetsu con una expresión seria, queriendo convencerlo de que no le arruinaría ninguna de sus ideas de profesionalidad— de trabajar...
Como era costumbre, Yuri se tomó unos segundos antes de contestar.
—Me temo —dijo con lentitud— que no siempre podré aceptar.
Esa era una respuesta más positiva de la que Kotetsu había esperado, por lo que no pudo contener una gran sonrisa.
—Pero algunas veces sí, ¿cierto?
El asomo de una sonrisa en el rostro de Yuri valió más que cualquier posible contestación que Yuri podría haber pronunciado si la llegada de un mesero con lo que habían pedido no los hubiese interrumpido.
Aun estando ocupados comiendo, la conversación se reanudó pronto, pero se dirigió a temas menos personales como la ciudad e incluso Hero TV, algo inevitable cuando las pantallas cercanas transmitieron el ranking actual de la primera liga, y pese a lo que Yuri había insinuado poco antes sobre su interés sobre lo relacionado con los héroes fuera de su trabajo, habló con normalidad todo el tiempo.
Todo indicaba que Yuri estaba contento con la velada, tal como Kotetsu mismo lo estaba, y era una lástima pensar que en cualquier momento terminaría, cosa inminente según la comida comenzó a desaparecer de los platos.
Pero quizás si pedía algo más, fuese otra bebida o un postre, Yuri lo acompañaría un poco más y sin siquiera tener que insistirle para ello...
Kotetsu estaba considerando cada vez más hacerle un gesto al cantinero antes de que Yuri mencionase que ya era hora de irse cuando una pregunta, dicha en un tono vacilante y voz baja, captó la atención de Kotetsu y sin pensarlo giró su cabeza para buscar a Antonio, cuya voz había reconocido de inmediato.
—¿Kotetsu...?
Y estaba en lo cierto.
A tan solo unos pasos de distancia se encontraba Antonio, observándolo con la incredulidad pintada en su rostro, aunque eso pronto cambió gracias a una gran sonrisa que decoró su semblante mientras se acercó para darle una palmada en la espalda a Kotetsu, obviamente emocionado de verlo.
—¿Cuándo demonios volviste?
—Jaja —rió Kotetsu sin ninguna fuerza—, ¿sorpresa?
—Y no dijiste nada —reclamó Antonio con el ceño fruncido, mas no realmente molesto—. No pensabas decir nada.
—¡Claro que sí! —se defendió Kotetsu de inmediato—. Estaba esperando el momento indicado.
Esa era la verdad. No había querido que su regreso fuese un secreto; simplemente elegir un buen día para anunciarlo en lugar de hacerlo antes sonaba como algo mucho mejor que sólo aparecer y decir «volví», aun si Antonio no parecía estar de acuerdo.
—Típico —bufó, poniendo sus ojos en blanco.
Ese fue el instante en que Yuri decidió aclarar su garganta y en cuanto tuvo la atención de ambos, dijo:
—Lamento interrumpir, pero ya debo irme.
—¡S-su señoría! —balbuceó Antonio, dando un paso hacia atrás y dedicándole a Kotetsu una mirada de reproche, como si creyese que Kotetsu había fallado en el deber de advertirle de la presencia del hombre que estaba prácticamente frente a él.
Yuri no lució sorprendido ni ofendido por la reacción de Antonio y sólo hizo un movimiento de cabeza al tiempo que abandonó su asiento, tomándose un segundo para agacharse y asir su maletín.
—Señor Lopez, señor Kaburagi —se despidió, haciendo un amague de sacar algo de un bolsillo interno de su chaqueta.
—Ah, yo invito —intervino Kotetsu, suponiendo que Yuri estaba a punto de sacar su billetera y sin duda acertó, pues Yuri se detuvo—. Fue mi idea, después de todo.
Por un momento, Kotetsu estuvo seguro de que Yuri iba a protestar; sin embargo, pareció cambiar de idea tras dedicarle una mirada de reojo a Antonio y asintió con su cabeza.
—Gracias —pronunció con una sonrisa de cortesía, apropiada para el tono que estaba usando—. Que tengan una buena noche.
Yuri partió sin ninguna prisa, mas tampoco se detuvo para darle un último vistazo y despedirse con un gesto antes de abandonar el bar, como si ya estuviese pensando sólo en su nuevo destino y la cena hubiese quedado atrás.
Decepcionado, Kotetsu contuvo un suspiro. Ese adiós formal y lejano no era la forma en que había querido terminar la noche.
—Nunca pensé que te vería con Petrov en un sitio así —comentó Antonio, todavía observando hacia la puerta por la que Yuri había salido.
Si Kotetsu era sincero, él mismo no habría creído hace unos meses que eso sucedería. No recordaba haber tenido una sola conversación con Yuri, ni siquiera haber compartido un casual comentario sobre el clima tras encontrarse con él en un corredor, antes de retirarse como héroe y eso hacía que, en retrospectiva, la situación actual pareciese algo cercano a un milagro.
—Él es un buen tipo —se limitó a mencionar Kotetsu, encogiéndose de hombros.
—Y tú eres su mayor dolor de cabeza, ¿no? —señaló Antonio, alzando una ceja.
—Tampoco es para tanto —se quejó con una mueca de irritación exagerada. Había sido Yuri el que se había tomado el trabajo de ir a buscarlo personalmente en primer lugar y eso, sin duda alguna, tenía que ser la prueba de que Yuri no lo resentía por todo el trabajo adicional que le había causado hasta el día de hoy.
Antonio negó con su cabeza con una sonrisa burlona y ocupó el asiento que Yuri había abandonado.
—Ahora cuéntame todo —dijo con una mirada suspicaz al tiempo que hizo un gesto para captar la atención del cantinero— o no te defenderé cuando los demás se enteren de que estás aquí.
Que Antonio estuviese tan convencido de que no estaba sólo de visita quizás debería molestarlo un poco, pero ahora que el secreto había salido a la luz, su entusiasmo por estar de regreso se manifestó.
Aunque la mención de su ingreso a la segunda liga fue recibida con una ceja alzada, sus comentarios sobre los chicos de ésta —que Antonio había conocido brevemente durante el incidente en el concierto de Blue Rose— y sus experiencias con los ejecutivos de Apollon Media animaron la conversación y el citar su nuevo eslogan logró sacarle una carcajada a Antonio, aun cuando tras eso Antonio le advirtió con un tono de conmiseración que se preparara para lo que Nathan diría cuando lo escuchara.
Realmente, decidió Kotetsu mientras reía de buen humor imaginando el tipo de bromas que Nathan haría, había echado de menos la compañía de su más viejo amigo y charlar y tomar una cerveza con él sin el apremio que creaba el tener que volver a Oriental Town.
Y quizás, cayó en cuenta Kotetsu poco después, había esperado lo mismo de su noche con Yuri: algo casual, sin prisas ni incomodidades, que no terminase con Yuri yéndose tan rápido como era posible ni buscando excusas para evitarlo.
¿Tal vez Antonio tenía razón y él era un dolor de cabeza para Yuri? O tal vez Yuri no quería que los vieran juntos socializando. Él parecía ser el tipo de persona que se preocupaba por algo así.
Pedirle consejo a Antonio sobre qué hacer sobre Yuri no tenía sentido cuando Kotetsu sabía qué haría, por lo que volvió a prestarle toda su atención a la conversación, que había girado hasta llegar a los últimos sucesos de la primera liga, la ardua competencia por el primer puesto que Sky High y Blue Rose habían mantenido desde la temporada anterior, la infaltable presión de los patrocinadores según la temporada iba avanzando y Agnes y sus incambiables intentos por conseguir mayores índices de audiencia.
Aun extrañando el estar ahí, la charla lo dejó con una sonrisa y cuando salieron, ya tarde en la noche, no solo la apenas notoria pesadez del par de cervezas que se tomó lo dejó con un humor mucho mejor que el que había tenido al finalizar oficialmente su primer día de trabajo.
—Te llamo luego —prometió Antonio antes de despedirse—. Estoy seguro que todos querrán verte y me tendrán como mensajero arreglando algo.
—Nah, no creo —rió Kotetsu—. Y además un héroe nunca tiene un descanso, así que es imposible planear algo.
—Cierto —resopló Antonio—. Pero yo no voy a cargar con la culpa de no haberles dicho nada.
—Prometiste que si te contaba... —rebatió Kotetsu sin mucha seriedad, recibiendo en respuesta una sonrisa divertida.
—Eso es eso, esto es esto.
Kotetsu suspiró exageradamente, aun cuando sonrió en el momento de intercambiar adioses y partir cada cual por su camino a sus respectivos apartamentos.
En sí, Kotetsu podía decir que había sido una buena noche y lo único de lo que se arrepentía era que todo lo referente a Yuri tendría que esperar hasta el día siguiente. Él sólo tenía el número de su oficinal, al fin de cuentas, e incluso sin tomar en cuenta lo ocurrido la primera y única vez que había ido al hogar de los Petrov, Kotetsu estaba consciente de que no era una hora apropiada para hacer una visita.
Llegar a casa no le tomó demasiado y aunque entrar y ver los rastros de su mudanza todavía visibles lo hizo considerar desempacar algo de lo que faltaba, al final terminó descartando la idea.
Ya estaba en Sternbild y eso era lo que importaba, por lo que no tenía que apurarse con detalles como esos.
Kotetsu se preparó para acostarse sin ninguna prisa y sólo en el último minuto buscó su teléfono en los bolsillos del pantalón que se había quitado, queriendo revisar sus mensajes antes de dormir.
Como quizás era de esperarse, encontró un video mensaje de Anju preguntándole cómo había sido su primer día y un mensaje de texto de Lloyds recordándole que esperaba el reporte del día en su escritorio a primera hora. Pero además de eso, había otro mensaje más de alguien que no hacía parte de su lista de contactos.
«¿No le informaste a nadie de tu regreso?»
Sólo había una persona que podría hacerle una pregunta así en ese momento y ni siquiera tenía que sorprenderse, pues sabía cómo Yuri podía conseguir algo como su número.
Con una sonrisa pese a que sentía que ya lo había dicho y no entendía por qué nadie le creía, Kotetsu contestó:
«¡Era una sorpresa!»
A pesar de que esperó un rato por una respuesta, guardando mientras tanto el número de Yuri y dando una vuelta por su apartamento para pasar el tiempo, pronto se resignó a que no recibiría alguna.
Quizás Yuri ya estaba dormido, razonó sin sentirse realmente decepcionado.
Porque estaba claro que Yuri no estaba molesto con él por ninguna razón, como había temido, y por ahora eso era suficiente.
