La luna que aparece de día IV
Kotetsu permaneció inmóvil viendo la Torre de la Justicia frente a él, tenso, sin deseos de recorrer el poco terreno que lo separaba de la entrada.
Eso no se debía al juicio, aun cuando recientemente estos se había vuelto más incómodos de lo usual, pues la mirada de desaprobación de Yuri lograba hacerlo sentirse más culpable que cualquier sermón de Lloyds; pero hoy, que quería intentar no pensar en Yuri y el descubrimiento que había hecho sin querer la noche anterior, era peor.
La noche anterior había pasado suficiente tiempo dándole vueltas al asunto en el sofá, frente a un televisor prendido al que no le prestó atención, y luego también en su cama, mientras trataba de dormir, mas eso no lo había ayudado en nada.
Él había estado consciente desde un comienzo de que, al principio, la motivación de Yuri había sido laboral.
Él era minucioso con su trabajo, quizás más de lo necesario, y no dudaba en encargarse personalmente si era necesario.
¿Y qué había pasado luego?
Kotetsu no lograba precisar en qué momento las apariciones de Yuri habían dejado de ser causadas por obligación o en respuesta a la insistencia de Kotetsu; sin embargo, sí sabía que pensar en sí mismo lo llevaba al mismo callejón sin salida.
Ver a alguien que requería ayuda y no hacer nada para ofrecérsela era algo que Kotetsu no podía hacer y Yuri había aparecido frente a él con la apariencia de alguien que necesitaba un buen descanso y que no tenía intenciones de tomar uno pese a que incluso algo parecía estar mal con uno de sus brazos.
El problema venía después.
En algún momento había llegado a apreciar la compañía de Yuri, cosa que no planeaba negar. No obstante, cuándo había sucedido y cómo era un misterio, pues Yuri no facilitaba nada con su formalidad y sus excusas y tal vez gracias a eso, cada vez que lograba descubrir algo de Yuri sentía que había ganado algo.
¿Y Yuri? ¿Qué era lo que Yuri pensaba de Kotetsu y lo impulsaba a seguir aceptando e incluso buscando su compañía?
Considerar la respuesta a esa pregunta paralizaba a Kotetsu.
La noche anterior había encontrado parte de ella y sin siquiera buscarla y ahí residía la razón de su nerviosismo actual.
Yuri lo apreciaba mucho más de lo que Kotetsu había creído posible y eso... eso era inesperado y casi irreal.
¿Quizás estaba equivocado y Yuri se tomaba sus —pocas— relaciones sociales tan en serio como su trabajo? ¿O quería estar equivocado? ¿O quería estar en lo cierto? ¿Y...?
Kotetsu sacudió su cabeza, deseando olvidar esas preguntas, al menos por un rato, mas volver a fijarse en la Torre de la Justicia trajo a Yuri de regreso a su mente.
¿Cómo debía actuar ahora? No que pudiese acercarse a saludarlo o siquiera sonreírle durante el juicio, pero tarde o temprano tendrían la oportunidad de verse en otra situación. Aunque, claro, Yuri había dicho que necesitaba tiempo y Kotetsu sospechaba que Yuri lo esquivaría hasta que lograse lo que fuese que tuviese que hacer. ¿Y cuánto tomaría eso?
—¿Kotetsu?
Sobresaltado, Kotetsu giró en sus talones y encontró a Bunny a poca distancia, caminando hacia él sin ninguna prisa.
—Bunny, llegas temprano —saludó Kotetsu, esforzándose por sonreír como si nada.
Tal mueca no sirvió para engañar a Barnaby, pues él entornó sus ojos, luciendo preocupado cuando se detuvo junto a él.
—¿No dormiste bien?
—¿Uh? —Kotetsu tuvo que tomarse un segundo para procesar la pregunta—. Sí, sí dormí, solo...
«Solo estaba distraído pensando en Yuri» sonaba como algo que no debía decir, por lo que Kotetsu se limitó a gesticular hacia la Torre de la Justicia, la cual se veía inusualmente imponente gracias a las nubes negras sobre ella y la incertidumbre que seguía pesándole a Kotetsu.
—Ya deberías estar acostumbrado —bufó Bunny, cerrando sus ojos con resignación por unos segundos.
—Lo dices como si viniera todos los días —se quejó Kotetsu, mas al decirlo notó que eso era justamente lo que había estado haciendo últimamente.
Aunque sin duda Bunny se refería a los juzgados y Kotetsu había visitado con más frecuencia una oficina en uno de los pisos superiores, por lo que no se trataba de una mentira y Kotetsu no sintió ningún deseo de retractarse de lo dicho, pero reparar en ello fue aturdidor.
Prácticamente podía decir que él había buscado a Yuri tanto como Yuri lo había buscado a él...
—Espero que nunca llegues a ese punto —suspiró Barnaby, sin sonar realmente irritado, al tiempo que reanudó su andar.
Volviendo a la tierra gracias a las palabras de su compañero, Kotetsu golpeó sin mucha fuerza sus propias mejillas.
—Terminemos con esto —murmuró para sí mismo y corrió tras Bunny.
El haber sido citados para el primer juicio del día significaba entrar a la Torre cuando eran pocas las personas allí, por lo que era imposible no atraer algo de atención como no lo hacían allí a otras horas y si bien la mayoría de personas con las que se cruzaron parecían más interesadas en Barnaby, Kotetsu recibió una sonrisa tintada de conmiseración de un par de conocidos, un guardia y una recepcionista, durante el recorrido hasta la corte en el segundo piso.
Kotetsu les agradeció a ambos con una ligera inclinación de cabeza, aun cuando no pudo consolarse con ese inesperado apoyo, pues la perspectiva de lo que estaba por venir pesaba más.
¿Podía esperar un juicio rutinario, en el que Yuri mantendría su máscara de juez inexpresivo? ¿O, por el contrario, descubriría si Yuri estaba tan aturdido como él se sentía?
—¿Crees que esta vez no nos cobraran por todo? —preguntó Kotetsu en un murmullo, queriendo llenar el silencio mientras aguardaban a que el juez entrase a la sala.
—No podría decirlo —susurró Barnaby, mirándolo de reojo—. No vi lo que pasó.
Queriendo lamentarse en broma por la falta de aliento que Bunny le estaba dando, Kotetsu abrió su boca, mas la entrada de Yuri a la sala interrumpió la conversación e hizo que todos los presentes se levantaran casi al mismo tiempo.
Kotetsu fue uno de los últimos en hacerlo y solo recordó tardíamente quitarse su gorro y sostenerlo contra su pecho, pero Yuri no pareció notarlo y el juicio comenzó sin ningún contratiempo.
Tal como quizás debería haberlo esperado, fue como siempre: la evidencia, incluyendo algunos videos grabados por algunas personas durante la persecución, fue escrutada; los afectados por los daños dieron su versión de los hechos y Kotetsu pudo quejarse de la falta de advertencia sobre lo que iban a enfrentar y remarcar que todos los daños habían ocurrido mientras hacía su máximo esfuerzo para atrapar al criminal.
Y durante todo ese proceso Yuri no dirigió su atención en su dirección una sola vez.
Si además de querer alejarlo por un tiempo, Yuri también planeaba ignorarlo cuando se cruzaran por razones de trabajo, ¿cómo se suponía que descubriría qué era lo que Yuri opinaba y quería exactamente? ¿Y cómo lograría saber cuándo volvería a ser bienvenido si iba a buscar a Yuri en su oficina?
Pensar en eso era frustrante y Kotetsu pasó los últimos minutos del juicio fulminando a Yuri con su mirada e ignorando las últimas palabras que el abogado de Apollon Media dijo a su favor.
La única razón por la que cayó en cuenta de cuándo llegó el momento en que tenía que levantarse para recibir su veredicto fue porque Bunny le dio un suave codazo e incluso eso no bastó para que prestase atención, ya que ese también fue el instante en el que finalmente Yuri posó su vista en él.
Yuri lucía como el perfecto ejemplo de imparcialidad gracias a su expresión totalmente neutra y su tono firme y carente de emoción, mas sus ojos carecían de la intensidad que usualmente lograba hacerlo verse como un temible juez y sus ojeras parecían tan marcadas como el día anterior.
¿Acaso ya estaba tan ocupado que ni siquiera había dormido bien?
Lo creíble que sonaba esa posibilidad derritió la irritación de Kotetsu y dejó en su lugar una ola de preocupación que lo llevó a fruncir ligeramente el ceño.
—Apollon Media deberá pagar el monto total de los daños —finalizó Yuri, golpeando el mazo.
El sonido sobresaltó a Kotetsu más que las pocas palabras que llegó a escuchar y sin pensarlo, parpadeó un par de veces.
Cuando volvió a enfocar su atención en Yuri, descubrió que el juez ya había vuelto a concentrarse en su trabajo y que todo estaba siendo organizado para el próximo juicio.
—Vamos, Kotetsu —lo instó Barnaby, comenzando a andar hacia la salida.
Con menos ideas que nunca sobre qué hacer respecto a Yuri, Kotetsu siguió a su compañero y dejó el lugar tras mirar una última vez por encima de su hombro hacia el sillón alto en el que se Yuri encontraba.
Kotetsu anduvo a paso lento una vez salieron de la Torre de la Justicia, incapaz de impedir que una mezcla de inquietud, incertidumbre y molestia causada totalmente por Yuri pesara sobre su espalda.
Aun así, sabía bien que no podía dedicarse a pensar en eso durante el día tal como lo había hecho durante la noche.
Para comenzar, tal cosa no solucionaría nada, pero quizás si le crearía problemas a su compañero y eso era lo último que Kotetsu quería.
Kotetsu tomó una larga exhalación y una vez dejó escapar el aire, aceleró su paso para alcanzar a Bunny, quien ya estaba en la esquina donde la furgoneta blanca de Apollon Media los estaba esperando.
—¿Y las rondas del día? —cuestionó, decidido a enfocarse solamente en su trabajo durante el resto del día.
—Ya tengo la ruta y las instrucciones —replicó Bunny con ese tono que parecía al borde de exasperado porque Kotetsu no se había tomado un momento para revisar su propio correo para ver por sí mismo por dónde patrullarían y qué tipo de actividades criminales podrían encontrar en esa área—. Y al mediodía —añadió— iremos a la alcaldía para los preparativos para mañana.
—¿Mañana...? —repitió Kotetsu, confundido. No recordaba nada en particular que requiriese que fuesen a la alcaldía para alistar algo.
Barnaby abrió la puerta lateral de la furgoneta y subió al tiempo que le respondió.
—El almuerzo organizado por el alcalde por el comienzo del año.
—Ah.
Era un evento anual y justo el tipo de fiesta a la que asistían demasiadas figuras reconocidas de la ciudad.
Él recordaba que años atrás la primera liga había tenido que intervenir por un intento de secuestro durante esta y algo había escuchado sobre que, después de ese incidente, habían mejorado la seguridad, por lo que no era ninguna sorpresa de que este año incluyeran también a la segunda liga como un equipo de apoyo inmediato.
Sin duda eso bastaría para disuadir a la mayoría de malhechores que considerasen hacer algo contra cualquiera de los políticos, dueños de empresas y personas del mundo judicial de Sternbild...
Kotetsu contuvo el aliento, cayendo en cuenta de lo que eso significaba.
—También va a estar ahí, ¿no? —murmuró para sí mismo mientras subió a la furgoneta, tras lo cual cerró la puerta tras él y suspiró. Era como si incluso cuando estaba intentando no pensar en Yuri algo lo llevaba de regreso a él.
—¿Quién? —cuestionó Barnaby, quien obviamente había alcanzado a escucharlo.
«Yuri». Kotetsu se detuvo a tiempo antes de decirlo y aunque consideró decir «Petrov», sonaba tan extraño ahora que Yuri no era un desconocido que no pudo hacerlo.
—El juez —decidió decir al fin al tiempo que se dejó caer en un asiento.
Barnaby lo vio de reojo con el ceño ligeramente fruncido, como si le pareciese extraño que Kotetsu siquiera lo mencionase.
—Imagino que sí —pronunció con lentitud y en el mismo instante en el que el auto arrancó, lo miró a los ojos—. ¿Te preocupa encontrarte con él?
—Sé que no vamos a estar en el almuerzo —resopló Kotetsu, apartando su vista y fijándola en las ventanas traseras.
Aunque todavía no había escuchado nada sobre los planes de seguridad, Kotetsu estaba dispuesto a apostar que ellos estarían alrededor del perímetro junto a algunas patrullas de policía y que gran parte de la seguridad interna estaría a cargo del equipo personal de alcalde y quizás de la empresa privada encargada de la organización del evento mismo.
Y si ese era el caso, seguramente no vería a Yuri en ningún momento.
No estar seguro de si eso era mejor o no llevó a Kotetsu a apretar sus labios y permanecer en silencio mientras veía la ciudad por la ventana, sin realmente fijarse en ella o en la dirección en la que iban.
—No creo que Petrov tenga algo contra ti —dijo Barnaby de repente poco después.
Sintiéndose culpable por haber hecho preocupar a Bunny tanto como para hacerlo querer intentar animarlo, Kotetsu se obligó a sonreír en su dirección.
—Lo sé.
Eso, por lo menos, era un hecho que no creía que Yuri mismo negaría, mas por alguna razón no podía usarlo como consuelo.
No era que Kotetsu prefiriese que ocurriesen crímenes, por el contrario.
Una ciudad tranquila y segura era mejor para todos, pero no podía negar que poder actuar cuando algo ocurría borraba de su mente cualquier preocupación, permitiéndole concentrarse por completo en ser un héroe y hacer su mejor esfuerzo para salvar el día, tal como estaba haciendo ahora.
En cuanto habían recibido el llamado, Kotetsu había subido de un salto a su sidecar, listo para intervenir en cuanto llegasen al lugar del crimen.
Bunny, como de costumbre, se había encargado de escuchar los detalles mientras condujo hacia el lugar donde se había producido el robo y en el camino le había informado lo principal: el color y la marca de la camioneta robada, la descripción de los dos ladrones y por dónde estaban huyendo.
No les había tomado demasiado llegar a la avenida indicada y encontrar la camioneta, fácil de reconocer por la exagerada velocidad con la que iba y las maniobras que el conductor estaba haciendo para adelantar a los demás autos, y ahora era la hora de detenerlos y debían hacerlo pronto, pues era cuestión de tiempo para que perdieran el control del vehículo o algún civil asustado frenase o cambiase de carril en el peor momento.
La pregunta era cómo hacerlo.
Viendo el desenfreno con el que estaban manejando, estaba claro que una barricada no serviría a no ser que quisiesen arriesgar las vidas de los ladrones y quizás era por eso que la policía había contactado a la segunda liga en lugar de encargarse personalmente.
Lo mejor, sin duda alguna, sería esperar a que Barnaby lograse acercarse un poco más a ellos, activar sus poderes, saltar de su sidecar para obstruir físicamente el camino y si no frenaban al verlo, él los haría frenar a la fuerza.
Decidido, Kotetsu observó a Bunny de reojo y abrió su boca, mas no alcanzó a explicar su idea.
—No.
—¡Pero todavía no he dicho nada! —reclamó Kotetsu, fulminando a Bunny con su mirada. No era justo que su compañero descartase sus planes de esa manera sin siquiera escucharlos.
—Te conozco, viejo —bufó Barnaby sin quitar su vista del camino mientras mantenía una velocidad similar a la de los ladrones—. Podemos interceptarlos sin hacer ningún tipo de maniobra estúpida.
—No es estúpido querer obligarlos a frenar. —De hecho, era la mejor forma de acabar con la persecución cuanto antes.
—¿Puedes garantizar que no habrá un accidente?
—Aw, Bunny —canturreó Kotetsu sin poder evitar sonreír ante eso—, estás preocupado por mí.
—Estoy preocupado por los daños que podrías causar —corrigió Barnaby.
Kotetsu suspiró de manera exagerada.
—Podrías preocuparte más por...
—Concéntrate —interrumpió Bunny— y agárrate bien.
Eso sobraba, pues a pesar de la conversación, lo único que Kotetsu tenía en su mente era capturar a esos malhechores y también estaba viendo por dónde iban, por lo que no lo tomó desprevenido el giro que hizo Barnaby al tiempo que aceleró incluso más, cruzando rápidamente un parque cercano que estaba casi desierto, quizás debido a la hora y al frío clima de esa época del año.
Hasta ahora, los criminales no parecían tener ninguna intención de usar una vía secundaria, por lo que tal vez podían confiar en que continuarían usando la misma avenida que se curvaba repentinamente gracias a ese mismo parque y eso significaba que realmente podrían interceptarlos mientras, seguramente, aquellos ladrones se confiaban al creer que los habían perdido.
Podía funcionar y se acercaba tanto a su idea original que Kotetsu sentía deseos de señalar ese hecho, mas no tuvo la oportunidad de hacerlo.
En un parpadeo estuvieron en el borde del parque y apenas tuvieron tiempo de bajar de su vehículo cuando escucharon la camioneta acercándose a una rapidez que indicaba que no habían desacelerado a pesar de que tras ellos ya no había nadie.
—¡Ahora!
No se habían puesto de acuerdo o hablado del plan con detalles, pero Kotetsu intuía lo suficiente y no tuvo que detenerse a pensar para activar sus poderes y correr para quedar en medio de la avenida. Al notar que Barnaby había hecho exactamente lo mismo, sonrió para sí mismo, orgulloso de esa coordinación que algunas veces lograban.
Los criminales viraron en un intento de evitar a Kotetsu, quien estaba justo frente a ellos, pero en el carril siguiente los esperaba Barnaby y pudo detenerlos sin ser empujado más de un par de centímetros debido al impacto.
Lo habían logrado.
Asumiendo que quizás el par de ladrones ahora intentarían huir a pie, Kotetsu fue hacia la camioneta, mas lo que vio por el parabrisas lo hizo correr.
Ambos hombres llevaban pistolas, sin duda de poco calibre si juzgaba por su tamaño, y ambos las estaban apuntando hacia ellos.
—¡Bunny! —le gritó para advertirle al tiempo que saltó al capó y golpeó el cristal con su puño, rompiéndolo en miles de trozos antes de que una bala lo hiciera.
Kotetsu escuchó el sonido de un disparo, pero no se tomó un segundo para fijarse en cuál de los dos había apretado el gatillo y a qué le había dado; en vez de eso, usó ambas manos para arrebatarles lar armas y una vez las tuvo en mano, las dobló en dos como si fuesen simples palitos para inutilizarlas.
Ambos malhechores palidecieron y Kotetsu suspiró.
Una vez más nadie le había mencionado el importante detalle de que estaban armados.
—¡Ya está! —anunció, lanzando hacia el asfalto las armas dobladas.
—No tenías que hacer eso —dijo Bunny, apareciendo junto a una de las puertas laterales.
Kotetsu lo vio sacar al primer ladrón, quien no opuso resistencia, y él fue hacia el otro costado para imitarlo, tomando al hombre de un brazo y forzándolo a bajar del vehículo.
—Podrían haber disparado a lo loco y habría sido peor —rebatió Kotetsu, dando un vistazo a su alrededor sin soltar al hombre.
No parecía haber ningún herido ni ningún daño producido por el único disparo y eso quedó confirmado cuando llegó la policía a encargarse de las dos capturas que habían hecho y anunciaron que el casquillo había terminado en el techo de la camioneta robada. Si eso había sido gracias a que Kotetsu los había sorprendido o porque carecían de puntería era un misterio que a Kotetsu no le importaba, por lo que una vez ambos hombres quedaron bajo custodia, volvió al lado de su compañero.
—No me van a demandar por la ventana, ¿cierto? —preguntó con recelo en el mismo instante en que su minuto de poderes llegó a su fin, mirando la camioneta recuperada, la cual también tenía una notoria abolladura en su capó.
—Podrías haberte preocupado por eso antes —resopló Barnaby—. Tenemos que apurarnos.
Kotetsu tardó unos segundos en entender a qué se refería Bunny, mas una vez consultó el reloj de su traje lo recordó: debían dirigirse a la alcaldía de inmediato.
El recorrido hasta esta no duró más de quince minutos y al llegar, un uniformado los guió hasta el jardín interior del edificio, una zona con algunos pocos arbustos, caminos enlozados y una gran zona cubierta que ya estaba llena de mesas que rodeaban un pequeño podio.
A pesar de que todavía faltaba un día, el lugar hervía en actividad y grupos de camareros iban de un lado a otro, confirmando detalles varios, al tiempo que otras personas hablaban por teléfono sobre entregas de flores y otros se encargaban de reacomodar los asientos y las tarjetas frente a estos mientras consultaban una lista.
Los chicos de la segunda liga ya estaban ahí, quizás porque la falta de vehículos propios les había impedido ayudar en el caso anterior y habían decidido dirigirse con tiempo de sobra a la alcaldía.
Los cuatro estaban a un costado, todos de pie y muy derechos, luciendo nerviosos.
¿Por qué?
Kotetsu descubrió la razón cuando vio sentado frente a ellos a un hombre canoso, cuyo uniforme e insignias dejaban claro que tenía un cargo alto en la policía y cuya expresión severa invitaba a callarse y obedecer.
Sin poder evitar sentirse inquieto, Kotetsu apenas pronunció un «buenas» que quedó oculto por el saludo mucho más firme de Barnaby y ambos se pararon junto a los chicos.
Por varios segundos, nadie dijo nada, pero finalmente el hombre se puso de pie y se presentó como el capitán Ian Grosz.
—Bueno, esto será breve —anunció, observándolos a todos—. Nosotros controlaremos el tráfico en las cercanías y tendremos personal en el perímetro, ellos se encargarán de que solo los invitados entren —continuó, señalando unos pocos hombres de traje negro que parecían los más estereotípicos guardaespaldas privados que podía imaginar— y ustedes estarán alrededor del jardín listos para actuar si algo pasa.
Eso sonaba simple, mas para Kotetsu eso fue eclipsado por lo que implicaba su posición en el lugar.
Contrario a lo que había creído, sí estaría prácticamente en el almuerzo, por lo que vería a Yuri de cerca y eso... ¿sería bueno o malo? ¿Yuri entendería que él estaba ahí por obligación o lo resentiría tal como había hecho cuando Kotetsu había ido a verlo en un mal momento? ¿Él encontraría alguna nueva revelación o más preguntas que solo lograrían dejarlo en un nuevo callejón sin salida cada vez que pensaba en Yuri?
—Uh...
—¿Tiene alguna pregunta, Wild Tiger? —cuestionó Grosz, enfocando su intensa mirada en Kotetsu.
Que una vez más lo escuchasen aunque eso no era lo que quería era frustrante, mas quién lo había hecho era peor. Incómodo, Kotetsu se esforzó en pensar en algo para decir que no tuviese que ver con Yuri, pero no se le ocurrió nada.
—Eh, bueno...
—Nos gustaría saber si ha habido alguna amenaza contra alguien en particular —intervino Bunny con su sonrisa más profesional, salvándolo.
—Todo ha estado tranquilo —informó Grosz de inmediato, enfocándose en Barnaby—, pero no se descuiden por eso.
—¡Sí, señor! —gritaron en coro los chicos y Kotetsu los imitó tardíamente, no queriendo causar una peor impresión.
—Déjelo en nuestras manos —aseguro Bunny y se despidió del capitán con un apretón de manos.
A pesar de todo, cuando realmente importaba Barnaby era un gran compañero y eso quedó confirmado una vez más cuando no le preguntó nada y regresaron a sus rondas por la ciudad.
Poder volver a enfocarse en su trabajo era un alivio y pese a que el único incidente durante la tarde fue un encuentro con un carterista que fue atrapado por Chopman, Kotetsu logró terminar el día mejor de lo que lo había comenzado y además, su suerte pareció sonreírle de nuevo una vez llegaron a Apollon Media, pues al llamar a Kaede mientras Barnaby hacía su ahora usual visita al taller de Saito, la encontró en casa y pudo hablar con ella por quince minutos.
Una vez finalizó la llamada, Kotetsu permaneció sentado frente a su escritorio y tras ojear el par de memorandos que habían sido dejados en el —uno general sobre el uso del parqueadero y otro avisándole de la fecha de mantenimiento de su traje—, se recostó contra el espaldar del asiento y fijó su vista en el techo.
¿Y ahora?
No se sentía con deseos de ir directo a casa...
Escuchar a alguien acercándose interrumpió a Kotetsu antes de que pudiera pensar en qué hacer y al ver a Barnaby, le sonrió.
—¿Estás bien, Kotetsu? —cuestionó Bunny al tiempo que tomó asiento, encendiendo el computador como si planeara pasar la noche trabajando.
—Así que sí estás preocupado por mí —dijo Kotetsu con una sonrisa burlona, prefiriendo recordarle la conversación que habían tenido durante la persecución esa mañana para restarle importancia al asunto.
—Has estado extraño desde esta mañana —insistió Barnaby, mirándolo de reojo con suspicacia.
—Nah, no... —Kotetsu pasó una mano por su cabeza e incapaz de pensar en algo para seguir evitando la pregunta, decidió bromear—: Supongo que es la edad.
—Por supuesto —dijo Barnaby con su rostro totalmente inexpresivo.
—¡No! —Kotetsu chasqueó su lengua, menos contento con la reacción de Bunny de lo que quería aceptar—. No sabes reconocer una broma.
—O podrías ser un poco más serio.
—A veces es mejor relajarse. —Kotetsu se encogió de hombros y se levantó de su asiento con lentitud, mas una repentina idea lo hizo sonreír—. Deberíamos hacer eso esta noche.
—¿Disculpa? —Barnaby, quien estaba revisando su correo en ese momento, giró en su silla para observarlo con una ceja alzada.
Seguramente Bunny tenía planes como escribir el reporte del día o algo parecido, pero eso podía esperar.
—Está decidido —pronunció Kotetsu sin dejar de sonreír—, hoy vamos a tu apartamento.
—No te he invitado.
—Pero tienes espacio... —rebatió Kotetsu, demasiado acostumbrado a escuchar comentarios similares como para tomárselos mal o siquiera creer que iban en serio. Aun así, el hablar del amplio y vacío apartamento de Bunny lo hizo recordar un detalle importante—. ¿Ya compraste muebles?
—No he tenido tiempo. —Barnaby ajustó sus gafas, como si estuviese avergonzado.
—No me digas que tampoco has desempacado.
—No soy ningún perezoso, Kotetsu —pronunció Barnaby, luciendo casi ofendido por la insinuación.
—¿Y qué sí tienes? —Kotetsu decidió volver a enfocarse en el plan para esta noche—. ¿Ingredientes para hacer arroz frito? ¿Cerveza?
Barnaby permaneció en silencio por varios segundos, mas finalmente suspiró.
—Podemos pasar al supermercado primero.
Eso era un claro sí.
Aunque Kotetsu tuvo que esperar casi media hora a que Barnaby terminase sus reportes y sufrió el verse obligado a hacer lo mismo durante ese tiempo, Bunny no cambió de idea y finalmente salieron de Apollon Media, hicieron una parada para comprar la comida necesaria y se dirigieron al edificio en el que Barnaby vivía.
A pesar de que ya conocía el apartamento de Bunny, ver tanto espacio vacío bastó para que hiciera una mueca que continuó en su rostro incluso mientras dejó los paquetes en la cocina.
—Dime que tienes al menos una sartén —rogó con un tono más lastimero del que pretendía. No haber pensado en eso antes quizás significaría que tendrían que pedir un domicilio o por lo menos volver a salir en busca de los implementos necesarios.
—No vivo en un apartamento desocupado, Kotetsu —resopló Barnaby, inclinándose para sacar del mueble bajo de la cocina una sartén en la que un par de raspones y el centro bajo esta ennegrecido mostraban con claridad que era usada con frecuencia.
Ver un verdadero signo de que Barnaby vivía allí en vez de solo usar el lugar para dormir era tan sorprendente como refrescante e igualmente lo fue el hecho de que Barnaby se ofreció a ayudarlo a preparar la comida.
En cuanto esta estuvo lista se sentaron lado a lado en el suelo con los platos en sus manos y un par de latas frente a ellos, sin discutir el potencial uso de la única silla del lugar.
—Mucho mejor —suspiró Kotetsu con gusto tras tomar un largo sorbo de cerveza.
—Suenas como un viejo —se burló Barnaby, pero también pareció relajarse cuando hizo lo mismo.
Kotetsu decidió ignorarlo en favor de probar el arroz frito y sonrió para sí mismo al hacerlo, tras lo cual levantó su pulgar para hacerle saber su opinión a Bunny, quien tras esa reacción probó su propio arroz.
Comer en silencio, sin embargo, no era algo que Kotetsu disfrutaba y ya que quería evitar que Barnaby volviese a hacerle una pregunta que no quería contestar, estiró su brazo hasta alcanzar el control del televisor, el cual Bunny había colocado sobre la única mesa del lugar.
—Oh, veamos en qué están.
HERO TV estaba transmitiendo en vivo en ese instante desde alguna parte de Golden Stage, mas parecía que estaban acercándose al final pues en el momento en que Dragon Kid noqueó a una mujer y a un hombre armados, pasaron a mostrar la tabla de puntos actuales y a hablar sobre posibles predicciones para la temporada.
Era casi decepcionante no haber alcanzado a ver más, por lo que Kotetsu suspiró. Eso atrajo la atención de Bunny.
—¿Lo extrañas? —cuestionó, dejando su plato ya vacío a un lado.
—¿Con días como hoy? —resopló Kotetsu; aunque no los hubiesen filmado, la persecución de esa mañana no tenía nada que envidiarles a otras que habían vivido en la primera liga.
—Tienes razón.
La pequeña sonrisa que Barnaby le dedicó era tan sincera que Kotetsu sintió la necesidad de añadir algo más honesto.
—A veces... —aceptó, encogiéndose de hombros. Cada vez se sentía mejor en la segunda liga, quizás gracias a que ahora incluso tenía a su compañero de regreso, pero eso no cambiaba el hecho de que preferiría hacer más y de paso recibir más crédito por ello—. Kaede dice que le gustaría poder verme.
—Debe extrañarte.
Esta vez fue el turno de Kotetsu para sonreír, mas pronto ese gesto se convirtió en un pequeño mohín.
—Cuando no está con sus amigas.
Eso abrió la oportunidad de hablar de Oriental Town y Kotetsu no la desaprovechó. No había ningún tema relacionado con su familia que quisiera evitar y todavía tenía pendiente el convencerlo de ir de visita un día de estos y para su suerte, Bunny pareció interesado en escucharlo y solo fue cuestión de tiempo para que la conversación fuese justo eso y no solo Kotetsu contándole una que otra cosa.
Gracias a eso el tiempo pasó tan rápido que cuando se levantaron a dejar los platos en la cocina y Kotetsu miró su reloj de reojo, supo que no debía quedarse más.
—Bueno, ya es hora de irme.
—Puedes quedarte —señaló Bunny una vez confirmó la hora, como si estuviese avergonzado por haberlo hecho quedarse por tanto tiempo.
—Cuando compres por lo menos un sofá cama —replicó Kotetsu, pese a que estaba agradecido por el ofrecimiento.
—Lo pensaré —dijo Barnaby, acompañándolo hasta la puerta.
Esa era una mejor respuesta que la que Kotetsu había esperado escuchar, por lo que no pudo evitar querer hacer algo para que no terminase como una idea que nunca tomaría forma. Barnaby necesitaba más que un asiento en casa si realmente planeaba hacer su vida en Sternbild, al fin de cuentas.
—Si quieres te ayudaré a comprarlo.
—Te aseguro que puedo hacerlo solo.
Típico de Bunny.
Kotetsu puso sus ojos en blanco, pero se despidió con una sonrisa y salió del lugar sin prisa a pesar de la hora, prefiriendo tomar las escaleras y permanecer un rato afuera viendo las calles cada vez más vacías mientras la ligera pesadez tras el poco alcohol consumido desaparecía.
Yuri le había advertido que no condujera si tomaba, ¿no?
El recuerdo bastó para que Kotetsu dejase escapar una pequeña sonrisa, mas pronto su expresión recobró toda seriedad.
Mañana lo vería de nuevo y esta vez no estarían en la corte, con Yuri esperando para darle una sentencia tan dura como de costumbre.
¿Quizás debería avisarle?
Kotetsu lo descartó de inmediato. Conociendo a Yuri, su trabajo y el que no dejaba ningún detalle sin revisar, podía apostar que ya lo sabía y quizá Yuri consideraría cualquier llamada o mensaje sobre eso como una excusa de Kotetsu para hablarle.
¿Y lo sería?
No poder responderse a sí mismo como un «no» decía más que sus dudas, por lo que tal vez no podría mentirle a Yuri y sí lograría con ello que Yuri lo evitase por más tiempo del que lo haría debido al que fuese su problema y el resto de asuntos que lo tenían tan ocupado.
Con un suspiro, Kotetsu buscó las llaves de su auto y se dirigió a trote a el, queriendo alejarse del frío de la noche y también de sus pensamientos antes de que lo llevaran a una nueva noche de poco sueño.
Al final, dormir no fue un problema, pero despertarse sí lo fue y Kotetsu apenas tuvo tiempo de tomar una ducha y retocar su barba antes de salir de su apartamento.
Para su suerte, la mañana careció de casos serios y pudo tomarse unos minutos para desayunar durante su turno en compañía de Bunny, quien también tomó un café a pesar de reprenderlo por no presentarse a trabajar en optimas condiciones y mencionar lo inconveniente que sería si ocurría una emergencia justo en ese momento, cosa que no sucedió.
Después de eso, la rutina se encargó de acompañar a la mañana hasta su fin con mayor rapidez de la que Kotetsu habría preferido y tras una merienda rápida, toda la segunda liga se posicionó alrededor del jardín interno de la alcaldía de acuerdo a la sugerencia de Barnaby.
Antes de que comenzaran a llegar los invitados, Grosz se acercó manera fugaz para mencionarles que debían mantenerse en la periferia y con los ojos bien abiertos y luego, el almuerzo comenzó.
Tras haber visto parte de los preparativos el día anterior, Kotetsu había creído que sabía qué podía esperar ver, mas al presenciar el desfile de meseros, todos vestidos de blanco y ya con sus bandejas relucientes en mano, realmente comprendió cuan grande sería este evento.
Y no se equivocó.
Si Kotetsu hubiese intentado llevar cuenta de cuántas personas había en el jardín, estaba seguro de que la habría perdido antes de que pasara media hora, pues una vez los invitados comenzaron a llenar el lugar, lograron que el gran número de meseros se perdiera en la multitud que atravesaban constantemente, repartiendo bebidas de todo tipo.
Era un caos de conversaciones, risas, copas que tintineaban cada vez que dos o más personas decidían hacer un brindis espontáneo y rostros que en su mayoría le resultaban conocidos a Kotetsu, pese a que no acostumbraba ver las noticias con tanta frecuencia como veía HERO TV.
Incluso creyó ver a Agnes un par de veces, mas la perdió de vista antes de poder asegurarse de que realmente era ella.
—Manténganse atentos. —La voz de Bunny por el intercomunicador hizo que Kotetsu dirigiese su atención hacia la entrada solo segundos antes de que gran parte de los presentes hicieran lo mismo.
El alcalde finalmente había aparecido junto a su esposa, quien llevaba a Sam en sus brazos.
¿El pequeño estaría bien en tal ambiente?
Kotetsu mantuvo su vista en el pequeño e incluso levantó la careta de su casco para sonreírle al tiempo que hizo un gesto de saludo con sus manos, esperando que un rostro amable tranquilizase al pequeño, mas Sam no pareció notarlo, luciendo demasiado entretenido con su sonajero como para prestarle atención a Kotetsu o a cualquier otra de las personas en el lugar.
Eso debía significar que no habría ningún problema con él, ¿no?
Decidido a creer eso hasta que viese algo o alguien levitando, Kotetsu regresó a su previa tarea de examinar invitados y camareros en busca de cualquier indicación de que alguien necesitaba a un héroe.
Tal cosa no ocurrió en los siguientes minutos. Lo que sí notó durante ese tiempo fue a alguien en medio de un grupo a su derecha, de cabello descolorido, más largo de lo que se podía esperar de un hombre importante en la ciudad y atado con una simple cinta negra.
—Yuri.
Tal como había pensado, Yuri había asistido y a diferencia de muchas otras veces, había cambiado sus más típicos trajes grises por uno azul oscuro que lucía tan costoso como el que muchos presentes estaban vistiendo; su maletín también brillaba por su ausencia y por lo que podía ver desde su lugar, al igual que muchos estaba enfrascado en medio de una charla con otros tres hombres.
—¿Dijiste algo? —cuestionó Barnaby, sobresaltándolo.
De inmediato, Kotetsu miró de un lado para otro y al no ver a su compañero, recordó que los canales de comunicación habían sido dejados abiertos en caso de que necesitasen confirmar una sospecha o actuar con coordinación.
—No, nada, nada —replicó Kotetsu en voz alta y clara, esperando que eso bastara para que Bunny olvidase su susurro anterior.
Consciente de que ese no era el momento para distraerse, Kotetsu intentó volver a concentrarse en los ires y venires de la gente y aunque incluso notó la sutil manera en que la esposa del alcalde abandonó el lugar junto a Sam, no perdió a Yuri del todo de vista.
Aun si esto contaba como trabajo para Yuri y eso explicaba su presencia en el lugar y lo mucho que estaba interactuando con los demás invitados, la curiosidad de ver cómo actuaba en una situación así lo llevó a fijarse en él más que en los demás.
Desde donde estaba, a Kotetsu le era imposible escuchar de qué hablaba, pero podía verlo participando en la conversación como más que un atento oyente y un par de veces creyó verlo reír, mas lo rápido que pareció callarse lo hizo dudar de la sinceridad tras eso.
La cortesía aparentaba ser la máscara más común de Yuri, por lo que podía decir que hasta ahora no había visto nada extraño ni particularmente interesante, salvo si contaba el hecho de que hasta el momento Yuri no parecía haberlo notado o si lo había hecho, no había querido aceptarlo de ninguna forma.
Era decepcionante, pues más de una persona había mirado en su dirección e incluso había recibido un par de sonrisas que había contestado con un gesto de mano y por lo que había alcanzado a escuchar por los intercomunicadores, más de una persona se había acercado a saludar a Bunny y hasta a pedirle un autógrafo, algo que no era tan común ahora como lo había sido cuando ambos estaban en la primera liga.
Todo indicaba que era normal que las personas más importantes de Sternbild fuesen fans de los héroes y aprovechasen cualquier oportunidad para hablar con uno, por lo que no era mucho pedir al menos un saludo, ¿no?
Él estaba dispuesto a esperar hasta que Yuri terminase con lo que lo tenía tan ocupado y de mal humor, al fin de cuentas, y no estaba pidiendo una conversación o una cena, solo... algo.
Distraído como estaba, Kotetsu notó tardíamente que todos los meseros parecían haber hecho aparición al mismo tiempo y estaban repartiendo copas de champaña entre los invitados y que todos los presentes, incluso los que habían estado sentados hasta ahora, estaban poniéndose de pie y comenzando a rodear el podio principal pese a que no había nadie en el.
Para su sorpresa, cuando uno de los meseros se acercó al lugar donde Yuri estaba, el juez aceptó una de las copas con una sonrisa.
¿Por qué?
La razón pronto fue evidente, pues una mujer en un impecable conjunto verde subió al podio y tras unas palabras de bienvenida anunció que el alcalde hablaría.
Todos escucharon con atención y una vez el alcalde terminó su discurso sobre el futuro de Sternbild y los aplausos se extinguieron, alzaron sus copas en su honor, varios golpeándolas entre sí, y tras eso, al igual que todos los presentes, Yuri llevó la copa a sus labios.
¿Lo hacía por obligación o le había mentido?
La sola posibilidad le produjo una pesada sensación en su estómago, mas no dejó de observar a Yuri y fue gracias a eso que lo vio sonreír, decirle algo a las personas con las que había estado hablando y dirigirse hacia otro grupo y una vez llegó a ellos y comenzó a aceptar apretón de manos tras apretón de manos, quedó claro que la copa había desaparecido en el camino.
A Kotetsu le tomó varios segundos encontrarla, pues había sido dejada parcialmente oculta por los arreglos florales de una de las mesas y parecía intacta.
—¿Siempre hace eso? —murmuró para sí mismo, tan sorprendido como aliviado.
—¿Eso?
Kotetsu estuvo a punto de culpar a la estática y cambiar el tema, pero caer en cuenta de que la voz de Barnaby no provenía del intercomunicador lo detuvo.
Con reticencia, Kotetsu giró para encarar a su compañero, quien había levantado la careta de su traje y lo estaba observando con el ceño fruncido.
No había forma de escapar ahora que Bunny sí estaba a su lado, por lo que tras un rato de incómodo silencio, Kotetsu se limitó a hacer un gesto hacia el lugar donde la copa de champaña había sido olvidada.
—Eh... eso.
Barnaby dirigió su vista hacia el lugar indicado, mas luego de un corto instante su atención se movió a Yuri y finalmente, giró su cabeza para observar a Kotetsu de frente.
—Deja de espiar a Petrov, viejo —pronunció Bunny sonando más incrédulo que otra cosa.
—Estoy cuidándolo a él y a todos —señaló Kotetsu, indignado; él no había olvidado su trabajo y sin duda no estaba espiando a Yuri solo al observarlo—. Por eso se supone que estamos aquí, ¿no?
—Imagino —suspiró Barnaby con un tono cansado— que ya notaste a los periodistas.
Solo dar un vistazo rápido a su alrededor le permitió encontrarlos.
—Ellos, ¿no? —resopló, señalándolos—. Sé lo que hago Bunny.
Y eso era cierto.
Recordaba que la presencia de personal de catering y los asistentes del equipo periodístico presentaban la mayor oportunidad para que cualquiera que no fuese bienvenido se infiltrara en el lugar.
Aun así, hasta ahora ninguno de ellos había actuado como si estuviese allí por una razón diferente a trabajar e incluso los asistentes lucían más ocupados llevando el equipo de los encargados de las entrevistas y de los fotógrafos que interesados en cualquiera de los famosos en el lugar, por lo que era obvio que ninguno de ellos estaba planeando alguna actividad criminal.
De hecho, una vez repartieron la comida y los equipos periodísticos se limitaron a tomar fotos mientras aguardaban por un momento más oportuno para entrevistar a alguien, fue tan obvio que no ocurriría nada desde adentro que Kotetsu volvió a buscar a Yuri con su mirada, mas al descubrirlo a lo lejos, en una de las mesas al otro costado, aceptó que tendría que volver a enfocarse solo en su trabajo, aun si cada minuto que pasaba parecía más innecesario.
Tal como Kotetsu había esperado, nada ocurrió en el almuerzo y una vez los invitados abandonaron el lugar, todos los héroes de la segunda liga fueron invitados a comer algo antes de volver a las calles de la ciudad.
Si bien tras eso hubo un par de persecuciones, la tarde transcurrió con una calma comparable a la del almuerzo y el día siguiente comenzó de igual manera, al menos hasta que Bunny decidió recordarle que tenía una demanda pendiente por el auto robado —que él había rescatado con cero heridos y cero accidentes— de dos días atrás y que por eso deberían hacer una escala en los juzgados antes de las rondas del día.
¿Por qué insistían en la inmediatez de esos juicios?
Eso era algo que Kotetsu nunca había comprendido, aunque suponía que debía agradecer que se encargaran de todo el proceso de una sola vez en lugar de alargarlo por meses, como había escuchado que solía ocurrir, especialmente cuando se trataba de casos particularmente complicados o que no tenían nada que ver con los héroes.
Aun así, era un hecho que era tan aburrido como decepcionante tener que ir a la corte, pues su presencia y testimonio rara vez parecían hacer una diferencia y el veredicto no solía salir en su favor.
Y Yuri...
Tener la oportunidad de ver a Yuri ahora que sus visitas estaban en una pausa indefinida quizás era lo único positivo de ello y Kotetsu lo confirmó durante el juicio, pues pese a que, como era costumbre, Yuri decidió ignorarlo durante gran parte de este, lucía mejor.
Sus ojeras no habían empeorado, su mirada había recobrado su fuerza e incluso, si juzgaba por el instante en que sus ojos se cruzaron con los de él, lucía más dispuesto a reprender a Kotetsu por estar otra vez allí por una demanda por destrucción de propiedad privada que a ignorarlo por completo.
¿Eso significaba que ya había pasado lo peor?
Considerar eso hizo que el típico «tiene que pagar la suma total de los daños» y la perspectiva de un nuevo sermón de Lloyds pasaran a un segundo plano en su mente, dejándolo con la mucha más agradable posibilidad de poder reanudar sus visitas en lugar de quedarse lejos plagado de dudas. Y aun si ese no era el caso quizás, incluso, ya podía esperar que Yuri lo recibiese de mejor manera que la última vez...
Al caer en cuenta de eso, Kotetsu se detuvo en seco pese a que estaba a pocos pasos de la salida de la torre.
Si este era un buen momento para saludar a Yuri, no quería desaprovechar la oportunidad para hacerlo.
—¿Pasa algo, Kotetsu? —preguntó Bunny, deteniéndose también y girando para verlo.
—Ah, olvidé algo —musitó, incapaz de pensar en alguna otra excusa—, ¿me esperas un minuto?
Si Barnaby estaba aguardando por él, tendría que apurarse y si ese era el caso, tal vez Yuri no se sentiría importunado por su repentina pero corta visita o por lo menos no tendría la oportunidad de echarlo de ninguna forma, por lo que al menos él no terminaría con un mal sabor tras el encuentro.
—Puedo acompañarte. —A pesar de su oferta Bunny consultó su reloj.
Sin duda quería asegurarse de que no Kotetsu no se demorara y eso hacía más fácil rechazar el ofrecimiento sin sentirse culpable por mentirle a su compañero.
—¡No me tardaré!
Kotetsu no esperó por una respuesta. Corrió sin detenerse a pesar de que pronto estuvo fuera de la vista de Bunny y subió las escaleras de dos en dos en lugar de tomar el ascensor.
Solo fue cuando llegó al piso indicado que Kotetsu se detuvo por un corto instante para recuperar su aliento; no obstante, reanudó su camino poco después, aunque un pensamiento lo hizo ralentizar sus pasos.
¿Encontraría a Yuri en su oficina?
No estaba seguro de si Yuri tenía más juicios que presidir o algo más que hacer, al fin de cuentas, mas tras dudar por unos segundos, Kotetsu decidió no dar media vuelta y continuó. No tenía sentido rendirse sin siquiera haberlo intentado.
—¿Buenas? —Al llegar al despacho, Kotetsu golpeó dos veces, abrió la puerta y de inmediato se detuvo bajo el umbral.
No había nadie en la oficina.
Kotetsu suspiró, decepcionado, y aunque estaba consciente de que no tenía tiempo para quedarse a aguardar, permaneció observando por un rato la como siempre ordenada y sombría oficina.
Eso último siempre se le había antojado extraño, pero Yuri había desviado la conversación las pocas veces que él lo había mencionado.
Incapaz de contener su curiosidad, Kotetsu atravesó la oficina en unas cuantas zancadas y una vez llegó a la ventana, usó dos dedos para separar dos listones de la persiana y poder ver hacia afuera.
Poco sorprendentemente al estar en un piso alto, podía ver mucho de la ciudad desde allí; mas al no estar en la cima de la torre, el panorama se veía obstruido en algunos puntos por varios edificios en los alrededores, dejándolo con una mezcla de hormigón, un par de vallas publicitarias y pedazos de cielo frente a él y las calles y todo su movimiento abajo.
¿Quizás por eso a Yuri no le agradaba?
Algún día tendría que preguntarle.
Conteniendo un nuevo suspiro, Kotetsu se dispuso a salir de la oficina, pero antes de poder hacerlo alguien entró con el ceño fruncido.
—¡Yuri, volviste!
Yuri, quien todavía estaba vistiendo su toga negra sobre su ropa, se detuvo a poca distancia del umbral de la puerta y la aparente desconfianza que había demostrado al encontrar la puerta abierta se transformó en pura sorpresa. Kotetsu temió por un instante que acababa de hacerlo enojar, mas el paso de los segundos, que delataba que Yuri estaba recuperándose y pensando cómo responder, era un hilo de esperanza al que decidió aferrarse.
—Me temo —pronunció al fin, para alivio de Kotetsu, al tiempo que cerró la puerta y se adentró en la oficina— que solo dispongo de diez minutos, por lo que tengo que pedirle que vaya al grano.
—¿Así de ocupado estás? —cuestionó Kotetsu, incapaz de impedir que la preocupación se notase en su voz, siguiendo a Yuri con su mirada.
—Es la mitad de la mañana —señaló Yuri cuando se detuvo tras su escritorio y dándole la espalda a Kotetsu, se quitó su toga.
—Uh... —Tenía sentido que Yuri apenas hubiese comenzado con los compromisos que tenía ese día y eso hacía que tuviese incluso más razones para hacer de esta una visita muy corta. ¿Y qué decir? No había planeado nada antes de ir y no estaba seguro de querer pronunciar las preguntas que habían plagado su mente desde la noche en que Yuri había estado en su apartamento. Aun así, había algo que el día anterior había captado su atención y si bien no sabía cómo se lo tomaría Yuri, tampoco veía razones para callarse—. Ayer vi tu brindis.
—¿Brindis?
Yuri colocó su toga sobre el respaldar de la silla tras su escritorio y lo observó por encima de su hombro con sus ojos entrecerrados.
—En el almuerzo —aclaró Kotetsu, aunque lo consideraba innecesario. Era algo que había ocurrido hace menos de veinticuatro horas, al fin de cuentas, y no creía que Yuri había tenido muchas otras fiestas sociales en ese tiempo—. No que cuente como uno —continuó con rapidez y una mueca de molestia—. ¿Ibas a hacer lo mismo por mí?
Kotetsu sinceramente esperaba que no.
No era que quisiera que Yuri bebiese en su honor, pues el disgusto de Yuri por el alcohol era lo de menos, aun si Yuri parecía considerarlo algo importante y que debía ocultar; pero, en retrospectiva, lo que Yuri había hecho en el almuerzo se veía como un gesto falso. Hubiese sido mejor que hubiese brindado con algo atípico, como una copa del té que tanto le gustaba.
—Pensé que había venido por algo importante —suspiró Yuri, girando para encararlo con el cansancio escrito en su rostro.
Kotetsu se encogió de hombros.
—Para mí lo es.
Predeciblemente, Yuri no respondió de inmediato y se dedicó a pensar su respuesta observando a Kotetsu con fijeza.
Sin sentirse incómodo, Kotetsu no apartó su mirada y fue gracias a eso que vio a Yuri apoyarse contra su escritorio, luciendo más relajado que cansado antes de finalmente replicar:
—Tendrá que quedarse con la duda.
—O encontrar una razón para celebrar para que no me digas que no —afirmó Kotetsu con una sonrisa, esperanzado por la actitud de Yuri. Una ausencia de un rechazo absoluto siempre era una buena señal—. Bueno, eso era todo, no te quito más tiempo —anunció inmediatamente después y fue directo hacia la salida, halando la puerta para que se cerrara tras él—. Nos vemos.
—Hasta luego, Kotetsu.
El ya estar afuera y el que la puerta ya se había cerrado impidió que Kotetsu logarse ver la expresión de Yuri pese a que dio media vuelta de inmediato para intentar hacerlo.
Kotetsu. Yuri había dicho Kotetsu y no un displicente Wild Tiger o algo parecido y además no lo había despedido con un frío que tenga un buen día. Una vez más, Yuri había dicho mucho con tan solo tres palabras.
Incapaz de contener una sonrisa, Kotetsu se encaminó a los ascensores.
Sentía que la tormenta había pasado y aunque todavía había demasiados de interrogantes sin respuesta, ya no sentía la necesidad pensar en ellos hasta encontrar una.
Tranquilo como estaba, Kotetsu no se apresuró y solo cayó en cuenta de su error cuando se acercó a la gran entrada principal, junto a la que Bunny estaba aguardándolo.
Avergonzado, Kotetsu trotó hasta llegar a su lado, revolviendo su cerebro en busca de una buena manera de disculparse sin dar explicaciones, mas en lugar de recriminarlo por demorarse o recibirlo con una pregunta para la que no aceptaría una evasiva, lo único que Bunny hizo fue alzar una ceja.
