Luna Gibosa Menguante

Aun si ser descubierto siempre había sido un riesgo, ser atrapado no era algo que Yuri había considerad realmente posible.

Desde el primer día en que salió vistiendo una máscara y cargando la determinación de finalmente hacer lo que la ciudad necesitaba, Yuri había confirmado que escapar sin ser seguido era fácil y que podía mantenerse lejos de las cámaras a no ser que quisiese dejarse ver, y tras su primer encuentro con los héroes lo reafirmó.

No importaba que fuesen persistentes o que sus habilidades pudiesen causarle problemas, pues él era mucho más rápido y huir siempre era una posibilidad, incluso cuando se permitía enfrentarlos, echarles en cara las verdades que ignoraban al concentrarse en el espectáculo del que hacían parte y demostrarles su poder.

Incluso ahora esa era una opción.

El dolor que estaba sufriendo luego de su desafortunado descuido no le había impedido perder a los héroes y regresar a casa, por lo que bien podría repetir su hazaña. No era como si Kotetsu pudiese detenerlo, pues Kotetsu era un tonto que actuaba sin pensar, que había activado sus limitados poderes en un arranque de ira que no había servido nada.

Y esa no era su única opción.

Callarlo de manera permanente sería mucho más fácil, convirtiendo el secreto en cenizas.

No era como si a la ciudad le importasen los héroes y sus acciones o muertes una vez apagaban las cámaras.

Quizás en un comienzo habría un revuelo, una investigación; sin embargo, incluso con una testigo acusando a su hijo y una herida en él que demostraba su presencia en el lugar, habían preferido ver a otro lado y enfocarse en otros héroes en vez de destapar verdades y buscar justicia. Y ahora sería igual.

Pero no podía.

Ni siquiera la constante provocación que era ver al espectro de papá a no mucha distancia atrás de Kotetsu, el escucharlo hablando en los silencios que Kotetsu no llenaba y el notar su eterna mirada reprobatoria conseguía que Yuri fuese capaz de atacarlo.

Kotetsu era inocente.

Kotetsu era un ingenuo.

Kotetsu era un verdadero héroe.

Y él mismo era el mayor de los imbéciles, habiendo permitido que Kotetsu lo descubriera de una forma que no le dejaba ninguna oportunidad para inventar una justificación que crease duda razonable; e incluso estando rodeado de evidencia en su contra, no había actuado para hacer del sótano un mar de llamas que la destruiría por completo.

Si lo hacía, ¿Kotetsu podría escapar a tiempo? ¿Lograría sacar a su madre antes de que las llamas también consumieran la casa? ¿Perdería tiempo intentando salvarlo a él?

Las respuestas a los dos primeros interrogantes eran inciertas, pero la última era sin duda alguna «sí».

Porque Kotetsu era un gran tonto que creía que hablar servía de algo; que extendía su mano hacia él en lugar de repudiarlo; que era capaz de verlo a la cara, confesar que no se arrepentía y tocarlo con un cariño que debería haberse esfumado y sin siquiera lucir alerta; que le había ofrecido un día como si confiase que Yuri no haría nada como Lunatic durante ese tiempo.

Yuri no estaba seguro de cómo había conseguido contener tanto una risa desesperada como un llanto inútil, porque Kotetsu estaba comportándose como un lunático mucho peor que él y aun así, Yuri no estaba castigándolo por su obvia indulgencia.

En vez de eso, Yuri se puso de pie con lentitud.

El día siguiente, al final de la noche, tendría que haber decidido cómo actuar y las opciones eran pocas: dejar que Kotetsu lo capturara, solo o con los demás héroes, o enfrentarlo. O escapar.

Kotetsu se alejó de inmediato del escritorio y puso uno de sus brazos tras la espalda de Yuri.

—¿Seguro que es una buena idea que...?

—Pasar veinticuatro horas en una silla no me servirá de mucho —interrumpió Yuri, incapaz de rechazar la ayuda aun cuando hizo un esfuerzo por no apoyarse en él, manteniéndose recto y andando sin afán pero con firmeza.

Que Kotetsu luciese preocupado era una insensatez, mas esa parecía una de las especialidades de Kotetsu, al igual que no rendirse y causar destrozos por doquier sin querer.

—Cierto —aceptó Kotetsu, caminando al mismo ritmo que él camino a las escaleras—, pero no tienes que empeorar tus heridas.

—No estoy tan mal.

Se encontraba adolorido más que nada; no obstante, tal como Kotetsu mismo había confirmado, no parecía tener ninguna herida de gravedad.

Probablemente podría ocultarlo durante el día con la ayuda de más analgésicos y con el tiempo sería ignorable, convirtiéndose poco a poco en algo del pasado que no le dejaría nada comparable con la cicatriz en su rostro.

—Claro —bufó Kotetsu—. Tienes muchas malas costumbres, ¿sabes? No solo lo de... —Kotetsu hizo un gesto con su mano hacia las paredes cubiertas de máscaras, obviamente evitando decir "Lunatic".

Como si Yuri necesitase más pruebas de que Kotetsu T. Kaburagi era el más grande de los tontos.

Yuri prefirió no contestar y comenzó a subir las escaleras, mordiendo su labio inferior tras cada escalón para no exteriorizar el trabajo que le estaba tomando hacerlo.

Tras casi un minuto llegaron a un corredor oscuro en el que Yuri se detuvo, respirando —sin dificultad— para recuperarse por completo y poder hablar sin resollar.

—Sabes dónde está la puerta.

—¿Esperas que me vaya? —El tono de Kotetsu hacía evidente su incredulidad, pero también había una pizca de molestia en el.

—No. —Inconscientemente, Yuri curvó sus labios. A pesar de todo, Kotetsu estaba consciente de su responsabilidad.

—Tendré que hacerlo en algún momento —comentó Kotetsu en voz baja, serio y pensativo—. Si no llego temprano Bunny no me lo perdonará en todo el día. —Yuri giró en sus talones para encararlo con el ceño fruncido, todo asomo de su sonrisa desapareciendo, y Kotetsu enfrentó su mirada—. ¿Qué?

—¿Estás pensando en ir a Apollon Media como si nada?

Kotetsu se encogió de hombros.

—Si quisieras escapar —dijo Kotetsu, dejando claro que entendía qué era lo que Yuri realmente quería saber—, ya lo habrías hecho. Que yo esté aquí o no, no hará ninguna diferencia en lo que hagas, ¿no?

¿Qué era lo que Kotetsu estaba pensando?

¿Acaso lo estaba poniendo a prueba o no estaba considerando las consecuencias, su deber como héroe y lo que Yuri era capaz de hacer?

Yuri frunció el ceño y abrió su boca, mas no llegó a pronunciar palabra alguna ya que alguien tras él, cerca del corredor que llevaba a las escaleras, habló primero.

—¿Yuri? —dijo Origa, aparentemente empujando su silla hacia ellos si juzgaba por el sonido de las ruedas contra la alfombra—. ¡Qué bueno que estás aquí! Tienes que ayudarme a encontrar a tu padre. Es tan tarde y no ha llegado...

Ahora no, rogó Yuri internamente, conteniéndose de presionar una mano con su cicatriz.

Tener que lidiar con Kotetsu descubriéndolo era demasiado por sí solo; mezclarlo con el especto, que de momento estaba en el último escalón de las escaleras que venían del sótano observando la escena, y además con mamá era más de lo que Yuri podía soportar.

—Ah, buenas noches —saludó Kotetsu, visiblemente incómodo, paseando su vista entre madre e hijo y removiéndose en su lugar.

Quizás Origa no notó su presencia o quizá lo hizo y le dedicó un gesto silencioso; fuese como fuera, ella no le respondió en voz alta y se limitó a dirigirse de nuevo a él.

—Yuri...

—Mamá... —Yuri cerró los ojos por un instante y se mantuvo inmóvil, negándose a hacerle frente. Eso solamente empeoraría la situación, pues un vistazo de la cicatriz de Yuri la haría recordar lo que había olvidado nuevamente—. Es tarde, ve a dormir.

—Pero tu padre...

Está muerto.

No decir las palabras que había repetido por años requirió un esfuerzo mayor que el que había necesitado para subir las escaleras, mas apretando sus puños y concentrándose en respirar pausadamente, logró distraerse por unos preciados segundos que le permitieron pensar en algo más apropiado para decir.

—Ve a dormir, mamá —repitió, cansado.

Que su madre viviese perdida en el pasado e intentase que él formara parte de éste era tan agotador como cuando recordaba.

Dejarla en su mundo, solo asegurándose de que no le faltara nada mientras pasaba sus días, era lo único que podía hacer. Salvarla, al fin de cuentas, no había sido suficiente para ella y cada vez que le dirigía la palabra quedaba más claro que no era a él a quien quería cerca.

Pero el hijo que ella no odiaba había desaparecido muchos años atrás y el él de ahora había aceptado que ella nunca agradecería lo que él hizo.

Y no le importaba, tampoco.

No ignorar el mal para recibir algún tipo de reconocimiento era algo que solo la farsa de héroes que hacían parte de HERO TV hacía, no él.

Yuri contó los segundos, tenso ante el silencio que se había expandido allí.

Hasta que su madre no se alejara no podría moverse; Kotetsu no tenía ninguna idea de qué hacer y eso era evidente en la forma en que estaba mirando de un lado a otro; y Origa... ¿por una vez le haría caso y se iría, librándolo de escuchar el repudio que él tan bien conocía?

—¡Maldito monstruo!

Y ahí estaba, por supuesto. Era mucho pedir no tener que pasar por esto esa noche.

Yuri exhaló con lentitud.

—¡Asesino! —continuó ella y sin duda la única razón por la que no había lanzado nada en su dirección era porque no había nada a su alcance en ese corredor—. ¿¡Por qué sigues aquí en vez de él!?

Con su ceño fruncido, Yuri giró su cabeza hacia ella, sabiendo el efecto que eso tendría aun antes de distinguir su figura.

Tal como esperaba, Origa retrocedió, dejando su espalda pegada contra el espaldar de su silla y pronunciando un gimoteo que expresaba un miedo que ella no tenía ninguna razón para sentir.

Él no era como papá. Él nunca le haría daño a un inocente.

Yuri caminó tan rápido como le era posible e inclinó un poco su cabeza para que su cabello ocultara su cicatriz, pasando al lado de Origa para dirigirse directo a las escaleras.

—¿Está bien, señora Petrov?

Por lo que podía escuchar, Kotetsu había decidido prender una luz y tratar de calmar a Origa y tal vez incluso llevarla a otra parte de la casa, cosa que le tomó tanto tiempo que Yuri ya había terminado de subir las escaleras y se había apoyado contra la baranda para descansar cuando Kotetsu fue tras él en una carrera.

—Así que ella sabe —comentó Kotetsu de manera casi casual, deteniéndose junto a él.

Yuri respondió con un bufido.

Lo que ella conocía y lo que no difería mucho de lo que Kotetsu creía.

No era imposible que ella prendiese el televisor y viese HERO TV durante el día, esperando ver a Mr. Legend, mas si había visto a Lunatic alguna vez, nunca había actuado como si lo hubiese hecho y supiese quién estaba detrás de la máscara, pese a que ella había sido una de las primeras personas en presenciar sus llamas en vivo y en directo.

—Probé el teléfono —continuó Kotetsu, toda su atención puesta en Yuri— y sé que funciona.

Porque poder ser contactado en todo momento y por más de un medio, en caso de emergencia, era una obligación en su trabajo. El sonido del timbre, sin embargo, solo era audible en un área de la casa, el sótano, por lo que no había ningún riesgo de que ella contestase una llamada.

—¿Y?

Kotetsu rascó su mentón y dirigió su vista por un segundo hacia el primer piso.

—Estoy intentando entender.

Esa explicación, dicha en voz tan baja que parecía un susurro, fue un golpe para Yuri.

Que Kotetsu todavía quisiese respuestas en lugar de juzgarlo como mamá lo hacía era... una sandez más que no debería afectarlo de ninguna manera, pero lo hacía.

Yuri puso su vista en el suelo y soltó su agarre del pasamanos, encaminándose a su habitación mientras sentía el familiar y doloroso palpitar de su cicatriz.

—No te recomiendo que pierdas el tiempo.

—Sí, bueno —Kotetsu corrió tras él, soltando un resoplido irritado—. No es como si me hayas dejado otra opción.

Desistir no hacía parte del vocabulario de Kotetsu.

Aunque Yuri siempre lo había sabido, la exasperación que le provocaba lo hacía querer tanto cerrarle la puerta de la habitación en su cara como gritarle todas las verdades que Kotetsu no podría descubrir por sí mismo y destruir con ello todo lo que creía, obligarlo a ver la realidad de HERO TV, del mundo, de Yuri mismo.

¿Pero y si no lo conseguía? ¿Y si Kotetsu continuaba siendo él héroe que era? ¿Si no retiraba su oferta de un día y seguía actuando como si Yuri le importase?

Hacer nada era más fácil que afrontar una contestación que no sería satisfactoria.

Porque no quería que Kotetsu dejase de ser un héroe y arrastrarlo consigo nunca había sido su intención.

Al llegar a su habitación, Yuri se limitó a cambiarse con movimientos lentos, remplazando la última prenda que formaba el traje de Lunatic por uno de los viejos pantalones deportivos con los que solía dormir y ocultando los vendajes que rodeaban su pecho con una simple camisa, y pese a la incomodidad de no estar a solas, se dirigió al baño de ésta para ocuparse de cubrir su cicatriz.

Era un proceso que tomaba tiempo sin importar que estuviese tan acostumbrado a realizarlo que era capaz de hacerlo sin siquiera estar verdaderamente despierto, gracias a lo cual pudo permitirse concentrarse en el reflejo de Kotetsu, quien estaba inmóvil en medio de la alcoba, recorriéndola con su vista y frunciendo el ceño.

Era evidente que la austera habitación le desagradaba tanto como el sótano, quizás reconociendo en ella el hecho de que esta recámara, tal como el resto de la casa, era un sitio para pasar la noche y no un hogar.

Tras terminar su inspección al lugar, Kotetsu se enfocó en Yuri y Yuri de inmediato bajó su mirada, usando la excusa que los implementos de maquillaje frente a él le daban.

Todas las capas necesarias para que no quedase ni sombra de su cicatriz nunca le habían traído ningún consuelo, pues el escozor no desaparecía según la ilusión tomaba forma y ahora estaba acompañado por el cosquilleo que había dejado la calidez de la mano de Kotetsu.

El que además Kotetsu estuviese siendo testigo de todo se le antojaba humillante.

Después de todo esta era una máscara que había necesitado para fingir normalidad y que alguien, así fuese Kotetsu, supiese del esfuerzo que requería mantenerla era incluso peor que el que Kotetsu lo hubiese visto sin ella.

Pero la necesitaba.

Al menos si realmente tendría un día para decidir cómo terminaría.

—¿No me dirás...?

—No —replicó Yuri de inmediato cuando Kotetsu rompió el silencio, seguro de cuál era la manera en que Kotetsu terminaría esa pregunta: él quería saber la historia detrás de su cicatriz.

Darle un vistazo al espejo le dio la oportunidad de ver a Kotetsu haciendo una mueca de exasperación. A pesar de eso, Kotetsu no insistió con su interrogante y Yuri pudo terminar con su rutina, sintiendo el peso del paso de los minutos y siendo incapaz de pensar en algo durante ellos.

Y era culpa de Kotetsu.

Su presencia solo le traía dudas que ya ni siquiera podía formular con claridad en su propia mente.

Yuri se contuvo de presionar una mano contra su rostro, consciente de que eso no serviría más que para embadurnar sus dedos y dañar parte del trabajo que acababa de finalizar y que lo hacía lucir como si la mano en llamas de papá nunca lo hubiese tocado.

Vaya farsa.

—¿Y qué vas a hacer? —cuestionó Kotetsu, golpeteando el suelo con uno de sus pies en obvia impaciencia.

Tras una bocanada de aire, Yuri se alejó del espejo y dio media vuelta para volver a la habitación y verlo de frente.

—¿Esperas, entonces, que te informe de todo lo que planeo hacer?

—Podría ser. —Kotetsu se cruzó de brazos y alzó su mentón, desafiante—. Así puedo asegurarme que no harás ninguna tontería.

—¿No habías admitido que tu presencia no haría ninguna diferencia?

—Mira —dijo Kotetsu, descruzando sus brazos para hacer un gesto con una de sus manos—, estoy intentando aquí...

—Estás improvisando —corrigió Yuri. Señalar las incongruencias de Kotetsu era extrañamente fácil, como no lo era el considerar las próximas horas.

—¿Y?

Yuri no tenía una respuesta para ello.

Él se encontraba en la misma situación, al fin de cuentas; aun así, a diferencia de Kotetsu, no podía decir que estaba tratando de lidiar con todo.

Lo que él estaba haciendo era... ¿qué, exactamente?

Por varios segundos, Yuri se limitó a observar a Kotetsu.

Sabía que en él no encontraría ninguna respuesta, mas la familiaridad que había crecido sin que se diera cuenta lo atraía como un magneto e incluso lo hacía querer caer en la corriente que era Kotetsu, que lo invitaba a no pensar y dejarse llevar, así fuese por unos segundos.

Pero eso había sido algo pasajero desde un comienzo. Y él siempre lo había sabido.

Yuri se encontró fijándose en los labios de Kotetsu sin proponérselo, mas se obligó a cerrar los ojos en cuanto lo notó.

Añorar algo que nunca debería haber ocurrido era un sinsentido, tal como lo era el lamentar no poder permitirse surcar la distancia una última vez, buscar su calor y darse un momento de olvido, en el que solo la presencia de Kotetsu importaría y el estado de la podrida ciudad en la que se encontraban dejaría de ser su prioridad.

Porque todo había terminado.

Cerrando sus manos con fuerza para evitar que temblaran, Yuri se forzó a volver a abrir los ojos y a no retroceder al ver los de Kotetsu fijos en él y sin rastro del odio que el héroe conocido como Wild Tiger decía profesar por Lunatic.

Kotetsu era un tonto que no lo veía como un monstruo, contario a mamá.

—Ya lo sabrás —pronunció Yuri, deseando una distracción para interrumpir sus propios pensamientos antes de que continuasen por un camino que no le traería nada bueno.

—¿Qué? —Kotetsu frunció el ceño, obviamente sin entender de qué estaba hablando Yuri, pero poco después pareció captarlo—. Oh —musitó, sin verse particularmente irritado ante esa contestación que no decía nada e incluso suspiró mientras sacudió su cabeza—. Insistes en los secretos hasta el último momento aunque ya no tienes que seguir haciéndolo.

La falta de fuerza en el reclamo fue una sorpresa y a su vez una decepción.

—¿Y no vas a insistir?

¿Acaso se iba a rendir? ¿Él había encontrado finalmente el límite de la paciencia de Kotetsu?

—No pienso jugar más ese juego. —Kotetsu se encogió de hombros. Pese a que se mantuvo firme, la sombra del cansancio del día se estaba haciendo evidente en él—. Ya sabes lo que voy a hacer pase lo que pase y que te escucharé si quieres decir algo.

Sintiendo su garganta repentinamente seca, Yuri tragó saliva con dificultad y examinó a Kotetsu, casi deseando encontrar una clara señal de que este era un ardid de Kotetsu para conseguir las respuestas que no había obtenido con su insistencia.

Aun así, Kotetsu ni siquiera parecía estar mintiendo al decir que estaba dispuesto a escucharlo.

Quizás Kotetsu no se estaba dando por vencido y solo había pausado su búsqueda de la verdad para darle una última oportunidad de decidir...

—¿Realmente estás dispuesto a correr el riesgo? —Aunque se sentía tentado a activar sus poderes y recordarle a Kotetsu la amenaza que podía ser, Yuri se contuvo y aguardó, tenso.

—Si te tengo que detener, lo haré.

Esa sonaba como una conclusión que nunca cambiaría y causó que Yuri resoplara, incapaz de reír, mas invadido por el alivio de ver que la persistencia de Kotetsu seguía intacta, empero su forma de demostrarla había cambiado.


Durante las siguientes horas, Yuri se encargó de revisar su propio testamento bajo la vigilancia de Kotetsu, quien por una vez no intentó llenar el silencio con su usual palabrería.

Todas las provisión que Yuri había considerado dejar en caso de que algo le ocurriese bien podían servir en este caso, aun si tendría que encargarse personalmente de todo en vez de esperar a que alguien más lo hiciese en su lugar y solo tenía un día para ello.

Contactar a las instituciones relevantes, asegurarse de que el dinero que la ciudad le daba por ser la viuda de un héroe fuese destinado para cubrir sus necesidades y garantizar su anonimato era lo principal, y sin duda sería un proceso simple, mas lento debido a la inevitable burocracia.

Pero si no podía completar todo, dejarlo en manos de Kotetsu era una opción, ¿no era así?

Ese pensamiento estuvo a punto de hacerlo sonreír con ironía, pero se contuvo y permaneció inclinado sobre el viejo escritorio de su habitación, preparando el papeleo que sería necesario hasta que el cielo se tornó claro y Kotetsu se puso de pie, estirando sus brazos sobre su cabeza, evidentemente entumido después de pasar tanto tiempo sentado en el borde de una cama sin cambiar de posición.

—Hasta esta noche —se despidió Kotetsu con un tono engañosamente ligero—. No hagas nada estúpido.

Yuri no contestó, mas dejó de prestarle atención a los documentos frente a él para escucharlo bajar las escaleras y aparentemente abandonar la casa, esta vez por la puerta principal.

El que tras eso todo permaneciese en silencio hizo que Yuri respirase con lentitud, preparándose para el resto de su día, porque aunque madre era su prioridad, cerciorarse de que ella estaría bien era solo una fracción de lo que tenía por hacer.

—No hagas nada estúpido, Yuri.

Escuchar de nuevo esas palabras, pero esta vez provenientes de otra voz, le produjo un escalofrío.

Yuri se levantó sin ningún cuidado, indiferente al ruido que produjo la silla al arrastrarse contra el suelo y al dolor que sintió en un costado, girando para fulminar con su mirada al espectro que continuaba ahí, buscando torturarlo incluso ahora.

—Cállate. —A diferencia de Kotetsu, su padre no era un héroe y no tenía ningún derecho de corear las palabras de uno.

El espectro no reaccionó.

—Yuri, no cometas más errores.

Activar sus poderes fue un acto de reflejo, mas logró detenerse antes de lanzar una llamarada contra el espectro, sabiendo bien por experiencia previa que eso no serviría de nada.

—Estoy haciendo lo correcto —pronunció apretando sus dientes.

Acabar con el mal no era un error.

Nunca lo había sido.

Y tenía una última oportunidad para usar sus poderes para limpiar la ciudad, aun si su intento de arrasar el mal no concluiría con él escapando como siempre lo había hecho.

Esta noche todo terminaría.