Luna llena
Advertencia: Violencia y Lunatic. Por algo tuve que cambiar ya el rating.
Si Yuri era sincero consigo mismo, Kotetsu T. Kaburagi había resultado ser un problema distinto del esperado.
En un comienzo la posibilidad de ser descubierto o de que Kotetsu sospechase de él había sido su mayor preocupación y todavía estaba consciente de que debía ser cuidadoso para evitar eso, pues el peligro continuaba allí, mas ahora había quedado claro que Kotetsu era un obstáculo incluso cuando no estaba intentando serlo.
Porque a pesar de que Yuri estaba convencido de que había estado preparado para el hecho de que Kotetsu seguiría siendo un constante en su vida, en ningún momento había creído que eso sería algo tan... literal.
Tenerlo en su oficina todos los días, al final de la tarde o tarde en la noche si su deber lo obligaba, era una rutina que él nunca había querido crear y si bien el regreso de Barnaby Brooks Jr. había logrado convertir eso en algo de unas tres o cuatro veces a la semana, los días en que Kotetsu se ausentaba se habían llenado de llamadas.
Hoy era uno de esos días.
—¿Crees que a Kaede le guste mi regalo?
¿Y por qué toleraba eso?
¿Por qué no cortaba la llamada tras mencionar que estaba ocupado?
¿Por qué permitía que aquel héroe siguiese interrumpiendo su deber?
—Es posible —replicó, masajeando su frente con su mano derecha al tiempo que se esforzó por no dirigir su mirada hacia los archivos que tenía abiertos en la pantalla de su computador—. Recuerdo que mencionaste que es fan del señor Brooks.
—Pero sigo pensando que solo una foto autografiada no es suficiente —se quejó Kotetsu—, pero no se me ocurre qué más llevarle.
—Puedo recomendarte una pastelería para que lleves algo para la celebración.
—Oh —exclamó Kotetsu, sonando más reflexivo que nada—. Sí, eso podría gustarle. Y no solo a ella. —Kotetsu rió, sonando cada vez de mejor humor—. Y además... ¿tienes otra sugerencia?
—Kotetsu —dijo Yuri con toda la paciencia que podía reunir, ignorando la pregunta—, se trata del fin de año, no de navidad.
Sin duda, pensó Yuri mientras cerraba los ojos, era una suerte que durante esa previa celebración Kotetsu hubiese consultado con Brooks y no con él.
—¡Pero no puedo llegar con las manos vacías!
Yuri sospechaba que eso no era del todo verdad, al menos si se guiaba por todo lo que Kotetsu le había dicho hasta ahora de lo que había sido su tiempo como héroe lejos de su hija.
—Estoy seguro de que apreciará que puedas ir.
Sus palabras parecieron sorprender a Kotetsu, pues se tardó varios segundos en contestar.
—Sí... antes siempre pasaba algo que me lo impedía —comentó con un suspiro—. Parece que la segunda liga tiene sus ventajas. —En respuesta, Yuri se limitó a hacer un simple sonido con su garganta; era cierto que los héroes de la segunda liga podían tomarse algunos días de vacaciones cada año repartidos en las fechas que eligieran previamente, cosa impensable para los de la primera liga—. ¿Y qué hay de ti? —continuó Kotetsu—. ¿Tienes planes ya?
El haber estado preparado para esa pregunta no impidió que Yuri se tensara.
Era así, con buenas intenciones e ideas poco pensadas, que Kotetsu había logrado inmiscuirse en su vida y seguía haciéndolo incluso en momentos inoportunos.
Y esta vez no podía permitirlo.
Haciendo un esfuerzo consciente para respirar con lentitud, Yuri respondió:
—Sí.
—Oh... —La decepción era obvia en la voz de Kotetsu—. ¿Así que si te invito vas a decir que no?
—Lo siento —pronunció Yuri de inmediato, recordando las palabras que había preparado—, pero estaré verdaderamente ocupado.
—Entiendo —murmuró Kotetsu y tras unos segundos repitió—: Entiendo. Les daré a todos saludos de tu parte.
—Por favor —dijo Yuri y luego darle el nombre de la pastelería e indicaciones para llegar a ella, permitió que el silencio llenase la línea, queriendo acabar ya con la conversación.
Por una vez, Kotetsu pareció captar la indirecta, quizás porque planeaba viajar esa misma noche.
—¿Nos vemos el próximo año?
—Hasta el próximo año —finalizó Yuri con una sonrisa inconsciente, la cual desapareció segundos después.
Con un suspiro, Yuri abrió sus ojos y verificó que la llamada realmente había llegado a su fin, tras lo cual puso sus codos sobre su mesa, entrelazó sus dedos y acomodó su mentón en ellos.
Tenía un poco más de cuarenta y ocho horas sin que Kotetsu estuviese cerca y debía aprovechar ese tiempo.
Tras un nuevo suspiro, Yuri puso sus manos a la obra y se enfocó en revisar la información de la que disponía.
En sus treinta años, Andrew Fortin había adquirido un colorido pasado judicial.
Robo a mano armada y asalto eran los motivos por lo que había pasado tiempo en prisión en cuatro ocasiones que podrían haber sido más si los cargos en su contra no hubiesen sido retirados por sus propias víctimas, mas ahora tenía una orden da captura por sospecha de asesinato.
Sus presuntas víctimas eran cinco y la evidencia en su contra podía ser resumida en sus huellas en uno de los cuchillo con los que habían apuñalado a la primera —podía ser considerada circunstancial, pues era uno de los muchos a los que Fortin había tenido acceso durante su último trabajo en un restaurante— y una testigo, una vecina de Fortin, que había aparecido muerta tres días después, también apuñalada.
Los criminólogos de la policía habían atado los puntos en común entre sus víctimas de asalto y los asesinados hasta ahora, pero la prueba final sido su huída.
Esta había ocurrido cuando habían intentado interrogarlo, luego de que Fortin se riese, según el reporte de los uniformados, al escuchar el nombre de su vecina.
Yuri estaba seguro: aquel hombre era culpable.
La información que la policía había recopilado hasta ahora bastaba para crear un perfil geográfico y su modus operandi dejaba claro qué momentos prefería para atacar y si juzgaba por eso, las celebraciones de fin de año se convertirían en una oportunidad que Fortin no dejaría pasar.
Sin duda podría encontrarlo en los callejones oscuros, cerca del río, mientras gran parte de la ciudad se ensimismaba viendo el desfile de los héroes de la primera liga y le daba la bienvenida a un nuevo año.
¿Podía esperar que la policía lo hallase, quizás con las manos en la masa? ¿Eso bastaría para detenerlo por completo?
Yuri frunció el ceño.
Por su experiencia, sabía que no era así. Aguardar crearía más victimas, capturarlo solo sería una solución temporal, lograr encarcelarlo no sería el disuasorio que debería ser y tarde o temprano repetiría sus crímenes o incluso cometería peores.
Esas eran verdades que él conocía y el que se preguntase por un momento si esta vez podría se diferente demostraba que había escuchado demasiado a Kotetsu, pero eso no significaba que había olvidado su propia justicia.
Con parsimonia, Yuri cerró todos los documentos, firmó la autorización que la policía había pedido para emitir un boletín urgente a otras organizaciones encargadas de resguardar la paz en Sternbild, HERO TV incluida, y llamó a Jones para ordenarle que la enviara al cuartel principal de la policía de inmediato.
Sin importar qué sucediese, pasado mañana sería el día.
Los puntos altos eran siempre una ventaja y la oscuridad en muchos edificios, cuyos residentes habían salido al centro de la ciudad para ver el desfile en vivo, ayudaba a que pasase desapercibido mientras aguardaba, inmóvil, ignorando el viento a su alrededor y concentrado solo en la búsqueda de algún movimiento sospechoso.
Las comunicaciones de la policía hasta ahora se habían limitado a percances menores, peleas entre ebrios y un accidente de tránsito, y HERO TV estaba transmitiendo el concierto de Blue Rose.
No había señales de Andrew Fortin.
La certeza de que no había salido de la ciudad, pues la seguridad en los puntos de salida de Sternbild había sido incrementada, era lo que lo mantenía ahí, aguardando, consciente de que tarde o temprano vería o escucharía algo y ese sería el momento de actuar.
El resto sería simple y una vez se convirtiese en noticia, los familiares de las víctimas de Fortin podrían tener el consuelo de que aquel pecador había pagado y la ciudad podría estar más tranquila al no tener a aquel hombre en ella.
Pero Kotetsu no estaría feliz.
Sin duda alguna, Kotetsu seguiría repudiando su justicia hasta el fin de los días y ese era un hecho que Yuri había aceptado.
Él no necesitaba la aprobación de nadie, tal como no requería de la fama de los héroes, y mientras pudiese hacer lo correcto, mientras pudiese detener el mal en lugar de fingir no verlo, era suficiente.
Daba igual que algunos ciudadanos, que los héroes, que Kotetsu lo odiasen por ello...
—Tenemos un reporte de alguien parecido a Fortin en Bronze Stage —fue el repentino comunicado de la central de la policía—, les envío las coordenadas.
—Que lo cubra Gruber —se quejó un policía y sus palabras fueron coreadas por su compañero—. Sky High va a hacer su saludo después de los comerciales.
—Peeters, Thompson, su área, su trabajo —los reprendió el que se había comunicado con ellos con un tono que no admitía ninguna réplica.
Yuri tomó una bocanada de aire, esforzándose por olvidar todos sus pensamientos previos y concentrarse como necesitaba hacerlo.
Había llegado la hora.
El haber intervenido el canal privado de la policía había resultado útil previamente y lo volvía a ser ahora, ya que antes de que los policías terminasen de quejarse y se pusiesen en camino, él empezó a recorrer el aire con el impulso de sus llamas, moviéndose tan rápido como podía al lugar donde Fortin había sido avistado.
Allí, como era de esperarse, no encontró a nadie, pero el candado de una bodega a cinco cuadras de distancia que había sido roto y dejado en el suelo era una pista suficiente que él decidió seguir.
Entrar a un espacio cerrado siempre era un riesgo, por lo que Yuri fue sigiloso, empujando la puerta con lentitud para evitar cualquier chirrido delator y desde el umbral examinó el lugar.
La falta de polvo y los diversos contenedores indicaban que aquel lugar estaba siendo utilizado; eso dejaba claro que podía esperar que tuviese algún tipo de alarma silenciosa y que alguien llegaría a revisar la situación en algún momento, quizás incluso antes de que la policía descubriese el indicio que lo había guiado a él hasta allí.
Siendo así, tenía que apresurarse.
Aunque en un comienzo Yuri no se adentró mucho, apenas revisando entre las hileras de contenedores más cercanas, el eco de un sonido metálico lo motivó a impulsarse nuevamente con sus llamas hasta llegar al fondo del lugar y allí, detrás de un contenedor, estaba Fortin, ocupado apuñalando a alguien que sin duda ya estaba muerta, con una linterna a su lado, rodando, y una sonrisa en su rostro.
La linterna era la fuente del ruido; sin embargo, Fortin parecía indiferente ante ello, ocupado bajando una y otra vez el cuchillo, ignorando los desagradables sonidos que producía con ello y el que cada vez que desenterraba el cuchillo lograba que un poco más sangre lo salpicara.
Si Kotetsu supiese del caso, diría que finalmente tenían toda la evidencia que necesitaban, que era el momento de atraparlo y que podrían darle la sentencia que merecía.
Pero Kotetsu no estaba ahí y este era su deber.
—Pecador —pronunció Yuri, permitiendo que sus llamas consumieran su capa mientras apuntaba con su ballesta a Fortin.
—¡Ah! —gritó Fortin sorprendido, poniéndose de pie y dejando caer el arma al suelo, al lado del cadáver de su victima—. No —dijo, retrocediendo, pálido salvo por la sangre oscura y casi seca en él—. Yo, yo... ¡yo la encontré así! —El hombre sonrió una vez más, señalándola—. ¡Le quité el cuchillo! ¡Quería ver si estaba viva! ¡Iba a llamar a una ambulancia!
—Tus mentiras no te salvarán —anunció, creando la flecha de fuego que lo alcanzaría muy pronto— y tendrás que pagar por todo lo que has hecho.
Si Kotetsu, si Wild Tiger estuviese ahí, se interpondría en el camino de esa flecha, le encargaría a su compañero apresar a Fortin y lo perseguiría con su usual persistencia, respondiendo sus argumentos con su ingenua justicia, con sus ideas de que Lunatic estaba haciendo lo mismo que pecadores como Fortin, de que estaba equivocado.
Pero no lo estaba.
No lo estaba.
Tardíamente, Yuri notó que Fortin había comenzado a correr, como si creyese que por ahora podría usar el contenedor más cercano como escudo y luego lograría escapar.
Yuri solo necesitó dar un paso en diagonal para volver a ponerlo en su mira.
—Escucha la voz de Tánatos.
Y sin más preámbulos, disparó.
No había nada de placentero en escuchar los últimos gritos de aquel hombre, mas Yuri aguardó hasta que cesaron, hasta que confirmó que estaba muerto, antes de apagar sus llamas, dar media vuelta y salir tan velozmente como le era posible.
Esta no era una zona principalmente residencial; no obstante, aun si la policía todavía no estaba cerca y la compañía de seguridad encargada de esa bodega todavía no estaba en camino, podía haber guardias en otras bodegas con mercancía más valiosa o quizás habían indigentes o borrachos en las cercanías o tal vez algún simple ladrón estaba aprovechando las celebraciones para intentar algo en la zona.
Que alguien lo viese no haría ninguna diferencia, pero prefería ahorrarse una persecución.
No era que temiese que la policia o los héroes pudiesen alcanzarlo. Aun así, era un hecho que él había perdido de vista a aquel criminal por unos segundos.
Si se hubiese tratado de un NEXT o aquel hombre hubiese tenido un arma de fuego, el resultado podría haber sido diferente; tal como una distracción frente a los héroes podía costarle caro, aun si Kotetsu, si Wild Tiger, no estaba con ellos.
Como acostumbraba, Yuri no voló en dirección a casa.
Verificar primero que no estaba siendo seguido era la medida básica que solía utilizar, pero aunque usualmente esa necesidad de ser cuidadoso se debía al más acérrimo de sus opositores y a las cámaras de HERO TV; hoy, la causa era él mismo.
Su concentración había sido rota y ni siquiera podía decir que eso había ocurrido una sola vez.
¿Acaso Kotetsu seguiría interponiéndose continuamente a su justicia incluso cuando no estaba presente?
Yuri no perdió el tiempo dándole vueltas a la pregunta y se obligó a enfocarse en sus maniobras para despistar a cualquier posible testigo y disminuir las probabilidades de que lo grabasen o notificasen haber avistado a Lunatic sobrevolando alguna zona cercana a su hogar.
El sonido de los fuegos artificiales en el centro de la ciudad ya retumbaban a lo lejos, evidenciando que ya era la medianoche, cuando finalmente puedo entrar a su casa, quitarse su asfixiante máscara, dirigirse al sótano y sentarse frente al escritorio que había instalado allí.
Yuri cerró los ojos y pasó largos minutos inmóvil, esforzándose por mantener su mente en blanco a pesar de que sabía, en el fondo, que debía pensar en lo ocurrido hoy, en cuáles habían sido sus mayores errores y cómo podría evitar que llegase a repetirlos.
Cuando los abrió una vez más, un parpadeo proveniente de su teléfono captó su atención y estiró su mano para tomar el aparato, considerando distraídamente la posibilidad de que lo estuviesen contactando para que autorizara algo con urgencia, mas lo que encontró fue la notificación de un nuevo mensaje, el cual había sido enviado a las doce en punto y aun antes de verlo, Yuri sabía con total certeza de quién provenía.
¿Quién más haría algo tan innecesario como escribirle en cuanto el nuevo año había comenzado?
Sin pensarlo, Yuri dejó escapar un resoplido y se permitió una pequeña sonrisa mientras lo leyó.
«¡Feliz año!»
Esas dos palabras estaban acompañadas por la foto de una torta decorada que sin duda Kotetsu había comprado en la pastelería que él le había recomendado.
Tras esta había una posdata más extensa que el cuerpo principal del texto. «A todos les gustó y dicen que gracias».
Por unos segundos, Yuri rozó con sus dedos las teclas, pero tras considerarlo descartó la idea de replicarle. No necesitaba darle un aliciente a Kotetsu de conservar ese número y seguir escribiéndole por razones que, a veces, él ni siquiera conseguía comprender.
Además, necesitaba tiempo.
Aunque no sentía deseos de hacerlo, analizar lo ocurrido esa noche era algo que debía hacer antes de que Kotetsu apareciese una vez más en su oficina con la confianza de quien se sabe bienvenido y solo podría recibirlo sin aprensión y contestarle su saludo festivo luego de encontrar la manera de enfocarse nuevamente en su deber como lo había venido haciendo hasta ahora.
Con un suspiro, Yuri dejó su teléfono a un lado y cubrió la cicatriz de su rostro con una de sus manos, sintiendo esa vieja herida escocer.
