Luna Gibosa Creciente
Tod Ware. Su larga historia judicial, que indicaba que había pasado varios meses en prisión, se podía dividir en un periodo de robos y en un periodo de violentas protestas anti-NEXTs. El que apareciese en los videos de las cámaras de seguridad de la Torre de la Justicia horas antes del ataque a pesar de no tener ninguna citación, ni haber hecho ninguna petición legal de algún tipo lo había convertido en el principal sospechoso.
Cynthia Liepa. Abogada; había perdido su licencia tres años atrás por presentar falsa evidencia para defender a su cliente y desde entonces se había dedicado a asesorar organizaciones al borde de la ley, muchas de ellas con inclinaciones extremistas. Su inexplicada presencia en los videos de seguridad recorriendo la torre primero días antes de las explosiones y luego a la misma hora que Ware el día de estas había llevado a que fuese señalada como sospechosa.
Han Russ. En su archivo resaltaba su experiencia en demoler edificios, al igual que sus frecuentes cambios de empleadores que coincidían con reportes de estos por pérdidas de materiales utilizados para las implosiones. El hecho de que había abandonado su hogar dos semanas atrás y el que el reporte de desaparecido que había hecho su familia incluyese menciones de nuevas amistades lo había hecho una persona de interés desde el primer día de las investigaciones.
La conexión entre aquellas tres personas había sido establecida dos días tras el atentado, pues Liepa había sido mencionada como una de las nuevas amigas de Russ y cinco años antes había sido abogada de Ware, mas el paradero de los tres había sido un misterio hasta pasados cuatro días, cuando una llamada anónima había traído un nuevo nombre al caso.
Tadeo De Vitis. Dueño de una fábrica de pintura que había sido cerrada dos años atrás y cuyo hábito por hablar de más al beber lo había llevado a fanfarronear en un bar sobre haberle dado una muestra a "esos amantes de NEXTs" de lo que se debía hacer.
Dicha fábrica había resultado ser la base de operaciones de aquellos hombres y en ella, los héroes los habían capturado junto a una docena de cómplices, quienes no habían dudado en expresar sus ideas frente a las cámaras. La policía, tras eso, había descubierto en la fábrica no solo los materiales desaparecidos en los previos trabajos de Russ, sino otros elementos explosivos, panfletos en los que admitían la responsabilidad del ataque e invitaban a otros a unírseles y planos de sus próximos blancos.
Frente a tal cantidad de irrefutable evidencia, Yuri estaba seguro de que los juicios en contra de todos los miembros del grupo serían cortos y terminaría en justicia para las cinco víctimas fatales.
O quizás no.
Los autores materiales e intelectuales recibirían una dura condena que los mantendría por años fuera de las calles, mas qué tan apropiado era tal castigo era discutible; y sus demás seguidores recibirían sentencias menores y Yuri no tenía ninguna razón para creer que no intentarían recrear el mismo plan en un futuro.
Y aun si eso no sucedía, no significaba que la ciudad estaría a salvo.
Yuri tenía varias evidencias de ello en su escritorio, en la pila de archivos que había pasado a segundo plano debido a la exigencia del alcalde de darle prioridad absoluta al caso del ataque contra la Torre de la Justicia: Luke F. Bell, principal sospechoso del asesinato de su novia, cuyo cadáver había sido descubierto en una propiedad de Bell; Arnold Olson, quien había abierto fuego contra el jefe que lo había despedido dos días antes; Carolyn Beed, sospechosa de haber matado a tres de sus pacientes.
Había visto otra prueba en las dos órdenes de captura que había emitido esa misma mañana: una en contra de Amy Limes, responsable de tres muertes y que había huido en el mismo auto que había convertido en un arma asesina; y otra contra Gert Leeser, quien los medios llamaban el sucesor de "Lady Killer" debido a las varias mujeres que había asesinado durante los dos meses que le había tomado a la policía identificarlo.
Y había una más en la primera página del periódico que había comprado camino a su oficina: un tecnicismo había obligado al juez Byrne a dejar libre al culpable tras un robo con homicidio en Silver Stage.
Pero, sin duda, eso no era todo.
Sternbild continuaba llena de pecadores que no dudaban en arrebatar una vida, que ni siquiera se habían detenido por temor al castigo impartido por Lunatic, y de tomarse algo de tiempo para investigar otros casos que no habían llegado a su despacho y que no habían llamado la atención de los medios, Yuri estaba seguro de que encontraría muchos otros más.
¿Y qué había estado haciendo él mientras tanto?
De manera automática, Yuri dirigió su mirada hacia el asiento en el que Kotetsu se había quedado dormido la noche anterior y frunció el ceño.
A pesar de que él había decidido enfocarse en su trabajo, Kotetsu se había convertido en una distracción desde que había entrado a la oficina e incluso luego de que el héroe cayese dormido, él había sido incapaz de ignorarlo.
El efecto que Kotetsu tenía en él ya no era algo nuevo, mas aun estando consciente de ello, Yuri le había permitido acercarse cada vez más y ahora...
Dos golpes en su puerta sacaron a Yuri de sus pensamientos y le recordaron dónde estaba y qué debía estar haciendo.
Abriendo la carpeta más cercana a sus manos, Yuri pronunció un seco «pase».
—Juez Petrov —dijo Jones al abrir la puerta y se quedó bajo el umbral, luciendo inquieto—, lo esperan en los juzgados...
A Yuri le tomó un momento recordar qué caso tenía que presidir esa tarde y una vez lo hizo y le dio un vistazo al reloj de pared, confirmó que debía haber bajado hacía varios minutos.
¿Por qué no lo habían contactado antes?
Consciente de que no tenía tiempo para encontrar al culpable de ello, Yuri dejó su asiento con presteza, pero se detuvo antes de poder dar más de un paso cuando su rodilla hizo contacto con una de las patas de su escritorio con tanta fuerza que el impacto logró que las pilas de documentos sobre el temblequearan, luciendo peligrosamente a punto de caer.
Con sus labios apretados para no dejar escapar una exclamación de dolor, Yuri se apoyó en la mesa y se obligó a tomar aire con lentitud.
No tenía sentido perder la calma a pesar de que nada había sucedido.
—¿¡E-está bien!? —Jones intentó correr hacia él, mas Yuri lo detuvo con una mirada irritada.
—Sí. Infórmeles que voy en camino —ordenó con brusquedad y agarró su toga, tras lo cual abandonó su oficina a paso rápido.
No tener tiempo para tomar un descanso usualmente significaba poder evitar pensar en necedades sin importancia, como lo era el dedicarse a recordar lo que había ocurrido la noche anterior.
Aun así, Yuri se encontró haciendo justo eso repetidas veces durante la tarde, ignorando en el proceso al abogados defensor y al fiscal por igual, y teniendo que esforzarse, cada vez que intentaba enfocarse en el juicio, para recordar el caso en cuestión y poder captar la conexión de este con el argumento que estaba siendo dicho o la evidencia presentada.
Kotetsu era un ingenuo, un tonto, y ni siquiera tenía que hacer algo a propósito para hacer que Yuri cediese a la tentación de disfrutar su compañía, así esta involucrase charlas triviales o una proximidad física que solo podía ser considerada como peligrosa.
¿Cómo había podido creer, en un comienzo, que eso era preferible a seguir hablando o a huir?
O quizás no lo había pensado en lo absoluto y por eso había sido fácil caer en algo que casi se sentía como un consuelo, cosa que no necesitaba en primer lugar.
Y no podía permitírselo.
Pese a no saber lo que estaba haciendo, Kotetsu se acercaba con frecuencia a verdades que él no tenía ninguna intención de dejar que saliesen a la luz y solo era cuestión de tiempo para que descubriese algo más que lo llevase a conectar los puntos adecuados.
Tal vez ese algo sería la cicatriz que cubría su rostro; o quizá una nueva visita espontánea haría que Kotetsu escuchase las acusaciones de su madre sin que él pudiese hacer nada para evitarlo; o era posible que Yuri mismo se delataría, habiendo bajado su guardia y reaccionando sin detenerse a considerar las consecuencias.
Fuese como fuera, Yuri sabía bien a qué fin lo conduciría.
La certeza de que Kotetsu querría atraparlo le brindaba cierto alivio, mas no bastaba para amainar por completo la frustración que Kotetsu le provocaba.
Él le había advertido y Kotetsu lo había ignorado una y otra vez, demostrando una sinceridad que Yuri no quería.
Lo que él deseaba era acabar con el mal, probar que estaba en lo correcto, que siempre lo había estado; y para ello, titubear a causa de un héroe era justo lo último que necesitaba. No importaba lo fácil que fuese dejarse llevar una vez Kotetsu estaba ahí, con gestos que no corresponder se había vuelto un imposible, y...
—Objeción, su señoría.
Yuri apenas observó al fiscal y aun sin haber estado escuchando, respondió de reflejo:
—Ha lugar.
Hacerlo según sus experiencias previas con los presentes distaba de ser lo ideal, mas el abogado defensor no lució sorprendido, probando que había buscado tantear límites, cosa que Yuri nunca permitía... pero que él mismo había hecho.
Un dolor repentino obligó a Yuri a apretar sus dientes y tuvo que esforzarse para no cerrar los ojos y cubrir su rostro con una mano, sabiendo que eso llamaría la atención y no bastaría para aplacar el doloroso palpitar que tan poco habitual se había vuelto y que ahora le recordaba cuan grande había sido su error.
Hasta Kotetsu era capaz de notar que él no debía acercarse a un héroe y él, que conocía razones mucho más importantes que la ética tras su trabajo, apenas había hecho un débil intento de usar excusas para acabar con ello y había terminado cediendo ante la persistencia de Kotetsu una y otra vez...
Consciente de que su mente no regresaría al juicio pronto, Yuri aprovechó una petición del fiscal de desestimar un testigo para ordenar un receso de una hora y abandonó la corte antes que nadie, dejando el lugar por un costado y caminando hasta el ascensor lo más rápido que podía sin llegar a correr.
Su oficina no era ningún refugio, pues incluso ver las persianas le recordaba las preguntas de Kotetsu respecto a la vista desde aquella ventana, mas al menos allí la ausencia de otras personas le daba la oportunidad de dejarse caer en su silla y ocultar su rostro en sus manos mientras masajeaba su entrecejo, cosa que hizo en cuanto aseguró la puerta.
Yuri permaneció así por un largo rato, sin saber si agradecer o no que el dolor impidiese que sus pensamientos volviesen a enfocarse por completo en Kotetsu, pero consciente de que no podía continuar de esa manera.
Su misión debía volver a ser su prioridad, tenía rechazar el bienestar que Kotetsu ofrecía, debía condenar el mal en vez de ignorarlo y...
—¿Vas a seguir cometiendo los mismos errores, Yuri?
El escalofrío que esas palabras le provocaron lo hizo temblar tan violentamente que incluso su asiento vibró con el movimiento, causando un desagradable chirrido.
—Déjame en paz, papá —pronunció Yuri en voz baja y cerró los ojos con fuerza.
Ahora, más que nunca, Yuri sabía que no estaba en condiciones de enfrentar al espectro del héroe que su padre había sido alguna vez; un fantasma de épocas pasadas, en las que la justicia no había tenido la forma de llamas que castigaban el peor de los pecados.
Aunque el dolor no desapareció, la falta de respuesta probó que aquella visión del pasado sí lo hizo, por lo que después de varios minutos Yuri se puso de pie, tambaleante y sin dirigir su vista al centro de la oficina, y fue directo en busca de la caja de primeros auxilios.
Qué tanto efecto tendría un analgésico era discutible, pero Yuri tomó uno en seco antes de poner a calentar agua para un té.
Quizás eso le ayudaría a sobrellevar el día.
No solo el dolor proveniente de su cicatriz no amainó durante todo el día, sino que no llegó a tener la oportunidad de beber su té —o de terminar el juicio— debido a una reunión de emergencia que distaba de ser urgente.
El alcalde quería noticias sobre el caso contra los que habían atacado la torre, algo que bien podía preguntarle al fiscal; los representantes de las empresas patrocinadoras de los héroes querían usar la situación para aumentar la popularidad de estos, cosa que era usual y para la que podían hacer planes antes de buscar la aprobación del Departamento de Justicia; y Yuri... Yuri solo quería impartir justicia.
En lugar de eso, tuvo que pasar varias horas escuchando tal palabrería que en comparación hacía que las charlas con Kotetsu pareciesen una forma provechosa de pasar el tiempo, mas Yuri no hizo nada para acortar tan innecesaria reunión.
Estaba seguro, al fin de cuentas, de que ningún héroe la interrumpiría buscándolo.
No que tuviese razones para creer que hoy eso ocurriría una vez regresase a su oficina.
Yuri ni siquiera sabía si Kotetsu había intentado ir tras él o no la noche anterior, ni mucho menos si en cualquier momento reaparecería hablando de ayudarlo...
¿A qué, exactamente?
Aunque Kotetsu era un verdadero héroe, cuya justicia no se había visto corrompida por el espectáculo del que hacía parte, Yuri había demostrado durante su vida que no necesitaba ningún héroe y era irritante que Kotetsu pareciese pensar lo contrario.
Eso probaba que Kotetsu no sabía nada, que sus ingenuas intenciones carecían de una verdadera base y que Yuri tenía razón: todo había sido un error.
Haber ido a Oriental Town para ver de cerca la situación en el hogar de los Kaburagi.
No haber hecho nada en contra de la creciente familiaridad entre ellos aun después de que Kotetsu regresó a Sternbild.
Haber aceptado que Kotetsu se acercara tanto como para usar su nombre como si fuese lo más natural del mundo, cosa que él no solo había permitido, sino también correspondido hasta tener que hacer un esfuerzo para llamarlo Wild Tiger cuando la situación lo requería; tanto como para hacerlo disfrutar perder el tiempo hablando de necedades, consiguiendo incluso que su misión de acabar con la maldad que continuaba rondando en la ciudad no recibiese la atención que merecía; tanto como para permitirle tocarlo, pese al peligro siempre presente de que descubriese la cicatriz en su rostro y le preguntase al respecto, dejando a su paso una sensación fantasma que no parecía desaparecer incluso horas después y despertando un deseo en su interior que no podía ser saciado con facilidad; tanto como para hacerlo querer dejar su trabajo a un lado cada vez que aparecía en su oficina y...
Yuri tragó saliva, cerró los ojos y se obligó a volver a escuchar lo que estaban diciendo a su alrededor.
Le tomó varios segundos lograrlo y en cuanto lo hizo notó que la conversación no se había alejado de los héroes, mas la primera liga no era la única que estaba siendo considerada.
—¿La segunda liga? —preguntó cuando tuvo la oportunidad, interesado ahora en escuchar las ideas que tenían para ese grupo de héroes.
La explicación que recibió fue demasiado general para su gusto: en un par de días tendría lugar un evento de la otra cara del mundo del entretenimiento en Sternbild e incluiría una exhibición de las más recientes creaciones de modistas y joyeros, por lo que requería seguridad adicional.
Era también una oportunidad frente a las cámaras, aun si no eran las de HERO TV, por lo que era simple entender la razón por la que querían involucrar a la segunda liga en algo así.
—¿Podemos contar con la aprobación? —finalizó el director ejecutivo provisional de Apollon Media, luciendo menos seguro de lo que sin duda había pretendido parecer al dirigirse a él.
—Por supuesto —pronuncio Yuri a pesar de que normalmente prefería no autorizar algo sin haber recibido todos los detalles por escrito.
Pero tal vez tenía frente a él la respuesta a su problema.
Dejar a los héroes en su farsa, aprovechar el que Kotetsu estaría ocupado y no podría interferir en su camino, y cumplir con su deber.
Todo lo demás, incluyendo a Kotetsu, podía esperar.
Sin sentir ninguna ligereza tras tomar esa decisión, Yuri repasó en su mente los últimos casos que habían captado su atención, ignorando de nuevo la charlatanería a su alrededor.
Había llegado el momento de que Lunatic volviese a encargarse de castigar a los pecadores de la ciudad.
