El conejo y la luna
Decidir regresar a Sternbild había sido algo fácil para Barnaby.
Aun si ser un héroe no estaba en la lista de profesiones a las que deseaba dedicar su vida, no ahora que sabía la verdad —o al menos una gran parte de ella— y ésta había salido a la luz, dejándolo sin esa sed de venganza que —creía— lo había motivado por años, tenía más razones para volver que para no hacerlo.
La familiaridad de Sternbild y el saber que gran parte de lo que recordaba de la ciudad y lo ocurrido en ella era real, era una ellas; el querer hacer lo que podía para ayudar a otros era otra y la última, y quizás la más importante, era Kotetsu.
Sin duda, había pensado cuando se había enterado de los planes de Kotetsu de ingresar a la segunda liga, Kotetsu quería seguir haciendo una diferencia como un héroe por todo el tiempo que le fuese posible, aun si le tocaba dejar el foco de atención que era la primera liga para hacerlo.
¿Y por qué no unírsele?
A Barnaby no se le había ocurrido ninguna razón para decir «no» a la propuesta de formar un dúo una vez más y había comenzado los arreglos para hacer justo eso cuanto antes y hasta ahora no se había arrepentido de hacerlo.
La segunda liga no era realmente similar a la primera y aunque poco a poco estaban incrementando y diversificando las actividades que les encargaban, las cuales en un comienzo habían consistido más en rondas que en otra cosa, le daba suficiente tiempo para continuar en su búsqueda de cómo quería vivir su vida, fuese como héroe o no.
Acostumbrarse a la nueva rutina había sido fácil y en días como hoy, en los que habían conseguido tres capturas, Barnaby sentía que estaban haciendo un buen trabajo, mas no podía decir que se sentía satisfecho.
Aun sin tener una meta concreta, Barnaby estaba seguro de que esta era una etapa y no el final.
—¿Hoy también vas a ir al taller de Saito?
La pregunta de Kotetsu en el camino de regreso a Apollon Media no fue una sorpresa.
Visitar el taller de Saito se había vuelto un hábito constructivo, nacido de una pregunta sobre las mejoras de los trajes y que lo había llevado a hacer un par de sugerencias para contrarrestar las imprudencias de Kotetsu que quizás ahora podían ser más peligrosas para él.
En ningún momento Barnaby había considerado siquiera la posibilidad de ayudar a Saito con más que ideas, pero el descenso en las acciones de Apollon Media había disminuido el personal, Saito necesitaba ayuda y él tenía tiempo, y aunque en un comienzo su motivo se había resumido en «¿por qué no?», había terminado sinceramente interesado en continuar haciéndolo.
¿Acaso era porque cada visita al taller lo hacía rememorar vagamente el deseo infantil que había sentido alguna vez de ayudar a sus padres o incluso dar vida, al igual que ellos, a creaciones robóticas que superaban las expectativas de todos?
Y ese era uno de sus recuerdos que, estaba seguro, era real.
—No, hoy no —replicó Barnaby, mirando a su compañero de reojo—. El nuevo prototipo todavía no está listo para las pruebas de estabilidad. Pero si te interesa, podríamos ir a ver los planos.
—Eh... —balbuceó Kotetsu con una sonrisa avergonzada—. ¿Mejor cuando esté listo?
—Por supuesto. —Barnaby no había esperado otra respuesta.
Hasta ahora, la curiosidad de Kotetsu en sus proyectos con Saito había sido superficial, como si le importara más saber si Barnaby tenía algo planeado que lo que pensase hacer específicamente, y eso quedó confirmado una vez más cuando Kotetsu volvió a hablar.
—Así que nada que hacer esta noche.
El suspiro con el que Kotetsu acompañó esas palabras fue exagerado y bastó para que Barnaby pusiese sus ojos en blanco.
—Siempre hay algo que hacer.
—No digas informes, Bunny —dijo Kotetsu en un tono que sonaba casi angustiado.
A estas alturas, recordarle que esa era parte de su trabajo parecía redundante, por lo que Barnaby no lo hizo y en vez de eso, preguntó:
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste al gimnasio?
—Uhm... —Kotetsu cruzó sus brazos y dirigió su vista hacia el techo por varios segundos, como si estuviese considerando seriamente la pregunta. Al final, se encogió de hombros y volvió a observar a Barnaby—. Últimamente hemos caminado tanto por la ciudad que no vi el punto de ir.
—No es lo mismo —señaló Barnaby, moviendo su cabeza de un lado a otro en desaprobación. Típico de Kotetsu—. Puedes acompañarme si quieres.
—¿Ahora? —Kotetsu no parecía convencido, mas una vez la furgoneta se detuvo en Apollon Media, pronunció—: Será.
Pese a su tono resignado, Kotetsu lo siguió sin ninguna renuencia al que seguía siendo cuartel general de la primera liga y el centro del mundo judicial de Sternbild: la Torre de la Justicia.
Con sus seiscientos metros y cien pisos, la imponente torre albergaba en sus primeros pisos oficinas, juzgados y archivos; el gran gimnasio de los héroes, sala de reuniones y oficinas auxiliares para todas las empresas que los patrocinaban se encontraban más arriba y en la cima se encontraban las grandes salas que eran usadas exclusivamente por los ejecutivos tras muchas de las decisiones de HERO TV y el alcalde mismo.
Era un lugar habitual para Barnaby y debía serlo también para Kotetsu, mas a pesar de su familiaridad Kotetsu miró a su alrededor durante todo el recorrido desde la entrada hasta los ascensores.
—A veces se me olvida que es aquí.
A Barnaby le tomó unos segundos entender que estaba hablando del gimnasio y cuando lo hizo, resopló.
—A pesar de lo mucho que vienes.
—Por otras razones —replicó Kotetsu con demasiada prontitud—. Y no tanto últimamente —añadió en el mismo instante en el que las puertas se abrieron con un tintineo, dejando salir a media docena de oficinistas. Kotetsu los observó con una sonrisa y Barnaby lo imitó al notar que la atención de más de uno estaba en él—. ¿Crees que haya alguien? —cuestionó en cuanto estuvieron en el elevador y las puertas se cerraron.
—Es posible —asintió Barnaby. Durante el camino, ninguna de las muchas pantallas de la ciudad había mostrado a la primera liga, por lo que estaba seguro de que en ese preciso momento no estaban trabajando y eso significaba que cualquiera de ellos podría estar en gimnasio—. No todos deciden dejar de entrenar porque sí.
Ante esa pequeña pulla, Kotetsu hizo una mueca de molestia.
—No eres nada adorable.
A pesar de su queja, Kotetsu ni siquiera observó a Barnaby al pronunciarla, luciendo distraído viendo la pantalla que indicaba el número de pisos y una vez pasaron el veinteavo suspiró silenciosamente.
Extraño.
Eso era algo que había pensado con demasiada frecuencia recientemente debido a Kotetsu, mas sus preguntas en esos momentos habían sido contestadas con evasivas que dejaban claro que Kotetsu estaba ocultando algo y ese algo quizás estaba relacionado con Yuri Petrov.
¿Era esa la razón por la que Kotetsu no había querido decirle nada?
Eso era tan posible como que Kotetsu no hubiese perdido la costumbre de callar algo por una u otra razón.
Barnaby contuvo un suspiro y apretó sus labios. Estaba dispuesto a aguardar a que su compañero decidiese contarle lo que fuese que estuviese ocurriendo; solo esperaba que no se tratase de nada que pudiese traerle problemas a Kotetsu...
El ascensor se detuvo en un par de pisos, donde algunos ejecutivos lo esperaban, antes de finalmente llegar a la planta en la que se encontraba el gimnasio.
De aquel lugar no provenía ninguna conversación, pero sí cierto ruido metálico y unos ocasionales gruñidos apagados que delataban la presencia de alguien ejercitándose.
—¿Por qué no me sorprende? —pronunció Kotetsu al ver el interior del gimnasio y descubrir que quien se encontraba ahí era Rock Bison.
—¿Qué quieres decir con eso? —Pese a la brusca pregunta y de su ceño fruncido, Rock Bison dejó las pesas que había estado levantando a un lado y palmeó la espalda de Kotetsu en cuanto éste se acercó, dejando claro que le alegraba ver a su amigo allí.
La conversación que siguió no fue ninguna sorpresa y Barnaby apenas puso sus ojos en blanco al notar que ninguno de los héroes veteranos parecía con intenciones de enfocarse en hacer ejercicio.
Ignorándolos, Barnaby abandonó el lugar por unos minutos para cambiarse y al volver, se dirigió directamente a la caminadora de banda, decidido por comenzar calentando por quince minutos antes de dedicarse a su rutina usual.
—Oh, Bunny —dijo Kotetsu de repente, alzando su voz y girándose hacia el lugar en el que Barnaby estaba trotando, diagonal a los otros dos héroes—, también vienes, ¿cierto?
—Eres bienvenido —agregó Rock Bison, encogiéndose de hombros.
No haber estado siguiendo la charla no impidió que entendiera a qué se referían.
Kotetsu había caído en un patrón que siempre se hacía notorio al final del día, quizás debido al tiempo libre que les dejaba la segunda liga, y que hiciese planes para hacer algo con Rock Bison no era ninguna sorpresa.
—Si ustedes invitan —replicó sin dejar de trotar. Aunque no fuese particularmente cercano a Rock Bison, Barnaby no veía ninguna razón para negarse, al menos mientras respetasen el que él sí quería ejercitarse antes de terminar la noche en alguna otra parte de la ciudad.
—¿Ves como es? —suspiró Kotetsu con un gesto teátrico de brazos.
—Tú eres su compañero —bufó Rock Bison con una sonrisa burlona, haciendo que la "invitación" cayese por completo sobre los hombros de Kotetsu, y tras una corta pausa, continuó—: y es tu idea...
—Oh, no —interrumpió Kotetsu, entrecerrando sus ojos—, no te atrevas a decirlo, porque no lo haré. Y Bunny, vienes —remarcó Kotetsu con un tono de finalidad.
Tomándose eso como un «sí», Barnaby volvió a desentenderse de la conversación y pasó una hora de entrenamiento sin mayores interrupciones.
Cuando los tres se prepararon para abandonar la torre, los pasillos del primer piso y la recepción ya se encontraban desiertos salvo por el equipo de seguridad y un par de mujeres de trajes formales y gruesos abrigos que estaban cruzando la puerta hacia la calle en ese instante.
En tal ambiente, la riña en la que en ese momento se encontraban los dos héroes veteranos parecía particularmente ruidosa y Barnaby masajeó el puente de su nariz, reconsiderando el ir con ellos.
—Si no pueden comportarse como adultos... —comenzó Barnaby, mas se vio interrumpido cuando el sonido de algún elevador al llegar al primer piso atrajo la atención de Kotetsu y éste dio media vuelta en sus talones para devolverse a trote.
—¡Su señoría!
Barnaby miró por encima de su hombro y descubrió que, tal como la exclamación de Kotetsu lo había indicado, era Petrov el que había salido del ascensor.
El juez se detuvo en seco y entrecerró sus ojos, luciendo acorralado en el momento en que las puertas se cerraron tras él y Kotetsu se detuvo frente a él.
¿Qué estaba pasando?
No poder escuchar dificultaba cualquier posible respuesta, tal como lo era el no poder ver la expresión de Kotetsu.
Aun así, los ocasionales gestos que Kotetsu hacía con sus brazos y el que Petrov estaba manteniendo sus labios apretados cuando no estaba contestando delataban que era Kotetsu quien estaba hablando, quizás innecesariamente, y que Petrov no estaba a gusto con ello.
¿Y qué había llevado a que Kotetsu importunara al juez?
Barnaby no podía pensar en nada. No estaban esperando ninguna aprobación y lo que Kotetsu había dicho cuando habían llegado, casi dos horas atrás, era cierto: recientemente habían sido pocos los incidentes destructivos de Wild Tiger, por lo que no se había visto obligado a ir a la corte con demasiada frecuencia y tampoco tenía ninguna citación pendiente.
—Todavía no me explico cómo lo logró —murmuró Rock Bison de repente, mirando a Kotetsu con el ceño fruncido.
—¿Kotetsu logró algo en particular? —cuestionó Barnaby, sin poder evitar sentirse confundido ante ese comentario salido de la nada.
Rock Bison pareció sorprendido, tal vez porque no había esperado que él lo escuchara, y lo observó con sus ojos completamente abiertos por un corto rato.
—¿Puedes imaginar a Petrov en un bar con Kotetsu?
Barnaby frunció el ceño; esa pregunta no era una respuesta y expresaba algo que rayaba en lo en lo insólito.
La sensación de que faltaba algo que conectase ambas oraciones llevó a que Barnaby observase fijamente a Kotetsu, quien seguía hablando con Petrov, pues el juez no había intentado escapar y fue notar ese simple hecho lo que hizo que Barnaby finalmente comprendiese que Rock Bison estaba hablando de algo que había ocurrido.
—Oh —musitó.
Eso era inesperado.
Sabía bien que la atención de Kotetsu había estado anormalmente enfocada en Petrov, pero lo poco contento que parecía lo había llevado a pensar que se trataba de algo negativo, como que quizás Petrov le había hecho una llamada de atención por sus destrucciones o que Kotetsu había hecho algo para ganarse la antipatía del juez, temía las repercusiones y quería mejorar su posición frente a él antes de que algo ocurriera.
Aun así, lo que según Rock Bison había sucedido cambiaba todo.
Qué circunstancias habían llevado a que Petrov pasase así fuese unos minutos con Kotetsu por razones no laborales era algo que Barnaby desconocía y tal vez, incluso, era irrelevante.
Lo que importaba era cómo se lo había tomado Kotetsu.
—Exacto —resopló Rock Bison—. Y ahora... —En lugar de terminar la frase, Rock Bison gesticuló hacia la puerta, donde Kotetsu seguía junto a Petrov.
Y estaba claro que Kotetsu quería repetir aquella hazaña o algo similar.
Petrov negó con su cabeza y reanudó su andar hacia la salida, esquivando a Kotetsu al tiempo que dijo algo que logró que el héroe se quedase atrás con un mohín en su rostro.
—Señor Brooks, Señor Lopez —pronunció con una sonrisa cortés cuando pasó cerca del lugar en el que ellos se habían detenido a esperar a Kotetsu.
—Su señoría.
Ese breve intercambio hizo de saludo y despedida, pues Petrov continúo su camino sin siquiera ralentizar sus pasos o mirar atrás para ver a Kotetsu, quien había comenzado a andar con sus manos metidas en sus bolsillos.
—¿Cambio de planes? —preguntó Rock Bison, luciendo más perplejo que curioso.
—No, no —replicó Kotetsu ya junto a ellos y reiteró sus palabras moviendo su cabeza de un lado a otro—. ¿Vamos?
—¿Y Petrov? —cuestión Barnaby, suspicaz, aun cuando estaba seguro de que recibiría una evasiva.
—Solo estaba preguntándole una cosa.
Y no se equivocó.
Barnaby ajustó sus anteojos en el puente de su nariz y siguió a su compañero y a Rock Bison, notando que Kotetsu ya había logrado sacar otro tema en un intento por hacer que su improvista conversación con Petrov cayese en el olvido.
Encargarse de controlar los daños causados por su compañero no era algo que Barnaby acostumbraba a hacer.
Kotetsu era un adulto, capaz de enfrentar las consecuencias de sus propios actos, aun cuando parecía menos dispuesto a aprender de estas y detenerse a pensar antes de correr tras un ladrón, cuándo era el mejor momento para activar su minuto de poder o en qué momento desistir.
Ese último era el problema, pero quizás no uno tan grande como el hecho de que Petrov siempre parecía contar internamente hasta diez cada vez que Kotetsu entraba a su corte y evitaba mirarlo y eso fue lo que convenció a Barnaby de que, quizá, hablar con Petrov antes de que el juez perdiese la paciencia con Kotetsu era lo más sensato.
Debido a las obligaciones de la segunda liga, los ocasionales imprevistos de su trabajo y el hecho de que pasaba gran parte de su tiempo junto a Kotetsu, Barnaby solo pudo ir sin compañía a la Torre de la Justicia dos semanas después de tomar esa decisión, al final de la tarde.
Para su suerte, Kotetsu había mencionado algo sobre una presentación de Blue Rose como civil, por lo estaba seguro de que el culpable de que él estuviese allí no lo interrumpiría y él mismo no tenía ninguna obligación pendiente, por lo que sabía que podría esperar hasta que Petrov terminase su trabajo si era necesario.
Tras consultar con la recepcionista sobre la ubicación de las oficinas judiciales, Barnaby se dirigió al veinteavo piso y allí, al no ver nada que le indicara dónde estaba la oficina que buscaba, se acercó a un hombre de contextura robusta y cabello castaño que estaba inclinado sobre su desordenado escritorio, revisando algo que de cerca lucía como un cronograma.
—Disculpa...
El hombre movió su cabeza para mirarlo sobre su hombro y de inmediato sus ojos se abrieron como platos.
—Barnaby —pronunció sin aliento, mas un segundo después se levantó de un salto—. ¿Puedo pedirle su autógrafo? —preguntó rápidamente y de inmediato se inclinó para abrir uno de los cajones del escritorio de su cubículo—. Eh, espere, debo tener algo... —balbuceó mientras lo revolvió hasta que encontró una libreta sin usar—. Aquí —dijo, abriéndola en su primera página y entregándosela junto a un bolígrafo—. Para Jones, por favor.
Ya acostumbrado a encontrarse con fans incluso en sus lugares habituales de trabajo, Barnaby le sonrió y firmó la hoja señalada, añadiendo una pequeña dedicatoria.
—Toma.
—Gracias. —Jones tomó la libreta con el mayor cuidado sin dejar de observarlo con reverencia—. No sabe el honor que es conocerlo.
Barnaby le dedicó una sonrisa y antes de que Jones decidiese hablar con entusiasmo de algún episodio, como muchos fans solían hacer, dijo:
—Me estaba preguntando dónde está la oficina de Petrov.
—Wild Tiger no está allá —replicó Jones de inmediato, mas su expresión se volvió pensativa—. No lo he visto hoy y no siempre viene hasta donde sé, pero podría preguntar...
Barnaby parpadeó, perplejo.
Que Jones mencionase a Kotetsu en lugar de contestarle le daba la impresión de que Kotetsu visitaba a Petrov con una regularidad mucho mayor de la que él había creído...
—Está bien —replicó, ocultando su sorpresa con su sonrisa más profesional—, vengo a hablar con Petrov.
Jones asintió con prontitud.
—Lo llevaré con gusto.
Fiel a su palabra, Jones lo guió alrededor de los cubículos que ocupaban gran parte del piso hasta una puerta en el extremo norte, no muy lejana a las escaleras de emergencia, la cual golpeó con sus nudillos y aguardó hasta recibir una respuesta para entreabrirla.
—¿Señor Petrov? —Jones se mantuvo muy erguido mientras anunció—: Barnaby Brooks Jr. lo está buscando.
—Puede seguir —pronunció Petrov tras un par de segundos de silencio.
Barnaby le agradeció a Jones, quien le dedicó una gran sonrisa y luego lo dejó pasar y una vez Barnaby estuvo adentro cerró la puerta por él, dejándolo junto a Petrov en la privacidad de la oficina del juez.
La oficina era remarcable por su austeridad, pues los únicos objetos personales que podía ver en ella eran los diplomas colgados en la pared izquierda; en contraste, en más de uno de los cubículos afuera había visto fotos y hasta envolturas de dulces que hablaban más de quien trabajaba allí que la amplia oficina de Petrov.
—Señor Brooks —saludó Petrov, levantándose de su asiento con una sonrisa cortés e indicó con un gesto una de las sillas de visitante—, no esperaba verlo aquí.
—Espero no haber venido en un mal momento. —Barnaby aceptó la invitación silenciosa y tomó asiento, siendo imitado por Petrov de inmediato.
—No se preocupe. —Petrov entrelazó sus manos y las apoyó sobre el escritorio—. ¿En qué puedo ayudarlo?
Desde que había decidido que esta visita era necesaria, Barnaby había considerado más de una forma de sacar el tema, mas el comentario hecho por Jones y la directa pregunta de Petrov lo convencieron de no dar ningún rodeo.
—Iré al grano, si no le molesta —dijo Barnaby, tomando un segundo para ajustar sus anteojos sin perder de vista a Petrov—. Vengo por Kotetsu.
La reacción de Petrov fue nula, mas respondió tras una corta pausa.
—Tengo que pedirle que sea más específico.
El problema con eso era el que hasta ahora solo tenía algunas suposiciones, principalmente basadas en la actitud de Kotetsu, lo dicho por Rock Bison y el hecho de que Kotetsu era el tipo de persona que, sin ninguna mala intención de por medio, tomaba el brazo cuando le ofrecían una mano, cosa que podía ser exasperante aun conociendo bien a Kotetsu.
—Me he dado cuenta de que Kotetsu ha estado buscándolo incluso después de los juicios.
Técnicamente eso solo había ocurrido una vez y tal cosa era una conjetura mas, pues Kotetsu había hablado de haber olvidado algo, pero lo mucho que se había tardado lo hacía creer que esa había sido una excusa y si estaba en lo cierto, esa era una evidencia más de lo mucho que Kotetsu había estado intentando conseguir la atención de Petrov.
—¿Está insinuando que he sido parcial en algún momento? —Petrov no alzó su voz y entonó ese interrogante con calma, mas la tensión fue evidente en la forma en que apretó sus manos, logrando que sus nudillos se tornasen blancos.
—No, esa no es mi intención —corrigió Barnaby de inmediato, consciente de que su mención de los juicios había causado que el juez lo malinterpretase—. Podría decir —continuó con sinceridad— que estoy preocupado.
Principalmente por las consecuencias que podía traer la fijación de Kotetsu en el juez.
Petrov no parecía impulsivo, por el contrario. En los juzgados siempre lucía como si considerase cada situación con cuidado antes de tomar cualquier decisión; aun así, no tenía sentido correr riesgos.
—¿En qué sentido?
Incluso ahora, Petrov estaba tanteando las aguas sin revelar nada sobre sus interacciones con Kotetsu o dar su opinión al respecto.
Barnaby consideró esa pregunta por un segundo, mas optó por evitarla; al fin de cuentas estaba seguro de que cualquier comentario sobre consecuencias reafirmarían la idea que Petrov había tenido de que había ido a acusarlo de parcialidad.
—Él no es el tipo de persona que se rinde. —Y no quería ver a su compañero acusado de acoso, algo que quizás podía ser apropiado para describir lo que Kotetsu había estado haciendo pese a que, sin duda, esa no era su intención.
—Me he dado cuenta —asintió Petrov.
Nada en su tono indicaba qué pensaba de eso y tras esas palabras se mantuvo en silencio, haciendo evidente que estaba aguardando a que él añadiese algo más.
—Y parece decidido a acercarse a usted. —Al menos eso era lo que Barnaby sospechaba y casi esperaba que al decirlo recibiría una confirmación, pero no fue así.
—Veo —pronunció Petrov al tiempo que inclinó un poco su cabeza.
Esa escueta respuesta no elucidaba nada; no obstante, sí parecía una nueva señal de que el juez esperaba a que Barnaby continuase hablando.
Conteniendo suspiro cansado, Barnaby se tomó un momento para tragarse la frustración ante el hecho de que Petrov le estaba diciendo incluso menos que Kotetsu y finalmente resolvió dejar la precaución de lado, aun cuando eligió con cuidado sus palabras para que no sonasen como una acusación.
—Solo quiero asegurarme de que no va a causar ningún problema.
Ese era el núcleo del asunto.
Tal vez detener a Kotetsu sería una verdadera solución, pero que se negase a hablar con él sobre Petrov hacía imposible convencerlo de dejar al juez en paz y Barnaby no estaba dispuesto a vigilarlo para impedírselo a la fuerza.
Además, a pesar de todo, el confiaba en Kotetsu y no dudaba que sus intenciones eran buenas, por lo que el único que podía hacer para ayudarlo era esto: hablar con Petrov, hacerle saber qué esperar de Kotetsu y darle a entender que él estaba dispuesto a intervenir si era necesario, aun si sus motivos estaban ligados con querer evitar que Petrov terminase revocando el permiso de Kotetsu para trabajar como héroe y no con querer ayudar al juez.
Petrov no respondió de inmediato.
En lugar de eso fijó su vista en el escritorio y apretó sus labios al tiempo que frunció el ceño, como si estuviese concentrado pensando en algo, mas poco después alzó su rostro, buscando su mirada.
—Entiendo que Wild Tiger es persistente —pronunció Petrov con lentitud, sin apartar su vista—, es una de sus mayores cualidades.
Eso no era lo que Barnaby había esperado escuchar, pero la sorpresa no le impidió resoplar y decir:
—A veces.
—A veces —repitió Petrov al tiempo en que sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa. El juez movió su cabeza de un lado a otro y enderezó su postura en el mismo instante en que su rostro recuperó la sobriedad—. Aunque no puedo decir nada sobre Wild Tiger, sí puedo asegurarle que no es mi intención que se convierta en un problema.
Finalmente, Petrov estaba hablando y cada palabra era más inesperada que la anterior. Casi sonaba como si Petrov no culpase a Kotetsu o siquiera estuviese molesto ante la atención de Kotetsu... y si ese era el caso, si se había equivocado en sus deducciones, quizás su visita misma era innecesaria.
—No quería implicar lo contrario.
—No se preocupe —dijo Petrov con una sonrisa al tiempo que relajó su postura—, estoy aquí para ayudarlos.
Esa repentina referencia a su trabajo parecía un punto final a la conversación y Barnaby lo aceptó. Estaba claro que, al menos en ese instante, no era necesario que interviniese y eso bastaba por el momento, aun cuando ahora que podía dejar la preocupación por Kotetsu de lado, sentía una más simple curiosidad.
La opinión aparentemente positiva que el juez parecía tener de Kotetsu contrastaba con la renuencia que había demostrado alrededor de Kotetsu, cosa que probaba que él desconocía algo primordial y quizás ese algo era lo que había desencadenado el interés de Kotetsu.
Pero nada indicaba que podría averiguar qué era en ese preciso instante.
—No le quitaré más tiempo.
Barnaby se puso de pie y Petrov lo imitó con una sonrisa cordial en su rostro.
—No dude en decirme si puedo hacer algo por usted.
Tras las cortesías, Barnaby abandonó la oficina y sin perder un segundo, rodeó los cubículos ya vacíos en su mayoría para llegar a los elevadores.
Petrov era, sin duda alguna, una persona con muchas facetas y en esa corta charla había entrevisto algo diferente a lo que Petrov usualmente mostraba en la corte y durante sus interacciones oficiales con los héroes.
¿Y qué había visto Kotetsu que lo había llevado a perseguir al juez?
Distraído, Barnaby entró al ascensor en cuanto abrió sus puertas frente a él y presión el botón del primer piso, todavía considerando posibles respuestas para ese interrogante, al menos hasta que el sonido de su celular anunciando un mensaje lo interrumpió.
Barnaby casi esperaba ver un anuncio sobre una situación de emergencia o un comentario de Kotetsu sobre el concierto de Blue Rose, mas en lugar de eso encontró una corta notificación que él había estado esperando por días: el prototipo de los nuevos trajes para él y para Kotetsu estaba listo para las pruebas.
