Luna Nueva

El que HERO TV no desperdiciase un solo momento y anunciase el regreso de Wild Tiger y de Brooks a la primera liga mucho antes de que ellos salieran de su oficina no era ninguna sorpresa.

Yuri ya había autorizado que lo hicieran poco antes de contactar a Kotetsu y a su compañero, cosa que en realidad no había tenido ninguna obligación de hacer, tal como en un comienzo no había sido necesario que él fuese personalmente a ver a Wild Tiger tras su retiro.

Todo indicaba que ese se había convertido en un hábito para él, aun cuando ya no podía justificarlo consigo mismo, pues ya no había más que necesitase averiguar de Kotetsu. Él ya había sido testigo de qué tipo de héroe era, había visto de cerca sus reacciones al ser confrontado con la realidad y las decisiones que tomaba cuando era presionado, por lo que podía dar un veredicto: Kotetsu era falible, pero no por eso dejaba de ser un verdadero héroe.

De hecho, eso quedó en evidencia para toda la ciudad, primero gracias a una entrevista especial en la que Kotetsu parecía más deseoso de escapar de ella, cosa que no habían logrado disimular siquiera con la edición de esta, y luego en la trasmisión en vivo de HERO TV, en la que Kotetsu se había lanzado como siempre a hacer lo que creía correcto.

El resultado fue cinco rescates, un arresto y una ventana rota (cuyo dueño seguramente estaba preparando una demanda), cosa que quizás no era llamativa, pero sí confirmaba que Kotetsu no cambiaría ante la renovada oportunidad de conseguir fama.

Mas eso no significaba que todo seguiría igual, ni mucho menos que volvería a ser lo que era meses atrás.

Estar consciente de eso era una distracción mayor que la que Kotetsu mismo era y Yuri fue incapaz de hacer mucho ese día, apenas logrando prepararse para los juicios del día siguiente antes de que llegara la noche.

¿Y qué haría después? ¿Tratar de hacer algo con la pila de trabajo que se había acumulado debido al proceso para autorizar el que el dúo de héroes volviera a la primera liga?

El tener una meta que iba más allá de lo que podía hacer en una oficina siempre lo había motivado; no obstante, ahora tenía nuevos límites y no estaba seguro de qué quería lograr. Sus dudas habían comenzado mucho antes de que Kotetsu lo descubriera, por lo que no podía usar eso como una excusa para su incertidumbre actual, aun si ahora ésta incluía el preguntarse cómo reaccionaría Kotetsu si viese de nuevo a Lunatic...

Oh, pero él ya había sido testigo de eso.

Él no podía usar la ignorancia como excusa para detenerse temporalmente, ya que sabía bien qué arriesgaba si decidía volver a usar la máscara de Lunatic...

El sonido del teléfono sacó a Yuri de sus pensamientos, pero no por eso se apresuró a contestar. El mundo no se detendría, él no tenía tiempo para lidiar con sus dudas sobre su justicia y lo que haría al respecto ahora, y aun así...

O quizás esa era la respuesta.

Era hora de aceptar que todo tenía que cambiar.

—¿Sí? —Yuri finalmente contestó el teléfono tras el cuarto timbre, incapaz de pronunciar un saludo más apropiado.

—Señor Petrov —dijo Jones apresuradamente—. Lo esperan en el penúltimo piso para la reunión con el alcalde.

Un vistazo a la agenda del día confirmó que así era y tras una tajante respuesta, buscó los documentos que quizás necesitaría antes de dirigirse a los ascensores, demasiado consciente de que no podría mantener las apariencias como acostumbraba.

Ya no podía ser el Yuri Petrov que había sido hasta ahora.

El peso de esa verdad no le impidió presentarle al alcalde y a los representantes de las grandes compañías de Sternbild el informe que reiteraba la decisión del Departamento de Justicia y añadir que los resultados del primer día de ambos héroes respaldaban las conclusiones a las que habían llegado anteriormente, cosa que fue escuchada por los presentes sin mucha atención.

—Es tal como lo esperábamos —interrumpió, de hecho, el alcalde con una sonrisa—. No creo que necesitemos más pruebas. O al menos yo no lo hago.

—Sí —replicó el representante de Apollon Media, claramente contento—. Sabemos qué podemos esperar de Barnaby y de Wild Tiger y que no nos van a defraudar.

—¿Entonces podríamos continuar con la agenda? —propuso la directora ejecutiva de Helios Energy, consiguiendo el apoyo general.

Yuri mismo no vio razón para oponerse, ya que cualquier otra cosa que dijese sería redundante luego de la reunión que había tomado lugar más temprano ese mismo día y aunque hacer un seguimiento y presentar los resultados de éste era una necesidad, todavía era muy pronto para que cualquier cosa que pudiese presentar fuese realmente relevante.

El resto de reunión transcurrió sin ninguna sorpresa que lo obligase intervenir, lo cual le permitió ignorar el parloteo ajeno a ratos y a la vez le indicó qué debía hacer. Él estaba perdiendo el tiempo aquí lidiando con imbéciles más interesados en dinero y prestigio, y si bien en un contado número de ocasiones su presencia había impedido que cruzaran alguna línea, eso no significaba mucho, ni lo haría.

Su lugar, fuese donde fuese, no estaba aquí.

—Hay un último tema que tratar —dijo Yuri en cuanto finalizaron con el último punto de la agenda, solo haciendo una corta pausa para elegir sus palabras—. Por motivos personales presentaré mi renuncia como supervisor de los héroes. Serán informados antes de la próxima reunión de quién me remplazará, por lo que en caso de que se presente cualquier inconveniente en los próximos días, tengo que pedirles que...

—Un momento, por favor, señor Petrov... —interrumpió el alcalde, luciendo perplejo—. ¿Todo está bien? Creo que usted es el único que nunca falta siquiera a una sola reunión, así que imagino que debe tener días de vacaciones acumulados que podría aprovechar.

¿Qué?

Desconcertado, Yuri solo pudo parpadear mientras los demás presentes asintieron y el representante de Apollon Media río.

—Esto es culpa de Wild Tiger, ¿no es así? Cualquiera terminaría agotado con todos los desastres que causa... No me malinterpreten, es nuestro héroe y estamos orgullosos de él, pero nuestro departamento financiero tampoco lo ama. Nuestros abogados sí lo aman, pero ellos cobran por hora.

—¿Tal vez es hora de que el Departamento de Justicia tenga un subdepartamento de héroes? —sugirió el director ejecutivo de Poseidon Line—. Es obvio que todo lo relacionado con los héroes es demasiado trabajo para una sola persona.

¿Demasiado? ¿Acaso él había demostrado ser tan incompetente como para necesitar ayuda?

Apretando sus labios por un segundo, Yuri entrelazó sus propios dedos y tras un par de segundos respirando pausadamente para aparentar calma, intervino.

—Como dije, mis motivos son personales.

—¿Así que no es culpa de Wild Tiger? —reiteró el representante de Apollon Media, sonando extrañamente aliviado.

¡Pero por supuesto que lo era! Como el héroe entrometido que era, había cambiado su vida y Yuri, actuando como un idiota, se lo había permitido.

—Es mi propia responsabilidad.

—Tengo que insistir en un motivo —dijo el alcalde—. No pretendo inmiscuirme en las decisiones del Departamento de Justicia, pero preferiría convencerlo de quedarse. Todos aquí sabemos que difícilmente alguien podrá igualar su dedicación e imparcialidad.

¿Y encima de todo le exigían una explicación?

Era como si todos, al igual que Kotetsu, no tuviesen idea de no meterse en asuntos ajenos.

Aunque... quizás lo repentino que había sido su anuncio era parte de la razón por la que había causado tanta curiosidad, si es que no estaba también tildada de sospecha.

Yuri se obligó a relajar su postura y hablar no solo con seriedad, sino vergüenza, una vez hiló algo que, si bien no era la verdad, tenía suficientes verdades para que no fuese una mentira.

—Considero que no he conseguido mantener mi integridad como supervisor de los héroes, por lo que simplemente ya no soy apto para ocupar este cargo.

La expresión de todos se ensombreció, como si finalmente comprendiesen la gravedad de lo que estaba implicando.

—¿Hay algo que debamos saber? —cuestionó el director ejecutivo de Titan Industry, luciendo incómodo pero firme—. No pretendo saber todo lo que usted hace, pero no puedo pensar en ninguna decisión suya que me haya hecho pensar que está siendo parcial.

Una vez más, todos asintieron y Yuri contuvo un suspiro.

Todo sería tan fácil si tan solo aceptasen su renuncia y lo dejasen en paz.

—No considero haber sido parcial y colaboraré con cualquier investigación que decidan realizar. Aun así, ustedes mismos están mencionando mi imparcialidad —pronunció Yuri, esforzándose por mantener un tono neutro—, pero para conservarla es necesario que mantenga mi distancia de todos los héroes.

Decir algo tan cierto dejó a Yuri tenso en espera de una reacción de parte de los presentes. Estaba confesando mucho más de lo que había planeado y no había forma alguna de que pudiese predecir cómo terminaría esto, aun cuando no era más que la punta del iceberg.

Quizás, lo menos que podía esperar era indignación ante su clara falta de ética y perder por completo su lugar en el Departamento de Justicia, si es que no terminaba perdiendo todo derecho de trabajar con el mundo legal de Sternbild y...

—¿Está hablando de algún héroe en particular? —cuestionó el director ejecutivo de Kronos Foods.

Por supuesto que querían conocer más detalles. Por supuesto.

—Wild Tiger. —Y aunque un repentino nudo en su garganta le dificultó pronunciar esas dos palabras, una vez lo hizo, sintió que se había quitado un peso de encima.

—Así que sí es culpa de Wild Tiger —murmuró el representante de Apollon Media para sí mismo antes de alzar su voz—. Dije que nuestros abogados lo aman, ¿cierto? Si encontraran el menor indicio de parcialidad para mal, nos convencería de perseguirlo hasta la última instancia. Y nuestro departamento financiero celebraría si fuese para bien.

—Nadie aquí ocultará una irregularidad —afirmó el alcalde y miró a todos en busca de una confirmación que recibió de inmediato— y creo que todos aquí somos fans de los héroes. —Esas palabras causaron más de una sonrisa divertida que nadie se preocupó por ocultar—. Tal vez sea necesario algunos cambios, así que, en vez de renunciar, haga una propuesta. Aprobaré el presupuesto necesario para hacerla realidad.

Esta no era la forma en que se debería acordar un cambio de tal magnitud.

El ministro de justicia era el que debería sugerirlo en primer lugar, los detalles deberían ser discutidos por personas cuyos intereses no se viesen afectados por éste y solo después de eso el alcalde debería considerarlo junto a sus asesores.

Pero esto no era más que una muestra de corrupción y parcialidad que debía ser detenida.

Y había formas, por supuesto, que incluso podían ser más efectivas con algunos cambios, como una segunda junta encargada de revisar y supervisar las decisiones de este grupo de idiotas que no se daban cuenta de que estaban abriendo la puerta a todo tipo de abusos.

Yuri contuvo un suspiro.

Quizás todavía debía continuar allí y evitar algo peor, al menos hasta que pudiese encontrar el camino de una justicia que pudiese seguir sin titubeos.

—Entiendo —pronunció Yuri, resignado—. Si es así, de momento entregaré los casos relacionados con Wild Tiger a otro juez, a no ser que tengan alguna objeción.

—No y no la tendríamos si los siguiera supervisando —afirmó el representante de Apollon Media—. Nuestros abogados seguirán revisando todo con lupa y dirán si hay algo mal.

—Perfecto —declaró el alcalde con una amplia sonrisa—. Seguiremos contando con usted, señor Petrov.

Yuri apenas aceptó esas palabras con un gesto de cabeza y una vez dieron por terminada la reunión, él fue el primero en abandonar el lugar, queriendo alejarse de toda esa farsa cuanto antes y tomarse un momento a solas.

Mas no pudo hacerlo.

Apenas llegó a su oficina encontró al susodicho héroe en ella, examinando el rincón donde Yuri tenía todo lo necesario para hacer té, observando los tarros de té con una expresión pensativa.

—¿Qué estás haciendo? —cuestionó Yuri sin ninguna delicadeza, cerrando la puerta tras él de un portazo.

El sobresalto que eso le produjo a Kotetsu fue tal que él golpeó el mueble con su rodilla y aunque las tazas en este se tambalearon, gracias a algún milagro ninguna terminó haciéndose añicos en el suelo y uniéndose a la larga lista de destrozos causados por Kotetsu.

—Yuri, al fin llegaste —dijo Kotetsu, girando en sus talones para verlo y sobando su rodilla golpeada con una mueca—. Habría preferido un "hola" en vez de un susto, ¿sabes?

En respuesta, Yuri bufó y puso sin cuidado sobre su escritorio los documentos que llevaba consigo.

Kotetsu frunció el ceño.

—¿Qué pasó? Pensaba que estabas en una reunión.

—¿Y cómo lo sabes? —Esa no era más que una evasión, mas si Kotetsu la notó, no le importó, pues contestó al tiempo que se encogió de hombros.

—Jones me dijo.

—Y te invitó a pasar a mi oficina. —Y Yuri, con sus acciones, había dado la impresión de que algo así era aceptable...

—Nah, yo pensé que era mejor esperar aquí. —Pese a su tono ligero, la expresión de Kotetsu no perdió su sombra de recelo—. La otra opción era el corredor, pero no es como si haya dónde sentarme ahí.

—No te veo sentado —señaló Yuri.

Kotetsu puso sus ojos en blanco.

—Pensé en preparar algo —dijo, haciendo un gesto con sus manos para señalar la tetera—. Fue un día largo, ¿sabes?

Sí, también lo había sido para él. Yuri apretó sus labios para contener esas palabras y eligió algo mucho más apropiado.

—Lo vi. El resultado fue una ventana rota.

—Cinco rescates y un arresto —corrigió Kotetsu con una mueca—. Y ni siquiera tuve toda la culpa en lo de la ventana.

—Deberías reservar eso para el juicio al respecto, si hay uno. —Yuri se acercó a Kotetsu y le indicó que le diera campo para tomar la tetera y llenarla de agua.

En realidad, Kotetsu no se apartó mucho, obligando a Yuri a tener cuidado, demasiado consciente de la cercanía entre ellos, y en un impulso lleno de deseos por terminar rápido, en lugar de poner a calentar el agua, Yuri accionó sus poderes por un corto momento, asegurándose de producir solo el calor suficiente para hervir el agua en segundos sin hacer explotar la tetera.

Kotetsu silbó.

—Eso es útil —comentó sin apartarse—. ¿Qué tan preciso eres?

Yuri se ocupó eligiendo el té y las tazas y solo decidió contestar luego de unos segundos.

—Lo suficiente.

—Sí... supongo que ya lo sabía. —Kotetsu se apoyó contra el mueble y golpeteó el borde de este con la punta de sus dedos—. ¿Siempre lo usas para cosas así cuando nadie está viendo?

Solo el saber que él mismo había invitado esa pregunta impidió que fulminase a Kotetsu con su mirada y se enfocara en servir el té, entregándole la primera taza a Kotetsu antes de endulzar su propia bebida y beber un sorbo que no lo hizo relajarse un ápice.

Hoy realmente había sido uno de esos días que parecía rutinario, pero que lograba ser más estresante que lo que habría sido si un criminal hubiese lanzado un ataque a gran escala en la ciudad, pues al menos en una emergencia así era posible hacer algo mejor que intentar (y fallar en) conseguir convencer a un grupo de ingenuos y corruptos imbéciles de ver la verdad frente a ellos.

Quizás su irritación fue visible en su rostro, pues Kotetsu se giró hacia él.

—Yuri...

—Son unos idiotas —declaró Yuri, interrumpiéndolo al tiempo que dejó su taza sobre el mueble y, en un impulso, apoyó su frente en un hombro de Kotetsu.

Pese a su sobresalto y el tensarse, Kotetsu no se movió y cuestionó:

—¿Qué?

Yuri no había planeado contarle sobre lo sucedido ni sobre su intento de renunciar, mas justo eso fue lo que hizo, expresando con claridad su frustración ante las objeciones que había recibido.

Quizás, si Kotetsu lo hubiese interrumpido con alguna pregunta tonta o algún comentario sin sentido, Yuri podría haberse refrenado así mismo, pero el que en vez de eso Kotetsu lo escuchase en silencio, apenas haciendo sonidos con su garganta ocasionalmente, lo llevó a decirle todo.

¿Qué estaba haciendo?

Ese interrogante cruzó por la mente de Yuri una vez llegó a la conclusión que lo había obligado a aceptar continuar en su cargo actual; y, al mismo tiempo, Kotetsu cambió la taza de mano y alzó su mano ahora libre para ponerla sobre la cabeza de Yuri.

Tal gesto fue tan sorprendente que le robó el aliento a Yuri y lo hizo permanecer en la misma posición pese a que no era la mejor para su espalda y ni para el estado de sus costillas.

—Ellos tienen razón, ¿sabes? —dijo Kotetsu con un tono pensativo, moviendo su mano en una caricia que parecía una acción distraída, inconsciente—. ¿Quién más podría encargarse de tanto trabajo extra?

—¿El que tú causas? —bufó Yuri, incrédulo ante la broma.

—Entre otros.

Kotetsu pronunció esas palabras al tiempo que se encogió de hombros, aparentemente olvidado que Yuri estaba apoyado en uno de ellos y obligándolo a enderezarse con más brusquedad de la que debería debido al movimiento. Yuri descubrió al ver el rostro de Kotetsu que él estaba completamente serio, para su sorpresa.

—¿Qué? —preguntó Yuri, cortante y confundido.

—Es lo mejor —reiteró Kotetsu, asintiendo para sí mismo—. Y ya estás intentando hacer algo correcto, aunque no corrige nada incorrecto. No es como si me hayas hecho o me vayas a hacer favores...

—Kotetsu... —interrumpió Yuri, notando que Kotetsu estaba comenzando a irse por las ramas.

—Lo digo en serio —replicó Kotetsu con una mueca, como si no entendiese por qué Yuri estaba perdiendo la poca paciencia que tenía—. No es como si todos los cambios tengan que ser drásticos y eres un buen juez. Lo de verdugo es lo que tienes que dejar.

—Oh.

—Sí. —Kotetsu sonrió como si hubiesen llegado a una verdadera conclusión y estuviese perfectamente contento con ella—. Y es un buen paso que estés pensando en qué hacer.

Tal vez, desde el punto de vista de Kotetsu, así era, mas Yuri no podía decir que estaba convencido. La intención nunca cambiaba una acción o sus resultados y él ni siquiera podía clamar que sus motivos para intentar renunciar estaban basados en ética.

Él solo necesitaba... algo. Algo drástico, quizás, aun si Kotetsu no lo creía necesario; algo realmente diferente, que marcase el hecho de que no todo podría volver a ser exactamente como antes (salvo por la ausencia de Lunatic castigando el mal), algo como... como esto.

Darse cuenta de que, en cuestión de minutos, había hablado con más franqueza que en años fue todo un golpe para él, el cual se incrementó ante el hecho de que Kotetsu realmente lo había escuchado, demostrando con hechos y no palabras que Yuri podía contar con él.

Yuri dio un paso atrás, tambaleante, pero intentó disimularlo girando en sus talones y volviendo a tomar su taza de té. Tras un sorbo con el que buscó calmarse, Yuri volvió a encarar a Kotetsu.

—Supongo —suspiró Yuri, tratando de hablar con una ligereza que no sentía tras ese momento de revelación— que tendré que aceptar el castigo de seguir encargándome de los desastres que causas. —Y mientras tanto, ¿qué más cambiaría? ¿Él mismo, su justicia, o su vida entera pese a que superficialmente todo seguía igual?

Kotetsu sacudió su cabeza.

—Tus bromas podrían ser mejores.

—¿Piensas que estoy bromeando?

—Sí. —Kotetsu hizo una pausa, tras la cual frunció un poco el ceño— ¿Me equivoco?

Claro que Kotetsu se equivocaba, mas, en cierta forma, a la vez no lo hacía. Explicar por qué, sin embargo, era algo que Yuri no podía hacer, ya que él mismo no lo comprendía del todo.

—Tal vez.

Kotetsu alzó sus manos en un gesto exagerado que quedó interrumpido cuando ocurrió lo inevitable y el contenido de la taza que Kotetsu todavía estaba sosteniendo (y que había olvidado, aparentemente) se vertió antes de que Kotetsu pudiese evitarlo.

—Um... —pronunció Kotetsu, colocando el pocillo ahora vacío sobre el mueble más cercano y Yuri entrecerró sus ojos mientras examinó la mancha que se formó en la alfombra.

—Tendrás que limpiar eso —sentenció Yuri al darse cuenta de que Kotetsu no diría nada más y dio media vuelta, dirigiéndose a su escritorio.

—Dijiste que te encargarías de mis desastres —protestó Kotetsu con una risa forzada que Yuri ignoró.

—Tus desastres legales —corrigió Yuri, tomando asiento.

Con un suspiro resignado, Kotetsu se encaminó a la puerta y le preguntó a alguien cerca dónde podía encontrar algo para limpiar.

Yuri solo pudo observarlo y se permitió, por un momento, no pensar en nada.

No tenía sentido, al fin de cuentas, preguntarse cómo había llegado a lo que fuese que esto era.