La luna que aparece de día IX
Kotetsu estaba seguro de que había hecho un buen trabajo luciendo atento y serio durante toda la reunión, mas supo que no lo había logrado del todo en cuanto abandonaron la sala de conferencias de Apollon Media y notó la mirada de reproche de Bunny.
¿Quizás todavía estaba a tiempo de convencerlo de que se equivocaba al dudar de él?
—Sí estaba poniendo atención.
—No he dicho nada —replicó Barnaby alzando una ceja, sin hacer ningún intento de ocultar su incredulidad—. Pero si sientes la necesidad de negar no haber escuchado, supongo que no es necesario que lo haga.
—O podrías creerme —insistió Kotetsu, fulminándolo con su mirada. No estaba pidiendo mucho, solo que su compañero no pensase que él no se había enterado de nada de lo dicho en la última media hora y que no le preguntase nada sobre el porqué de su distracción.
—Por supuesto. —Bunny se limitó a detenerse para presionar el botón del ascensor y se cruzó de brazos—. Si sabes qué tenemos que hacer, no hay ningún problema.
Por unos segundos, Kotetsu hizo un esfuerzo por recordar algo.
Lloyds había hablado primero de entrevistas pasadas y los resultados de estas, y aunque los pensamientos de Kotetsu habían comenzado a dispersarse en ese punto, juraba que Lloyds había mencionado un rascacielos en algún punto y... tal vez eso significaba que tendrían que ir a uno a hacer algo, fuese a dar una nueva entrevista o a proteger a alguien junto al resto de la segunda liga, ¿no?
El no poder afirmarlo con certeza era frustrante.
Que no le gustaran las reuniones y que estuviese menos capaz que nunca de concentrarse en una no quería decir que quisiese ver sus labores como héroe afectadas por eso, y si bien siguiendo a Bunny lograría llegar al rascacielos en cuestión cuando fuese que fuera necesario, sabía que esa no era una buena idea.
—Bunny... —comenzó con un tono lastimero en cuanto oyó el timbre del ascensor y vio su puerta abriéndose, queriendo que su compañero se apiadase de él en lugar de recriminarlo.
Barnaby suspiró.
—Pensé que habías entendido que esto también es parte de tu trabajo.
—Sí... bueno... —No sentirse avergonzado era imposible. A pesar de sus quejas, Kotetsu nunca había evitado ningún aspecto de sus deberes aun cuando, en su opinión, no estuviesen relacionados con ser un héroe y hoy, en particular, no había dejado de prestarle atención a Lloyds en un inmaduro acto de rebeldía.
Simplemente... había ocurrido.
Por halagadoras que fuesen las expectativas que Apollon Media tenía ahora tanto en él como en Bunny, era difícil que opacaran el recuerdo de una puerta cerrada con fuerza y una total ausencia de una explicación para ello.
¿Qué había pasado?
Dos días después, la escena seguía repitiéndose en su mente y pese a que había sido capaz de dejarla de lado para capturar malhechores cuando había sido necesario, le había resultado imposible hacer lo mismo para oír sobre el resultado de encuestas y futuros planes publicitarios, temas que incluso en un buen día podían sacarle un bostezo o dos.
—No es mi culpa que haya dejado lo importante para el final —pronunció Kotetsu tras aclararse su garganta, mirando de soslayo a su compañero.
—Eso no es excusa.
A pesar de que Kotetsu tuvo que insistir un par de veces y de que Barnaby no lo dejó olvidar su lapsus, sí le contó lo suficiente para que supiese qué esperar: una noche de trabajo en la que quizás no tendría que hacer mucho, a no ser que algún ladrón con amor a la moda decidiese intentar un asalto.
Eso significaba que no tendría ninguna oportunidad de perseguir respuestas que quizás no recibiría, ni de aguardar en casa a que Yuri apareciese.
De manera ausente, Kotetsu le agradeció a su compañero y tras eso lo siguió al oeste de la ciudad para encargarse de la rutina del día, la cual careció de incidentes de cualquier tipo.
Podía decirse que hoy era un día en el que la ciudad no necesitaba un héroe, tal como Yuri decía no hacerlo...
Si bien en ese instante se había sentido demasiado confundido para reaccionar, el paso del tiempo había convertido la ya familiar frustración que Yuri solía provocarle en una irritación constante que distraía su mente y mantenía su cuerpo en un estado de tensión.
En retrospectiva, era obvio que no haber perseguido y enfrentado a Yuri de inmediato había sido un gran error, aun cuando había permitido aquella noche que su experiencia previa lo convenciese de lo contrario. Pero a diferencia de lo que había sucedido la vez anterior en la que Yuri le había cerrado la puerta en la cara, Yuri no se había calmado y reaparecido poco después con una disculpa y una pizca de sinceridad, dejándolo en lugar de eso a solas con sus interrogantes y el vacío de la incertidumbre, sin saber qué podía esperar o siquiera qué quería hacer.
¿Cada paso adelante terminaría una y otra vez en dos atrás? ¿Aguardar hasta que Yuri confiase en él era acaso un sinsentido?
El solo preguntarse eso de nuevo bastaba para que quisiera gritar, pero lo que Kotetsu hizo fue sonreír y despedirse con un gesto de mano de las fans que habían detenido a Barnaby para pedirle una foto y un apretón de manos.
Aun si no había ninguna emergencia en las cercanías, Kotetsu sabía bien que ese no era el momento adecuado para hundirse en la desesperación. Lo menos que podía hacer por su compañero era no dejar que sus problemas con Yuri tiñesen el día de ambos.
—Te habrían pedido una foto si hubieras puesto de tu parte.
El comentario de Barnaby una vez regresó a su lado logró que la sonrisa de Kotetsu dejase de ser forzada. Era evidente que, a su manera, Bunny no tenía ninguna intención de dejarlo en su sombra.
—Nah, se nota que son tus fans —dijo, señalando con la cabeza a las chicas, quienes estaban alejándose mientras reían y examinaban en las pantallas de sus teléfonos las fotos que acababan de tomar—. Y además... ¿qué? —se interrumpió al notar la mirada extrañada que Barnaby le estaba dedicando.
—¿Desde cuándo dejó de molestarte no ser popular?
—Eh... —Kotetsu hizo una mueca y apartó su vista por un segundo, incapaz de negar rotundamente lo que Bunny estaba implicando—. Supongo que era lo que esperaba en la segunda liga y no es como si me ignoraran... —Por el contrario, a veces sentía que eran más las personas que lo reconocían ahora.
—Si tú lo dices.
—¿Y desde cuándo tú te preocupas por mi popularidad? —rebatió Kotetsu al tiempo que ambos reanudaron el recorrido por las calles de la ciudad, atentos a lo que sucedía en ellas.
—No me preocupa, pero es importante considerar el futuro.
—¿Uh?
—Realmente no escuchaste nada esta mañana —dijo Barnaby, moviendo su cabeza de un lado a otro en obvia reprobación.
—¿Ahora me vas a decir que me perdí de algo importante?
Kotetsu lo dudaba.
El entusiasmo de Lloyds por la atención que estaba recibiendo la segunda liga era más que suficiente para tener una idea de qué era lo que querían ver de él y de Bunny, y el desconocer los detalles a causa de su distracción no le impedía cumplir su parte: seguir haciendo un buen trabajo salvando el día y atraer el interés de la ciudad... y quizás de eso se trataba todo.
El que la segunda liga no estuviese limitándose a carteristas y el que Apollon Media hubiese decidido iniciar un impulso publicitario era para hacer de ellos justo lo que se buscaban en esa liga: llevarlos a la primera, de regreso al foco de HERO TV.
Mirando a Barnaby de reojo, Kotetsu sonrió de nuevo.
—No te detendré si quieres volver a la primera liga, Bunny.
La incredulidad de Barnaby fue palpable una vez más.
—¿No lo has considerado?
—No realmente. —Eso era cierto. Aunque había creído que su trabajo como héroe no sería muy diferente al que siempre había hecho y en un comienzo las diferencias entre ambas ligas lo habían hecho sentir que no estaba haciendo tanto como podía, no por eso había pensado en abandonar la segunda liga.
—Me sorprende.
—Apenas me estoy acostumbrando a esta liga y a tener un minuto —añadió Kotetsu, encogiéndose de hombros—, así que ni tengo tiempo para pensar en algo más.
—¿Te das cuenta que esas son excusas?
—¿Estás intentando convencerme? —replicó Kotetsu con una mueca poco contenta, mas se obligó a bromear antes de que Barnaby lo notara—: Así que me extrañarías si...
—¿No puedes hablar con seriedad? —interrumpió Bunny, sonando exasperado.
—¡Eso hago! —exclamó con brusquedad en respuesta, arrepintiéndose de inmediato de ello. La insistencia de su compañero no estaba ayudándolo a relajarse en medio de la conversación, pero Kotetsu sabía bien que Bunny no tenía ninguna culpa en su irritabilidad y que, quizás, había decidido sacar el tema por una buena razón.
Con un suspiro cansado, Kotetsu sacudió su cabeza.
—No tenemos idea si eso es lo que Lloyds quiere, ¿cierto? —pronunció Kotetsu, frunciendo el ceño mientras pensaba—. Así que no estamos hablando de una propuesta que tenemos que contestar ya.
—Lo único que estoy diciendo es que no está de más considerarlo.
—¿Tú lo estás haciendo?
Al girarse para ver a su compañero de frente, sin importarle si eso significaba detenerse en la mitad de la acera en la que estaban, Kotetsu pudo notar que Barnaby lucía más pensativo que molesto por la actitud de Kotetsu.
—Sé —dijo Bunny, imitándolo y permaneciendo inmóvil a pesar de que deberían continuar patrullando— que no trabajaré como héroe de por vida.
—Pero estás considerando un ascenso —señaló Kotetsu.
Barnaby se encogió de hombros y reanudó su andar.
—Parece posible.
Para Bunny lo era, sin duda alguna.
Kotetsu tuvo que trotar por unos segundos para poder volver a seguir lado a lado con su compañero. ¿Podría hacer lo mismo si la oportunidad de un ascenso se presentaba para ambos?
—Lo pensaré —prometió, ignorando el peso de la incertidumbre que ese nuevo interrogante le provocó.
La llegada de la noche fue, en cierta forma, un alivio.
Aunque fue abrumador dejar las tranquilas calles de Sternbild para entrar a un piso donde primero recibieron más instrucciones de las esperadas y después tuvieron que afrontar una ola de gente en cuanto llegó la hora de apertura, el tener que estar pendiente de los ires y venires del inesperadamente gran número de personas presentes era una distracción que Kotetsu agradecía.
Era mejor concentrarse en busca de algo extraño o incluso fijarse en los extravagantes objetos exhibidos, acompañados además por etiquetas que anunciaban que los precios eran comparables con sus mayores accidentes de destrucción en la ciudad, que considerar innecesariamente una u otra duda.
Su futuro como héroe dependía del ahora, para comenzar, y Yuri... dejar de pensar en él no parecía posible, pero quizás era justo lo que debía hacer: no darle más vueltas al tema, calmarse y así, quizás, una vez ambos estuvieran de mejor humor podrían...
Antes de que esa esperanza tomase forma, Kotetsu se obligó a enfocarse de nuevo en la multitud. Aun si no creía que algo ocurriría, no hacer su trabajo no estaba en sus planes para la noche.
Con su determinación renovada, Kotetsu permaneció atento hasta que la alarma interna de su traje le indicó que era hora de cambiar de zona de vigilancia, tal como les habían pedido que hicieran cada quince minutos, y salió de la sala con dificultad para dirigirse a otra.
Cruzarse en el camino con Bunny, quien también estaba teniendo problemas atravesando la multitud, le arrancó una fugaz sonrisa y lo llevó a señalar el estante de vidrio más cercano al tiempo que susurró:
—¿Quién compraría algo como eso?
—No olvides por qué estamos aquí, viejo —fue la respuesta de Barnaby a pesar de que dirigió su mirada hacia el objeto señalado.
Kotetsu dejó escapar un bufido ante aquel regaño. No era como si compartir un par de comentarios causara algún daño, mas, él estaba seguro, sí ayudaría a impedir que la velada pasase a ser tediosa.
Las rarezas llamadas última moda no serían entretenidas eternamente, al fin de cuentas, y una vez algunos invitados se fuesen, dejando más espacio para respirar en cada una de las salas de exhibición, mantener un ojo en todo sería casi rutinario.
Aun así, antes de que eso ocurriera, Kotetsu escuchó la estática que indicaba que alguien había accionado su intercomunicador y buscaba hablar con todos.
—Creo...
—¿Pasa algo, Chopman? —dijo Barnaby de inmediato, impidiendo que el titubeo de Chopman dejase un tenso silencio en la línea.
—Creo —repitió el chico de manera rápida, como si quisiera evitar perder el impulso que lo había llevado a hablar— que vi algo extraño.
—¿Dónde? —Kotetsu miró de un lado a otro, considerando dirigirse a donde fuese que se encontrase el otro héroe, mientras los demás chicos preguntaron qué pasaba, mas Kotetsu no tuvo oportunidad moverse, tal como Chopman no alcanzó a contestar.
Los ventanales de la sala en la que él estaba explotaron simultáneamente, creando una lluvia de cristales que en cuestión de un parpadeo fue acompañada por gritos y no solo provenientes de quienes estaban ahí.
—¿Pasó lo mismo en todo el piso? —cuestionó Kotetsu, abriéndose paso entre quienes corrían hacia la salida para darle una mano a quienes no estaba haciéndolo, algunos porque el sobresalto parecía haberlos paralizado y otros porque habían tropezado con algún obstáculo.
—¡L-las ventanas...! —exclamó Ms. Violet, dejando claro que había sido igual en la sala en la que ella se hallaba.
—Colaboren con la evacuación —ordenó Barnaby con calma— y...
—¡Aquí vienen! —interrumpió Chopman.
Tras eso nada claro fue dicho por los intercomunicadores, por lo que Kotetsu no pudo saber qué estaba pasando a pesar de preguntar y solo fue hasta que ayudó a los últimos rezagados y salió al corredor que conectaba todas las salas que lo descubrió.
Tal como había sospechado, todas las ventanas habían sido destruidas por completo y ahora que se fijaba, el vidrio que protegía los objetos en exhibición había sufrido el mismo destino. Quienes, sin duda, eran responsables de ello estaban en una de las salas laterales, donde la mayoría de joyas se encontraban.
Chopman estaba en el medio del lugar, usando su mano gigante para mantener a raya a uno de los asaltantes, mientras los demás héroes también intentaban poner su parte. Por suerte, los ladrones lucían más interesados en esquivar a los héroes e ir por el botín, pues ninguno de los invitados estaba siendo usado como rehén; la mala noticia era que eso no significaba que serían más fáciles de apresar y no solo por su gran número.
Kotetsu estuvo convencido de ello al ver a Barnaby esquivar los puños humeantes de uno de los ladrones y lo terminó de confirmar cuando su carrera hacia la sala fue interrumpida al ser levitado del suelo y lanzado contra el techo.
Al menos eso explicaba cómo lo que parecía ser más de una decena de ladrones había entrado por las ventanas destruidas de uno de los últimos pisos de un rascacielos.
Gracias a que el NEXT que lo había atacado no hizo nada más contra él, una vez la gravedad hizo su trabajo y él cayó, Kotetsu pudo usar su cable contra las piernas del hombre, impidiéndole con ello acercarse a las joyas más cercanas y devolviéndole el favor al obligarlo a saludar el suelo.
El hombre lanzó un improperio y no contraatacó de inmediato, mas Kotetsu no tuvo tiempo de saborear su victoria ya que otro de los ladrones fue contra él, bombardeándolo con pequeñas canicas que se veían inofensivas, pero cuyo impacto sintió a pesar de la protección de su traje, el cual normalmente repelía balas sin causarle más que un cosquilleo.
Más claro no podía estar que no eran ladrones comunes y que no habían tomado ningún rehén porque no creían necesitarlo.
Kotetsu se puso de pie de un salto y buscó a su compañero con su mirada, encontrándolo todavía luchando contra el mismo ladrón y corriendo peligro, ya que el ladrón que había atacado a Kotetsu estaba ahora apuntando hacia él.
—¡Bunny!
—¡Lo sé! —replicó Barnaby sin apartar su atención del hombre con el que estaba combatiendo.
Comprendiendo la situación, Kotetsu activó sus poderes y embistió contra del NEXT de las canicas, al cual pudo detener antes de que lograse atacar a Bunny; y aprovechando la sorpresa que eso le provocó a su contrincante, Bunny lo imitó y activó sus poderes, y finalmente logró noquear al hombre de los puños humeantes.
Dos menos, quedaban...
—¿Cuántos son? —buscó averiguar Kotetsu, examinando el lugar.
Aunque Chopman parecía haber conseguido derrotar al ladrón con el que se había enfrentado, los demás chicos no habían tenido la misma suerte y eran más los ladrones que continuaban en pie que los que no. Además, Ms. Violet había abandonado la sala y por lo que dijo rápidamente por el intercomunicador, estaba intentando perseguir a seis ladrones que habían logrado eludir a todos los héroes y se habían dirigido a las otras salas para robar lo que había en ellas.
—¡M-más que nosotros! —replicó Bombeman, quien también había sido derribado por el ladrón capaz de levitar a otros y si bien estaba intentando ponerse de pie, demostrando que no se había dado por vencido, su tono sonaba desesperado.
Intercambiando una mirada con Bunny, Kotetsu fue otra vez contra aquel hombre, aprovechando su velocidad aumentada cien veces para tomarlo de sorpresa antes de que pudiese volver a hacer algo contra él.
—¡Yo me encargo de esta sala!
Fue obvio que Barnaby lo entendió, pues de inmediato salió a trote, preguntándole a Ms. Violet dónde estaban los demás ladrones. Ofreciendo su ayuda en voz alta, Sumo Thunder fue tras él.
Kotetsu no tuvo más oportunidades de preocuparse por su compañero o por los chicos, pues el seguir en desventaja numérica y el no tener más que unos segundos de poder lo obligaron a actuar con presteza, queriendo encargarse de tantos como pudiese.
Al final, sus esfuerzos no fueron suficientes y a pesar de que Bombeman y Chopman no se quedaron con sus brazos cruzados, una vez su minuto llegó a su fin cuatro ladrones continuaban en pie y habían dejado de concentrarse en el botín, fijándose ahora en los héroes.
—Bien... —pronunció Kotetsu, obligándose a recordar lo que habían logrado entre todos en vez de enfocarse en lo que faltaba—. Ya tenemos a siete.
—¡Tenemos a dos más! —anunció Ms. Violet por el intercomunicador, haciéndoles saber a todos que la persecución también iba por buen camino.
Esa era una buena señal, mas ninguno de los ladrones demostró estar inquieto al ver a la mayoría de sus camaradas fuera de combate.
—No crean que eso significa algo —dijo con desdén uno de ellos, hablándoles por primera vez—. Solo estábamos evitando una pelea.
—Por eso les dije que debíamos encargarnos primero de los héroes —reclamó otro de los hombres con un tono petulante.
—No que importe —declaró otro con indiferencia—, es solo la segunda liga.
El silencio de Bombeman y Chopman evidenciaba que ninguno de ellos se sentía lo suficientemente confiado para rebatir eso; Kotetsu, por su parte, frunció el ceño. Aun si los chicos no tenían mucha experiencia y él mismo se había visto plagado de dudas recientemente, seguían siendo héroes.
—Hora de probarles que se equivocan.
—¡S-sí! —Con todo y su titubeo, Bombeman fue el primero en reaccionar y tras unos segundos, Chopman coreó sus palabras.
Bien. Que ambos chicos estuviesen motivados significaba que no tenía que preocuparse por ellos y podía enfocarse en detener a quienes pudiese mientras los otros dos héroes ponían de su parte.
Con eso en mente, Kotetsu dio un paso hacia el frente, mas antes de que pudiese actuar se vio interrumpido por un familiar saludo por el intercomunicador.
—Bonjour, héroes. La primera liga ya está en camino, asegúrense de no dejarlos escapar.
—¡Ya nos encargamos de la mitad! —reclamó Kotetsu pese al sobresalto que se llevó, mientras los chicos se relajaron visiblemente al saber que solo tendrían que resistir por un poco más.
Todo eso resultó ser un error.
Kotetsu lo tuvo que aceptar poco después, cuando se encontró incapaz de darles una mano, viéndose en problemas él mismo.
A pesar de que ni él ni los chicos mencionaron a la primera liga, fue obvio que lo poco que los ladrones habían escuchado los había hecho sospechar, pues toda la tranquilidad arrogante desapareció en un abrir y cerrar de ojos, siendo remplazada por una simple premura por quitar a los héroes del camino.
El cambio de estrategia y el que todos los criminales restantes también fuesen NEXT no fueron una sorpresa, pero sí el que la repentina prisa no los llevara a cometer errores que facilitasen capturarlos.
Por el contrario. Se separaron con una notoria coordinación, consiguiendo así mantener ocupados a todos los héroes presentes entretanto uno de ellos tenía la oportunidad de escabullirse y aunque Kotetsu pudo notar eso, no logró prevenirlo, viéndose obligado a enfrentar a un hombre rápido y capaz de producir descargas eléctricas con sus manos.
Sus chispas no eran comparables a la electricidad de Dragon Kid, pero tras un par de impactos lograron causar algún daño en su traje, según se lo hizo saber una notificación que Kotetsu tuvo que ignorar a favor de esquivar un nuevo ataque en lugar de bloquearlo.
Al menos nada parecía estar funcionando mal, por lo que seguramente no era ninguna parte importante.
Ese fue un consuelo efímero, pues aun teniendo dificultades con el hombre frente a él, Kotetsu pudo notar que los chicos no estaban en una mejor situación. Y él no estaba ayudándolos, ni dándoles un mejor ejemplo...
No queriendo volver a terminar una noche lleno de arrepentimientos, Kotetsu se obligó a concentrarse más en el NEXT. Que fuese más veloz y que pudiese usar su poder sin límites, a diferencia de él, no significaba que fuese invencible y todo lo que necesitaba era encontrar una oportunidad para contraatacar.
Esta se presentó a la vez que el sonido de un helicóptero anunciando la llegada de HERO TV llenó el lugar, acallando gritos que quizás eran instrucciones apresuradas de los ladrones.
Kotetsu aprovechó esa distracción para noquear al hombre y sin perder tiempo, se dirigió hacia el sitio en el que Bombeman todavía estaba resistiendo con dificultad contra otro de los criminales.
Fue en ese momento en el que Bunny regresó y sin necesidad de ninguna explicación previa, se unió para detener a los que faltaban.
Tener el apoyo de su compañero marcó una diferencia y aun antes de que la primera liga hiciese su aparición, consiguieron que solos los héroes quedasen en pie y todo lo robado continuase allí.
—¿Lo... lo hicimos? —balbuceó Bombeman sonando incrédulo, con sus manos apoyadas en sus rodillas como si estuviese intentando recobrar su aliento tras una maratón.
—¿Y...? —comenzó Chopman, mirando en dirección a la puerta.
—Están custodiándolos mientras llega la policía —dijo Barnaby, adivinando que Chopman quería saber la razón de la ausencia de Ms. Violet y Sumo Thunder.
La alegría que eso le provocó a los chicos fue evidente, pues ambos celebraron como si ni siquiera hubiesen notado la cercanía del helicóptero y los camarógrafos en el filmándolos. Barnaby, en cambio, levantó su visera y sonrió hacia la cámara con su usual confianza.
La situación era tan familiar que Kotetsu mismo se encontró relajándose e imitando a Bunny, intercambiando una sonrisa con él cuando su compañero miró de reojo en su dirección. Con todo y que la noche había resultado ser muy diferente a lo esperado, la satisfacción de un trabajo bien hecho era más fuerte que toda la tensión que había cargado durante el día.
Y ese fue el final del momento de calma.
Un segundo Kotetsu estaba posando y al siguiente se vio elevado por el aire y lanzado, no contra el techo como había ocurrido anteriormente, sino contra el espacio que antes había sido ocupado por las ventanas.
Dejando escapar un grito de sorpresa, Kotetsu pudo notar que él no había sido el único: pedazos de vidrio, varias de las joyas y algunos de los criminales mismos habían sufrido la misma suerte.
¿Por qué? Kotetsu no tenía idea, ni tuvo ninguna oportunidad de pensar en ello, pues pronto el poder que lo había impulsado dejó de ejercer control y él quedó a la merced de la fuerza de gravedad.
La caída le robó el aliento, mas el miedo no se apoderó de él.
Con un edificio cerca que podía usar para detener su descenso, estaba seguro de que el mayor problema sería poder agarrar a quienes estaban cayendo con él. No era como si pudiese salvar a todos a la vez y hacerlo uno por uno quizás tomaría más tiempo del que tenía, pero debía intentarlo. Lo primero que necesitaba hacer era engancharse.
Solo tenía que comenzar apuntando y accionando el dispositivo de su cable y... y nada pasó cuando lo hizo.
De reflejo, Kotetsu golpeó el aparato un par de veces, perdiendo un poco más de su compostura tras cada golpe.
No podía terminar así, cayendo sin ser siquiera capaz de ayudar a alguno de los que corrían peligro, viendo solo el helicóptero de HERO TV sobre su cabeza... ¿Acaso estaban transmitiéndolo en ese instante?
La sola idea lo hizo golpear con más fuerza, rogando que el cable saliese disparado y le permitiese asirse al edificio antes de que fuera demasiado tarde. No podía hacerle esto —fallar, caer, morir en vivo y en directo— a Kaede. Y tampoco quería acabar así.
Aun si todavía tenía pendiente pensar en su futuro laboral, sabía que retirarse no estaba entre sus planes próximos. Y además, Yuri... una discusión no era lo último que deseaba compartir con él...
—¡Kotetsu, tus talones!
¿Qué?
A Kotetsu le tomó un segundo recordar el experimento al que lo habían sometido Saito y Barnaby, pero al hacerlo estiró de inmediato un brazo para agarrar al ladrón más cercano, golpeó sus talones entre sí y se vio impulsado hacia un costado, impactando la ventana más cercana y atravesándola hasta encontrarse con una pared.
Que, a diferencia de su cable, esto sí funcionara fue un alivio, mas Kotetsu no se dio ningún momento para disfrutarlo.
Aprovechando que el impacto no había sido fuerte y que el ladrón parecía estar bien, Kotetsu se puso de pie, decidido a lanzarse y rescatar a cuantos pudiese de la misma forma, pero antes de poder hacerlo, Barnaby habló una vez más por el intercomunicador:
—Sky High ya se encargó de los demás.
Una mirada hacia abajo por lo que había sido una ventana le permitió ver que así era: Sky High estaba justo ahí, iluminado por el reflector del helicóptero y manteniendo a salvo, en al aire, al resto de los ladrones.
Con un suspiro, Kotetsu se alejó un par de pasos del borde y se sentó con poca gracia en el suelo, consciente de que no podría seguir en pie por mucho más ahora que la tensión que lo había mantenido en acción había desaparecido, dejándolo solo con el alivio de haberse salvado por un pelo. Porque aunque quedaban más de una docena de pisos bajo él, aunque ahora sabía que Sky High había llegado a tiempo para prevenir una tragedia, instantes atrás había sentido que estaba encarando su fin y de no haber sido por Bunny...
—Bien... —pronunció, recordando que no le había contestado a su compañero, y añadió en un tono ligero—: Pero todavía no entiendo qué es lo que se supone que esto haga.
—Saito lo basó en el concepto de que los gatos siempre caen de pie —replicó Barnaby, entendiendo a qué se estaba refiriendo.
—Gatos. —A pesar de que había hablado por hablar, buscando ocultar el miedo que había pasado, la explicación de Barnaby lo hizo fruncir el ceño y poner atención. ¿No en algo necesario para un héroe, ni estaba basado en tigres, sino en gatos?
—Pero el estabilizador todavía necesita trabajo.
Trabajo en el que Barnaby estaba ayudando y por el que no estaban pagándoles... Sintiéndose culpable por querer reclamarles por esa idea basada en gatos, Kotetsu levantó su visera para pasar una mano por su rostro y contuvo un nuevo suspiro.
—Y con todo y eso ya tiene sus usos —aceptó.
—No creo que Saito se conforme con eso.
Kotetsu dejó escapar una corta carcajada. Sin duda alguien tan perfeccionista como Saito ni siquiera apreciaría que Kotetsu considerase útil algo que aún estaba en proceso para él.
Sintiéndose más relajado y con sus fuerzas renovadas, Kotetsu se puso de pie nuevamente. Era hora de reunirse con su compañero y completar su deber.
Dejar al ladrón en manos de la policía no tomó más de un par de minutos, en los que el resto de la segunda liga bajó usando el ascensor, llevando además a los que no habían dejado el rascacielos por la ventana.
Enterarse, tras eso, que la caída había sido parte del plan de escape de emergencia del grupo, el cual incluía también una especie de parapentes, y que él solo había terminado involucrado por error, lo dejó en medio de una nube de incredulidad en la que solo encontró un consuelo: el no haber terminado necesitando ser rescatado.
Aun si Kotetsu estaba dispuesto a aceptar ayuda si la necesitaba, ahora, en particular, pasar de héroe a víctima se le antojaba más mortificante que nunca. Tal cosa equivaldría a quedar mal frente a Kaede, para comenzar, e igualmente sería dar un paso en la dirección equivocada a pesar de haberle prometido a Bunny que pensaría en su futuro como héroe, algo que le sería imposible si comenzaba a fallar ante el primer imprevisto en su camino y terminaba sumando tal error al mar dudas que ya lo atormentaba.
—Vaya noche —se quejó en voz baja una vez las cámaras y la policía se alejaron de los héroes de la segunda liga, dándole finalmente la oportunidad de hablar con su compañero.
—No fue particularmente inesperada —replicó Bunny, encogiéndose de hombros.
—¿Realmente pensaste que alguien querría robar eso? —cuestionó Kotetsu con incredulidad al tiempo que hizo un gesto en la dirección en la que varios policías estaban recogiendo el botín que había terminado desparramado en plena calle.
—Por algo nos necesitaban. —Fue lo que Barnaby dijo por respuesta, mirándolo a él en vez de a las estrafalarias joyas—. Estás muy distraído, viejo.
No sentirse culpable ante ese comentario era imposible.
Aunque quizás Bunny estaba echándole en cara su poca atención en la reunión horas atrás, también era posible que no solo se estuviese refiriendo a eso.
¿Acaso, pese a que no había preguntado nada, Bunny se había dado cuenta de que su mente había estado en la luna los últimos días y acaso solo estaba aguardando a que Kotetsu le contase?
Tal vez.
La tentación de buscar confirmarlo estaba ahí, mas consciente de que eso sería lo mismo que admitir su culpa y que de hacerlo terminaría sintiendo que le debía más de una explicación a su compañero, Kotetsu se limitó a hacer una mueca de descontento.
—Solo decía...
Si Bunny notó que estaba intentando evitar al tema, no tuvo oportunidad de decir nada al respecto, pues los héroes de la primera liga, tras aparentemente haber terminado su parte, se acercaron a ellos en ese momento.
—Ustedes volvieron a encargarse de lo mejor —renegó con un tono juguetón Fire Emblem y sonrió, dejando más claro aún lo poco en serio que se había quejado.
—Parece que se está volviendo costumbre —bufó Rock Bison, dándole una palmada a Kotetsu en la espalda a manera de saludo.
—Nah, ustedes llegaron justo para la hora del escape.
Sky High negó con su cabeza.
—Todos hicimos nuestra parte, todos.
—Pero no pensé que nos volveríamos a reunir así —comentó Origami.
—Deberíamos aprovechar para celebrar —sugirió Dragon Kid con una sonrisa y le dirigió una mirada a Blue Rose, quien le correspondió el gesto tras mirar de reojo a Kotetsu y a Barnaby.
—¿Por qué no? —pronunció, sonando animada a pesar de su elección de palabras.
—Ustedes también, encantos —añadió Fire Emblem, haciendo un guiño al girarse hacia al lugar en el que los chicos se habían quedado observando a los demás héroes.
Aunque lucieron sorprendidos al verse incluidos en la invitación, pronto reaccionaron con más entusiasmo que nerviosismo y respondieron en coro:
—¡S-sí!
—Se lo merecen —reafirmó Kotetsu, apreciando el buen ánimo general, y dirigió su vista hacia Bunny.
Barnaby no parecía contrario a la idea y sugirió un lugar antes que nadie, cosa que bien podía ser su manera de prevenir que alguien mencionase su espacioso apartamento como una buena opción, pero que mostraba que estaba dispuesto a más que a seguir la corriente.
No tener que insistirle a su compañero era un alivio. No era como si Kotetsu mismo se sintiese capaz de hacerlo cuando, incluso en medio de las contagiosas sonrisas del resto de los héroes, una parte de sí quería regresar a casa a esperar a que el timbre anunciara la llegada de Yuri, finalmente dispuesto a hacer las paces y a darle algún tipo de explicación.
Aun así, un cambio era mejor. Kotetsu lo sabía, por lo que no puso ninguna resistencia a la idea y asintió a las varias sugerencias, indiferente entre el buffet sugerido por Dragon Kid, el bar al que Rock Bison quería ir y el restaurante mencionado por Bunny, mas dispuesto a aceptar lo que los demás decidieran, cosa que no tomó más de unos minutos.
Con los planes para la noche confirmados, Kotetsu estaba seguro de que podría relajarse y disfrutar de la velada; sin embargo, no alcanzaron a separarse para cambiarse antes de reencontrarse en el sitio acordado ya que un insistente pitido proveniente de los comunicadores de todos los héroes de la primera liga los interrumpió.
—Héroes —dijo Agnes de manera simultánea por todos los comunicadores—, diríjanse de inmediato al sur oeste de Bronze Stage...
—¿Nosotros no? —se quejó Kotetsu en voz baja, escuchando a medias el lugar exacto al que Agnes los estaba enviando.
—Pensé que estabas dudando —replicó Barnaby en un susurro.
—Simplemente... —Kotetsu no llegó a justificarse aludiendo a la costumbre y a sus ganas de hacer algo, pues las siguientes palabras de Agnes atraparon su atención por completo.
—Se trata de Lunatic.
—La celebración sigue en pie —prometió Fire Emblem al tiempo que echó a correr hacia su auto. Los demás héroes hicieron lo mismo, apenas haciendo un gesto de despedida al partir con la inevitable premura que una emergencia de vida o muerte requería.
Porque cuando se trataba de Lunatic siempre había una vida en peligro.
Kotetsu reaccionó de reflejo, olvidando todas sus ideas de pasar una noche tranquila con los demás héroes, y cerró la visera de su casco, pero no pudo moverse en una desesperada carrera por encontrar o la moto o la furgoneta de Apollon Media cuanto antes, pues una mano se cerró alrededor de uno de sus brazos.
Fijarse en quién era y descubrir que el culpable que estaba deteniéndolo era Barnaby fue una sorpresa, mas no una suficiente para que dejase de intentar ir con ellos.
—¡Bunny, tenemos...!
—No ha pasado una hora —señaló Barnaby sin soltarlo, manteniendo un tono calmo que no era apropiado para tal situación— y tu traje está fallando, ¿cierto?
Ambas cosas eran verdad. Kotetsu no podía negarlo tras lo que había sucedido en el rascacielos; a pesar de eso, sentía el impulso de objetar y unirse a la persecución.
—Si Lunatic estuviera aquí —continuó Barnaby, como si supiera que no lo había convencido—, sería diferente. Pero no estamos preparados, ni autorizaron que fuéramos tras él.
Finalmente, Kotetsu dejó escapar un sonoro suspiro resignado.
Su compañero tenía toda la razón y él recordaba bien cuan peligroso era aquel cara de guante, por lo que estaba consciente de que ir y terminar estorbando empeoraría la situación.
—Lo sé —aceptó, dejando caer sus hombros y tragándose su decepción al ser incapaz de actuar como sentía que debía—. Pero me cuesta no hacer nada.
Barnaby lo liberó de su agarre y sonrió, luciendo extrañamente aliviado.
—Por algo volviste.
Con una corta risa, Kotetsu movió su cabeza en negación.
—Kaede merece el crédito por eso... —Mencionar a su hija hizo que Kotetsu frunciese el ceño y miró hacia arriba, siguiendo con su mirada al helicóptero de HERO TV según se alejaba a la nueva escena del crimen.
Aunque por años no había tenido que detenerse a pensar si estaba preocupando a Kaede, ahora que ella sabía que él era un héroe no podía darse el mismo lujo y hoy, que había terminado apareciendo en televisión y que había estado en problemas, tenía que considerarlo.
—¿Crees que ella vio lo que pasó? —dijo en voz baja, todavía con su vista fija en el aparato que cada vez parecía más un simple punto de luz en el cielo.
—... Es posible.
La pausa que precedió esa respuesta probaba que Bunny había pensado cuidadosamente antes de contestar, cosa que le daba más peso a sus palabras y que terminó de convencer a Kotetsu de que lo que debía hacer.
Aun si, como héroe, no podía encargarse de detener a Lunatic esa noche; sí podía, como padre, hacerle saber a su hija que estaba bien.
—Vuelvo en un momento.
Barnaby lo despidió con una sonrisa de aliento cuando él se dirigió hacia un costado del rascacielos, queriendo apartarse del ajetreo que aún estaba ocurriendo gracias al trabajo en proceso de la policía y a los varios curiosos que, incluso luego de que la primera liga se había ido, continuaban apilándose para dar un vistazo de cerca a lo que había ocurrido.
Una vez sintió que estaba a suficiente distancia para tener algo de privacidad, Kotetsu llamó a casa y no tuvo que esperar más de un timbre para que contestaran.
—¿Kaede? —dijo con presteza, lamentando el no tener consigo más que su comunicador y tener que confirmarse con solo poder escuchar debido a eso.
—¡Papá! —exclamó Kaede en respuesta, sonando sorprendida, mas inmediatamente después comenzó a cuestionar de manera rápida—: ¿Por qué estás llamando? ¿No estás trabajando?
—Bueno, sí. —pronunció Kotetsu, sin sentirse del todo seguro sobre qué tantas explicaciones debería darle—. Pero pensé...
—Nos preocupaste a todos, Kotetsu —interrumpió Anju.
—¿Mamá? —preguntó de reflejo, aun cuando el haber acabado de comprobar lo que había temido pesaba en él—. ¿Por qué nunca me dicen que van a cambiar...?
—¿No se suponía que tu trabajo ahora era más seguro? —continuó ella, ignorando sus quejas por completo.
Viéndose incapaz de cambiar el tema, Kotetsu hizo una mueca y tras tomar una bocanada de aire, queriendo asegurarse de que nada impediría que su voz sonase firme, dijo:
—Te aseguro que estoy bien. Dile a Kaede que siento haberla hecho preocupar.
—Estoy escuchando —intervino Kaede con un tono altivo—. Y no dije que estaba preocupada. Estabas siendo un héroe, ¿no?
El alivio que esas palabras le produjeron llevaron a Kotetsu a recostarse contra la fachada del rascacielos, sintiendo su intranquilidad desaparecer, y aunque una parte de sí no le permitía olvidar la culpa de haberla inquietado, no pudo evitar sonreír con orgullo.
—Sí... me entiendes bien, Kaede.
Que tras eso Muramasa, de todas las personas, contestase con un resoplido y un comentario sobre Kotetsu siendo el mismo de siempre, finalmente hizo que Kotetsu notase que esta vez el auricular no estaba cambiando de mano una y otra vez, sino que lo tenían en altavoz.
Ese descubrimiento hizo más fácil para Kotetsu no perder el hilo de la conversación, la cual le dejó en claro que haber llamado había sido una buena idea y no solo por Kaede.
El solo saber que su hija lo apoyaba y lo comprendía valía más para él que cualquier plan publicitario, e incluso lo hizo ver todo el incidente ocurrido minutos atrás como algo poco importante. No tenía mucho sentido pensar en los "casi" que no habían sucedido, después de todo.
Con sus ánimos renovados, Kotetsu fue a trote en busca de su compañero, a quien encontró con sus brazos cruzados y su vista fija en la pantalla de un edificio cercano.
—¿Todo está bien? —cuestionó Barnaby, notando su llegada a pesar de que no apartó su atención de HERO TV.
—Sí... —Kotetsu no añadió más, pues él mismo se vio distraído por lo que estaba ocurriendo en Bronze Stage.
Las cámaras estaban mostrando a Sky High esquivando en el aire no llamas, como Kotetsu había esperado, sino hojas de papel que terminaron clavándose en una edificación cercana y dejando una notoria grieta en esta.
Según los titulares en la parte baja de la pantalla, el blanco de Lunatic, sospechoso de varios asesinatos, había resultado ser alguien capaz de defenderse por su cuenta y había recibido a los héroes atacándolos tal como había hecho contra Lunatic, dejando claro que no planeaba aceptar ninguna ayuda si eso significaba ser capturado.
Una nueva toma reveló que Fire Emblem y Blue Rose estaban impidiendo que Lunatic tuviese un solo momento para apuntar contra el NEXT que había intentado matar, mas el cara de guante no se estaba dando por vencido y en vez de escapar, estaba contraatacando con violentas llamaradas que parecían estar afectado los edificios cercanos.
La cámara pasó a Dragon Kid, quien se había unido a Sky High en contra del criminal, pero estaba teniendo problemas en acercarse gracias a los rápidos ataques del hombre.
Tras eso, Origami apareció en pantalla, ocupado evacuando a las personas en las cercanías, tras lo cual volvieron a enfocar a Sky High y a Dragon Kid.
Más obvio no podía ser que no les caería mal algo de ayuda... ¿Y cuándo faltaba para que pudiese darles una mano?
—Cuarenta minutos —dijo Bunny como si hubiese leído los pensamientos de Kotetsu.
Confirmar eso en el reloj de su propio traje hizo que Kotetsu frunciera el ceño. Una vez pudiese volver a usar sus poderes sin duda la situación habría cambiado, y lo único que le quedaba por hacer era esperar que fuese para bien.
Por suerte, así fue.
Aunque tomó varios minutos, en los que todo pareció estar en un punto muerto, el que el NEXT estuviese concentrado en sus dos oponentes le dio la oportunidad a Origami de acercarse sin ser notado y lo detuvo, sujetándolo de ambos brazos antes de que pudiese seguir usando su notoria cantidad de papel contra los héroes.
El hombre gritó con frustración y todo indicó que eso también distrajo a Lunatic, pues a pesar de ni siquiera estar en uno de los lugares altos que solía preferir, permaneció inmóvil por unos segundos que Rock Bison aprovechó, apareciendo con menos sutileza que Origami pero logrando embestirlo con fuerza, enviándolo contra una pared cercana.
Kotetsu contuvo sus respiración ante eso, mas antes de poder esperar estar viendo a aquel loco siendo detenido, Lunatic usó una nueva llamarada, esta vez para elevarse en el aire y luego impulsarse hacia a un lado, moviéndose por el aire a una velocidad que incluso impidió que las cámaras pudiesen seguirlo por mucho tiempo.
—Otra vez —suspiró, dejando escapar el aire contenido, y apartó su mirada de la pantalla.
Aun si era lo mismo que había ocurrido desde la primera aparición de Lunatic, el que continuase huyendo era irritante y el no haber hecho parte de los héroes persiguiéndolo no amainaba eso.
—No logró matar a nadie —señaló Barnaby sin sonar descontento con el resultado.
Incapaz de negar que ese hecho contaba como una victoria, Kotetsu asintió con su cabeza, aun cuando no podía decir que se sentía satisfecho.
El que ambos incidentes hubiesen terminado bien, el que todo indicase que la ciudad había entrado a una noche de calma y el alivio tras hablar con Kaede no bastaban, y Kotetsu sabía bien que no era culpa de que Lunatic continuase libre o de que sus poderes y su traje lo hubiesen dejado en la banca durante la persecución.
Yuri.
Todo se resumía en él y hasta no solucionar lo que fuese que estuviera pasando, no podría sentirse realmente tranquilo.
—Bunny —pronunció, decidido—, discúlpame con todos.
Tenía que hacer lo que podía ahora; de lo contrario, las dudas y el arrepentimiento por no haber actuado antes seguirían distrayéndolo hasta en los peores momentos.
—¿No vas a venir? —A pesar del interrogante, Barnaby no lucía sorprendido.
Agradecido de que su compañero ni siquiera pareciese estar considerando convencerlo de ir con todos, Kotetsu sonrió.
—No, no esta vez.
Barnaby asintió con su con su cabeza, pensativo, y tras unos segundos dijo:
—¿Petrov?
El solo escuchar ese apellido bastó su corazón diese vuelco y necesitando tiempo para reponerse del sobresalto y la vergüenza de ser descubierto, Kotetsu carraspeó antes de contestar.
—¿Así de obvio es?
—No estaba seguro hasta ahora —confesó Bunny con un deje de irritación.
—Debí haberte dicho —aceptó Kotetsu, alzando ambas manos para dejar claro que estaba dándose por vencido, y añadió—: Hay veces que no sé qué hacer cuando se trata de Yuri.
Barnaby merecía más que esa pizca de sinceridad, pero siendo lo único que Kotetsu tenía claro, era lo que podía ofrecerle por el momento.
—Y es por eso que has estado distraído.
Aunque Bunny no estaba preguntado, era evidente que estaba buscando confirmar si eso era cierto y Kotetsu fue incapaz de seguir negándolo.
—Sé que no puedo seguir así.
—Es bueno que te des cuenta —resopló Bunny y echó a andar de repente.
—¿No puedes apoyarme más? —reclamó, yendo tras él a paso rápido.
—Sería más fácil si no ocultaras todo.
—Lo sé. —Y no sentirse culpable al ser confrontado con esa verdad era imposible, mas prometiéndose que lo resarciría por ello después, Kotetsu no permitió que eso nublara su ánimo una vez más y lo fulminó con la mirada—. Pero al menos podrías desearme buena suerte.
—No creo que la necesites. Con que hagas lo de siempre estarás bien.
¿Ese era un consejo?
La sorpresa que le produjo lo dejó sin palabras y si bien Kotetsu no estaba seguro de qué era lo que hacía que su compañero tuviese una perspectiva tan positiva, pensar que Bunny podría estar en lo cierto era alentador.
Pese a que dejar su traje en el taller de Saito lo retuvo por más tiempo del pensado, Kotetsu no se sintió particularmente impaciente por ello y salió de Apollon Media conduciendo con calma, tomándose incluso un momento para apagar su teléfono en caso de que Antonio decidiese llamarlo al no verlo aparecer junto a Bunny.
Estaba seguro de que podría encontrar a Yuri en su oficina, frente a su escritorio lleno de documentos varios como siempre, sin importar si llegaba a la Torre de la Justicia en cuestión de segundos o de minutos, por lo que podía aprovechar el recorrido para prepararse.
No llegaría preguntando, ni mucho menos a reclamándole por la puerta cerrada y la falta de una disculpa tras ello.
No. Lo invitaría a un paseo en auto; esperaría a que la tensión no fuese palpable o que al menos Yuri pareciese relajarse y luego podrían hablar. Porque aun si no todo podía solucionarse en una noche, aun si Yuri lo recibía con reticencia, Kotetsu no tenía intención de darse por vencido y confiaba que eso bastaría.
Por algo Yuri había aceptado sus invitaciones y lo había buscado repetidas veces; por algo Bunny creía que todo saldría bien; por algo ahora, que estaba cada vez más cerca de la torre, se sentía más convencido de que estaba haciendo lo correcto... lo que debería haber hecho desde un comienzo. Porque Yuri se había vuelto demasiado importante para él como para aceptar un fin a algo que apenas había comenzado.
Pero a pesar de sus crecientes esperanzas, Kotetsu vio sus planes interrumpidos en cuanto llegó a la torre.
—El juez Petrov salió temprano. —Esas fueron las palabras con las que uno de los guardias lo recibió tras contestar el animado «buenas noches» con el que Kotetsu lo había saludado al reconocerlo como uno de los vigilantes nocturnos usuales.
—¿Seguro? —cuestionó Kotetsu, sosteniendo en una de sus manos su billetera, la cual había sacado en cuanto había dejado su auto para mostrar un documento de identidad antes de entrar, tal como el nuevo protocolo del lugar exigía.
—Acababa de comenzar mi turno cuando salió —dijo el hombre, luciendo apenado de ser el que estaba dándole la noticia—. Usualmente no es así, por eso lo noté.
El no tener razones para dudar del guardia, aun cuando lo que estaba diciendo sonaba increíble, llevó a que Kotetsu le agradeciera y regresara a su vehículo con el ceño fruncido y un nuevo interrogante rondando en su mente.
¿Acaso Yuri finalmente había decidido ir a buscarlo? Kotetsu descartó esa idea de inmediato.
Yuri siempre estaba al tanto de las obligaciones de ambas ligas y Kotetsu no había sido llamado para una emergencia, sino para pasar la noche cuidando una exhibición.
¿Y qué más podía despegar a Yuri de su trabajo? ¿Una emergencia personal, quizás? ¿El no estar aguardando por Kotetsu? ¿Algún deber fuera de la torre?
Frente al volante, Kotetsu pasó un largo rato sin encender el auto, dubitativo.
Ahora que se había decidido, pensar en volver a casa o incluso en reunirse con los héroes no se le antojaba como lo una buena opción, pero ¿qué más podía hacer? ¿Ir al hogar de Yuri y esperar ser bienvenido como no lo había sido la primera vez?
Sonaba como algo absurdo, mas Kotetsu fue incapaz de descartarlo.
Quería verlo ya y el no poder hacerlo, contrario a lo que la certeza que lo había acompañado en el trayecto le había hecho creer, era frustrante. Pero, además de eso, lo inusual que era el que Yuri abandonase su oficina temprano lo inquietaba y fue lo que lo convenció: intentaría recordar cómo llegar a la casa de la familia Petrov.
No importaba que ni siquiera se acordara de dónde había anotado la dirección meses atrás.
Con más premura que con la que había llegado a la torre, Kotetsu atravesó las calles de Sternbild, encaminándose a una de las áreas más viejas de la ciudad, ubicada casi en las afueras de ésta.
Contrario a las varias etapas de la ciudad, en esta parte los edificios estaban ausentes y las casas familiares que la caracterizaban estaban, en su mayoría, separadas entre sí por pequeños jardines.
La casa de los Petrov, rememoró Kotetsu, era una en la que el jardín había sido reducido para dar campo a un camino pavimentado que quizás llevaba a un segundo garaje ubicado en la parte posterior de la casa. Lo que quedaba de verde no era más que grama, no lo suficientemente larga para considerarla descuidada, pero carente de alguna otra planta o decoración que hiciese ver el jardín apreciado por quienes vivían allí.
Además de eso, algo que le había llamado la atención la primera y única vez que había estado allí era el hecho de que las cortinas del lugar habían estado tan cerradas como las persianas de la oficina de Yuri, impidiendo atisbar desde afuera el interior de la casa.
No había garantía de que esos detalles seguirían igual o que siquiera serían suficientes para encontrar el hogar de Yuri, pues Kotetsu no podía decir que se había fijado en todo el vecindario aquella vez para estar seguro de que no había alguna edificación similar en las cercanías, mas eso no lo hizo cambiar de idea.
El querer fijarse en cada casa obligó a Kotetsu a conducir más despacio, tragándose su impaciencia mientras miraba de un lado a otro, ansiando encontrar algo que se le antojase familiar, y a pesar de que el paso de los minutos comenzó a mermar su esperanza, el persistir terminó rindiendo fruto.
Tal como recordaba, la casa de dos pisos se distinguía no por su estilo —casi idéntico a la demás— o color —indistinto a esa hora de la noche—, sino por la ausencia de un toque personal que indicase cualquier cosa sobre sus ocupantes.
Si bien en su momento eso le había extrañado, ahora Kotetsu veía en ello la falta de interés de Yuri por todo lo que no era su trabajo y el que la madre de Yuri no estuviese en condiciones para hacer de su hogar algo más propio.
¿Pero quizás adentro era diferente?
No había tenido oportunidad de comprobarlo antes y esta vez, la curiosidad y el deseo de saber más de Yuri lo hacían desear examinar el lugar con más detalle; aun así, era imposible hacerlo desde afuera pues ninguna cortina estaba abierta.
Tampoco se veía alguna luz, ni siquiera en el pórtico, y pese a que eso lo hizo titubear por unos segundos, Kotetsu dejó su auto aparcado contra el bordillo y trotó hasta la casa en cuanto bajó de el.
Estando a solo un timbre de ver a Yuri, Kotetsu se permitió detenerse un instante frente a la puerta y tomar una bocanada de aire, mas no llegó a presionar el botón cuando al fin estiró su brazo. Era tarde, para comenzar, y no había olvidado su previa visita ni la clara preocupación de Yuri por su madre.
Con un suspiro exasperado, Kotetsu retrocedió y miró de nuevo hacia arriba con el ceño fruncido.
¿Cuál de esas ventanas era de la habitación de Yuri?
No que tuviese una piedra a la mano para lanzarla aun si lo supiese.
Considerando enviarle un mensaje, aun sabiendo que era más probable que Yuri no le contestase, Kotetsu paseó su vista por los alrededores y el camino pavimentado que le había servido como señal para encontrar la casa atrajo su atención.
No perdía nada siguiéndolo y buscando una luz en la parte trasera de la casa, ¿no?
Con ese en mente, Kotetsu lo recorrió con calma, no queriendo verse sospechoso si algún vecino llegaba a verlo, y tal como había creído que lo haría, se encontró con un garaje adicional en cuando el camino se curvó, mas no vio lo que quería: una luz que indicase que alguien estaba despierto en casa.
Decir que era decepcionante era poco, pero Kotetsu fue incapaz de dar media vuelta y resignarse a esperar.
Ya había dado por hecho esa noche que podría ver a Yuri con solo ir a buscarlo y el no haberlo conseguido probaba que no debía seguir contando con eso. No era necesario que ocurriese una gran emergencia para que todo cambiase y el simple pasar de los días podía encargase de dificultar un reencuentro, por lo que dejar todo para después sería un error.
Kotetsu inclinó su cabeza, soltando un nuevo suspiro al tiempo que buscó en sus bolsillos su teléfono, y gracias a ese movimiento notó algo que lo hizo olvidar sus intenciones de enviarle un mensaje a Yuri: la puerta del garaje estaba abierta.
Queriendo asegurarse de que no era una ilusión producida por las sombras, Kotetsu se movió de manera automática hacia ella y una vez estuvo a su lado, se inclinó un poco y le dio un leve empujón hacia arriba. La falta de resistencia confirmó lo que había creído y que además no había ningún mecanismo que previniese que fuese abierta en su totalidad manualmente.
Hacer más que eso era, sin duda, tentar su suerte, mas el ver un haz de luz en el fondo, donde parecía haber una puerta que conectaba con la casa lo impulsó a ingresar, esquivando el auto cubierto por un forro para dirigirse directamente hacia la entrada.
Ahora que sabía que había alguien en casa y que seguramente ese alguien estaba despierto, su esperanza había revivido, aunque no por eso dejó de sentirse nervioso cuando golpeó la puerta con sus nudillos, lo cual bastó para que esta le diese el paso con un chirrido.
Eso era extraño. Y también más preocupante que el hecho de que Yuri hubiese dejado su oficina a una hora que el resto del mundo consideraba normal.
¿Alguien como Yuri dejaría dos puertas abiertas? Aun si el vecindario era más seguro que el resto de la ciudad, a Kotetsu le parecía difícil de creer.
Tensándose, Kotetsu dio un paso hacia el interior de la casa.
—¿Buenas...? —llamó en voz menos alta de la que pretendía—. ¿Yuri? ¿Señora Petrov?
Su única respuesta fue silencio.
Quizás todos los ocupantes de la casa estaban dormidos y lo que estaba haciéndolo sospechar que había algo mal tenía una simple explicación que lo haría sentir como un tonto una vez la descubriera.
Aun así, Kotetsu cerró la puerta tras él intentando no hacer ruido y recorrió a zancadas el corredor iluminado al que había llegado.
No creía ser capaz de siquiera regresar a su auto si no se aseguraba primero de que todo estaba bien, por lo que estaba dispuesto a correr el riesgo de causar la furia de Yuri por ingresar a su hogar de la manera en que lo estaba haciendo.
Si ese era el caso, al menos significaría que Yuri le hablaría en vez de partir sin ninguna palabra, ¿no?
Ese pensamiento le provocó una fugaz sonrisa, la cual desapareció de su rostro cuando llegó a la esquina del corredor, donde se detuvo para asomar solo su cabeza.
El resto del pasillo no estaba iluminado y la luz tras él no alcanzaba a hacer una diferencia, mas Kotetsu pudo distinguir al fondo lo que parecían ser las escaleras que llevaban al segundo piso.
Manteniendo una mano contra una de las paredes, esperando encontrar un interruptor en algún momento, Kotetsu continuó su camino, teniendo como meta las escaleras, pero el que de repente la pared llegase a su fin, dejándolo tocando el aire y no un marco que indicase que había llegado a alguna habitación cuya puerta estaba abierta, lo hizo cambiar de planes.
Entrecerrar los ojos le permitió, tras unos segundos, darse cuenta de que el piso bajo ese espacio era una escalera más que sin duda llevaba al sótano de la casa y gracias al tiempo que pasó allí, inmóvil, pudo escuchar un leve ruido proveniente de éste.
No era más que el de objetos siendo golpeados entre sí, como si alguien estuviese revolviendo los contenidos de un cajón sin el menor cuidado, pero bastó para alertarlo de nuevo. Aun si un sótano no era un sitio típico para objetos preciosos, quizás algún ladrón había creído lo contrario.
Con esa idea en mente, Kotetsu tanteó con sus pies el primer escalón y comenzó un lento descenso, queriendo ocultar su presencia hasta que pudiese coger con las manos en la masa a quien estuviese allí.
No fueron más de diez escalones hasta que una curva le permitió ver el lugar, aun cuando la iluminación de éste solo podía ser descrita como opaca, y al hacerlo fue incapaz de bajar los que faltaban, paralizado por el estupor.
¿Qué había esperado?
Tal vez el desorden típico de un sótano usado para acumular objetos varios cuyo valor sentimental era mayor que su utilidad o quizá un espacio reaprovechado en busca de privacidad adicional.
En ese sentido, el escritorio y las varias pantallas no eran ninguna sorpresa, pero Kotetsu apenas pudo advertir esos objetos.
Lo que captó su atención fueron las máscaras, la mayoría en las paredes y una más en su escritorio, todas observándolo con la perpetua mueca grotesca que tantas veces había visto de cerca, siempre acompañada por la silueta de una mano.
Aun sabiendo que tras esos ojos sin vida no había nadie, el estar frente a aquellas máscaras era sofocante y Kotetsu tuvo que hacer un esfuerzo para concentrarse en la única persona que se encontraba en aquel lugar.
Aquel hombre estaba de pie, con su espalda hacia la entrada, con una mano en el escritorio como apoyo mientras usaba la otra para revolver lo que se veía como una caja de primeros auxilios. La extensión de su cabello y su color, un rubio tan pálido que parecía gris bajo esa poca luz, era familiar, mas Kotetsu descartó ese pensamiento en un parpadeo.
No podía ser.
Él estaba en la casa equivocada o en medio de una pesadilla o alucinando después de pasar tanto tiempo extrañándolo aun en medio de su enojo.
Porque no podía ser Yuri.
Sin pensar en lo que estaba haciendo, Kotetsu bajó un escalón más sin ningún cuidado, produciendo esta vez un sonido que alertó al hombre de su presencia.
Éste giró su cabeza de inmediato, reacomodando su peso y moviendo sin querer el escritorio, produciendo un ruido chirriante que en el silencio fue ensordecedor, y abrió sus ojos como platos al verlo, delatando su sobresalto.
Pero no era Yuri.
Kotetsu ahora estaba convencido.
Desde que había regresado a Sternbild, habían sido más los días en los que había visto a Yuri que los que no, y estaba seguro de que era capaz de describirlo en detalle sin ninguna dificultad. Por eso podía afirmar que lo único que hacia mella en el rostro de Yuri eran sus ojeras, siempre notorias gracias a su palidez.
Lo que podía ver del rostro del hombre frente a él, en cambio, era de un color más vivo, carnoso, incluso, como el que queda antes de que la piel se regenere tras una herida seria. Y era imposible que algo como eso pasara desapercibido.
—¿Cariño? —La repentina voz provenía de la casa, pero no se escuchaba tan cerca como para creer que la mujer que había hablado estaba en las proximidades del sótano—. ¿Yuri?
El hombre apartó su vista de Kotetsu y la dirigió hacia las escaleras tras él en algo que casi parecía un acto reflejo al escuchar ese nombre. Su nombre. Yuri.
¿Cómo podía seguir negando lo que estaba viendo ante esa prueba?
Kotetsu no estuvo consciente de activar sus poderes y moverse hasta que recorrió el sótano en cuestión de segundos y aun antes de tomarse un momento para procesar lo que estaba viendo, obligó a Yuri a encararlo con un jalón brusco que envió la horrenda máscara sobre el escritorio al suelo.
Sostenerlo tras eso por sus hombros y empujarlo contra la pared más cercana fue algo automático y Kotetsu no pudo preocuparse cuando el impacto hizo que Yuri dejase escapar un quejido.
