Luna Creciente

Pasar la noche en medio de un sueño tan profundo como la muerte no era como Yuri había creído que terminaría.

Dormir ni siquiera había estado entre lo que había considerado posible, pues teniendo el tiempo contado, actuar era lo principal y no podía desperdiciarlo de tal forma cuando sabía que un héroe lo detendría esa noche hiciera lo que hiciera.

Pero con solo existir, Wild Tiger había desbaratado todos sus planes.

Era irrisible.

Su justicia, a la que le había dedicado su vida sin ningún titubeo, había quedado en un segundo plano.

¿Y por qué?

Ignorar a los héroes en ese puente había sido una opción, tal como huir, tal como darle su castigo merecido a cuantos pecadores pudiese, tal como... cualquier cosa menos esto.

¿Qué sentido tenía poner su vida y su justicia en manos de un héroe que nunca la aprobaría?

Solo pensarlo lo hacía sentirse como un idiota no muy diferente al resto de personas en la ciudad que elegían hacer la vista gorda día a día, dejando todo en manos de terceros y pretendiendo que eso bastaría.

Porque eso había hecho: había ignorado a todos los que merecían una sentencia comparable a lo que hicieron, no había hecho lo que podía para... para ver a Kotetsu.

Por una última vez, se había dicho, prefiriendo hacerlo a solas y no frente a las cámaras, no queriendo hacer un espectáculo de un adiós que era en realidad innecesario y justificándose también por su deseo de que todo lo relacionado con su madre quedase bajo el cuidado de alguien en quien pudiese confiar, pues no había más que decir ni que hacer.

Y aun así, seguía ahí tras haber dormido por horas, descansando como no había pensado en hacer ni creía merecer, no cuando había tanto que debía ser hecho y que él todavía tenía formas de realizar si actuaba ahora; quizás tendría que luchar para que Kotetsu no lo detuviera, mas Yuri sabía que él tenía la ventaja si llegaban a eso... si conseguía dirigir sus llamas hacia el ingenuo héroe que no creía que la muerte era un castigo apropiado.

Sería fácil y mucho más correcto que quedarse por más tiempo en el mismo sofá en el que se había quedado dormido la anoche —escuchando a Kotetsu bromeando que invitarlo a su cama no era algo que podía hacer como héroe que era—, con sus manos cerradas en una frazada que ni siquiera recordaba haber visto la noche anterior, mientras escuchaba pequeños ruidos que indicaban que Kotetsu ya estaba despierto y levantado, comenzando el día a diferencia de Yuri.

¿Y qué planeaba hacer Kotetsu ahora?

Él había dejado claro que se encargaría de que Yuri pagara algún castigo, pero uno que se ajustara a la justicia de Kotetsu y no a la de Yuri... ¿y desde cuándo había llegado a su fin la ingenua creencia de Kotetsu de que con atrapar a alguien y confiar en que terminaría en la cárcel sería suficiente?

Ese era un interrogante que no se había hecho antes, mas que merecía ser considerado en detalle y pronto.

Al fin de cuentas Yuri siempre había querido ver a dónde llegaría Kotetsu siguiendo su justicia y aunque Yuri no podía decir que las decisiones de Kotetsu fuesen las que había esperado, tampoco podía decir que lo decepcionaran, cosa que había confesado horas atrás, antes del sofá y de quedarse dormido y de demostrar incluso con sus acciones lo mucho que confiaba en Kotetsu.

Y eso no era algo que Yuri pensaba negar.

Con un suspiro Yuri alzó un brazo para cubrir con el sus ojos pese a que nadie lo estaba viendo y no tenía ningún motivo para avergonzarse, porque confiar en Kotetsu no era una traición a lo que creía, ni mucho menos una muestra de ingenuidad y debilidad; era simplemente admitir una verdad, pues Kotetsu se había ganado esa confianza, la merecía

—¿Ya estás despierto?

Yuri frunció el ceño ante la repentina pregunta que interrumpió sus vagos pensamientos, se enderezó en el sofá y echó su cabeza hacia atrás, apoyándola en el espaldar, y trató de ver tras él en esa posición. Apenas pudo distinguir cierto movimiento en la dirección general de la cocina, donde Kotetsu sin duda estaba haciendo ya el desayuno.

—Tomaré eso como un sí —resopló Kotetsu, quizás notando que él se había movido—. Tengo té y azúcar de sobra, si quieres.

Eso no sonaba mal. Era necesario, de hecho, cayó en cuenta Yuri tardíamente, si pretendía hacer más que permanecer en un sofá durante el día.

—Sí.

La domesticidad de escuchar de escuchar el tintineo de la vajilla, de una tetera pitando y de algo que sonaba como aceite calentándose y saltando en un sartén (Kotetsu había mencionado antes su hábito de usar la comida que hubiese quedado de alguna noche anterior para su desayuno, recordó Yuri distraídamente) lo mantuvo en un estado de somnolencia en el que no pensó en nada, e incluso cerró los ojos.

No cayó dormido de nuevo, sin embargo, porque pudo escuchar a la perfección el sonido de los pasos de Kotetsu según se acercó y también la maldición que soltó por lo bajo, quizás teniendo dificultad para llevar todo lo que tenía en mano sin tener un accidente en el proceso.

Cuando Yuri abrió los ojos, Kotetsu ya estaba a su lado, colocando sobre la mesa baja frente al sofá la bandeja en la que había llevado todo y soltando un suspiro de alivio antes de girarse hacia Yuri y sonreír.

—Té —dijo, estirando sus manos de nuevo hacia la mesa para tomar una simple taza grande decorada con figuras abstractas que no se le antojaba a Yuri del todo apropiada para té, la cual Yuri recibió de reflejo—. Azúcar.

El azucarero, por lo menos, era precisamente eso y no algún recipiente cualquiera al que Kotetsu le había dado ese uso y Yuri se sirvió de él toda una serie de cucharadas copiosas, preguntándose distraídamente mientras revolvía su bebida por qué no había notado en una de sus visitas pasadas el que Kotetsu no parecía tener una vajilla completa.

—Deberías conseguir un juego de té. —Yuri no tenía ninguna forma de explicar qué lo motivó a decir algo así antes de tomar un sorbo de su té y por suerte Kotetsu solo lo miró de soslayo sin lucir particularmente sorprendido.

—Tenía uno —comentó Kotetsu con una mueca, tomando su propia taza, igualmente grande y decorada con la silueta de Wild Tiger en su viejo traje, en una mano y en la otra un plato lleno de arroz frito que dejó en su propio regazo al tiempo que se recostó contra el espaldar—. Pero no pensé en reemplazarlo y con el tiempo pasó de estar algo incompleto a quedar solo como un par de platos.

—Ah, así que no solo las propiedades privadas sufren por tus destrucciones.

—Técnicamente era propiedad privada, ¿no? —señaló Kotetsu con un tono jocoso tras tomar un largo trago de su café.

—Sí —replicó Yuri de reflejo—. Ser un servidor público no precluye la capacidad de tener pertenencias privadas por el término del servicio.

El resoplido de Kotetsu fue seguido por una tos. Al mirarlo, Yuri descubrió que Kotetsu estaba limpiando su boca con el revés de su mano tras aparentemente atorarse con su bebida.

—Hasta dormido puedes sonar como un juez. —Kotetsu sacudió su cabeza—. Comienzo a pensar que es tu estado natural.

Al no captar el punto de Kotetsu pese a intentar hacerlo, Yuri optó por no responder y a dedicarse a terminar su bebida al tiempo que observó a Kotetsu, quien bebió su café y comió su comida recalentada como si fuese un día común y corriente.

En la tranquilidad de la mañana realmente era posible pretender que lo era, pero eso sería una farsa.

Según pasaron los minutos, Yuri fue cayendo en cuenta de muchos detalles, como el que él todavía estaba vistiendo el traje de Lunatic aun si éste se encontraba parcialmente oculto por la frazada, y el que su máscara continuaba en el suelo, cerca de la ventana.

Y Kotetsu... a pesar de todo, Kotetsu había optado por sentarse a su lado, lo suficientemente cerca para que sus hombros se rozaran de cuando en cuando y lucía igual que siempre, listo para salir e inesperadamente fresco, no solo gracias a la cierta humedad visible en su cabello y el que su ropa estuviese prístina y el que su irritante barba luciese recién acicalada, sino porque no parecía estar cargando un peso encima, contrario a como había sido antes.

Solo caer en cuenta ahora de la mucha tensión que Kotetsu había llevado a cuestas desde que había descubierto la verdad era abrumador y por varios segundos Yuri incluso contuvo su respiración, consciente de que esa tensión no había desaparecido porque Kotetsu se había desahogado de alguna manera, sino porque había tomado una decisión.

Quizás estaba siendo testigo de cómo Kotetsu se levantaba de nuevo y seguía adelante en lugar de desviarse de su camino...

—¿Qué pasará ahora? —La pregunta escapó de sus labios antes de que realmente la pensara.

Kotetsu hizo una pausa en su desayuno para girarse, quedando de medio lado y viendo a Yuri de frente.

—¿Ya estás lo suficientemente despierto para hablar de eso?

—No.

Su respuesta inmediata le arrancó a Kotetsu una carcajada que, debido a su fuerza, quizás habría hecho que Kotetsu derramase su café si no hubiese bebido ya una gran parte de él.

—Despiértate primero —dijo una vez se calmó, con sus ojos todavía brillantes gracias a su risa—. Hagamos lo que hagamos, tomará tiempo, así que no pasará nada si esperamos unos minutos más.

Poco convencido, Yuri entrecerró sus ojos.

—Pensé que acostumbrabas a actuar de inmediato. —¿No era esa la razón por la que Wild Tiger dejaba tantos destrozos a su paso? Sin embargo, Kotetsu había postergado esto una y otra vez; primero hablando, luego dándole veinticuatro horas, después hablando de alternativas y ahora...

—Bueno, sí, pero eso es en una emergencia —dijo Kotetsu equilibrando su taza en el brazo de la silla—. Esto es... diría que tú deberías saber cómo es esto después de tanto tiempo como juez, pero ahora creo que eres tan impulsivo como yo.

Eso no era cierto.

Lunatic no había nacido de un impulso. Incluso la primera vez, el día en que Yuri había descubierto sus poderes, había pensado y pensado y finalmente se había lanzado a hacer lo que fuese necesario en lugar de seguir haciendo la vista gorda.

—Yo no... —Yuri no llegó a terminar esa frase, pues el ver a Kotetsu llevar su mano hacia él lo paralizó.

La sombra del pasado de una mano más grande acercándose fue suficiente para robarle el aliento y hacerlo tensarse, listo para activar sus poderes ante una amenaza que ya había vivido, mas incluso con sus pensamientos todavía difusos al no haberse deshecho todavía de la somnolencia de todas las mañanas y con viejos recuerdos reviviendo un instante, el hecho de que se trataba de Kotetsu siguió claro en su mente.

Era Kotetsu. Un héroe, alguien a quien podía confiarle no solo su vida sino la de otros.

Y Kotetsu sabía. Él ya había visto su cicatriz con toda claridad, por lo que Yuri no necesitaba ocultarla, y de hecho esta ni siquiera era la primera vez que Kotetsu la tocaba, pues en el sótano, también, Kotetsu había acariciado su herida con una delicadeza innecesaria cuando era obvio que era una cicatriz vieja.

Esa era una evidencia de que podía permitir esto. De nuevo.

Exhalando lentamente, Yuri mantuvo su vista fija en Kotetsu, esperando verlo al menos hacer una mueca de desagrado en cuanto sus dedos tocaron la piel de Yuri, mas Kotetsu solo lució pensativo mientras acarició su mejilla.

—He estado pensando mucho en qué hacer y quiero hacerlo bien —suspiró Kotetsu y si bien apartó su mano, sostuvo la mirada de Yuri—. Aunque digas que no puedo salvar a todos, ten por seguro que voy a intentarlo.

Ah, cierto.

Kotetsu era ingenuo y no sabía darse por vencido y solo estaba reafirmando lo que ya había dicho la noche anterior.

—Al menos ya tienes algo en mente.

—¿Sí? —Que la afirmación se convirtiese en un interrogante lleno de duda era una mala señal, mas Kotetsu negó con su cabeza—. Más o menos. Sospecho que tendré que trabajar en muchos de los detalles según lo hacemos.

—Como siempre —bufó Yuri. Kotetsu no era el tipo de persona que hacía planes y obviamente no comenzaría a hacerlo ahora.

—Te preguntaría qué harías en mi lugar, pero sé qué dirías y nunca estaré de acuerdo con eso —rebatió Kotetsu con un mohín, encogiéndose de hombros—. Y no es como si tenga experiencia en algo como esto, así que tendré que aprender mientras lo hago.

—¿Y qué es esto, exactamente?

—Ser... umm... ¿un oficial de libertad condicional?

Esa tal vez era una forma apropiada de describirlo, decidió Yuri tras pensarlo por unos segundos y asintió con su cabeza.

—¿Debería explicarte qué deberías hacer?

—Nah, no es exactamente igual a lo que un oficial hace, supongo... —Kotetsu llevó su mano libre hacia su barba, tocándola de manera distraída—. En vez de hacerte reportar cada cierto tiempo, tengo que asegurarme de que Lunatic no vuelva y que hagas lo correcto y que...

—Hay una diferencia entre lo que pretendes hacer y el cómo lo harás.

—Y tienes que colaborar para que funcione, ¿no? —rebatió Kotetsu de inmediato—. Por eso también decía que habláramos después.

—¿Para postergarlo o para que yo mismo cree un plan?

—Eso es algo que tienes que cambiar. —Kotetsu chasqueó su lengua en clara desaprobación—. Insistes en buscar la peor explicación posible incluso cuando te acabo de explicar el porqué.

Yuri parpadeó y tras varios segundos en los que fue incapaz de comprender a qué se refería Kotetsu, suspiró.

—Tienes razón —aceptó—, todavía no estoy lo suficientemente despierto para esta conversación.

—Te lo dije —resopló Kotetsu y volvió a su comida mientras, sin más opción, Yuri terminó de beber su té.

El silencio esta vez fue pesado, quizás porque Yuri ya estaba más espabilado para notarlo o simplemente porque esas pocas palabras que habían intercambiado habían surtido su efecto.

En cierta forma, esa era una prueba de que todo había cambiado. Pretender lo contrario era imposible, pues aunque Kotetsu estuviese dispuesto a ser tan leniente, la desconfianza siempre presente se encargaría de ser un recuerdo constante de la verdad. Y Yuri se alegraba de que así fuese.

Había una gran diferencia entre ingenuidad y estupidez y Yuri no creía poder tolerar lo segundo ni siquiera de Kotetsu.

—¿Quieres más? —ofreció Kotetsu de repente, mirándolo de reojo y notando tardíamente que la taza de Yuri ya estaba vacía.

—Por favor. —Yuri le entregó la taza de reflejo.

—Si también quieres comer algo... —Kotetsu se vio interrumpido cuando al estirarse a dejar su plato en la mesa baja frente a ellos, golpeó con su codo su propia taza, la cual había dejado olvidada en el brazo del sofá.

Kotetsu maldijo por lo bajo y trató de atraparla y aunque lo consiguió, el poco contenido de ésta terminó derramado en el suelo y por la mueca que hizo Kotetsu al levantarse y examinar el resultado, también en el sofá.

Típico de Wild Tiger.

En cualquier otra ocasión, Yuri habría puesto sus ojos en blanco y lo habría reprendido por su falta de cuidado, mas ahora fue un buen recuerdo de una obvia verdad.

—Nadie cambia.

Parpadeando, Kotetsu alzó su cabeza, apartando su atención del desastre por un instante, pero no dijo nada en respuesta, tal vez porque estaba aguardando a que Yuri añadiese algo más o porque simplemente no sabía qué decir.

Fuese como fuera, Yuri podía darle el empujón necesario al poner todas las cartas sobre la mesa.

—No me convertiré en quien quieras que sea. —Y si eso era lo que Kotetsu buscaba conseguir, estaba perdiendo el tiempo.

Kotetsu frunció el ceño por un segundo, mas cuando se enfocó en Yuri su expresión fue extrañamente neutra.

—Anoche viniste aquí —señaló, cosa que no hacía de contestación a lo que Yuri acababa de decir—. Y sigues aquí. Qué pasará después depende de ti.

Y sin más, Kotetsu fue a la cocina.

Caer en cuenta de que Kotetsu estaba cumpliendo con su palabra de no insistir, de no seguir el rumbo marcado por Yuri ni siquiera en una conversación, no fue tan abrumador como notar el que Kotetsu tenía razón.

Él había traicionado a su justicia y aunque Kotetsu no lo sabía, eso no había comenzado la noche anterior sino mucho antes, con dudas y distracciones que tenían la voz de Kotetsu.

Pero si perdía su justicia, ¿qué le quedaba?

Aceptar la justicia de Kotetsu como una posibilidad no significaba que él pudiese seguirla y el que por una vez ni siquiera el espectro de su padre lo estaba amonestando o siquiera apareciendo para demostrar su desaprobación de que Yuri mismo no estuviese recibiendo el castigo que merecía no hacía ninguna diferencia, pues él se sentía perdido como no lo había estado en años.

Ser descubierto debería ser el fin y no... lo que fuese que fuera esto.