La luna que aparece de día II

Estrictamente hablando, Kotetsu había recibido una advertencia previa mucho antes de que algo ocurriese.

Antonio le había asegurado desde un comienzo que todos querrían reunirse con él, por lo que si contaba el tiempo transcurrido desde esa ocasión, había tenido casi una semana completa.

Si decidía ignorar eso y considerar el «te lo dije» que Antonio le envió una tarde y que había precedido a otros pocos mensajes de los demás héroes, su tiempo para prepararse había sido de tres días.

Pero a pesar de todo eso, al entrar al bar de Nathan —cerrado para el resto del público durante esa noche—, Kotetsu se dio cuenta de que no se había preparado realmente para ver y enfrentar a todos los que habían sido sus compañeros en HERO TV.

Todos lo estaban observando con tal fijeza que lo hacían sentir en el centro de atención y aunque en otras circunstancias, especialmente en alguna que involucrase un acto heroico, Kotetsu se habría alegrado de ello: ahora solo se sentía tentado a dar un paso atrás y alzar ambas manos en un claro "me rindo" para detener, antes de que empezaran, algunos de los reclamos que ya había leído en algunos de los mensajes que había recibido.

Aun así, ya era muy tarde para reprogramar este encuentro, pues, contrario a lo que había creído posible, sí habían planeado algo y ninguna emergencia los había obligado a cancelarlo.

Y tampoco quería retroceder, por lo que solo le quedaba una opción.

—Buenas —saludó, intentando sonar casual y despreocupado.

Antonio, en lugar de ayudarlo como el buen amigo que se suponía que era, bufó con burla.

Eso destruyó el silencio que se había formado en el momento en que él había entrado y todos se levantaron de sus asientos para acercarse a él en un recibimiento poco coordinado.

—Hola —saludó Pao-Lin con una sonrisa amigable.

—Así que realmente volviste —dijo Karina con una mueca que no parecía verdaderamente irritada.

—¡Bienvenido y bienvenido seas! —Keith abrió sus brazos para complementar sus palabras, luciendo deslumbrante tal como acostumbraba.

—Es un gusto volver a verlo de gozaru —pronunció Ivan con una inclinación de exactamente treinta grados, algo mucho más formal de lo que requería la situación.

—¿Y cuándo pensabas llamar o contestar algún mensaje? —reclamó Nathan con sus brazos en jarra y un brillo travieso en sus ojos.

Kotetsu suspiró sonoramente.

—¿No pueden decir todos algo como lo que dijo Origami?

Las palabras de Kotetsu causaron una corta risa general que destruyó cualquier posible tensión y le permitió abandonar el umbral. Pronto estuvo cerca de una de las dos grandes mesas en el centro del lugar, donde ya se encontraban varios platos con aperitivos llamativamente decorados, tal como podía esperarse de un establecimiento de Nathan.

—Te lo dije —insistió Antonio con una sonrisa que evidenciaba lo mucho que se estaba divirtiendo con esa extraña bienvenida que le habían hecho.

—Ya lo dijiste —se quejó Kotetsu con un mohín.

—Esta es una noche de celebración, chicos —intervino Nathan, colándose entre ambos y poniendo una mano en la espalda de cada uno de ellos—, compórtense.

—¡Deja de hacer eso aquí!

El grito de Antonio delató que Nathan no había dejado su mano en un lugar tan inocente y Kotetsu se alejó un paso de ellos, prefiriendo disfrutar ahora como el espectador en lugar de ser el hazmerreír de turno.

—¿Aquí? —rebatió Nathan, alzando su rostro y haciéndole ojitos de manera tan exagerada que Antonio mismo ni siquiera pudo mantener su expresión indignada y en lugar de eso se cruzó de brazos... y dio varios pasos hacia atrás hasta que su espalda estuvo contra el borde de una mesa, como si quisiese usar tal objeto como escudo para defender su trasero, perdiendo toda apariencia de estoicismo con ello.

—Y en cualquier otra parte.

—Aburrido —se quejó Nathan, pero se encogió de hombros y se encaminó a la barra para ordenar bebidas para todos mientras les indicó con un gesto que se sentaran sin esperarlo.

—Algunas cosas no cambian —rió Kotetsu por lo bajo, tomando asiento en la mesa más cercana. Antonio se sentó junto a él de inmediato.

—Yo no diría eso —comentó Pao-Lin, ubicándose en la mesa continua y estirando su brazo para tomar unas pinzas y comenzar a servirse de un plato cuyo contenido era un dragón hecho de salchicha, tomate y lechuga, sin lucir preocupada por destruir en el proceso esa pequeña obra maestra—. Desde que tú y Barnaby se fueron muchas cosas sí lo han hecho.

—Eso es cierto, muy cierto —asintió Keith con solemnidad, acomodándose frente a Pao-Lin—, nada es lo mismo sin ustedes.

Ivan se sentó en silencio junto a Keith y Karina frunció el ceño, luciendo pensativa mientras observaba de reojo el asiento libre junto a Kotetsu y tras unos segundos se apropió de el.

—¿Y cuándo volviste exactamente? —cuestionó Karina, girando de medio lado para encararlo.

—Una semana —habló Antonio, mas añadió inmediatamente después sin ninguna convicción en su voz—: Creo.

—Casi —aclaró Kotetsu, encogiéndose de hombros mientras examinaba los platos frente a él. Sentía que lo multarían si destruía cualquiera de esas decoraciones; sin embargo, los brillantes colores de las verduras frescas y las carnes frías junto a ellas estaban cumpliendo su cometido de abrirle su apetito—. Comencé en la segunda liga hace cinco días, pero volví antes.

—Para hacer todos los trámites, mudarte... —enumeró Nathan, tomando el asiento frente a Kotetsu y junto a Ivan, usando un tono ligero que se tornó agudo con un nuevo reclamo—. Podrías habernos pedido ayuda, cariño.

—Nah, no hacía falta —rió Kotetsu, animándose al fin a tomar uno de los espárragos que formaban espadas ninja y luego varios quesos y jamones que formaban la cabeza de un toro—. Tuve una buena mano extra.

Kotetsu se acalló de repente y aguardó, tenso, a que le preguntaran de quién se había tratado, mas eso no ocurrió.

—Ese no es el problema —pronunció Karina.

La llegada de las bebidas y de más comida interrumpió la conversación y la desvió temporalmente hacia Nathan, quien sonrió con satisfacción cuando tanto Pao-Lin como Karina levantaron sus pulgares, demostrando su aprobación por la decoración temática.

Aunque para Kotetsu no había sido evidente al comienzo, la ensalada de frutas con figuras de conejos en un bosque de huevos de codorniz, el tigre hecho de carnes frías en medio de un prado de verduras verdes, las bebidas en vasos que parecían cubos de hielo colocadas sobre la mesa como una pirámide, el acompañamiento de burbujas de gelatina trasparente para las bebidas y el postre flameante de frutos rojos dejó obvio de dónde había salido la inspiración para la decoración.

—¿Parte del nuevo menú? —preguntó Kotetsu, ligeramente curioso.

Nathan asintió.

—Por tiempo limitado para el próximo final de temporada —replicó sin sonar del todo concentrado en lo que estaba diciendo—. Todavía hay tiempo para seguir perfeccionándolo.

Por qué Nathan se preocupaba por algo así cuando aquellos platos ya eran un espectáculo, por no mencionar que este era solo uno los muchos negocios exitosos que tenía —y uno de los más pequeños, además, comparado con Helios Energy— era algo que Kotetsu no podía entender.

Aun así, él ahora conocía a alguien quizás más obsesionado con su trabajo y probablemente igual de perfeccionista.

Comparado con Yuri, Nathan era un hombre relajado que no descuidaba a sus amigos aun cuando no se distraída de sus negocios, por lo que Kotetsu se limitó a mover su cabeza y comentar que le gustaba antes de continuar comiendo.

Tras eso y otras opiniones sobre los platos, los más recientes incidentes de la primera liga y de Sternbild fueron el centro de conversación durante gran parte de la cena y Kotetsu los escuchó con atención, preguntando por detalles que no habían llegado a la pantalla con un interés más grande del que él había creído posible.

Realmente había echado de menos todo y a todos.

—¿Y cómo es la segunda liga? —intervino Pao-Lin aun antes de terminar su postre.

—Uh... —balbuceó Kotetsu, notando que todos lo estaba observando tal como cuando había entrado—. ¿Diferente? —dijo, rascando su barba distraídamente mientras recordaba sus recientes días con la segunda liga—. O no tanto —decidió al fin, dejando caer su mano y sonriendo un poco—. Hacemos lo mismo, solo que en menor escala y sin cámaras la mayoría del tiempo.

—Pero la segunda liga está pensada para descubrir talentos —señaló Nathan, apartando su plato ya vacío para apoyar sus codos sobre la mesa, entrelazar sus manos frente a él y acomodar su quijada sobre sus manos.

—¿O para despedirlos? —bromeó Kotetsu. Él no estaba ahí para escalar hasta la fama de la primera liga, al fin de cuentas.

—No diga eso, Tiger-dono —expresó Ivan—, usted es un gran héroe.

—Y por algo volviste, ¿no? —insistió Karina, ladeando su cabeza hacia Kotetsu para fulminarlo con su mirada, como si estuviese molesta por lo que él había dicho.

—O porque Kaede lo obligó —rió Antonio.

—¡Hey! —reclamó Kotetsu, aun cuando después aceptó frente a todos que Kaede le había dado el empuje necesario para regresar.

Las preguntas sobre su hija y Oriental Town llenaron la mesa hasta que todos los platos fueron levantados y una tanda de sodas los remplazó.

Ese fue el instante que Nathan eligió para preguntar:

—¿Y guapo?

Aunque eso sonaba casual, la seriedad en sus ojos delataba que Nathan había estado aguardando el momento apropiado para preguntar eso y Kotetsu estuvo tentado a poner sus ojos en blanco, exasperado.

Eso sí era algo que había estado preparado para responder desde un comienzo y no entendía por qué habían esperado tanto para mencionar a Bunny.

—Bien, imagino. —O más exactamente, sabía, aun cuando las noticias que había recibido de Bunny recientemente eran pocas.

Esa escueta contestación hizo que Nathan alzase una ceja.

—¿Tampoco hablaste con él? —cuestionó Antonio con incredulidad.

—Bunny está ocupado con sus cosas, no lo voy a distraer con mi nuevo trabajo.

Y todo eso era verdad.

Tras todo lo ocurrido con Maverick, Barnaby necesitaba tiempo para sí mismo y contactarlo por algo tan simple como su nueva ocupación —cuando todavía estaba esperando el caso memorable que lo hiciese sentir satisfecho consigo mismo— no tenía sentido.

—No creo que él esté de acuerdo —rebatió Karina.

—Al señor Barnaby le gustaría saber de ti tanto como a nosotros —expresó Keith con una sonrisa en lugar de una expresión de reprimenda.

—Llámalo y pronto —ordenó Nathan, bajando sus brazos y acomodándose contra el espaldar de su asiento mientras cruzó sus piernas y tomó su bebida—. No estará contento si se entera por otros.


Aun si Nathan tenía razón, Kotetsu todavía no quería hacerle caso.

En cinco días los acontecimientos más importantes habían sido el arresto de un grupo de carteristas y el detener y supervisar a unos chicos que estaban en la edad justa para descubrir que si se iban por ahí en plan de vandalismo, tenían que pagar arreglando todos sus daños y más.

Pero si hoy eso cambiaba, decidió Kotetsu, llamaría de inmediato a Bunny.

Sonaba como algo simple, mas el que dependiese por completo de las circunstancias lo dificultaba.

Cuándo y dónde ocurriría un crimen era algo que solo los perpetradores podían saber, por lo que solo le quedaba patrullar junto a los chicos de la segunda y esperar a que algo perturbase la paz de la ciudad para tener la oportunidad de salvar el día.

Y en toda la mañana eso no sucedió.

Aunque la tarde incluyó algunos ladrones y un conductor sin pase y con muchos deseos de convertir las calles de la ciudad en una pista de alta velocidad, la sensación de que eso seguía sin ameritar una mención especial no solo borró de su mente sus planes de contactar a Barnaby hoy, sino que le creó un incómodo vacío que incluso ralentizó sus pasos a pesar de que faltaba poco para llegar al punto de encuentro, donde los demás héroes de la segunda liga ya estaban intercambiando saludos e historias sobre los acontecimientos del día.

¿Acaso estaba haciendo algo mal?

Kotetsu frunció el ceño, cruzó sus brazos y se detuvo.

—Los héroes debemos hacer una diferencia.

Ese era un hecho que no lo había olvidado.

—¿Señor Tiger? —Chopman, a cierta distancia de él, sonaba más confundido que sorprendido y los demás también estaban observándolo luciendo casi curiosos.

Consciente ahora de que tenía la atención de todos y a pesar de no haberlo planeado, Kotetsu se aclaró la garganta y descruzó sus brazos.

—No solo se trata de ir corriendo a donde nos necesitan cuando nos llaman —continuó, hablando tanto para ellos como para sí mismo—, sino de estar siempre atentos para quienes necesitan ayuda, así no sea una emergencia.

Y eso era todo.

No eran necesarias grandes hazañas y él sabía eso bien, lo había recordado poco antes de retirarse de la primera liga, por lo que ni siquiera tenía sentido que ahora se sintiese desanimado por estar encargándose de casos pequeños, pues, independientemente del tipo de casos, en la segunda liga también podía ser un héroe.

Kotetsu sonrió sin pensarlo, consiguiendo sentirse ligero una vez más.

—Haremos todo lo posible para convertirnos en grandes héroes como usted —aseguró Ms. Violet con un tono de admiración. Los demás asintieron, luciendo tan serios como si acabasen de escuchar una importante verdad.

—Sigan así —dijo Kotetsu, sintiendo su sonrisa crecer—. Nos vemos mañana.

Su buen humor no fue interrumpido por el informe que tuvo que entregar en Apollon Media y cuando salió, ya entrada la noche, no dudó ni un segundo al encaminarse a su nuevo destino: la Torre de la Justicia.

Visitar a Yuri una vez terminaba su turno se había convertido en un hábito con una facilidad que él no había creído posible y Kotetsu se sentía tentado a culpar a Yuri por ello. Él nunca habría considerado hacer tal cosa si Yuri no hubiese ido a verlo tantas veces en primer lugar, al fin de cuentas.

Aunque Kotetsu consideró enviarle un mensaje avisándole que iba en camino, el hecho de que hasta ahora Yuri no había contestado ninguno de los mensajes que le había enviado por una u otra razón lo hizo cambiar de idea y simplemente continuar, deteniéndose solo unos segundos para saludar a los guardias de la torre antes de tomar el ascensor que lo llevaría hasta el piso en el que se encontraba la oficina de Yuri.

Tal como esperaba, la luz en esta delataba la presencia de alguien en la oficina por lo que, con una sonrisa, Kotetsu golpeó la puerta dos veces y la abrió sin aguardar por una respuesta.

—¿Interrumpo? —preguntó todavía sin ingresar, examinando a Yuri.

Como de costumbre, Yuri se encontraba frente a su escritorio, analizando un caso o algún otro documento e ignorando el cielo oscuro que se podía vislumbrar a través de las persianas parcialmente cerradas y el reloj que indicaba que ya era hora de cambiar de actividad.

Sin lucir sorprendido ni verdaderamente resignado, Yuri le indicó que entrada y dejó de lado los archivos que habían estado capturando su atención.

—Felicidades, Wild Tiger —dijo con un asomo de sonrisa en su rostro—, este es su sexto día sin ninguna demanda en su contra.

Que Yuri estuviese llevando la cuenta era extrañamente halagador, aun cuando sus palabras lo hacían sonar como si fuese una hazaña más difícil de lo que era, pero Kotetsu decidió ignorar ese detalle.

—Y falta poco para mi brindis, ¿no? —comentó Kotetsu, tomando asiento frente a él.

Yuri lo contempló en silencio por varios segundos en lugar de contestar, luciendo perdido en sus pensamientos incluso cuando movió un poco su cabeza y el mechón de cabello que siempre dejaba suelto tapó parcialmente su ojo derecho.

—¿Planea venir todos los días hasta que eso suceda? —preguntó al fin, sin siquiera parpadear.

Ya acostumbrado a las extrañezas de Yuri, Kotetsu se encogió de hombros, sin sentirse intimidado ni incómodo.

—Y después, claro —aseguró sin poder contener una sonrisa traviesa—, no quiero hacerme extrañar.

Kotetsu había esperado una respuesta cortante que dejaría en claro que Yuri no apreciaba ni disfrutaba una broma o incluso un regaño sobre cómo ambos tenían cosas más importantes que hacer, mas nada de eso ocurrió.

En lugar de ello, Yuri se quedó completamente inmóvil, como si estuviese conteniendo la respiración, y sus ojos, todavía fijos en Kotetsu, se agrandaron por unos segundos en obvia estupefacción.

Yuri estaba sorprendido.

Eso era algo nuevo, que Kotetsu mismo no había esperado y que logró que se removiera en su silla, inseguro sobre si debía reírse y hablar esta vez en serio, comentando que en verdad dependía de lo que ocurriese en la ciudad, o si era mejor aguardar para descubrir qué pensaba Yuri de esa posibilidad.

—Veo —pronunció Yuri en un tono de voz que no delataba nada de lo que su expresión sí había hecho evidente.

Que no añadiese nada más era frustrante; no obstante, Kotetsu prefirió concentrarse en el hecho de que Yuri no había dicho que no podía o que no debía, cosa que tenía significar que sería bienvenido de lunes a domingo, ¿no?

Esa perspectiva era tan agradable que trajo una sonrisa a su rostro e incluso lo llevó a recostarse contra el respaldar de su asiento, sintiéndose perfectamente a gusto y dispuesto a quedarse allí si era necesario.

Hasta ahora, Yuri se había negado un par de veces a salir con él a comer o a tomar algo, argumentado reuniones relacionadas con HERO TV, pero aun en esas ocasiones había aceptado que Kotetsu lo acompañara en su oficina hasta que llegara la hora y si ese era el caso hoy, Kotetsu no pensaba en quejarse sobre el exceso de trabajo de Yuri.

—¿Debería ir a comprar una torta? —preguntó, golpeando los brazos de la silla con sus dedos un par de veces, pensando en qué podría acompañar el té que Yuri siempre parecía estar bebiendo—. ¿Galletas? ¿Algo?

Por un segundo, Yuri lució confundido; mas una vez pareció entender, negó con su cabeza y alzó su brazo derecho para apartar el cabello de su rostro.

—Pensaba salir en un momento.

Kotetsu asintió y aguardó, tarareando la melodía de una de las propagandas de Blue Rose, hasta que Yuri estuvo listo para salir, cosa que no tomó mucho tiempo.

Tal como solía ocurrir, un peso pareció desaparecer de los hombros de Yuri en cuanto dejaron su oficina y en el instante en que las puertas del ascensor se cerraron, incluso se giró hacia Kotetsu como si planease comenzar una charla casual.

—Pareces de buen humor —comentó, alzando una ceja y con un asomo de una sonrisa en sus labios.

—¿Sí? —Kotetsu rió, queriendo restarle importancia a ese hecho.

La expresión de Yuri se ensombreció de inmediato, como si sospechase que lo que Kotetsu no estaba diciendo era algo importante.

—Creo que... —Kotetsu se quitó su gorra y pasó una mano por su cabello. Recordar algo que ya sabía no era gran cosa y no había necesidad de actuar como si ese no fuese el caso, pero sentía que no contarle a Yuri ahora sería lo mismo que retroceder—. Me alegra haber regresado.

—Y hasta ahora lo piensas —pronunció Yuri, voz tan neutra como su rostro.

—No —corrigió Kotetsu, poniéndose su gorro de nuevo, mas luego de pensarlo mientras dejaban la Torre de la Justicia, aclaró—: Bueno, sí, pero no.

Yuri giró un poco su cabeza para observarlo de frente, luciendo exasperado.

—Kotetsu...

—Simplemente —interrumpió Kotetsu, hablando tan rápido como podía para no detenerse a dudar sobre si decirle o no— ya me siento mejor, en la segunda liga. Ya veo que sí puedo hacer algo.

Ya había escuchado de muchas personas que su costumbre de ocultar algunas cosas era mala y con Yuri era fácil romperla, quizás porque Yuri ya parecía saber tanto de él. Yuri había mencionado antes que eso se debía a que era parte de su trabajo, mas el interés que Yuri estaba demostrando en ese momento no tenía nada que ver con eso y fue lo que lo animó a decir tanto.

—No muchos están de acuerdo —murmuró Yuri y apretó sus labios al tiempo que se detuvo, apartando su vista, fijándola en las diversas personas que estaban recorriendo la calle frente a ellos.

—¿Eh? —Eso no era lo que Kotetsu había esperado escuchar en respuesta, por lo que giró en sus talones para verlo, quedándose inmóvil a pocos pasos de la corta escalera que llevaba al andén.

Yuri lo miró de reojo en silencio por unos segundos y finalmente suspiró.

—La segunda liga es un experimento de HERO TV y Sternbild —dijo, manteniendo un tono bajo que obligó a que Kotetsu se acercara un poco para no perderse de ninguna palabra debido al tráfico cercano—. No hace parte del programa como tal, ni es oficialmente parte de la policía o de alguna otra organización de defensa. Su efectividad y necesidad todavía no han sido comprobadas y ya hay quienes las ponen en duda.

Inquieto, Kotetsu tragó saliva y paseó su vista por sus alrededores, verificando que ninguno de los últimos rezagados que estaban saliendo de la Torre de la Justicia estaba intentando espiar la conversación.

—Uh —balbuceó, alzando una mano para cubrir su boca y así hacer su voz más inalcanzable para oídos ajenos—. ¿Realmente puedes decirme esto?

Conociendo lo en serio que Yuri se tomaba las leyes y su trabajo, eso era algo difícil de creer, pero Kotetsu prefería asegurarse en lugar de meter a Yuri en problemas por... la que fuese su razón para hablarle de eso.

—Tengo entendido —replicó Yuri, alzando su voz— que ya han habido varios debates públicos al respecto.

Aunque Yuri no estaba sonriendo abiertamente, sus ojos parecían brillar con diversión.

Kotetsu dejó caer su mano y lo miró con una mueca de reproche que Yuri ignoró, volviendo a enfocar su atención en la calle, como si estuviese pensando en qué hacer ahora.

Tal vez el que no habían decidido a dónde irían y esa inusual muestra de sentido del humor de Yuri deberían haberlo hecho olvidar el tema; pese a eso, Kotetsu no pudo hacerlo. Hasta el momento Yuri había señalado hechos y mencionado opiniones ajenas, mas no había dicho nada sobre algo mucho más importante.

—¿Y qué piensas tú? —preguntó Kotetsu con seriedad y lo miró a los ojos en cuanto Yuri puso una vez más su vista en él.

—¿Yo? —pronunció Yuri sin rehuir el contacto visual.

—De mi regreso —especificó Kotetsu, pese a que sospechaba que Yuri sabía perfectamente bien de qué estaba hablando—. ¿Crees que sí hago una diferencia?

Esta vez Kotetsu estaba preparado para ver a Yuri perderse en sus pensamientos, reflexionando con cuidado y eligiendo sus palabras antes de contestar.

Aun así, pese a que Yuri frunció el ceño y cerró los ojos inmediatamente después, no tardó en volver a abrirlos mientras suspiraba.

—Sí.

Era una respuesta demasiado corta, pero si había algo que Kotetsu había notado, era que Yuri decía más cuando decía menos.

Eso parecía una contradicción, mas las formalidades y las palabras innecesarias siempre parecían adornar mucho de lo que Yuri enunciaba, haciendo casi imposible saber qué estaba pensando en realidad, salvo en las ocasiones en que su rostro lo delataba.

En comparación, sus preguntas repentinas y algo bruscas y sus respuestas cortas, a veces rápidas y otras resignadas, siempre iban al grano y dejaban entrever más sinceridad de lo que quizás Yuri mismo pensaba.

—Yo invito hoy —decidió Kotetsu, resistiendo la tentación de pasar un brazo por los hombros de Yuri y llevarlo consigo al primer restaurante abierto que encontrase; no creía que Yuri apreciaría tal gesto de camaradería—. Tenemos que celebrar.

—¿Pensé que había dicho que tendría que pasar un mes sin demandas? —le recordó Yuri y reanudó su andar a pesar de su aparente protesta.

—Para el brindis —señaló Kotetsu con una gran sonrisa, sin ninguna intención de dar su brazo a torcer, yendo tras él—, esto es otra cosa.

—¿Lo es?

—Claro —bufó, poniendo sus ojos en blanco—, tú fuiste el que puso la condición para eso. Y todavía no hemos celebrado por mi regreso.

Del que, todo indicaba, Yuri se alegraba y si eso no merecía algo especial, Kotetsu no sabía qué sí lo hacía.

—¿No lo hicimos el primer día?

—Nop, no cuenta. —Ese día habían sido interrumpidos, para empezar, y hoy había un detalle más muy importante que Kotetsu no pensaba dejar pasar—. Y hoy no me has dicho que tienes algo que hacer temprano mañana o esta noche.

Yuri se tensó por un corto momento, como si no hubiese notado tal cosa o no hubiese esperado que Kotetsu se diese cuenta. Fuese como fuera, Kotetsu no planeaba desaprovechar esa oportunidad que se había presentado frente a él.

—No, no lo he hecho —suspiró Yuri en un tono pausado—. Pero tampoco dispongo de toda la noche.

—Entiendo —aceptó Kotetsu, seguro de que no insistir en que le diera más de un par de horas convencería a Yuri—. Pero sí tienes un poco más de tiempo hoy.

Y ese tenía que ser un hecho, pues Yuri no había metido en su maletín pilas de documentos, ni había mencionado nada sobre juicios o alguna otra obligación que lo tendría ocupado todo el día siguiente e incluso ahora, en lugar de negarlo, Yuri lució pensativo por un instante.

—¿Qué tienes pensado?

Con una sonrisa victoriosa, Kotetsu miró a su alrededor.

Ya era tarde para llamar a Nathan y pedirle una recomendación e ir por su auto y conducir sin rumbo fijo hasta que algo captase su atención quizás lograría que Yuri cambiase de idea.

Era una suerte que estuviesen en el centro de la ciudad, pues incluso de noche el movimiento en la zona ameritaba la existencia de diversos establecimientos que cerraban tarde sus puertas, por lo que sin duda podrían encontrar algún lugar que pareciera tranquilo y privado, cosa que, creía, Yuri apreciaría.

Convencido de eso, Kotetsu dio un par de zancadas para adelantarse.

—Sígueme.

Sin rechistar, Yuri así lo hizo.


A pesar de que el restaurante que eligió al azar resultó ser más costoso de lo que esperaba y tuvo que aceptar dividir la cuenta, además de que el horario de este los obligó a dar por terminada la noche antes de lo que a Kotetsu le habría gustado, Kotetsu consideraba la comida como un éxito.

El que por una vez hubiese logrado que Yuri hablase más de sí mismo de lo usual era de por sí una gran victoria, aun si lo único que había mencionado eran sus gustos de comida, y el que Yuri hubiese accedido a que lo llevara hasta su hogar también lo era.

Los días siguientes carecieron de revelaciones no tan nuevas y de novedades respecto a Yuri, pero incluyeron más arrestos y aunque Kotetsu tuvo que visitar la corte en una ocasión tras la destrucción de una docena de vidrios que estaba siendo descargada frente a un edificio, el que el primero en impactar con ellos había sido el ladrón que él había estado persiguiendo lo libró de una multa y de perder su brindis.

La rutina parecía haberse instalado en su vida y Kotetsu estaba dispuesto a aceptarla; mas en el momento en que algo la rompió, tuvo que admitir que había algo que todavía le hacía falta.

Su compañero.

Incluso en medio de la discusión poco seria que tuvieron, Kotetsu tuvo problemas para no sonreír y atrapar al ladrón con algo que contaba como trabajo en equipo, a diferencia de las desordenadas colaboraciones que eran tan usuales en la segunda liga, fue extrañamente satisfactorio.

—Parece que no has perdido la costumbre —comentó Kotetsu, observando de reojo a los policías que estaban esposando al ladrón que él y Bunny habían logrado atrapar.

Barnaby levantó la careta de su casco y sonrió.

—Tú tampoco has cambiado mucho.

El que Bunny dirigiese su mirada hacia el concesionario de autos en el que se habían reunido de una forma vergonzosamente similar a como se habían conocido hizo que Kotetsu hiciese una mueca descontenta.

—Lo tomaré como un cumplido —bufó, cruzándose de brazos como si estuviese más molesto de lo que estaba en verdad.

El resoplido que Barnaby dejó escapar parecía más una corta risa; aun así, Kotetsu no tuvo tiempo para decir nada al respecto ya que uno de los policías se acercó para preguntarles varios detalles del arresto.

Tardaron algunos minutos en terminar con todos los procedimientos de rutina y un poco más en reunirse con los chicos de la segunda liga, quienes expresaron abiertamente su entusiasmo de trabajar junto a Barnaby; mas finalmente, casi media hora después, subieron a la furgoneta de Apollon Media y remplazaron los trajes por sus ropas de calle.

Ese tenía que ser el momento indicado para realmente hablar y Kotetsu no lo desaprovechó.

—¿Realmente vas a volver? —preguntó, tan curioso como serio, mientras se sentaba en la silla interior junto a los armarios mecanizados que guardaban los trajes—. ¿Y entrar a la segunda liga?

Barnaby alzó una ceja, tomando asiento frente a él.

—Ya lo hice —señaló con el tono de quien está señalando lo obvio—, técnicamente.

Eso tenía sentido, pues los héroes solo podían intervenir en cualquier caso, fuese pequeño o grande, si estaban autorizados para ello y para conseguirlo, necesitaban tanto un patrocinador que los ingresara a una de las ligas como el permiso del Departamento de Justicia.

Pero eso también creaba un nuevo interrogante.

—¿Cuándo? —cuestionó Kotetsu—. ¡Eso toma días!

Al menos así había sido en su caso, a pesar de que Ben lo había ayudado en Apollon Media y Yuri se había encargado de los trámites adicionales con notoria prontitud.

Si Barnaby ya estaba autorizado, eso tenía que significar que había tomado esa decisión al menos un par de semanas antes...

—En cuanto Apollon Media decidió recontratarte —contestó Bunny, luciendo divertido ante su reacción— recibí una invitación para volver a formar un dúo.

—¿Qué? —balbuceó Kotetsu, incrédulo. No era posible que todos, incluso Ben y Saito, hubiesen olvidado mencionarle algo tan importante.

—¿Creías que podrías volver sin que nadie se enterara?

Esa pregunta hizo que Kotetsu hiciese un mohín descontento.

—¡Claro que no! —se quejó, cansado ya de escuchar algo parecido de todas las personas que conocía—. Solo quería ser yo quien lo anunciaba.

—Oh.

—Y no digas que no lo hice —continuó Kotetsu, ignorando la poco sincera exclamación de Bunny—. Porque lo iba a hacer.

—Y estabas esperando el momento indicado —suspiró Barnaby, moviendo su cabeza de un lado a otro en obvia reprobación—, como siempre.

—¿Y qué tiene eso de malo? —insistió Kotetsu, fulminándolo con la mirada.

—No he dicho tal cosa. —Barnaby ajustó sus gafas, reacomodándolas en el puente de su nariz innecesariamente.

—¿Y tú sí le avisaste a alguien? —preguntó Kotetsu, sospechando que la respuesta sería negativa y si así era, él conseguiría que ya nadie lo recriminase por haber hecho lo mismo.

—No he tenido tiempo —respondió Bunny, poniendo su atención por un segundo en lo que podían ver de la ciudad por las ventanas traseras de la furgoneta—. No podía dejar todo para volver en cuanto tú lo hiciste.

Esas palabras lograron que Kotetsu olvidara cualquier irritación y su expresión se tornó seria.

Tras lo ocurrido con Maverick, Barnaby había decidido alejarse de Sternbild para enfocarse en él y no en las memorias falsas que Maverick había implantado en su mente y el camino que Maverick lo había obligado a recorrer.

Qué era lo que había hecho era algo que Kotetsu no sabía con exactitud, mas sabía que implicaba viajar y quizás, sospechaba Kotetsu, investigar las verdades que Maverick había intentado sepultar.

—¿Cómo vas con eso? —pronunció Kotetsu, siendo tan poco específico como era posible, prefiriendo que Barnaby le contara lo que quisiese en ese instante en lugar de presionarlo.

—Estoy trabajando en ello —replicó Barnaby, volviendo a verlo con una pequeña sonrisa, agradecida y sincera.

Kotetsu suspiró con alivio.

Si Bunny estaba bien, él podía esperar para preguntar en una mejor ocasión sobre los detalles de todo lo que había hecho durante el último año.

—Entonces yo les daré la noticia —habló Kotetsu, esforzándose por usar un tono despreocupado que disipase cualquier rastro de la seriedad que se había apoderado del ambiente—. Estoy seguro que todos querrán verte.

—No hagas algo innecesario, Kotetsu —advirtió Bunny, mas en su voz se notaba la diversión que estaba intentando ocultar sonando cortante—. Estoy seguro de que no soy el único que tiene mucho que hacer.

—Y eso no significa que no tengas ni un minuto para celebrar. —Tener que insistir en eso con alguien más que Yuri era extrañamente hilarante, pero Kotetsu hizo un puchero.

—Aunque tenga tiempo en este momento —habló Bunny, luciendo pensativo, como si realmente estuviese considerando verse con todos sus viejos compañeros de la primera liga—, tengo entendido que la primera liga estuvo activa esta noche, así que dudo que quieran hacer una reunión ya mismo.

—¿Sí? —Kotetsu parpadeó. Se había perdido de eso y solo podía imaginar que se debía a que la primera liga había sido transmitida en vivo y en directo mientras él estaba ocupado tras un ladrón—. Vaya, tendré que ver las repeticiones cuando pueda.

—¿No estabas hablando de celebrar?

—¿Esta noche? —Que Bunny pareciese incluso interesado en la posibilidad hizo que Kotetsu sonriese de oreja a oreja, al menos hasta que recordó a Yuri.

Si bien Yuri solo había aceptado sus visitas diarias y no había dado su opinión al respecto, era un hecho que todos los días solo dejaba sus pilas de trabajo cuando Kotetsu llegaba y eso, sospechaba, no se debía únicamente a que nadie más apareciera para obligarlo descansar.

Si embargo, hoy ya era tarde y Kotetsu sabía que era posible que Yuri supiese que él había estado ocupado en una persecución y decidiese no aguardar por él, pero Kotetsu dudaba que ese fuese el caso. Y si estaba en lo cierto, no podía dejarlo esperando toda la noche.

—Ah, lo siento, Bunny —dijo con sinceridad, inclinando un poco su cabeza—. No hoy, mañana —prometió, rogando internamente que su compañero aceptara.

No era que quisiese irse ahora que Barnaby estaba allí, al fin de cuentas, y definitivamente deseaba compartir una cerveza con él y hablar cómodamente e incluir también a todos los de la primera liga que habían echado de menos a Bunny tal como él lo había hecho, mas hoy no era posible.

—No pensé que tú estarías ocupado. —La furgoneta se detuvo en ese momento y Barnaby se puso de pie sin dejar de observarlo con abierta curiosidad.

Kotetsu rió y se encogió de hombros, imitándolo y abandonando el vehículo.

—Tú mismo lo dijiste, todos tenemos cosas que hacer.

Una vez se despidieron del conductor, Barnaby se dirigió al ascensor, pero Kotetsu observó en la dirección de la entrada.

¿Quizás sería más rápido si salía por el parqueadero...?

—¿No vas a subir primero? —cuestionó Bunny, deteniéndose a medio camino como si estuviese esperándolo.

Kotetsu lo consideró, mas pronto negó con su cabeza.

—Nah, con que entregue mañana mi informe es suficiente.

Y eso era cierto, pues no recordaba ninguna otra razón para ir a la recepción o a su escritorio antes de encaminarse a la Torre de la Justicia.

A pesar de que Barnaby todavía se veía curioso, no preguntó nada y en lugar de eso asintió.

—Nos vemos mañana —se despidió con una sonrisa que Kotetsu imitó de inmediato, sintiéndose de buen humor al solo pensar que realmente así sería.

—Hasta mañana, Bunny.

Kotetsu alcanzó a escuchar las puertas del ascensor abrirse para Barnaby antes de dejar el parqueadero y miró de reojo su reloj de pulsera, frunciendo el ceño al ver la hora.

Era más tarde de lo que él mismo había creído.

¿Quizás había tomado la decisión equivocada y no encontraría a Yuri en la oficina?

Todavía estaba tiempo para regresar y decirle a Barnaby que había habido un cambio de planes, pero tras unos segundos en medio de la calle, temblando ligeramente ante el frío de invierno, decidió caminar a paso rápido hacia la Torre de la Justicia.

No quería comenzar a romper promesas tras menos de un mes como héroe cuando las circunstancias ni siquiera lo estaban obligando a ello.

Kotetsu creía que ya se había habituado a ver la torre casi desierta, mas no estaba listo para incluso ver las grandes puertas cerradas, además de una total oscuridad en todas las oficinas que podía ver desde este costado.

No obstante, para su suerte, uno de los guardias del turno nocturno lo reconoció y le permitió pasar sin siquiera preguntarle a dónde iba, por lo que Kotetsu pudo subir al piso de siempre, esta vez usando las escaleras, y al llegar a este, vio luz bajo la ranura de la puerta que ya le era tan familiar.

Realmente Yuri estaba aguardando por él.

Conteniendo una risa aliviada, Kotetsu trotó la distancia que lo separaba de la oficina y abrió la puerta sin pensarlo dos veces ni recordar golpearla antes.

Yuri estaba frente a su escritorio, ligeramente inclinado mientras examinaba una carpeta frente a él, y alzó su cabeza rápidamente y cerró el archivo en sus manos al mismo tiempo, entrecerrando los ojos.

—No esperaba verlo aquí, Wild Tiger.

Kotetsu tuvo que resistir el impulso de retroceder ante ese saludo tan cortante.

¿Acaso Yuri estaba molesto?

Por un corto rato, Kotetsu permaneció bajo el umbral, mas el que Yuri no añadió nada para echarlo lo animó a entrar con la confianza de siempre y sonreírle mientras tomaba asiento.

—¿Me estabas esperando?

Yuri no respondió de inmediato, luciendo tenso mientras se tomaba sus acostumbrados segundos para elegir con cuidado sus palabras. Pese a eso, su contestación fue extrañamente escueta.

—No, estoy trabajando.

Era un hecho que Yuri estaba obsesionado con su trabajo y nunca procrastinaba, mas eran las once de la noche, estaba en un edificio donde las horas laborales se habían acabado hace tanto tiempo que incluso todas las entradas habían sido cerradas y esta vez, además, carecía de la usual calma profesional que siempre demostraba cuando realmente estaba enfocado en sus deberes.

Kotetsu puso sus ojos en blanco, pero no dejó de sonreír.

—Mentiroso.

Que Yuri no se defendiera, sugiriese que salieran y además aceptase ir a un bar cuando Kotetsu mencionó que a esa hora no encontrarían nada más abierto, lo confirmaba y contaba como una nueva victoria para Kotetsu.


En medio del regocijo por la llegada de Barnaby, Kotetsu había olvidado un detalle muy importante.

Al redactar su informe del día anterior, éste se había hecho obvio, mas había decidido ignorarlo porque no había sido su culpa. El disparo del ladrón había sido la causa original de todo el desastre, al fin de cuentas, y Barnaby había tocado el auto antes que él, por lo que técnicamente esta vez él no había causado nada.

Pero ahora, que estaba patrullando las calles de Silver Stage junto a Barnaby, un simple mensaje con solo un par de líneas cambió todo.

—¿Realmente tenemos que ir ya? —se quejó, negándose a dirigirse a la furgoneta de Apollon Media.

Al menos quería un poco más de tiempo para prepararse, pues a pesar de que seguía convencido de que esta vez él no había provocado nada, sospechaba que en esta ocasión no tenía todas las de ganar.

—Sí, debemos estar allá en treinta minutos. —Barnaby ni siquiera se detuvo para contestar, por lo que Kotetsu tuvo que correr tras él.

—Pero... —insistió, adelantándose unos pasos y moviendo sus brazos para impedir que Bunny continuase su camino—. ¿No tenemos que terminar nuestro turno?

Esta vez, Barnaby se vio obligado a frenar y tras unos segundos, en los que seguramente revisó el protocolo establecido en caso de que algún héroe no pudiese encargarse de lo que le había sido asignado para el día, levantó la visera de su casco.

—Tengo entendido que Bombeman se encargará de esta área mientras volvemos —le informó al fin, mirándolo con curiosidad.

—¿Y Saito no quería hacerle algo a tu traje? —Kotetsu no estaba dispuesto a rendirse todavía—. Ah, y todavía no sé si tendré que reescribir mi informe sobre ayer...

Lloyds lo había obligado a hacer tal cosa un par de veces y aunque Kotetsu odiaba tener que dedicar su tiempo a reescribir reportes tanto como detestaba tener que entregar uno en primer lugar, quizás su informe sería parte de la evidencia analizada y si encargarse de eso antes de que necesitasen leerlo en la corte ayudaba a que no tuviese que estar presente, mejor.

—Kotetsu —dijo Barnaby, sonando impaciente—, nos citaron en la corte hoy a las tres e incluso en la primera liga solo una emergencia puede cambiar la hora y el día de algo como eso.

El nos bastó para que Kotetsu dejase caer sus hombros.

Ese era el mayor problema, porque si lo habían citado también a él y no como testigo, probablemente no escucharía un «no tiene que pagar los daños» el día de hoy.

—¿Y no hay una emergencia? —preguntó, aferrándose a su última esperanza—. ¿Qué tal si no han logrado comunicarse con nosotros por alguna razón? Antes de ir deberíamos hablar con todos y...

Barnaby suspiró y lo esquivó para seguir caminando.

—Vamos ya, viejo.

—¡Espera, Bunny! —La perspectiva de tener que entrar tarde y solo al tribunal hizo que Kotetsu corriese tras él.

El recorrido hasta la Torre de la Justicia fue demasiado corto para su gusto y una vez estuvieron esperando hasta que fuese la hora exacta, Kotetsu no pudo hacer más que caminar de un lado a otro por el pasillo mientras jugueteaba con su gorro.

Quizás Yuri no se había enterado de inmediato de los daños ocurridos en la persecución del día anterior, ya que todo lo sucedido en la segunda liga no era transmitido en vivo y en directo y los reportes varios siempre tardaban en llegar a las manos indicadas, y por eso la noche anterior Yuri había estado como siempre, pero ahora que sabía, sin duda no estaría contento de ver a Kotetsu y si eso no se limitaba a sus horas del trabajo...

—¿Barnaby Brooks Jr. y Kotetsu T. Kaburagi?

La voz de la mujer que se acercó para avisarles que ya había llegado la hora de su audiencia logró sobresaltar a Kotetsu, mas intentó disimularlo sonriéndole a su compañero.

—No nos pueden culpar de todo, ¿no? —Al menos no del techo de vidrio, esperaba.

—La esperanza es lo último que se pierde —asintió Barnaby con una sonrisa aprensiva que no logró darle esperanzas a Kotetsu.

A pesar de no querer enfrentar la mirada de Yuri, Kotetsu alzó su vista en su dirección en cuanto entró y descubrir que la atención de Yuri no estaba en él no fue ningún consuelo.

Kotetsu pasó el siempre tedioso protocolo esperando por alguna reacción de parte de Yuri; no obstante, incluso durante la lectura de la lista de cargos el juez lo ignoró y con buena razón.

Los cargos iba en contra de ambos y también mencionaba un aviso de tránsito que Kotetsu recordaba haber rozado durante la persecución que había tomado lugar tras el incidente en el concesionario de autos, por lo que ahora Kotetsu entendía a la perfección que estaba a punto de romper oficialmente su buen record de cero daños.

Tendría que despedirse de su brindis, ¿no?

El juicio continuó su rumbo usual, con mucha palabrería que parecía estar llevándolo a una mala conclusión.

Y no se equivocó.

El veredicto fue el que tanto había escuchado durante su último año en la primera liga, dictaminando que ambos habían sido culpables y que Apollon Media tendría que pagar la suma total, pero Kotetsu no pudo preocuparse mucho por la reacción de Lloyds cuando se enterase, pues ese fue el instante en que Yuri finalmente dirigió su mirada hacia él.

Su rostro semejaba más una máscara inexpresiva y sin pensarlo, Kotetsu hizo un puchero.

Yuri pareció entrecerrar los ojos y esta vez, Kotetsu se esforzó por lucir arrepentido, mas lo único que Yuri hizo fue fruncir el ceño antes apartar su vista.

Realmente parecía molesto.

En cierta forma, eso era más decepcionante que la sentencia misma y se convirtió en su razón para suspirar sonoramente cuando estuvieron fuera de la corte.

—Ahora sí podemos regresar —comentó Bunny, como si quisiese animarlo.

Agradecido por ello y consciente de que no podía dejar que su desánimo afectase su trabajo, Kotetsu palmoteó sus propias mejillas un par de veces y luego sonrió.

—Sí, de pronto Bombeman nos está necesitando en este momento.

Eso no resultó ser cierto, pues una vez volvieron a ponerse sus trajes y llegaron a la zona indicada, Bombeman los recibió con un saludo militar y un claro anuncio de que todo estaba en paz y en orden.

Tras eso, Bombeman regresó al área que había sido asignada a él y a Sumo Thunder ese día, y Kotetsu patrulló junto a Barnaby hasta el final de la tarde, cuando les indicaron que habían terminado el turno del día.

Al llegar a Apollon Media, dos mensajes los estaban esperando: uno en el escritorio de Bunny de parte de Saito, pidiéndole que fuera a su taller, y otro en el teléfono de Kotetsu de parte de Nathan, indicando una hora, un lugar y con un directo «trae a guapo» acompañado por una carita haciendo un guiño.

—Y Bunny —dijo Kotetsu en cuanto lo leyó, guardando de inmediato su celular en un bolsillo—, esta noche sí.

Barnaby le dedicó una mirada incrédula, sin hacer ningún movimiento para dirigirse al lugar en el que Saito lo estaba esperando.

—¿Todavía estás con ganas de celebrar?

—Claro —bufó Kotetsu, tomando asiento frente a su escritorio, alzando sus brazos y entrelazando sus manos tras su cabeza—. Es por tu regreso, no porque siempre nos culpan de todo.

—¿Olvidas que fue mi proceder lo que me hizo también responsable y no algo que causé directamente? —rebatió Barnaby de inmediato cruzándose de brazos.

—¿Uh?

—¿No estabas prestando atención? —Barnaby alzó un poco su voz.

—¿Habría cambiado algo? —Kotetsu hizo una mueca, queriendo ocultar su vergüenza al ser descubierto, aun cuando esta no era la primera vez que no escuchaba gran parte de lo dicho en un juicio.

—No esta vez —aceptó Bunny, su expresión suavizándose—, pero no sabemos si la próxima será igual.

—Preferiría que no haya una próxima —suspiró Kotetsu. Cada acusación por destrucción lo dejaba pensando lo mismo, mas ahora tenía una razón adicional para evitar pisar los tribunales tanto como fuese posible—. Y sobre lo de hoy...

Volver al tema original hizo que Barnaby ajustase sus gafas innecesariamente.

—Todavía no he dicho que tengo tiempo esta noche.

Kotetsu chasqueó su lengua.

—No seas aguafiestas.

Aunque Barnaby frunció el ceño, su semblante lucía más pensativo que molesto por sus palabras.

—Kotetsu... —comenzó, mas hizo una pausa antes de preguntar—: ¿Qué estás planeando?

—Nada —aseguró Kotetsu y al notar que Bunny no parecía convencido, insistió—: En serio.

Y estaba diciendo la verdad.

Él no había planeado nada esta vez, solo le había enviado un mensaje a Antonio temprano en la mañana contándole que Bunny había regresado y ahora Nathan lo había contactado, por lo que podía decir con toda sinceridad que Nathan era el que estaba detrás de todo, no él.

—Imagino —dijo Barnaby tras una sonora exhalación— que ya hablaste con los demás.

—¿Lo hice? —Kotetsu se esforzó por no sonreír con picardía, queriendo verse inocente.

—Y —continuó, mirándolo con tal seriedad que parecía estar retándolo a contradecirlo— que el mensaje que recibiste tiene que ver con eso.

—Eh...

Bunny movió su cabeza de un lado a otro, mas tras un par de segundos, dijo:

—Está bien, pero solo si no se presenta ninguna emergencia. —A pesar de esas palabras y de que Barnaby no estaba sonriendo, casi sonaba aceptando con gusto la idea, por lo que Kotetsu levantó sus pulgares y sonrió—. ¿Vienes? —cuestionó Barnaby, finalmente haciendo un amague para ir al taller de Saito.

Si bien Kotetsu estuvo tentado a ponerse de pie y seguirlo, curioso de las mejoras que sin duda Saito había hecho en el traje de Bunny, había algo que quería hacer antes de celebrar, por lo que negó con su cabeza.

—Nah, te espero aquí.

Kotetsu aguardó hasta que perdió de vista a Barnaby y luego volvió a sacar su teléfono.

Aunque consideró enviar un mensaje e incluso llamar a ese número, asumiendo que se trataba de una línea privada, Kotetsu lo descartó de inmediato y se decidió por comunicarse con el Departamento de Justicia.

Hasta ahora, siempre había logrado encontrar a Yuri en su oficina cuando había intentado llamarlo allí y por lo que había visto, a esta hora Yuri no solía estar en un tribunal o en alguna reunión en otra parte.

Una vez dio el número de su extensión, Kotetsu siguió el ritmo de la melodía de espera con sus pies y en cuanto ésta se detuvo, tuvo que contenerse de pararse de su asiento sin necesidad.

—¡Yuri! —exclamó, rogando internamente que Yuri no decidiese colgar de inmediato. No que Yuri hiciese algo así normalmente, a no ser que recibiese una visita inesperada en su casa que lograra hacerlo perder la paciencia hasta el punto de cerrarle la puerta en la cara a alguien y técnicamente eso solo había ocurrido una vez.

Yuri no tenía activada la opción de video en ese momento, pero Kotetsu podía imaginarlo luciendo sorprendido y viendo el teléfono mientras consideraba qué contestar.

—¿Qué se le ofrece, Wild Tiger? —Esa pregunta podía sonar cortés, mas el tono neutro de Yuri y la rapidez con la que la pronunció indicaban algo diferente.

—¿Todavía estás molesto?

La pausa que siguió fue toda la prueba que Kotetsu necesitaba para saber que Yuri sí lo estaba, pues se estaba tomando más tiempo del usual para elegir sus palabras, aun cuando todavía no había perdido la calma.

—No lo estoy, pero sí estoy ocupado.

—Como siempre. —Kotetsu bufó, negándose a aceptar eso como una excusa.

—Debería seguir mi ejemplo y tomar su trabajo más en serio —rebatió Yuri.

—¡Ya lo hago! —se defendió Kotetsu—. ¿O crees que dejo que algo me detenga cuando hay alguien que salvar o un criminal al que detener?

Esta vez el silencio fue más largo que el anterior, mas no fue interrumpido por palabras que pretendían aparentar formalidad, sino por un suave suspiro.

—Me consta que eso es cierto —murmuró Yuri. Que Yuri admitiese eso le trajo una sonrisa a Kotetsu, permitiéndole olvidar toda su inquietud previa—. ¿Y a qué debo su llamada?

Aunque, claro, era mucho pedir que Yuri dejase su costumbre de ir al grano

—Creo que olvidé decirte ayer que hoy no podré ir.

—Entiendo.

—Vamos a organizar algo para Bunny —explicó Kotetsu a pesar de la pronta respuesta de Yuri—. Él volvió justo ayer y...

—Lo sé —interrumpió Yuri; de fondo, Kotetsu pudo escuchar el sonido de una tetera pitando que fue interrumpido de inmediato—, yo mismo aprobé su ingreso a la segunda liga.

—¿Tú sabías? —Aun cuando, si se detenía a pensarlo, eso era obvio, escucharlo lo tomó por sorpresa—. ¿Y no me dijiste? —Kotetsu no pudo evitar su tono de reproche.

—Pensé que él hablaría directamente con usted. —La voz de Yuri sonaba lejana; Kotetsu supuso que estaba sirviendo su té y aguardó hasta que Yuri volvió a hablar, esta vez cerca—. Si eso es todo...

—Sí... —aceptó Kotetsu, mas en un impulso añadió—: ¿A no ser que pueda llegar a dormir a tu casa?

—Kotetsu... —intervino Yuri de inmediato.

Esa era una clara advertencia, pero al menos indicaba que Yuri realmente no estaba molesto. De lo contrario, no había forma de que Yuri hubiese olvidado su costumbre de nunca tratarlo con tanta familiaridad si todavía estaba trabajando.

—¡Estoy bromeando! —Kotetsu sonrió, sin amedrentarse.

—Ten cuidado —dijo Yuri tras un nuevo suspiro—. No lleves tu auto si piensas tomar.

La sonrisa de Kotetsu creció incluso más y no pudo contenerse de decir:

—¿Me extrañarás?

Esta vez Kotetsu escuchó un resoplido que casi parecía una risa contenida que contrarrestó con las palabras que siguieron.

—Aunque no lo crea, tengo más que hacer que pasar todo mi tiempo con usted.

Kotetsu hizo una mueca descontenta ante ese intento de broma poco divertida y abrió su boca para replicar, mas fue interrumpido antes de poder decir algo.

—Kotetsu...

No haber notado que Bunny estaba de regreso lo sobresaltó, pero trató de disimularlo sonriéndole a su compañero y haciendo un gesto con una de sus manos para indicarle que le diera un minuto.

—Ah, um —balbuceó por un segundo, dividido entre querer recordar lo que planeaba decir y lo que debía hacer; al final, se decidió por lo último—. Tengo que colgar.

—Pasa una buena noche —respondió Yuri.

—Tú también.

—¿Kaede? —preguntó Barnaby en cuanto él finalizó la llamada y devolvió su teléfono a un bolsillo.

—No... —Estar seguro de que Yuri preferiría que él no le dijese a Bunny que estaba hablando con él hizo que Kotetsu desviase el tema de inmediato—. ¿Ya terminaste con lo de Saito?

Barnaby asintió.

—Imagino que ya decidieron un lugar.

El recuerdo de la celebración que los esperaba le dio a Kotetsu el impulso de levantarse de un salto y sonreír mientras se dirigía al ascensor.

—Te va a encantar —afirmó, convencido de ello. Si Nathan se había esforzando para darle la bienvenida a él, sin duda haría lo posible para superar lo ya hecho en la fiesta de Barnaby.

Bunny puso sus ojos en blanco, mas siguió a Kotetsu sin rechistar y una vez estuvieron junto a los demás, en ningún momento dijo algo sobre querer irse.