La luna que aparece de día VII

Kotetsu no estaba seguro de qué había estado esperando.

No era como si Yuri fuese a cambiar de la noche a la mañana y de hecho, había dejado muy claro que lo único que deseaba hacer era lo de siempre: trabajar.

Aun así, el ser ignorado no le sentaba bien.

Consciente de que había prometido no interrumpirlo, Kotetsu había hecho lo posible para pasar el tiempo, pero ver repeticiones HERO TV —con poco volumen, para no distraer a Yuri—, arreglar la cocina, sacar la basura y simplemente dar vueltas en su propio apartamento en busca de algo que hacer distaba de ser siquiera una distracción con Yuri ahí, sentando en un sofá e ignorándolo a favor de documentos varios.

¿Acaso Yuri disfrutaba pasar tantas horas con su nariz metida en tanto papeleo?

No, ese no podía ser el caso. Kotetsu recordaba que Yuri mismo había dicho algo de apreciar más los resultados, al fin de cuentas, y no se veía particularmente contento, mas no podía negar que Yuri lucía mucho más calmo mientras revisaba archivo tras archivo.

En el transcurso de la tarde, la tensión que había parecido acompañarlo desde que habían salido del hospital se había desvanecido poco a poco, y aunque en un comienzo había dirigido su mirada hacia la puerta repetidas veces, como si estuviese pensando en salir corriendo del lugar a la primera oportunidad, ahora toda su atención estaba en su trabajo y en el café que Kotetsu le había ofrecido minutos atrás.

¿Y cuándo iba a terminar?

Kotetsu tenía la sospecha de que no sería pronto, pues pese a que la tarde ya estaba llegando a su fin y la luz que entraban por las dos ventanas alargadas junto a la escalera estaba disminuyendo, Yuri no había hecho el primer ademán de dejar todo de lado.

Eso era tan típico como frustrante y fue la única razón por la que Kotetsu decidió no prender la luz, guardando la esperanza de que la creciente penumbra se encargase de convencer a Yuri de dar por terminado el trabajo del día, cosa que no sucedió.

En vez de eso, en cuanto la oscuridad comenzó a invadir el lugar a pesar de las bombillas en la calle y del televisor encendido adentro, Yuri apartó los documentos que había sacado de su maletín para trabajar en su teléfono.

Ver eso fue la gota que colmó el vaso para Kotetsu.

Si bien había sido testigo numerosas veces de la exagerada dedicación de Yuri a su deber, había esperado que en esta ocasión fuese diferente. No había pasado más que unas horas desde que habían abandonado un edificio en llamas y eso, en opinión de Kotetsu, debería bastar para persuadir a Yuri de alterar su rutina.

Pero estaba claro que no era suficiente y si él no lo detenía, Yuri continuaría hasta el día siguiente sin siquiera hacer una pausa.

Tras tomarse un momento para prepararse para las objeciones que seguramente escucharía, Kotetsu dejó el control remoto a un lado sin molestarse por apagar el televisor primero y abandonó la esquina del sofá en forma de ele para acercarse a la otra esquina, donde Yuri había pasado toda la tarde.

—Y la ciudad sigue en pie —comentó, dejándose caer justo a su lado.

Yuri giró su cabeza hacia él, alzando una ceja al tiempo que apagó su celular y lo dejó sobre el brazo del sofá.

—¿Disculpa?

Disculpa, no disculpe. Kotetsu no pudo evitar sonreír.

Que Yuri realmente estuviese más tranquilo hacía que la aburrida tarde que había pasado valiese la pena, aun si, a la vez, no era suficiente para que todo estuviese bien.

Él había fallado, Yuri había actuado como si su propia seguridad no le importase y encima de todo estaba fingiendo que nada había sucedido; aunque Kotetsu suponía que lo último se aplicaba también a él, pues no tenía ningún deseo de hablar al respecto.

Por ahora, la idea de saborear la calma mientras duraba y aprovechar el buen humor de Yuri sonaba mucho mejor.

—No pasó nada más, por suerte —dijo Kotetsu, estirando sus brazos en el espaldar al tiempo que se relajaba—. Y ni siquiera me han llamado para recordarme del informe del día.

A pesar de las sombras danzantes que producía el televisor en la cada vez más lóbrega sala, Kotetsu pudo notar que Yuri siguió su movimiento con la mirada.

Esa clara muestra de recelo inmerecido estuvo a punto de hacer que Kotetsu retirase su brazo derecho e incluso consideró disculparse, no queriendo hacer nada que llevase a Yuri de vuelta al mismo ciclo de alejarse y regresar, mas antes de poder hacerlo, Yuri suspiró sin hacer ningún amague de levantarse.

—Tendrás que hacerlo tarde o temprano.

El tono neutro de Yuri hizo que sus palabras sonaran nacidas del hábito y no de una verdadera intención de reprenderlo, por lo que Kotetsu no pudo molestarse.

—Sí... —Kotetsu se permitió una sonrisa perezosa—. Bunny seguramente me obligará a hacerlo a primera hora.

Y para eso todavía faltaba mucho, cosa que Kotetsu agradecía.

Entre más tiempo pudiese pasar lejos de un escritorio y esquivar todo lo del rescate, mejor.

—Hace bien.

La seriedad con la que Yuri replicó logró que la sonrisa de Kotetsu se transformara en un mohín.

—Ustedes se parecen en eso —afirmó, haciendo un gesto con su cabeza para señalar los papeles que Yuri había dejado sobre la mesa auxiliar—. No es como si yo sea un vago. Y no pasa nada si lo hago mañana.

—No dejar las cosas para después es un buen hábito.

Kotetsu puso sus ojos en blanco.

—No tienen remedio.

Aun así, la normalidad en todos esos comentarios era reconfortante.

—Pero —continuó Kotetsu, mirando la silueta de Yuri de soslayo— no puedes negar que tengo razón y que además hay que aprovechar cuando todo está tranquilo.

Hablar por hablar era fácil.

Kotetsu podía pensar en docenas de cosas que decir, comenzando por formas para pasar el tiempo en esas raras ocasiones en las que un héroe podía tomarse un descanso y terminando con las muchas experiencias que había vivido que probaban lo mucho que esos momentos debían ser apreciados, y justo de eso fue de lo habló, manteniendo su atención más en Yuri que en lo que estaba diciendo.

Era extraño tener a Yuri ahí, pese a lo mucho que se veían.

Sin duda era porque las visitas de Yuri a su apartamento habían sido pocas en comparación con las numerosas veces en las que él había ido a la oficina del juez o las noches en un restaurante, en las que solían tener una mesa entre ellos y suficientes personas cerca como para no olvidar que estaban en público.

Ahora, en cambio, Kotetsu estaba consciente de que se encontraban completamente solos.

No obstante, eso no era todo.

Las circunstancias mismas que los habían llevado a dirigirse al apartamento de Kotetsu no eran algo de todos los días y eso incluso se reflejaba en la apariencia de Yuri. Él había descartado su chaqueta desde un comienzo, cosa que Kotetsu no recordaba haberlo visto hacer en muchas ocasiones; pero lo más notorio era su cabello suelto, que junto a la oscuridad que anunciaba que ya era oficialmente de noche en Sternbild apenas le permitía ver su semblante.

¿Y por qué lo tenía así?

En medio de la preocupación por Yuri y del tenso ambiente en la Torre de la Justicia, Kotetsu no se había detenido a preguntarse el motivo tras esa extrañeza, mas ahora que solo estaba llenando el silencio con la ayuda esporádica de los cortos comentarios de Yuri que probaban que éste lo estaba escuchando, no podía evitar sentir curiosidad; sin embargo, no quería averiguar la razón.

Aun si se trataba de algo trivial, como que había perdido su cinta durante el chequeo en el hospital, mencionarlo haría inevitable volver a pensar en todo lo ocurrido horas atrás y eso no sonaba tan bien como extender su brazo y tomar entre sus dedos un mechón con la excusa de ver mejor a Yuri.

Sería sencillo...

No se había sentado como lo había hecho pensando en la proximidad en la que lo dejaba de Yuri, pero le daba la oportunidad de solo tener que deslizar un poco su mano derecha para rozar con sus dedos el cabello de Yuri y quizás el juez ni siquiera lo notaría hasta que él se animase a apartar el mechón que ocultaba parcialmente su rostro.

La tentación de hacerlo hizo que Kotetsu se acallase en medio de la historia de la vez en la que él había tenido que salir corriendo una mañana, antes de poder desayunar o apagar la estufa, para detener un robo a un banco, y ese fue el momento en el que Yuri decidió hablar.

—Respecto a lo que ocurrió esta tarde... —dijo con un tono titubeante.

Y con eso se rompió la ilusión.

Kotetsu recostó su cabeza en el espaldar y miró hacia arriba por un rato, tras lo cual suspiró.

Por supuesto, no podía esperar que Yuri decidiese posponer algo hasta el día siguiente o al menos por unas horas.

A pesar de que no sentía ningún deseo de tener esa conversación, Kotetsu se enderezó, retirando incluso sus brazos del espaldar y se movió para poder encarar a Yuri sin tener que torcer su cuello.

Ahora, más que nunca, se arrepentía de no haber encendido las luces, pues no ser capaz de detallar la expresión de Yuri le dificultaba más de lo usual tener una idea de qué era lo que Yuri estaba pensando. No que eso significase que no podía adivinar la principal razón por la que Yuri había sacado el tema.

—Prometí que guardaría el secreto, ¿no? —Kotetsu no había tenido ninguna intención de sonar hastiado, mas no pudo evitarlo.

El día de por sí había sido agotador y frustrante, y la constante desconfianza de Yuri no lo hacía sentir mejor.

¿Qué necesitaba hacer para que Yuri creyese realmente en él?

—Sí, lo hiciste —replicó Yuri con voz apagada y no dijo más.

El silencio tras eso se extendió por varios largos segundos, en los que Kotetsu solo pudo entornar sus ojos, odiando que la poca luz cambiante proveniente del televisor no alcanzase el lugar en el que Yuri continuaba sentado.

¿Y ahora qué? ¿Intentar volver a alivianar el ambiente y dejar todo en el olvido?

Algo le decía que esa no era la mejor idea, por lo que recordándose que Yuri era quien había decidido sacar el tema, Kotetsu decidió actuar.

—No diré nada.

No podía hacerlo, para comenzar.

El haber mantenido su palabra le había impedido saber con exactitud cómo habían atravesado aquel camino en llamas y lo hacía sentir que necesitaba más explicaciones que alguien que no había estado presente. Estar consciente de que Yuri era un NEXT y había usado sus habilidades no le bastaba, en especial cuando Yuri actuaba como si se tratara de una verdad que debía ser sellada a cal y canto.

Las personas como aquel hombre con el que se habían topado en la Torre de la Justicia, cuyo odio por los NEXTs era evidente, no podían ser la única razón.

—Pero tengo curiosidad, ¿sabes? —prosiguió, haciendo un esfuerzo consciente por mantener un tono despreocupado—. Podrías mostrarme...

—No.

La brusca manera en que Yuri lo interrumpió no fue ninguna sorpresa.

—No me burlaré sea lo que sea —insistió Kotetsu.

Él sabía bien que existían poderes ridículos que podían ser útiles en algunos casos, y aunque su instinto le decía que no se trataba de eso, mencionarlo no estaba de más.

—Kotetsu... —Yuri sonaba exhausto y eso quedó en mayor evidencia cuando se dejó caer contra el respaldar y alzó un brazo, cubriendo innecesariamente su rostro con una de sus manos.

—Realmente no te gusta hablar de tus poderes. —Kotetsu no pudo evitar el deje preocupado en su tono.

¿Qué había pasado en la vida de Yuri para causarle tal reluctancia a siquiera mencionar sus habilidades?

—¿A diferencia tuya? —resopló Yuri con una inflexión agria en su voz.

—No podría ser un héroe si me molestara —replicó Kotetsu, encogiéndose de hombros.

—¿Incluso ahora no te molesta?

Kotetsu fue incapaz de responder de inmediato.

Era un hecho que ningún logotipo publicitario lograba que se sintiese mejor ante el declive de sus habilidades y en días como hoy, en el que su minuto no había sido suficiente, era peor. Tener que aceptar esa creciente debilidad distaba de ser agradable... y quizás por eso mismo debía contestar, al menos si esperaba que Yuri fuera sincero con él.

—Bueno, ahora que mis poderes se estabilizaron es más fácil.

—¿Y qué pasará si un día eso cambia?

Estaba claro que Yuri no se preocupaba por dar rodeos cuando realmente quería saber algo, pues ni siquiera hizo una pausa para darle la oportunidad de recuperarse por completo del interrogante anterior.

—Imagino que mi traje no puede compensar por todo —dijo Kotetsu, luchando por ignorar el nudo que se había formado en su garganta—, así que tendré que cambiar de trabajo.

—¿En vez de retirarte? —Yuri dejó caer su mano y se movió en su dirección, como si su interés fuera tanto que deseaba tratar de verlo.

—Ya lo intenté, ¿recuerdas? —Kotetsu le dedicó una sonrisa no del todo alegre a pesar de saber que Yuri probablemente no podría verla—. Creo que retirarme no es lo mío.

Para su sorpresa, Yuri rió.

No fue por más que por un par de segundos y se acalló de manera súbita, mas cuando habló tras eso su tono fue mucho más calmo.

—Ciertamente.

El contraste de eso con la actitud de Yuri hacia unos minutos atrás reanimó a Kotetsu.

—Por ahora, lo que quiero es no defraudar a quienes confían en mí —comentó con seguridad, sin perder de vista la silueta de Yuri—. ¿Y qué hay de ti?

Kotetsu contuvo su respiración, expectante.

Aun si Yuri no quería darle detalles de sus habilidades o confesarle sus motivos para ocultarlas, podía contarle algo sobre sí mismo que no fuese una verdad superficial ni relacionado con su trabajo...

—No tengo planes de cambiar lo que hago. —Yuri se levantó, moviéndose para buscar a tientas la mesa auxiliar, cosa que quedó confirmada cuando le pidió que encendiera la luz.

Con un suspiro resignado, Kotetsu abandonó el sofá para hacerlo.

Iluminar la sala solo reveló, una vez se acostumbró a la repentina claridad, el familiar espacio y a Yuri, quien no se molestó en dirigirle una mirada, aparentemente ocupado reuniendo sus documentos y guardándolos en su maletín, como si hubieran estado hablando del clima o algo igual de trivial.

Tal indiferencia era fingida, de eso no tenía ninguna duda, mas semejaba a una señal de que Yuri quería dejar el tema en el olvido.

Kotetsu no estaba dispuesto a hacer tal cosa, pero tampoco se sentía con energía para seguir insistiendo. Tal vez podía dejarlo para otro día, en el que ambos no estuvieran agotados y fueran más capaces de afrontar verdades que a ninguno de ellos les agradaban.

—¿Terminaste por hoy? —preguntó, recostándose contra la pared.

—Ya me encargué de lo más importante.

Ese era un claro «no» y al mismo tiempo también sonaba como una indicación de que quizás Yuri finalmente planeaba dejar todo lo relacionado a su trabajo por lo que quedaba de la noche.

Algo era mejor que nada, suponía Kotetsu, mas no podía decir que ese era un verdadero consuelo.

Yuri parecía tener intenciones de irse y él tenía razones para creer que su próximo destino sería la alta torre en el centro de la ciudad, pese a que el día había llegado a su fin y era un misterio si ya habían vuelto a abrir sus puertas tras verificar si era seguro o no ingresar a ella.

—Espera... —Kotetsu tuvo que tomarse un momento para pensar en qué decir—. ¿Quieres más café?

Era un ofrecimiento perfectamente normal, pero tales palabras lograron atraer la atención de Yuri, pues se giró para verlo de frente con los ojos entrecerrados.

—¿Estás planeando retenerme toda la noche?

Esa acusación no tenía ningún sentido y dolía.

Si bien él había insistido en cuidar a Yuri por hoy y ahora estaba intentando que se quedara un rato más, eso no era lo mismo a obligarlo y Yuri no había dicho ninguna vez que le molestaba.

Había lucido estresado, sí, y también deseoso de apegarse a su rutina laboral sin importar qué pasara, mas nada de eso significaba que le disgustaba estar con él y a pesar de que Antonio lo había descrito alguna vez como «el mayor dolor de cabeza» de Yuri, Kotetsu no dudaba que los últimos meses eran la prueba de que no era así. Por algo había llegado a considerar que el aprecio de Yuri hacia él distaba mucho de ser superficial, pero eso mismo hacía que no pudiese comprender de dónde había sacado tal idea.

—¿Eso es lo que piensas que estoy haciendo? —cuestionó, sintiéndose mucho más tenso que hace minutos atrás.

Por una vez, necesitaba saber exactamente qué era lo que estaba pasando por la mente de Yuri, en lugar de aguardar por uno de esos siempre cortos momentos en los que Yuri parecía dejar su máscara de formalidad de lado.

—¿No dijiste que planeabas vigilarme hoy?

Kotetsu lo observó con incredulidad.

Era obvio que había un gran malentendido entre ellos, pues de lo contrario no había ninguna explicación de por qué Yuri creía tal cosa.

¿O acaso Yuri estaba bromeando?

Le era imposible admitir tal posibilidad viendo el semblante serio de Yuri y su postura rígida.

Cansado de ese constante recelo, Kotetsu avanzó hacia él.

Cada vez era más evidente que Yuri no creía en ninguna palabra ciegamente y él podía aceptar eso; también podía tener paciencia ante los muchos secretos que Yuri parecía cargar con él, aun si no era fácil; sin embargo, había un simple hecho que quería dejar en claro.

—Yuri... —Sin considerar lo que estaba haciendo, Kotetsu alzó su brazo izquierdo en su dirección cuando se detuvo.

Y Yuri, con sus ojos completamente abiertos, dio un paso hacia atrás y quizás habría dado más si no se hubiese tropezado con el sofá.

El obvio sobresalto de Yuri solo era comparable con la sorpresa que Kotetsu mismo se había llevado ante esa reacción. No era como si hubiese usado sus poderes para llegar en cuestión de un segundo hasta él o hubiese hecho un movimiento brusco que pudiese haberlo asustado.

Confundido, pero decidido a no dar su brazo a torcer hasta expresar su punto, Kotetsu hizo un nuevo intento por alcanzar a Yuri con más lentitud.

Esta vez, Yuri se mantuvo inmóvil, observándolo con fijeza a los ojos, y permitió que él apartase el mechón de cabello que persistentemente había estado cubriendo su rostro. Más animado, Kotetsu no se detuvo una vez lo acomodó tras la oreja de Yuri y continuó hasta rozar su nuca con sus dedos, donde al fin dejó su mano.

No haber planeado nada de esto y el estar consciente de que quizá estaba siendo demasiado osado no lo hizo retroceder y dijo:
—Me alegra que estés bien.

Kotetsu sonrió sin perder de vista a Yuri ni soltarlo.

Estando tan cerca, Kotetsu pudo darse cuenta de que en ese mismo instante Yuri contuvo su respiración, tal como notó un momentáneo brillo en sus ojos.

—-Realmente me alegra —reiteró Kotetsu, moviendo sus dedos en una caricia perezosa, sin tomarse un segundo para pensar.

Estaba convencido de que la frustración volvería con fuerza si lo hacía, dejándolo confundido ante las reacciones de Yuri, preocupado por la indiferencia de Yuri ante su propia seguridad, ansioso de no poder hacer nada por él, molesto porque Yuri parecía no querer dejarlo ayudar en primer lugar...

—Kotetsu... —el susurro ahogado casi sonaba como una advertencia.

¿Por qué?

No era como si estuviese haciendo algo comparable a romper las formalidades, que a Yuri tanto le gustaba mantener, en el sitio equivocado; solo estaba...

Oh.

Percatarse de lo que parecía que estaba haciendo estuvo a punto de hacer que Kotetsu retrocediera rápidamente, dividido entre la decisión de disculparse y de fingir que todo seguía igual, mas la intensa mirada de Yuri lo frenó.

Yuri no había dejado de observarlo con una tensa expectativa que, tal vez, no significaba enojo.

Minutos antes, Kotetsu había estado inquieto por una pila de sucesos ocurridos en muy poco tiempo, pero ahora no se sentía capaz de mencionar siquiera la mitad de estos. Estar consciente —y casi seguro— del posible camino ante él, lo había dejado con su mente en blanco, incapaz de pensar en nada excepto en que Yuri estaba aguardando a que él diese el primer paso, y sintiendo el impulso de hacer justo eso...

Quizás esa era la respuesta.

Seguir su instinto y actuar.

Y eso, por suerte, era algo en lo que siempre había sido bueno.

No haber siquiera imaginado antes cómo sería besar a Yuri no hizo titubear, ni tampoco le causó algún poco oportuno ataque de torpeza.

Fue simple: alzar un poco su rostro; usar su mano izquierda, todavía asiendo la nuca de Yuri, para llevar a Yuri a inclinar un poco su cuello; cerrar los ojos y unir sus labios.

Lo que no fue tan sencillo fue tragarse sus nervios durante los segundos en los que los labios de Yuri permanecieron apretados; aun así, para su suerte, no tuvo tiempo de cuestionarse si había malentendido algo, pues cualquier duda se desvaneció en el mismo instante en el que Yuri le correspondió con la lentitud de quien está pensando en lo que está haciendo.

Molestarse ante eso era imposible.

Se trataba de Yuri, al fin de cuentas. Y su dulzura, que quizás debía haber esperado después de toda la azúcar que Yuri le había puesto a su café, también ayudaba, al igual que el calor que parecía emanar y la forma en que se estremeció contra él cuando Kotetsu buscó interrumpir la mesura de Yuri enredando sus dedos en su cabello e insistiendo más en el beso, usando su otra mano para acercarlo aún más... pero Yuri se alejó.

Fue repentino, mas solo fue lo suficiente para romper el contacto entre sus bocas y no intentó empujarlo para aumentar la distancia entre ellos e incluso mantuvo sus ojos cerrados. Y así, con su cabello anormalmente desordenado gracias a Kotetsu y sus labios ligeramente separados, visiblemente sin aliento, Yuri lucía inusualmente real.

Sin máscaras, sin inquietudes eternas, sin excusas...

Aunque claro, con Yuri Petrov nada era tan simple.

—Kotetsu... —dijo cuando abrió los ojos, y tomó una bocanada de aire—. No estás pensando en lo que estás haciendo.

Técnicamente, eso era cierto.

Si bien no se arrepentía, besar a Yuri había sido algo impulsivo y aun ahora se le antojaba más atractiva la idea de repetirlo en lugar de detenerse a considerar qué cambiaría una vez llegara el día de mañana; no obstante, eso no significaba que Yuri tuviese razón.

—Sé lo que estoy haciendo —declaró Kotetsu, deslizando sus dedos por el cabello de Yuri, mas fue interrumpido cuando Yuri sujetó su brazo.

El haber experimentado antes el inesperadamente firme agarre de Yuri no bastó para no sorprenderlo, permitiendo de reflejo que Yuri moviese su brazo como si fuese una marioneta, y aunque por un segundo creyó que solo quería forzarlo a liberarlo, lo que el juez hizo fue tomar su mano y alzarla.

—No, no lo sabes —reiteró Yuri con un tono firme, obligándolo a ver su propia mano, donde el anillo en su dedo anular brillaba gracias a la luz.

Cada vez era más obvio que «inesperado» era la palabra del día.

Yuri no estaba dándole una nueva excusa ni negando nada, solo estaba pensando en él.

Aun sintiendo un vacío en su pecho, algo inevitable cada vez que pensaba en Tomoe, Kotetsu sonrió y movió su mano solo lo suficiente para tomar la de Yuri y bajar los brazos de ambos para que nada le impidiese ver su rostro.

¿Por dónde comenzar?

Sin duda su archivo, que Yuri había afirmado haber leído, contenía los detalles generales de su vida, por lo que no había necesidad de hablar de su estado civil o del hecho de que Tomoe ya no estaba en este mundo.

Lo que importaba era lo que ningún documento podía expresar. La felicidad compartida que nunca iba a olvidar, el dolor de una súbita separación, la culpa de no haber estado junto a Tomoe en sus últimos momentos, la pena que se había convertido en temor de fallarle a ella —de romper su última promesa— y a Kaede, la dificultad de continuar y vivir el futuro que le quedaba.

Aun así, todo eso era más de lo que Kotetsu estaba dispuesto a decir, al menos en ese instante. Quizás llegaría el día en el que podría hacerlo, mas por ahora, aplacar la inquietud de Yuri era lo único que necesitaba.

—Tomoe siempre quiso que yo siguiera siendo un héroe, que siguiera viviendo. —Eso había sido desgarrador e incluso le había parecido imposible.

Por meses, lo único que lo había impulsado había sido la certeza de que tenía que esforzarse por Kaede y pese a que siempre había escuchado que el tiempo curaba las heridas, Kotetsu sospechaba que nunca lograría dejar de extrañarla.

Pero vivir se había hecho más fácil.

Cuándo había pasado eso era algo que Kotetsu desconocía, mas estaba seguro de que el tiempo no había sido el responsable, al menos no del todo. Poder contar con Antonio y con Ben y con su madre y con Muramasa había ayudado, sin duda alguna, aunque quizá no tanto como Bunny, quien de alguna forma había cambiado su mundo, motivándolo como nada lo había hecho no solo como héroe y recordándole lo que era hacer más que conllevar un día tras otro.

—Así que —continuó con renovada energía— creo que Tomoe no me perdonaría si decido no hacer algo por ella,

Y Kotetsu también estaba convencido de que nunca dejaría de amarla y de que Tomoe sabía eso.

Además, él no estaba olvidándola, ni traicionándola, él estaba... tal vez dándose a sí mismo una nueva oportunidad, siguiendo su corazón ahora que tenía frente a él alguien que en algún momento se había vuelto tan importante para él y aceptando el repentino anhelo de tenerlo más cerca.

—Veo. —El sucinto comentario de Yuri fue dicho en un susurro, acompañado por un nuevo estremecimiento.

Queriendo tomar eso como una buena señal, Kotetsu usó su mano libre para a acariciar el cuello de Yuri y disminuir la distancia entre ellos una vez más.

Aun si antes la posibilidad de volver a interesarse por alguien de esta manera había parecido algo improbable, eso no lo hacía sentirse menos seguro.

Sus latidos, cada vez más acelerados; el calor que sentía al solo tocar a Yuri; el miedo que había pasado esa tarde ante la perspectiva de perderlo; y el no desear dejarlo ir ahora solo le confirmaban más que esto era lo que quería.

—Y a veces no hay que pensar tanto, ¿sabes? —Yuri de por sí lo hacía demasiado y ese era un error cuando se trataba de sentimientos.

A pesar Yuri frunció el ceño, demostrando su objeción aun antes de decir algo, no rechazó su nuevo intento de besarlo.

Por el contrario. Esta vez no tardó en corresponderle, dando un paso hacia adelante que lo dejó contra su cuerpo, y con tal vehemencia que parecía estar diciendo más con su boca ahora que durante todas las conversaciones que habían tenido en los últimos meses.

¿Este era Yuri cuando dejaba todos sus miramientos de lado?

Si así era, estaba claro que todavía no lo conocía tan bien como creía.

Esa idea no logró distraerlo, a diferencia del momento en el que Yuri puso una mano contra su pecho, dándole la impresión de que iba a empujarlo para alejarse con brusquedad.

¿Por qué?

La pregunta estuvo en la punta de su lengua, acompañada por el impulso de separarse primero, buscando solo ver a Yuri a los ojos al pronunciarla, mas Yuri lo detuvo al cerrar su puño, agarrando firmemente la camisa de Kotetsu como si en realidad buscase asegurarse de que no se iría.

Había una contradicción ahí, pero Kotetsu no pudo enfocarse en ella.

Deslizar su mano por la espalda de Yuri era una idea más atractiva, en especial ahora que no había ninguna duda de que ambos anhelaban lo mismo, y seguir el creciente deseo de no solo probar los labios de Yuri se sentía como algo más importante.

Kotetsu cedió a la tentación y abandonó la boca de Yuri para acariciar su barbilla antes de bajar a su cuello, cubriéndolo de atenciones, consciente de que el pulso de Yuri iba tan rápido como el suyo propio.

—No creo... —dijo Yuri, haciendo una pausa para recuperar el aliento— que este sea el lugar ideal para esto.

¿No lo era?

El que no se le ocurriera nada aparte de esas tres palabras era la prueba de que iban demasiado rápido. Probablemente.

¿No había comenzado todo al acercarse buscando usar un gesto reconfortante para convencer a Yuri de dejar su recelo?

Cómo eso se había tornado en una muestra de pasión mutua era algo que Kotetsu no sabía y notarlo era abrumador, mas no bastaba para que sus pantalones se sintieran menos apretados o para apaciguar el impulso de mantenerse tan cerca como era posible, de tocar más, de no detenerse...

Tal vez había pasado demasiado tiempo desde la última vez, o quizá las muchas emociones del día habían terminado desembocando de manera repentina en el caudal que se había abierto, o sencillamente era culpa de Yuri y la pura necesidad con la que lo había estado besando segundos atrás.

Fuese como fuera, tomarse al menos un minuto para hablar podía ser una buena idea, pero Yuri aparentemente no creía en palabras y parecía más dispuesto a expresarse con acciones y nada de eso sonaba como un pretexto, sino como una pieza más de evidencia de que solo se arrepentiría si retrocedía ahora, por lo que Kotetsu pudo decidir con facilidad.

—¿Subimos?

El sofá estaba más cerca, mas Kotetsu no vio el punto de señalarlo. No dudaba que Yuri no lo había olvidado; además, la respuesta a esa invitación, pronunciada como una sugerencia, podía confirmar más que cualquier conversación.

Yuri no respondió de inmediato, apretando el agarre en el que todavía estaba sosteniendo su camisa y alzó la otra, extendiéndola hacia Kotetsu, como si quisiera tocarlo. Pese a ello, se detuvo mientras susurró:
—Sí.

Kotetsu contuvo su respiración.

A pesar de ese asentimiento, estaba claro que Yuri se estaba conteniendo aun ahora.

¿Qué podía cambiar eso?

Quería descubrirlo.

El ascenso por las escaleras de madera fue algo lento y dificultoso. La culpa la tenía Yuri, con su aparente renuencia a soltarlo por completo, pero Kotetsu mismo no podía decir que él no había colaborado en ello.

Había algo irreal en la situación, que lo hacía temer que Yuri desaparecería una vez se separaran y hacía más necesario prevenir eso con caricias y uniendo sus labios repetidas veces, aun si eso significaba un par de tropezones en el camino e incluso golpear uno de sus codos contra la pared.

Kotetsu no estuvo seguro de cómo lograron terminar en el borde de su cama sin tumbar siquiera la lámpara de su mesa de noche, mas el no tener que lidiar más con la diferencia de estatura entre ellos a la hora de intercambiar nuevos besos era algo que Kotetsu agradecía en nombre de su cuello y hacía que los demás detalles fuesen irrelevantes.

Quizás también sintiéndose más cómodo o quizá abandonándose más en el momento, Yuri soltó su agarre para desabotonar el chaleco de Kotetsu con dedos hábiles, cuya calidez Kotetsu pudo notar aun cuando no estaban tocándolo directamente.

Devolver el favor era lo obvio y aunque pudo aflojar el nudo de la siempre colorida corbata de Yuri con facilidad, pasar a los pequeños botones de su camisa blanca fue todo lo contrario.

Era tan frustrante como vergonzoso que algo tan pequeño se convirtiera en un obstáculo y casi lo hacía querer halar la prenda, pero la certeza de que Yuri no apreciaría cualquier posible botón arrancado o peor, que la tela terminase rasgada, lo detuvo, al igual que el que Yuri decidiera ayudarlo una vez se deshizo tanto del chaleco como de la camisa de Kotetsu.

Sentir la piel de Yuri contra la suya se convirtió en un nuevo acelerador para él, que lo invitaba a abandonar cualquier pensamiento coherente.

Tocar era la prioridad y acabar con cualquier barrera todavía presente iba mano a mano con ello y para su suerte, todo indicaba que Yuri pensaba lo mismo.

A pesar de no estar bien coordinados, no tomó mucho desabrochar cinturones y más botones y sin duda habrían continuado con ese desenfreno si la necesidad de un poco de espacio para poder deshacerse de los pantalones no los hubiese obligado a hacer una pausa en las caricias y si Kotetsu no hubiese aprovechado eso para dar un vistazo.

Aun si por lo que había sentido ya tenía una idea de qué encontraría frente a sí, ver que Yuri no tenía el cuerpo de un oficinista era tan increíble como preocupante.

Alguien como Yuri, que parecía pasar más de diez horas al día en una oficina o corte o sala de reuniones, no debería tener ningún asomo de músculo. Ciertamente tendría que averiguar cómo lo había hecho, en caso de que hubiese algún secreto fácil e imitable, una vez hablar fuese algo que volviese a parecer atractivo.

Eso, sin embargo, quedó olvidado en el momento en el que el recorrido de su vista continuó su camino ascendente y el hombro izquierdo de Yuri captó su atención.

Kotetsu había visto un gran número de cicatrices en su vida, muchas de ellas propias aun cuando siempre desaparecían pronto gracias a sus poderes. No era extraño que un héroe no saliese del todo ileso tras un rescate o arresto, por no mencionar que ver viejas heridas en quienes llevaban una vida criminal era común; e incluso antes de eso, ser un joven NEXT lo había llevado a muchos encuentros con más de un gamberro que, a diferencia de Antonio, no se iban sin ninguna herida tras buscar pelea con una persona u otra.

Pero Yuri no encajaba en ninguna de esas categorías y aun así, tenía una cicatriz lo suficientemente notoria como para atraer su atención.

Siendo mucho más cuidadoso, Kotetsu dirigió su mano hacia aquella marca para trazarla con la punta de sus dedos, sintiendo la ligeramente rugosa textura de la piel y aunque notó cómo Yuri se tensó súbitamente, no se detuvo.

—¿Qué te pasó?

No se veía como una herida de bala y le costaba creer que, como héroe, no se había enterado de que alguien había tratado de atacar a Yuri —o a cualquier otro empleado del Departamento de Justicia.

Quizás era una herida mucho más vieja, que por su magnitud o por la falta de cuidado había dejado una marca visible y táctil.

Yuri ladeó su cuello, consiguiendo que su cabello ocultara una vez más su rostro, mas no intentó obligarlo a apartar su mano y dijo:
—Es una larga historia.

Asintiendo con su cabeza, Kotetsu usó su otra mano para volver a hacer visible el rostro de Yuri.

—¿Me la contarás?

No estaba insistiendo por simple curiosidad o siquiera por preocupación. Ahora más que nunca tenía la certeza de que quería saber más de Yuri, descubrir la historia detrás de la persona más precavida y privada que había conocido en toda su vida, y saberse sin lugar a dudas como uno de los pocos en los que Yuri confiaba.

Yuri enfrentó su mirada, manteniendo sus labios apretados, y tras unos segundos suspiró.

—No hoy.

Pese a estar a punto de protestar, Kotetsu se vio silenciado cuando Yuri se inclinó hacia él, iniciando, por primera vez en la noche, un beso que le robó el aliento.

Al menos esa había sido una promesa de que le diría, ¿no?

Con ese consuelo y la prueba absoluta de que Yuri anhelaba continuar tanto como él, Kotetsu se limitó a corresponderle.


No despertar solo era extraño.

Se sentía irreal, incluso, por lo que Kotetsu pasó varios minutos parpadeando, sin dejar de ver a Yuri, quien seguía a un lado de la cama, justo donde Kotetsu recordaba haberlo visto antes de quedarse dormido.

Yuri no había huido en la mitad de la noche, ni se había desvanecido como si hubiese sido un sueño, aun cuando en algún momento había terminado dándole la espalda. Se encontraba acostado de lado, con su cabello ondulado cubriendo la almohada y respirando tan pausadamente que era evidente que no estaba próximo a despertarse.

Era un alivio, y quizás más que eso. Era un presagio de un cambio.

Kotetsu no hizo nada para no sonreír, aunque sí se contuvo de estirar un brazo y acariciar el hombro de la cicatriz o rozar el cabello de Yuri, no queriendo arriesgarse a despertarlo todavía.

Sospechaba que era temprano y Yuri, sin lugar a duda, podía aprovechar todo el sueño que pudiese.

Él mismo podía decir que la idea de quedarse en su cama un buen rato más sonaba perfecta, aun si ahora se sentía perfectamente espabilado, mas su estómago lo obligó a levantarse poco después y tras una visita al baño y ponerse sus pantalones, Kotetsu bajó la escalera de madera intentando no hacer ruido.

Descubrir todas las luces encendidas, al igual que el televisor, fue una vergonzosa sorpresa que corrigió para luego encaminarse a la cocina, donde permaneció por unos segundos con el ceño fruncido.

Su usual rutina incluía, como mucho, café y a veces arroz frito, si había preparado demasiado la noche anterior. Comer cualquier cosa en el camino solía ser más simple y lo ayudaba a llegar antes de que Bunny o Lloyds comenzasen a hablar de horarios de oficina que deberían ser irrelevantes para un héroe, pero hoy ameritaba preparar algo.

Tras dirigir su mirada hacia las escaleras y sonreír, Kotetsu revisó con rapidez la nevera y las despensas, buscando qué hacer de desayuno.

Las opciones eran pocas por la simple falta de ingredientes, pero una caja de mezcla para panqueques, leche y una botella pequeña de jarabe de arce, que Muramasa le había enviado una semana atrás, en el fondo de su nevera le dieron todo lo que necesitaba.

A Yuri le gustaba lo dulce, al fin de cuentas.

Kotetsu se puso manos a la obra y esperó hasta tener una jarra de café recién hecha y tener la mezcla lista antes de subir de regreso.

Esta vez, Kotetsu no se contuvo y en cuanto se sentó al borde de la cama, estiró su brazo para mover el cabello de Yuri lejos de su rostro con una caricia.

—Yuri —dijo sonriente—, buenos días.

Tuvo que repetir esas palabras un par de veces e incluso sacudirlo un poco, mas finalmente Yuri abrió sus ojos, se enderezó con lentitud y movió su cabeza en un saludo adormilado, tras lo cual permaneció inmóvil y con su vista desenfocada, luciendo a punto de volver a caer dormido.

—Preparé café —insistió Kotetsu, divertido ante lo que acababa de descubrir.

En respuesta, Yuri asintió, mas no hizo ningún intento de levantarse.

De haber tenido una cámara cerca, Kotetsu no habría dudado en tomar una foto o dos, queriendo conservar una prueba de que Yuri Petrov no era una persona madrugadora. Eso era algo que Kotetsu nunca había siquiera imaginado y ahora que estaba siendo testigo de ello, no reír requería un verdadero esfuerzo.

—Pero —pronunció Kotetsu con un tono juguetón, acercándose para hablar cerca de su oído— si prefieres volver a la cama...

Esta vez, Yuri parpadeó tratando de espantar el sueño, y tras unos segundos pareció conseguirlo, pues giró su cabeza y fijó su mirada en Kotetsu, como si acabase de procesar su presencia.

Habiendo cumplido con la misión de despertarlo, Kotetsu se alejó sin dejar de sonreír y aguardó por un «buenos días».

Eso nunca sucedió.

En su lugar, los ojos de Yuri se agrandaron en evidente sorpresa y repentinamente cubrió su propio rostro con una mano.

—¿Yuri?

Incluso parecía haber sido dejado sin aliento por el sobresalto, pero poco después bajó su mano con lentitud, luciendo prevenido.

—¿Qué hora es?

Kotetsu frunció el ceño, poco a gusto con esa reacción, mas dirigió su vista hacia el reloj más cercano para poder contestar.

—Pasadas las siete.

Cerrando los ojos, Yuri respiró pausadamente por unos segundos, tras los cuales volvió a abrirlos y se fijó en sus alrededores.

—Debo...

—Desayunar —interrumpió Kotetsu, tan convencido de cuáles serían las próximas palabras que Yuri pronunciaría como de que Yuri saldría corriendo en cuestión de minutos si no lo detenía.

Yuri movió su cabeza de un lado a otro.

—Ya debería estar en mi oficina.

—¿A las siete? —preguntó Kotetsu con incredulidad y una pizca de preocupación—. ¿A qué horas duermes?

—De noche.

Eso no era del todo cierto, pues a Kotetsu le constaba que eran más las veces en las que era uno de los últimos en salir de la Torre de la Justicia; y si lo que Yuri acababa de decir era cierto, por lo visto también era de los primeros en llegar.

Eso tenía que cambiar.

Cómo lo haría era algo de lo que no estaba seguro todavía, pero suponía que algo se le ocurriría durante el día.

—Baja antes de que se enfríe —indicó Kotetsu y se levantó para volver a dirigirse a la cocina. Si Yuri encontraba una pila de panqueques, no podría decir que no a quedarse a desayunar.

Aunque su suerte con la estufa no estuvo de su lado y terminó con más de un borde quemado en sus primeros intentos, Yuri se tomó varios minutos en ir al primer piso del apartamento y cuando hizo su aparición, ya vestido e incluso con su corbata perfectamente anudada y ajustada, Kotetsu tenía emplatada una pequeña pila con mejor apariencia.

Tal como había asumido, Yuri no se negó al ver la comida servida en la mesa que hacía de comedor y si bien confirmó la hora antes de sentarse en uno de los bancas, se dedicó a comer sin afanes, poniéndole jarabe adicional a cada panqueque y azúcar extra al café.

La conversación fue poca, mas recibir un cumplido por la comida compensó eso, al igual que el que, contrario al afán que había dicho tener al despertarse, Yuri no se puso de pie en cuanto terminó.

En vez de eso, permaneció con su vista en la taza ya vacía y sus manos alrededor de ésta.

—¿Quieres más? —Kotetsu estaba seguro de que ese no era el motivo de esa expresión pensativa, mas quería romper el silencio antes de que se volviese incómodo.

—Kotetsu... —Yuri no alzó su mirada y tras unos segundos, suspiró—. Todavía estás a tiempo de fingir que anoche no pasó nada.

—¿Qué? —preguntó Kotetsu de reflejo. Eso era peor que cualquier silencio incómodo y además, no tenía ningún sentido—. ¿Por qué?

—Te arrepentirás —afirmó Yuri, finalmente alzando su rostro y mirándolo a los ojos.

—No, no lo haré. —Kotetsu frunció el ceño—. ¿No me escuchaste anoche?

—Lo hice, pero...

—Me gustas, ¿sabes? —interrumpió con rapidez, no queriendo que Yuri pronunciara cualquier objeción que tenía en mente sin escucharlo primero—. Y me importas y...

Ponerlo en palabras no era fácil.

Si bien la noche anterior había sido simple actuar de manera impulsiva, aceptarlo en voz alta hacía que su garganta se cerrase y sintiese la necesidad de ver de frente las fotos de Tomoe y jurarle que nunca la olvidaría, y la frustración que Yuri a veces le provocaba no ayudaba. Aun así, eso no significaba que tuviese dudas.

Yuri no solo había llegado a su vida convirtiéndose en una constante, también se había transformado en alguien que rondaba su mente con mucha frecuencia y que de alguna forma, antes de que se diera cuenta cómo, se había ganado un espacio en su corazón.

—Y eres incapaz de cambiar de parecer una vez te decides —suspiró Yuri, sus labios curvándose en una sonrisa que no era del todo alegre—. Yo...

Yuri volvió a bajar su mirada, entrecerrando los ojos.

Algo estaba deteniendo a Yuri. El haber tenido la misma impresión la noche anterior reforzaba su certeza ahora, aun cuando no tenía la más mínima idea de la razón tras ello.

De lo que Kotetsu sí estaba convencido era de que no se trataba de su trabajo; Yuri ya lo habría dicho si ese fuese el caso, pues nunca titubeaba a la hora de mencionarlo con motivo o como excusa. Quizás se trataba de algo que no era fácil de decir, o quizá, como todo el tema de sus poderes, no era algo de lo que a Yuri le gustaba hablar.

Fuese como fuera, Kotetsu ya sabía qué iba a hacer.

—Puedo esperar. —Era mejor que ahuyentarlo con preguntas que todavía no se le habían ocurrido. Confiaría en Yuri y en que no solo le contaría la historia tras esa cicatriz una vez llegara el momento.

La sorpresa de Yuri fue evidente por la manera en que volvió a alzar su mirada y también por como movió una mano hacia él, si bien se detuvo y la dejó sobre la mesa. En un impulso, Kotetsu atrapó su mano y con una sonrisa traviesa como única advertencia, se levantó y estiró sobre el mueble para robar un beso.

Que Yuri le correspondiese, ignorando el ruido de los platos al ser corridos sin querer por Kotetsu, fue suficiente.

Era la prueba, al fin de cuentas, de que todo saldría bien.


Aunque Kotetsu habría preferido que la mañana siguiese sin prisas de por medio y tal vez sugerir una ducha, Yuri no le dio ninguna oportunidad al pronunciar con firmeza que tenía que irse ya si pretendía tener tiempo para ir a casa a cambiarse primero, pero que antes de salir hubiese recordado que no habían venido en el auto de Kotetsu y le preguntase si podía acercarlo a alguna parte fue suficiente consuelo.

Kotetsu entendía bien que el extraño día anterior había llegado a su fin y que era hora de volver a sus usuales rutinas de trabajo, por lo que esta vez no hizo nada para detenerlo y luego de una ducha, él mismo se alistó para partir.

Conseguir un taxi tras eso fue fácil y pese a que pedirle que lo llevase aprisa al edificio de Apollon Media no bastó para que llegara a tiempo, Kotetsu no pudo preocuparse por eso e incluso llegó con una sonrisa a su piso, la cual no se borró cuando vio a Bunny de pie junto a su escritorio y mirando hacia al ascensor, obviamente aguardando por él.

—¡Buenos días! —saludó Kotetsu sin pensarlo dos veces.

—Estás muy animado a pesar de que llegaste tarde —señaló Bunny sin sonar particularmente molesto.

—No importa. No es como si haya pasado algo.

—Realmente no aprendes.

La desaprobación de Barnaby dio paso al recuerdo de la incambiable obligación de escribir el informe del rescate del día anterior y en el, todo lo ocurrido con Yuri se convirtió en dos líneas cuyo propósito era registrar en qué parte de la torre lo había encontrado.

Con eso quedaba una promesa cumplida, faltaba otra.

—Ah, Bunny —dijo una vez terminó, estirándose aliviando de la perspectiva de no tener que volver a ese escritorio por lo que quedaba de día—, hoy vamos a ir al almorzar.

—¿A diferencia de todos los demás días?

Kotetsu respondió al tono de burla con una mueca, mas tras un segundo pasó una mano por su cabeza, avergonzado al recordar cómo había dejado solo a su compañero de manera tan repentina el día anterior.

—Sabes a lo que me refiero. Te debo una.

Barnaby asintió y le preguntó por Yuri.

Si pensó que era extraño que Kotetsu sonriese al asegurarle que estaba bien, no hizo ningún comentario al respecto, aun cuando sí le advirtió una hora después que debía «concentrarse en lo que estaba haciendo y no en otras cosas» una vez Kotetsu dejó una notoria grieta en una pared en un intento —exitoso— de atrapar a un ladrón.

Para su suerte, la mañana transcurrió sin otros incidentes y pudieron tomarse una hora completa para almorzar en un restaurante elegido por Bunny, compartiendo una grata charla hasta que un simple pitido en su muñeca lo alertó de una llamada.

—¿Solo a mí? —preguntó Kotetsu, confundido, en voz alta. Barnaby se encogió de hombros.

Lo normal era que solo los contactasen por esa línea cuando había una emergencia, por lo que no tenía sentido que solo se comunicaran con él. El ver de dónde provenía la llamada, sin embargo, aclaro por qué no habían incluido a Bunny y también lo hizo tensarse.

¿Había pasado algo?

—¡Kaede! —gritó, aguardando los segundos que pasaron hasta que el pequeño holograma proyectado por su comunicador se estabilizó, mostrando a Kaede con los brazos en jarra y perfectamente bien.

—¿¡Papá, por qué no llamaste anoche!?

Kotetsu no alcanzó a disfrutar del alivio de ver a Kaede a salvo, pues el reclamo lo llenó de culpa. Lo único que solía hacer que no llamase a casa en algún momento del día era algún incidente y aunque técnicamente el día anterior había estado lleno de emergencias de más de un tipo, el hecho de que ahora Kaede sabía que él era un héroe hacía más importante no dejar de llamarla sin importar la hora.

—¡L-lo siento, Kaede! —Kotetsu no dudó en inclinar su cabeza—. Papá estuvo tan ocupado que...

—Típico y además tienes apagado tu celular —interrumpió Kaede, explicando de paso por qué lo estaba llamando a esa línea, mas su tono se suavizó—, pero si es por eso...

—¡Te juro que no quería hacerte preocupar!

—No estaba preocupada. —Kaede hizo un mohín y miró hacia un lado por un instante—. Te mostraron en televisión.

¿Kaede lo había visto? La sonrisa de Kotetsu fue inmediata.

—¿Y qué te pareció verme trabajando como héroe? ¿A que fui genial? —Aunque quizás no había sido uno de sus mejores días, que ella lo viese como héroe en una transmisión en vivo era algo nuevo y que merecía una mención especial.

—Solo fueron unos segundos —replicó ella en vez de responder—. Tampoco mostraron mucho al señor Barnaby.

Y Kaede seguía siendo una gran fan de Bunny. Con un suspiro, Kotetsu le hizo un gesto a Barnaby para que se acercara.

—Él está aquí —dijo una vez Barnaby cambió de asiento, quedando ahora a su lado—. ¿Quieres saludarlo?

—¿Eh? —Kaede saltó con sus ojos totalmente abiertos y cubrió su boca con sus manos, dejando ver lo emocionada que estaba—. ¿¡Él está ahí!?

Ese fue el instante en el que Bunny decidió dejarse ver, saludando incluso con su mano cuando se acercó lo suficiente para quedar en el rango de la pequeña cámara del comunicador en su muñeca.

—Hola, Kaede.

—¡S-señor Barnaby! —Kaede bajó sus manos y eso dejó su sonrojo perfectamente visible—. ¿C-cómo estás?

—Bien, siempre me da fuerzas recibir ánimo de una buena fan.

—Hey —advirtió Kotetsu, dándole un ligero codazo. Que Kaede fuese fan de Bunny no quería decir que su compañero debía tratarla como una, en lugar de tratarla como la hija de Kotetsu.

—G-gracias por el autógrafo.

—¡Ese fue el regalo que yo te llevé!

—Fue un placer —respondió Bunny, sonriente, ignorando a Kotetsu—. No dudes en decirme si puedo hacer algo más por ti.

—¡A mi también! —intervino Kotetsu una vez más—. Sabes que siempre puedes contar con papá.

Kaede hizo un sonido pensativo y dijo:
—Podrías comenzar por hablarme como a una adulta.

—Lo ayudaré a recordarlo —prometió Barnaby, asintiendo.

La alegre risa de Kaede señaló la ruptura del hielo y las siguientes palabras que intercambió con Bunny no fueron acompañadas de su nerviosismo original, e, igualmente, Bunny abandonó sus frases reservadas para los encuentros fortuitos con alguna fan.

Era más agradable participar en una conversación así, aun cuando él estaba siendo la victima de acusaciones injustas sobre ocasionales olvidos y pequeños accidentes que todos exageraban.

Bunny fue quien la dio por terminada un par de minutos después y se despidió con un gesto amigable, cosa que Kaede imitó antes de volver a dirigirse a Kotetsu.

—Abuela también quiere hablar contigo.

—Oh, bueno... —Kotetsu suponía que era justo, pues quizás igualmente la había preocupado. Y de cualquier forma, esta noche sí llamaría, por lo que podría hablar más con Kaede.

Kaede pareció estar a punto de alejarse del teléfono para dejárselo a Anju, aun así se detuvo y volvió a mirar directamente hacia la cámara.

—Por cierto, ¿el edificio de ayer no es donde trabaja Yuri?

Kotetsu contuvo la respiración.

Él sabía que a Kaede no le desagradaba Yuri, por algo incluso había llegado a pedirle ayuda con sus tareas, mas no había creído que ella recordaba un detalle así. Pero lo había hecho y además le estaba preguntando por él, tal como podía esperar de su hija, de quien estaba tan orgulloso.

Con una sonrisa brillante y sintiéndose extrañamente ligero, Kotetsu asintió.

—Sí, y él también está bien.

Tras eso, Anju pasó al teléfono para regañarlo por olvidar llamar luego de haber estado en peligro, mas verlo a salvo pareció tranquilizarla lo suficiente para no prolongar la charla por mucho.

—No sabía que Kaede lo conocía —comentó Bunny, ya de regreso a su asiento original, una vez finalizó la llamada.

—Yuri fue a verme algunas veces. Por trabajo. Ya sabes como es —rió, recordando esa primera noche en la que Yuri había aparecido con su traje gris, maletín negro y una pila de documentos que Kotetsu habría preferido no tener frente a él.

—Parece que pasó mucho en un año.

¿Lo había hecho?

Para él, el tiempo transcurrido en Oriental Town se había sentido como unas largas y merecidas vacaciones en las que no había ocurrido mucho, pero tal vez en medio de la rutina doméstica sí lo había hecho.

Sin duda, el mayor cambio era el sentirse parte de la vida de Kaede, aun si ella seguía echándolo de su habitación si él entraba sin permiso, y el estar ahora en Sternbild no había cambiado tal cosa. Ayudaba el que ella sabía la verdad, el que no necesitaba inventar excusas cada vez que una emergencia lo obligaba a quedarle mal y el que Kaede lo apoyaba, aun cuando él seguía sin ser su héroe favorito.

Y en ese año también había llegado Yuri.

Kotetsu no hizo nada para contenerse de sonreír nuevamente.

Si bien se alegraba de que su retiro no hubiese terminado siendo permanente, no podía negar que quizás no había sido tan monótono como le había parecido durante los días en que ayudar a Anju y a Muramasa era lo único para hacer, y que al final había traído algo bueno.

—Realmente.