La luna que aparece de día V
Había muchas formas de comenzar bien el día y una de ellas era haber finalizado bien el anterior.
Eso bastaba incluso para una mañana no tan ideal, en la que había tenido que salir de su apartamento mucho más temprano de lo usual, sin siquiera alcanzar a desayunar, solo para terminar en un cuarto cerrado, siendo observado a través de un vidrio como si fuese un tigre en exhibición, no fuese realmente mala.
Sí era, sin embargo, inquietante.
La última vez que había estado en una situación similar lo habían usado para poner a prueba las llamas de Fire Emblem y aunque en esta ocasión él no estaba siendo usado como blanco de práctica, seguía sin sentirse a gusto.
Su consuelo era que al menos podía confiar que todo esto tenía un propósito, porque Bunny estaba detrás de todo, vidrio incluido.
—¿Y qué se supone que haga? —preguntó Kotetsu, examinando su traje tan bien como podía sin quitárselo.
Hasta el momento no había visto nada que indicara algo diferente, que ameritara todo esto, mas Kotetsu estaba seguro de que tenía que tratarse de una de las mejoras que Barnaby había mencionado antes.
—¡SALTA Y ACTÍVALO!
Kotetsu no pudo evitar una mueca de dolor al escuchar la voz de Saito.
Sin duda alguna era mejor hablar con Saito cuando el ingeniero tenía su casco con megáfono incluido puesto, en lugar de cuando usaba el intercomunicador como estaba haciendo en ese instante.
—Golpea tus talones entre sí —indicó Bunny.
Pese a que eso sonaba ridículo, Kotetsu obedeció y dio un pequeño brinco, tras lo cual intentó seguir las instrucciones de su compañero.
No lo logró.
No era tan fácil hacer algo como golpear sus talones cuando se estaba preparando para aterrizar, por lo que terminó escuchando el impacto, ruidoso pero poco perceptible gracias al material del traje, de su talón izquierdo golpeando su tobillo derecho en el mismo instante en el que su pie derecho volvió a tocar el suelo.
No caer ante eso requirió de todo su esfuerzo y tras un tambaleante paso, Kotetsu logró enderezarse y recuperar su equilibrio en ambos pies sin perder toda su dignidad en el proceso.
—Hazlo en serio, viejo —lo reprendió Bunny con un suspiro desde la comodidad del otro lado del vidrio.
—Ya, ya... —A pesar del tono desganado con el que contestó, esta vez, Kotetsu dobló un poco sus rodillas para tomar impulso y lograr un salto más alto sin necesidad de activar sus poderes.
Su plan fue un éxito, pues aunque se sintió ridículo y falló en el primer intento, en el segundo, poco antes de tocar el suelo, logró golpear sus talones.
E inmediatamente después se vio impulsado hasta dar contra una pared, tras lo cual cayó al piso como un fardo.
Kotetsu gritó más de sorpresa que de dolor y por unos segundos, no pudo hacer más que observar el techo sobre él, consciente de que sus piernas estaban apoyadas verticalmente contra la pared.
Fuese lo que fuese que había sido eso, sin duda no merecía ser llamado una "mejora".
—Parece que tendremos que revisar los cálculos —dijo Barnaby con toda calma, luciendo más pensativo que alarmado.
Con el ceño fruncido, Kotetsu dobló sus piernas para apoyar sus pies en la pared y usarla para empujarse lejos, tras lo cual finalmente estuvo en una posición que le permitió levantarse sin más dificultades.
—¿No deberías estar más preocupado? —renegó Kotetsu, sacudiendo con sus manos su traje innecesariamente, tras lo cual alzó su visera.
—¡ALGO ASÍ NO ES NADA PARA ESE TRAJE! —Si bien el ruidoso comentario de Saito no era del agrado de sus oídos, Kotetsu no pudo contradecirlo.
Ahora que Saito lo mencionaba, era cierto que los impactos parecían mucho más amortiguados que lo que recordaba durante su tiempo en la primera liga y quizás no era solo porque no había estado en ninguna situación verdaderamente extrema.
Sin duda era gracias a las mejoras originales, mucho más útiles pese a ser inusualmente sutiles en comparación a este nuevo lo-que-fuese, que Saito había mencionado cuando él había regresado para ingresar a la segunda liga.
—¿Y no vas a probar el tuyo, Bunny? —Kotetsu caminó hasta al vidrio y lo golpeó con suavidad dos veces usando sus nudillos, queriendo asegurarse de que Barnaby no pudiese ignorarlo de nuevo.
—No es necesario.
Eso no era justo en ningún sentido.
—¿¡Y por qué soy yo el conejillo de indias!? —reclamó Kotetsu y aunque estuvo a punto de decir más, decidió dirigirse hacia la puerta y salir primero. Era mucho mejor hablar cara a cara que con un vidrio de por medio.
Una vez Kotetsu abandonó el cuarto de pruebas, encontró a Bunny señalando algo en una pantalla mientras Saito asentía.
—¿Y qué quieren que haga? —continuó Kotetsu una vez estuvo junto a ellos, cruzándose de brazos—. ¿Que imite a Sky High?
Saito se dedicó a teclear algo, mas Bunny se giró hacia él con una ceja alzada.
—Eso es imposible —señaló con un tono impaciente—. Además, ese no es ningún tipo de propulsor.
¿No? Kotetsu lo observó con abierta incredulidad. La forma en que había sido impulsado hacia un lado era demasiado similar al efecto de algún tipo de propulsor, al fin de cuentas.
—¿Qué es, entonces?
La mirada que Barnaby le dedicó, con su rostro totalmente serio, parecía una señal de que lo reprendería con un tono irritado o algo similar, pero cuando finalmente habló, le respondió.
El problema fue que en vez de resumir la idea tras la famosa mejora, comenzó una retahíla sobre detalles que incluían algo sobre un "descompresor" y un "estabilizador temporal" y otros términos que Kotetsu no recordaba siquiera haber escuchado previamente y que no explicaban nada.
—¿Y el punto es...? —interrumpió Kotetsu, queriendo acabar con la explicación técnica antes de terminar mareado.
—¿¡NO ENTIENDES TODAVÍA!? —cuestionó Saito, todavía usando el intercomunicador que llevaba su voz directo a los oídos de Kotetsu en lugar de hablar normalmente.
—Piénsalo por ti mismo —dijo Bunny con un resoplido—. Y agradece que estamos haciendo esto.
—¿No vas a decir que "es parte de tu trabajo"? —se burló Kotetsu, poco contento de que ambos estuviesen en su contra. Bunny siempre había estado demasiado dispuesto a cumplir con sus obligaciones laborales, sin importar qué tan poco heroicas fueran, por lo que no tenía sentido que ahora se estuviera quejando.
—No lo es —aseguró Bunny, dirigiendo su atención nuevamente a la pantalla frente a la que Saito había estado trabajando—. Y tampoco es el de Saito.
—¿Uh? —Cualquier molestia desapareció de la mente de Kotetsu gracias a la confusión que esas palabras le provocaron.
—Con todos los recortes de presupuesto —dijo Barnaby, mirándolo de soslayo—, ¿crees que podemos hacer mejoras oficialmente?
—Eh... —balbuceó Kotetsu con cierta vergüenza.
Ahora que Bunny lo mencionaba, recordaba que Lloyds había hecho recortes varios al proceso de mantenimiento de los trajes e incluso había limitado el tiempo de uso de la moto, todo por razones de presupuesto, por lo que tenía sentido que todo este proyecto no llevase ninguna aprobación oficial, aun cuando eso, a su vez, lo hacía más sorprendente.
—Al menos deberías intentar no causar más daños —continuó Bunny—. Eso podría ayudar.
—Sí... —respondió sin prestar mucha atención.
No era que Kotetsu no tomase en serio lo que Barnaby le estaba diciendo o que no agradeciera lo que su compañero y Saito estaban haciendo por él o que no se sintiese culpable por las muchas multas que Apollon Media había tenido que pagar por los destrozos involuntarios que a veces causaba, pero hablar de "daños" le recordaba los juicios y eso lo hacía pensar en Yuri.
Y la noche anterior Yuri había lucido más tranquilo que nunca y había sugerido —de una manera tan indirecta que Kotetsu había dudado en un comienzo— que fueran a comer e incluso había actuado como si hubiese disfrutado la velada tanto como Kotetsu lo había hecho...
Sin poder evitar sonreír, Kotetsu dio media vuelta y caminó hacia el otro extremo del taller, queriendo ocultar su buen humor al menos hasta que Bunny olvidase el aparente sermón que parecía tener preparado.
Para su suerte, Barnaby no dijo nada más que no estuviese relacionado con cálculos y similares durante los siguientes minutos, en los que Kotetsu pudo sentarse y observar a su compañero sin fijarse realmente en lo que éste estaba haciendo, todavía distraído rememorando la noche anterior.
Aunque persistía el misterio de cuál era el problema que había hecho que Yuri se alejara en un comienzo y era decepcionante que Yuri no pareciese tener intenciones de decirle nada, era un alivio que todo indicase que lo que fuera que hubiese sido ya estaba solucionado.
Eso significaba que podría ver a Yuri por más de unos minutos cada unos cuantos días, al fin de cuentas, y ni siquiera tendría que pensar en alguna excusa para eso...
Esa perspectiva bastó para que Kotetsu continuase sonriendo incluso cuando vio a Bunny acercarse a él, tras aparentemente haber terminado lo que había estado haciendo con Saito.
—¿Y qué tenemos para hoy? —cuestionó, levantándose de un salto.
—Rondas en Bronze Stage y apoyar a la policía en una redada en la noche —replicó Bunny sin detenerse junto a él ni dirigirse a la salida.
Notando que su compañero planeaba ponerse su traje antes de salir, Kotetsu se mantuvo en su lugar, apoyando su peso primero en un pie y luego en otro mientras esperaba.
—Últimamente tenemos muchos de esos, ¿no?
Al menos en un principio, las rondas parecían haber sido la principal actividad de la segunda liga y aunque los chicos habían mencionado que no era lo único que hacían, Kotetsu sentía que los casos especiales habían incrementado desde el comienzo del año.
¿O quizás desde que Bunny había regresado...?
—Pienso —dijo Barnaby antes de que él lograra recordar cuándo habían comenzado a llamarlos para más que rondas— que nos están poniendo a prueba.
—¿A la segunda liga? —A pesar de la sorpresa que le produjo, tenía sentido.
Se suponía que la segunda liga era el —recién creado—primer escalón para llegar a la primera, ¿no? Y si ese era el caso, era natural que los pusieran a prueba de vez en cuando.
—Veo, veo. —Cada vez más convencido de que esa era la explicación, Kotetsu asintió para sí mismo con su cabeza.
—También es posible que solo necesiten ayuda —añadió Barnaby, ya listo, dirigiéndose a la salida—. Vamos.
—¿Y al fin cuál es?
Bunny se despidió de Saito en lugar de responderle y Kotetsu lo imitó, sin pensar en insistir en el tema.
No era como si él se estuviese quejando de poder hacer más como héroe, por lo que las razones tras ese tipo de trabajos le daban igual.
Salir de la rutina de las rondas, que muchas veces resultaban tediosas debido a la falta de sucesos durante estas, era algo que Kotetsu disfrutaba más de lo que quizás debería.
Era más fácil sentirse como un verdadero héroe cuando podía hacer algo que importaba y lo era incluso más cuando lo reconocían como uno al pedirle ayuda directamente.
Enfrentar retos mayores que un carterista o un gato escapado no era, sin embargo, algo que buscaba específicamente y ahora que tenía que encargarse de un desafío así le parecía más como una prueba, tal como Bunny había dicho.
—Otra vez un NEXT —señaló sin dejar de correr al tiempo que miraba de un lado a otro para reencontrarlo.
Todo indicaba que aquel hombre canoso que había estado detrás de la mesa más grande y lejana de la entrada del casino clandestino podía teletransportarse, mas solo unos cuantos metros a la vez.
Eso había causado una persecución que los había tenido corriendo por varios minutos hacia un lado y otro, luchando contra la confusión de perder de vista al supuesto criminal cada vez que se desvanecía en el aire; y hasta ahora ni él, ni el NEXT, ni ninguno de los demás héroes de la segunda liga habían abandonado el callejón al que daba la puerta trasera de la bodega convertida en casino.
Al menos podía decir que no lo habían dejado escapar, aun cuando no parecían estar más cerca de atraparlo.
A pesar de tener sus poderes activados, Kotetsu cerró sus manos en el aire una vez se lanzó velozmente contra el reaparecido hombre, quien por un segundo se había dejado ver cerca de unos cubos de basura antes de volver a desvanecerse.
—Concéntrate, viejo —lo reprendió Bunny, quien estaba bloqueando la puerta y no se había movido hasta ahora.
—Estoy haciéndolo —bufó, dando un paso hacia un lado mientras examinaba todo lo que podía.
El hombre desaparecía en cuestión de un parpadeo y tardaba varios segundos en reaparecer en un nuevo lugar, lo que dificultaba siquiera notarlo antes de que volviera a evaporarse como si nunca hubiese estado ahí.
—¡Señor Tiger, detrás de usted! —gritó Ms. Violet.
Kotetsu agradeció el aviso confiando en el por completo, mas aunque pudo girarse a tiempo para ver al NEXT, inmediatamente después lo volvió a perder de vista y terminó trastabillando varios pasos debido al impulso.
—¡Allá está! —Esta vez fue Sumo Thunder quien lo dijo y al mismo tiempo que alzó su voz, usó sus poderes, pero la sal que disparó cayó en el suelo, dejando una mancha blanca en la que no se veía ninguna irregularidad, lo que confirmaba que el hombre no estaba haciéndose invisible.
—Necesitamos un plan —afirmó Bunny, sonando más tranquilo de lo que debería.
—¡No tenemos tiempo para eso! —afirmó Kotetsu, esquivando a Chopman para poder embestir una vez más contra el recién reaparecido NEXT, cosa que fue en vano.
—Bombeman —dijo Bunny en ese instante—, al lado del depósito de la basura; Ms. Violet, en las escaleras de emergencia; Sumo Thunder, en medio del callejón; Chopman, junto a la acera.
Mientras los chicos se movieron, siguiendo las órdenes de Barnaby, Kotetsu pudo ver al hombre varias veces más en diferentes lugares, pero solo fue cuando Bunny dio un paso hacia adelante que el hombre, por alguna razón, se materializó justo frente a él, a solo unos metros de la pared más cercana.
—¡Te tengo! —anunció, cerrando con fuerza ambas manos alrededor de los brazos del NEXT, no sin sentir cierta duda sobre qué tan permanente sería eso.
—Jaque mate —pronunció Bunny por alguna razón, sonando satisfecho.
El hombre palideció y con un gimoteo inclinó su cabeza, como si se estuviese dando por vencido. Y no desapareció.
—Fue gracias a mí —se pavoneó Kotetsu con una sonrisa y apuntó hacia sí mismo con un pulgar, pese a que tras un segundo miró a Bunny por encima de su hombro y le reclamó—: Y me olvidaste, por cierto.
—¿No dijiste que no tenías tiempo para un plan? —rebatió Bunny, alzando la visera de su casco para dedicarle una mirada burlona al tiempo que se acercó—. Pero al menos hiciste tu parte.
Eso casi sonaba como si la manera en que lo había atrapado hubiese sido el resultado del plan que Barnaby nunca había explicado...
Kotetsu hizo un mohín y solo notó instantes después que en ese momento su respuesta visual estaba oculta por el casco de su traje.
—¡Lo hicimos! —celebró Sumo Thunder y sus palabras fueron coreadas por los demás.
—Como ven —pronunció Kotetsu, haciendo una pausa para aclararse su garganta antes de continuar—, el trabajo en equipo es muy importante.
—Pero no creo que nadie pueda hacerlo tan bien como ustedes —afirmó Bombeman con admiración.
—Ni siquiera necesitaron hablar —secundó Ms. Violet, asintiendo con su cabeza.
—Así es como tiene que ser un dúo —continuó Kotetsu con su cabeza en alto, orgulloso, mas fue interrumpido cuando Barnaby decidió tomar al malhechor de un brazo para obligarlo a caminar con él—. ¡Bunny, espera!
Kotetsu no fue el único que corrió tras él y pronto todos estuvieron de regreso en el interior de la bodega, donde la policía ya se había encargado de arrestar a los demás presentes y ahora estaba examinando el mobiliario.
—Les recomiendo que siempre dejen en custodia de la policía a quienes atrapen —indicó Barnaby, haciendo evidente qué era lo que quería hacer—. De lo contrario pueden escapar mientras ustedes hablan.
—No es como si pudiera escapar con todos nosotros aquí. —Y aquel hombre, que en ningún momento había pronunciado palabra alguna, se había rendido, así que estaba claro que ni siquiera planeaba huir.
—Y también debemos alejar rápido a quienes rescatemos, ¿cierto? —dijo Bombeman, luciendo tan atento como si estuviese recibiendo una lección.
—Exacto.
—¿Cómo supo cómo se movería, señor Barnaby? —cuestionó Chopman.
—Solo era cuestión se observarlo —afirmó Bunny, continuando su camino hacia la puerta del lugar, la cual estaba abierta y permitía ver varias patrullas afuera—. Se estaba moviendo como un caballo en un tablero de ajedrez y reaparecía después de que alguien más se movía. Una vez limitamos sus opciones, fue fácil saber qué haría.
El ya pálido y resignado hombre pareció desanimarse más al escuchar eso, dejando caer sus hombros con un suspiro.
—Oh —murmuró Kotetsu, deteniéndose en la mitad del camino.
—¿Pasa algo? —preguntó Barnaby, parando su andar a pesar de que ya estaba prácticamente junto a la salida, y giró su cabeza para verlo.
—Ve, ve —replicó Kotetsu, haciendo un gesto con su mano para recalcar sus palabras—, te dejo todo el crédito del arresto.
Siendo Bunny el que había descubierto cómo funcionaban los poderes de ese NEXT y además había predicho sus movimientos tan bien, lo merecía.
Barnaby no objetó su sugerencia y abandonó el lugar, dirigiéndose de inmediato hacia una de las patrullas. Los chicos también salieron de la bodega, mas tras mirar de un lado a otro terminaron apartándose del semicírculo creado por la policía, como si no supieran qué hacer y no quisiesen estorbar.
Ya familiarizado con el resto del proceso, Kotetsu los siguió, aun cuando permaneció cerca y pendiente de todo, consciente de que podrían requerir su ayuda si ocurría cualquier intento de escape.
En los siguientes minutos eso no sucedió y cuando Bunny regresó a su lado, todo indicaba que no los necesitarían más allí.
—No es como si recibamos puntos por esto —comentó, reanudando la conversación de unos minutos atrás.
Kotetsu levantó su visera y le sonrió.
—Pero nos están probando. —El decirlo mientras podía ver a los chicos hizo que Kotetsu cayese en cuenta de que probablemente ellos no lo habían notado, cosa de la que no podía culparlos porque él mismo solo lo había descubierto gracias a Bunny—. ¿Crees que deberíamos decirles?
—No sabemos si es así —remarcó Barnaby— y no creo que los ayude.
Eso, quizás, era cierto.
Era obvio que los chicos todavía no tenían mucha confianza en sí mismos y era más común que siguieran la guía de Bunny o de él en lugar de tomar la iniciativa, por lo que era posible que de saber lo que quizá estaba tras este tipo de casos solo lograría ponerlos nerviosos.
—Pero están aprendiendo mucho.
Bunny no lo contradijo.
Que la segunda liga fuese a comer era tan inusual que en el momento en que Ms. Violet lo sugirió Kotetsu no pudo negarse y se esforzó para convencer a Bunny de unírseles, cosa que logró tras prometer que después de eso irían a Apollon Media a escribir los informes del día.
Valía la pena hacer ese sacrificio si con el podía hacer que Bunny socializara más de lo usual, ¿no?
Una vez estuvo frente a su escritorio, un par de horas luego, Kotetsu no estaba tan seguro de ello.
No era que se arrepintiera de haberlo hecho, pero sí deseaba haber persuadido a Bunny de cualquier otra forma que no involucrase la parte menos heroica —y más aburrida— de su trabajo.
Lo peor era que no podía guardar la esperanza de poder escabullirse y dejarlo para después, ya que Barnaby estaba a su lado, trabajando en su propio reporte, y sin duda solo haría una pausa para impedirle hacer cualquier cosa que no involucrase terminar su informe.
Tras un largo suspiro, Kotetsu comenzó a escribir con lentitud, intentando recordar lo que Bunny —y Lloyds— le habían dicho en una que otra ocasión sobre el formato, queriendo por una vez que su primer intento fuese suficiente, en lugar de tener que corregirlo un par de veces.
Entre eso y el tener que rehacer más de un párrafo al recordar que había olvidado algo, Kotetsu no había avanzado mucho cuando notó que Bunny abandonó su escritorio.
Sin poder evitarlo, Kotetsu lo observó caminar hacia la impresora que estaba en una de las esquinas.
Eso, sin duda, significaba que Barnaby ya había terminado.
Más desganado al comparar lo mucho que le faltaba, Kotetsu hizo una mueca y puso un codo sobre la mesa, tras lo cual apoyó su quijada en su mano.
No entendía cómo era que Bunny lograba escribir los famosos informes tan rápido, como si ni siquiera le molestase tener que hacer tal cosa; aun así, ese no era un misterio tan grande como el hecho de que Yuri no se desesperaba pasando tantas horas en una oficina, rodeado de tantos archivos que siempre parecían crear pequeñas pilas en su escritorio.
¿Y acaso estaba en esas justo en ese momento?
En un impulso, Kotetsu buscó en sus bolsillos su teléfono y una vez lo encontró, escribió rápidamente un corto mensaje:
«¿Ocupado?»
Kotetsu aguardó mirando con fijeza la pantalla de su celular, mas pronto perdió la paciencia y lo dejó sobre el escritorio frente a él.
Estaba claro que Yuri no acostumbraba a responder mensajes, aunque ahora que lo pensaba, ni siquiera estaba seguro de si los revisaba en primer lugar. O quizás realmente estaba ocupado...
Darle un vistazo al reloj más cercano le hizo saber que faltaba poco para las diez, pero la hora no bastó para convencerlo de que ese podía no ser el caso.
Con el ceño fruncido y su vista todavía en su teléfono, Kotetsu usó las puntas de sus dedos para golpear con suavidad su teclado sin escribir nada más.
Su mente no estaba en el informe.
Tal vez no lo había estado en primer lugar, mas pensar en Yuri era una distracción mucho mayor que el deseo de no dedicarse al papeleo de siempre, que ni siquiera era verdaderamente urgente en comparación con lo que podía hacer fuera de las oficinas de Apollon Media.
Si tan solo pudiese escuchar a Yuri, quizá...
—¿Te falta mucho?
La pregunta lo sobresaltó, pero Kotetsu intentó disimularlo presionando un par de teclas al azar y apartando su vista de su teléfono, fingiendo que estaba trabajando.
—Eh, ya casi.
Bunny asintió con su cabeza y volvió a sentarse frente a su escritorio.
—Te espero.
Teniendo a su compañero al lado era difícil escapar, por lo que, resignado, Kotetsu hizo lo posible para terminar su informe, cosa que solo logró cuando Barnaby se apiadó de él y decidió darle una mano que, de pasó, ayudó a que no fuesen necesarias unas cuántas correcciones.
Imprimir un par de copias, una para Lloyds y otra para enviar al departamento de Justicia, solo tomó un par de minutos más, tras lo cual finalmente pudieron dejar la oficina y dirigirse al parqueadero.
—Al fin. —Kotetsu estiró sus brazos sobre su cabeza, queriendo deshacerse del embotamiento que pasar mucho tiempo en la oficina siempre le provocaba y que lo agotaba más que cualquier persecución.
Pero ahora podía descansar de eso, aunque quizás todavía no podía comenzar a hacer planes.
—¿Me estabas esperando para algo? —preguntó Kotetsu, recordando lo que Bunny había dicho en la oficina.
—Sí —aceptó Bunny, mirándolo de reojo sin dejar de andar hacia la zona de parqueo que les habían asignado—, estaba esperando a que terminaras.
Kotetsu lo observó con incredulidad y suspiró de manera exagerada
—Podrías decir simplemente que querías ayudarme...
—Hasta mañana, Kotetsu —lo interrumpió Bunny, sacando las llaves de su deportivo.
Tal vez Barnaby también estaba cansado gracias al trabajo de escritorio, por lo que Kotetsu coreó sus palabras y una vez Bunny arrancó, lo despidió moviendo su mano.
Si bien terminar el día de esa manera tan rutinaria cuando el día anterior, aproximadamente a la misma hora, había estado comiendo con Yuri, no era del todo agradable, se sentía casi listo a aceptar que por un día tendría que ir directo a casa, pero el encontrar en sus bolsillos su teléfono antes que sus llaves le recordó precisamente cuál era el "casi" que lo detenía.
Sosteniendo su teléfono en mano, Kotetsu entró a su auto y una vez dejó las llaves a un lado y sacó de la guantera el papel ya arrugado donde había anotado la extensión de la oficina de Yuri, marcó al Departamento de Justicia, consciente de que cualquier mensaje no llevaría a nada.
La grabación que le contestó lo tuvo casi un minuto completo eligiendo opciones hasta que finalmente lo comunicó al lugar indicado, dejándolo escuchando un timbre cada unos cuantos segundos.
¿Acaso era porque no había nadie que pudiese contestar?
Eso no era malo, porque significaba que Yuri había decidido dejar de trabajar voluntariamente en algún momento, pero...
Los timbres llegaron a su fin abruptamente y Kotetsu se enderezó en su asiento.
—¿Yuri?
Kotetsu casi esperaba oír la grabación del contestador automático de la oficina de Yuri en lugar de una respuesta, mas en vez de eso hubo un corto silencio que le permitió escuchar algo que sonaba como un suspiro.
—Imagino —dijo Yuri sin saludarlo primero— que ya terminaron con la redada.
Aunque quizás debería preocuparse al confirmar que Yuri realmente seguía en su oficina, escuchar su voz hizo que Kotetsu sonriera y se recostara por completo en el asiento, solo lamentando que, como era más común, Yuri no había activado la opción de video.
—Sí —respondió sin pensarlo, antes de caer en cuenta realmente de lo que Yuri había dicho—. ¿Cómo...? Ya, ya sé —se interrumpió a sí mismo, perfectamente consciente de cuál sería la respuesta que Yuri le daría si él le preguntaba cómo lo sabía—, es tu trabajo.
—¿Debo esperar alguna demanda en su contra en las próximas horas? —cuestionó Yuri con un tono neutro.
—Podrías confiar un poco en mí, ¿sabes? —Kotetsu resopló, poniendo los ojos en blanco al tiempo que estiró sus piernas frente a él tanto como se lo permitía el espacio de su auto—. Y otra vez tuvimos que enfrentarnos a un NEXT.
—Veo. —Yuri no sonaba sorprendido y eso bastó para que Kotetsu entrecerrase un poco los ojos, sospechando de que tras esa simple respuesta había algo más.
—¿También lo sabías?
—Todavía no he recibido los reportes del día, si es a lo que se refiere.
—No... —Yuri tenía que estar al tanto de si los estaban poniendo a prueba, ¿no?—. Solo que ya no parece una coincidencia.
—La policía —replicó Yuri tras un corto silencio, en el que Kotetsu no pudo siquiera escuchar la rítmica respiración de Yuri— no suele solicitar apoyo de los héroes para algo de rutina.
—¿Pero sí cuando hay NEXTs?
—Cuando consideran que podría ser demasiado para ellos —corrigió Yuri.
Pensativo, Kotetsu pronunció un «Hmm» y miró hacia el techo.
Sin duda Yuri sabía más que Bunny sobre las razones por las que llamaban a un héroe para un caso y no para otro y siendo así, que Yuri hablase como si no hubiese ninguna intención oculta tras los últimos trabajos especiales que les habían asignado tenía que significar que los encuentros con NEXTs habían sido una simple coincidencia.
En cierto modo era decepcionante saberlo, mas había un detalle más importante en el que solo cayó en cuenta segundos después.
—No te estoy haciendo decir algo que no deberías, ¿verdad? —cuestionó con nerviosismo en voz baja, pese a que sabía que no tenía mucho sentido hacer tal cosa cuando estaban hablando por teléfono.
—No es ningún secreto —afirmó Yuri.
Kotetsu suspiró con alivio.
—Bien, no me gustaría meterte en problemas.
—Eso no sería propio de un héroe —dijo Yuri con un tono ligero que hizo que Kotetsu lo imaginase con una pequeña sonrisa en su rostro.
—Nop. —Kotetsu no pudo evitar sonreír; Yuri sonaba tranquilo, aun cuando seguía en su oficina, pero eso último tenía una solución—. No me digas que tienes que trabajar más hoy.
Si Yuri le decía que ya planeaba salir o algo parecido, podría ofrecerse a ir por él y luego...
—Tengo una reunión —replicó Yuri para su decepción—, no sé cuánto tomará.
¿Acaso Yuri estaba dándole una excusa?
Su instinto —secundado por la falta de evasivas de Yuri durante la conversación— le decía que ese no era el caso, por lo que, resignado, Kotetsu asintió con su cabeza.
—Entiendo —pronunció al recodar que Yuri no estaba viéndolo—. Si necesitas un héroe, sabes dónde encontrarme.
El silencio que siguió a sus palabras fue extraño, pero no tanto como cuando fue roto por el apenas audible sonido de porcelana golpeando porcelana.
Quizás, consideró Kotetsu, Yuri estaba bebiendo su usual té y se convenció de ello cuando finalmente Yuri le contestó con normalidad:
—Descansa.
—Eso es lo que yo debería decir.
En lugar de responder, Yuri cortó la llamada en ese momento.
El problema con Yuri era que cuando decía estar ocupado era porque realmente lo estaba y eso quedó en evidencia durante los siguientes días.
Que Yuri no vetara sus visitas le permitió ver en vivo y en directo el caos de archivos en el escritorio de Yuri, los trajes colgados con disimulo a un costado de los estantes repletos de libros que hablaban de noches pasadas allí y los paseos hasta el ascensor que terminaban con Yuri partiendo a uno de los últimos pisos.
A pesar de que ser testigo de esa rutina lo hacía querer interrumpirla, Kotetsu tuvo que conformarse con llevarle algo de comer y obligarlo a hacer una pausa por corta que fuera, cosa para la ni siquiera tuvo que esforzarse, quizás porque Yuri mismo estaba consciente de que lo necesitaba o tal vez porque la primera vez, en la que Yuri pareció estar a punto de negarse y echarlo, Kotetsu tomó la iniciativa limpiando el escritorio para hacer campo para el pastel y el té, lo cual terminó con la mitad de los papeles en el suelo y mezclados de tal forma que le tomó más de una hora reorganizarlos.
Recordar el haber tenido que ver documento por documento con mucha atención, buscando el número de página y algo que le indicara si había caído de una u otra carpeta, le provocaba escalofríos y lo hacía desear incluso más que nunca que esas reuniones en la cima de la torre llegaran a su fin, mas tuvo que esperar seis días, en los que se enteró más de lo que tenía a Yuri ocupado gracias a los titulares de los periódicos que a los pocos comentarios de Yuri, para que eso ocurriera.
Kotetsu solo descubrió esa buena noticia esa mañana, cuando al prender el televisor vio el rostro de Yuri y un gran titular que anunciaba el rechazo de la propuesta que había sido el centro de atención esa semana.
El tener que salir pronto, debido a que Apollon Media había programado una entrevista para una revista, y la sorpresa de verlo siendo grabado en el vestíbulo de la Torre de la Justicia le impidió prestar atención a lo que estaban diciendo, fijándose solo en el hecho de que Yuri lucía cansado, pero había dejado los pisos superiores y eso tenía que significar que las reuniones nocturnas habían llegado a su fin.
Eso merecía una celebración y aunque tal vez eso tendría que esperar al menos un día, la sola perspectiva bastó para que Kotetsu abandonase su apartamento con una gran sonrisa en su rostro, la cual no desapareció siquiera después de que él y Bunny se reunieron con un par de periodistas en Silver Stage.
Que la entrevista fuese más sobre Bunny que sobre él no fue ninguna sorpresa e hizo de todo algo más rutinario que especial, si bien eso no cambiaba el hecho de que tomó mucho más tiempo del que él habría preferido.
¿No podían enviarles las preguntas y esperar a que ellos tuvieran tiempo para responderles?
¿Y era necesario que tomaran tantas fotos (de Bunny)?
—Y yo que pensaba que nos habíamos librado de esas entrevistas... —se quejó Kotetsu cuando finalmente pudieron abandonar la oficina donde los habían citado y se dirigieron a la moto que, Kotetsu sospechaba, les habían autorizado usar esa mañana porque la habían querido incluir en la sesión de fotos.
—La segunda liga ha mostrado buenos resultados —explicó Bunny, sonando mucho menos paciente que cuando había estado contestándole a la periodista, mientras consultaba en su teléfono lo que parecía ser el calendario del día—, es de esperarse que eso llame la atención.
Eso era algo que Kotetsu sabía. Él había estado en la misma sala y que la mayoría de preguntas hubiesen sido solo para Bunny no significaba que él se hubiese dedicado a ignorar todo lo que decían.
Aun así, Kotetsu no llegó a decir eso, pues esas palabras le recordaron algo de lo que habían hablado antes y un detalle que había olvidado mencionarle a su compañero.
—Pero no nos están probando.
—¿Ahora te convenciste de eso? —preguntó Bunny con una ceja alzada, mirándolo de reojo.
Kotetsu se encogió de hombros, sentándose en el sidecar.
—Bueno, dijiste que no estabas seguro... —Y lo que Yuri había dicho había terminado de destruir esa teoría.
El sonido pensativo que hizo Barnaby llevó a la conversación a una pausa y eso permitió que su atención se dirigiera a una de las pantallas ubicada en uno de los edificios cercanos, donde un rostro conocido estaba siendo mostrado en primer plano.
—Muchas personas se están preguntando: ¿por qué fue rechazada la propuesta de clasificación de NEXTs?
—La propuesta —replicó Yuri con la calma de quien está habituado a hablar en público— fue rechazada en base a sus connotaciones discriminatorias y el potencial uso perjudicial de la misma, además de su similitud con la previa propuesta de registro y las cláusulas contradictorias encontradas...
Era una repetición de la entrevista que habían estado transmitiendo en vivo esa mañana y tal como había hecho en ese momento, Kotetsu no se concentró en lo que estaban diciendo, enfocándose más en examinar a Yuri y su traje que no se veía tan impecable como de costumbre y su cabello que parecía estar a punto de quedar suelto gracias a que el lazo se había resbalado y su palidez, mayor que la usual, que delataba que el debate sobre esa ley o lo que fuese había durado toda la noche.
Era un verdadero alivio saber que finalmente todo el trabajo extra que había causado eso había llegado a su fin...
—¿Estás pensando en ir a ver a Petrov?
—¿Eh? —La repentina pregunta sobresaltó a Kotetsu y lo llevó a mover su cabeza hacia su compañero, quien ya se había subido al vehículo. No era como si Bunny supiese lo mucho que visitaba a Yuri cuando podía, estaba seguro de que no tenía ninguna demanda pendiente y la noticia del día, en la que Yuri estaba involucrado, no tenía nada que ver con él, por lo que no tenía sentido que le dijese algo así—. ¿No deberíamos ir a...? —pronunció Kotetsu, queriendo cambiar el tema antes de terminar diciendo algo que tal vez Yuri preferiría que él no dijese.
¿Y qué era lo que tenían que hacer hoy? ¿Las rondas de siempre en alguna zona de Bronze Stage o algo más?
Barnaby suspiró.
—No soy el único que se ha dado cuenta, Kotetsu.
Esas simples palabras, acompañadas por el hecho de que Barnaby giró su cabeza para verlo a los ojos, como si esta conversación fuese más importante que prender la moto e ir a trabajar, probaban que no aceptaría una evasiva.
—Oh —musitó Kotetsu, alzando una mano para rascar su barba distraídamente al tiempo que apartó su mirada, dirigiéndola a la pantalla una vez más.
—El alcalde —continuaron anunciando en la televisión, mostrando ahora un grupo de hombres en el que no se encontraba Yuri, pero sí el alcalde— también se pronunció sobre la decisión...
No era que hubiese querido ocultarlo en primer lugar y sin duda no era inesperado que más de uno de los trabajadores de la Torre de la Justicia hubiese notado la frecuencia con la que iba, al igual que las muchas veces que salía con Yuri. Cómo era que Bunny lo había descubierto era el misterio, pero tal vez no importaba.
Lo que Yuri había dicho era sobre mantener las formalidades mientras trabajaban, al fin de cuentas.
—¿Crees que Yuri lo sepa? —preguntó, dejando caer sus brazos a sus costados, y volvió a observar a su compañero. Si Yuri estaba consciente de lo obvios que eran sus encuentros, quizás no le importaría que Kotetsu no lo negara—. Él siempre se toma su trabajo tan en serio...
—Teniendo en cuenta su cargo, eso es de esperarse.
La naturalidad con la que Bunny estaba hablando, en lugar de interrogarlo o recriminarle el no haberle dicho, hizo que Kotetsu le sonriera, relajándose con gusto por el solo hecho de poder hablar con su compañero con sinceridad en vez de tener que inventar excusas para cambiar el tema
—Bueno, sí —aceptó Kotetsu—, pero Yuri no es como imaginaba, ¿sabes? Él a veces...
El retumbante sonido de una explosión lo interrumpió.
Kotetsu no pensó dos veces antes de enderezarse en el sidecar mientras miraba en la dirección general en la que había ocurrido, queriendo localizar su procedencia.
—¡Eso sonó muy cerca!
—Agárrate bien —indicó Bunny, encendiendo la moto.
—No tienes que decírmelo.
Barnaby no se molesto en contestar, más concentrado en maniobrar para salir a la avenida más cercana y Kotetsu, por su parte, se dedicó a buscar el lugar de la explosión.
Había sonado arriba, en alguna parte de Golden Stage, y sin duda era por eso que Barnaby estaba dirigiéndose hacia allá en ese momento.
No fue sino hasta que llegaron al punto más alto de la avenida, la cual conectaba a uno de los tramos de ingreso a Golden Stage, que Kotetsu pudo confirmar que había ocurrido en esa área y el humo, que desde ahí no parecía más que un hilo gris en proceso de cobrar grosor y que estaba flotando hacia arriba demasiado cerca de la estatua de la Diosa de la Justicia que decoraba la torre en el centro de la ciudad, le indicó con más exactitud el lugar.
Sintiendo una gota de sudor frío recorrer su espalda, Kotetsu buscó el origen del humo y pronto vio el fuego que ardía con fuerza en uno de los primeros pisos.
—¡Bunny...! —comenzó Kotetsu, mas una nueva explosión resonó antes de que pudiera decir más.
Esta vez, mucho más cerca que antes y con una vista clara de la Torre de la Justicia, Kotetsu vio la llamarada inicial, la cual pareció apoderarse de dos pisos bajos al mismo tiempo, dejando un mar de llamas naranjas que se alzaban como si quisieran alcanzar los pisos superiores.
El que Bunny eligiese ese momento para acelerar más fue lo único que detuvo a Kotetsu de activar sus poderes, bajar de un salto y correr hacia la torre.
Era una emergencia. Era necesario que más de un héroe estuviese allí.
Y Yuri estaba en peligro.
No era imposible que en ese preciso instante se encontrase en su oficina, todavía a salvo si es que no ocurría una nueva explosión; pero también podía estar en un juzgado, más cerca de las llamas que estaban consumiendo poco a poco el costado de la torre que podía ver desde allí.
Y si ese era el caso...
—Bonjour, héroes —la familiaridad del saludo sobresaltó a Kotetsu, sacándolo de sus pensamientos. Ni siquiera había escuchado el sonido de notificación de una llamada, ni mucho menos había notado que Bunny la había contestado—. Tenemos confirmación de que hubo dos explosiones en la Torre de la Justicia. La primera liga ya fue informada, ellos se encargaran de controlar el fuego y sacar a las víctimas de los pisos afectados. La segunda liga —continuó Agnes, hablando con apremio— recibió permiso especial para apoyar la evacuación y asegurarse de que ningún transeúnte permanezca cerca de la torre.
—Estamos en camino —replicó Kotetsu a la vez que Bunny pronunció una pregunta.
—¿En qué pisos fue?
Averiguar detalles como ese era algo que Kotetsu nunca consideraba hacer, prefiriendo actuar en lugar de demorarse hablando; pero, esta vez, contuvo la respiración mientras aguardaba impaciente por la respuesta.
No parecía haber sido cerca de la oficina de Yuri; sin embargo, sus ojos y el oscilante fuego podían estar engañándolo...
—Cuarto y onceavo —replicó Agnes—. Todavía no sabemos qué tan serios son los daños, pero parece que el fuego no se está propagando.
Lejos de la oficina de Yuri, mas ni eso ni lo que Agnes mencionó del fuego eran un consuelo, al menos para Kotetsu.
Los juzgados ocupaban todo el especio entre el segundo y el sexto piso y la devastación dejada por el fuego era notoria.
Eso significaba que quienes habían estado en el punto de la explosión seguramente no habían sobrevivido y que todas las personas en las proximidades no resistirían mucho y si Yuri era una de ellas...
El brusco frenazo de la moto cuando llegaron a la torre lo mandó hacia atrás por inercia, cosa que hizo que Kotetsu tuviese que agarrarse con fuerza en lugar de abandonar el sidecar en ese mismo instante.
Ese tiempo, solo unos segundos, bastó para que notara varios grupos en las cercanías.
Era obvio que quienes habían estado en la torre no se habían sentado a esperar a ser rescatados y las personas que habían podido salir, habían hecho justo eso y ahora se encontraban en los alrededores, observando el incendio.
Con una pizca de esperanza, Kotetsu observó de un lado a otro, mas los únicos rostros que reconoció entre los presentes fueron los del personal de seguridad, muchos de los cuales sin duda no se habían quedado con los brazos cruzados, pues sus uniformes y rostros tenían rastros de hollín.
Pero Yuri no estaba ahí.
—E-el primero y el segundo piso ya... —informó uno de los guardias, corriendo hacia ellos, y cubrió su boca con una de sus manos cuando una fuerte tos lo interrumpió.
—Deje el resto en nuestras manos —respondió Bunny con seguridad.
Sin siquiera pensar en tomarse un segundo para escuchar más sobre la situación, Kotetsu activó sus poderes y echó a correr, saltando las escaleras que llevaban a la entrada con un solo impulso.
—¡Ya vienen con nuestros trajes!
A pesar de que Kotetsu logró escuchar a Bunny tras él, no se detuvo.
—¡No hay tiempo para eso!
Tenía un minuto, solo el tiempo suficiente para subir y evacuar un piso y encontrar a Yuri.
Porque si él estaba en la torre, no descansaría hasta dejarlo fuera de ella, sano y salvo.
La recepción, en donde incluso a las más altas horas de la noche solía haber al menos una persona, estaba desierta; no había siquiera ruido de pasos y aunque el humo era poco, el olor acre del incendio pocos pisos arriba invadía el lugar.
Confiando por completo en que los dos primeros pisos ya habían sido evacuados, Kotetsu corrió escaleras arriba, mas antes de llegar al segundo piso tropezó con dos mujeres descalzas, quienes estaban bajando la escalera con dificultad y exclamaron con sorpresa al verlo.
La forma en que estaban apoyándose mutuamente para caminar y cómo intentaban usar las paredes como un soporte adicional evidenciaba que el humo las había afectando, por lo que Kotetsu no dudó en alzarlas y llevarlas hasta el primer piso en cuestión de segundos, tras lo cual volvió a subir.
Esta vez no encontró a nadie más en las escaleras, pero en el tercer piso sí se topó con un grupo de rezagados que parecían haber estado colaborando entre sí para no dejar a nadie atrás y uno de ellos, quien obviamente trabajaba allí, le informó que los juzgados bajo el lugar de la explosión habían estado cerrados por reparaciones y gracias a eso no había nadie atrapado allí.
Todos lucían capaz de bajar por sí solos, por lo que Kotetsu pudo subir un piso más, donde encontró un panorama muy diferente, como sin duda era de esperarse, pues una de las explosiones había ocurrido allí.
El corredor a su izquierda llevaba a un mar de fuego que no permitía ver más, aun cuando, tal como había dicho Agnes, las llamas no estaban avanzando para apoderarse del resto de piso; a su derecha, el corredor no mostraba más que una sucesión de puertas abiertas y no se podía escuchar nada; frente a él, en cambio, era diferente.
—¡Auxilio!
Pese a que algunas puertas abiertas dejaban claro que quienes habían estado allí ya habían escapado, Kotetsu no tuvo que dar más de dos pasos para escuchar el primer grito, que provenía de un par de puertas cerradas casi al fondo.
—¡Qué alguien nos ayude!
Probar tomar el pomo para abrir solo logró que tuviera que retirar su mano debido al calor del metal. Sin duda esa era la razón por la que no habían podido salir.
—¡Apártense! —gritó Kotetsu antes de embestir ambas puertas.
Éstas cedieron, desprendiéndose de sus bisagras y cayendo hacia el interior. Una nube de humo pareció golpearlo en su rostro, haciendo que sus ojos escocieran por un momento, pero el único rastro de fuego en el lugar era una mancha negra oculta parcialmente oculta por un polvo blanquecino, que probaba que el extinguidor de la sala había sido puesto en buen uso.
Los presentes, además, habían cubierto sus bocas con pañuelos y chaquetas y aunque estaba claro que estaban acercándose a su límite, todavía estaban conscientes y capaces de caminar y todos se encontraban cerca de las puertas que ahora reposaban en el suelo.
—Vamos, vamos —indicó, buscando entre ellos a Yuri sin ningún éxito—, las escaleras están bien. Vayan agachados.
Una vez todos dejaron la sala y quedó claro que podrían continuar sin él, Kotetsu continuó adentrándose por ese mismo corredor, pues era un hecho que cualquier persona que continuase en ese piso necesitaba un héroe en ese mismo instante.
Luego de dos puertas cerradas más, que derrumbó tras una advertencia solo para descubrir que esas salas se encontraban vacías, Kotetsu llegó a la última del corredor.
—¿¡Hay alguien!? —gritó, mas tal como las otras veces no recibió respuesta alguna.
Era posible que allá tampoco hubiese nadie, pero también era posible que los presentes no pudiesen contestar y él no planeaba irse sin confirmarlo.
—¡Voy a abrir! —advirtió y arremetió contra las puertas, que cayeron con un ruido seco.
Esta vez, el calor de las llamas que parecieron moverse hacia la puerta ahora abierta fue lo que le dio la bienvenida, mas Kotetsu no pudo preocuparse por ello ya que pronto notó que allí sí había varias personas.
Era obvio que una de las paredes de ese juzgado limitaba con la zona de la explosión, pues a diferencia de lo que había visto en las demás salas, las llamas ya se habían apoderado de un costado del lugar, bloqueando incluso la puerta; al otro lado, unas diez personas estaban contra la otra pared, sin duda queriendo alejarse del fuego y resistir por tanto tiempo como les fuese posible.
—¡Los sacaré de aquí!
Y para eso, primero tenía que encargarse del fuego.
Gracias a sus poderes, Kotetsu pudo recorrer los metros que lo separaban del extinguidor ubicado en el corredor en cuestión de un solo segundo y regresar para usarlo.
Estaba claro que eso no bastaría para apagar las llamas, pero solo necesitaba contenerlas lo suficiente para que todos pudieran pasar y eso sería más rápido que sacarlos uno a uno.
Rogando para que funcionara, Kotetsu abrió la válvula y apuntó hacia el punto más débil de las llamas que bloqueaban la puerta, queriendo abrir un camino temporal.
El efecto fue inmediato y los presentes, confiando en él, se acercaron tan rápido como podían a pesar de sus pasos tambaleantes, más de uno ayudando a otro a andar, y antes de que el extinguidor se agotase, todos llegaron afuera. Aunque era obvio que no estaban bien, habían sobrevivido.
Conteniendo un suspiro de alivio, Kotetsu lanzó el objeto a un lado y consciente de que no le quedaba mucho tiempo, se dispuso a ayudarlos a evacuar, decidido a regresar después de eso con su traje para revisar el quinto piso, pero antes de poder hacerlo, una de las mujeres que acababa de rescatar lo agarró de un brazo.
—E-el juez Petrov...
Esas palabras borraron de su mente todos los planes.
—¿¡Dónde está!?
—L-los jueces... —dijo ella con dificultad— tienen una... sala de espera. Él todavía no ha... —Incapaz de continuar hablando, ella señaló hacia el fondo de la sala, donde se alcanzaba a ver una puerta de madera parcialmente oculta por las llamas.
Kotetsu asintió con su cabeza y corrió tan rápido como pudo, indiferente a las llamas que tuvo que atravesar para llegar a la puerta y la golpeó con toda su fuerza.
—¡Yuri!
Cuando la puerta cayó al suelo, Kotetsu pudo ver que el fuego no se había propagado por el corredor, el cual doblaba a la derecha, por lo que, esperanzado y poco intimidado por las llamas naranjas que lo recibieron, atacándolo como si estuviesen vivas, Kotetsu se esforzó por correr tan rápido como podía, queriendo conseguir encontrarlo a tiempo.
Esta vez él sí podía hacer algo. Tenía que hacerlo.
No podía volver a perder a alguien importante para él.
—¡Yuri!
La curva a la derecha lo llevó directamente a una sala pequeña, amoblada por solo dos poltronas y con dos ventanales de piso a techo en el fondo.
Y Yuri estaba ahí, recostado contra el vidrio y mirando a través de éste hacia abajo, brazos cruzados sobre su toga y una expresión pensativa.
Kotetsu no se detuvo hasta que estuvo a su lado y una vez lo hizo, puso sus manos sobre los hombros de Yuri.
—Estás bien.
Quizás era redundante decirlo, pero pronunciarlo lo hacía tan real como la sensación bajo sus manos, que probaba que Yuri realmente estaba ahí.
Yuri estaba bien.
—¿Qué está haciendo aquí, Wild Tiger? —cuestionó Yuri con una calma irreal, sin siquiera lucir sorprendido, y apenas movió un poco su cabeza para mirarlo de frente.
Ver a Yuri ileso había sido un alivio, pero esa actitud fue lo que acabó con su tensión y lo hizo resoplar con incredulidad.
—Rescatándote, obviamente. —Deseoso de hacer justo eso, Kotetsu deslizó sus manos por los brazos de Yuri, mas antes de poder hacer un solo movimiento para alzarlo, Kotetsu sintió que su fuerza aumentada al cien por ciento desapareció, dejándolo como una persona normal, sin siquiera un traje que lo ayudara a resistir el calor.
Correr sobre el fuego con Yuri en brazos ya no era una opción.
No queriendo ponerlo nervioso ahora que no podía sacarlo de allí en un parpadeo, Kotetsu se contuvo de maldecir y le sonrió al tiempo que se alejó un paso.
—Tranquilo, pensaré en algo.
Un héroe no estaba hecho de solo sus poderes y el equipo de bomberos hacía un gran trabajo sin ellos, por lo que tenía que haber algo que pudiese hacer, ¿no?
Un vistazo a su alrededor bastó para que notara que en ese limitado espacio no había un extintor, ni nada que pudiese ayudarlo; aguardar hasta que pudiera volver a usar sus poderes no era una buena idea, pues aun si las llamas tardaban en alcanzarlos, el humo era un enemigo inmediato para ambos, y por eso mismo tampoco podían esperar a algún otro héroe.
Eso significaba que tendría que crear una nueva ruta de salida...
Y era obvio cómo podía hacerlo.
—La prioridad de la segunda liga era... —dijo Yuri de repente, observándolo con sus ojos entrecerrados, mas se detuvo y movió su cabeza de un lado a otro— Olvídelo. Como siempre, no está pensando en las consecuencias.
—Pero esta vez no me van a cobrar por las puertas, ¿no? —bromeó Kotetsu, más aliviado ahora que tenía un plan—. ¿Ni por esa ventana?
Era una suerte que tenía consigo uno de sus cables, gancho incluido, todo gracias a los inventos compactos de Saito. Entre el peso del gancho y el impulso con el que saldría expedido, podría romper el vidrio y alcanzar el edificio al otro lado de la calle; el resto sería una precipitada caída en la que solo tendría que sostener a Yuri y asegurarse de que él, y no Yuri, recibiese el impacto una vez aterrizaran.
—Agárrate de mí.
Decidido a no dejar pasar más tiempo, Kotetsu apuntó con cuidado, queriendo poder enganchar su cable en el otro edificio en el primer intento, mas se vio interrumpido antes de poder accionar el dispositivo, pues en lugar de obedecer, Yuri cerró una mano alrededor de su muñeca.
—¿Se da cuenta de lo peligroso que puede ser eso?
Kotetsu hizo una mueca.
Esta no era la primera vez que rescataba a alguien de un incendio. Sabía bien que abrir una puerta o una ventana solo atraía las llamas, a veces con una velocidad sorprendente; aun así, no estaban tan cerca del fuego, por lo que creía que podrían lograrlo.
—Yo te cubriré —prometió Kotetsu—. Y una vez estemos abajo...
—No.
—Pero puedo...
—No —interrumpió Yuri nuevamente—. Las ventanas en esta sala son blindadas. Le tomará más que eso romper una, pero solo una grieta podría ser suficiente para empeorar la situación aquí.
Lo lógico que eso sonaba era aterrador.
—¿Me vas a decir que sabes eso porque es tu trabajo?
Yuri lo observó con fijeza, luciendo tenso, mas lo soltó segundos después al tiempo que respondió:
—No.
—Está bien —suspiró, dejando caer su brazo. Esa respuesta había sido extraña, pero nada indicaba que Yuri dudase de lo que decía y si tenía razón, insistir con la ventana podría ponerlo en peligro, cosa que Kotetsu se negaba a hacer—. Plan b.
El problema era que ese había sido su plan b.
No tenía ninguna herramienta a la mano aparte de su cable, el camino estaba bloqueado por llamas cuyo resplandor podía ver desde allí y no podía contar con sus poderes hasta que pasara una hora.
¿Qué le quedaba?
¿Colgarse del techo, columpiarse para atravesar el fuego y salir así?
Eso tenía que ser mejor que esperar.
—Bien —comenzó Kotetsu—, vamos a...
—Kotetsu... —Yuri titubeó, mas Kotetsu no tuvo oportunidad de preguntarle nada, pues Yuri se recuperó pronto y cuestionó—: ¿Confías en mí?
—¿Eh? —No sentirse confundido ante esa repentina pregunta era imposible. Teniendo en cuenta la situación, tenía más sentido que él le preguntase a Yuri algo así antes de hacerlo seguir un plan improvisado.
—¿Confías en mí? —repitió Yuri con urgencia mirándolo a los ojos, su voz ligeramente ronco debido al escozor del humo.
Aun sin entender a qué se debía ese interrogante, Kotetsu asintió. No necesitaba detenerse a pensar para responder eso.
—Por supuesto.
Yuri pareció contener su respiración por un momento y lo examinó con su mirada, como si quisiese asegurarse de que eso era cierto.
El déjà vu que eso le provocó causó que se sintiese más consternado que molesto, por lo que no protestó y aguardó hasta que, finalmente, Yuri exhaló con lentitud, dejando caer sus hombros con la resignación escrita en su rostro.
—Kotetsu —dijo y a pesar de su gesto un segundo atrás, la determinación era evidente en la firmeza de su tono—, cierra los ojos.
