La luna que aparece de día III

A pesar del accidente con los vasos, el lento tráfico para entrar a la ciudad y el hecho de que uno de sus mensajes de año nuevo no había recibido respuesta, Kotetsu consideraba que el año había comenzado bien.

El solo hecho de haber podido pasas las celebraciones con Kaede, sin que ninguna emergencia lo obligase a quedarle mal, le traía una sonrisa y esta no se borró de su rostro durante todo el recorrido de regreso a Sternbild.

Su buen ánimo continuó incluso durante los pocos minutos que pasó en su apartamento, en los que apenas tuvo tiempo de darse una corta ducha para desentumecerse tras pasar tanto tiempo manejando antes de correr de regreso a su auto para dirigirse a Apollon Media, pero el cruzarse en el ascensor con alguien que estaba leyendo el periódico y ver los titulares del día agrió su expresión de inmediato.

¿Era mucho pedir que todo siguiese bien en general, sin muertes ni lunáticos quemando vivos a otros, al menos para empezar el año?

Todo indicaba que la respuesta a eso era «no».

Con sus hombros caídos, Kotetsu llegó a su piso y descubrió que Bunny ya se encontraba allí, sentado tras su escritorio y trabajando con diligencia desde esa hora de la mañana.

Sin duda alertado por el sonido de sus pasos, Barnaby apartó su mirada de la pantalla y la dirigió hacia él y aunque sonrió al verlo, su gesto se oscureció en obvia preocupación.

—¿No tuviste unas buenas vacaciones? —fue lo primero que dijo, con el ceño ligeramente fruncido, en lugar de saludarlo.

Kotetsu se obligó a sonreír al tiempo que negó con su cabeza. No tenía sentido dejar que ningún cara de guante le arruinase el día.

—No, fueron grandiosas —aseguró, tomando asiento en su escritorio, aun cuando de inmediato giró en su silla para poder ver de frente a Bunny, quien lo imitó—. Kaede estuvo feliz y le gustó el regalo, pero me preguntó por qué no habías venido.

—Sabes que no podemos tomar días libres al mismo tiempo —señaló Barnaby con seriedad, pese a que sonrió ante las palabras de Kotetsu.

Esa era una condición impuesta por Lloyds y Kotetsu no estaba de acuerdo con ella, sin importar cuánto escuchase sobre cómo Apollon Media no debía quedarse sin ningún héroe activo por un solo día y que era primordial que siempre estuviesen tan preparados para una emergencia como cuando estaban en la primera liga.

Eso último era algo que Kotetsu no discutía, mas la relativa tranquilidad en la ciudad durante los últimos meses y las pocas emergencias que dejaban en manos de la segunda liga lo convencían de que un par de días sin Tiger y Bunny en la ciudad no causarían mayores problemas.

—Lástima —expresó Kotetsu con sinceridad, No cabía ninguna duda de que a Kaede le encantaría tener a Bunny de visita y Bunny mismo quizás disfrutaría el cambio de escenario y lograría relajarse un poco en Oriental Town—. ¿Y cómo les fue?

Aunque él había pasado las festividades tranquilo con su familia y viendo la transmisión en vivo del desfile de los héroes de la primera liga, sabía que la segunda liga también había tenido un gran papel tras bambalinas.

Pensar en eso lo hacía sentir culpable de haberse ido justo en esa fecha, pero el hecho de que había elegido sus vacaciones mucho antes de escuchar qué planeaban encargarle a la segunda liga mitigaba eso lo suficiente para no sentir ninguna vergüenza a la hora de preguntar al respecto.

—No hubo muchas novedades. —Barnaby se encogió de hombros, luciendo indiferente—. Y el desfile fue un éxito.

—Sí, lo vimos. —Kotetsu había esperado escuchar alguna verdadera novedad, tal vez relacionada con el desempeño de los chicos o alguna anécdota de algo curioso que había ocurrido o incluso...—. ¿Y realmente no pasó nada?

Esa posible que su insistencia lo hubiese delatado, pues Barnaby alzó una ceja, interrogante.

—Lo que quieres —afirmó Bunny con un tono seguro a pesar de su gesto— es preguntar sobre Lunatic.

Eso solo era cierto en parte.

Por un lado, no quería pensar en Lunatic, quien por lo visto no había comenzado a entender como Kotetsu había querido creer que lo estaba haciendo y continuaba estando al mismo nivel que los asesinos que mataba; por otro, no podía negar que se preguntaba por qué se había enterado de su aparición por la portada de un periódico y no por HERO TV. Al fin de cuentas, la policía no bastaba para hacerle frente a un NEXT como Lunatic, por lo que no tenía sentido que los héroes, fuesen de la primera o de la segunda liga, no hubiesen intervenido.

Al final la curiosidad fue más fuerte.

—Vi los titulares —dijo Kotetsu, queriendo no verse tan interesado.

—No nos llamaron para hacernos cargo —replicó, reacomodando sus gafas en el puente de su nariz e hizo una pausa en la que mantuvo sus labios apretados en una fina línea, como si estuviese rememorando todos los detalles y no le agradasen—. Y tampoco involucraron a la primera liga —continuó.

—Pero...

—Según dicen —interrumpió Barnaby, luciendo pensativo— las primeras llamadas reportando haber visto a Lunatic no era confiables ni numerosas y cuando encontraron el cuerpo él ya no estaba en los alrededores.

Kotetsu recordaba haber escuchado algo similar antes, tras otros ataques de Lunatic, por lo que suspiró sonoramente.

—Así que volvió a escapar así como así.

Pero lo peor era la confirmación de que a pesar de sus pocas apariciones recientemente, todo indicaba que Lunatic no había cambiado su idea de justicia y planeaba seguir su con su oleada de asesinatos como si nada.

—Sí. —Barnaby dirigió su mirada hacia la pantalla como si estuviese considerando volver a concentrarse en el trabajo que había estado haciendo antes de la llegada de su compañero, mas una vez más se enfocó por completo en Kotetsu—. No pensé que te interesarían tanto sus posibles apariciones.

Kotetsu parpadeó, confundido. Él nunca había ocultado sus deseos de poner a Lunatic tras las rejas y nunca había dudado en ir tras él y aunque ahora estaba en una desventaja que sin duda le dificultaría perseguirlo como siempre si se topaba con él, no pensaba dejar de intentarlo.

—Es un idiota cara de guante que tenemos que detener —señaló con vehemencia—. ¡Obviamente que me interesa atraparlo!

—¿Tanto? —rebatió Bunny, cruzándose de brazos.

—¿Uh? —Kotetsu no entendía a qué punto quería llegar su compañero.

—Simplemente —suspiró Barnaby— no te había visto tomar su captura como algo tan personal.

Qué era lo que le había dado esa impresión a Bunny era algo que Kotetsu no sabía; aun así, desconocer el origen de ese comentario no le impedía saber la respuesta.

Lunatic lo había ayudado.

Estaba claro que bajo esa máscara de lunático había una persona con deseos de hacer lo correcto —aunque sus métodos eran los peores— y por eso había ido en auxilio de Kotetsu cuando había sido acusado falsamente.

Eso convertía a Lunatic en más que un criminal al que atrapar, pero también hacía que detenerlo fuese más importante para Kotetsu. Así que sí, tal vez ahora todo lo relacionado con Lunatic se había convertido, de alguna manera, en algo personal.

—No es eso —bufó, apartando su mirada. No estaba seguro de querer hablar de eso con Barnaby y revivir en el proceso todo el traumático incidente con Maverick; además, quería volver a su buen comienzo de año en lugar de seguir conversando sobre el idiota cara de guante—. ¿Qué tenemos para hoy?

Barnaby no parecía convencido ante esa no exactamente respuesta, mas no lo presionó y volvió a girar para enfocarse en la pantalla de su computador.

—Saldremos en quince minutos —le informó, reanudando su tecleo mientras hablaba—. La policía pidió el apoyo de la segunda liga para desmantelar una banda de ladrones de autos.

La perspectiva de tener un caso del que encargarse bastó para que Kotetsu estuviese de pie y listo para salir en menos tiempo del que le tomó a Bunny terminar lo que fuese que estuviese haciendo —un informe, sospechaba Kotetsu—, sonriente y ansioso de reanudar su trabajo.


El problema de las persecuciones era que lo único que solía salir como esperaba en ellas era el resultado.

Cuándo comenzaban dependía por completo de si el criminal de turno creía que podría huir, su ruta de escape era la que determinaba en dónde ocurrían y los incidentes que sucedían en el proceso eran completamente inevitables porque ¿cómo se suponía que sabría que tras esa esquina encontraría un auto parqueado y que por esa calle venía alguien con un coche de mercado?

Pero en este caso, era peor de lo usual, porque el malhechor que estaba tratando de atrapar se deslizaba por la calle como si ningún objeto sólido fuese un estorbo, mientras que él tenía que lidiar con ellos a la antigua: desviándose del camino, saltando o en el último de los casos, abriéndose paso a la fuerza a pesar de multa que eso le causaría.

Kotetsu estuvo a punto de maldecir en voz alta cuando el hombre atravesó la pared de un edificio de tres pisos, mas tras unos segundos de duda siguió su instinto y rodeó el edificio para intentar interceptarlo por el otro lado.

Era justo su suerte la que lo mandaba a ir tras el más escurridizo de los dos NEXTs que habían resultado ser miembros de la banda de ladrones de auto; entretanto Barnaby se estaba encargando del que aparentemente era capaz de expulsar vapor hirviente por su boca.

Por lo poco que había escuchado por el intercomunicador, Bunny parecía estar manteniendo la distancia, como si estuviese planeando algo.

¿Y él?

Empezaba a temer que no había acertado al asumir que el criminal continuaría corriendo en línea recta como había estado haciendo.

No tener apoyo visual desde el aire en la forma de uno de los helicópteros de HERO TV y de Agnes ordenándole por dónde ir y qué hacer basándose en lo que capturaban las cámaras era una desventaja en la que nunca había pensado, mas ahora la estaba sintiendo con toda su fuerza.

Considerando hacia cuál de los costados correr antes de que el malhechor desapareciese por completo, Kotetsu observó fijamente el edificio y fue gracias a eso que vio a alguien salir de este sin usar la puerta, caminando con lentitud y con su cabeza gacha, como si quisiese pasar desapercibido entre los transeúntes.

Ahí estaba.

—¡Detente ahí! —Kotetsu gritó una vez comenzó a correr.

No que avisarle de su presencia hiciese mucha diferencia, pues incluso la segunda liga conseguía llamar la atención durante cualquier caso y mientras él había aguardado a que aquel hombre saliese del edificio, varias personas se habían detenido a observarlo y al menos un muchacho había sacado su teléfono para grabarlo con el, por lo que sin duda el criminal habría notado su presencia gracias a eso tarde o temprano.

Como era de esperarse, el hombre se sobresaltó ante el grito y reanudó su carrera mirando sobre su hombro y aunque corrió a cruzar la calle y atravesó un poste en el proceso, no notó a la chica de bufanda roja que estaba en su camino y se tropezó con ella, trastabillando y maldiciendo en lugar de disculparse.

Así que su habilidad solo servía con objetos, no con personas...

Sintiendo que por una vez la suerte estaba de su lado, Kotetsu activó sus poderes y en cuestión de un parpadeo logró estar junto al hombre aun antes de que éste lograse reanudar su escape y con una sonrisa victoriosa, Kotetsu cerró sus dos manos alrededor de los brazos de éste.

Lo tenía.

Kotetsu no pudo dejar de sonreír cuando lo entregó a la policia, dándoles detalles sobre los poderes del NEXT que había atrapado antes de dirigirse hacia el lugar donde se encontraba Barnaby.

Era una lástima no saber cómo era que Bunny había conseguido derrotar al otro, pero el saber que podría preguntarle después al respecto llevó a que Kotetsu se concentrara en algo que lo había molestado desde que habían abierto las puertas del garaje que los ladrones habían convertido en su base, pues a pesar de que el elemento sorpresa había estado a favor de los héroes, se habían encontrado con algo inesperado.

—¿Por qué nadie nos avisó que habían NEXTs en la banda?

—Hay un límite en la información que pueden conseguir desde lejos —señaló Barnaby con un suspiro cansado—. Esa es una de las razones por las que pidieron nuestro apoyo.

Si bien podía entender eso, Kotetsu hizo una mueca de descontento.

Si tan solo alguien les hubiese dicho algo al respecto, quizás se habría ahorrado esa persecución y el costo de los daños de los que seguramente lo culparían.

—¡Señor Tiger, señor Barnaby! —El grito de Sumo Thunder, quien venía encabezando a los demás héroes de la segunda liga, interrumpió cualquier otra queja que Kotetsu podría haber querido decir.

—Buen trabajo —los felicitó Kotetsu, levantando su visera para dedicarles una sonrisa—. Conseguimos a todos, ¿no?

Hasta donde tenía entendido, mientras él y Bunny se habían encargado de los NEXTs, los chicos se habían apegado al plan y ayudado a la policia a arrestar a los demás ladrones, lo cual también merecía crédito.

—¡Sí! —exclamó Ms. Violet con una sonrisa brillante—. Y fue increíble verlos persiguiendo a esos dos.

Bombeman asintió en silencio, pero Chopman, tras él, suspiró:

—Aunque desearía haberlos ayudado.

—¡Esa es la actitud! —dijo Kotetsu al mismo tiempo en que Barnaby también habló.

—Ayudaron a la policía con los demás.

Estaba claro que Bunny también había querido animar a Chopman, pero el que prácticamente contradijese lo que Kotetsu acababa de decir lo hizo fulminarlo con la mirada. En su opinión, los chicos necesitaban tener más iniciativa y si ya estaban pensando en querer hacer más, deberían animarlos a actuar.

Barnaby lo ignoró y en lugar de continuar con esa conversación, preguntó:

—¿Tengo entendido que ya asignaron las rondas para hoy?

Bombeman fue el que respondió y en cuestión de minutos se separaron para comenzar con los turnos que les habían asignado.


La llegada de la hora del almuerzo solía significar un rato de descanso que pasaban en la parte de la ciudad en la que estuviesen, mas a diferencia de otros días, Barnaby aceleró y encaminó la moto hacia Apollon Media,

Incluso si no ocurría una emergencia, el tiempo libre que tenían no era mucho, por lo que sin duda había una razón para ello.

—¿De nuevo al taller de Saito? —trató de adivinar Kotetsu, curioso.

Barnaby asintió sin quitar su vista del camino.

—Quiere mi opinión sobre una mejora que planea hacer a nuestros trajes.

Que Barnaby pareciese casi entusiasmado al respecto, al menos si juzgaba por el hecho de que iban al máximo de velocidad permitida y que esta no era la primera vez que Saito consultaba algo con Bunny, bastó para que Kotetsu se alegrase por él.

Era bueno que tuviese un nuevo interés y que tuviesen que apurarse para recorrer media ciudad por ello era un precio que Kotetsu estaba dispuesto a pagar.

—¿Y no estoy invitado? —preguntó con una mueca descontenta, aun cuando eso, en realidad, le daba igual. Confiaba que si Bunny estaba involucrado, lo que fuese que Saito estuviese haciendo sería útil, pero apreciaría más usarlo que verlos trabajar en ello en el taller.

—Si quieres —afirmó Barnaby cuando se detuvo ya en el parqueadero de Apollon Media, mirándolo de reojo—. Todavía estamos resolviendo algunos problemas técnicos.

Eso sonaba como si Barnaby estuviese haciendo más que dar su opinión, lo que explicaba incluso más el que estuviese dispuesto a sacrificar sus descansos para trabajar en ello.

—Entonces paso —replicó Kotetsu con una sonrisa perezosa. Él sin duda estorbaría en el taller e incluso se aburriría viéndolos trabajar—. Diviértete.

Bunny le sonrió con agradecimiento y aunque ambos abandonaron la moto y se dirigieron al ascensor, Barnaby ni siquiera subió hasta el piso donde tenían sus casilleros personales para cambiarse.

—Volveré antes de las dos —prometió Bunny antes de dirigirse por el corredor que llevaba al taller de Saito.

—Justo a tiempo para patrullar —comentó Kotetsu en el instante en que las puertas se cerraron.

Eso significaba que tenía casi una hora completa para almorzar, lo que era tiempo de sobra para hacer justo eso y quizás tomar una siesta.

Aun así, Kotetsu no se sentía cansado y la idea de pasar esa hora solo casi lo hacía considerar devolverse y acompañar a Barnaby.

¿Qué podía hacer?

Sentarse en su cubículo a escribir el informe del arresto de esa mañana era una perspectiva incluso más desoladora y lo hacía querer salir corriendo de allí... y tal vez esa era la respuesta.

Kotetsu sonrió. Tenía una hora para ir, conseguir compañía para comer algo y regresar justo a tiempo para subir a su sidecar y continuar con su turno de patrullar por Bronze Stage.

De igual forma, hacía bien en comprar un sándwich o algo parecido para Bunny, en caso de que olvidase comer algo por estar trabajando, así que nadie podía culparlo por irse por un rato, ¿no?

Convencido de eso, Kotetsu se cambió en tiempo record, salió de Apollon Media y trotó en dirección a la Torre de la Justicia.

Solo habían pasado tres días desde la última vez que había visto a Yuri, pero el intervalo se sentía mucho más largo, quizás por la celebración y el cambio de año, quizás porque Yuri seguía sin contestar sus mensajes o quizás porque, por primera vez desde que había comenzado a visitar a Yuri, no tenía la más mínima idea de si lo encontraría en su oficina o no.

A pesar de que estaba consciente de que podía confiar en la obsesión de Yuri cuando se trataba de su trabajo, esta vez no sabía si hoy tendría que presidir algún juicio o a qué hora lo haría, cosa de la que solía enterarse gracias a que Yuri mismo acostumbraba a contarle el día anterior.

¿Acaso hacía mejor en llamarlo en lugar de ir directamente?

Kotetsu descartó esa idea tan pronto como la pensó.

Si Yuri estaba, seguramente le diría que se encontraba ocupado y Kotetsu no podría siquiera intentar convencerlo de almorzar con él; si lo veía, sin embargo, tendría una verdadera oportunidad de hablar con él, por lo que claramente valía la pena apostar a la posibilidad de encontrarlo.

Al llegar a la Torre de la Justicia, que hervía en actividad en contraste con la quietud que Kotetsu se había acostumbrado a ver durante la noche, Kotetsu decidió utilizar la escalera en vez de tener que aguardar en una de las filas para los ascensores y al llegar al piso en el que se encontraba la oficina de Yuri, cruzó sus dedos. Para su suerte, cuando golpeó dos veces la puerta que daba a la oficina de Yuri escuchó un escueto «Pase» en respuesta.

Había acertado al ir.

—¡Feliz año! —saludó Kotetsu con una gran sonrisa al entrar y cerró la puerta tras él con un suave empujón.

Como era de esperarse, Yuri estaba tras su escritorio y tenía varios folios frente a él, además de una pluma en su mano derecha con la que parecía estar firmando los documentos de turno.

En cuanto Kotetsu entró, Yuri detuvo su mano, mas se mantuvo inmóvil, con su cabeza inclinada sobre los documentos en lugar de dirigir su mirada hacia él.

Kotetsu no pudo evitar que su sonrisa menguara ante eso.

No era imposible que hubiese llegado en un momento realmente malo y Yuri estuviese frente a una fecha límite que no le permitía ni un solo segundo de distracción... aunque también era posible que solo estuviese sorprendido y simplemente se estuviese tomando su usual pausa para reponerse antes de reaccionar. Él solía hacer eso con bastante frecuencia, al fin de cuentas.

Aferrándose a esa esperanza, Kotetsu permaneció en medio de la oficina, aguardando.

—Feliz año, Wild Tiger —dijo Yuri pasado un largo rato, dejando la pluma a un lado con un cuidado exagerado y alzando su cabeza con una lentitud que casi parecía temerosa, pero sonrió con cortesía cuando sus ojos se toparon con los de Kotetsu—. No esperaba verlo aquí tan temprano.

Que Yuri se ocultase tras esa máscara de formalidad no era nada nuevo, por lo que Kotetsu volvió a sonreír de buen ánimo.

—Es mi hora de almuerzo —replicó Kotetsu, encogiéndose de brazos, y finalmente avanzó hasta quedar junto a las sillas de visitante, mas no tomó asiento—. ¿Y también la tuya?

Esa pregunta tentativa causó que Yuri entrecerrara sus ojos, luciendo tenso.

—¿Qué le hace pensar eso?

La suspicacia que Yuri estaba demostrando era demasiada; no obstante, Kotetsu eligió fingir no notarla, al menos por ahora.

—No pareces haber almorzado —pronunció y a pesar de que solo lo había dicho para sacar el tema de ir a almorzar, de inmediato se convenció de que había acertado y a la vez había descubierto la razón del mal humor que Yuri estaba intentando disimular; era normal que cualquiera estuviese así si tenía hambre. Pero además de eso, ahora que se fijaba, las ojeras de Yuri se veían más marcadas...—. O descansado —continuó, frunciendo el ceño en preocupación—. ¿Así de ocupado estuviste?

Yuri entrelazó sus manos sobre el escritorio, sin relajarse un ápice.

—Puede decirse —dijo al tiempo que asintió con su cabeza, causando que un mechón de cabello oscureciese su rostro—. Y todavía tengo algunos asuntos que resolver.

—¿Ya? —insistió Kotetsu. Si algo había aprendido era que lo mejor que podía hacer a la hora de tratar con Yuri era ser persistente, a no ser que estuviesen hablando de un tema delicado, como la familia Petrov.

Yuri apretó sus labios y permaneció en silencio por unos segundos.

—Es posible que tome un tiempo —murmuró, fijando su vista en sus manos.

Fuese lo que fuera que estaba preocupando a Yuri, ahora era evidente que se trataba de algo serio y no de un simple enojo pasajero a causa del hambre o de ver interrumpida su rutina de trabajo.

¿Qué había pasado en esos tres días?

Kotetsu estuvo a punto de preguntar justo eso, pero se mordió la lengua a tiempo.

Él ya le había ofrecido una mano Yuri y si Yuri todavía no planeaba aceptar su ofrecimiento y al menos contar con él para hablar, él solo podía comenzar a ayudarlo sacándolo de esa oscura oficina y obligándolo a descansar de sus interminables pilas de trabajo por un rato mientras esperaba a que Yuri decidiera confiar en él.

Y si eso no sucedía y Yuri seguía viéndose como si tuviese todo el peso del mundo sobre sus hombros, sería hora de preguntar e insistir así Yuri terminase echándolo de su oficina tal como lo había echado de su hogar.

—Entonces, vamos —dijo Kotetsu en un tono forzosamente animado.

Con un movimiento rápido, Yuri alzó su cabeza una vez más, luciendo confundido.

—Yo no...

—Te prometo que no te haré demorar —persistió Kotetsu, sonriendo de nuevo—. Se supone que tengo que volver a las dos.

Ver de reojo el reloj de la oficina le indicó que tendrían que apurarse, mas Yuri no se movió de su asiento, ni imitó a Kotetsu para ver qué tanto tiempo tenían.

—Usted realmente es... —murmuró, cubriendo parcialmente su rostro con una de sus manos.

¿Era qué?

Esa frase incompleta y ese gesto cargado de agobio desconcertaron a Kotetsu, dejándolo sin saber cómo reaccionar.

Él estaba seguro de que él no podía ser la causa de la actitud actual de Yuri, a pesar de que estaba consciente de que justo hoy había incrementado el trabajo de Yuri tras lo sucedido esa mañana —aunque no había sido su culpa y cualquier multa no sería realmente justa— y ahora estaba tratando de obligarlo a dejar su escritorio por unos minutos, mas eso no ameritaba un ademán así.

¿Acaso Antonio tenía razón al decir que él era el mayor dolor de cabeza de Yuri?

Pero eso no explicaba por qué, hasta ahora, Yuri había pasado tanto tiempo con él pese a que nada lo obligaba a hacerlo y aun cuando era cierto que él había tenido que insistir en muchas de esas ocasiones, una vez Yuri dejaba su renuencia de lado parecía incluso disfrutar las charlas y las comidas con Kotetsu.

Y además, eso no tenía relación con los "asuntos por resolver" que Yuri había mencionado...

—¿Yuri? —llamó, dubitativo.

Necesitaba que Yuri le dijera algo más para poder saber qué demonios estaba pasando y si tenía o no la culpa de ello.

El sobresalto de Yuri ante su voz fue visible; sin embargo, lo siguió un suspiro apenas audible.

—Yo tampoco tengo mucho tiempo disponible —informó Yuri, levantándose de inmediato aunque mantuvo su cabeza gacha usando la excusa de concentrarse en reunir los documentos sobre su escritorio para dejarlos guardados bajo llave en un cajón.

A pesar de eso, cuando finalmente terminó con esas distracciones y encaró a Kotetsu, su expresión había vuelto a la normalidad, más cortés que sincera, mas sin ninguna sombra de la desazón que había demostrado instantes atrás, como si todo hubiese sido obra de la imaginación de Kotetsu.

Pero había sido real.

El mal sabor que eso le provocaba paralizó a Kotetsu por unos segundos; sin embargo, el ver a Yuri moviéndose en dirección a la puerta lo hizo reaccionar de reflejo.

—Para eso está la comida rápida —comentó trotando tras él y una vez lo alcanzó, caminó a su lado por el corredor hasta llegar al ascensor—. ¿Alguna preferencia?

Yuri lo miró sobre su hombro, como si quisiese examinarlo con su vista, mas solo contestó una vez abandonaron el elevador.

—No particularmente.

Eso no era cierto y Kotetsu lo sabía, pues Yuri mismo había hecho algunos comentarios sobre sus gustos una de las noches que habían comido juntos.

—¿Ni siquiera en el postre? —cuestionó sin poder evitar sonreír con cierta burla.

Al escuchar eso, Yuri trastabilló. Que perdiera la compostura de esa manera era inusual, pero hoy esa palabra era tan apropiada para Yuri que Kotetsu no se sintió sorprendido.

—Si ya tienes una sugerencia... —pronunció con un deje de irritación en su voz que arruinó la pizca de cortesía que quizás había pretendido fingir con esas palabras.

¿Yuri se sentía avergonzado de haber confesado esa debilidad por el dulce? En otra ocasión, eso le habría hecho gracia a Kotetsu, mas ni siquiera pudo sonreír, incómodo tras esa pila de anormalidades.

—Allá. —Kotetsu se limitó a señalar un establecimiento en la otra esquina, donde, pese a la cantidad de gente entrando y saliendo, no se veían filas visibles como en otros.

Comer un sándwich a la carrera, sentados en las sillas altas de la barra y sin compartir muchas palabras no era lo que Kotetsu había buscado cuando había decidido ir por Yuri y Kotetsu pasó menos tiempo saboreando su almuerzo y más rumiando sobre cómo cambiar eso y odiando el que Yuri pareciese no querer ayudarlo a hacer justo eso, pues mantuvo su mirada en la lejanía y no pronunció ninguna palabra tras haber hecho su orden.

Cuando salieron minutos después, una vez Kotetsu pidió un segundo sándwich extralargo para llevar, y comenzaron a dirigirse a la Torre de la Justicia, Kotetsu ya había llegado a su límite.

Aun si podía respetar hasta cierto punto lo reservado que era Yuri, no soportaba la idea de despedirse como si nada cuando era obvio que Yuri no estaba bien.

—Yuri. —Kotetsu cerró su mano derecha alrededor del brazo izquierdo de Yuri, deteniéndolo forzosamente en la mitad de la calle—. Sabes que puedes contar conmigo, ¿no?

Yuri flexionó su brazo, tenso, mas no hizo ningún movimiento para liberarse de su agarre y giró su cabeza solo lo suficiente para observar a Kotetsu.

—Lo dijiste antes —replicó Yuri y tras una pausa en la que mantuvo sus labios apretados, añadió—: sí.

Que Yuri lo recordara era algo bueno, que a pesar de eso no estuviese diciéndole nada más no lo era.

—No lo olvides —reiteró Kotetsu, mirándolo a los ojos al tiempo que lo soltó. Eso era todo lo que podía hacer por ahora; el resto dependía de si Yuri quería aceptar la mano que le estaba ofreciendo o no.

Por unos segundos, Yuri permaneció inmóvil, con su mirada fija en Kotetsu como si estuviese examinándolo en busca de... ¿qué? ¿Acaso dudaba de la sinceridad de su ofrecimiento?

Como si Yuri desease confirmarle justo eso, dibujó una sonrisa postiza en su rostro.

—Que tengas una buena tarde —dijo y se alejó a paso rápido antes de que Kotetsu pudiese mencionar algo sobre acompañarlo hasta la torre.


Regresar a Apollon Media y encontrar a Bunny vestido de civil y aguardando por él en el primer piso, junto al ascensor, con sus brazos cruzados y el ceño fruncido, no era lo que Kotetsu esperaba, pero quizás por eso mismo debería haberlo presentido.

Estaba claro que hoy no era su día, por mucho que hubiese llegado a Sternbild convencido de que todo seguiría saliendo tan bien como la celebración de año nuevo en Oriental Town lo había hecho.

—¿Dónde estabas? —cuestionó Barnaby con un tono impaciente.

—Trayendo eso —señaló Kotetsu, alzando su brazo izquierdo para mostrarle el paquete que llevaba en el—. Olvidaste comer algo, ¿cierto? —bufó Kotetsu, ofreciéndoselo.

Bunny recibió el paquete con recelo, mas una vez examinó sus contenidos su expresión se ablandó.

—Pensaba almorzar algo en el camino —dijo con un tono casual al tiempo que sacó una de las servilletas de papel que se encontraban en el fondo para tomar el sándwich con ella.

Que Barnaby se dedicase a comer de inmediato delataba lo hambriento que estaba y el que ni siquiera hiciese una pausa en el ascensor, como si no planease detenerse ni dejar de comer en ningún momento, animó a Kotetsu a bromear.

—Así que hoy será mi turno de conducir...

Bunny lo miró de reojo con el ceño fruncido, pero se tomó su tiempo para terminar de masticar antes de hablar.

—No, no lo es —replicó al fin, mas una vez terminó su almuerzo tras un par de bocados más añadió—: Gracias, Kotetsu.

—Podrías haber dicho eso desde el comienzo —dijo Kotetsu, suspirando de manera exagerada.

Sin duda el mundo —y su día— sería mejor si Bunny fuese más sincero, Yuri decidiese ser más abierto y Lunatic dejase sus andanzas asesinas.

—Olvidaste la bebida. —Ese comentario hizo que Kotetsu observase a Bunny con la boca abierta y que reaccionara con lentitud cuando las puertas del ascensor se abrieron, dando camino al piso al que iban.

—Estás quisquilloso —se quejó, quitándose su gorro y pasando una mano por su cabello, con un mohín molesto. No merecía que Barnaby le reclamase por ese pequeño descuido.

—Podría decir lo mismo —pronunció Bunny, mirándolo de reojo—. ¿Pasó algo?

¿Aparte de Yuri comportándose anormalmente e intentando pretender que no pasaba nada y negándose a confiar en él?

Pero contarle eso a Bunny requeriría una larga explicación que en ese momento no se sentía con el ánimo de dar y si Yuri se llegaba a enterar, en verdad se molestaría con él.

—Nah. —Kotetsu cerró los ojos y dejó escapar una larga exhalación—. Nada serio.

—Mmm... —Barnaby no lucía convencido, mas dejó el tema de lado y antes de cambiarse y salir de regreso a la ciudad, se tomó un minuto para comprar un par de bebidas, una de las cuales se la ofreció a Kotetsu.

Si ese era un gesto de agradecimiento por el sándwich o un intento de animarlo, Kotetsu no lo sabía, aun así aceptó la bebida con una gran sonrisa y un comentario sobre los puntos buenos de Barnaby.

Bunny puso sus ojos en blanco y se limitó a indicarle que debían apurarse, pero era evidente que no estaba irritado, por lo que Kotetsu se propuso a concentrarse en su trabajo y no distraerse pensando en lo que no había salido bien hoy.

Lo último que quería era hacer que su compañero se preocupara por él, al fin de cuentas.


Como de costumbre, Kotetsu tomó una larga ducha en cuanto a llegó a su apartamento, mas a diferencia de otros días no fue directo a su cama, sintiéndose todavía demasiado despierto y eso no era ninguna sorpresa, pues según el reloj más cercano todavía faltaban un par de horas para su usual hora de llegada.

Decidido a continuar con su típica rutina como si nada, pese a que eran más las veces que hacía gran parte de ella en el camino a casa, su segunda parada fue en el teléfono, pero siguiendo el patrón del día, su madre lo recibió con la noticia de que Kaede no estaba.

—Fue a quedarse con una amiga —le dijo con paciencia—. Muramasa fue a llevarla esta tarde.

—¿Y no me dijo nada? —pronunció Kotetsu con un tono lastimero—. ¡Si nos vimos esta mañana!

—Lo decidieron esta tarde —interrumpió Anju y tras un suspiro, tal vez en un intento de acabar con sus lamentos, añadió—: Sabes, Kaede ha estado quejándose porque no transmiten la segunda liga.

—Claro —resopló Kotetsu, aunque no pudo evitar sonreír; todo lo que se refería a Kaede tenía ese efecto en él—, con Barnaby en ella...

—Y por ti —añadió Anju—. La mamá de Kathy me dijo que Kaede habla de ti cada vez que Kathy tiene problemas controlando sus poderes.

El que ahora no solo reconocía los nombres de las amistades de Kaede, sino que realmente sabía a quiénes pertenecían, era casi tan bueno como saber que su hija lo estaba mencionando como un ejemplo a seguir cuando apoyaba a sus amigas. Lo único que podría ser mejor que eso era que Kaede misma se lo dijese.

Más animado, Kotetsu no titubeó en responder las preguntas de su madre sobre su día una vez la conversación se desvió hacia él.

—Mañana llamaré más temprano —dijo Kotetsu una vez se quedó sin qué contar y su madre le aseguró que todo seguía bien en Oriental Town—, lo prometo. —Y así podría hablar con Kaede, incluso si ella hacía planes para otra pijamada con sus amigas.

—No antes de las siete —le advirtió Anju—. Kaede va ir a trabajar por la tarde en un proyecto escolar en casa de Rika.

¿Y por qué harían tal cosa cuando todavía tenían unos días de vacaciones por año nuevo? Kotetsu decidió no preguntarlo; sabía que Kaede, como su madre, era responsable y él estaba orgulloso de ello.

—Entendido.

Tras desearle buenas noches a su madre, Kotetsu finalizó la llamada y a pesar de que pasó varios segundos sonriendo, suspiró sonoramente una vez volvió a confirmar la hora.

Recorriendo la ciudad, deteniendo ladrones —tres— y ayudando de otras formas variadas —enderezando un camión de mercancía volcado, recuperando a una manada de perros que habían escapado de una clínica veterinaria y evacuando un edificio donde habían detectado un escape de gas— la tarde se había pasado en un parpadeo, pero ahora la noche iba a la par con un caracol.

Decidido a no mirar más el reloj, Kotetsu prendió el televisor y se dirigió a la cocina, queriendo preparar algo viendo HERO TV.

Mientras él y Bunny habían estado en Bronze Stage, la primera liga había sido llamada y aunque Kotetsu había alcanzado a ver a Sky High en una de las muchas pantallas de la ciudad, el estar lidiando con tres labradores y un pastor alemán no le había dado ninguna oportunidad de enterarse de mucho.

Por lo que podía ver ahora, en la repetición, se había tratado de un intento de robar un banco y en el proceso de frustrarlo, Blue Rose y Sky High demostraron que esta temporada también serían los principales competidores por el primer puesto, aun cuando los demás héroes también pusieron de su parte.

Kotetsu logró terminar de preparar su arroz frito, sacar una cerveza de la nevera y sentarse en su sofá justo a tiempo para ver el momento en que Blue Rose atrapó a los últimos ladrones al congelar el auto en el que trataron de escapar.

Después de eso, ver a Fire Emblem usando sus llamas para sacarlos y que la policía pudiese arrestarlos en menos tiempo del que le tomaría al hielo derretirse le sacó una carcajada.

Aunque seguramente Agnes había estado extasiada al conseguir esa escena, no dudaba que se convertiría en una anécdota entre los héroes, pues pocas veces mostraban un entusiasmo tal en capturar a los malhechores que los criminales mismos necesitaban un rescate tras ello.

Luego de eso, la repetición de ese episodio de HERO TV llegó a su fin, dando paso a otras noticias de la ciudad.

Kotetsu puso su plato sobre sus rodillas y usó su mano derecha para seguir comiendo mientras que con la izquierda presionó un botón del control remoto para pasar de un canal a otro, mas desocupó el plato y la lata antes de encontrar algo interesante.

Con un nuevo suspiro, Kotetsu se detuvo en un canal cualquiera y cerró los ojos.

¿Qué solía hacer para que las noches no le parecieran eternas?

Cuando todavía estaba en la primera liga, el deber solía llamar en cualquier instante y más de una vez había tenido que salir en medio de la noche y desde que Barnaby se convirtió en su compañero, el acompañarlo a alguna grabación extra o a una entrevista en cualquier momento libre que tuviesen, sin importar la hora, no había sido inusual.

Cuando el crimen y el trabajo que no parecía propio para un héroe no se hacían presentes, siempre podía contar con Antonio para tener compañía en el bar de los héroes o algún otro lugar y de vez en cuando Bunny mismo aceptaba pasar el rato con él aun si nada los obligaba a ello, especialmente después del incidente con Jake Martinez.

La segunda liga había cambiado eso.

Si lo pensaba bien, el no trabajar en los mismos casos que Antonio había llevado a que se viesen con menos frecuencia y aunque el retorno de Barnaby había traído también de vuelta las ocasionales salidas con él —y también las noches de escribir informes, cuando Bunny decidía que debían ser más responsables de lo necesario e insistía que no podemos dejar eso para mañana—, no era algo de todos los días.

La única razón por la que no había terminado casi todos los días regresando a un apartamento vacío sin saber qué hacer era su nueva costumbre de visitar a Yuri.

Suspirando por la que se sentía la doceava vez, Kotetsu abrió sus ojos, se levantó con pereza y se dirigió a la cocina para dejar todo en ella.

¿Podía guardar la esperanza de que Yuri le diese la bienvenida nuevamente el día siguiente o tendría que buscar qué hacer?

No era que careciese de opciones, al fin de cuentas.

Si Bunny estaba ocupado, podía intentar llamar a Antonio o probar su suerte e ir a alguno de los bares donde Karina solía cantar o hacer algo con los chicos de la segunda liga o incluso invitar a Ben a un trago, pues no recordaba haberlo visto fuera de Apollon Media desde que él había regresado a Sternbild.

Sin ganas de lavar platos en ese instante, Kotetsu se limitó a dejar todo con agua y sacó de la nevera una segunda cerveza, la cual abrió de inmediato para tomar un largo sorbo, recostándose contra el mesón e ignorando el murmullo de la televisión.

No era que no quisiese hacer nada de eso, pero no le agradaba el pensar que podrían pasar días hasta que pudiese volver a visitar a Yuri.

¿Quizás porque esa tarde se habían despedido en tan malos términos?

No era como si Yuri le hubiese cerrado una puerta en la cara otra vez, mas a pesar de que había almorzado con él y sido perfectamente cortés —si ignoraba su persistente silencio—, a Kotetsu le costaba no recordar ese incidente y compararlo con lo ocurrido esta tarde.

La diferencia, claro, era que en esa ocasión él había entendido que era su culpa, que se había extralimitado al pedirle a Ben que lo ayudara a conseguir su dirección para ir a verlo; esta vez, en cambio, no recordaba haber hecho nada que irrespetase la excesiva privacidad que le gustaba mantener a Yuri.

Tal vez todo podía resumirse en había llegado en un mal momento, mas Kotetsu no se sentía satisfecho ante esa posible explicación.

Kotetsu tomó otro trago, queriendo dejar de darle vueltas a ese tema, al menos por ahora.

El súbito sonido del timbre lo sobresaltó. A pesar de eso, dejó su cerveza casi terminada en la barra y corrió hacia la puerta, la cual abrió sin revisar primero de quién se trataba.

Ver frente a él a Yuri Petrov, con su traje gris y su maletín en mano lo dejó boquiabierto.

Él no había causado ningún daño particularmente serio como para que mereciese una visita de trabajo y no había pensado que Yuri querría verlo tan pronto, pero ahí estaba.

—Buenas noches —saludó, inclinando un poco su cabeza y consiguiendo oscurecer parte de su rostro con su cabello.

—Sigue —dijo Kotetsu y notando tardíamente que quedándose parado frente a la puerta le impedía hacer tal cosa, se movió a un lado y repitió—: sigue.

Yuri titubeó, mas dio un par de pasos hacia el interior del apartamento mientras paseó su mirada por el, visiblemente curioso.

Aunque Kotetsu no podía decir que estaba en perfecto orden, pues los platos y ollas sucios en el levadero y la bolsa de basura que había olvidado sacar esa mañana eran demasiado evidentes, la ausencia de las cajas de su mudanza —que finalmente había botado un día antes de sus vacaciones de fin de año— bastaba para que sintiese que no necesitaba avergonzarse por el estado de su apartamento.

—No me tardaré —dijo Yuri en el mismo instante en el que Kotetsu cerró la puerta, girando en sus talones para encararlo.

Esas tres palabras, dichas con firmeza, hicieron que Kotetsu frunciera el ceño. Ya estaba ahí, incluso había entrado, por lo que no tenía sentido que Yuri se quedara parado y se fuera en cuanto terminase lo que fuese que había ido a hacer.

—Sabes que no es molestia —insistió Kotetsu, considerando distraídamente ofrecerle algo, y le hizo un gesto con una de sus manos para que se dirigiera a la sala. Sabía que tenía que descartar una cerveza y no tenía té, pero quizás Yuri aceptaría un café—. Y...

—Kotetsu... —interrumpió Yuri; no obstante, se calló y posó su vista en el suelo, como si estuviese repasando lo que quería decir.

La tentación de aprovechar esa vacilación para convencerlo de quedarse un rato más era mucha, aun así, Kotetsu decidió esperar. Yuri lucía tenso, mas dispuesto a hablar y esa era la primera muestra de confianza que Yuri había exhibido en todo el día.

—Agradezco tus buenas intenciones —pronunció tras unos segundos, volviendo a alzar su rostro y mirándolo a los ojos—, pero no se trata de algo en lo que puedas ayudarme.

—¿Ni siquiera escuchando? —probó Kotetsu con una sonrisa.

—No.

—Oh... —La respuesta inmediata de Yuri convirtió la sonrisa de Kotetsu en una mueca descontenta.

—Y estaré ocupado en los próximos días —continuó Yuri, inclemente.

Kotetsu cruzó sus brazos y se recostó contra la puerta, repentinamente exhausto.

—¿Con eso? —Si al menos Yuri se dignara a ser más específico, quizás él lograría dejar de sentir que estaba recibiendo un claro mensaje de «prohibido el paso».

—Y otras cosas —replicó Yuri con un suspiro cansado—, incluyendo un juicio adicional temprano en la mañana.

Aunque Yuri tuvo la gracia de no lucir irritado por ello, el que lo estuviese observando fijamente dejaba claro a qué se refería.

—Nadie nos advirtió que tendríamos que enfrentarnos contra NEXTs —se defendió Kotetsu, sintiéndose más culpable de lo que quería aceptar. Incrementar el trabajo de Yuri era una de las últimas cosas que quería hacer.

—Te recomiendo que reserves eso para tu testimonio —indicó Yuri y apartó su mirada por un momento. El silencio estaba una vez más presente, mas la incomodidad que había estado presente durante el almuerzo no estaba ahí—. Buenas noches, Kotetsu.

A pesar de las palabras de despedida, Yuri estaba mirándolo de nuevo como si estuviese analizándolo tal como había hecho esa tarde, pero esta vez no estaba siendo totalmente escéptico, no estaba negándose a darle la más mínima oportunidad, se estaba tomando su tiempo antes de llegar a un veredicto.

Eso contaba como algo, ¿no?

—Descansa, Yuri —dijo Kotetsu con una sonrisa, consciente de que Yuri había dado por terminada la conversación, y descruzó sus brazos y se apartó para que él pudiese salir.

Kotetsu aguardó hasta que no pudo ver a Yuri en el corredor para cerrar la puerta y sintiéndose ligero, volvió a la cocina sin ninguna prisa.

Si bien se sentía en medio de una rutina en la que Yuri, tal como la marea, se alejaba temporalmente por razones que sonaban como excusas, el hecho de que Yuri había buscado que quedaran en mejores términos y el que había ido a verlo personalmente para ello hacía una gran diferencia.

Él vivía al otro lado de la ciudad, al fin de cuentas, y pese a eso había decidido ir en lugar de llamarlo o enviarle un mensaje.

De nuevo.

Kotetsu había estado a punto de agarrar su bebida abandonada, mas se detuvo en seco, paralizado al caer en cuenta de eso.

Quizás el haber caído en la costumbre de ser el que iba a buscarlo lo había llevado a olvidarlo, pero antes, Yuri había conducido por horas hasta Oriental Town solo para disculparse o para decirle que estaría más ocupado de lo usual por un tiempo, esforzándose por mantenerse en contacto y en buenos términos con él.

Incapaz de pensar en nada excepto eso, Kotetsu dejó escapar una corta risa nerviosa y finalmente tomó su cerveza y bebió lo que quedaba de esta de un solo trago, indiferente ante el hecho de que ya no estaba realmente fría.