La luna que aparece de día XII
—¡Hazlo! —repitió Yuri, haciendo que su fachada terminase de caer gracias al deje frenético de su voz.
Realmente era obvia la desesperación de Yuri, tal como el que el peso de sus secretos y de sus actos era demasiado para él —y lo había sido, quizás, desde hace mucho— y el hecho de que Yuri mismo no tenía idea de qué hacer.
¿Cómo era posible que Kotetsu no se hubiese dado cuenta?
Kotetsu movió sus dedos y Yuri contuvo su respiración, aguardando sin liberar las manos de Kotetsu ni mucho menos relajar su agarre en ellas.
Ahora, con dos dedos justo sobre una arteria, Kotetsu podía percibir bien con la yema de sus dedos el rápido ritmo del pulso de Yuri. Casi sentía el deseo de preguntarle si temía que Kotetsu le diese lo que fuese que buscaba —un castigo, un descanso eterno, una absolución—, mas se contuvo de hacerlo.
No era como si Kotetsu pudiese darle nada de eso y no solamente porque no estaba seguro de qué era lo que Yuri necesitaba.
—Suéltame —ordenó con firmeza, manteniendo sus ojos fijos en los de Yuri; no obstante, no hizo ningún intento de zafarse para remarcar sus palabras. Era Yuri quien tenía que aceptar que Kotetsu no iba a seguirle la corriente.
Un brillo azul hizo desaparecer el verde oliva de las iris de Yuri, pero ni sobre sus ojos ni en sus manos se materializó ninguna llama.
—¿Desaprovecharás la oportunidad de impartir justicia? —Yuri sonaba ahogado y su voz tembló tanto como sus manos.
Realmente era tan, tan obvio, que Kotetsu sospechaba que podría descubrir indicios que había ignorado en un comienzo si tuviese un momento para pensar en todo lo ocurrido desde la primera vez que Yuri había aparecido de sorpresa en Oriental Town con la excusa de su trabajo. El no haberlo notado y no haber podido prevenir que llegaran a esto recaía en Kotetsu, mas él no planeaba torturarse pensando en lo que no había hecho. Había aprendido hace muchos años, al fin de cuentas, que con eso nunca era posible conseguir nada.
—Ambos sabemos que yo no creo en algo tan retorcido —bufó Kotetsu sin considerar pretender lo contrario.
Aun si el estado de Yuri era tan inestable como parecía, Kotetsu no podía fingir por él, ni mucho menos mentirle. Si lo hacía, él caería junto a Yuri y así nunca podría salvarlo o perdonarse a sí mismo, cosa que, de por sí, sospechaba, le sería difícil.
Tras un corto segundo en el que la sorpresa fue evidente en su rostro, Yuri dejó escapar una carcajada corta y seca.
—Así que hasta el último momento vas a mantener tus ingenuas ideas.
Aunque Yuri hizo presión sobre sus manos de nuevo, Kotetsu no se dejó amedrentar e incluso sonrió con altivez.
—Exacto.
Yuri se estremeció y cerró sus ojos, y cuando volvió a hablar fue en un susurro:
—Te arrepentirás.
—No me arrepentí la última vez que dijiste eso mismo.
Con un resoplido de frustración, Yuri soltó al fin las manos de Kotetsu y dio dos pasos hacia atrás.
—¿No has considerado que esa fue tu única oportunidad?
Las llamas que brillaron en las manos y en los ojos de Yuri eran escalofriantes. Incluso sin detenerse a recordar todas las veces que había sido testigo del daño que podían causar, el contradictoriamente frío color de éstas y las sombras que causaban parecían ser un presagio de muerte.
Pero nadie moriría hoy.
Kotetsu podía ver la desesperación en Yuri mucho más clara que antes, tal como podía ver esto como lo que era: un acto.
Y uno nada planeado, que solo buscaba arrancarle una reacción a Kotetsu así fuese defensiva, porque Yuri continuaba obsesionado con castigar según una distorsionada lógica que carecía de excepciones, y Yuri quería ser juzgado tal como juzgaba ahora que sabía que no podía escapar.
Era tan evidente que Kotetsu casi sentía deseos de reír.
—No —replicó Kotetsu, mirándolo fijamente—. Sé que no vas a matarme para mantener tu secreto. Ni para huir.
No era que fuese imposible que estuviese equivocado, mas el que Yuri hubiese ido a buscarlo y estuviese perdiendo el tiempo hablando tanto cuando bien podía actuar y tomarlo por sorpresa decía mucho y Kotetsu estaba dispuesto a seguir su instinto y aceptar el riesgo ahora que nadie estaba en peligro y tenía la posibilidad de usar su minuto para defenderse en el peor de los casos.
—Tu ingenuidad podría costar vidas —dijo Yuri, las llamas sobre sus ojos moviéndose pese a la ausencia cualquier brisa—. ¿Puedes llamarte a ti mismo un héroe a pesar de eso?
—Sería más amenazante si hicieras algo —señaló Kotetsu, haciendo un amplio gesto con sus manos—. Solo estás ahí con tu blablablá de siempre.
—No tengo ninguna necesidad de acercarme. —Como si quisiera probar su punto, Yuri concentró sus llamas en una sola mano y la alzó sobre su cabeza.
¿Podía lanzarla?
Kotetsu no se acordaba de haberlo visto hacer algo así, mas no tenía ninguna idea de si se debía a que Yuri no podía arrojar bolas de fuego como Fire Emblem lo hacía o si simplemente prefería usar flechas por alguna razón.
No que importase. Yuri continuaba dando advertencias que sonaban como una gran mentira.
Él no lo atacaría.
—¿Y? —Kotetsu se cruzó de brazos y alzó una ceja. Ya quería dejar el innecesario teatro de lado.
—Kotetsu... —el tono exasperado de Yuri era mucho más sincero. Tanto, de hecho, que habría sido evidente que Yuri únicamente había estado tratando de intimidarlo aun si no hubiese hecho desaparecer sus llamas en ese instante.
Pero lo hizo.
Las llamas azules se desvanecieron, dejando la sala solo iluminado por las luces eléctricas y Yuri presionó contra su frente la mano que había tenido alzada, perdiendo su falso porte amenazante por completo.
—Dejemos los rodeos —suspiró Kotetsu, estirando un brazo para apoyarse en el sofá. Estaba cansado y la inevitable tensión temporal que había sentido a pesar de estar convencido de que Yuri no le haría nada solamente lo había empeorado—. Si vamos a hablar, deberíamos hacerlo sin tanta mentira.
Yuri bajó su mano e inclinó un poco su cabeza, fijando su vista en algún punto del suelo.
—No creo que tengamos mucho de qué hablar.
Así que la hora de cien por ciento sinceridad no había llegado. Bien, perfecto, no era como si Kotetsu esperase algo diferente.
—Podrías haber ido a entregarte —pronunció Kotetsu, acomodando todo su peso contra el sofá— o huido o cualquier otra cosa en vez de venir aquí.
La mirada de reojo de Yuri era irritada y la forma en que tenía sus labios apretados en una línea lo hacía lucir como si estuviese conteniéndose incluso ahora.
—Nunca escucharás una justificación que te satisfaga...
—Porque no la hay —interrumpió Kotetsu con brusquedad—. Yo lo sé, tú lo sabes... —Kotetsu alzó su vista, dándose unos segundos para pensar en qué decir—. Y te lo dije: no voy a seguir ese juego.
Yuri alzó su cabeza rápidamente y parpadeó, aparentemente sorprendido.
¿Acaso no lo había escuchado la primera vez que se lo había dicho?
—No voy a insistir —dijo Kotetsu, repitiendo lo que había dicho solo unas horas atrás—, pero te escucharé si quieres hablar.
—¿Y si no quiero? —Pese a que Yuri no susurró esa pregunta, su voz sonó extrañamente acallada. O frágil, quizás.
Fue un buen recuerdo de que este era Yuri, el idiota que había continuado en una carrera hacia la destrucción y que necesitaba ser rescatado tanto como todas sus víctimas, y aunque Kotetsu no estaba bajo la ilusión de que eso hacía que Yuri fuese inocente de alguna forma, sí le reiteraba lo que debía —y quería— hacer.
Salvarlo.
Tomaría mucho más que una noche y sin duda sería algo desgarrador, mas no tanto como lo sería dejar las piezas rotas de Yuri atrás y cargar con culpas mucho más pesadas que un día ocultando el gran secreto de Yuri.
Aferrándose a esa certeza, Kotetsu tomó una bocanada de aire, preparándose mentalmente para lo que estaba a punto de decir.
—Puedes escucharme entonces.
Yuri entrecerró sus ojos, mas no dijo nada, por lo que Kotetsu tomó eso como una señal para continuar. Él necesitó un par de segundos, sin embargo, antes de finalmente conseguir pronunciar en un solo aliento:
—El día que descubrí mis poderes le rompí el brazo a un compañero de clase.
La expresión de Yuri cambió por completo. Su recelo fue remplazado por una perplejidad palpable, remarcada por su ceño ligeramente fruncido en algo que no era molestia.
—¿Qué?
—Justo eso —suspiró Kotetsu e hizo una mueca descontenta—. No fue de adrede, pero justo estábamos peleando y de un empujón crack. —Kotetsu chasqueó su lengua para mayor énfasis.
El sonido le había producido nauseas en ese entonces y rememorarlo ahora no lo hacía sentir mejor. Esto, no obstante, era algo que no podía omitir si deseaba que Yuri realmente comprendiese algo que para Kotetsu era obvio, pero que Yuri parecía no haber descubierto en años.
O quizás no era eso, no; había fingido ignorarlo aferrándose a sus ideas absolutas de todo o nada.
—Y a él no fue al único —prosiguió Kotetsu, cerrando sus puños y cruzando sus brazos—. Era diferente en ese entonces, ¿recuerdas? —Kotetsu sonrió sin verdadera alegría, dejando de observar a Yuri y perdiéndose por un instante en el pasado—. La noticia se expandió por todo el colegio y no faltaron los matones que querían deshacerse del fenómeno...
—¿De qué estás hablando?
Kotetsu volvió a enfocarse en Yuri, reclamándole con una mirada por su impaciencia.
—Solo escucha, ¿está bien? —Con un suspiro, Kotetsu descruzó sus brazos para apoyar sus palmas en el mueble tras él. Solo hablar de esto lo ponía inquieto, le hacía imposible permanecer completamente tranquilo o inmóvil, mas ya había comenzado y sospechaba que omitirlo acabaría con su oportunidad de que Yuri comprendiese lo que quería decirle—. Yo sabía que papá estaría de acuerdo con ellos —se obligó a decir, retomando el hilo de la historia—, así que intenté ocultarlo, pero obviamente no funcionó.
Yuri ya conocía lo que había pasado después, pues Kotetsu se lo había confesado mucho tiempo atrás, en Oriental Town; no obstante, quizás Yuri no se había percatado de la agría verdad que había en un simple hecho:
—Él se fue. —Listo, ahí estaba. Kotetsu tuvo que hacer una pausa, en la que pasó una mano por sus ojos y tragó saliva en un intento de deshacerse del nudo que se había formado en su garganta—. Y entonces Muramasa... mi hermano, ¿lo recuerdas? Él me recomendó que no tocara a nadie mientras brillara. Eso tampoco salió del todo bien y huí de casa...
—¿Tienes un punto al que quieres llegar? —interrumpió Yuri de nuevo, sonando exasperado.
—Obviamente —resopló Kotetsu, aliviado de verse forzado de regreso al presente gracias a la falta de paciencia de Yuri.
Si bien Yuri frunció sus labios, demostrando su descontento, pasados unos segundos asintió, al fin aceptando escuchar hasta el final.
—No estoy orgulloso de lo hice —confesó Kotetsu, sin apartar su mirada. Este era el punto y quizá podía no mencionar por ahora el encuentro qué había cambiado su vida tras eso. Bien podía contárselo luego, un día en el que ambos estuviesen más tranquilos y en el que no hubiese algo urgente en el horizonte—. Sé que convirtiéndome en un héroe no arreglé nada de eso y si hubiera hecho otra cosa tampoco lo habría hecho.
Kotetsu pudo ver el instante en el que Yuri captó lo que le estaba diciendo. De un momento a otro enderezó su postura por completo y contuvo su respiración de una manera tan brusca que fue audible; él mantuvo su boca abierta, sin embargo, y se estremeció al tiempo que sus ojos brillaron.
No tensarse era imposible.
¿Lo había empujado demasiado?
Manteniéndose tan alerta como siempre estaba en medio de una emergencia, Kotetsu aguardó. No podía desperdiciar su minuto sin asegurarse primero de que había terminado en el peor de los casos.
Por suerte este no lo fue.
Yuri cerró sus ojos y apretó sus puños tanto como sus labios al tiempo que se concentró en respirar pausadamente, refrenándose.
—Es diferente —dijo Yuri, su voz oscilando como si fuese un eco audible de la forma en la que se había estremecido. Todo en él gritaba la culpa que cargaba.
Era desconcertante dudar si Yuri se daba cuenta de ello o no, pero a pesar de eso era un alivio. Si Yuri realmente no sintiese ningún arrepentimiento, si creyese firmemente en estar en lo correcto, no habría ninguna forma de salvarlo; no obstante, lo que Kotetsu veía indicaba justo lo contrario.
Él no estaba perdiendo el tiempo, ni había cometido un error al no llamar a los héroes en el mismo instante en el que había pisado aquel aterrador sótano. Lo que él quería hacer no contradecía lo que él debía hacer como héroe.
Kotetsu exhaló en un suspiro, relajándose poco a poco. Aunque no podía decir que hubiesen llegado a una conclusión definitiva, pues tal vez tal cosa ni siquiera existiría en un futuro, poco a poco se sentía en paz consigo mismo por lo que había hecho desde que había descubierto que Yuri era Lunatic.
Quizás llegaría el día en que también podría aceptarlo en voz alta y con la cabeza en alto, pero por ahora esto era suficiente.
—Pero todos tenemos que cargar con lo que hacemos —finalizó Kotetsu con firmeza.
La carcajada de Yuri fue repentina, inesperada, más similar a un llanto que a una verdadera risa. Yuri abrazó su propio cuerpo, temblando por la risa a la vez que dio un paso atrás y sacudió su cabeza.
—Yuri... —de reflejo Kotetsu fue hacia él, estirando una mano.
—¿Crees...? —dijo Yuri con voz ahogada, su pecho subiendo y bajando de manera visible en una clara demostración de lo forzosa que estaba siendo su respiración— ¿... que no lo he hecho?
—¿Cómo? ¿Matando? ¿Buscando tu muerte? —Kotetsu dejó caer sus brazos a sus costados. No iba a consolarlo, no por eso; Yuri tenía que admitir que sus acciones habían sido para peor—. Sabes que esa no es la forma.
La mueca que quedó en los labios de Yuri no era una sonrisa, aun si quizás Yuri quería que pasara por una cargada de ironía.
—¿Así que simplemente vamos a volver a lo mismo?
Kotetsu abrió su boca, mas la cerró un segundo después en lugar de contestar. Lo único que estaba cruzando por su mente eran exasperados reclamos no muy diferentes al anterior. Y si ese era un figurativo callejón sin salida, tenía más sentido buscar otro camino que repetir lo mismo.
—No —pronunció Kotetsu al fin y se encogió de hombros—. Ya sé que no me vas a dar la razón, aunque la tenga.
—Crees tenerla —corrigió Yuri de inmediato en algo que sin duda fue una reacción reflejo; sincera y normal tratándose de él.
Kotetsu resopló.
—Por algo me consideras un héroe. —Y en cierta forma eso era prácticamente lo mismo a una admisión de que todo lo que declamaba como Lunatic no era algo de lo que estuviese tan convencido como decía estarlo.
Los ojos de Yuri se abrieron por completo en sorpresa y tras un segundo, Yuri giró su cabeza, apartando su vista de Kotetsu y ocultando su rostro tras su cabello, pero por algún motivo eso no se sintió como un paso hacia atrás.
Quizá fue el que la desesperación previa de Yuri se había desvanecido o el que de repente sus defensas y máscaras pareciesen haber desaparecido también, permitiéndole un vistazo al hombre que existía tras ellas, y dicho hombre era Yuri, a quien podía reconocer a pesar de lo que sabía ahora.
—Eso y esto son cosas diferentes —musitó Yuri, todavía sin encarar a Kotetsu.
—Nah, no lo creo. —Kotetsu golpeteó sus dedos contra su pierna, tomándose una corta pausa para considerar por qué estaba convencido de eso—. Tú no eres de los que tiene excepciones para todo...
—Las excepciones son peligrosas —interrumpió Yuri, finalmente alzando un poco su rostro y entrecerrando sus ojos, luciendo alerta.
—Así que o crees en los héroes o no —concluyó Kotetsu, ignorando esas palabras que ni venían al caso.
—Tú eres la excepción.
Que Kotetsu necesitase unos segundos para procesar eso era quizás de esperarse, porque a estas alturas algo así era lo último que esperaba escuchar.
No era que fuese algo nuevo, técnicamente hablando, porque Yuri lo había dado a entender en más de una ocasión; pero dicho así, en voz alta y justo en este instante era verdaderamente impactante y Kotetsu sospechaba que Yuri ni siquiera lo había dicho con esa intención.
Era una verdad, solo eso, y como tal tenía más peso que todo lo que había dicho Yuri hasta ahora.
—Pero no soy peligroso —dijo Kotetsu por decir, queriendo acabar con el extraño silencio que había seguido a esa confesión.
—Creo que tengo suficientes razones para diferir en eso —bufó Yuri.
Ese comentario sonaba como una broma sobre destrucciones y las demandas en su contra; de hecho, Kotetsu la habría tomado como tal en cualquier otro momento, mas venía tan de la nada y no cuadraba siquiera con la conversación que no creía que debía tomarlo como una.
—A veces no estoy seguro de si estás bromeando o no —admitió, mirando hacia la cocina inconscientemente. Comenzaba a sentir que esta era una conversación en la que una cerveza le vendría bien.
No que fuese una buena idea. Cansado como estaba, tal bebida podría noquearlo más fácilmente que un golpe y todavía le quedaba mucho por hacer.
—¿Por qué bromearía sobre algo así? —preguntó Yuri, ceño fruncido en clara confusión.
—Solo... —Kotetsu alzó ambos brazos, dándose por vencido antes de tratar de explicarlo. Si Yuri no lo captaba ni lo había dicho con esa intención, no había ningún punto en decir más—. Olvídalo.
Que Yuri no estaba convencido era obvio, mas Yuri no insistió, limitándose a mover su cabeza de un lado a otro como si quisiese demostrar su desaprobación ante el hecho de que Kotetsu hubiese visto una broma en sus palabras en primer lugar.
El que el ambiente se había alivianado por completo no fue algo que pasó desapercibido para Kotetsu.
Si bien Yuri aún estaba vistiendo el traje de Lunatic, la distancia entre ellos y el que estuviesen de pie en medio de la sala demostraba cierto antagonismo y Kotetsu no había olvidado nada ni por un segundo, la tensión presente desde la noche anterior brillaba por su ausencia.
Tal vez se debía a que era sencillo volver a lo que se había convertido en usual, pero tal vez no era solo eso.
Fuese como fuera, era aterrador.
Pese a que un día guardando el secreto de la identidad de Lunatic había sido demasiado para él, en este instante se le antojaba fácil fingir que nada había cambiado, invitarlo a sentarse con él y tocarlo, quizás besarlo o más que eso en un desahogo físico tras la abrumadora experiencia que había sido afrontar verdades que nunca habría llegado a imaginar.
¿Por qué?
¿Acaso era porque dejar de pensar por algunos minutos sería comparable a descansar como no lo había hecho desde el día anterior?
Kotetsu apretó sus labios, negándose a considerar más posibilidades pues sabía que ninguna le agradaría, ya que saber que no era un héroe perfecto era muy distinto a cruzar líneas a las que un héroe no debería acercarse, ni siquiera solo en su mente.
Yuri era Lunatic, se repitió a sí mismo pese a que era innecesario.
Ya no era un hecho que era incapaz de procesar o aceptar, ni había ninguna parte de él conservando una pizca de incredulidad que más parecía ser esperanzas desesperada.
Él tampoco había olvidado que Lunatic era un idiota que nunca más debería volver a las calles, ni el que eso significaba que Yuri era un idiota y lo había demostrado planeando por la ciudad cuando estaba lastimado… cosa que lo hacía querer ofrecerse a revisarlo y a ofrecerle los primeros auxilios que requiriese, tal como lo había hecho en el sótano, mas Kotetsu se contuvo de hacerlo y no solamente porque hasta ahora Yuri no había actuado como si estuviese adolorido.
Las excepciones son peligrosas.
Eso era lo que Yuri había dicho y Kotetsu comprendía cuan cierto era eso, porque Yuri era su excepción y quién sabe cuántas veces eso había quedado en evidencia incluso antes de que Lunatic fuese parte de todo, y lo mucho que había postergado el arrestarlo había remarcado que ese hecho no había cambiado.
Pero no podía seguir así.
Por difícil que fuese tenía que cerrar este capítulo de su vida, aun si eso no incluía despedirse de Yuri. Visitarlo sería una opción, sin duda, siempre y cuando Yuri no cambiara de idea e intentara escapar, pues así no tuviera éxito, lo menos que podrían hacer era prohibirle tener visitas.
Considerar esos detalles, no obstante, sacó a luz un nuevo problema.
Por mucho que Yuri había parecido dispuesto a aceptar lo que Kotetsu decidiera, Kotetsu no tenía razones para creer que eso continuaría frente a otras personas aun si no lo sentenciaban al castigo que creía merecer, y si eso lo llevaba a decidir huir...
—Deberías entregarte. —Esa era la única solución. Sería el equivalente a que Yuri admitiese su culpa y Kotetsu sospechaba que ese sería el punto del que Yuri mismo no podría volver atrás.
Hasta el momento Yuri había lucido pensativo, quizás todavía tratando de entender qué era lo que Kotetsu había considerado una broma, y se limitó a alzar una ceja ante esas palabras.
—¿No quieres el crédito por detener a Lunatic?
Kotetsu hizo una mueca descontenta.
—Sabes que eso no es lo que importa aquí. —Hace unos meses eso no habría sido del todo cierto. Querer lograr algo grande era natural para cualquier héroe y decir que no quería ser reconocido por ello sería una mentira; sin embargo, esto no se trataba de eso. Impedir que Lunatic continuase haciendo de las suyas en Sternbild no solo se trataba de Lunatic, sino de Yuri, de salvarlo—. Si tú no aceptas rendirte, no tiene sentido. ¿Cómo sabría que no vas a destruir la comisaría a la que vayamos? ¡O incluso la prisión!—. De hecho, Lunatic había destruido prácticamente toda una celda en su primera aparición lejos de las cámaras, por lo que Kotetsu sabía que era algo que podía hacer.
No que Lunatic fuese a terminar en las mismas celdas que un delincuente común, pero Kotetsu se había enfrentado contra Lunatic las suficientes veces para saber que subestimarlo era una pésima idea y por eso mismo ponía en duda qué tanto servirían las medidas que fuese que tomasen para impedir que NEXTs en prisión pudieran huir.
—No confías en mí —afirmó Yuri, expresión y tono perfectamente neutros.
Aunque esa no era una pregunta, Kotetsu la contestó:
—No.
—¿Y si me niego? —Yuri ladeó un poco su cabeza sin perderlo de vista.
Kotetsu chasqueó su lengua. Era tan evidente que ni siquiera veía por qué decirlo.
—Haré todo lo que tenga que hacer para detenerte, obviamente.
—Y si no estoy huyendo... —continuó Yuri, receloso.
A Kotetsu solo le tomó un segundo notar el motivo y al hacerlo tuvo que contenerse de maldecir en voz alta. No era como si planeara darle una oportunidad a Yuri de hacer lo correcto en libertad —aun si ahora esa posibilidad estaba aterradoramente clara en su mente—, pero había sonado justo como eso.
—No confío en ti —reiteró, más por necesidad que por otra cosa. Realmente no lo hacía y sabía que eso no debía cambiar.
—Serías un idiota si lo hicieras —replicó Yuri con una tranquilidad tal que Kotetsu no hizo nada para ocultar la incredulidad que le provocó.
—Todo sería tan fácil —exclamó Kotetsu, frustración clara en su tono— si lo que dices y haces concordara. Y lo que dices y dices —añadió, fulminándolo con la mirada.
Eso no intimidó a Yuri, quien se limitó a cruzarse de brazos.
—Quien carece de coherencia eres tú.
—No, no. —Kotetsu gesticuló con sus brazos, impaciente—. Vas como Lunatic y luego vienes aquí. Y todo lo que dices... —Quizás no estaba siendo particularmente elocuente, mas eso no era ninguna excusa para que Yuri lo acusase de ser incoherente cuando era Yuri el que hacía amenazas vacías para que Kotetsu no bajara la guardia y luego iba y demostraba abiertamente lo vacías que eran...
Era exasperante, enloquecedor, puramente frustrante y tan típico de Yuri que era hilarante. Kotetsu fue incapaz de contener una risa corta y seca al tiempo que sacudió su cabeza. A pesar de que Lunatic debería cambiar todo, esto era en verdad algo de todos los días.
—¿Ves? —señaló Yuri, displicente.
—Nah, mantengo mi punto. —Kotetsu le dedicó una sonrisa torcida, más divertido de lo que debería—. Podría darte ejemplos.
—Lo dudo —el suspiro con el que Yuri remarcó esas palabras le arrancó a Kotetsu una nueva risa.
Quizá debería atribuir sus reacciones a la falta de sueño afectándolo de maneras inesperada, pues a esto no era a lo que Kotetsu había creído que llegarían. Yuri tampoco parecía haberlo esperado, si juzgaba por su visible desconcierto que hacía que su molestia se viese tan falsa como sus amenazas.
Era agradable, sin embargo.
Incluso si no duraba más que unos minutos, poder confirmar que el Yuri al que conocía era real y compartir un último momento como él era mucho mejor que el que todo terminase en medio de llamas, muerte, resentimientos y mentiras. Al menos así estaba encontrando más y más consuelos y la certeza de que había hecho lo correcto.
Después, quién sabe cómo resultarían las cosas; Kotetsu ni siquiera quería pensar en ello, mas tampoco tuvo la oportunidad de hacerlo.
En un abrir y cerrar de ojos todo cambió.
El sonido del timbre irrumpió el agradable ambiente, reemplazándolo por un tipo diferente de tensión. Yuri se puso alerta, manos parcialmente cerradas y una postura que indicaba que estaba listo para actuar, y Kotetsu mismo terminó enderezándose y girando en dirección a la puerta.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Yuri en voz baja, como si su presencia en el lugar fuese un secreto que deseaba mantener.
—No.
No podía imaginar de quién podría tratarse. Solo había tres personas que lo visitaban ocasionalmente en su apartamento y una de ellas estaba con él, y Bunny sabía que Kotetsu tenía planes, así que era imposible que fuese él, por lo que solo quedaba Antonio.
¿No había escuchado del siempre comunicativo Nathan que Kotetsu tenía algo esta noche? O lo había hecho e igual había decidido ir en busca de un compañero de bebida por alguna razón o...
Fuese como fuera, era un problema.
Por mucho que Kotetsu estaba dispuesto a arriesgarse a sí mismo con Yuri, poner a alguien más en peligro era lo último que quería, incluso si ese alguien también era un héroe y uno indestructible como Kotetsu no lo era. Además, este no era el momento para incluir a alguien más en todo el asunto de Lunatic.
Con solo ver a Yuri era obvio.
—No le he dicho a nadie —confesó Kotetsu, queriendo que Yuri se calmara lo suficiente para no lucir listo para atacar al primero que viese cruzar ese umbral.
Los ojos de Yuri quedaron como platos debido a la sorpresa y abrió su boca, pero antes de pronunciar una sola palabra se vio interrumpido por el timbre, el cual sonó de nuevo, estruendoso pese a no ser particularmente ruidoso.
Maldiciendo por lo bajo, Kotetsu trotó hacia la puerta.
—¡Voy! —gritó, mas se desvió a medio camino para acercarse a la esquina donde una canasta a medio llenar de ropa para lavar se encontraba y sacó las dos primeras prendas que vio, las cuales lanzó a Yuri, haciéndole gestos para indicarle que se las pusiera.
Mientras el traje no fuese visible y la olvidada máscara pasase desapercibida estando en el suelo, nada parecería sospechoso y no ocurriría nada en lo que alguien saldría lastimado y su apartamento podría quedar reducido a cenizas.
Si bien Kotetsu tuvo que insistir con gestos, Yuri finalmente se puso ambas prendas sobre su traje y tomó asiento en el sofá, girando su cabeza solo lo suficiente para poder ver la entrada tras él.
Kotetsu tomó una bocanada de aire y abrió la puerta, preparando en su mente desde ya excusas varias para impedir que Antonio entrara que no llegó a decir, pues quien estaba ahí no era Antonio.
—Uh... —musitó Kotetsu, observando a la vieja mujer frente a él e intentando recordar su nombre, que estaba seguro de haber escuchado más de una vez en los años que habían sido vecinos. ¿La señora Clemons? ¿Clements? ¿Clemson?—. ¿Sí?
Si bien la mujer era bastante baja y de apariencia frágil, su expresión daba a entender justo lo contrario y también su voz.
—Se supone que eres un héroe, ¿no? —dijo ella con brusquedad, dándole un vistazo por encima de sus gruesos anteojos— Ven, entonces. —Y sin más, la mujer echó a andar.
No era que ella luciese en plena emergencia, pero ignorar a alguien pidiéndole ayuda no se le antojaba lo correcto cuando él tampoco estaba en una situación de vida o muerte, por lo que Kotetsu fue incapaz de negarse y tras una mirada en dirección a Yuri e indicarle con gestos que lo esperara, Kotetsu fue tras ella, subiendo las escaleras hasta el piso de arriba.
La mujer se detuvo en la puerta de su apartamento. Frente a esta, en el suelo, había varias bolsas de supermercado que indicaban de dónde acababa de llegar y en la cerradura había una llave a medio girar.
—Ábrela —ordenó ella, poniendo sus brazos en jarra.
Kotetsu se tragó cualquier comentario y trató de girar la llave, descubriendo que estaba atascada.
—Eh, sería mejor llamar a un cerrajero o al encargado del edificio... —pronunció Kotetsu con una mueca, dando un paso hacia atrás. Esto realmente no era parte de sus habilidades y, además, no creía que dejar esperando a Yuri demasiado tiempo fuera una buena idea.
—Es obvio que no puedo esperar tanto —declaró la mujer, golpeteando el suelo repetidas veces con uno de sus pies.
—Pero...
—¿Me vas a ayudar o no? —insistió ella, ceño fruncido y gafas reflejando la luz de tal forma que sus ojos no eran visibles a través del cristal.
¿Era extraño sentirse más intimidado ante una mujer mayor que ante Yuri? Porque eso fue justo lo que ocurrió y se convirtió en la razón por la que Kotetsu terminó con un hombro contra la puerta al tiempo que intentaba de nuevo girar la llave.
Al final sucedieron dos cosas: un click anunció su éxito al tiempo que la puerta cedió, haciéndolo trastabillar hacia al interior del apartamento, y un crack del metal al terminar quebrándose debido a la fuerza usada para girar la llave pese a que ni siquiera había activado sus poderes.
Al menos no había destruido la puerta y la había abierto, por lo que debía contar como un éxito a pesar de todo, ¿no?
—Siga, siga, señora Clements —pronunció Kotetsu, invitándola a hacer justo eso con un gesto con su mano.
La mujer suspiró, agachándose para recoger las bolsas de mercado, las cuales llevó a la cocina antes de girarse hacia Kotetsu. La falta de una corrección o de cualquier otra indicación de molestia fue una prueba de que había acertado en su nombre, mas no por eso el semblante de Clements se ablandó mientras estiró una mano en su dirección, pidiéndole sin palabras que le devolviera la llave.
No sin sentir cierta incomodidad, Kotetsu le entregó la parte de la llave que estaba en sus manos, mirando de reojo la otra mitad que seguía en la cerradura; quizá podría ser sacada y si Clements tenía un duplicado podrían hacer de cuenta que nada había pasado…
—Bueno... —Kotetsu no llegó a decir más, pues ella dejó una manzana en sus manos antes de despedirlo con una mirada severa y un seco «gracias» que fue tildado por la puerta siendo cerrada.
Al menos no había dicho que lo demandaría por algo tan pequeño como una llave, ¿no?
Con ese consuelo Kotetsu bajó las escaleras a trote. No sabía cómo tomarse el incidente o la manzana, pero sí sabía que se había tardado y aunque creía que Yuri lo esperaría, también estaba consciente de que probar su paciencia no era la mejor idea.
Y eso quedó confirmado en cuanto Kotetsu entró de regreso a su apartamento.
Él apenas tuvo oportunidad de cerrar la puerta antes de verse acorralado contra esta, una mano agarrando su cuello y otra presionando uno de sus hombros.
No había ninguna llama en las manos o en los ojos de Yuri, pero se había quitado las prendas que ocultaban su traje; además el impacto fue suficiente para robarle el aliento a Kotetsu y hacerlo botar la manzana, y la repentina muestra de violencia bastó para tensarlo por completo.
¿Qué había hecho mal? ¿Qué había causado esto? ¿Qué...?
—¿Qué crees que estás haciendo? —pronunció Yuri con un tono mucho más controlado de lo que Kotetsu había esperado y su rostro decorado por una mueca de irritación que parecía sincera.
—¿Ayudando a una anciana? —replicó Kotetsu como si fuese obvio, porque justamente eso era lo que había hecho.
Yuri no aceptó su respuesta, manteniéndolo aprisionado contra la puerta con un agarre tan fuerte que bien podría terminar dejándole un moretón.
—¿Estás intentado ocultarme? —Yuri bufó, continuando con un tono suspicaz—. ¿Protegerme?
No era difícil entender qué era lo que le había dado esa idea y Kotetsu contuvo un suspiro a favor de permanecer alerta, pendiente del próximo movimiento de Yuri y listo para defenderse si Yuri trataba de hacer algo más en su contra.
—Te lo dije. —Kotetsu se mantuvo firme, sin apartar su vista un solo instante— Entrégate. No hay necesidad de que nadie más salga herido.
—Y por alguna razón me estás incluyendo en ese nadie.
—Obviamente —resopló Kotetsu de inmediato.
¿Qué punto había en hacer algo en contra de un hombre destrozado en espíritu que se había rendido en todo menos en palabras?
No había ninguna necesidad de un enfrentamiento entre ellos o de involucrar a un tercero o de hacer cualquier cosa que empeoraría la situación, en vez de mejorarla. Porque eso era lo principal: asegurarse de que en un futuro no hubiese más víctimas, de que Yuri aprendiese a vivir con su culpa y buscase cómo hacer lo correcto de una manera que sí fuese correcta, en lugar de aferrarse a la retorcida idea de justicia que predicaba como Lunatic.
Quizás Yuri finalmente comprendió, pues lo soltó y dio un paso atrás, fijando su atención en algún lugar del suelo.
—No puedes salvar a todos, Kotetsu.
Y lo que Yuri quería decir con ese "todos" era "a mí". Su tono lo delataba tanto como su lenguaje corporal, pues estaba evitando encarar a Kotetsu a pesar de la cercanía.
Él realmente se había dado por vencido y de maneras que iban más allá de lo que Kotetsu pretendía.
Tragándose el nudo que se le había formado en su garganta, Kotetsu se obligó a sonreír.
—Puedo intentarlo.
El silencio que siguió a sus palabras remarcó el hecho de que ya no había más que decir. Habían llegado al momento en el que solo les quedaba actuar; salir del apartamento, ir directo a cualquier comisaria para que Yuri hiciese su confesión y...
—No tengo ninguna intención de entregarme.
Un escalofrío recorrió la espalda de Kotetsu ante esas súbitas palabras. Kotetsu había creído que habían llegado al punto en el que habían dejado todas sus cartas sobre la mesa y lo que quedaba para ambos era obvio.
¿Acaso había interpretado mal algo o su firme creencia de que Yuri se había rendido estaba errada?
Aunque quizás había otra posibilidad...
—Así que quieres obligarme a arrestarte. —Kotetsu pasó una mano por su cabello, más consciente que nunca de lo cansado que estaba de dar vueltas alrededor del mismo tema.
Yuri se encogió de hombros, desdeñoso, todavía negándose a mirarlo.
—Si así lo quieres ver.
Eso era mejor que el tipo de castigo que Yuri había buscado originalmente, mas seguía sintiéndose como el camino equivocado. El motivo de ello, sin embargo, no era algo que se quería detener a pensar en ese instante porque estaba consciente de que no había llegado a esa conclusión solo por su intuición gritándole que seguirle la corriente a Yuri era una mala idea si quería salvarlo.
Las excepciones eran peligrosas, sin duda, pero...
—No.
Yuri finalmente alzó su rostro, luciendo tan sorprendido que ni siquiera tenía el ceño fruncido.
—¿Qué?
—No. —Kotetsu apretó sus labios. Este era un riesgo, esto no era lo que debería hacer como héroe, pero cada segundo que pasaba se hacía más fuerte el impulso de simplemente preocuparse después por lo que significaría—. Si alguien corre peligro, lo haré —Si Lunatic volvía a amenazar realmente la vida de alguien, no dudaría más y arrestaría a Yuri a la fuerza, y no solo porque esa sería la prueba de que Kotetsu se había equivocado. Esa certeza le permitió sentirse más seguro.
—Y de lo contrario tengo un indulto total —concluyó Yuri con disgusto, cerrando sus puños y temblando visiblemente.
—No ir directo a la cárcel no quiere decir que no pagarás por lo que has hecho —corrigió Kotetsu, sacudiendo su cabeza de un lado a otro.
Sus palabras captaron la atención de Yuri y aplacaron su repentina ira, pues cuando volvió hablar lo hizo con calma, sonando puramente cauteloso.
—¿Cómo, exactamente, sucederá eso?
Esa era una buena pregunta.
Vivir con la culpa era una gran parte del castigo y Kotetsu sabía que eso ya era una realidad, aun si la forma en la que Yuri había lidiado con ello era la más destructiva tanto para él como para los demás. Eso último tenía que cambiar, mas Kotetsu sabía que lo primero sería una constante, tal como debía serlo, porque si Yuri realmente no sintiese ningún remordimiento, si creyese realmente en estar en lo correcto, no habría ninguna forma de salvarlo.
El resto solo sería enfocar las acciones de Yuri en una dirección que sí ayudara a otras personas hasta que aceptase entregarse, cosa que no debería ser imposible, aun si por el momento no se le ocurría nada en concreto y sin duda eso no cambiaría pronto pues llevaba ¿cuánto ya? ¿Casi dos días sin descanso físico, mental ni emocional?
Eso, no obstante, no lo hizo dudar.
Estar agotado y tener el presentimiento de que había encontrado la forma de salvar a Yuri no le impedían notar que esta era una locura. Pero lo que estaba haciendo no era dejarlo ir, sino apostándole a una posibilidad, y no lo estaba haciendo a ciegas ni por desespero.
Afrontaría las consecuencias si salía mal y si no, lucharía hasta el último momento para impedir que Yuri se hundiera en la oscuridad a la que él mismo se había arrojado mucho antes de conocer a Kotetsu.
—Ya pensaré en algo.
La visible incredulidad de Yuri no fue ninguna sorpresa. Kotetsu lo entendía, al fin de cuentas, pues unas horas atrás le habría sido imposible sospechar que llegarían a este bizarro punto muerto, del que solo saldrían si Yuri hacía algo para mejor o para peor, y que bien podía parecer una gran contradicción para todo lo que él creía.
No lo era, sin embargo, y la sensación de que esto era lo correcto le bastaba por ahora.
Yuri dejó escapar... algo que no era una corta risa, ni tampoco un sollozo, ni mucho menos un resoplido despectivo, pero que quizás podría pasar por uno para alguien que no conociese a Yuri ni supiese cómo habían llegado a este punto.
—Kotetsu... —Eso no semejaba a una advertencia. Yuri, sin duda, estaba tan agotado como Kotetsu mismo lo estaba.
—Ha sido mucho para un solo día —replicó Kotetsu con una mueca descontenta—. Apuesto que tú tampoco puedes pensar en nada.
—Porque no perdería el tiempo con eso. —Sus palabras eran secas, mas su voz sonó tan carente de molestia que a Kotetsu no le parecieron bruscas—. No soy tan ingenuo.
—No, eres peor que eso. —Kotetsu se agachó para recoger la olvidada manzana antes de caminar hasta la cocina y dejarla sobre la barra de ésta—. Y ambos necesitamos un descanso.
—¿Qué estás sugiriendo?
—Pensaré en algo —repitió Kotetsu con un suspiro—. Por ahora deberías quedarte.
—Para que puedas vigilarme.
—Sí. —Esta no era la primera vez que Yuri lo acusaba de que esa fuese su intención, mas ahora no solo tenía sentido que Yuri pensase así, sino que además era cierto.
Kotetsu no planeaba esperar un milagro permitiendo que Yuri hiciera lo que quisiera. Él pondría de su parte para prevenir que Lunatic volviese a las calles y parte de eso significaría mantener un ojo en él tanto como fuese posible para prevenir lo peor si Yuri elegía la peor opción posible, fuese en desespero o por otra razón.
Mucho cambiaría, aun si en apariencia no lo hacía ya que pasar gran parte de su tiempo libre con Yuri se había vuelto algo común, pero cómo lo haría exactamente era algo de lo que se preocuparía después, decidió Kotetsu.
Yuri alzó una mano, con la que apartó su cabello antes de cubrir su frente por un segundo, en el que miró al techo.
—Supongo que no has perdido todo tu sentido común —murmuró a la vez que dejó caer su mano, casi como si estuviera hablando consigo mismo y no con Kotetsu.
—Lo tomaré como un cumplido —dijo Kotetsu con una media sonrisa.
—No lo es. —Algo en la aspereza en el tono de Yuri hizo que todo rastro de esa sonrisa desapareciera de su rostro incluso antes de que Yuri dirigiese su vista hacia él.
El motivo quizá era ridículo, mas Kotetsu no pudo tragarse la espina de duda que le provocó.
—¿Decepcionado? —cuestionó Kotetsu, recostándose contra la barra de la cocina y tratando de sonar casual.
La opinión de Yuri no debería importarle a estas alturas, pero tal como el descubrir que él lo aprobaba como héroe lo habría abrumado por un momento, la idea de que acababa de perder dicha aprobación era extrañamente agria.
No era que necesitase que Yuri —o alguien más— lo viese como un héroe, pero...
Yuri ladeó su cabeza, mirándolo con una expresión pensativa y tras un largo rato, dijo:
—No.
El alivio que esa simple palabra le dio fue mucho más del que debería; Kotetsu lo sabía, mas no por eso pudo contenerse de sonreír nuevamente gracias a esa nueva fuente de esperanza.
En ese instante no solo sentía que estaba haciendo lo correcto, sino que funcionaría.
