La luna que aparece de día XI
El frío al comienzo de la mañana no hizo nada por aclarar la mente de Kotetsu, ni tampoco lo hizo ninguna de las tres tazas de café que tomó en Apollon Media, a donde se dirigió directamente luego de abandonar la casa de los Petrov.
A pesar de saber que llamar y excusarse para quedarse a vigilarlo era su deber, el asfixiante silencio y el peso de todo lo que había descubierto en una sola noche lo había sofocado, obligándolo a salir en busca de un cambio de ambiente aun sin en realidad no serviría de nada, porque la verdad seguía siendo la misma incluso bajo la luz del sol.
Yuri era Lunatic.
Kotetsu ya había perdido la cuenta de cuántas veces había repetido esas mismas tres palabras en su mente, contrastando esa verdad con la aparente normalidad que era ver a Yuri concentrarse en papeles varios que, por una vez, no tenían nada que ver con su trabajo, si juzgaba por lo que había alcanzado a ver.
Porque Yuri era Lunatic y se estaba rindiendo; estaba organizando todo lo que dejaba tras él en lugar de escapar; estaba actuando como el juez racional que Kotetsu conocía y no como todo un lunático.
Maldiciendo por lo bajo, Kotetsu llevó sus manos a su cabeza, pasando una por su cabello y restregando sus ojos con la otra.
Quizás era cosa de la falta de sueño, afectándolo ahora que la adrenalina de enfrentarse a Lunatic había desaparecido, y de la tranquilidad con la que habían transcurrido las horas; pero la sensación de irrealidad se había hecho más fuerte e incluso horas después y estando lejos del espeluznante sótano, no había encontrado una respuesta mágica que destruyese la incertidumbre de todo lo que tenía que ver con Yuri y tal vez nunca lo haría.
Kotetsu suspiró y fue directo a la cafetera por cuarta vez en la mañana, golpeándola ligeramente cuando presionar un par de botones no hizo que la máquina supuestamente automática hiciera lo que debía.
La nueva dosis de cafeína que finalmente obtuvo tampoco cambió su perspectiva del mundo, ni mucho menos logró que pudiese dejar de darle vueltas a todas las nuevas piezas que había descubierto, las cuales no se limitaban a lo que había visto en el sótano.
Pese a la falta de palabras de parte de Yuri, el ver un poco más de su hogar, interactuar con su madre y observarlo haciendo algo que tenía que ser parte de su rutina diaria le había hablado de Yuri, su vida y su familia, permitiéndole un nuevo —mas insuficiente— vistazo a todo lo que ocultaba de una manera tan precaria que era inconcebible que hubiese podido hacerlo por tanto tiempo.
La gran cicatriz que cubría gran parte de su rostro era el mayor ejemplo de ello.
El recuerdo de aquella marca bastaba para causarle nauseas, no por la apariencia de la vieja herida, impresionante por sí sola, sino por lo que significaba y la nueva luz que le daba a gestos que, en su momento, le habían parecido triviales.
Como todas esas veces que había visto a Yuri ocultar su rostro con su cabello, cada ocasión en que Yuri había esquivado una caricia. Nada de eso era nacido de miedo a ser descubierto, no si juzgaba por la relativa parsimonia con la que Yuri había aceptado la situación cuando eso sucedió, sino de vergüenza.
Y no era algo puramente estético. De lo contrario no habría usado aquella marca en la máscara de Lunatic.
Esa no era más que la punta del iceberg, pues no explicaba por qué había decidido convertirse en un asesino o la razón por la que la señora Petrov no había denunciado a su propio hijo a pesar de saber lo que él hacía.
Sin duda algo le había pasado a Yuri, a su familia, y quizás ahí residía la respuesta que tanto buscaba...
El computador frente a él parecía una señal y Kotetsu se enderezó, colocando sus manos sobre el escritorio al tiempo que miró de reojo su reloj de pulsera.
¿A qué horas abrían la biblioteca de la ciudad?
Tal vez, tal como había averiguado sobre la familia de Bunny gracias a la hemeroteca de esta, investigar un poco sobre los Petrov le daría más idea de qué había llevado a Yuri por el oscuro camino que había elegido y con eso haría del día más provechoso que solo aguardar la llegada de la noche y acompañar a Yuri a la estación de policía más cercana.
No que ese plan le diese una excusa válida para el haberse arriesgado a dejarlo solo o el todavía no haber contactado a los demás héroes.
Con un nuevo suspiro, Kotetsu inclinó su cabeza y la sostuvo entre sus manos.
Aun si no resultaba ser un error, aun si Yuri no hacía ninguna estupidez, nada justificaría su irresponsabilidad como héroe y pensar pero es Yuri no tenía ningún sentido.
Pero se trataba de Yuri.
Demonios.
Un repentino escozor en sus ojos hizo que Kotetsu los cubriera con una mano, haciendo un esfuerzo por mantener su compostura a pesar de estar solo en la oficina.
Había una parte de él que seguía aferrada al recuerdo de Yuri, el hombre que lo había hecho dejar de sentir la rutina del día a día y que se había instalado en su corazón quizás sin siquiera proponérselo, y vigilarlo como debería o revelarle a alguien más la verdad sería el momento en el que Yuri dejaría de ser Yuri, pues la sombra de Lunatic eclipsaría todo y Kotetsu no podría negarlo más.
—¿Kotetsu?
El sobresalto hizo que Kotetsu alzase su cabeza con tal brusquedad que el impulso consiguió incluso mover las ruedas de la silla, alejándolo del escritorio y dejándolo con la sensación de haber perdido su punto de apoyo por un instante.
—Ah, Bunny —dijo al reconocer a su compañero e hizo un intento de sonreírle—, llegaste temprano.
Era obvio que Barnaby no había notado lo mucho que lo había sorprendido, pues se dirigió a su propio escritorio y habló con normalidad.
—Yo soy el que debería decir eso.
—Vine directo para acá. —Kotetsu se encogió de hombros y paseó su vista por el lugar, no tanto para verificar si alguien más había llegado, sino para no ver a su compañero a los ojos.
¿Bunny notaría que había algo mal, se daría cuenta de la culpa que sentía Kotetsu por mantener el secreto por unas horas más?
—Se nota —resopló Barnaby, mas no había ningún interrogante ni mucho menos reprensión en su tono.
Quizás no sospechaba nada.
—Sí, bueno —Kotetsu cerró sus manos alrededor de la taza ya vacía de café, golpeándola con la punta de sus dedos mientras buscaba algo que decir—, pensaba tomar un baño ahorita y aquí tengo ropa para cambiarme...
Aunque acababa de ocurrírsele, estaba convencido de que era una buena idea. Tal vez un buen baño despejaría su mente como salir y tomar café no lo había hecho y lo prepararía para afrontar el resto del día.
—No parece que hayas dormido mucho. —La voz de Bunny fue lo suficientemente suave para hacerlo sonar preocupado, cosa que solo hizo que la culpabilidad que Kotetsu ya sentía se hiciese más aguda en su pecho.
—Porque no dormí —admitió antes de poder contenerse mordiendo su lengua o echando a correr hacia las duchas.
—¿Eso quiere decir que todo salió bien?
—¿Bien...? —repitió Kotetsu, confundido por un segundo hasta que dirigió su mirada hacia Bunny y vio la pequeña sonrisa divertida en su rostro que daba a entender perfectamente cuál era el motivo por el que creía que Kotetsu había pasado la noche en vela—. ¡Bunny!
—¿Qué? —Barnaby puso sus ojos en blanco—. ¿Pensabas que no sabía?
Kotetsu se contuvo de lamentarse en voz alto, incapaz de precisar qué era lo que Bunny realmente sabía, pues apenas podía recordar lo poco que le había comentado previamente.
—Supongo que no —balbuceó. Su relación con Yuri era algo demasiado nuevo para ponerlo en palabras y aunque no había hecho nada para disimular el que estaban en contacto, el mantenerla como algo privado se había convertido en un hábito que no había notado haber creado en primer lugar, aun si suponía que había buenas razones para ello incluso sin considerar todo lo de Lunatic—. Pero no, anoche no...
—¿Anoche no? —repitió Barnaby, alzando una ceja que dejaba claro que Bunny veía esas palabras como una confirmación.
—¿En serio, Bunny? —Kotetsu frunció el ceño e hizo una mueca con sus labios pese a que se sentía más incrédulo que molesto ante las insinuaciones de Barnaby.
Bunny se encogió de hombros, sus labios todavía curvados en una media sonrisa que delataba que estaba disfrutando de la situación.
—Te lo mereces después de tanto secretismo.
Así que esto era un intento de venganza.
Tal vez se lo merecía y más de lo que Barnaby podía imaginar, mas estas burlas amistosas no eran la forma adecuada de hacerlo ahora que el secreto que estaba guardando —por unas horas más— era mucho más serio que un héroe saliendo con su supervisor, quien además era el juez que solía ver en la corte más que cualquier otro héroe.
—Yo no soy el de los secretos, es Yuri —pronunció Kotetsu sin pensarlo con un tono agrio.
—Oh.
Sin duda Bunny notó que había algo extraño en esas palabras, pues se cruzó de brazos y permaneció inmóvil, con toda su atención puesta en Kotetsu.
Incómodo, Kotetsu se removió en su asiento y cerró sus manos en el borde de éste para evitar volver a restregar su rostro o hacer otro gesto que demostrara abiertamente lo alterado que estaba.
—Mira, es solo que... —¿Cuál era la mejor forma de no mentirle a su compañero, ni decir algo que llevase a que Barnaby fuese directo a arrestar a Yuri, pero que explicase al menos una pizca de la verdad? Quizás, decidió Kotetsu segundos después, dándose por vencido, ni siquiera existía una peor manera de hacer tal cosa—. Es complicado.
—Se trata de Petrov —bufó Bunny—, por supuesto que lo es.
Por unos segundos, Kotetsu observó a su compañero con la boca abierta y finalmente dejó escapar una fuerte carcajada que resonó en todo el piso.
Kotetsu terminó doblado sobre su estómago y consciente de algunas lágrimas escapando de sus ojos sin control, mas fue incapaz de detenerse.
Había algo hilarante en el que Barnaby había dado justo en el blanco sin saberlo. Incluso sin Lunatic, Yuri era todo menos sencillo, su posición no facilitaba nada y su pasado era claramente tan enrevesado que quizá no se había tratado de un solo evento lo que había convertido a Yuri en la persona que era.
El que el descubrir que Yuri era Lunatic no aclarase nada tenía perfecto sentido y el finalmente comprenderlo gracias a Bunny, luego de que una parte de sí había seguido rumiando en busca de una única respuesta que iluminase todo, le traía un alivio inesperado y quizás por eso su tensión había desembocado en este ataque de risa.
—Sí, sí —admitió al fin, secando sus lágrimas con un dedo y sonriéndole sin dificultad a su compañero—. Siempre ha sido así.
Que Bunny estaba estupefacto ante su arrebato era evidente, mas Kotetsu fue incapaz de explicarle. Tendría que hacerlo en un futuro muy cercano, pero por ahora quería disfrutar de este instante de tranquilidad al que había llegado.
—Tienes toda la razón, Bunny —reafirmó Kotetsu, poniéndose de pie y estirando sus brazos sobre su cabeza—. Sabía que podía contar contigo.
La confusión se hizo más evidente en Barnaby; sin embargo, dio media vuelta en sus talones y comenzó a caminar hacia el ascensor.
—Estaré en el taller. —Barnaby no miró atrás y su tono se tornó irritado cuando añadió—: Ve a tomar un baño, apestas.
Kotetsu suspiró de manera exagerada para que Bunny pudiese escucharlo.
—No eres nada adorable. —Pese a su queja, Kotetsu sonrió y él mismo partió a tomar una ducha que, sospechaba, lo refrescaría como no lo habría hecho minutos atrás.
A pesar de que no pasó más que unos minutos en la ducha, fue más que suficiente para hacerlo sentirse como un hombre nuevo. Afeitarse para que su barba continuase con la forma adecuada y cambiarse de ropa completó el efecto, y cuando Kotetsu se reunió de nuevo con Bunny, ya nada delataba el hecho de que la noche anterior no había pegado un ojo.
No obstante, para prevenir que eso cambiase de un momento a otro, Kotetsu tomó un par de tazas de café más antes de que abandonaran Apollon Media para hacer las rondas del día y luego otra más según recorrieron la ciudad.
La mañana comenzó con una calma que hizo que la noche anterior pareciese un sueño; sin embargo, pronto fue obvio que los chicos aún no habían despertado de éste, pues incluso usaron los comunicadores para rememorar su papel durante el robo, siempre con un tono maravillado, como si no pudiesen creer que hubiesen participado en un arresto tan grande e importante.
—Deberían concentrarse en lo que están haciendo hoy —renegó Bunny, mas por alguna razón no lo dijo por el intercomunicador.
Era tan obvio que su compañero quería dejarlos disfrutar su momento mientras todo estaba tranquilo que Kotetsu le sonrió, dándole un codazo sin ninguna fuerza.
—Tenemos que aprovechar para celebrar mientras podemos, ¿no?
—Sabes que eso hicimos anoche —señaló Barnaby con un tono neutro que casi parecía un reproche y con buena razón.
Kotetsu había cancelado sus planes con Bunny y los demás héroes repentinamente, eligiendo buscar a Yuri en vez de eso, y en medio de las revelaciones de la noche incluso lo había olvidado. No que Bunny necesitase saber todo eso, por lo que intentó disimular el que hasta ahora recordaba aquella celebración a la que no había asistido.
—Sí, sí, pero...
—No me digas que vas a sugerir repetirlo porque te lo perdiste. —Bunny suspiró como si la sola idea lo dejara agotado.
—¿Qué, no te divertiste anoche? —cuestionó Kotetsu con incredulidad. Después de tanto tiempo, él sabía que Barnaby había llegado a apreciar a los demás héroes y que cuando realmente no quería estar en compañía de nadie y no estaba obligado a ello, evitaba a todos sin siquiera usar excusas.
—No he dicho eso.
Tratándose de Barnaby eso significaba que la había pasado bien, por lo que Kotetsu rió de buen humor.
—¿Qué hicieron al fin?
Durante los siguientes minutos, Kotetsu escuchó con una sonrisa el relato de la velada de la que se había perdido, la cual había incluido una comida en un bufet y una visita a un bar una vez todos los menores de edad se habían ido.
—Ellos todavía estaban cantando cuando yo me fui —finalizó Barnaby con exasperación, refiriéndose a Sky High y Rock Bison, quienes habían terminado en un concurso a capela instigado por Fire Emblem.
—¿No creías que podías ganar? —se burló sin ninguna mala intención Kotetsu, divertido al imaginar la escena.
—¿Por qué querría competir en algo así? —rebatió Bunny de inmediato con un tono ofendido que no engañó a Kotetsu ni por un segundo.
—En resumen, fue una buena noche.
Quizás había algo extraño en su voz que Bunny interpretó como un anhelo de haber estado allá, pues se quedó observándolo con una expresión pensativa.
—Kotetsu...
—¡Ayuda!
—Se acabó el descanso. —Kotetsu echó a correr hacia el lugar de donde provenía el grito, sin saber si agradecía la interrupción o no.
El caso resultó ser un simple robo que solucionaron en menos de un minuto, sin necesidad de usar sus poderes y sin hacer ningún tipo de daño en el proceso. Otra victoria (aunque pequeña) para los héroes.
Bunny no intentó revivir el previo hilo de conversación tras eso y el único otro incidente luego de ese fue un accidente en el que sacaron a dos personas atrapadas en un auto volcado, a quienes dejaron al cuidado de los paramédicos inmediatamente después.
Por lo que escucharon por los comunicadores, los chicos tuvieron un par de casos similares de los que se encargaron con cierto nerviosismo, pero que terminaron bien y que los dejaron evidentemente entusiasmados y con más confianza de que la próxima vez también lo harían bien.
El buen ánimo abundaba cuando toda la segunda liga se reunió al medio día para una corta reunión sobre la mañana y recibir detalles de las zonas que patrullarían antes de almorzar, cosa que Chopman sugirió que hicieran juntos.
—¿Tienes planes? —cuestionó Barnaby luego de mencionar que no tenían que volver a Apollon Media hasta la noche.
Kotetsu tuvo que tomarse un momento para pensarlo.
Sabía que ir a ver —o por lo menos llamar— a Yuri era una buena idea e incluso podía ser considerado como lo mínimo que debía hacer, y además había considerado visitar la biblioteca para investigar a la familia de Yuri.
Pero no.
Le había prometido un día y se lo iba a dar, sin interrumpirlo o hacerlo sentirse vigilado cuando no estaba haciendo más que poner en orden todo lo que dejaría atrás; y cualquier cosa que averiguara sobre los Petrov sería solo una pieza más en lugar de esclarecer todo, por lo que podía hacerlo en un futuro cercano o lejano.
Tras una larga exhalación, Kotetsu negó con su cabeza.
—Nop y me estoy muriendo de hambre.
Era cierto; además, la cafeína había dejado de surtir efecto y el no haber desayunado no le estaba haciendo ningún favor, pues comenzaba a sentirse agotado pese a que no había ocurrido mucho durante la mañana e incluso, una vez se sentaron, tuvo que ocultar varios bostezos detrás sus manos.
Un perro caliente y dos nuevos cafés extra-grandes fueron su fuente de energía para el resto de la tarde, en la que sólo se toparon con un incidente que involucraba una tienda, descuentos y clientes que querían llevar todo así tuviesen que quitárselo de las manos a otros clientes y en el que toda la segunda liga tuvo que intervenir.
Y tras la tarde, llegó la noche.
Kotetsu consultó su reloj repetidas veces cuando Bunny no estaba mirando, consciente de que con el paso de los segundos el tiempo que había impuesto se estaba acabando y llegaría la hora del adiós.
Con una sensación de opresión en su pecho y un nudo en su garganta, Kotetsu siguió a Bunny a Apollon Media sin hablar mucho en el camino, sintiéndose todavía incapaz de enfrentar lo que estaba por suceder.
Quizás, si no lo hiciese solo...
Pero no, no podía decirle a Bunny todavía. Ni siquiera estaba seguro de si sería capaz de hablar con él o con alguien más incluso después de que toda la ciudad se enterase, ya que él mismo estaba teniendo problemas justificando el haberle dado un día.
Aun así, no se arrepentía.
El que Lunatic no hubiese aparecido en ninguna parte de la ciudad, ni se estuviese hablando de un juez desaparecido, probaba que no había sido un error el haber confiado en que Yuri haría lo correcto con esta oportunidad.
Y si eso había salido bien, tal vez el resto también lo haría...
—Esta es la cuarta vez que ves la hora.
Las súbitas palabras de Bunny sobresaltaron a Kotetsu.
Se encontraban ya en el piso donde los poco usados escritorios de ambos estaban ubicados y lo único que les quedaba por hacer era redactar los informes del día; Kotetsu no recordaba haber subido un poco la manga de su camisa para darle un nuevo vistazo a su reloj y solo gracias al comentario de Barnaby se fijó realmente en la hora —apenas las siete.
—Ni me había dado cuenta —admitió, avergonzado, llevando una mano tras su nuca en un gesto inconsciente.
—Pensé que no ibas a seguir tan distraído —añadió Bunny con cierta exasperación en su voz, tomando asiento.
—Yo también. —Kotetsu no imitó a su compañero e inquieto como estaba, terminó dirigiéndose hacia el mueble donde la cafetera se encontraba y una vez sacó su pocillo usual, tocó varios botones esperando que alguno hiciese que la máquina hiciese lo que debía, ya que no recordaba cuál era el indicado.
—¿Otro café?
Para su suerte, Kotetsu obtuvo su nueva taza de café al tiempo que escuchó a Barnaby pronunciar esa pregunta con un tono lleno de incredulidad.
—¿Cómo esperas que no me quede dormido con tanto papeleo? —Esa no era del todo una mentira, pues llenar reportes sobre lo ocurrido en el día realmente era aburrido incluso en un buen día—. ¿Quieres? —ofreció, haciendo un ademán de sacar otra taza.
Bunny negó con su cabeza.
—Yo sí planeo dormir esta noche.
Aunque Kotetsu tuvo que aceptar consigo mismo que era probable que Barnaby tuviese razón y él no pudiera pegar un ojo esa noche, tenía la certeza de que todo el café que había bebido hasta ahora no sería el responsable de ello, por lo que apretó sus labios para no sonreír con ironía y se dejó caer en su silla, dispuesto a tomarse esta nueva dosis de cafeína mientras escribía el resumen de los incidentes del día.
Aun así, no llegó a hacerlo.
Varias sirenas resonaron en alguna calle cercana y al mismo tiempo escuchó voces en alguna oficina del mismo piso pidiendo que pusieran HERO TV y con eso su intento de concentrarse fue interrumpido incluso antes de poder comenzar.
¿Que había pasado?
¿Acaso Yuri...?
Kotetsu sintió una gota de sudor frío recorrer su espalda y se levantó de un salto, viendo a Barnaby fruncir el ceño, tipear un par de comandos y hacerle un gesto para indicarle que se acercara y se fijara en la pantalla de su computador.
Y en ella no estaban mostrando la máscara de Lunatic.
El alivio que eso le produjo fue tal que Kotetsu tuvo que agarrarse del espaldar de la silla de Barnaby para mantenerse en pie y en su mente le agradeció a su compañero por su rápida reacción al investigar qué había causado esa conmoción, pues de lo contrario él no sabía qué habría hecho.
¿Salir corriendo impulsado por el miedo de que lo peor estuviese sucediendo, sin ninguna idea de adónde dirigirse para encontrar a Yuri?
Su sosiego no duró mucho, sin embargo, ya que tras un par de segundos pudo procesar lo que sí estaba siendo grabado por las cámaras de HERO TV y que, acompañado por los titulares en la parte inferior de la pantalla, mostraba un panorama alarmante pese a que Lunatic no estaba involucrado en el.
Uno puente que conectaba una de las salidas de la ciudad, que a esta hora del día era transitado por centenares de personas, había sido atacado.
Por quiénes, no estaba claro, pero podían ver a la primera liga luchando contra algo que bien podía ser robots o personas en un traje robótico o algo peor.
—¿Androides de nuevo? —cuestionó Kotetsu en voz baja, observando la pantalla con los ojos entrecerrados y apretando más sus puños en el espaldar del asiento.
—Esperemos que no.
Los héroes se estaban esforzando; no obstante, el que sus enemigos fueran más que ellos y que a su alrededor no hubiesen más que autos cuyos conductores y pasajeros no podían abandonar debido a la batalla, los tenía una obvia desventaja, pues estaban pasando más tiempo protegiendo a los civiles que consiguiendo hacer algo contra los atacantes.
—Tenemos que ayudarlos —pronunció Kotetsu, enderezándose.
—Sabía que dirías eso —suspiró Bunny, mas se puso de pie a la vez que apagó la pantalla.
Confundido, Kotetsu parpadeó.
—¿No me vas a decir que no estamos cerca o que no nos han llamado?
Eso era lo que solía suceder, al fin de cuentas.
Barnaby puso sus ojos en blanco y comenzó a andar a paso rápido.
—Esta es una emergencia mucho más seria.
Que esta vez Bunny lo estuviese apoyando en su idea de darles una mano no lo hacía sentir mejor y todo se debía a las implicaciones tras ello. Porque este no era un crimen cualquiera, aun si HERO TV lo estaba mostrando como si lo fuera, y aunque Kotetsu no podía precisar cómo lo sabía, su intuición se lo decía y la actitud de Barnaby le hacía pensar que su compañero presentía lo mismo.
—No estaban diciendo nada de los criminales —comentó Kotetsu una vez estuvieron ya con sus trajes llegando a la moto que por suerte estaba en perfecto estado y lista para ser usada.
Barnaby lo miró de soslayo, subiendo al vehículo y encendiéndolo.
—Imagino —dijo con un tono pausado que contradijo la velocidad con la que arrancó apenas Kotetsu estuvo sentado en el sidecar— que Agnes se está negando transmitir sus demandas.
—Así que están amenazando y secuestrando —concluyó Kotetsu, terminando de atar los cabos.
Tal como Ouroboros había hecho tiempo atrás.
Este no era un robo o un crimen de odio; era un intento de apoderarse de una vía importante de la que muchos dependían para salir de la ciudad y tener por rehenes, quizás no a todos los ciudadanos de Sternbild, pero a un número considerable que les daba una ventaja y si bien no lo habían hecho de forma en que los héroes tuvieran que quedarse atrás y aguardar por una oportunidad, no por eso se trataba de una situación menos delicada.
—Tal vez —el tono lúgubre de Bunny lo decía todo: él se estaba acordando lo mismo.
Con razón había accedido a que fueran...
Sin duda este era el momento de decir algo, lo que fuera, que sacase a su compañero de esos malos recuerdos que estaban ligados a más que a la batalla contra Jake —los años buscando al asesino de sus padres, la búsqueda de Ouroboros, el descubrir quién había estado detrás de todo...
Mas Kotetsu se encontró con su mente en blanco.
Hoy era el peor día para algo como esto.
Él apenas estaba siguiendo adelante gracias a su determinación y a la cafeína, arrastrando consigo el peso de la identidad de Lunatic en su consciencia y el de no estar preparado para enfrentar el final, y aunque confiaba que podría ser más útil en el puente que en Apollon Media y sabía que la adrenalina, sus poderes, su experiencia y el deseo de ser un héroe lo harían actuar, pensar en las palabras apropiadas para romper la tensión requería más de lo que podía hacer actualmente.
Pero no podía quedarse en silencio, no podía permitir que el pasado afectara a Bunny.
—No es Ouroboros. —Era un hecho que valía la pena mencionar, mas Kotetsu se arrepintió de ello apenas lo hizo.
—Lo sé. —La respuesta de Bunny fue brusca, pero no tuvo oportunidad de añadir más pues un corto pitido en los comunicadores de ambos interrumpió cualquier posible conversación. Bunny recibió la llamada de inmediato.
—Bonjour, héroes —habló Agnes rápidamente—. Imagino que saben qué está pasando y adónde dirigirse. Apoyarán a Origami sacando a todos los civiles posibles.
—Estamos en camino.
Si a Agnes le sorprendió saberlo, no perdió el tiempo mencionándolo y se limitó a cortar la comunicación, dejándolos recorriendo las calles iluminadas por grandes pantallas que mostraban la transmisión de HERO TV.
Por lo que Kotetsu pudo ver, Blue Rose estaba intentando crear una barrera de hielo que separase a los atacantes de los civiles lo suficiente para darles a quienes estaban atrapados en sus autos la oportunidad de escapar por sí solos, pero la cantidad de vehículos y el miedo contribuían a que eso no fuese tan efectivo como quizás ella esperaba que lo fuera.
Los demás estaban luchando, mas lucían como si estuviesen concentrados tratando de mantener a los atacantes a raya antes que nada.
¿Por qué?
Ninguna toma vista por unos segundos, de pasada, le dio la respuesta y esa incertidumbre sólo incrementó su inquietud e hizo que su corazonada de que iban a enfrentar algo más serio fuese cada vez más difícil de ignorar.
—¿Qué crees que está pasando realmente? —cuestionó Kotetsu al fin, consciente de que estaban a un par de minutos del puente, al que ya alcanzaba a vislumbrar a lo lejos.
Barnaby no desvió su mirada al tiempo que se inclinó un poco hacia adelante, obviamente impaciente por llegar cuanto antes a su destino.
—Nada bueno.
Entender que no era el momento para teorizar qué encontrarían fue lo mantuvo a Kotetsu callado y con sus ojos bien abiertos, intentando ver algo que le dijese más que lo poco que había visto de la trasmisión de HERO TV, mas no tuvo ningún éxito, solo notando unos pocos destellos rojos cerca del centro del puente que, sospechaba, eran obra de Fire Emblem.
—¿Estás bien? —preguntó Barnaby, tomando una curva sin disminuir la velocidad y obligando a Kotetsu a agarrarse con fuerza para no salir despedido del sidecar gracias a la inercia.
—¿No soy yo el que debería preguntar eso? —rebatió Kotetsu, confundido y no sin cierta irritación.
Él estaba tan preparado como cualquier héroe para afrontar lo que encontrarían, por no mencionar que él era quien tenía razones para preocuparse por Bunny. No era como si creyese que todo lo relacionado con Ouroboros había quedado en el pasado y si bien esto no tenía que ver con la organización de Maverick, Kotetsu sabía que un mal recuerdo tenía tanta fuerza como un hecho real.
Kotetsu pudo notar que Bunny apretó sus labios por un segundo, mas cuando abrió su boca poco después lo hizo para decir algo que no estaba relacionado con lo que habían acabado de hablar.
—Mira.
De reflejo, Kotetsu así lo hizo, fijándose de nuevo en el lugar al que estaban acercándose y de inmediato maldijo por lo bajo.
—Esto es malo.
Una parte del puente, el extremo más cercano a la avenida que llevaba a el, había sido destruida, dejando un agujero de varios metros que llevaba al río bajo este, imposibilitando por completo abandonar el puente y regresar a la ciudad.
Con razón los autos no estaban moviéndose a pesar de que la barrera de hielo creada por Blue Rose los estaba manteniendo separados de la batalla
—Sí. —El monosílabo de Barnaby estaba cargado de la misma tensión que Kotetsu estaba sintiendo.
Cuando Kotetsu y Bunny se detuvieron al borde de la brecha, descubrieron que Origami estaba ahí, dándole instrucciones a la gente y aparentemente aguardando por refuerzos.
Su alivio y el de todas las al verlos fue evidente, mas la algarabía de los civiles evidenció cuán grande era el número de personas esperando a ser rescatadas.
—Si lo hacemos uno por uno tomará demasiado —pronunció Kotetsu por lo bajo, contando cuántas personas podía ver y dándose por vencido un segundo después. Había demasiada gente —docenas— y solo teniendo sus cables lo que podría hacer era limitado.
—Este no es el momento para usar nuestros poderes —señaló Barnaby con seriedad, cerrando su casco.
—Lo sé.
Inquieto, Kotetsu usó sus cables para llegar al otro lado junto a Bunny, yendo de inmediato al lugar en el que Origami Cyclone se encontraba.
—Sentimos habernos tardado —saludó Barnaby con una voz tranquila, como si a pocos metros la primera liga no estuviese enfrentando criminales dispuestos a derribar un puente y matar a todas las personas en el.
Era un esfuerzo para parecer calmado y hacer sentir mejor a los presentes; reconociéndolo, Kotetsu siguió el ejemplo de su compañero al asegurar en voz alta que todo estaría bien antes de inclinarse un poco hacia Origami para hablarle al oído.
—Podrías transformarte en una tabla larga... —le sugirió en un susurro. Él había visto a Origami convertirse en un objeto en más de una ocasión y esa, quizás, sería la mejor forma de salvar el día.
—No podría soportar el peso de todos... —murmuró Origami en respuesta con su cabeza gacha, sacudiéndola en una negación de inmediato.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Barnaby, también manteniendo su voz baja para que ninguno de los civiles en la cercanías los escuchara.
—Creo que los demás están trayendo algo que nos ayude —replicó Origami—, por ahora...
—Comenzaremos evacuando a todos los que podamos —concluyó Bunny.
—Sí, esa es la idea. —Origami ni siquiera sonaba molesto por la interrupción y tras un segundo alzó su voz, dando más indicaciones sobre no acercarse al borde, hacer dos filas y mantener la calma.
Eso último, por supuesto, era todo menos fácil cuando podían escuchar ocasionales gritos, pequeñas explosiones que hacían temblar la estructura y lo que sonaba como ocasionales disparos.
Aunque no hubo un ataque de pánico general, más de una persona intentó hacerse paso a empujones, exigiendo tener prioridad incluso sobre los niños presentes, quienes habían quedado al comienzo de la fila gracias al trabajo de Origami, según pasaron los minutos y fue obvio lo lento que era el proceso de llevar una persona a la vez al otro lado, y también hubo un par con las prioridades equivocadas que decidió quejarse por tener que dejar su auto atrás.
Pero nada de eso era el verdadero problema.
—No vamos a terminar nunca —masculló Kotetsu después del viaje número ya-perdí-la-cuenta, girando sus brazos ya cansados con todo y la ayuda de su traje debido al pasar tanto tiempo balanceándose de un extremo a otro con sus cables.
—Y no sabemos cuánto más aguantará —murmuró Barnaby, dándole un vistazo a la barrera de hielo.
—O si quedan civiles en ese lado. —Pese a que sospechaba que no era así, ya que de lo contrario Blue Rose no habría creado esa barrera o alguno de los héroes los habría estado sacando del peligro, la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo detrás del hielo lo hacía preguntarse si habían personas en riesgo inminente.
—Por supuesto que no —dijo Agnes de repente por los intercomunicadores. Kotetsu saltó del sobresalto, habiendo perdido la costumbre de escucharla dando instrucciones en medio de una emergencia—. El resto de la segunda liga está a un minuto de allí y van con ayuda.
Dicha ayuda resultó ser una flota completa de carros de bomberos cuyas largas escaleras fueron colocadas horizontalmente para permitir que todas las personas que continuaban en la estructura pudiesen atravesar por sí mismos el agujero donde antes había habido un puente.
Si bien el miedo dificultó tal tarea, el grupo de héroes apoyándolos convenció a que nadie se quedara atrás y finalmente, tras lo que se sintió como una eternidad, solo quedaron autos abandonados temporalmente.
—Bien, ahora solo queda detenerlos.
¿Y por qué los demás héroes no lo habían conseguido?
—Obviamente —replicó Barnaby y aunque Agnes intentó decirles algo, ambos la ignoraron y subieron a la parte más alta de la barrera de hielo y allí finalmente Kotetsu pudo hacerse una mejor idea de qué estaba pasando.
Si este lado había quedado protegido gracias a Blue Rose, quien continuaba fortaleciendo el hielo a la vez que se encargaba de cada criminal que trataba de acabar con la barrera, el otro extremo del puente seguía siendo protegido por Rock Bison y Fire Emblem, ambos todavía impidiendo que cualquiera de los atacantes consiguiera ir tras las personas que habían escapado sanos y salvos hacia la salida de la ciudad.
Dragon Kid y Sky High se encontraban en todo el centro, luchando con ahínco como si estuvieran esforzándose por impedir algo.
Y los enemigos... eran muchos más de lo que había parecido por televisión. La desventaja numérica era tan obvia que explicaba por qué continuaban luchando.
Más claro no podía ser que necesitaban una mano.
—Hora de rugir salvajemente —anunció Kotetsu, dejándose caer sobre uno de los criminales más cercanos a la barrera, usando la fuerza de la gravedad y el peso de su traje para dejarlo fuera de combate.
—Por favor deja de decir ese tipo de frases. —Barnaby lo imitó y pronto estuvieron luchando mano a mano contra el notorio número de enemigos, silenciosos y no particularmente fuertes, pero molestos gracias a ser tantos.
—¿Qué tienen de malo? —se quejó Kotetsu, mientras poco a poco se abrieron paso hasta la zona donde se encontraba Blue Rose.
Ella, para sorpresa de Kotetsu, los recibió con el ceño fruncido.
—¿Qué están haciendo? —Blue Rose congeló una parte del suelo, consiguiendo con ello que uno de los enemigos resbalara y se llevara por delante a otro, cayendo ambos a un lado con un sonido metálico hueco.
—¿No es obvio? —Kotetsu noqueó a uno con un solo puño, notando una vez más la falta de resistencia.
—Si quieren ayudar —dijo ella, haciendo una pausa para tomar aire al tiempo que congelaba a otro atacante—, este no es el lugar.
—¿Qué? —Había algo que no cuadraba y Kotetsu no entendía qué era incluso ahora.
—¿No creen que he intentado moverme de aquí? —resopló Blue Rose, impaciente, y apuntó sus pistolas congelante hacia los varios atacantes que estaban golpeando la barrera de hielo, inmovilizándolos a todos con un solo impacto.
—¿Qué están intentando? —cuestionó Barnaby, sonando de nuevo preocupado, mas quizás uniendo los puntos más rápidos que Kotetsu.
—Está —corrigió Blue Rose—. Parece que solo hay uno.
—Y estos son robots.
Lo que Barnaby estaba diciendo explicaba todo.
Por eso eran tantos y no resistían mucho a pesar de que conseguían mantenerlos ocupados, lanzándose al ataque sin ningún descanso como si fuesen una simplista tropa decidida a seguir adelante y acabar con lo que tuviesen al frente. Con razón la primera liga se había esforzado en mantenerlos a todos en el medio del puente.
Había una buena noticia en eso, sin embargo: si atrapaban a la mente maestra, podrían detenerlos a todos.
La pregunta era, ¿dónde estaba? ¿En el puente, luciendo igual que los robots para pasar desapercibido, o en otra parte, controlando todo desde un lugar seguro?
Aunque Kotetsu estuvo a punto de preguntar eso en voz alta, se vio interrumpido por un sonido que indicaba que habían abierto una línea del intercomunicador, mas la estática que siguió tras eso solo le permitió escuchar la última parte de lo dicho por Sky High.
—¡... tiene una bomba!
—¿Bomba?
—¡Está intentando destruir el puente! —gritó Dragon Kid.
El recordar que ella y Sky High estaban en el centro fue suficiente para que Kotetsu sintiese que entendía a la perfección la situación y también supiese qué hacer.
—¡Bunny!
—¡No tienes que decirlo!
Ambos activaron sus poderes al mismo tiempo, abriéndose paso a la fuerza sin mayores dificultades pese al todavía notorio número de robots interponiéndose en su camino. El haber llegado tarde, antes de quedar atrapados en mares de metal autómata, fue una ventaja que los demás héroes no habían tenido, al igual que el poder moverse cien veces más rápido de lo normal, dejando cada lugar mucho antes de que los robots rodeándolos se incrementaran innecesariamente.
Pero a pesar de que el que ya habían evacuado a todos le quitaba un peso de encima, la presión debido al límite de sus poderes y de la inmediatez del peligro bastó para que gotas de sudor frío rodaran por la frente y espalda de Kotetsu.
Sólo tenía un minuto para localizar al culpable tras todo, el que tenía la bomba, si quería ayudar.
¿Y dónde estaba?
Kotetsu solo veía autos abandonados, pilas de robots fueras de combate y muchos otros todavía moviéndose. Y Sky High y Dragon Kid, los que estaban tan cerca del que estaba detrás de todo para saber lo que estaba intentando, se encontraban...
—¡Están arriba!
Barnaby saltó al tiempo que dijo esas palabras y Kotetsu lo imitó, confiando ciegamente en su compañero y yendo tras él sin confirmarlo.
Tal como Bunny había dicho, arriba, sobre las vigas de soporte, estaban Sky High y Dragon Kid luchando y a cierta distancia de ellos, trepando hasta el punto más alto en diagonal, moviéndose hacia el gran pilar central, había un único robot.
No, ese era un hombre vistiendo un traje robótico.
Si bien su salto no lo había llevado exactamente hacia ese lugar, Kotetsu usó sus cables para corregir su rumbo y pudo impulsarse en la dirección correcta, aterrizando en una viga próxima a en la que se encontraba el criminal.
El hombre lo notó de inmediato y a diferencia de los autómatas que parecían tener un número limitado de acciones, se giró hacia ellos.
—¿Piensan que pueden detenerme?
—Es lo que estamos haciendo —afirmó Bunny, aterrizando a poca distancia de Kotetsu.
—Entréganos esa bomba y detén a tus robots. —Kotetsu presionó un botón de su traje, consiguiendo ver de inmediato en su casco el conteo regresivo. Veintitrés segundos. Eso era lo que le quedaba.
—Ja, podrán haber sacado a todos, pero este puente dejará de existir así sea lo último que haga.
—Entonces por las malas. —Kotetsu se lanzó contra el hombre, sin permitirse un solo segundo para pensar en la extraña meta que el culpable parecía tener, mas no contó con que un robot dejaría sus repetitivos movimientos para abalanzarse contra él, bloqueando su camino.
Aunque Kotetsu pudo lanzarlo a tierra con un puño, los segundos que le tomó hacerlo le bastaron al hombre para moverse rápidamente, cada vez más cerca del pilar principal. Si realmente tenía una bomba y la detonaba, realmente acabaría con el puente.
Por lo que Kotetsu pudo escuchar, Barnaby se vio detenido de la misma forma.
¿Acaso estaban programados para hacer de proyectiles cada vez que alguien se acercara a su controlador?
En los siguientes diez segundos, Kotetsu confirmó su teoría y maldijo por lo bajo, viendo como ni siquiera su fuerza aumentada bastaba para no verse perdiendo tiempo quitándolos de su camino mientras el hombre se acercaba más y más a su blanco.
Faltando solo tres segundos para su límite, Kotetsu cambió su rumbo, acercándose a Bunny y encargándose del par de robots que habían estado a punto de atacarlo.
—Déjame los robots a mí —le dijo, resignado a no poder hacer más—. Yo te cubriré.
—Lo detendré —prometió Barnaby.
Quizás deberían haber hecho eso desde el comienzo.
Incluso sin sus poderes, los robots no era una amenaza seria y consiguieron acercarse más con ese trabajo en equipo, el cual constituía en Kotetsu usando sus cables para interceptar a los robots y noquearlos antes de que bloquearan a Barnaby y Bunny saltando hasta que finalmente llegó a la misma viga que el hombre y pudo agarrarlo de un brazo.
Esa Victoria, sin embargo, fue corta.
En un parpadeo, una docena de robots trepó con una velocidad impresionante y uno de ellos arrancó un pedazo del traje de su creador y continuó su carrera.
—¡Ya activé la bomba! —anunció el criminal con una risa maníaca, dándoles una idea clara de dónde había estado la bomba en primer lugar—. ¡En unos segundos ya no habrá nada!
Con el robot a punto de estrellarse contra el pilar y un séquito de otros tras el, sin duda para hacer de estorbo, las opciones que tenían eran limitadas.
Intentar desesperadamente lidiar con los obstáculos para alcanzar la bomba y que Bunny se encargara de lanzarla lo más alto posible, con la esperanza de que la onda de la explosión no los alcanzara, o huir. Ya habían evacuado el puente, por lo que solo la estructura resultaría dañada y aun si eso era lo que el criminal quería lograr, el arrestarlo y que nadie saliera herido era suficiente...
—¡Bunny!
Kotetsu no pensó, actuando por instinto al dirigirse hacia su compañero y agarrar al hombre para impedirle escapar en el caos que sin duda quedaría una vez la bomba detonara y Bunny, sin duda entendiendo, se impulsó con la fuerza extra que le daban sus poderes hacia el robot.
Cada segundo fue una eternidad de incertidumbre e impotencia.
No había más que hacer salvo esperar y confiar en su compañero y rogar que tuviesen el tiempo suficiente y no terminaran recibiendo lo peor de la explosión, pues aun si los trajes de ambos eran resistentes —cosa que Saito amaba demostrar— eso no quería decir que nada podía hacerles mella.
Además los demás héroes también estaban cerca, todavía ocupados con los enjambres robóticos, al igual que el culpable, y sin la misma protección que ellos...
Con su respiración contenida, Kotetsu vio a Barnaby estirar su brazo, ya a poca distancia del que tenía la bomba, pero antes de poder tocarlo otro robot saltó sobre él, desviándolo lo suficiente para impedirle agarrarlo y hacerlo caer vertiginosamente.
Kotetsu gritó y quizás se habría arrojado tras su compañero o habría hecho su propio intento de acercarse al explosivo con la ayuda de sus cables para hacer algo incluso sin sus poderes, mas en cuanto sus dedos dejaron de asir al culpable tras todo esto, se vio interrumpido.
Mucho más rápido de lo que él podía moverse sin sus poderes, un destello azul —una flecha de llamas— cruzó el aire, dando con precisión en el robot que tenía la bomba y llevándolo por el aire gracias a su impulso, alejándolo unos metros de la estructura justo en el instante en el que explotó.
El estallido de este fue tan fuerte que hizo que toda la estructura del puente temblara a pesar de no haber estado en contacto con el explosivo y su estruendo bastó para que un pitido se apoderase de los oídos de Kotetsu, impidiéndole escuchar si alguien estaba hablando por el intercomunicador.
Kotetsu terminó de rodillas, aferrándose con ambas manos de una viga para no caer no solo debido a las vibraciones, sino a las repentinas nauseas que no tenían nada que ver con el movimiento de la estructura.
Él sabía bien qué había pasado.
Yuri estaba ahí.
Todavía incapaz de escuchar o de sostenerse en pie, Kotetsu buscó con su mirada en sus alrededores y lo localizó justo en el momento en el que disparó tres nuevas flechas de llamas hacia un lugar a la derecha de Kotetsu.
Al voltear a ver, fue testigo de cómo las flechas bloquearon el escape del culpable, quien aparentemente no había desaprovechado la oportunidad que Kotetsu le había dado al soltarlo y ahora estaba rodeado de llamas.
Esto era lo peor que podía pasar.
¿Realmente esta era la forma en que Yuri quería acabar, luchando hasta su último aliento por asesinar a quienes consideraba culpables?
Sintiendo un agrio sabor en su boca, Kotetsu se mantuvo inclinado, mas apuntó sus cables hacia el extremo del puente en el que Lunatic —en el que Yuri— se encontraba de pie, parado perfectamente recto en una viga alta como si ni siquiera la explosión lograse perturbar su equilibrio.
—Voy tras él —informó Kotetsu, incapaz de oír todavía si alguien le contestó.
No que importara.
Esto era su culpa.
Él tenía que detenerlo.
Esa certeza fue lo que movió a Kotetsu, balanceándose en su dirección sabiendo que no había forma en no hacerlo obvio, que Yuri sin duda lo había notado.
¿Y qué haría? ¿Desenmascarase a sí mismo y repetir sus ideas lunáticas frente a la cámara o luchar para evitar ser capturado aun sabiendo que Kotetsu revelaría su identidad en cualquier momento?
Al aterrizar en la misma viga que él y esta vez usar sus cables para agarrar uno de sus brazos, Kotetsu obtuvo una respuesta.
Fue un simple destello, llamas vivas sobre los ojos de Lunatic que brillaron por un segundo también en sus manos al tiempo que incineró el cable que lo sostenía, liberándose y forzando a Kotetsu a cortar el objeto antes de que el fuego lo alcanzara.
—¿Así que esto es lo que pueden hacer los héroes? —El zumbido ya había desaparecido y gracias a eso Kotetsu pudo escuchar las despectivas palabras que Yuri pronunció mientras movió un brazo para señalar el panorama bajo ellos y luego se dejó caer.
Pese a saber que Lunatic podía aterrizar sano y salvo e incluso desviar su rumbo y recorre el aire en vez de tocar el suelo, el corazón de Kotetsu dio un vuelco en su pecho.
—¡Espera...!
Habiendo acabado de cortar su cable, el mecanismo para propulsarse no respondió y Kotetsu terminó golpeándolo con un puño, sin dejar de apuntar hacia Lunatic en caso de que lograse hacerlo funcionar.
¿Por qué le pasaba algo así en un momento importante?
Kotetsu no tuvo tiempo de maldecir su suerte, pues en el mismo instante en el que Lunatic se impulsó horizontalmente, alejándose del puente a una velocidad vertiginosa, un grito lo distrajo.
—¡S-sáquenme de aquí, yo no he matado a nadie!
¿Acaso el culpable estaba vivo?
Descubrirlo era un alivio, el cual se convirtió en culpa un segundo después. En lugar de intentar ayudarlo y sacarlo de las llamas, lo había olvidado para ir tras Lunatic.
—Primero tendrás que apagar tus robots. —Las palabras de Bunny indicaban que el hombre ni siquiera estaba en peligro inmediato, mas eso no fue ningún consuelo.
Él... él se había convertido en un fracaso como héroe.
—Tiger, regresa —ordenó Agnes con impaciencia—, es obvio que no podrás alcanzarlo y hay mucho que hacer.
—¡Pero...! —
Su protesta fue un acto reflejo.
Él sabía eso, pues su distracción había bastado para que Lunatic se alejara tanto que ya no podía siquiera vislumbrar el brillo de sus llamas a lo lejos; sin embargo, aun si Lunatic no había dejado una nueva víctima, su sola presencia allí, vistiendo otra vez su perturbador traje y ocultando su rostro, hablaba de sus intenciones.
Al fin de cuentas no era posible que Yuri hubiese llegado en el momento justo si no hubiese salido como Lunatic mucho antes... ¿o sí? ¿Cuánto habían tardado en evacuar a todos y descubrir que el criminal tenía una bomba consigo?
Conteniendo un exabrupto, Kotetsu tomó una bocanada de aire.
No podía seguir usando excusas, tenía que decirles, debía...
—Lo siento —dijo Sky High por el intercomunicador súbitamente—, si tan solo hubiese podido hacer más antes de que me rodearan.
—Todos nos vimos en las mismas, cariño —replicó Fire Emblem con un bufido—. ¿Y cuándo va a apagar estas molestias?
Eso solo sucedió varios minutos después, en los que los héroes continuaron ocupados deteniendo a los autómatas. Kotetsu se unió a ellos, golpeando metal con fuerza mientras mordía la punta de su lengua.
Al final, el que el fuego a su alrededor no disminuyera y comenzara a fundir lentamente el metal de la viga fue lo que finalmente hizo que el hombre accediese y Barnaby lo arrestó oficialmente, quitándole de inmediato su traje robótico para impedirle intentar sorprenderlos de alguna otra forma.
Kotetsu escuchó a medias lo que se dijo luego —gritos de parte del hombre que daban una idea de sus motivaciones y quejas de Rock Bison por tener ahora que ayudar a limpiar el puente de robots apagados y destruidos—, aguardando por una llamada que les indicaría dónde se encontraba Lunatic.
Esta vez él iría con ellos, daba igual que todavía no hubiese pasado una hora, y les diría la verdad.
—Buen trabajo, supongo —dijo Blue Rose durante la repetitiva tarea de llevar los robots hasta uno de los camiones que había llegado desde fuera de la ciudad, sin mirar a Kotetsu ni a Barnaby, quien en algún momento había pasado a trabajar junto a Kotetsu.
—Solo vinimos a ayudarlos —replicó Bunny con falsa modestia.
—No extrañaba para nada tu arrogancia —resopló Blue Rose en respuesta, creando una nueva rampa de hielo para facilitar el proceso.
—¿Estás diciendo que no necesitaban ayuda? —La burla era evidente incluso en el tono de Barnaby, aun si no había ningún veneno en ella.
La amistosa riña continuó por varios minutos, en los que nada se hizo escuchar por el intercomunicador. Kotetsu terminó perdiendo la paciencia.
—Agnes —llamó, abriendo el canal directo—, ¿hay noticias de Lunatic?
—Si las hubiese —replicó ella casi de inmediato— ya habría llamado a la primera liga. Eso sería mucho más interesante que esto.
Kotetsu podía imaginar que ahora HERO TV estaba transmitiendo un recuento de lo ocurrido en el puente y que Agnes quería más que imágenes de los héroes ayudando con el desastre que había quedado tras el ataque.
¿Y podía considerar que esa falta de noticias era una buena noticia? ¿Podía confiar que Yuri estaba esperándolo y se entregaría sin oponer resistencia?
—Ya van dos veces seguidas en las que no logró matar a nadie —comentó Barnaby con un tono extrañamente casual—, si sigue así no tendremos que considerarlo una amenaza.
Kotetsu agradeció el tener su visera abajo, pues no estaba seguro de qué estaba reflejado su rostro.
¿La esperanza de que realmente Yuri hubiese entendido y que no trataría de matar a nadie más sin importar qué? ¿El disgusto de que su compañero pareciese dispuesto a conformarse con que no hubiesen más víctimas aun si eso significase que Lunatic saldría impune? ¿El horror consigo mismo de que esa posibilidad no le desagradase como debería?
—Pero ese no es el punto —dijo Kotetsu, más para sí mismo que para su compañero.
Él era un héroe. No debía considerar algo así siquiera por un segundo.
—No que podamos esperar otra cosa hasta que lo atrapemos. —Blue Rose se encogió de hombros—. Ahora deja de distraerte y trae esos antes de que se derrita.
—Ya, ya. —Aunque puso sus ojos en blanco, Kotetsu solo se tomó un segundo para rotar sus hombros un par de veces, buscando cierto alivio tras los repetitivos movimientos que había estado haciendo, y le hizo caso.
La limpieza del puente fue dada por concluida casi una hora después y la única interrupción durante ese tiempo fue una entrevista rápida a la primera liga.
Al menos no había ocurrido nada más, al menos quizás no ocurriría la peor de las posibilidades...
Pero Kotetsu no podía seguir así.
El peso de la incertidumbre era demasiado y solo se añadía al de la culpa, y luego de haber dado por muerto a un hombre en vez de ayudarlo, Kotetsu estaba dispuesto a aceptar que había llegado a su límite.
—¿Te molesta si me voy primero?
Aunque Kotetsu había pretendido que solo Bunny lo escuchara, fue obvio que no lo logró pues alguien más contestó antes de que Barnaby lo hiciera.
—¿Qué, Tiger, otra vez te vas a ir así como así? —Fire Emblem incluso puso sus brazos en jarra al tiempo que se acercó más al lugar en el que Barnaby y Kotetsu se encontraban aguardando a que subieran la moto a la furgoneta de Apollon Media, la cual había llegado en algún momento luego de que habían atrapado al maleante de turno.
Kotetsu le dedicó una mirada de reojo a su compañero, preguntándose por primera vez si Bunny les había dicho o no a los demás héroes del motivo por el que se había perdido la celebración, y se encogió de hombros.
—Tengo algo que hacer.
—Estás tan ocupado que incluso anoche nos dejaste sin una sola palabra —continuó Fire Emblem con un puchero que le arrancó a Kotetsu una corta risa.
—Pero escuché que Bunny se divirtió por mí.
—Puedo hablar por mí mismo —intervino Barnaby sonando irritado.
—Sí, claro —bufó Kotetsu—, como si fueras a ser sincero y admitirlo.
—¿No te ibas?
—No tienes que avergonzarte —insistió Kotetsu, dándole a Barnaby un codazo sin ninguna fuerza.
Bunny suspiró.
—Ve ya.
—Eres el mejor. —Kotetsu lo decía en serio y se despidió con un gesto rápido de los dos, subiendo de un salto a la furgoneta para cambiarse.
Ni HERO TV ni todos los héroes se habían ido cuando Kotetsu salió minutos después y Barnaby mismo estaba hablando con alguien, mas Kotetsu no se detuvo a fijarse en quién era, prefiriendo trotar un par de cuadras lejos del puente en busca de un taxi.
¿En dónde encontraría a Yuri? ¿Acaso había regresado a su oficina con traje y todo, entrando por la ventana sin que nadie lo viese, o había vuelto a buscar refugio en casa?
Kotetsu mordió su labio inferior mientras lo pensó, negándose a considerar todavía otras posibilidades y al final se detuvo en una esquina, sacó su teléfono y marcó directamente a la oficina de Yuri.
La contestadora fue la única respuesta que obtuvo luego de muchos interminables pitidos.
Tomando una larga bocanada de aire, Kotetsu pasó una mano por sus ojos y tras unos segundos, que usó para recordarse que él le había dado esta oportunidad a Yuri y que Yuri no lo había traicionado, detuvo el primer taxi que pasó y le indicó a dónde ir, pidiéndole que lo llevara tan rápido como fuese posible.
—Es una emergencia.
—¿Wild Tiger, verdad? —cuestionó el hombre, mirándolo por el espejo retrovisor con una sonrisa emocionada—. Es todo un honor ayudar a un héroe.
Kotetsu de alguna forma contestó, mas no pudo siquiera disfrutar el ser reconocido sin su antifaz o agradecerle con más que un billete grande y un «quédate con el cambio» una vez llegaron en tiempo récord, su mente extrañamente en blanco y su cuerpo tenso al dejar el taxi, y fue directamente a la puerta.
Dar rodeos o ser sutil era un lujo que ya no tenía, por lo que timbró y golpeó sin parar incluso mientras escuchó al auto partir por las calles poco transitadas de ese vecindario hasta que la puerta fue abierta por la madre de Yuri, quien lucía absolutamente confundida.
—¿Yuri está aquí? —Kotetsu se disculparía después por ser tan abrupto, mas ahora necesitaba una respuesta.
Mirándolo desde su silla, la madre de Yuri parpadeó.
—Ah, ¿tú eres un amigo de Yuri?
Ella no estaba bien; Yuri lo había dicho varias veces y Kotetsu había sido testigo de ello la noche anterior. Quizás por eso no lo había reconocido, ni lucía consciente de la situación a pesar de que sabía bien qué era lo que su hijo había estado haciendo y anoche había dejado clara su desaprobación.
—¿Dónde está? —insistió Kotetsu, incapaz de tener la paciencia que debería, y al no recibir respuesta se abrió paso hacia el interior de la casa.
—Eh... ¡espera!
Kotetsu subió las escaleras y abrió de inmediato la puerta de la habitación de Yuri, encontrándola vacía. El baño de esta también estaba desierto, al igual las demás habitaciones del segundo piso y del primero, donde solo encontró a la madre de Yuri en la sala, murmurando algo para sí misma.
Aunque sabía que le debía una explicación, aun si ella no estaba en condiciones de comprenderla por completo, Kotetsu no se detuvo para hablar con ella y una vez cerró la puerta principal que continuaba abierta y visitó el garaje por el que había entrado ayer, se dirigió al último lugar que quería visitar pero donde rogaba que Yuri estuviera.
Pese a su aprensión, Kotetsu bajó las escaleras en una carrera que no detuvo siquiera al notar la ausencia de luz abajo y una se acabaron los escalones tanteó en busca del interruptor, sabiendo ya lo que vería: una espeluznante guarida llena de máscaras y monitores. Pero no a Yuri.
Él no estaba ahí.
Kotetsu maldijo en voz alta y golpeó la pared más cercana con un puño.
Confiar en Yuri había sido un error.
Esa simple verdad hizo temblar a Kotetsu, dejándolo incapaz de pensar en otra cosa o siquiera de moverse, al menos hasta que un pitido proveniente de su muñeca lo trajo de regreso a la realidad.
Y ahí estaba la última e innecesaria confirmación.
Kotetsu presionó el botón para recibir la llamada.
—Agnes, estoy en...
—¿Kotetsu? —interrumpió una voz de mujer que Kotetsu reconoció de inmediato, aun cuando no era de quien esperaba.
—¿Mamá? —cuestionó confundido y parpadeó varias veces, aguardando a que un holograma se hiciera visible, mas eso no ocurrió, como si ella no hubiese elegido hacer una videollamada—. ¿Qué...?
Anju suspiró.
—¿No se suponía que tu trabajo ahora era más seguro?
—Pero... —Kotetsu pasó una mano por su rostro, comprendiendo de golpe a qué se debía la llamada—. Estoy bien, tú lo viste. —Al menos eso era lo que él suponía, pues de lo contrario dudaba que ella hubiese decidido contactarlo justo ahora.
—Todos lo hicimos y pensé que hoy también llamarías en cuanto pudieras —replicó ella y soltó un nuevo suspiro—. Solo quiero saber si esto va a continuar —continuó con un tono resignado y a la vez firme— y no llevarme más sorpresas cada vez que Kaede nos diga que estás en televisión. Sabes que todos nos preocupamos.
Kotetsu sabía a dónde llegaría esto.
Esta era una conversación muy parecida a otras que habían tenido con el paso de los años y que siempre lo habían dejado dividido entre sentirse afortunado por el que su madre no dejase de estar pendiente de él y la irritación de que ella no confiara lo suficiente en él como héroe para creer que él lograría salvar el día sin morir en el intento.
Ahora, sin embargo, no estaba en condiciones de asegurarle que todo estaba y seguiría estando bien.
—Este no es un buen momento.
Luego hablaría con ella, quizás en persona. Era una cosa más que debía hacer en un futuro cercano.
—¿Estás en algo tan peligroso que no lo pueden mostrar?
Anju sonaba tan aterrada que Kotetsu contestó de inmediato.
—No, no es eso.
—Por eso ni siquiera contestas tu teléfono —siguió hablando ella sin sonar convencida, ignorando por completo a Kotetsu.
De reflejo, Kotetsu buscó en sus bolsillos su celular, esperando encontrar la notificación de la llamada que aparentemente se había perdido, mas el aparato no respondió cuando intentó encender la pantalla y Kotetsu sabía que solo había una explicación para ello.
—Se quedó sin batería.
Anju no había terminado, porque ni siquiera esa excusa pareció bastar para ella.
—Y cuando llamé a tu apartamento tu amigo me dijo que todavía no habías regresado.
—¿Amigo? —repitió Kotetsu, desorientado de repente a pesar de que estaba seguro de que no había dejado de escuchar a su madre.
—El juez que siempre te visitaba, Yuri.
—Él... —Yuri estaba en su apartamento. El porqué de ello y el cómo había entrado era lo de menos; lo que importaba era que no se encontraba en alguna calle como Lunatic—. ¿Hace cuánto hablaste con él?
Kotetsu se movió de reflejo, abandonando el sótano a paso rápido sin siquiera preocuparse por apagar la luz.
—Hace unos minutos —contestó Anju, sonando perpleja—. ¿Kotetsu?
—Estoy bien, mamá —pronunció Kotetsu al tiempo que salió de la casa y miró de un lado a otro sin encontrar lo que buscaba: otro taxi—. Sabes que esta línea es solo para emergencias.
—Tenía que aprovechar para llamarte mientras Kaede no está. —Anju no parecía haber notado que Kotetsu estaba intentando finalizar la llamada—. Sabes que no le gusta admitir que está preocupada e intentaría interrumpirme si me escuchara.
—¿No está? —preguntó Kotetsu, distraído momentáneamente debido a la inquietud que eso le provocó—. ¿A esta hora?
—Está en la casa de Kathy terminando un proyecto.
Kotetsu se permitió un corto momento para disfrutar del alivio que eso le brindó y tras intercambiar unas palabras más con su madre, dijo:
—Tengo que irme.
—Todavía no me has dicho que va a pasar con tu trabajo. —Anju no parecía dispuesta a dar su brazo a torcer en ese asunto y Kotetsu incluso podía imaginarla con esa expresión seria que usaba las contadas veces que decidía reprenderlo aun cuando él ya no era un chiquillo.
—No tengo idea —aceptó Kotetsu, caminando a paso rápido a la que, esperaba, era una calle en la que podría conseguir un taxi—. Pero tendré cuidado, no puedo fallarle a Kaede.
Esa promesa fue lo que finalmente aplacó a Anju y justo a tiempo, pues fue en ese instante en el que vislumbró un taxi acercándose y sin un pasajero ya en el.
Aunque este conductor no reconoció a Kotetsu —o, si lo hizo, no mencionó nada al respecto— también escuchó su pedido de que se apresurara y lo llevó por las calles de Sternbild hasta su hogar en un parpadeo.
Durante todo ese tiempo, Kotetsu jugó con el comunicador en su muñeca, mas fue incapaz de recordar cómo hacer llamadas que no fueran a las líneas de emergencias programadas y de cualquier forma, esa no era la manera en la que quería hablar con Yuri.
Necesitaba verlo a los ojos y no en un holograma.
Al llegar, Kotetsu ni siquiera pudo escuchar al conductor debido a los fuertes latidos de su corazón y le pagó lo que, esperaba, era más que suficiente para incluir la propina, corriendo hacia la puerta del edificio apenas se bajó del auto y abriéndola tras dos intentos fallidos, para luego dirigirse con la misma prisa a las escaleras.
Si Yuri ya se había ido, llamaría a Bunny y después...
Kotetsu tragó saliva, haciendo una pausa solo mientras metía la llave en la cerradura de su apartamento.
La puerta dio paso a un espacio oscuro que paralizó a Kotetsu, al menos hasta que encendió la luz más cercana y lo vio.
Yuri estaba de pie junto a una ventana, inmóvil a pesar de la llegada de Kotetsu, observando la ciudad.
Que estuviese vistiendo el traje de Lunatic no era ninguna sorpresa, pero sí el que hubiese dejado la máscara de lado, en el piso, en vez de tenerla puesta. Y eso también era un alivio, aun si Kotetsu no podía explicar por qué.
Era extraño, sin embargo, y el silencio hacía que Kotetsu se sintiese observando a una estatua y no al hombre al que había estado buscando.
Aun así, Kotetsu aguardó.
El hecho de que Yuri estaba allí tenía que significar algo.
Kotetsu caminó sin fijarse en nada hasta que se tropezó con el sofá y apoyó sus manos en este, sintiendo que sus fuerzas lo abandonaban y no porque el agotamiento tras una noche sin dormir seguida de un día ocupado lo hubiese derrotado.
O quizá sí, en parte, y ahora que Yuri estaba ahí, que Lunatic no había cometido ningún nuevo crimen, podía —por primera vez desde que había pisado el sótano que hacía de guarida— descansar...
—Wild Tiger.
Quizás fue alguno de los ruidos lo que hizo que Yuri finalmente reaccionara, mas el que no usase su nombre sacó a Kotetsu de su propio letargo con la misma brusquedad que lo habría hecho si Yuri le hubiese dado un puñetazo.
—¿No tienes nada que decir? —escupió, enderezando su postura al tiempo que apretó su agarre en el sofá para contenerse de... ¿de qué? Kotetsu ya no estaba seguro de qué haría.
Yuri apenas movió un poco su cabeza, como si estuviese buscando verlo usando el reflejo del vidrio en lugar de encararlo.
—Me temo que algunas cosas toman más de un día —dijo con total calma, tal como solía hacer en su oficina al hablar de su trabajo—. Ahí están todos los documentos necesarios, al igual que las instrucciones de qué hacer.
Kotetsu tardó varios segundos en entender que el "ahí" se refería a una simple carpeta que estaba en todo el centro de la mesa de la sala y más aún en procesar el que Yuri estaba admitiendo que el tiempo que Kotetsu le había dado había llegado a su fin.
Tras tomar aire con lentitud y parpadear un par de veces, tratando con todo su ser concentrarse y recordar lo que importaba en vez de permitir que una nueva ola de confusión se apoderara de él, Kotetsu preguntó con un tono mucho más tranquilo:
—¿Qué estabas pensando hacer esta noche?
—Gert Leeser, Carolyn Beed, Elliot Paoletti, Robin C. Brand, Arnold Olson, Amy Limes. —Yuri finalmente giró en sus talones. No había ninguna sombra de su cicatriz visible y su cabello, a pesar de estar suelo y desordenado, no estaba ocultándola, ni tampoco lo hizo cuando Yuri ladeó su cabeza y continuó hablando, manteniendo sus ojos entrecerrados fijos en Kotetsu—. Ellos podrían no ser los únicos que recibiesen el castigo que merecen por sus pecados. Parece que desperdicié mi última oportunidad.
Con un estremecimiento recorriendo su espalda, Kotetsu sólo pudo agradecer el haber estado sosteniéndose de antemano, pues de no haber sido así no tenía idea de qué habría ocurrido.
—¿Cómo lo haces?
—¿Disculpa? —Yuri parpadeó, obviamente desconcertado.
Kotetsu no podía culparlo. Él mismo lo estaba, pues aquel interrogante había escapado de su boca antes de que realmente lo pensase, pero por alguna razón la sincera confesión de Yuri había sido el detonante que acabó con su propio mal mantenido artificio.
—¡Todo esto! —explotó, alzando una mano para pasarla por su rostro, y comenzó a caminar de un lado a otro—. Venir, decirme de frente a quiénes pensabas matar...
—¿Preferirías una mentira?
No. Él había ansiado toda la verdad incluso después de descubrir una parte de ella.
Sí. No quería afrontar la realidad de lo que él mismo había estado haciendo hoy, cosa que no podía evitar cuando incluso Yuri había dejado de pretender.
—Y antes —prosiguió Kotetsu, deteniéndose para señalarlo con un dedo y fulminarlo con la mirada—. Ser Lunatic y actuar como si nada... —Kotetsu sabía que su voz estaba oscilando y que no era solo por la desesperación al aceptar en voz alta, esta vez sin tener que hacer un esfuerzo previo para lograrlo, que Yuri era Lunatic—. Y mantuviste este secreto por tanto tiempo...
—Estaba haciendo lo que debía...
—¿Sólo eso? —Kotetsu bufó y sacudió su cabeza—. No me puedes decir que estás orgulloso de ser Lunatic o que nunca pensaste que no querías que te descubrieran y no solo por las consecuencias.
—No entiendo a qué quieres llegar. —Yuri sonaba exasperado.
—¿Por cuántos años lo has hecho? —Kotetsu cerró los ojos y presionó una mano sobre ellos—. ¿Cómo lo haces?
Escuchar a Yuri acercándose con pasos lentos hizo que Kotetsu se tensara, mas no por eso Kotetsu intentó verlo.
Aunque no había expresado toda su vergüenza, estaba convencido de que Yuri había leído entre líneas lo suficiente para entender.
Un día.
Kotetsu había guardado el secreto de Yuri por un tiempo corto y a la vez mucho más extenso de lo que debería haberlo hecho en primer lugar y el estar consciente de eso, el saber que su deber era detener a Lunatic sin importar quién estuviese bajo la máscara, hacía de eso una traición a todo lo que creía.
Y aun así prefería disfrutar del alivio de que darle una oportunidad no había resultado en una tragedia y hablar con él, postergando lo inevitable unos segundos más que ya se habían transformado en minutos y que bien podían pasar a ser horas, pese a que esa carga era demasiado pesada para él.
¿Cómo había hecho Yuri para que el secreto de Lunatic no lo destruyera?
¿Cómo podía admitir algo ahora, a pesar de que al rendirse estaba reconociendo que lo que había hecho como Lunatic no era lo que correcto, sin sucumbir ante la culpa en el proceso?
—Lo hago —dijo Yuri en voz baja, obligándolo a dejar de cubrir sus ojos al agarrarlo con firmeza de su muñeca y halar su mano— sabiendo que también llegará el día en que yo seré juzgado por mis acciones.
No, si bien Yuri estaba siendo más honesto de lo que había sido hasta ahora, esa no era toda la verdad.
Esa certeza paralizó a Kotetsu y lo llevó a no oponer resistencia cuando Yuri se apoderó de su otra mano y lo obligó a alzar ambas para llevarlas hacia su propio cuello.
Aunque no hizo presión, Kotetsu pudo sentir bajo sus palmas la tensión de Yuri, su pulso acelerado e incluso el que su respiración estaba agitada pese a que había pasado un largo rato en el apartamento de Kotetsu sin hacer ningún tipo de esfuerzo físico. Y sus ojos... no había ninguna llama sobre ellos, mas su brillo delataba lo que su controlado hablar no revelaba.
—Hazlo —ordenó Yuri, apretando su agarre en las manos de Kotetsu en un intento de forzarlo a apretar.
Ahí estaba la realidad.
Ser Lunatic había destruido a Yuri.
