La luna que aparece de día VI
—Cierra los ojos.
Eso no era lo que Kotetsu había esperado escuchar.
Si era sincero, no había siquiera pensado en qué era a lo que Yuri quería llegar al preguntarle si confiaba en él; aun así, si hubiese intentado adivinar, eso no habría pasado por su mente. Hablar sobre cómo salir de ahí habría tenido más sentido y si Yuri tenía un plan, que se lo explicara habría sido lo normal.
Pero claro, Yuri no era una persona común y corriente y parecía querer mantener en secreto incluso los detalles más triviales de su vida.
Ese pensamiento bastó para que Kotetsu pudiese deshacerse de la confusión inicial, por lo que asintió con su cabeza y obedeció, queriendo probar con eso que sus palabras segundos atrás habían sido ciertas.
—¿Cuándo puedo abrirlos?
Aun así, confiar en Yuri no era sinónimo de no desear saber qué era lo que estaba por suceder y aunque no planeaba interrogarlo, pues sospechaba que eso haría que Yuri creyese que le había mentido, quería al menos tener alguna idea de qué podía esperar.
En lugar de contestar, Yuri colocó una de sus manos en su espalda y lo empujó sin usar mucha fuerza, sin retirar su mano, dejando claro que planeaba guiarlo de esa manera.
—Vamos.
¿Y adónde podían ir?
La sala era pequeña y Kotetsu no recordaba nada que indicara que hubiese otra forma de salir aparte del corredor en llamas. Tal vez había una puerta oculta en alguna parte y solo los jueces podían saber de ella, pero incluso sin ver, Kotetsu estaba seguro de que Yuri lo estaba llevando por el mismo camino por el que él había entrado.
—Uh —balbuceó Kotetsu, convenciéndose de eso al notar el cercano calor de las llamas tras solo unos cuantos pasos—, Yuri, ¿no vamos directo a...?
—Rápido.
Concorde a sus palabras, Yuri aceleró su andar y obligó a que Kotetsu hiciera lo mismo.
Trotar hacia el fuego era una locura.
El pesado sudor en su frente, el escozor en su garganta y la creciente dificultad para tomar aire eran, al igual que la creciente temperatura, la prueba de que frenar era lo sensato, pero Kotetsu se negó a hacerlo.
Yuri tenía un plan. Yuri le había pedido indirectamente que confiara en él. Yuri...
Kotetsu a duras penas pudo cumplir con mantener sus ojos cerrados, mas le fue imposible contener un grito al sentir que una zancada nunca llegó a su fin, pues algo lo impulsó con fuerza hacia adelante y lo hizo girar con brusquedad, todavía en el aire, para luego seguir un camino recto.
Aunque sintió bajo sus pies un inconfundible ardor, este desapareció en un parpadeo y antes de procesar lo que estaba ocurriendo o de que sus zapatos terminaran destruidos, notó una vez más el suelo bajo él.
¿Y qué estaba pasando?
—No te detengas.
No era como si pudiese hacerlo.
El impulso no había desaparecido, forzándolo a atravesar más rápido de lo normal, aun si no era comparable con la velocidad que él podía alcanzar con sus propios poderes, lo que tenía que ser el juzgado.
Tal vez el fuego sí se había expandido durante el tiempo que había pasado con Yuri o simplemente no lo había notado antes gracias a sus poderes —y al apremio por encontrar a Yuri—, porque ahora Kotetsu no solo sentía un calor mayor proveniente de un lado, sino también la anormal opresión del humo, que lo obligó a contener su respiración forzosamente.
Aun así, eso acabó pronto.
Tal como había comenzado, el empuje que lo había llevado hasta ahí terminó de manera súbita y lo único que impidió que continuara hacia adelante, en una carrera descontrolada debido a la inercia, fue un brazo de Yuri rodeando su pecho, ayudándolo a detenerse por completo.
La necesidad natural de aire fue su prioridad y Kotetsu tomó una bocanada a la vez que agarró el brazo de Yuri en un intento por anclarse tras el precipitado paseo, y a pesar de toser un par de veces, no tardó demasiado en sentir que respirar volvía a ser posible, pese a cierta dificultad sin duda causada por continuar demasiado cerca del lugar del incendio.
¿Y dónde estaban ahora?
Deseoso de confirmarlo, Kotetsu entreabrió un ojo, mas terminó parpadeando repetidas veces.
Sin duda había subestimado el tiempo que habían pasado allí y el efecto del humo, pues el ardor en sus ojos le estaba causando un lagrimeo persistente que le impedía ver con claridad.
Exasperado ante eso, Kotetsu soltó el brazo de Yuri y pasó sus manos por sus ojos, queriendo aclarar su visión lo más pronto posible.
Solo fue segundos después, cuando pudo distinguir que se encontraban en el fondo del corredor que él había recorrido buscando a personas que necesitaban ayuda para evacuar, que recordó que Yuri aún no había dicho nada.
Y en ese preciso instante, Yuri estaba a pocos pasos de él, dándole la espalda, apoyando un brazo en la pared y con su cabeza gacha.
—Yuri... —empezó Kotetsu, acercándose alarmado. Sin pensarlo dos veces, puso una mano sobre su hombro izquierdo e intentó darle un vistazo a su rostro.
El sobresalto de Yuri fue evidente, tanto en la tensión que Kotetsu pudo sentir bajo su mano, como en la forma en que Yuri se enderezó, dejando de buscar el soporte de la pared, y enfocó su vista hacia delante, como si quisiese evitar mirar a Kotetsu.
—¿Las escaleras son seguras? —cuestionó Yuri con una voz firme que desmentía sus peores temores.
—Sí, pero... —Kotetsu no pudo terminar de hablar, pues Yuri echó a andar a paso rápido, obligándolo a que lo soltara—. ¡Yuri!
Ver que Yuri parecía tener fuerzas para caminar solo y hablar con normalidad era un alivio, mas aun entendiendo que debían salir de allí cuanto antes, Kotetsu sentía que había algo mal.
¿Pero qué era?
Kotetsu solo pudo preguntarse eso una y otra vez mientras siguió a Yuri, quien parecía estar más deseoso de huir de él que de la torre, pues incluso una vez llegó a las escaleras no ralentizó sus pasos ni pronunció palabra alguna.
Todo indicaba que eso continuaría incluso una vez salieran a la calle, pero en las escaleras que llevaban al segundo piso eso cambió.
Yuri se detuvo de manera repentina, con cada pie en un escalón diferente, e inclinó un poco su cabeza en un saludo que logró que el mechón de cabello que siempre dejaba suelto se meciese hacia adelante.
—Señor Brooks. —Y todo indicaba que Yuri conservaba sus modales incluso en una situación de emergencia.
Kotetsu, quien había estado algunos escalones atrás hasta ese momento, recorrió a trote la distancia que lo separaba del lugar en el que Yuri se había encontrado con Bunny y se detuvo a su lado.
—Su señoría —replicó Barnaby, solo dando una mirada en dirección a Kotetsu—, es un gusto verlo bien.
A pesar de la forma en que el cabello de Yuri oscurecía su rostro, Kotetsu pudo verlo apretar sus labios y curvarlos en algo que distaba de ser una sonrisa.
—Wild Tiger hizo su trabajo.
Barnaby asintió.
—Los paramédicos ya están aquí —indicó con el tono profesional que solía usar con civiles durante una emergencia— y también...
—¡Voy a cambiarme! —interrumpió Kotetsu, sospechando que lo que Bunny diría sería sobre el lugar donde la furgoneta de Apollon Media lo estaba esperando y seguro de que podría encontrarla sin ayuda—. El cuarto piso ya fue evacuado.
Yuri hizo un gesto de despedida hacia Barnaby antes de reanudar su andar y tras reiterarle a su compañero que volvería pronto, Kotetsu tuvo que trotar una vez más para alcanzar a Yuri.
—¿No me vas a explicar nada? —preguntó cuando alcanzaron el último tramo de las escaleras.
—No considero —replicó Yuri, callándose por un segundo para recobrar su aliento aun cuando no se detuvo— que este sea el momento adecuado para hablar.
—Cierto... —No poder negarlo era frustrante, pero en cuanto llegaron al primer piso y la salida estuvo frente a ellos, Kotetsu se resignó a tener que esperar. Al fin de cuentas, había cosas más apremiantes, como dejar a Yuri con los paramédicos y reunirse con Bunny para continuar con la evacuación—. ¿Después?
En esta ocasión, Kotetsu no dejó que el no recibir una respuesta lo desanimara y continuó cerca de Yuri una vez salieron.
Al hacerlo, notó de inmediato lo mucho que el panorama había cambiado en solo un par de minutos.
Bombeman y Sumo Thunder estaban asegurándose de que todos los curiosos permanecieran en la acera siguiente, logrando dejar el perímetro de la torre libre de civiles.
En los extremos de la calzada, algunos autos de policía se habían ubicado para impedir el tráfico no autorizado y los únicos otros vehículos cercanos eran cuatro ambulancias; Chopman y Ms. Violet estaban dirigiéndose hacia una de ellas justo en ese instante, ayudando a caminar a dos personas que, sin duda alguna, acababan de abandonar la torre.
Y Yuri giró hacia la derecha, como si quisiese alejarse del lugar sin siquiera permitir que los paramédicos lo revisasen.
—Allá están —indicó Kotetsu, tomándolo de un brazo para detenerlo de inmediato.
¿Acaso estaba confundido?
—Estoy bien, Wild Tiger.
Eso dejó claro que ese no era el caso, pero Kotetsu no desistió y lo haló para obligarlo a andar con él hasta la ambulancia más cercana.
Aunque Yuri lo miró de reojo, luciendo poco contento con su intervención, no opuso resistencia.
Solo una persona estaba siendo atendida en ese momento por dos paramédicos, un hombre y una mujer; y la mujer, quien acababa de vendar el brazo del paciente mientras su compañero le proporcionaba una máscara de oxígeno, vio por encima de su hombro al escucharlos acercarse.
—Él estaba en el cuarto piso —informó Kotetsu, señalando a Yuri.
La mujer asintió.
—Nos encargaremos —prometió, acercándose para tomar a Yuri de un brazo, como si quisiese auxiliarlo incluso para caminar si era necesario—. Venga con nosotros.
La persistente sensación de que algo estaba mal hizo que Kotetsu observase a Yuri hasta que le pusieron una mascarilla de oxígeno y solo después de eso, que logró convencerse de que Yuri se quedaría a recibir la atención médica necesaria, miró de un lado para otro, en busca de su siguiente destino.
La furgoneta de Apollon Media resultó estar a la vuelta de la esquina, cosa que solo descubrió gracias a que Chopman se lo dijo, y Kotetsu fue directo hacia ella y se cambió rápidamente, apenas notando en el proceso algunos puntos chamuscados en su ropa y la ausencia de su sombrero.
Cuando salió, el sonido de varias sirenas anunciaba que más grupos de ayuda habían llegado, incluyendo un gran camión de bomberos al que la policía le estaba abriendo el paso.
Sin duda eso facilitaría el resto del rescate.
Eso resultó ser solo parcialmente cierto.
Aun con la asistencia que le brindaba su traje, el trabajo de subir hasta el quinto piso y volver a bajar una y otra vez fue duro.
Si bien en el quinto piso no habían tantas personas como en el cuarto, la mayoría habían pasado más tiempo allí, víctimas del humo, y su estado les impedía bajar por si solos.
Él y Bunny apenas tuvieron oportunidad de intercambiar palabra alguna durante los siguientes minutos, que pudieron haber sido muchos más de no haber sido por los chicos de la segunda liga, quienes los apoyaron recibiendo en las escaleras a los rescatados y se encargaron de llevarlos hasta los paramédicos mientras ellos volvían a subir.
Cuando confirmaron que no quedaba nadie más, Kotetsu suspiró con alivio, respirando con facilidad dentro de su traje. Comenzaba a sentir que ya había pasado lo peor.
—Habla Barnaby, el quinto piso ya fue evacuado, nos dirigimos al sexto.
—¿No deberíamos ir directo al onceavo? —cuestionó Kotetsu tras escuchar a Bunny hacer su informe.
El décimo y el doceavo también sonaban como lugares en los que podían necesitar a un héroe con más urgencia, al tratarse de los pisos vecinos de la otra explosión.
Bunny negó con su cabeza.
—Sky High y Dragon Kid ya están ahí.
¿Y cuándo habían llegado?
Hasta ahora, el solo ver a la primera liga en la televisión no lo había afectado, pero ahora que sabía que estaban en el mismo edificio, descubrir que él ni siquiera se había enterado de la llegada de los demás le produjo un extraño vacío.
Aunque tenía sentido. Agnes les había dicho cómo se repartirían el trabajo desde un comienzo y gracias a los poderes de Sky High, estaba claro que ellos eran más capaces de ayudar a quienes estaban atrapados en pisos más altos.
—Ah, llegaron los protagonistas. —Kotetsu sonrió dentro de su casco, obligándose a enfocarse nuevamente en lo que él podía hacer—. Sigamos entonces.
Las personas en el sexto, séptimo y octavo piso resultaron ser pocas y simplemente habían estado demasiado asustadas para salir tras las explosiones.
Aun cuando algunas parecían estar comenzando a sufrir por el humo que había empezado a colarse allí, el ver a dos héroes revivió los ánimos entre ellas, cosa que hizo que guiarlos hasta la salida fuera algo simple y rápido, y cuando avisaron que el octavo piso había sido evacuado, Agnes les informó que solo quedaba encargarse de uno de los incendios, por lo que podían descansar.
La situación ya estaba bajo control.
Kotetsu dejó escapar un suspiro de alivio cuando se recostó contra la furgoneta de Apollon Media, la cual habían movido a las proximidades de la entrada una vez la mayoría de las ambulancias había partido hacia el hospital más cercano, dejando solo una último vehículo frente al que dos paramédicos se encontraban alertas en caso de que alguien más necesitase primeros auxilios, pero eso parecía ser poco probable.
Por lo que podía ver desde allí, el incendio en el cuarto piso ya había sido apagado y el del onceavo había perdido su ímpetu inicial, dejando solo unas pocas llamas que parecían limitarse a una esquina del edificio y que estaban comenzando a desaparecer, y aunque el helicóptero de HERO TV continuaba sobrevolando el área, Kotetsu alcanzaba a divisar en una pantalla a un par de cuadras de distancia que estaban transmitiendo el cuadro de puntos y no lo que estaba ocurriendo en ese instante.
Luciendo mucho menos cansado que él, Barnaby lo imitó, apoyándose contra el vehículo al tiempo que levantó su visera, y cruzó sus brazos.
—Estuviste adentro por más de un minuto.
—Sí... —Kotetsu se encogió de hombros—. Pero los extintores son útiles.
Esa era solo parte de la verdad, mas no podía contarle el resto a su compañero.
No era cuestión de orgullo o de que quisiese ocultar el hecho de que sus poderes lo habían abandonado en el peor momento.
Meses atrás, él le había prometido a Yuri que guardaría su secreto y no pensaba quebrantar eso ahora mencionando que Yuri era quien lo había sacado de un aprieto cuando su minuto había llegado a su fin.
Porque eso era lo que había pasado: Yuri había usado sus poderes y de no haber sido por eso, quizás habrían tenido que aguardar a que Bunny los encontrara...
Kotetsu frunció el ceño.
¿Y por qué Yuri había esperado tanto para eso?
—¿Estás bien?
La pregunta de Barnaby sacó a Kotetsu de sus pensamientos.
—Sí —respondió rápidamente, no queriendo preocuparlo—, pero es agotador subir y bajar tanto.
Fue tan obvio que Bunny no estaba convencido que Kotetsu miró a su alrededor en busca de algo para cambiar el tema y no tardó en encontrarlo.
—Cada día se ven más como héroes —comentó, señalando el lugar donde Chopman y los demás continuaban moviéndose de un lado a otro, ayudando a que los infaltables curiosos mantuviesen su distancia y colaborando con la policía cada vez que necesitaban abrir el paso.
—Quieren seguir tu ejemplo.
Esas palabras fueron dichas con un tono tan casual que casi sonaba indiferente, mas una vez las procesó, Kotetsu sonrió de manera amplia.
No todos los días escuchaba a su compañero halagándolo de esa manera, quizás un tanto indirecta, pero que sonaba sincera.
—Bunny... —empezó, dividido entre el deseo de ufanarse de ser un buen ejemplo a seguir y de recalcar el que Barnaby acababa de aceptar justo eso, mas no tuvo ninguna oportunidad de hacer lo uno o lo otro.
—¡Ahí están!
Kotetsu reconoció la voz de Dragon Kid de inmediato y al buscar a la heroína, descubrió que no solo ella se estaba acercando.
Origami Cyclone iba trotando junto a ella; Rock Bison se encontraba tras ellos, andando con menos prisa, y Sky High estaba descendiendo en el aire justo en ese instante.
—¡Tiger! —exclamó Rock Bison, tras lo cual hizo un gesto de saludo en dirección a Bunny—. Veo que hicieron gran parte del trabajo.
—Nah, muchos estaban saliendo por su cuenta —replicó Kotetsu, levantando su visera para sonreírle a los recién llegados.
—Los que pudieron; nosotros nos encargamos de los demás —corrigió Bunny, usando un tono poco altivo a pesar de sus palabras.
—¡Señor Wild! ¡Señor Barnaby! —saludó Sky High al aterrizar, causando en el proceso una brisa anormal que no duró más que momento—. Es un honor volver a trabajar con ustedes, un verdadero honor.
—Ustedes llegaron primero, ¿cierto? —preguntó Dragon Kid, mirándolos a ambos de hito en hito.
Barnaby asintió.
—Estábamos cerca.
—¿Y Blue Rose? —preguntó Kotetsu, notando quiénes faltaban—. ¿Y Fire Emblem?
—Estaban ayudando a los bomberos de gozaru... —replicó Origami, girando un poco su cabeza para ver a su alrededor, y tras un corto silenció señaló en dirección a la torre—. Allá vienen.
Efectivamente, los otros dos héroes acababan de salir del edificio, ambos cubiertos de hollín y distraídos conversando entre ellos, por lo que no notaron la reunión de los demás hasta que Dragon Kid alzó su voz para llamar la atención ambos e hizo un entusiasta gesto con su brazo para indicarles que se acercaran, cosa que ambos hicieron de inmediato.
—¡T-Tiger! Y Barnaby... —Blue Rose los observó a ambos de reojo, manteniendo su distancia a pesar del entusiasmo inicial en su voz.
—¡Buen trabajo! —felicitó Kotetsu, notando que los únicos rastros del incendio que quedaban eran unas notorias manchas negras en varias partes de la fachada—. Lo que no entiendo —continuó Kotetsu, dirigiéndose a Fire Emblem— es por qué tú también estabas con los bomberos.
—¿Nos has oído de contrafuego? —preguntó Fire Emblem, alzando su mano derecha al tiempo que creó una pequeña llama en la punta de su dedo índice—. Aunque no fue necesario —finalizó, apagándola con una mueca decepcionada.
—Ah, Agnes dijo algo de que no se estaba propagando... —recordó Kotetsu.
—No usaron ningún acelerante —puntualizó Fire Emblem con un suspiro exagerado, que contrastaba con la seriedad que se reflejaba en sus ojos— y eligieron salas vacías, lejos de cajas eléctricas.
—Pero... —pronunció Origami con un tono dubitativo— desactivaron los rociadores.
Eso sonaba como una extraña contradicción.
—Podría ser una amenaza. —Barnaby no sonaba del todo convencido de su propia teoría y dirigió una mirada hacia Fire Emblem, quien luego considerarlo por unos segundos ofreció una nueva idea del motivo tras el ataque.
—O una represalia por no pasar esa propuesta.
No era difícil saber a qué propuesta se estaba refiriendo y si Fire Emblem tenía razón, ¿los que habían atacado la torre se conformarían con haber asustado a sus blancos o los buscarían después?
Solo pensar en eso bastó para que Kotetsu sintiese un escalofrío y sin vacilar, se enderezó y se apartó de la furgoneta que le había servido de apoyo. Que estuviese cansado era lo de menos cuando, quizás, Yuri todavía estaba en peligro...
—Bueno, creo que debería...
—Ir al hospital —interrumpió Bunny.
Kotetsu observó a su compañero con incredulidad. Después de haber pasado casi una hora subiendo y bajando escaleras, tenía que ser obvio que a él no le había pasado nada.
—Estoy bien...
—Entraste sin ninguna protección, en caso de que lo hayas olvidado —dijo Barnaby con un tono impaciente.
—Típico —resopló Rock Bison.
—¿Y qué estás esperando para ir? —Blue Rose puso sus brazos en jarra y lo fulminó con la mirada.
Nada de esto era justo. Él no era el único que había estado en la torre y si él necesitaba una revisión médica, los demás no podían ser la excepción.
—¿Y ustedes?
—No necesitamos que nos obliguen —dijo Dragon Kid con una sonrisa que parecía más inocente que traviesa.
—Guapo —ordenó Fire Emblem, señalando a Kotetsu con una mano—, encárgate de ese viejo tigre.
—No tienes que decírmelo.
—¡Hey!
A pesar de sus intentos de protestar, nadie apoyó a Kotetsu e incluso Sky High lo despidió con su usual fervoroso estilo, por lo que se vio arrastrado al interior de la furgoneta y no pudo hacer nada para convencer a Bunny de no pedirle a Sam, el conductor, que los llevara directamente al hospital Stern Medaille.
—Están exagerando —se quejó Kotetsu una vez el vehículo comenzó su camino, mas Barnaby no contestó para contradecirlo. Extrañado, Kotetsu entrecerró sus ojos al tiempo que preguntó—: ¿No me vas a decir nada?
Barnaby, quien había decidido cambiarse de inmediato y acaba de quitarse el casco y ponerse sus gafas, lo miró de reojo.
—Fue una locura entrar así, pero lo entiendo.
Las palabras de su compañero lo desarmaron y con un suspiro, Kotetsu se dejó caer en el asiento junto al armario mecanizado en el que tendría que dejar su propio traje.
—Tenía que hacer algo.
Pronunciar esas cuatro palabras fue fácil; sin embargo, esa confesión lo dejó con un nudo en la garganta.
Pese a que la emergencia lo había impulsado actuar y hacer lo que un héroe debía, no podía negar que el miedo de que algo le hubiese pasado a Yuri había pesado sobre él hasta el momento en que lo había encontrado y si bien buscar la forma de sacar a Yuri de aquella sala lo había distraído del problema, no podía negar que el que su minuto de poder llegara a su fin le había impedido hacer justo lo que se había propuesto.
Aunque lo único que había querido hacer era salvarlo, al final se había visto incapaz de hacerlo.
—Pero eres demasiado impaciente —lo reprendió Bunny sin sonar verdaderamente cortante, sacándolo de sus pensamientos—. Si te hubieras detenido a pensar, habrías sabido que Petrov estaba bien.
—¿Por qué lo dices? —preguntó, confundido.
—¿Quién crees que autoriza que envíen a los héroes? —Barnaby alzó una ceja, interrogante.
—¿Siempre? —No era que Kotetsu hubiese olvidado que Yuri también trabajaba directamente con los héroes, encargándose de todas las funciones administrativas que tenían lazos legales; pese a eso, nunca había pensando que no solo estaba involucrado en aprobar el ingreso de un héroe a una de las ligas, sino también en permitir que intervinieran en un caso u otro.
—Creo que en algunos casos HERO TV no necesita una autorización previa —dijo Bunny y se encogió de hombros—. Tendrás que preguntarle a él.
—Oh. —Kotetsu se tomó un segundo para considerar eso.
Si Bunny tenía razón, Yuri había sido el que había dado el permiso especial para que la segunda liga también participara en el rescate y aunque había tenido cómo comunicarse, no había pedido auxilio.
—Pero Yuri estaba en peligro —dijo Kotetsu en voz alta, frunciendo el ceño—. Estaba cerca de una de las explosiones y él... —Y él además había demostrado que era capaz de salir solo, mas no había hecho nada para rescatarse a sí mismo desde un comienzo.
—Tuvo suerte.
Tal vez Barnaby quería animarlo al recordarle que no le había pasado nada a Yuri, pero Kotetsu no pudo consolarse con eso. Él peligro para Yuri había sido real, tal como el hecho de que Yuri no había querido hacer nada antes de la llegada de Kotetsu y el que, contrario a lo que Yuri había dicho, Kotetsu mismo no había "hecho su trabajo".
Kotetsu se recostó contra la pared de la furgoneta y masajeó su frente, casi deseando un trago, pero sabía que no era el momento para intentar no pensar y relajarse.
—¿Crees que podrían volver a atacar a Yuri?
Él no había olvidado esa posibilidad, que desde que había cruzado por su mente lo había hecho querer salir corriendo en busca de Yuri.
No saber dónde podría encontrarlo era una de las razones por las que no había intentado hacer justo eso, al igual que el no tener un mal presentimiento pese a la desagradable sensación que le habían dejado los sucesos del día, mas eso no le parecía suficiente para confiarse.
Para su suerte, podía contar con Bunny.
—No sabemos a ciencia cierta cuál fue la razón de los ataques —dijo Bunny con una expresión seria luego de considerar su pregunta—, pero creo que querían enviar un mensaje.
Eso tenía sentido.
No habían intentado que los daños fueran mayores, no habían puesto ninguna bomba en un lugar en uso y no habían ido directamente tras una sola persona, limitándose a demostrar que podían atacar uno de los lugares más importantes de la ciudad.
Kotetsu asintió con su cabeza.
—¿No podían simplemente decirlo a gritos? —se quejó al tiempo que se puso de pie.
Poder guardar la esperanza de que Yuri estaría bien, no solo porque quería creer que así sería, le quitaba un peso de encima.
Aún quería verlo y asegurarse por sí mismo de que estaba a salvo, pero por ahora podía aceptar que tendría que esperar para ello; no obstante, antes de cambiarse, consciente de que no había nada que le permitiera evitar ir al hospital, buscó su teléfono y escribió un corto mensaje.
«¿Dónde estás?»
Como de costumbre, no recibió respuesta alguna.
El panorama en el hospital Stern Medaille era extrañamente alentador.
A pesar del ataque a la Torre de la Justicia, del cual todavía estaban hablando en la pantalla que tenían en la sala de espera, no había rastros del caos común en medio de una tragedia.
No había sirenas que anunciaban la llegada de ambulancias constantemente, ni médicos corriendo para atender alguna emergencia. Quizás lo peor ya había pasado, pero Kotetsu quería creer que la rapidez con la que habían actuado había ayudado a que las personas que habían sido evacuadas no sufriesen mayores daños.
Kotetsu no tuvo que esperar más de unos minutos en compañía de Barnaby hasta que una enfermera lo guió a una sala de consulta y allí una mujer, quien se presentó como la doctora Choe, le hizo varias preguntas, tras lo cual ordenó un examen pulmonar y un examen de sangre.
Esas pruebas y aguardar por los resultados de ellas fue lo que más tiempo tomó y para el momento en que finalmente volvió a la sala de consultas y la doctora entró con una carpeta en mano, Kotetsu ya se sentía tan inquieto después de tanto rato haciendo nada que había recorrido la estrecha sala media docena de veces, esquivando el catre, las dos butacas y el escritorio que la ocupaban.
La médica no pareció sorprendida de encontrarlo en la mitad de otro recorrido y se limitó a indicarle con un gesto que se sentara.
—Casi no parece haber estado en un incendio —comentó Choe de buen humor, mirándolo de reojo mientras tomó asiento.
Kotetsu estaba seguro de a qué se debía ese casi.
No haber tenido otra muda de ropa en la furgoneta lo había obligado a ponerse las mismas prendas que había usado al entrar en la torre, cosa que era evidente debido al estado de estas.
—Soy un héroe —rió, consiguiendo una fugaz sonrisa, a la vez que se dejó caer sobre la otra butaca.
—No es extraño —dijo Choe con un semblante mucho más serio, repasando los documentos en sus manos— que algunos NEXTs se vean menos afectados en algunos casos, pero le recomiendo que permanezca monitoreado hasta mañana.
Eso tenía que significar que estaba bien, que no había necesidad de que hiciera tal cosa y que podía irse ya mismo.
—¿Tengo qué? —preguntó Kotetsu, queriendo confirmarlo.
—No puedo obligarlo según sus resultados —aceptó Choe, dejando los papeles sobre una mesa—, pero es lo mejor, los efectos del monóxido de carbono no siempre son inmediatos ni detectables.
Kotetsu sabía que la doctora estaba haciendo su trabajo y apreciaba su sugerencia, tal como la preocupación de Bunny y los demás, mas ya había tomado su decisión.
—Si me siento mal —prometió—, puedo venir rápido.
—¿En un minuto?
Kotetsu forzó una carcajada.
Aun sabiendo que ella estaba bromeando, quizás queriendo hacerlo sentir cómodo, el recuerdo del límite de sus poderes no era agradable.
La doctora, aparentemente no notando su incomodidad, enumeró una serie de síntomas que requerían atención médica inmediata y repitió su recomendación; no obstante, Kotetsu la rechazó una vez más.
—Bueno... —concluyó Kotetsu y a pesar de que se levantó de su asiento, en lugar de despedirse y salir, se detuvo a preguntar—: ¿Cómo puedo averiguar por un paciente?
—¿Está hospitalizado?
—No estoy seguro... —Kotetsu frunció el ceño. Ni siquiera recordaba el logo de la ambulancia en la que había dejado a Yuri, ni mucho menos sabía si lo habían llevado a un hospital en primer lugar—. Pero estaba en la torre.
—Puede preguntar en recepción.
Eso era tan obvio que Kotetsu se sintió avergonzado por haber preguntado, mas la sonrisa amable de la doctora borró el bochorno de su mente y tras agradecerle y firmar un documento, Kotetsu dejó la sala de consulta a paso ligero.
Al fin.
Kotetsu estiró sus brazos sobre su cabeza y revisó su teléfono en caso de que hubiese recibido un mensaje, intentando no decepcionarse al descubrir que no lo había hecho.
Por ahora, decidió, se reuniría con Bunny.
No le tomó demasiado encontrarlo, pues Barnaby se había sentado en una de las sillas del corredor que llevaba a la recepción y aunque había tomado una revista, estaba claro que no tenía ningún interés en su contenido, cosa que fue más que evidente cuando dirigió su vista hacia él antes de que Kotetsu dijese algo para anunciar su presencia.
—¿Y bien? —preguntó y dejó a un lado la revista que había ojeado al tiempo que se puso de pie, dedicándole una mirada que delataba mejor que la pregunta lo preocupado que había estado.
—Te lo dije —pronunció Kotetsu con una sonrisa que pretendía ser reconfortante mientras recorrieron el resto del pasillo—, estoy bien. Cero síntomas de nada.
Tal como era de esperarse.
El hecho de que había estado trabajando como si nada debería haber sido suficiente prueba, pero viendo la manera en que Bunny se relajó con la noticia, Kotetsu no se sintió capaz de quejarse por haberse visto obligado a ir al hospital.
—¿Y tú?
Él no había sido el único que había entrado a la torre, al fin de cuentas, y aunque Barnaby había estado usando su traje, nunca estaba de más prevenir.
—Yo no estuve expuesto al humo —replicó Barnaby, encogiéndose de hombros, dejando claro que a él no le habían hecho ningún chequeo médico.
—¿Y cómo estás tan seguro?
—Si Saito te escucha —dijo Bunny con una media sonrisa— creo que querrá hacer una nueva prueba comparativa...
—Paso —interrumpió Kotetsu, recordando de inmediato la horripilante experiencia que había sido ver su viejo traje siendo aniquilado sin piedad—. Y no estoy diciendo que no confíe en las creaciones de Saito, solo que...
El notar por el rabillo de su ojo una silueta familiar lo hizo no solo dejar de hablar, sino detenerse en seco.
Yuri Petrov se encontraba frente a la recepción, sosteniendo su toga y su chaqueta en un brazo y con un bolígrafo en su mano libre, ligeramente inclinado sobre la mesa, consiguiendo con ello que su cabello suelto ocultara su rostro, mientras leía con atención algo que había en ella.
Hallarlo antes de comenzar a buscarlo seriamente era un alivio, tal como el hecho de que parecía estar a punto de dejar el hospital. Aun así, lo ocurrido en la torre y el que Kotetsu mismo había podido darse de alta a pesar de las recomendaciones de la doctora, lo hacían dudar si realmente Yuri debería estar haciendo eso.
Y si ese era el caso...
—¿Me esperas un minuto...? —Kotetsu señaló con su mano hacia Yuri, queriendo creer que su compañero entendería que necesitaba hablar a solas con Yuri, aun si no conocía la razón.
—Ve. Cancelaron nuestras rondas —le informó Barnaby, poniendo una mano sobre su hombro por un segundo—. Nos vemos mañana.
No sentirse culpable después de que Barnaby lo había esperado era imposible, pero prometiéndose internamente compensarlo por ello el día siguiente, Kotetsu le sonrió.
—Gracias, Bunny.
Sin pensarlo dos veces, Kotetsu trotó hasta la recepción y una vez estuvo tras Yuri, se empinó en un intento por ver lo que el juez estaba leyendo.
—¿Qué estás haciendo, Yuri?
No le sorprendió ver un documento igual al que él había firmado minutos atrás, el cual se resumía en que se responsabilizaba por su decisión de dejar el hospital y que admitía que había recibido recomendaciones médicas y advertencias de en qué casos debería regresar de inmediato.
El sobresalto de Yuri fue obvio por la manera en que alzó ligeramente su cabeza, mas en lugar de responderle de inmediato, Yuri firmó con cuidado y solo una vez dejó el bolígrafo sobre la mesa, se enderezó y giró un poco para observarlo.
—Debería preguntarle lo mismo, Wild Tiger.
—Ya no estoy trabajando —replicó Kotetsu, señalando su rostro. Se había quitado su antifaz antes de entrar al hospital y si bien eso no había impedido que lo reconocieran, quería creer que Yuri entendía lo que eso significaba—. Y tú tampoco —continuó, cruzándose de brazos. Aunque Yuri había evitado hablar con él en la Torre de la Justicia, Kotetsu no planeaba dejar que lo evitara de nuevo—. Y no me contestaste.
—Tengo trabajo que hacer —aseguró y le ofreció a la mujer tras la recepción el documento que acababa de firmar—. Aquí está.
—Recuerde —dijo ella al tiempo que recibió la hoja— que tendrá que ir a un hospital de inmediato si se presenta cualquier síntoma.
—Entiendo.
Sin más, Yuri giró en sus talones y se encaminó hacia la salida.
Ahora que lo conocía bien, reconocer que Yuri estaba de mal humor era sorprendentemente fácil. Su acostumbrada formalidad podía ocultarlo un poco, pero la forma en que cortaba cualquier intento de charla y rechazaba por completo tener compañía delataba la realidad.
Pero hoy Kotetsu no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.
—Estás escapando —lo reprendió, siguiendo su paso sin dificultad—. Deberías quedarte hasta mañana...
—Oh. —Yuri inclinó un poco su cabeza en su dirección, viéndolo de soslayo—. ¿Y por qué usted no planea quedarse?
—Porque estoy... —Esta consciente de que su respuesta sería exactamente la misma que Yuri le diría hizo que Kotetsu se acallase. Aun así, si Yuri quería ser obstinado, había otra solución—. Voy contigo.
Esta vez Yuri se detuvo por completo y lo encaró, alzando una ceja y manteniendo sus labios apretados por unos segundos, hasta que dijo:
—¿Disculpe?
—Te lo dijeron, ¿no? —insistió Kotetsu, haciendo un esfuerzo por contener una sonrisa victoriosa, pues sabía que Yuri no podría contradecirlo, ni tampoco estaban en un lugar donde podría cerrarle la puerta en la cara—. En caso de síntomas...
—Puedo llamar una ambulancia en el peor de los casos —interrumpió Yuri.
Esas palabras hicieron que Kotetsu sintiera un escalofrío.
¿Eso mismo era lo que había pensado en la torre? ¿Acaso había decidido no pedir auxilio hasta que se diese el peor de los casos?
—Pero es mejor si alguien te cuida.
—No necesito...
—Yuri —pronunció Kotetsu, sintiéndose repentinamente cansado—, puedes contar conmigo.
¿Cuántas veces tendría que decirle lo mismo hasta que Yuri lo entendiera y decidiese depender un poco en él?
Esta vez, sin embargo, Yuri no lo examinó con su mirada por varios minutos y se limitó a alzar una de sus manos, usándola para enviar su cabello hacia atrás al tiempo que suspiró.
—No se va a rendir.
—Nop. —Kotetsu sonrió—. Ya me conoces.
