Luna Menguante
Estaba claro que había cometido demasiados errores.
Tener una certeza absoluta de eso hacía más extraño el hecho de que había accedido a que Kotetsu lo siguiera al salir del hospital, pero después de todo lo ocurrido, obligar a que Kotetsu lo dejara en paz solo empeoraría la situación.
Y no podía permitirse eso.
Tras mirar de reojo su propio reflejo en el vidrio de un auto parqueado en las cercanías para cerciorarse de que su cicatriz no estaba visible, tal como había hecho en repetidas ocasiones desde que había abandonado la Torre de la Justicia, Yuri encaró a Kotetsu.
—¿Y qué piensa hacer ahora?
¿Ir detrás de él durante todo el día? ¿O acaso podía guardar la esperanza de que aquel héroe tuviese algo más que hacer?
—Por ahora, tengo el día libre —aseguró Kotetsu, encogiéndose de hombros con total calma—. A no ser que pase algo. ¿Y tú?
Yuri apretó sus labios.
Si bien la responsabilidad tras el tiempo libre de Kotetsu residía en Apollon Media, estaba consciente de que también tenía parte de la culpa.
Haber autorizado a ambas ligas para trabajar en la evacuación había roto la rutina que mantenía a Kotetsu y a los demás héroes de la segunda liga ocupados y los había dejado bajo el foco de la atención de sus patrocinadores, lo cual cambiaría todo.
Y ese había sido un error.
—Imagino —dijo a modo de respuesta, esforzándose por concentrarse en lo que debía hacer— que no vino en su auto.
—No. —Kotetsu hizo una mueca mientras observó los alrededores del hospital—. Y parece que Bunny ya se fue en la furgoneta. ¿A dónde quieres ir?
—Tengo que ir —corrigió Yuri de manera automática.
Luego del ataque a la Torre de la Justicia, podía esperar nueva una pila de trabajo que, por una vez, tendría poco que ver con Wild Tiger.
La sola investigación tras ambas explosiones —dos bombas, probablemente— requeriría diversas autorizaciones de un juez y no creía que los demás jueces de la ciudad estuviesen dispuestos a estar en su lugar de trabajo para darlas de inmediato; además, el circo mediático sin duda merecía algo de atención; el proceso de reparaciones e inspección de los sistemas antiincendios dentro de la torre necesitaría un buen uso del presupuesto para emergencias, el cual tendría que revisar con detenimiento antes de aprobar; y estaba claro que era necesario renovar el protocolo de ingreso a la torre, cosa que tendría que ser uno de los temas de la próxima reunión con el alcalde, la cual seguramente sería llevada a cabo en las próximas veinticuatro horas.
Pero eso no era todo.
La revisión de las cintas de seguridad podría convertirlo en un sospechoso de otra investigación y tenía que prepararse para la interrogación y quizás para más que eso.
Y ese había sido otro error.
¿Por qué no había permitido que Kotetsu insistiese con sus planes desesperados? ¿Por qué no lo había obligado a contactar a Brooks? ¿Por qué no había llamado directamente a la primera liga?
Usar sus poderes para salir junto a Kotetsu había sido innecesario y si alguna cámara había logrado sobrevivir el fuego inicial y lo había grabado...
Yuri se obligó a inhalar con lentitud y dirigió su vista hacia su reflejo de nuevo, queriendo recordarse que al menos había tomado tan poco tiempo salir de aquella sala que sus poderes no habían afectado el maquillaje que cubría su cicatriz.
Por ahora, su trabajo debía ser su prioridad.
—Tomaremos un taxi.
No les tomó más de un par de minutos hacerlo, para alivio de Yuri.
Tener una meta clara y poder trabajar en ella era mucho mejor que repasar todo lo ocurrido en las últimas horas y las posibles consecuencias que tendría que enfrentar.
—A la Torre de la Justicia —indicó una vez estuvieron en el auto y Kotetsu cerró la puerta.
—Pudo ser una tragedia, ¿no? —comentó el taxista, mirando a Kotetsu por el retrovisor al tiempo que arrancó—. Pero ustedes hicieron un buen trabajo. No sabía que la segunda liga hacía tanto.
—Sí, bueno, también somos héroes.
Que la atención del conductor estuviese en Kotetsu, a quien había reconocido sin ningún problema, permitió que Yuri pudiese relejarse y sin prestar atención a la charla de ambos, buscó su teléfono para revisar sus mensajes.
Como quizás era de esperarse, encontró uno de Kotetsu, el cual ignoró a favor de cuatro notificaciones oficiales: dos sobre la postergación de los juicios que habían sido planeados para hoy, una sobre una reunión el día siguiente a primera hora en la cúspide de la Torre de la Justicia y un último con la información disponible hasta ahora del ataque.
—¿Realmente estás pensando en ir a trabajar? —preguntó de repente Kotetsu en un murmullo.
Notando tardíamente que el taxista estaba conduciendo en silencio, Yuri apartó su atención del informe para observar a Kotetsu de reojo.
Descubrir que Kotetsu se había sentado de medio lado para verlo lo tomó desprevenido, pero Yuri se forzó a volver a fijarse en la pantalla de su teléfono de inmediato e inclinó un poco su cabeza para que su cabello ocultase su rostro.
Aun sabiendo que nada lo delataba, no quería verlo de frente en ese instante.
—Sí, después de lo ocurrido es necesario.
Kotetsu suspiró sonoramente.
—Así que así seas una de las víctimas tienes que seguir como si nada.
¿Victima? ¿Desde cuándo él era una victima?
Yuri apretó el agarre de su teléfono por varios segundos, todavía con sus ojos enfocados en la pantalla pese a que no hizo ningún esfuerzo para continuar leyendo.
Él nunca había sido una victima.
Él enfrentaba el mal, tal como debía hacer. Se encargaba de que nadie escapara de la justicia, brindaba el castigo merecido, no dejaba que nada lo detuviera...
Y esa tarde, ¿no le había demostrado a Kotetsu que no necesitaba la ayuda de ningún héroe?
Caer en cuenta de esa contradicción entre los hechos y lo que Kotetsu había dicho llevó a Yuri a arriesgarse a darle una mirada más.
Kotetsu continuaba pendiente de él, con su ceño fruncido en preocupación y sus labios apretados como si se estuviese conteniendo de decir algo y él, en cambio estaba al borde de perder la compostura.
Yuri cerró los ojos por un segundo al tiempo que hizo un esfuerzo por respirar con lentitud.
Necesitaba tranquilizarse si deseaba evitar empeorar las cosas.
Además, se dijo, lo más probable era que Kotetsu hubiese hablado sin pensar, que sus palabras no tuviesen ningún significado oculto en ellas salvo que continuaba desaprobando el que Yuri había dejado el hospital antes de lo recomendado o que quizás, incluso, fuesen una forma de sugerirle una excusa para olvidarse de su trabajo por un día.
No queriendo responderle a Kotetsu pese a eso, Yuri buscó una vez más la distracción de su trabajo, pero aunque resumió su lectura, fue incapaz de procesar las palabras al menos hasta que una captó su atención: «Fallecidos».
Así que había verdaderas víctimas por las Kotetsu debería preocuparse.
—Tres personas murieron —informó con un tono neutro, fijando su atención en el espejo retrovisor para poder ver la reacción de Kotetsu sin que fuese demasiado evidente—. Dos durante la primera explosión, la otra por complicaciones respiratorias y hay tres personas más en cuidados intensivos.
Y eso bastaba para convertir a los culpables tras ese ataque en blancos de Lunatic.
¿Y qué haría Kotetsu frente a tal pecado?
Que Kotetsu no había esperado escuchar algo así fue obvio por la forma en la que sus ojos se agrandaron y se enderezó, tenso, en su asiento, mas eso pronto fue remplazado por simple determinación.
—Te prometo que los atraparemos.
Predecible.
La normalidad de ese hecho finalmente logró que Yuri se calmara lo suficiente para notar que se encontraba a punto de cometer otro error. No tenía sentido buscar provocar a Kotetsu cuando sabía tan bien cuáles eran sus ideales de justicia e intentarlo era peligroso, aun en mejores situaciones.
—La investigación apenas comenzó. —Yuri guardó su teléfono y enfocó su vista en las calles que estaban recorriendo—. Desconozco si será necesario un héroe.
Kotetsu pronunció un suave «hmm» en respuesta.
La conversación parecía haber llegado a su fin con esas palabras, pero luego de un rato de silencio, Kotetsu volvió a hablar:
—¿De quién depende eso?
—¿A qué se debe la pregunta?
—Tengo curiosidad.
—Principalmente, depende de las circunstancias —replicó. No tenía razones para dudar de la sinceridad de Kotetsu y la familiaridad de un tema laboral le permitía resguardarse de otros asuntos que prefería no tocar en ese instante—. La señorita Joubert es bien conocida por presentar quejas si un caso... llamativo no es asignado a la primera liga.
Kotetsu dejó escapar una corta risa.
—No me sorprende.
Poder ver que estaban a punto de llegar a su destino y que no podrían acercarse mucho más, ya que la policía todavía tenía bloqueado el paso vehicular, impidió que Kotetsu tuviera la oportunidad de añadir algo más, pues Yuri tomó la iniciativa diciéndole al conductor que podía dejarlos ahí y pagándole de inmediato.
Al bajar del auto, Kotetsu deslizó su antifaz a su rostro y caminó junto a él en silencio hasta que llegaron a la entrada de la torre, luego de pasar por un punto de control de seguridad que habían montado de manera provisional a un bloque de distancia.
Aun cuando ya habían controlado la emergencia y la presencia de HERO TV y las ambulancias brillaba por su ausencia, la cantidad de personas en las cercanías no había disminuido.
Pero ahora, los grupos reunidos no eran de curiosos o de recién rescatados, sino de personas que trabajaban en la torre que no parecían haberse visto afectados por el ataque y un pequeño número de hombres del escuadrón antibombas de la ciudad, quienes parecían estar esperando órdenes.
Yuri frunció el ceño y se detuvo a pocos metros de la torre.
Entre lo que estaba viendo y el informe que había recibido le bastó para hacerse una idea de los últimos sucesos no reportados aún y entender que, probablemente, tendría que aguardar antes de poder comenzar con su larga lista de trabajo pendiente...
—Petrov.
—Williams —pronunció de manera automática, haciendo un mínimo gesto en dirección al hombre que se había acercado para saludarlo.
No creía tener paciencia para aguantar la habladuría de aquel otro juez, mas todo indicaba que Williams estaba decidido a obligar a todo el que se cruzara con él a escucharlo, como si creyese que ese era el momento adecuado para influenciar a los demás.
—Cuesta creerlo, ¿eh? —Williams gesticuló hacia la policía todavía presente—. Todo esto por una simple protesta.
Aunque Yuri notó la confusión de Kotetsu ante esas palabras, no se tomó un segundo para explicarle. No dudaba que Kotetsu entendería pronto qué tipo de persona era Williams.
—Tengo entendido que nadie ha asumido la autoría del ataque.
—Como si no fuese obvio —bufó—. Sabemos que todos estaríamos más seguros si dejan eso de los derechos de los NEXT y cambian las leyes de una vez. No todos se van a sentar y aceptar que sigamos en las mismas.
—No dudo que hay quienes piensan eso, pero algunos preferimos limitarnos a los hechos y a nuestro trabajo.
Sin más, Yuri se alejó del hombre, dirigiéndose hacia el grupo más grande en busca de un rostro familiar que pudiera darle las respuestas que buscaba. Kotetsu fue tras él.
—No sabía que había personas así en el Departamento de Justicia —comentó, mirando de reojo hacia atrás con una mueca de desagrado.
—Muchas personas siguen sus creencias de diferentes formas. Hombres como él lo hacen de manera legal.
Esa era la forma más correcta de aceptar que el movimiento anti-NEXT también tenía aliados incluso en las ramas de la Administración de Justicia.
—¿Te toca trabajar con él muy seguido? —preguntó Kotetsu en voz baja, luciendo claramente horrorizado ante la sola idea.
—No. —La carrera de Williams se había visto limitada por su abierta parcialidad y su participación en la junta de la ciudad y en los asuntos relacionados con HERO TV era nula, aun si intentaba cambiar eso en cada oportunidad social que se le presentaba.
—Al menos.
Kotetsu se veía sinceramente aliviado por él.
Incómodo, Yuri aceleró su andar y para su suerte, antes de verse obligado a continuar hablando con Kotetsu, alguien se abrió paso para llegar a él y Yuri lo reconoció de inmediato. Jones.
—¡Juez Petrov, me alegra verlo bien! —exclamó el pasante con una sonrisa una vez se detuvo y miró a Kotetsu—. ¿Gracias a Wild Tiger?
La contestación de Kotetsu careció de mucha fuerza y fue acompañada por una corta risa, como si no quisiese hablar mucho de ello, cosa que Yuri agradeció. Su "rescate" no era un tema apto para el sitio en el que estaban, aun cuando tampoco planeaba discutirlo en un lugar más privado.
—¿Ya terminaron de controlar el fuego? —cuestionó Yuri, a pesar de que ya sabía la respuesta.
Lo que le interesaba era saber los más recientes sucesos que todavía no habían sido reportados y cuyos detalles no eran evidentes y era posible que Jones supiese algo.
—Sí, y ahora están buscando más explosivos —replicó Jones con un suspiro—. Piso por piso.
—¿Y qué hay del ingreso a la torre? —Eso era lo principal.
—Dijeron que nadie puede entrar hasta que terminen de revisar. —Jones señaló hacia la entrada, donde dos hombres mantenían guardia—. Y apenas va en el piso treinta y algo.
—Me pregunto —pronunció Yuri, mirando de reojo a Kotetsu— si harán una excepción si estoy con un héroe...
Jones abrió sus ojos de par en par.
—Voy a preguntar —ofreció y echó a correr hacia el lugar en el que el escuadrón antibombas había establecido su punto de control.
—¿Crees que dirán que sí? —susurró Kotetsu, siguiendo a Jones con su vista.
—Existe la posibilidad.
El que su oficina estuviese en uno de los pisos ya revisados ponía la balanza a su favor tanto como la presencia de Wild Tiger. Todo dependía de la persona a la que habían dejado a cargo: qué tanto se atañía al protocolo, si consideraba seriamente la posibilidad de que fuese peligroso entrar a la torre, la opinión que tenía de Wild Tiger...
—Yuri...
—Estoy trabajando, Wild Tiger —interrumpió con brusquedad al verse sacado de sus pensamientos.
—Y ahora yo también —suspiró, cansado.
Yuri no se sintió culpable por eso.
Había sido Kotetsu quien había decidido seguirlo y quien le había ofrecido su ayuda en repetidas ocasiones. Él ni siquiera había considerado aceptar tal oferta, mas el estar consciente de que la presencia de Kotetsu podría hacer una diferencia lo había llevado a darle la oportunidad de brindarle una mano, aun si era solo con su nombre de héroe.
Dudaba, al fin de cuentas, que necesitase a un héroe durante un corto viaje hasta su oficina.
—No tomará más de unos minutos.
Ese era un hecho, pero mencionarlo sorprendió a Kotetsu, si juzgaba por la rápida forma en la que giró hacia él para verlo de frente.
Y un segundo después, Kotetsu le sonrió.
—Sabes que no me negaré así tome más.
De manera automática, Yuri contuvo su respiración.
No poder desconfiar de esas palabras era peor que las dudas que había tenido meses atrás, cuando Kotetsu se había retirado de la primera liga debido al declive de sus poderes.
Kotetsu, Wild Tiger, había demostrado que estaba dispuesto a decepcionar a su hija, a dejar atrás a su compañero, a sacrificar su tiempo libre e incluso a lanzarse al fuego sin sus poderes ni traje por él. Kotetsu era un héroe, un tonto que actuaba sin pensar si creía que podía ayudar, un ingenuo que desconocía mucho de él.
¿Y haría lo mismo si supiera la verdad?
No poder asegurarlo era extrañamente reconfortante y Yuri dejó escapar el aliento contenido antes de volver a percatarse de sus alrededores, justo a tiempo para ver a Jones acercándose a trote.
—Dicen —informó Jones con su respiración ligeramente agitada— que mientras sea rápido...
Yuri asintió.
—Solo recogeré algunos documentos.
—Y yo lo mantendré fuera de peligro —afirmó Kotetsu.
Luego de agradecerle a Jones, Yuri y Kotetsu se dirigieron a la entrada, donde uno de los hombres del escuadrón antibombas confirmó a que piso iban, tras lo cual los acompañó hasta al único ascensor que habían habilitado para uso y les repitió lo mismo que Jones había dicho.
—Recuerdo —dijo Kotetsu en cuanto las puertas se cerraron, mirando hacia arriba— que una vez Bunny y yo nos tuvimos que encargar de una bomba en un ascensor.
Lo repentino que fue ese comentario causó que Yuri tuviese que tomarse un momento para recordar a qué se refería Kotetsu.
—Ah, a comienzos de su primera temporada con Brooks.
—Sí. Estuvimos trabajando en eso hasta el último segundo —continuó Kotetsu con una sonrisa amplia—. Bunny quería desactivarla, pero al final tuvimos que improvisar.
—Destruyendo parte del edificio —señaló Yuri con un suspiro—. Parece que esa es su firma.
—¡Pero esa vez fue justificado!
—Sí, esa vez.
La llegada al piso en el que se encontraba la oficina de Yuri acabó con la trivial charla y recorrieron en silencio el camino hasta ella.
Una vez allí, Yuri dejó su toga colgada detrás de la puerta, donde sin duda le recordaría que debía llevarla a la lavandería para deshacerse del olor acre del humo, y fue directo en busca de su maletín para guardar en el todos los documentos ya impresos relevantes para el que sería su trabajo el día siguiente, decidido a ignorar a Kotetsu, quien había decidido caminar por la oficina.
No estar alerta, sin embargo, era imposible.
Aun cuando no había nada en su oficina que pudiese delatarlo, que Kotetsu pareciese sentirse cómodo al punto de incluso pasar sin ningún titubeo la línea invisible para visitantes, marcada por las sillas frente al escritorio, lo inquietaba, en especial porque esta no era la primera vez.
Yuri recordaba bien la ocasión en la que al llegar a su oficina había hallado a Kotetsu en ella, tal como el hecho de que Kotetsu ni siquiera había lucido culpable al ser descubierto.
Era evidente que Kotetsu se sentía cómodo junto a Yuri, que cualquier renuencia que podría haberlo llevado mantener cierta distancia de cortesía había desaparecido, que quizás inclusive actuaría igual si llegaba a volver a pisar su casa.
Y eso evidenciaba un error más.
—¿No te gusta la vista?
—¿Disculpe? —La repentina pregunta lo tomó de sorpresa y de reflejo, Yuri dirigió su mirada hacia Kotetsu, quien se había detenido junto a las ventanas.
—La vista —repitió Kotetsu, levantando la persiana con una mano para dejar gran parte del cristal descubierto—. Desde aquí.
Sin prestar atención al panorama que podía ver desde ahí, Yuri entrecerró los ojos.
No había duda de que era un interrogante inconsecuente, cargado de curiosidad carente de recelo, mas la sensación de que cada verdad que le brindaba solo conseguía que Kotetsu se acercara más lo hacía no querer contestar. Pero también era un hecho, se recordó, que las evasivas solo aplazaban tener que dar una respuesta, pues Kotetsu no se daba por vencido.
Finalmente, Yuri se encogió de hombros.
—No puedo decir que tengo mucho tiempo para mirar por la ventana.
Era la verdad. Su trabajo era su prioridad y mientras pudiese dedicarse a el sin sufrir interrupciones de ningún tipo, lo que podía divisar desde su oficina era irrelevante.
La mueca que hizo Kotetsu al escucharlo dejó claro que no estaba satisfecho con esa réplica, mas Yuri decidió no darle importancia y regresar a los archivos que había estado seleccionando.
—Así que... —Pero Kotetsu no parecía tener intenciones de aguardar en silencio.
Yuri se contuvo de masajear su temple, decidido a no dejarse distraer; aun así, al notar que Kotetsu no había terminado de decir lo que fuese que fuera a mencionar, volvió a dirigir su mirada hacia el héroe.
Esa pareció ser la señal que Kotetsu estaba esperando, pues dejó caer la persiana y se recostó contra el marco de la ventana tras él.
—La segunda liga. Nos llamaste hoy.
A pesar de que Yuri no había esperado escuchar eso, no llegó a sobresaltarse.
Ahí se encontraba Wild Tiger, probando que sus interrogantes en el taxi habían tenido como propósito confirmar su papel tras las decisiones de enviar a los héroes, que bajo su fachada torpe había alguien perspicaz, advirtiéndole que podría resultar peligroso. No obstante, tener cuidado y elegir sus palabras era algo a lo que Yuri estaba acostumbrado y eso hacía que contestar fuese fácil.
—¿Planea preguntarme el porqué de cada decisión?
—Nah, no realmente —rió Kotetsu, viéndolo a los ojos—. Pero me alegra que confíes en mí. En nosotros —corrigió, luciendo avergonzado.
Yuri inclinó su cabeza, fingiendo que su atención volvía a estar en las carpetas sobre su escritorio.
No quería responder, ni mucho menos podía hacerlo.
El nudo que se había formado en su garganta se lo impedía, al igual que sus pensamientos, los cuales se habían convertido en un eco de las palabras de Kotetsu.
No podía negarlo; no podía refutarlo diciendo que se había tratado de una decisión impersonal y basada en lo que requería la situación, que no había sido influida por su fe en Wild Tiger; no podía mentirse afirmando que ese no era otro error.
De reflejo, Yuri cerró con fuerza su maletín.
—Ya tengo todo lo que necesito.
Eso no era cierto, mas Yuri no se sentía capaz de rememorar en ese instante todo lo que debía revisar para el día siguiente. Tendría que confiar que más tarde, cuando estuviese en condiciones de trabajar, podría acceder remotamente a las copias digitales de lo que llegase a necesitar.
Salir de la oficina no le permitió ningún respiro, pues Kotetsu lo siguió de cerca y aun cuando sus comentarios en el camino fueron triviales, el peso de su previa afirmación continuaba sobre Yuri.
Estaba claro que necesitaba alejarse de él.
¿Y qué excusa le serviría para lograrlo?
Yuri aún no había conseguido pensar en nada una vez abandonaron la torre, mas el hecho de que Jones los estaba esperando, sentando en las escaleras que llevaban a la entrada, le brindaba la oportunidad de no continuar a solas con Kotetsu. Y quizás, incluso, hablar con el pasante podría convertirse en la distracción que aclararía su cabeza.
Con eso en mente, Yuri fue directamente hacia Jones, quien se levantó al verlos acercarse.
—Imagino que esto tomará gran parte de la tarde —comentó Yuri de manera casual, mirando de reojo la torre.
—Sí... —Jones suspiró con una mueca desolada—. Mañana será un caos.
Y siendo así, hablar de aguardar hasta poder volver oficialmente a su oficina no tenía sentido.
—Pero —dijo, sabiendo que Jones, como pasante, sin duda sentía la obligación de esperar hasta que restablecieran la normalidad en la torre— si llegan a necesitarme por alguna razón...
—Ah, la línea de emergencia, ¿cierto? —Jones asintió con su cabeza, entendiendo sus instrucciones aun antes de que él las terminase de pronunciar.
Si algo se presentaba, el que lo contactasen le daría la excusa que buscaba, mas Yuri no estaba dispuesto a conformarse con eso y una vez se despidieron de Jones, se dirigió a Kotetsu.
—Ahora...
—A comer —interrumpió Kotetsu.
Yuri lo fulminó con su mirada.
Era suficientemente malo no tener claro lo que haría y no lo ayudaba que Kotetsu ni siquiera le diese la oportunidad de mencionar algo como la necesidad de un ambiente tranquilo para trabajar.
Pero, cayó en cuenta Yuri, quizás justamente eso serviría...
—Necesito...
—Descansar, recuperarte, aprovechar tu raro día libre, dejar que te cuide... —Kotetsu hizo una pausa, haciendo una mueca pensativa—. Si prefieres —continuó más despacio—, podemos comprar algo en el camino y en tu casa...
—No. —Eso era algo que no podía permitir, sin importar la razón.
—Si es por tu mamá...
No alzar una mano para cubrir su rostro con ella le tomó a Yuri todo su esfuerzo.
Su madre era solo parte del problema, nada comparable con la evidencia en el sótano y su aparente inhabilidad de poder negarse cuando Kotetsu insistía tanto.
—Si se compromete a no interrumpirme... —suspiró Yuri, consciente de que no podría deshacerse de Kotetsu pronto.
—Prometido —replicó Kotetsu de inmediato con una gran sonrisa—. A no ser que sea necesario.
Aceptar la compañía de Kotetsu, sin embargo, no significaba que dejaría todo en manos del héroe, ni permitiría que tal cosa lo llevase a un nuevo error.
Era hora de recuperar el control.
Hablar con uno de los hombres encargados de la seguridad de la torre fue lo único que necesitó para poder sacar su auto del parqueadero y por insistencia de Kotetsu, hicieron primero una parada en un restaurante de comida china, donde Kotetsu tomó la iniciativa haciendo un gran pedido para llevar.
Era evidente que Kotetsu estaba pensando en una comida para más de dos personas, como si creyese que irían a la casa de Yuri, pero Yuri decidió no corregir su suposición.
Ya se daría cuenta. Y así fue.
—Uh, Yuri —dijo poco después de que dejaron el restaurante con dos bolsas llenas de contenedores de cartón—, vamos...
—Camino a su apartamento, sí.
Era más seguro para él mantener a Kotetsu lejos de la casa de los Petrov y estando allí, en algún momento podría anunciar que tenía que irse y acabar con esta tarde social o lo que fuese que fuera.
—No que me moleste, pero pensé que iríamos a tu casa —comentó Kotetsu, sonando desconcertado—. Tu mamá debe estar preocupada...
—La llamaré más tarde —replicó Yuri, cerrando sus manos con fuerza en el timón.
Ella no lo estaba.
Aun si por alguna razón había prendido el televisor en el momento adecuado para verlo siendo evacuado, si es que HERO TV había grabado y transmitido eso, y había estado lo suficientemente lúcida para reconocerlo, sin duda no se había preocupado.
—¿Hay alguien con ella?
—Ella está bien.
Yuri solo notó lo brusca que había sido su respuesta debido al silencio que le siguió, mas no quiso añadir nada.
La curiosidad llena de buenas intenciones de Kotetsu no era bienvenida en lo que a su madre se refería y que eso quedase claro podría, sin duda, ahorrarle más de un dolor de cabeza en un futuro.
El resto del trayecto transcurrió con poca conversación y ningún incidente, cosa que permitió que Yuri se encontrase menos tenso cuando subió al anticuado ascensor del edificio en el que Kotetsu vivía.
Solo estaría allí hasta que Kotetsu se sintiese satisfecho y dejase de insistir en "ir con él" y luego, podría salir de aquel apartamento.
—Voy a servir —anunció Kotetsu una vez abrió la puerta y lo dejó pasar, tras lo cual se dirigió directamente a la cocina con la comida que habían comprado—, siéntete como en tu casa. Ah, y si quieres llamar, allá está el teléfono.
Consciente de que Kotetsu continuaría insistiendo, Yuri caminó hasta el sofá, tomó asiento al tiempo que dejó en una esquina su maletín y su chaqueta y sacó su propio móvil.
No tenía ninguna intención de hablar con su madre, pero podía fingir, conservar una fachada que apaciguaría la persistente curiosidad de Kotetsu e impedir con ello que continuase indagando por lo mismo.
Después unos segundos, Yuri llevó el aparato hasta su oreja.
—Mamá... —dijo en voz alta para que Kotetsu lo escuchara, pero de inmediato le fallaron las palabras.
Esta no era más que una farsa, mas eso no impidió que se cuestionase qué le diría si ella estuviese dispuesta y capaz de escucharlo.
¿Explicarle que estaba siguiendo lo que el héroe que alguna vez había sido papá le había enseñado? ¿Que impartir justicia y acabar con el mal en vez de ignorarlo era su única meta?
Pero a él no le interesaba recibir perdón ni comprensión y de eso no se trataba esta falsa llamada.
—Sí, sí... —dijo para llenar el silencio—. Estoy bien. —Y a ella no le agradaría escuchar tal cosa. Lo opuesto, quizás, la aliviaría, la haría sentir que finalmente se había hecho justicia y que el monstruo que le había robado a su esposo la dejaría en paz.
Esforzándose por mantener las apariencias, Yuri apretó sus labios y tras unos segundos, dijo lo primero que cruzó su mente para acabar con el acto:
—Volveré cuando pueda.
Inmediatamente después, Yuri dejó su teléfono a un lado y se concentró en respirar de manera pausada.
No podía permitir que esto lo afectara, no podía cometer un nuevo error, no podía... no debía...
—¿Palitos o cubiertos?
La repentina pregunta le recordó donde estaba y Yuri solo pudo respirar con alivio, agradeciendo que todo indicara que Kotetsu no había notado nada.
Sin embargo, era Kotetsu el que había iniciado todo con su innecesaria preocupación y persistencia.
Yuri cerró sus puños, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
No había ninguna duda de que Kotetsu T. Kaburagi sería su perdición.
