La luna que aparece de día VIII
—¿Una entrevista?
Tal vez no debería ser tan sorprendente, pues la semana anterior habían tenido una, pero a la vez esa misma era la razón por la que Kotetsu no lo había esperado.
Si bien podía decir que desde que había comenzado a trabajar con Barnaby el número de entrevistas que había tenido que dar se había incrementado en comparación con el resto de su carrera, la poca atención que recibía la segunda liga había revertido tal situación por completo.
Por eso mismo, el que no solo tuviesen otra a pesar del poco tiempo que había pasado desde la previa, sino que además Lloyds hubiese decidido citarlos en su oficina para notificarlos de ello en persona lo hacía ver tal cosa como un giro de ciento ochenta grados.
—Justo tuvimos una hace poco —añadió Kotetsu al notar la mirada inquisitiva que Bunny le dirigió— y ahora otra...
—Tres, no una —interrumpió Lloyds, sonando más paciente de lo usual.
—¿Eh?
—En unos minutos se reunirán con un periodista de Hero Magazine, al final de la tarde irá un enviado de la revista Eirene a hacer un reportaje del trabajo de toda la segunda liga y los esperan mañana al medio día en la central de OBC.
—Entendido. —Barnaby sonrió como si no les acabasen de asignar una pila de trabajo.
Kotetsu, sin embargo, tenía una duda importante.
—¿Y las rondas...? —Si bien no eran su parte favorita de estar en la segunda liga, eran más valiosas que sentarse a responder preguntas, por lo que no era posible que fuesen a dejar de hacerlas.
—Por supuesto, continuarán como de costumbre —confirmó Lloyds, cerrando con un golpe definitivo la libreta donde había anotado el inesperado horario para ellos—. ¿Tienes algún problema con eso?
El recuerdo de las muchas veces que Lloyds le había dicho que podía renunciar si no le gustaba algún aspecto de su trabajo siempre lograba ponerlo nervioso, pese a que no había escuchado algo así en mucho tiempo. Sin pensarlo dos veces, Kotetsu se enderezó e hizo un esfuerzo para verse serio.
—No, no, claro que no.
—Esta es una gran oportunidad para recuperar la reputación de Apollon Media —dijo Lloyds con una sonrisa brillante—. Contamos con ustedes.
Y esas palabras explicaban todo.
Coreando débilmente la afirmación de Barnaby de que se encargarían, Kotetsu siguió a su compañero y dejó escapar un suspiro una vez estuvieron en el corredor.
—No sé si sentirme feliz o no por esto —confesó, mirando por un segundo hacia la puerta ya cerrada de la oficina de Lloyds.
Por un lado, la perspectiva de recibir más reconocimiento no era para nada desagradable, aun cuando distaba de ser su meta; pero por otro, no era lo que podía llamar el principal trabajo de un héroe.
—Podrías verlo como una oportunidad para hacer más popular a la segunda liga —sugirió Barnaby, mirándolo de reojo con una expresión divertida.
—Mientras no solo nos traiga entrevistas... —Algo como más casos sería mejor e incluso...—. ¿Crees que nos mostrarán más en televisión? —preguntó en cuanto la posibilidad cruzó por su cabeza. Si lo hiciesen, Kaede podría verlo en vivo y en directo, y quizás él lograría hacer algo que la convencería de considerarlo su mayor héroe.
—Sabes de quién depende eso. —La sonrisa con la que Barnaby acompañó esas palabras era comprensiva, como si entendiese a qué se debía su interés en volver a aparecer en HERO TV.
Kotetsu dejó escapar una corta risa.
—Cierto. —Y a Agnes lo que le importaba era el potencial de aumentar los índices de audiencia y siendo así, un poco de popularidad podría servir—. Será dar entrevistas entonces.
Con esa motivación, Kotetsu siguió a Barnaby a la sala que Apollon Media había preparado para la entrevista, donde solo tuvieron que esperar un par de minutos hasta que el enviado de Hero Magazine hizo su aparición.
Como cosa rara, en lugar de solo querer saber de Barnaby y su vida, el hombre resultó estar más interesado en escuchar del trabajo de ambos en la segunda liga, cosa que hizo de todo el proceso algo más ameno de lo usual.
Que también le preguntase sobre sus poderes fue la única agria sorpresa, mas, en comparación con los directos interrogantes de Yuri noches atrás, contestar fue fácil.
—Claro que es raro tener menos tiempo —pronunció Kotetsu, encogiéndose de hombros, y señaló su reloj de pulsera—, pero es cosa de ir y actuar, y en un minuto se puede hacer mucho.
Tras unas últimas preguntas sobre lo que ambos estaban aportando en la segunda liga y el inevitable "comentario para los fans", la entrevista llegó a su fin y partieron hacia Bronze Stage.
Aun cuando la policía no pidió la asistencia de la segunda liga durante la tarde, el azar los llevó a los lugares correctos y tres persecuciones que terminaron en arrestos, dos rescates y un poco de asistencia en una obra de construcción para prevenir que una falla menor terminara en un gran accidente, los mantuvieron ocupados hasta la hora de la siguiente entrevista.
Luego de un día tan inesperadamente provechoso, el tener que responder algunas preguntas no sonaba nada mal, por lo que Kotetsu llegó con una sonrisa al parque que Lloyds les había indicado, sin sentir ninguna vergüenza de llegar algunos minutos tarde.
Los enviados de la revista ya se encontraban presentes, equipo de grabación y cámara en mano, al igual que Ms. Violet, Sumo Thunder y Bombeman; Chopman, en cambio, brillaba por su ausencia.
—¿No somos los últimos? —cuestionó con incredulidad, examinando los alrededores en caso de no haberlo visto.
—Esperaremos unos minutos más a Chopman, si no les molesta —dijo el hombre de la cámara, confirmando la ausencia del otro héroe.
Barnaby fue quien le respondió con su mejor expresión profesional, aprovechando para disculparse por no llegar a tiempo antes de preguntar detalles sobre cómo sería la entrevista.
Consciente de que su compañero era mejor en esas cosas que él, Kotetsu se dirigió hacia los chicos.
—¿Y cómo les fue hoy?
Aunque resultó que los chicos no habían tenido una tarde tan ajetreada como ellos, el entusiasmo con el que le contestaron evidenció que para ellos tampoco había sido un día rutinario y carente de oportunidades para un héroe deseoso de ayudar.
Pese a eso, la conversación pronto llegó a una extendida pausa en la que, al igual que los reporteros, los chicos parecieron más distraídos por el hecho de que todavía faltaba uno de ellos.
—¿Dónde estará? —dijo Ms. Violet en voz alta, sonando impaciente.
—¿Podríamos comenzar sin él...? —sugirió Bombeman, dubitativo, mirando de reojo a Bunny y a los enviados de la revista.
—¿En qué zona estaba hoy? —Kotetsu no podía negar que él mismo empezaba a sentirse aburrido de no hacer más que esperar y si se daba el caso de que Chopman no había podido llegar porque se había topado con un incidente, sin duda sería mejor ir a buscarlo y darle una mano.
Todos intercambiaron una mirada en lugar de responder.
¿Así que nadie sabía?
Kotetsu no tuvo la oportunidad de lamentarse ni de preguntarle a Bunny, quien quizás sí tenía alguna idea, pues Chopman finalmente hizo aparición, llegando en una carrera que lo llevó a estar a punto de tropezar un par de veces.
—¡Tenemos un caso! —anunció directamente y si bien se detuvo a poca distancia de ellos, lucía preparado para echar a correr en cualquier momento.
—¿Pasó algo? —El primero en reaccionar fue Bunny, acercándose mientras pronunció ese interrogante.
—Verán... —Chopman hizo una corta pausa para tomar aire—. Casi siempre me encuentro con este detective en mis rondas...
Chopman comenzó por contarles sobre el detective y luego pasó a hablarles sobre una serie de robos a oficinas que habían estado ocurriendo durante las noches en Silver Stage. Según dijo, la policía finalmente había conseguido tener una buena idea de cómo escogían dónde robar y cuándo decidían actuar; sin embargo, aunque habían logrado acorralar a varios miembros de la banda tras tres de sus más recientes asaltos, estos habían logrado escapar gracias a extrañas coincidencias que habían dejado a los oficiales tan anonadados como frustrados.
—No saben si hay NEXTs en el grupo —finalizó Chopman—, pero quieren nuestra ayuda para atraparlos.
—¿Y están seguros de que van a atacar hoy? —cuestionó Bunny.
—Sí.
—Así que hoy iremos a Silver Stage —comentó Sumo Thunder, sonando nervioso.
—Pero... —Violet miró de reojo a los reporteros, que hasta ahora habían estado escuchando todo con atención.
—Está claro qué es lo que un héroe debe hacer —interrumpió Kotetsu; no tenía sentido siquiera considerar el compromiso de la entrevista, que podían dejar para otro día, en comparación con lo que era darle una mano a la policía para atrapar a todo un grupo de criminales.
—¿Podríamos reprogramar la entrevista? —preguntó Bunny, como si hubiese leído sus pensamientos.
Los dos hombres intercambiaron una mirada y finalmente, uno de ellos sonrió.
—No, los seguiremos de cerca.
A pesar de que Kotetsu les advirtió que podría ser peligroso, ambos reporteros insistieron en ir y prometieron que tendrían cuidado de no ponerse en peligro e interrumpirlos en el proceso, por lo que, en cuestión de minutos, la segunda liga y los dos enviados de la revista Eirene se dirigieron a la zona oeste de Silver Stage.
Allí se reunieron con el detective amigo de Chopman, un hombre mayor de apariencia cansada que no parecía querer soltar su cigarrillo, quien les agradeció con fervor antes de explicarles el plan, el cual, para los héroes, se resumía en esperar dentro de una camioneta poco llamativa hasta que los ladrones hicieran aparición.
—No queremos espantarlos ahora que finalmente tenemos algo de apoyo —dijo, tras lo cual se dirigió a coordinar la operación con los uniformados que estaban llegando al área.
—¿No creen que eso podría alertarlos? —comentó Kotetsu, señalando al creciente grupo de policías.
Chopman negó con su cabeza.
—Todavía no estamos cerca del blanco de los ladrones.
—¿Entonces por qué estamos aquí? —dijo Kotetsu con el ceño fruncido. Si la idea era conseguir varios arrestos, lo normal era dirigirse al lugar donde podrían hacerlos, no quedarse lejos, en especial si se trataba de criminales tan escurridizos como decían.
—Es obvio que este es solo el punto de encuentro —suspiró Barnaby—. Imagino que también tienen una idea de la hora en que actuarán.
—Dicen que siempre lo hacen después de las ocho —ofreció Chopman.
Y apenas eran las siete.
Kotetsu no tuvo más opción que aceptar que todavía no había nada que hacer, salvo escuchar a Chopman, quien se dedicó a informarles todos los detalles que sabía de los robos anteriores hasta que un policía, ahora vestido de civil, les avisó que ya era hora de que subieran a la camioneta.
—¿Deberíamos planear algo? —cuestionó Bombeman una vez estuvieron adentro y el vehículo se puso en marcha.
—Ningún plan los preparará para el momento. —Kotetsu cruzó sus brazos tras su cabeza.
Él sabía eso por experiencia. Estar listo para lo que fuese que ocurriera era mucho más útil que imaginar una situación que quizás no se acercaría ni en sombra a lo que enfrentarían.
—Pero pensar, por ejemplo, en qué habrían hecho para prevenir que escaparan en las situaciones en las que la policía pudo acorralarlos podría ayudar —lo contradijo Bunny.
Todos los chicos los observaron a ambos por intervalos y finalmente decidieron seguir el consejo de Barnaby, comentando entre ellos ideas varias de lo que habrían hecho.
Eso se sentía como una pequeña derrota, por lo que Kotetsu no pudo evitar querer desquitarse, al menos un poco.
Aprovechando que Barnaby se había sentado junto a él, susurró:
—¿Y quién decía que no le gustaban las simulaciones?
—No es una simulación —replicó Bunny, también en voz baja—. Y es obvio que están nerviosos. Esto podría ayudarlos.
Descubrir que lo que Barnaby estaba haciendo era preocuparse por los chicos bastó para hacerlo sentir culpable por su burla segundos atrás, mas el que Bunny no se viese molesto lo convenció de que no le debía una disculpa por eso.
—Pero —dijo, manteniendo la conversación solo para ellos— no es la primera vez que tenemos un trabajo así.
—Es la primera vez que tienen audiencia.
Si bien Barnaby no señaló a los reporteros, era evidente que se refería a ellos. ¿Cómo no lo había notado?
—Oh —musitó y abrió el visor de su traje para dedicarle una sonrisa orgullosa—. Estás resultando un buen mentor, Bunny.
Bunny lo imitó, pero en vez de corresponder el gesto, lo observó con desaprobación.
—Tú podrías dar un mejor ejemplo.
—¡Ya lo hago! —Kotetsu solo notó que había subido la voz cuando se percató de que todos los presentes lo estaban observando, luciendo más curiosos que otra cosa. Avergonzado, Kotetsu dejó escapar una corta risa y le dio una palmada en el hombro a su compañero.
—¿Cuánto falta para llegar? —cuestionó Bunny, enterrando el asunto con esas cuatro palabras.
—Estamos a dos cuadras —replicó el conductor.
La tensión se hizo sentir en cuanto el vehículo se detuvo y les señalaron, de manera disimulada, el edificio que era considerado el posible blanco y especificaron la oficina exacta. Esa expectante incertidumbre, sin embargo, pronto se transformó en una espera cuyo fin parecía más y más lejos según pasaron los minutos.
Los enviados de la revista incluso aprovecharon para hacer algunas preguntas, pero no fue más que una forma de pasar el tiempo. Todos estaban aguardando por algo más.
—¿Realmente aparecerán? —Kotetsu comenzaba a sentir que tal cosa no iba a suceder.
Era posible que la policía se hubiese equivocado, o que algo hubiese alertado a los ladrones, o hasta que hubiesen tenido un accidente fortuito en el camino que los había obligado a cambiar de planes...
—Una luz —dijo de repente Chopman, quien no había dejado de observar por la ventana opaca lateral—. Ahí, en el octavo piso —insistió cuando nadie reaccionó al escucharlo.
En el momento en que Kotetsu se acercó al igual que los demás a mirar, descubrió que Chopman tenía razón y aun cuando no recordaba exactamente si esa era una de las ventanas del supuesto blanco o no, sí estaba seguro de que por lo menos estaba cerca.
—¿Alguien regresó a la oficina? —preguntó Barnaby, dirigiéndose al policía que estaba con ellos.
El hombre repitió ese interrogante por su comunicador y tras varios segundos, otro uniformado replicó:
—Negativo, no debería haber nadie.
Y eso solo podía significar una cosa.
—Están aquí.
—¿Cómo creen que entraron? —Bombeman sonaba confundido.
—¿Nadie se dio cuenta? —preguntó Ms. Violet al mismo tiempo.
—Quizá lo hicieron de la misma forma en la que planean escapar... —Chopman no apartó su vista del edificio, como si estuviese buscando en el la respuesta a ese interrogante.
—Sea lo que sea, no los dejaremos —afirmó Kotetsu, compartiendo una sonrisa confiada con Barnaby.
—Por supuesto.
—Esperen la señal. —La orden vino del detective amigo de Chopman por medio del comunicador y aguardar tras eso fue mucho más simple.
No había nadie en peligro que hiciese necesario actuar de inmediato y además, ahora sí tenían una razón para estar ahí y solo era cuestión de minutos para que abandonaran el vehículo y consiguieran varios arrestos.
En cualquier momento pasaría algo, como un hombre alto, vestido de traje y con un gran maletín en mano saliendo del edificio que, hasta hace poco, había estado oficialmente desocupado salvo por un pequeño equipo de seguridad que, según habían dicho, había aceptado quedarse en la sala de control y asegurarse de que las cámaras grabasen todo lo que ocurriese en el edificio.
—¿Ahora?
Chopman apenas había terminado de pronunciar esa palabra cuando el detective gritó:
—¡Ahora!
En ese instante, Kotetsu ya estaba abriendo la puerta corrediza que le permitió a toda la segunda liga aparecer en la calle y correr hacia el edificio.
La sorpresa del hombre que acababa de salir fue evidente, aunque no tanto como la de otras tres personas que aparentemente iban tras él y quienes frenaron bruscamente a poca distancia de las puertas de cristal.
A pesar de que el misterio de cómo habían entrado cuando había tantas personas vigilantes alrededor no se había esclarecido, todo indicaba que atraparlos no sería tan difícil como la policía lo había hecho sonar y eso era lo primordial.
Con eso en mente, Kotetsu fue tras el hombre que ya se encontraba afuera, quien había comenzado a mirar de un lado a otro en busca de una vía de escape que no hallaría, pues las calles estaban llenas de policías de incógnitos.
Esa reacción tan tardía lo hacía ver más como un principiante y no como parte de una escurridiza banda, y convenció a Kotetsu de que en cuestión de segundos se rendiría y confesaría todo, mas eso no fue lo que pasó.
En lugar de eso, Kotetsu se vio distraído al notar a una mujer vestida de rojo tan cerca de él que no logró evitar estrellarse con ella, aun cuando sí logró frenar a tiempo para no hacer del impacto algo peligroso.
—¡Lo siento! —exclamó la mujer, mirando al suelo en lugar de a él en obvia vergüenza.
—No importa. Deberías alejarte... —Nadie había salido lastimado y tenía que enfocarse en capturar al hombre; aun así, no lo encontró cuando lo buscó.
¿En dónde se había metido?
—¡Ella es parte de la banda! —gritó Bunny.
De reflejo, Kotetsu cerró una mano alrededor de uno de los brazos de la mujer, quien no negó lo que Barnaby había dicho y se retorció intentando huir.
—¡Suéltame!
Encontrar a su compañero tras eso lo llevó a descubrir que Barnaby había capturado al hombre alto durante ese corto intercambio.
—Tendrán que respondernos algunas preguntas —habló Bunny—, aunque creo que ya sé cómo han logrado escapar.
—Bien hecho, Bunny —dijo Kotetsu, uniéndose a su compañero en su camino a dejar a los dos ladrones en manos de la policía, al igual que el maletín que sin duda contenía parte del botín—. Y... ¿cómo? —cuestionó en voz baja una vez tanto el hombre como la mujer estuvieron esposados y dentro de una patrulla.
Barnaby suspiró.
—Mira bien.
Quedarse atrás en lugar de ir directo a darle una mano a los chicos no le sentaba del todo bien, mas confiando en su compañero, Kotetsu lo hizo por un par de segundos.
Fue gracias a eso que notó que no todas las personas que se encontraban en los alrededores estaban observando con curiosidad a los héroes o colaborando manteniendo a varios transeúntes a cierta distancia y delatando con ello que eran policías. Algunas estaban continuando su camino como si nada, luciendo incluso distraídos, y más de una estaba esquivando a la policía y dirigiéndose hacia el edificio dentro del cual los chicos estaban tratando de atrapar a los otros tres ladrones.
Tal cosa era extraña, tal como el que más de uno de esos descuidados peatones fuesen anormalmente llamativos gracias a su ropa o a sus risas exageradas o las grandes bolsas que llevaban con ellos.
Los más sospechosos eran un grupo de jóvenes que no estaban a más que a unos metros de las puertas, cosa que quedó reafirmada cuando su ruidosa conversación atrajo la atención de Bombeman y el ladrón que había estado a punto de arrestar se escabulló hacia la salida.
—¡Allá! —señaló Kotetsu, entendiendo el truco, y echó a correr. Bunny lo siguió.
Entre ambos acorralaron al grupo y justo a tiempo, pues al hacerlo descubrieron que uno de ellos había estado a punto no de abrir, sino de destruir las puertas de cristal para crear un caos que le permitiese escapar a sus cómplices.
Al verse descubiertos, echaron cualquier intento de disimular por la borda y en vez de continuar con sus trucos, contraatacaron.
El que resultaran armados hizo que el arresto que había parecido fácil se complicara, mas el apoyo de la policía en alejar a peatones del peligro ayudó a que pudiesen concentrarse en detenerlos y no en controlar el desconcierto que los criminales originaron cuando comenzaron a disparar.
Si bien tuvieron que usar sus poderes, fue solo cuestión de tiempo para que lograran atrapar a todos los que estaban afuera mientras los chicos se encargaban de los tres que tenían el botín y aunque las puertas de cristal terminaron echas añicos, por una vez Kotetsu podía decir que él no había tenido nada que ver con esa destrucción.
Con lo que parecían todos los miembros de la banda arrestados y una felicitación de parte del detective, quien de paso le prometió a Chopman decirle si volvían a necesitar ayuda, terminó el caso.
—¿Creen que atrapamos a todos? —preguntó Ms. Violet una vez el detective se alejó, y observó con suspicacia a los civiles que no habían dejado de observar todo.
—Nadie ha intentado distraer a la policía para liberarlos, así que... —Bombeman dirigió su mirada hacia Kotetsu y Barnaby, como si estuviese buscando que alguno de ellos confirmara eso.
—Lo hicieron muy bien —los elogió Kotetsu con sinceridad.
Ellos habían captado, sin necesidad de una explicación, lo que estaba pasando y no se habían dejado distraer después de entender el truco; el resultado de ello se veía en los arrestos que habían logrado y también en el hecho de que no habían resultado heridos.
Entre eso y lo que él y Bunny habían hecho, Kotetsu podía decir que se sentía satisfecho.
—¿Ahora seguirán las preguntas? —cuestionó Bunny dirigiéndose a los reporteros que acababan de acercarse a ellos.
—No —replicó el fotógrafo con una risa emocionada—, tenemos suficiente material y fue mucho mejor de lo que esperábamos.
—¿Siempre es así? —interrogó el otro, a pesar de que no parecía listo para grabar la respuesta como referencia.
—A veces —replicó Sumo Thunder, en apariencia intentando lucir despreocupado, aun cuando su nerviosismo al haber tomado la iniciativa de responder fue evidente.
El reportero asintió con la misma amplia sonrisa que había mostrado cuando dijo que iría con ellos.
—Fue un honor poder verlos a todos en vivo.
—Aunque es una lástima solo tener algunas fotos y no un video —rió el fotógrafo, haciendo un gesto para señalar una de las grandes pantallas instaladas en uno de los edificios de la siguiente manzana.
—Esperamos ver más de todos ustedes.
Con esas palabras se despidieron y partieron del lugar sin prisa, dejando atrás a un grupo de jóvenes héroes más animados que nunca.
—No me molestaría si tuviésemos más entrevistas así —confesó Kotetsu en voz baja, sonriendo mientras veía a los chicos.
—Esta no cuenta como una entrevista —señaló Bunny.
Kotetsu chasqueó su lengua.
—Sabes a lo que me refiero.
—Sí, y estoy de acuerdo.
¿Y por qué Bunny no podía darle la razón desde el comienzo?
Aunque Kotetsu renegó en voz alta al respecto, su buen humor se mantuvo intacto durante el tiempo que les tomó despedirse de los chicos y dirigirse hacia Apollon Media. Barnaby también lucía contento, aun si no por eso le permitió olvidar el papeleo para terminar el día.
En el escritorio de ambos les estaba esperando una nota recordándoles la entrevista del día siguiente, al igual que un mensaje de Saito indicándoles que varias actualizaciones de los trajes estaban listas para una nueva serie de pruebas.
Kotetsu leyó eso último con una mueca de descontento, pues sabía que una vez más él sería el conejillo de indias, mas no podía negarse. Saito y Bunny se estaban esforzando, al fin de cuentas, y él apreciaba ese empeño y sin duda lo apreciaría más una vez todo funcionase a la perfección y él no tuviese que sufrir las fallas que todavía no habían descubierto.
Con un suspiro y una mirada al reloj, Kotetsu dejó las notas de lado para comenzar con el reporte del día. Aun si no quería redactar nada, en cuanto más pronto terminase, más pronto podría ir a buscar a Yuri...
Esa idea motivó a Kotetsu por algunos minutos, pero su concentración se vio rota por su compañero.
—Kotetsu, mira.
Pese a que su tono no era urgente, sí era lo suficientemente serio para advertirle a Kotetsu de no hacer ningún comentario sobre la interrupción, mas descubrir que Barnaby estaba viendo HERO TV en su computador sí lo llevó a mirarlo con incredulidad.
—¿No me estabas hablando de la importancia de los informes?
—Mira —repitió Bunny, ignorando su pulla, y subió el volumen.
—¡Y los ha atrapado! —el anuncio fue combinado por un primer plano de Sky High, quien había agarrado a dos hombres por el cuello de sus chaquetas deportivas y los dejó en el suelo, cerca de las patrullas de policía que se encontraban ahí apoyándolos.
—Hasta aquí llegan sus actos malvados, y este es el fin —afirmó Sky High, alzando primero un brazo y luego el otro en su típica pose.
Uno de los hombres rió.
—¿Eso creen? —preguntó, mirándolo con odio—. Si nadie quiere controlarlos ni detenerlos, nosotros acabaremos con todos los monstruos que podamos.
Kotetsu frunció el ceño ante esas palabras y queriendo confirmar qué estaba viendo exactamente, se fijó en los titulares en la parte baja y pronto entendió por qué Bunny lo había instado a ver lo que estaba sucediendo.
Las siguientes tomas, en las que mostraron a Blue Rose y a Dragon Kid arrestando a otras personas de apariencia común, pasaron desapercibidas para él debido a lo que leyó.
Mientras la segunda liga se había dedicado a atrapar ladrones, aparentemente la primera liga había recibido una pista sobre el paradero de los responsables del ataque en la Torre de la Justicia y esta había resultado real.
Lo que estaban transmitiendo ahora, en vivo y en directo como a Agnes le gustaba, era el arresto de los culpables.
La cámara pasó a Fire Emblem, quien parecía estar llevando a un lugar seguro a algunas personas inocentes que habían estado en las cercanías, y luego a Rock Bison, quien acababa de arrestar a otro hombre.
—¡Activaron una bomba! —gritó de repente Origami Cyclone, saliendo de lo que se veía como una fábrica cerca de los muelles, la cual, quizás, había sido la base de aquellos hombres.
—¡Un nuevo peligro! —narró Mario al tiempo que los titulares pasaron a anunciar lo que Origami Cyclone había informado—. ¿Los héroes ya habrán terminado la evacuación?
—¡Rock Bison!
La indicación de Fire Emblem fue todo lo que Rock Bison necesitó para dejar al hombre que él había atrapado en manos de Fire Emblem y lanzarse hacia el edificio en una carrera desesperada, dejando claro que la respuesta a ese interrogante era un «no».
—¡Déjamelo a mí!
¿Y qué planeaban hacer? ¿No necesitaban ayuda?
—Deberíamos... —Kotetsu no pensó dos veces en abandonar su silla y habría echado a correr si su compañero no lo hubiese detenido.
—Están al otro lado de la ciudad —señaló Bunny con calma—, así que no llegaríamos a tiempo. Además, no ha pasado una hora.
—Lo sé, pero...
No hacer nada no le sentaba bien.
Aunque Kotetsu no salió siquiera de la oficina, tampoco regresó a su asiento.
La primera liga había comenzado un frenético intento de alejar de los alrededores de la fábrica a tantas personas como podían. La situación de Rock Bison en ese instante era un misterio que apenas fue mencionado en los titulares, acompañados por preocupantes especulaciones sobre el tiempo que faltaba para que la bomba detonara.
De un momento a otro algo pareció captar la atención de Fire Emblem, pues lanzó una bola de fuego contra una de las ventanas de la fábrica. Que tras eso un objeto saliese por el espacio ahora vacío que había ocupado el vidrio fue una sorpresa para todos, pues la cámara a duras penas pudo seguir la trayectoria de este.
Quien sí pareció haber estado preparado fue Sky High, pues con una ráfaga alzó el objeto a una altura mucho mayor que la del helicóptero de HERO TV y justo a tiempo, pues lo que resultó ser la bomba explotó con un sonido retumbante e hizo que el cielo se llenase de rojo por un instante.
—¡Lo lograron! ¡El rey de los héroes evitó una tragedia!
—Tal como nosotros —rió Kotetsu con alivio, divertido de ver a Sky High y los demás usando prácticamente el mismo método que él y Bunny se habían visto obligados a utilizar cuando habían comenzado a trabajar juntos, y se dejó caer en su asiento.
Todos estaban bien.
—¡Monstruos inhumanos, eso es lo que son! —gritó una de las personas que habían sido arrestadas, como si no solo no apreciase el que los héroes habían impedido que esa bomba también los afectara a ellos, sino que además estuviese enfurecida por ello—. ¡Tenemos que detenerlos, tenemos que acabarlos!
—Cállate de una vez y camina —ordenó Blue Rose, sonando más incómoda que dominante.
Después de eso, la transmisión se alejó de los primeros planos de los recién capturados, quienes habían parecido decidir usar su minuto en las cámaras para expresar su odio contra los NEXTs, aceptar su culpabilidad tras el ataque en la torre y de paso mencionar que consideraban estar haciéndole un favor a la ciudad al intentar matarlos.
La tabla de puntos apareció en la pantalla junto al anuncio de que podrían volver a ver los mejores momentos de los héroes luego de la propaganda, como si quisieran ayudar a la audiencia a olvidar la poca agradable letanía de aquellos hombres y eso era algo que Kotetsu agradecía.
Aun sabiendo de los movimientos anti-NEXTs, escucharlos directamente nunca era agradable. Que esta vez, además, se tratase de un grupo dispuesto a tal grado de extremismo solo aumentaba la sensación de desagrado.
—Ya no podrán atacar a nadie —afirmó Kotetsu, queriendo enfocarse en ese simple hecho.
—Sí —replicó Bunny, cerrando la transmisión—, ya no tienes que preocuparte.
Entendiendo a qué se refería, Kotetsu solo pudo dedicarle una sonrisa agradecida a su compañero, pues recordar ese hecho realmente lo hizo sentir mejor.
Ahora que los culpables habían sido capturados, Yuri estaría a salvo.
Ser detenido en la entrada de la Torre de la Justicia era algo que Kotetsu había sentido como un obstáculo desde el primer día, y ahora, que los responsables tras el ataque estaban tras las rejas, se veía además como algo innecesario.
Los guardias parecían pensar lo mismo, pues se disculparon con él por tener que confirmar su identidad antes de permitirle seguir, mas como todas las noches desde que habían impuesto un nuevo protocolo de seguridad, Kotetsu tuvo que aguardar con paciencia antes de dirigirse a la oficina de Yuri, donde, como de costumbre, la luz delataba que Yuri continuaba ahí.
¿Algún día lograría convencerlo de acortar sus largas jornadas laborales?
Kotetsu comenzaba a dudarlo, pero se consolaba con el hecho de que Yuri no había usado su trabajo como excusa para evitarlo a pesar de la aprensión que había demostrado tras aquella noche.
Esperar, sin embargo, a que Yuri decidiese compartir lo que fuese que tanto le pesaba se le antojaba más difícil cada día que pasaba.
Aunque Yuri siempre había sido propenso a cuidar sus palabras, su cautela parecía haber incrementado y la forma en que a veces esquivaba sus ojos se había convertido en una prueba de paciencia para Kotetsu, la cual solo había podido pasar gracias a la certeza de que valía la pena hacerlo y todas las evidencias de ello.
Eran detalles pequeños, como el que las sonrisas sinceras de Yuri cada vez fuesen más comunes, remplazando sus máscaras de cortesía; y el que ya no pareciese dudar de las intenciones de Kotetsu pues sus miradas recelosas habían desaparecido; y los besos de buenas noches, compartidos usualmente en un auto, que siempre estaban cargados de tanta necesidad que era una sorpresa que formasen parte de una despedida.
Era poco, quizás, mas no había ninguna razón para precipitarse en busca de más.
Con la ligereza que da la esperanza, Kotetsu golpeó un par de veces y entró a la oficina con un entusiasta saludo y una amplia sonrisa, pero esta se transformó en una mueca al fijarse en Yuri.
Que estuviese tras su escritorio, concentrado en algún documento en papel o pantalla, era lo normal; no obstante, la pila usualmente presente había crecido desde el día anterior y el que más de una carpeta estuviese abierta delataba tanto que esta no era una situación usual como lo hacía el notorio ceño fruncido de Yuri.
No podía ser más claro que tenía un caso importante y tal vez incluso preocupante en el horizonte, mas a pesar de eso, cuando Yuri dirigió su mirada en su dirección, su expresión se suavizó.
—Kotetsu.
Esa era otra de las cosas que había cambiado. Aun estando en su oficina, Yuri había dejado en el olvido los más secos Wild Tiger, siempre y cuando no hubiese nadie cerca, y la manera en que se relajaba en su presencia se había vuelto obvia, en opinión de Kotetsu, para cualquiera que se fijara bien.
—¿Un día pesado? —preguntó, dejándose caer en uno de los asientos de visitantes al tiempo que gesticuló hacia el escritorio.
Yuri bajó su vista por un corto momento, entrecerrando sus ojos como si quisiera hacer desaparecer los muchos documentos, pero finalmente dejó escapar un suspiro y se recostó contra el espaldar de su asiento.
—Sería más preciso decir una noche.
El agotamiento de Yuri era evidente y pese a que ver eso lo hacía querer alejarlo de todo de inmediato, Kotetsu se contuvo, sospechando que tendría que ser más paciente de lo usual y que esta vez no sería solo su dedicación por la justicia la que detendría a Yuri de dar el día por terminado pronto.
—Parece que hoy es una de esas noches —comentó Kotetsu, queriendo al menos distraerlo un poco—. Nosotros tuvimos entrevistas y luego ayudamos a la policía, y la primera liga... —Kotetsu pasó una mano por su cabello, incómodo de solo recordarlo. Aun si era un alivio que hubiesen atrapado a aquellos malhechores, escuchar en vivo y en directo sus motivos le había revuelto el estómago y el no haber estado ahí para ayudar a los demás héroes lo hacía sentirse decepcionado consigo mismo—. Imagino que ya sabes.
—Sí. —La sonrisa en el rostro de Yuri era agria, al igual que su tono una vez siguió hablando y señaló los muchos papeles—. El alcalde quiere que sean condenados lo antes posible.
—Así que eso es en lo que estás trabajando. —Kotetsu no pudo hacer nada para disimular su descontento.
Ahora entendía bien por qué Yuri lucía tan tenso y también la importancia de lo que estaba haciendo, pero incluso comprendiendo que era el deber de Yuri examinar todo en detalle antes y durante el juicio que sin duda tendría lugar en los próximos días, no le agradaba que tuviese que dedicarse a aquel caso.
Pese a que Yuri trataba todo como parte de su rutina, era obvio que no podía permanecer indolente y Kotetsu entendía bien la razón.
Si bien en HERO TV siempre se enfocaban en las victorias de los héroes, eso no borraba que no siempre llegaban a tiempo, que a veces su empeño no bastaba, y era imposible no verse afectado sin importar que no fuese la primera vez.
Y que el papel de Yuri fuese más distante de los hechos no hacía que la situación fuese tan diferente.
Él también tenía que hacer frente a lo que sucedía, fuese lo que fuera, y no permitir que la forma en que terminase lo afectase para el próximo caso.
Kotetsu sabía mejor que nadie que para lograrlo era necesario ver más allá de un incidente poco agradable y aun cuando Yuri estaba en medio de su trabajo y no enfrentando un fracaso, también tenía la sensación de que alejarlo de todo, así fuese por una noche, sería mejor. Aunque eso no haría desaparecer el peso de la responsabilidad, sí lo aligeraría y haría más fácil para Yuri afrontar todo el proceso del que tendría que encargarse.
Con eso en mente, Kotetsu se obligó a sonreír, mas antes de poder mencionar algo sobre salir juntos a cambiar de ambiente, Yuri volvió a hablar.
—Todavía no han terminado de catalogar la evidencia —informó con lentitud, como si estuviese pensando cuidadosamente qué podía decirle—, pero según la información que ha enviado la fiscalía parece que tenían planos de la alcaldía y de la academia.
—¡De la...! —Kotetsu estuvo a punto de levantarse de un salto, horrorizado de las implicaciones que acompañaban esa simple afirmación. Luego de tragar saliva con dificultad, dijo con voz apagada—: Iban a hacer más ataques.
—Sí, eso parece. —Luciendo pensativo, Yuri buscó algo entre los documentos y una vez lo examinó, quizá buscando confirmar algo, continuó—: Y por la cantidad de explosivos incautados, el primero quizás fue solo una advertencia.
La sola posibilidad bastaba para producirle escalofríos.
En el que Yuri estaba llamando "una advertencia" varias personas habían perdido su vida y a pesar del trabajo continuo para arreglar lo material, la fachada de la Torre de la Justicia todavía era un recordatorio de lo ocurrido.
Y si planeaban hacer algo peor o incluso lo hubiesen hecho en la torre la tragedia habría sido inmensurable y tal vez Yuri estaría...
Kotetsu cerró sus puños y se concentró en respirar de manera pausada, no queriendo continuar esa cadena de pensamientos.
—Me alegra que ya los hayan atrapado. —Yuri estaba bien y aquel grupo no podría lastimar a nadie más y eso era lo que importaba.
—Es una preocupación menos —afirmó Yuri con un asentimiento de cabeza, mas no se veía convencido y Kotetsu podía entender por qué.
Los miembros de aquel grupo extremista no eran los únicos en la ciudad que alguna vez habían lastimado a alguien o que, peor aun, planeaban seguir haciéndolo si nadie los detenía.
El trabajo de un héroe nunca parecía tener fin y todo indicaba que lo mismo se aplicaba para un juez; pero lo que valía la pena recordar era la diferencia que se estaba haciendo y no enfocarse exclusivamente en todo lo que faltaba, aun si era imposible olvidarlo.
—Si tan solo lográsemos atrapar también a Lunatic... —suspiró.
—¿Lunatic? —repitió Yuri, sonando perplejo.
—Sí... —Kotetsu se encogió de hombros—. Él sigue por ahí matando gente porque cree que es lo correcto, ¿no?
Probablemente. No que estar seguro de la motivación de Lunatic fuese posible.
—Dijiste —comentó Yuri con lentitud, mirándolo con fijeza— algo parecido la última vez que lo mencionaste.
—¿Sí? —Kotetsu dejó escapar una risa carente de alegría, avergonzado de que alguien más notase su interés en atrapar a aquel idiota—. Bunny dice que me estoy tomando su captura como algo personal.
Sus palabras trajeron al rostro de Yuri una expresión abstraída y por unos segundos pareció ocupado analizando con detenimiento qué tan cierto eso podía ser, aun cuando en ningún instante dejó de observarlo.
—Has sido el héroe que más se ha empeñado en atraparlo —replicó al fin, sonando inquisitivo a pesar de no añadir ninguna pregunta.
Kotetsu asintió con su cabeza y apartó su vista.
Eso se debía más a los lugares y momentos en los que había estado cuando ese cara de guante había hecho aparición, cosa que lo habían dejado en posición de enfrentarlo, y su única motivación había sido su deber como héroe.
Que Lunatic, actuando errático como siempre, hubiese decidido darle una mano cuando había estado en un aprieto había cambiado aquella situación tan simple y lo había dejado sintiendo más que nunca el peso de atraparlo, esta vez no solo porque era su responsabilidad, sino para devolverle el favor y salvarlo sacándolo del mal camino que había elegido.
¿Y qué pensaría Yuri de eso?
—Él me ayudó contra ese androide —confesó con rapidez, suponiendo que esa era la mejor forma de explicar su interés.
—Cuando intentaron incriminarte por el asesinado de Samantha Taylor.
Lo específico que Yuri estaba siendo probaba que entendía perfectamente a lo que Kotetsu se refería, por lo que quizás no necesitaba añadir nada más.
Satisfecho, Kotetsu decidió preguntar en un impulso:
—¿Tú recordabas quién era yo?
Volver a alzar su mirada le permitió a Kotetsu notar la sorpresa de Yuri ante esa incógnita, pese a que Yuri pronto se esforzó por recuperar una apariencia más neutra.
—Sí —pronunció y apretó sus labios, luciendo nuevamente tenso, por unos segundos—. Imagino que Albert Maverick no consideró qué otras personas conocían tu identidad o si lo hizo, no le importó.
Aun cuando todo el incidente de Maverick había quedado atrás, saber que había tenido otro inesperado aliado en alguna parte renovó el ánimo de Kotetsu.
Porque aunque en ese entonces su relación con Yuri era diferente, o quizás incluso inexistente, Kotetsu no dudaba que Yuri no habría enviado a un inocente a la cárcel, ni mucho menos habría ignorando una gran conspiración en contra de un héroe.
—Hoy tengo trabajo que hacer —dijo Yuri de repente, con su vista fija en algún punto del escritorio—, así que...
—Puedo esperar —interrumpió Kotetsu sin pensarlo dos veces.
Todavía no tenía ningún deseo de regresar solo a su apartamento y si bien la eterna combinación de Yuri y trabajo no era su favorita, en especial durante la noche, sabía que era inevitable y que de dejarlo concentrarse en ello, terminaría más pronto con lo que le habían enviado hasta ahora y aun si después de eso no hacían más que conducir un rato por la ciudad o ir a comer algo, tal cosa sonaba mucho mejor que la alternativa de despedirse ya.
—¿Por qué?
¿No era obvio?
—Porque quiero.
Yuri no dirigió su mirada hacia Kotetsu, mas asintió al tiempo que tomó una de las carpetas.
—Como gustes.
El problema de su idea, descubrió Kotetsu en cuestión de minutos, era que aguardar era todo menos fácil cuando tenía que hacerlo por más que por un corto tiempo.
Salir al corredor a llamar a Kaede tomó mucho menos tiempo del que le habría gustado y después de eso, dedicarse a observar a Yuri trabajar eran tan monótono como lo había sido en su apartamento que antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, Kotetsu terminó cerrando sus ojos y cayendo dormido.
Incluso sin estar verdaderamente seguro de por cuánto tiempo lo hizo, Kotetsu tuvo la sensación, debido a la pesada somnolencia que solo se siente tras dormir por un largo pero insuficiente rato, de que había pasado más de una hora cuando fue despertado por una mano en su hombro sacudiéndolo y una simple llamada.
—Kotetsu.
Al abrir los ojos Kotetsu descubrió que Yuri estaba frente a él, parado muy derecho a poca distancia del escritorio, viéndolo fijamente.
—Buenos días. —Kotetsu sonrió con pereza y tuvo que hacer un esfuerzo para ignorar la modorra que seguía pesando sobre él y lo invitaba a volver a cerrar sus ojos.
—Sigue siendo de noche —señaló Yuri, alzando una ceja.
Darle una mirada a su alrededor confirmó lo que Yuri decía. Aun si con las persianas cerradas era imposible ver qué tan oscuro estaba el cielo, la quietud probaba que la mañana todavía estaba lejos, y el reloj de pared se encargó de informarle que incluso faltaba para la media noche.
—Difícil saberlo con todo así —replicó a pesar de eso, mas no consiguió ninguna reacción de Yuri. Queriendo terminar de despertarse, Kotetsu se enderezó y estiró sus brazos sobre su cabeza, cosa de la que se arrepintió de inmediato cuando un dolor agudo le arrancó una exclamación—. No es muy cómoda para dormir —comentó, moviendo su cuello con lentitud en un intento por desentumecerse y espantar el dolor causado por pasar tanto tiempo en una mala posición.
—Podrías haber pensado en eso antes de quedarte dormido.
—No había mucho que hacer —dijo Kotetsu y ocultó un bostezo tras una mano—. ¿Listo por hoy?
Al menos eso parecía.
Todo el caos del escritorio había sido remplazado por dos pilas perfectamente alineadas a un costado y el computador estaba apagado. Yuri incluso tenía su maletín a sus pies y había desajustado su colorida corbata, demostrando abiertamente que ya consideraba haber terminado por el día.
Sin embargo, Yuri no respondió ni hizo movimiento alguno para salir.
En lugar de eso, apretó sus labios y apartó su vista, fijándola en un punto indefinido del suelo.
¿Qué estaba pasando?
Kotetsu se puso de pie, queriendo acercarse y obligarlo a mirarlo, mas antes de poder tocarlo, Yuri suspiró.
—¿Qué es lo que quieres, Kotetsu? —La pregunta no fue dicha en voz baja, pero la extenuación que cargaban esas palabras las aquietó al punto de que Kotetsu dudó haber escuchado bien.
Quizás todo era culpa del sopor, pensó Kotetsu, pero la tensión que se estaba haciendo cada vez más obvia con el paso de los segundos le aseguró que no se trataba de eso.
—¿Qué es lo que tú quieres, Yuri? —rebatió Kotetsu, frunciendo el ceño pues estaba seguro de que él ya había respondido eso con palabras y actos los últimos días.
Y hasta el momento todo había indicado que Yuri buscaba lo mismo que él, aun si lo que Yuri ocultaba seguía siendo una sombra que arrastraba a cuestas.
¿O acaso lo había malinterpretado?
—Esto es una mala idea —dijo Yuri en lugar de contestar, sacudiendo su cabeza.
—¿Por qué? ¿Estás preocupado?
—¿Disculpa? —Yuri finalmente alzó su vista y lo afrontó con el recelo escrito en su rostro.
—Es decir, yo soy un héroe y tú tienes que supervisarnos... —Además de encargarse de juicios en contra de Kotetsu y detalles varios tras bambalinas que también estaban relacionados con ambas ligas. Tenía sentido que ese fuese el problema, aun si él seguía presintiendo que no lo era, pues Yuri continuaba haciendo comentarios vagos que no ofrecían siquiera un asomo de una explicación—. Pero no creo que nadie vaya a dudar de ti —prosiguió Kotetsu, deseando creer que eso era todo y Yuri simplemente se estaba ahogando en un vaso de agua—. No es como si me estés haciendo favores o...
Una risa agria lo interrumpió.
Yuri pasó una mano por su cabello, apartando el mechón que solía oscurecer su rostro, mas su semblante se veía más nublado que nunca.
—Ese no es el único problema.
—¿Entonces qué es? —cuestionó Kotetsu, impaciente—. ¿¡Cómo esperas que te ayude si no me dices nada!?
Finalmente, Yuri volvió a poner su atención en él, pero sus ojos revelaron un enojo que Kotetsu no había esperado, aun cuando estaba consciente de que, de alguna forma, habían terminado en medio de una discusión.
—No necesito ayuda de ningún héroe.
De manera inconsciente, Kotetsu dio un paso hacia atrás, sobrecogido ante el veneno con el que Yuri había pronunciado esas palabras.
Había algo que él desconocía, algo que no encajaba, y mientras eso no cambiase, intuía Kotetsu, la renuencia que Yuri estaba demostrando nunca tendría sentido.
Pero Yuri había tenido razón al creer que él no se rendía, porque Kotetsu no tenía ninguna intención de hacer tal cosa. Estaba convencido de que valía la pena superar cual fuese que fuera el obstáculo que tenía al frente y sin duda una vez lo hiciera, Yuri mismo se sentiría mejor.
—Yuri... —Kotetsu dio un par de pasos para eliminar la distancia entre ellos y estiró una mano hacia Yuri, mas Yuri la alejó con brusquedad antes de que pudiera tocarlo.
—Vete, Kotetsu —ordenó, inclinando su cabeza de tal forma que consiguió que el mismo mechón de cabello que había retirado de su rostro lo ocultase ahora de manera parcial.
Kotetsu cruzó sus brazos y lo fulminó con su mirada.
—No. —Al menos no hasta que Yuri decidiese ser sincero en vez de evitarlo con algo que ni siquiera merecía ser llamado excusas.
La mala mirada que Yuri le dedicó no lo intimidó y por un segundo, Kotetsu se preguntó si estaba a punto de ver a Yuri abandonando toda formalidad y control; no obstante, tal cosa no sucedió.
Lo que Yuri hizo fue inclinarse para agarrar su maletín, esquivar a Kotetsu rápidamente para abandonar el lugar antes de que él pudiese detenerlo y una vez estuvo afuera, cerrar la puerta con tal fuerza que el golpe resonó en la oficina.
