La luna que aparece de día XIV
—¡Bunny, a tu derecha!
—¡Preocúpate por lo que estás haciendo, viejo!
Kotetsu no tuvo ninguna oportunidad de replicar, realmente ocupado esquivando el golpe que el criminal de turno intentó darle con una barra de metal. ¿Por qué, exactamente, él y sus secuaces seguían peleando cuando era evidente que no tenían las de ganar?
Claro que no era como si tuviese que esquivarlo, ya que Kotetsu sabían perfectamente que su traje podía soportar eso y más, pero conservar sus reflejos quizás podría salvarlo en una emergencia en la que no tuviese su traje puesto y tuviese que esperar a activar sus poderes.
Tras un par de incidentes en sus primeros días de regreso a la primera liga, esa era un de las cosas con las que Kotetsu estaba intentando tener cuidado y aunque hasta ahora no había tenido tanto éxito en ello como le habría gustado, Kotetsu sentía que estaba acostumbrándose poco a poco a no depender de sus poderes innecesariamente.
Él no quería repetir lo ocurrido dos días atrás, día en el que, tras un rápido arresto en el que había usado sus poderes, había quedado rezagado ayudando a evacuar un edificio cuando los demás se estaban encargando de los NEXTs que estaban intentando derribarlo. Esperar hasta poder activarlos de nuevo no había servido de mucho pues ya los demás había arrestado a los culpables cuando llegó la hora. Tampoco tenía ninguna intención de terminar de nuevo con unas cuantas heridas (evitables) porque su minuto había llegado a su fin en el peor momento, tal como había ocurrido la semana anterior, cuando una serie de coincidencias lo había llevado a estar en el lugar correcto y en el momento correcto para responder una emergencia, mas no había tenido su traje.
Ninguna de sus heridas había sido seria y cualquier signo de ellas había desaparecido después de activar sus poderes (con un buen motivo, no para acelerar su curación) un par de veces, pero más de uno le había dejado muy claro que eso no era aceptable.
Kaede, de hecho, había demostrado lo potente que podía ser su voz por teléfono y que, tal como Tomoe, cuando estaba preocupada podía llegar a gritar y reprenderlo como si él tuviese la culpa; su madre había sido más honesta, haciendo sentir a Kotetsu culpable por no haber tenido más cuidado; Bunny también había mostrado su preocupación con exasperación, al igual que Blue Rose; Antonio había preferido burlarse e invitarlo a tomar una cerveza; y Yuri...
Kotetsu todavía no podía creer que Yuri hubiese ido directamente a Apollon Media e insistido en conducir por él, actuando como si Kotetsu fuese el que necesitase que alguien mantuviese un ojo en él.
Ja.
La ironía se había hecho más fuerte esa misma noche, cuando Kotetsu se había encargado de remplazar los vendajes de Yuri, pues éste todavía no se había recuperado del todo, sin duda porque salir como Lunatic un día después de su encuentro cercano con una pared había empeorado el estado de sus costillas, y aunque intentaba ocultar su dolor, era obvio que estaba lejos de recuperarse.
Al menos esa había sido la última aparición de Lunatic y Kotetsu tenía toda la intención de que eso siguiese siendo así y Yuri, pese a sus comentarios cortantes, había puesto de su parte y estaba cumpliendo con lo suyo, manteniéndose cerca de Kotetsu y dejando que lo relacionado con Lunatic se quedase en el fondo de su sótano.
Y así seguiría siendo.
Kotetsu se encargaría de eso y por eso mismo tenía que asegurarse de atrapar al hombre que seguía intentando golpearlo, como si creyese que eso pudiese ayudarlo a no ser atrapado.
Según Agnes, varios de los miembros de esa banda tenían ordenes de captura por crímenes más serios que un simple robo al banco más grande de Sternbild, lo que habían intentado hacer hoy y el motivo por el que la primera liga había sido llamada, cosa que solo hacía más urgente capturarlos.
Sky High ya se había encargado de quitarles lo que habían robado y Origami Cyclone se había encargado de liberar a los rehenes con el apoyo de Blue Rose, quien había creado una pared de hielo entre los criminales y los rehenes. Tras eso había iniciado la persecución.
Por lo que había oído por el canal de comunicación abierto, Dragon Kid y Fire Emblem habían atrapado cada uno a uno. Rock Bison todavía estaba en la persecución de otro y Sky High estaba a los talones de un par que habían huido en auto.
Barnaby y él habían ido tras dos que habían huido a pie, primero intentando despistarlos mezclándose en la multitud y luego corriendo por calles oscuras y cuando eso no había funcionado, contraatacando con lo que encontraron en el camino.
Todo indicaba que el hombre contra el que Barnaby estaba enfretándose había encontrado varias botellas vacías que había lanzado contra Bunny y el otro seguía insistiendo en usar su barra contra Kotetsu.
Ya era hora de acabar con esto.
Kotetsu detuvo el siguiente golpe atrapando la barra con su mano izquierda y aprovechó el impulso del hombre para hacerlo perder el equilibrio y antes de que éste cayera, lo atrapó, sosteniendo ambos brazos de éste tras su espalda para inmobilizarlo e ignorando los insultos que lanzó.
Listo. Y ni siquiera había usado sus poderes.
Satisfecho y orgulloso con ese resultado, Kotetsu dejó al hombre en manos de la policía solo segundos después de que Bunny hizo lo mismo con el otro y por lo que escuchó por los comunicadores, con eso ya podían decir que los habían atrapado a todos.
Bien.
—¿No tuviste demasiados problemas, viejo?
Kotetsu sonrió ante la pulla de Barnaby. Esta vez ambos se habían tardado prácticamente lo mismo
—Agnes siempre insiste que lo haga más emocionante, ¿recuerdas? —replicó—. Además, todo salió bien. Ni siquiera hubo una destrucción...
—Y eso es lo que te preocupa —resopló Barnaby, interrumpiéndolo. Kotetsu podía imaginarlo poniendo sus ojos en blanco—. Aunque supongo que eso significa que Petrov es una buena influencia.
Kotetsu bufó.
Yuri era muchas cosas y si bien él no podía decir que, en su caso, hubiese sido una mala influencia, Kotestu no estaba seguro de poder decir que era una particularmente buena.
No era como si su ahinco en atrapar a los malos fuese algo nuevo y si estaba teniendo más cuidado era por necesidad y Yuri... no, decir que Yuri no tenía nada que ver sería una mentira.
Kotestu suspiró, agradeciendo que su casco le permitía esquivar la mirada de Bunny sin ningún problema. El efecto de Yuri en él era algo con lo que no sabia si se sentía realmente cómodo y el que Barnaby no supiese por qué era lo de menos. Además, había un detalle más en el que Kotestu había evitando pensar, pero que cada vez le costaba más ignorar: él se sentía mejor ahora que estaba de regreso en la primera liga.
Después de tanto tiempo convenciéndose de que estaba bien en la segunda liga y que estaba haciendo una diferencia en ella, la ola de emoción que lo embargaba cada vez que atrapaba a un criminal era difícil de ignorar. Solo imaginarse a Kaede viéndolo, sabiendo que tras el traje de Wild Tiger estaba Kotestu, lo llenaba de orgullo y verse en el ranking actual (en el que no estaba de último) le traía una satisfacción que no podía negar.
Él estaba siendo reconocido, estaba haciendo una diferencia y eso se sentía bien.
Y no debería, ¿verdad?
Todo lo que sabía de Mr. Legend se le antojaba como una advertencia. Él debería enfocarse en lo que podía hacer y no en buscar una gloria que, al final del día, no lo era todo, en especial ahora que tenía a Yuri.
Sus prioridades iban más allá de lo que podía conseguir en la primera liga y no debía olvidarlo.
—Tengo que ser un mejor héroe —dijo Kotestu con firmeza, eso es todo.
Para su sorpresa, Bunny abrió su casco y le sonrió.
—Me alegra que hayas encontrado tu motivación —comentó él—. No podemos quedarnos atrás.
—¿Ya estás pensando en recuperar tu título de rey de los héroes? —cuestionó Kotestu, divertido.
Barnaby asintió.
—No tiene sentido hacer algo y no hacerlo bien.
Eso... tenía todo el sentido del mundo, ahora que Bunny lo decía y Kotetsu, de hecho sospechaba, que Yuri también estaría de acuerdo y diría algo como que hacer las cosas a media era una pérdida de tiempo o una estupidez o algo parecido. Y él no podía decir que no opinaba lo mismo.
Ser un buen héroe, un buen padre, un buen él siempre había sido algo que había querido, mas que no sentía que lo había logrado del todo, aunque no por eso había dejado ni dejaría de intentarlo.
Y quizás debería admitirlo.
En realidad ya lo había hecho consigo mismo en innumerables ocasiones, tanto buenas en las que había sentido que había tenido un buen día, hubiese recibido reconocimiento por ello o no, como en malas, en las que se había lamentado lo que había ocurrido en la soledad de su apartamento con una cerveza en mano.
También lo había hablado con algunos pocos, tal vez no en demasiado detalle, pero sí había dicho lo suficiente para que algunas personas cercanas a él, como Bunny, supieran qué quería conseguir.
Pero esta vez iba más allá de eso.
El delicado balance que existía con Yuri hacía que sintiera que cualquier pequeña cosa podría destruir todo y por eso mismo, guardar en secreto un simple hecho que, quizás, influiría en su vida de ahora en adelante, solo podría causar más daño que bien.
Y por eso mismo debería decirlo y asegurarse de que Yuri supiese la verdad.
Kotetsu llegó esa noche a la Torre de la Justicia con eso en mente y al llegar a la oficina de Yuri, donde éste estaba leyendo un archivo impreso mientras bebía un café, se sentó de inmediato y antes de darse alguna oportunidad de cambiar de idea, dijo:
—Me alegra haber vuelto a la primera liga.
Yuri alzó una ceja y dejó de lado su taza y el documento que había tenido su atención antes de que Kotetsu apareciera.
—¿Y?
Y claro, Yuri no lo hacía fácil y sin duda seguiría haciendo sus preguntas cortantes que le impedían evitar el tema y sí lo llevaban a hacer una pausa para prepararse para contestar.
—Solo eso. —Kotetsu se encogió de hombros aun cuando no estaba buscando restarle importancia— Puedo hacer más y... no solo yo lo sé.
—Por supuesto que es así —resopló Yuri sin lucir realmente molesto o sorprendido—. No esperaría que un héroe como tú se conformara con poco.
—Oh —musitó Kotetsu sin saber qué decir. Así que... bien. Yuri seguía viéndolo como un héroe y no creía que fuese malo que Kotetsu apreciase el no quedarse en las sombras de la segunda liga.
—¿Esperabas escuchar otra cosa? —cuestionó Yuri con un deje de impaciencia.
Kotetsu río más aliviado de lo que quería admitir, pues no podía asegurar que eso se debía solo al que nada de esto acabaría con el balance que tenían ahora.
—Supongo.
La mirada que Yuri le dedicó era más pensativa que irritada y el que Yuri no dijese nada por varios segundos lo confirmó, cosa que dejó a Kotetsu expectante y sin ninguna idea de si le gustaría lo que Yuri estaba pensando... o lo que diría.
Al final, Yuri suspiró.
—Te he observado lo suficiente para saber qué esperar de ti —dijo Yuri con un tono displicente que le arrancó a Kotetsu un "¡Oye!" que habría sido el comienzo de un reclamo si Yuri no hubiese continuado hablando, ignorando esa exclamación—. No eres un actor ni te interesa solo la fama. Eso ya te hace mejor que muchos, independientemente de lo que ocurra con tu poderes.
Kotetsu sabía bien que no debería sentirse halagado ni contento escuchando eso, pero lo hacía, y el que esas palabras viniesen de Yuri era una gran parte de la razón. Y no era siquiera la primera vez que Yuri admitía pensar de manera positiva sobre él como héroe...
Casi avergonzado (consigo mismo y su reacción, no con el cumplido), Kotetsu cubrió su rostro con una de sus manos e inclinó su cabeza.
—Wow —murmuró y Yuri lo escuchó, pues resopló en respuesta.
—Ya lo sabías y espero que no lo olvides.
—Sí... —Kotetsu bajó su mano y volvió a encarar a Yuri con una sonrisa que no pudo ni quiso controlar—. Tengo que dar buen ejemplo.
Y que Yuri no contestase eso con un comentario sarcástico hablaba a gritos de que Yuri no solo estaba de acuerdo, sino que, quizás, ya lo consideraba uno y no, Kotetsu no veía eso como un peso más sobre él.
Eran los pequeños detalles lo que hacían la diferencia.
Tras esa conversación, Yuri no había dudado en recalcarle el que veía a Kotetsu como un héroe y quería que Kotetsu se comportase como tal, cosa que bien podría ser hilarante dependiendo de cómo la viese y más cuando venía cargado de aprobación en los momentos menos esperados.
El que un juicio por destrucción de propiedad privada que no había salido a favor de Kotetsu no terminase en una mirada de desaprobación fue uno de esos, al igual que una noche en la que Yuri lo recibió con un comentario sobre algo que no había llegado a ninguna pantalla.
—Podrías haber llamado a la policía antes, no después —había dicho, sonando casual en vez de crítico—. Esta vez fue solo un ladrón, pero si hubiera tenido cómplices...
—Habría perdido la oportunidad de atraparlo si lo hubiera hecho. Todavía no había notado que yo estaba ahí o no me reconoció y... —Kotetsu interrumpió su explicación de lo que había ocurrido esa mañana al caer en cuenta de que ni siquiera alguien de Apollon Media había parecido saber de lo que había pasado, pues, hasta donde sabía, el pequeño incidente no había llegado siquiera a una columna de un periódico local y siendo así, solo había una forma en la que Yuri podía haberse enterado de ello—. Espera, ¿lees esos blogs de avistamientos de héroes? —había cuestionado con incredulidad.
¿Y eso era algo nuevo o una vieja costumbre de Yuri para vigilarlos? ¿Solo buscaba las noticias que lo involucraban o las de todos los héroes?
Yuri no había perdido su calma.
—Recibo los reportes policiales que involucran a los héroes.
—Oh.
—Pero —continuó, manteniendo su vista lejos de Kotetsu— no todos los testigos hablan con la policía. Al menos no desperdiciaste tu minuto.
Así que sí, Yuri no se había conformado con un simple recuento oficial y aprobaba, después de todo, el que Kotetsu hubiese intervenido y la forma en que lo había hecho.
Y además estaba el que Yuri estaba más dedicado a su trabajo que nunca, el que estuviese demostrando que ser un juez severo pero justo no era ningún papel y el que no aprovechase el tiempo en el que Kotetsu no podía vigilarlo para ser Lunatic y el que incluso, de hecho, lo buscase sin necesidad.
Como hoy, un día rutinario salvo por una fiesta de Hero TV que Kotetsu habría evitado si Bunny no se lo hubiese impedido y en la que había terminado bebiendo una copa de champaña en un balcón, viendo la ciudad e ignorando las muchas charlas mientras podía.
Tarde temprano Barnaby lo encontraría, tal como solía hacer, y él tendría que volver adentro e intentar sonreír pese a la incomodidad que ese tipo de fiestas le traía.
Pero quien fue al balcón primero fue Yuri.
—Así que estás aquí —comentó, casual, y apoyando un mano en la baranda sin realmente recostarse en ella.
Una vez Kotetsu se recuperó de la leve sorpresa de ser descubierto, le sonrió y alzó su copa ya parcialmente vacía a modo de saludo.
—No puedes criticarme por tomar un descanso de la fiesta cuando estás haciendo lo mismo
Yuri también tenía una copa con él y la dejó en la baranda al tiempo que ladeó un poco su cabeza, mirando a Kotetsu.
—No pensaba hacerlo.
Kotetsu sonrió.
—Así que no estabas buscándome, sino intentando escapar.
La tensión de Yuri fue casi inmediata, sin duda viendo en esas palabras una acusación que iba más allá de un comentario sobre fiestas y obligaciones sociales, mas antes de que Kotetsu pudiese aclararlo, suspiró y se apoyó por completo contra la baranda al tiempo que asintió.
—Cualquiera pensaría que asistir a este tipo de reuniones sería inapropiado para mi cargo —dijo con un tono que no ocultaba su desaprobación—. Supongo que eso explica por qué no consideran válidas mis razones para renunciar.
Kotetsu no pudo contener una carcajada, la cual acalló cuando Yuri lo fulminó con la mirada; aun así, Kotetsu sonrió ampliamente tras eso, sin dejarse amedrentar del todo.
Yuri podía tomarse todo muy en serio y pensar de más y, a la vez, no notar cosas obvias, como el que nadie había dicho nunca nada de las frecuentes visitas de Kotetsu. No que Kotetsu pudiese decir que se había dado cuenta antes de que pasar a su oficina casi todas las noches podría verse mal o que siquiera había considerado esa posibilidad y por una buena razón: nada de lo que hacía Yuri invitaba a sospechas de parcialidad o de algo peor.
Y era irónico que fuese así, teniendo en cuenta a Lunatic, pero si ignoraba ese gran detalle, todo se resumía a que Yuri había demostrado con tanta frecuencia que sería imparcial así asistiese a un banquete con las mismas personas que debía supervisar que nadie, aparte de Yuri mismo, había considerado que no era la mejor de las ideas.
—Bueno, no creo que nadie tenga la oportunidad de nada si prefieres ocultarte en un balcón —bromeó Kotetsu.
Yuri resopló.
—Si tú lo dices.
Tras eso, Yuri enfocó su vista en la ciudad y un silencio no del todo incómodo se instaló entre ellos, haciendo con ello que el ruido en los alrededores se hiciera más notorio, los motores de los autos en las calles recordándoles que la ciudad seguía tan despierta como siempre y el murmullo de voces proveniente del interior el que no estaban del todo solos.
Pese a eso, Kotetsu se encontró a sí mismo acercándose lo suficiente para que los codos de ambos se tocaron y dejó su bebida sobre la baranda.
—Yo, por mi parte —dijo Kotetsu en un susurro cómplice—, pienso que este no es el trabajo de un héroe. Y no es que necesite más patrocinadores y antes... bueno, siempre pensé que mis resultados me ayudarían a conseguir más que apretar manos.
—La meritocracia es un ideal, no una realidad. —Yuri no se molestó en girar su cabeza hacia él al contestar, aparentemente distraído con el escenario nocturno.
Kotetsu apenas hizo un sonido con su garganta en respuesta, ahora fijándose más en Yuri.
Eso era algo que prácticamente se había convertido en un hábito para él luego de tantas noches que había pasado en la oficina de Yuri, esperando a que terminara algo, mucho antes de que todo el asunto de Lunatic saliese a la luz.
Gracias a eso creía que había aprendido lo suficiente de Yuri para saber de qué humor estaba con solo un vistazo y ahora, en particular, Yuri se veía inusualmente relajado pese a que sus palabras bien podían ser consideradas agrias y el tema, serio.
Quizás era porque la conversación no estaba cargada de implicaciones personales o simplemente porque Yuri había llegado al punto de poder relajarse en compañía de Kotetsu sin siquiera darse cuenta, siendo honesto y olvidando ocultarse tras alguna otra máscara.
—Creo de depende —dijo Kotetsu—. No estaría aquí si todo fuese así.
Yuri lo miró de reojo, claramente más interesado ahora en lo que Kotetsu estaba diciendo que en la ciudad bajo ellos, aun cuando estaba intentando no hacerlo obvio.
—Tal vez.
—Y por algo sigo aquí a pesar de escapar —continuó Kotetsu señalando hacia las puertas de vidrio que los llevarían de regreso a la recepción— y sospecho que no soy el único.
Un atisbo de sonrisa iluminó los ojos de Yuri por un corto momento y Kotetsu se encontró a sí mismo conteniendo su respiración y refrenándose de hacer algo como estirar una mano hacia Yuri y tocarlo.
¿Y podía culpar por ello a la costumbre que había nacido antes de Lunatic?
Kotetsu sabía que esa no era del todo la razón, tal como sabía que cualquier tipo de atracción debería haberse desvanecido en el momento en el que puso un pie en aquel escalofriante sótano, por no decir que se incluso debería haberse transformado en repulsión.
Con el paso de los días, sin embargo, se había hecho obvio que eso no iba a ocurrir, y aceptarlo se estaba haciendo fácil. Demasiado, de hecho, y Kotetsu buscó una distracción que lo detuviera.
—Eso es debatible.
El tono casi jocoso de Yuri no ayudaba. Kotetsu finalmente encontró algo en el único objeto presente y se apoderó de la olvidada copa de Yuri.
—Bueno, te haré un favor para que mantengas tu imagen —pronunció, llevando la copa a sus labios—. Es menos obvio que dejarla en una mesa.
Yuri resopló.
—Es innecesario.
—Es mejor que desperdiciarla. —Y más cuando era dulce y suave; una buena champaña en más de un sentido—. Me sorprende que no te guste —comentó Kotetsu sin pensarlo y casi arrepintiéndose de haberlo hecho un segundo después.
Ya sabía lo suficiente de Yuri para saber que su desprecio por el alcohol quizás tenía poco que ver con el sabor e incluso una champaña dulce como ésta podía no ser una excepción…
—No he dicho eso. —Yuri bajó su mirada y tras unos segundos, se apoderó de la copa de Kotetsu, en la que no había más que un último trago.
Y eso no era justo.
Kotetsu se encontró a sí mismo observándolo fijamente acabarse la champaña de esa copa, detallando sus labios tocando el borde, sus dedos sosteniéndola con cierta elegancia y su garganta moverse cuando pasó el líquido. Cuando Yuri la dejó de nuevo en la baranda, ya totalmente vacía, Kotetsu mismo tomó un trago rápido y cerró los ojos, queriendo enfocarse en cualquier otra cosa.
No que fuese la mejor opción.
Evitar mirarlo equivalía a aceptar que algo tan simple lo estaba afectando y Kotetsu no podía decir que había bebido mucho esa noche para poder justificar su reacción con eso.
—Pero —comentó Yuri un momento después— no puedo decir que esté particularmente interesado en beber más.
Quizás eso era bueno y Kotetsu debería hacer lo mismo una vez terminase con lo que tenía en mano. Kotetsu tragó saliva y buscó algo que decir.
—Ya no hay más brindis, ¿cierto? —Ya habían tenido el aburrido discurso inicial y también una ronda de aplausos por los logros del uno o la otra, por lo que, posiblemente, esa parte social había llegado a su fin. Yuri hizo un sonido pensativo con su garganta que no era del todo una forma de decir "sí" y Kotetsu se volvió a concentrar en él, resignado al que no podría dejar de hacerlo esa noche—. ¿O me estoy olvidando de algo? —insistió Kotetsu antes de que el balcón se llenara de silencio.
—No y ya es lo suficientemente tarde para poder irme.
—Así que ya hiciste acto de presencia y ahora... ¿crees que debería intentar lo mismo?
—¿Para seguirme?
No había ningún recelo ni ninguna tensión en ese interrogante, como si Yuri no estuviese buscando confirmar nada con ello.
—¿Debería?
Casi se sentía como una broma y Yuri apenas le dedicó una mirada que indicaba que él lo sabía y que hizo de ese instante algo incluso más ligero e incluso familiar y...
—Así que estabas ocultándote aquí.
Tal vez esa interrupción era algo bueno. La magia de una noche que se sentía como muchas que habían compartido desde que Kotetsu había regresado a Sternbild no significaba que hubiesen vuelto a esa época en la que todo había parecido más simple y por eso mismo no podía actuar como si lo fuese.
Kotetsu se giró un poco para ver a Barnaby y agitó una mano en un gesto de saludo.
—Esto es justo lo que parece.
Y aun así, no pudo quedarse callado o acabar con toda la ligereza del ambiente.
Yuri, quien apenas había saludado a Bunny con un gesto de cabeza, entrecerró sus ojos y se enfocó en Kotetsu y Barnaby mismo parpadeó, luciendo confundido por un segundo antes de preguntar con una pizca de ironía:
—¿Y qué parece?
Esa era una buena pregunta en más de un sentido y Barnaby ni siquiera lo sabía, porque Kotetsu tampoco lo hacía. Había llegado a un aparente punto muerto que en realidad era una bifurcación y Kotetsu apenas podía dislumbrar a dónde lo llevarían sus decisiones.
No que tuviese que encontrar la respuesta a eso ya mismo.
—Exacto. —Kotetsu marcó esa palabra con una risa que causó que Barnaby pusiese los ojos en blanco, claramente impaciente.
—Veo.
El comentario de su compañero no decía nada realmente y Yuri lo recibió enderezándose y poniéndose su máscara de juez amable y educado.
—Si me disculpan —dijo con esa sonrisa de cortesía que ocultaba todo—, debería volver a la fiesta.
—Y Kotetsu debería hacer lo mismo —replicó Barnaby con un suspiro causado—. Apollon Media tiene dos héroes, no uno.
Kotetsu hizo una mueca.
—No soy tan bueno apretando manos y lo sabes.
—Entonces no lo retendré más —comentó Yuri al mismo tiempo, justo antes de partir velozmente, pero sin lucir como si estuviese huyendo.
Barnaby siguió a Yuri con su mirada tal como Kotetsu hizo, aunque sin abrir la boca de par en par como Kotetsu.
¿Acaso Yuri se daba cuenta de lo que había dicho?
—Ya sospechaba que era algo mutuo.
¿Y Bunny tenía idea de lo que estaba diciendo?
Claro que lo hacía.
Barnaby no ocultó la burla en su tono y la mirada divertida que le dedicó a Kotetsu lo confirmó. Kotetsu terminó escondiendo su rostro tras una mano al tiempo que dejó escapar un quejido.
—No puedo creerlo.
Primero Yuri bromeaba y hacía implicaciones con dobles sentidos; luego Bunny hacía lo mismo y encima de todo él, ya con su edad, terminaba completamente abochornado y atónito y feliz y deseoso de que todo siguiese así.
O tal vez sí había bebido más rápido de lo que debería con el estómago vacío.
—Creo que tengo hambre —declaró, bajando su mano y esforzándose por verse resuelto—. Dime que el camino al bufet no está lleno de obstáculos.
Bunny bufó.
—No lo estaría si hubieras hecho tu trabajo.
—No es justo —se quejó Kotetsu, decaído—. Y ambos sabemos que quieren hablar más contigo que conmigo.
—Si tu lo dices. —Barnaby ni siquiera le mostró una pizca de simpatía y sí se encaminó al salón—. Vamos. Entre más pronto lo hagas, más pronto terminarás.
—Y más pronto podrás irte —señaló Kotetsu, yendo tras él. No iba a dejarse engañar: él sabía que aunque Bunny era un experto manejando este tipo de eventos, tampoco era el mayor fan de estos.
Barnaby no se molestó en negarlo y sí se encargó de dirigir a Kotetsu a las esquinas correctas en vez de permitirle dirigirse directamente a la barra llena de comida, donde ya eran pocos los platos disponibles para servirse, ni visitar las mesas con todavía un buen número de aperitivos.
Al menos no pudo impedirle que aprovechara cada vez que un mesero pasaba cerca con una bandeja con una selección menor de aperitivos y tal como Kotetsu había dicho, no era como si él fuese el centro de la conversación.
Lo que sí evitó fue el alcohol, cosa que hizo de las charlas algo menos llevadero de lo que podrían haber sido, mas que le ayudó a aclarar su mente por completo. Era mejor así, sin duda, si no quería terminar el día en un taxi y sufrir al día siguiente en sus intentos de conseguir otro para llegar a tiempo a Apollon Media.
Esa también fue la razón por la que rechazó la invitación de Antonio, quien irradiaba tensión al punto de que su casco ocultando su rostro no estaba disimulando su mal ánimo.
—¿Ni una cerveza? —insistió Antonio—. ¿O es que estás muy ocupado?
Kotetsu puso sus ojos en blanco.
—Ambos sabemos que no. Pero... —Encogiéndose de hombros, Kotetsu miró a su alrededor hasta encontrar a la persona correcta—. Dile a Nathan, él no te dirá que no.
—Tú eres el que nunca se deja ver —replicó Antonio en lugar de morder el cebo y dejarse distraer.
Antes de que Antonio pudiese continuar con esas acusaciones e hiciese preguntas que Kotetsu no planeaba contestar, él alzó ambas manos para demostrar que se estaba rindiendo y dijo:
—La próxima, ¿está bien? Hoy estoy cansando... ya sabes, la edad.
—Sí. —Para su sorpresa, Antonio asintió con un suspiro—. Qué bueno que al menos lo admitas.
—Cállate. —La riña era tan familiar como amistosa y Kotetsu se encontró a sí mismo relajándose y charlando por gusto con Antonio por un rato más y luego con el resto de los héroes, quienes también parecían querer descansar un rato de las obligaciones sociales que estas reuniones traían.
Lo rápido que eso hizo que pasara el tiempo fue una sorpresa para Kotetsu mismo, pues nunca había pensado ser de los últimos en dejar una de estas fiestas sin que alguien lo obligara primero, mas justo eso fue lo que ocurrió.
Pero no estaba mal de vez en cuando, ¿cierto?
Kotetsu terminó silbando en el camino a los parqueaderos, dándole vueltas a su llavero mientras lo hacía.
Quizás la hora, la soledad del lugar y su buen ánimo lo llevaron a distraerse y por eso prácticamente saltó debido al sobresalto que se llevó al escuchar su nombre y las palabras que siguieron.
—Tardaste más de lo esperado.
Y obviamente era Yuri. ¿Quién más iba a ser?
Conteniéndose de hacer algún gesto dramático, Kotetsu trotó hacia él. Yuri estaba de pie, recostado contra un pilar cercano al lugar donde el auto de Kotetsu se encontraba parqueado, luciendo perfectamente tranquilo pese a que era posible que llevase demasiado tiempo allí, esperando.
—¿Qué ibas a hacer si no venía? —Kotetsu frunció un poco el ceño—. Podría haber tomado un taxi.
Y no habían quedado de encontrarse tras la fiesta y Kotetsu había aceptado que vigilarlo en todo su tiempo libre no era posible y... nada de eso no tenía que ver con esto o con el momento que habían compartido en el balcón y Yuri lo confirmó al contestar.
—Tengo más de una opción para irme.
Claro. El que Yuri estuviese aguardando por él no tenía nada que ver con necesidad u obligación o siquiera con querer probar algo. Kotetsu lo sabía y Yuri lo estaba admitiendo a su manera.
Kotetsu tomó una bocanada de aire antes de señalar con su cabeza su propio auto.
—Supongo, pero no dirás que no si digo que te puedo llevar.
—Supongo. —El tono de Yuri era tan seco que podría haber sonado indiferente o cortante, mas su mirada demostraba lo contrario, tal como lo hizo la falta de renuencia con la que se subió al auto de Kotetsu poco después.
Conducir con Yuri al lado era tan familiar como agradable e incluso el silencio en el camino fue cómodo, al punto que Kotetsu no pisó el acelerador tanto como habría podido hacerlo y no buscó despedirse apenas se detuvo frente a la casa de Yuri y sí se tragó palabras y acciones en el largo momento en el que Yuri le dedicó una mirada cargada de anhelo antes de desearle buenas noches.
Y si esa noche no se durmió de inmediato, distraído preguntándose de qué otras formas podría haber terminado la velada que involucraban un apartamento menos solo y menos silencioso... bueno, nadie tenía que saberlo.
El problema de la rutina era que era fácil aceptarla y acostumbrarse, dejando en el olvido mucho que en realidad debería tener siempre en mente.
Pero cosas como noches tranquilas, riñas amistosas, comentarios sinceros y bromas que pocos llegaban a escuchar de Yuri se habían vuelto lo comunes y así era fácil relajarse y aceptar el presente en lugar de preocuparse por el futuro, aun sabiendo que podía llegar el día en el que eso cambiaría.
Y solo unos pocos días tras la fiesta, Kotetsu lo recordó.
—Tenemos una emergencia.
Esas fueron las palabras que crearon la primera grieta en la ilusión de que todo estaba bien, aun si al escucharlas Kotetsu no lo notó.
Como un héroe, él recibía una llamada así poniéndose alerta y sintiendo la necesidad de actuar aun antes de conocer todos los detalles.
Era una suerte que Bunny no reaccionara de la misma forma, pues gracias a eso Kotetsu podía prepararse mientras su compañero lo seguía y se encargaba de recopilar la información necesaria de la situación mientras Kotetsu escuchaba a medias.
—Tienen que ser precavidos —estaba ordenando Agnes mientras ellos dejaban la oficina en la que habían estado perdiendo el tiempo, dirigiéndose a las escaleras. Solo cinco pisos los separaban del lugar donde podrían ponerse sus trajes y partir a toda velocidad al lugar de los hechos—. Todavía no tenemos información de cuántos rehenes tienen, pero conseguiremos tener una cámara allá antes de que ustedes lleguen.
La certeza de Agnes era admirable y Kotetsu sabía que podía contar con que ella lo lograría, pues su determinación y las habilidades de todos los que trabajaban para ella no fallaba a la hora de conseguir lo que necesitaban.
Si tenía que hacerlo, ella iría personalmente a ofrecerse como vocera e intermediara para transmitir las demandas del grupo que había decidido interrumpir la que había sido una tarde tranquila y así tener las mejores imágenes, que servirían tanto para conseguir índices de audiencia como para que los héroes tuviesen la oportunidad de salvar el día. Todos ganarían con ello.
—¿Y a dónde vamos? —cuestionó Kotetsu, ya a un solo piso de distancia de su primera parada.
Toma de rehenes sonaba como un robo que había salido mal, quizás en uno de los bancos más grandes de la ciudad o en alguna joyería y eso siempre terminaba en una persecución.
Que les permitieran escapar, sin duda, sería la primera exigencia de los maleantes de turno y sería la mejor oportunidad de capturarlos, pues en ese punto los rehenes ya deberían estar a salvo y...
—Los juzgados de la torre de la justicia.
Kotetsu tuvo que agarrarse de la baranda para no caer escaleras abajo, el impacto de esas palabras y todo lo que implicaban deteniéndolo por un instante, algo imperdonable en una emergencia. La información que las siguieron, sin embargo, lo impulsaron a moverse con más urgencia.
Todo un grupo criminal estaba exigiendo la liberación de su líder, condenado hace poco a cadena perpetua.
—Son asesinos —continuó Agnes con un tono sombrío que Kotetsu no había notado antes— y no dudo que están dispuestos a cumplir sus amenazas de matar a los rehenes. Tenemos que actuar rápido.
No era necesario decirlo. Si ellos no lo hacían, alguien más lo haría y todo resultaría en una tragedia de una u otra forma.
Kotetsu no se atrevió a preguntar si se sabía algo de las identidades de los rehenes, escuchando con aprensión lo que se sabía de los criminales, su temor aumentando a cada segundo, cada detalle peor que el anterior. Su mala fama iba con ellos por más de una ciudad, su conteo de víctimas era lo suficientemente alto para parecer exagerado, el solo capturar al jefe de ellos había tomado cuatro años y solo había sido posible gracias a una serie de coincidencias.
¿Qué pasaría ahora que habían salido a la luz y estaban reunidos en un solo lugar?
Algo así bien podía lucir como la oportunidad para acabar con el problema de raíz.
Solo fue cuando estuvieron ya con sus trajes puestos y en camino a los juzgados, Bunny conduciendo velozmente, que Barnaby le quitó el sonido a su comunicador y se dirigió a él.
—No sabemos si Petrov está allá.
No, no tenían idea y ese era parte del problema. Yuri bien podía estar en el medio del peligro y convertirse en una bomba de tiempo o estar en su oficina, bebiendo té endulzado con miel y esperando noticias de lo que estaba ocurriendo unos pisos abajo.
Llamarlo para confirmarlo no serviría de mucho, pues Yuri quizás no estaba en su oficina y era poco probable que contestara su número personal aun si podía.
No había nada seguro de lo que estaba pasando o lo que pasaría y si alguien terminaba muerto, la culpa sería de él.
Tragándose el nudo que se había formado en su garganta y las explicaciones que no tenía tiempo para dar, Kotetsu asintió.
—Lo sé.
Bunny parecía querer decir algo, pero un nuevo reporte de Agnes que seguramente fue transmitido a todos los héroes lo interrumpió y los obligó a concentrarse en el camino.
La llegada a las cercanías de la torre de la justicia, el reunirse con los demás héroes y escuchar nuevos reportes de la situación fueron cosas que pasaron en un parpadeo y Kotetsu no creía poder recordar nada salvo la creciente tensión, la cual solo aumentó cuando llegó la confirmación: Yuri Petrov estaba entre los rehenes.
¿Actuaría aquí y ahora, revelándose frente a el mundo en un impulso autodestructivo justificado con ideas erróneas o esperaría y confiaría en Kotetsu?
—Tenemos que entrar —dijo Kotetsu, inquieto por demasiadas razones.
Los siguientes minutos fueron eternos, mas Kotetsu no podía decir que recordaba nada de ellos.
Fue necesario esperar y escuchar y planear y especular y esperar más, cosa que cada vez era más difícil, pues cada segundo podía hacer la diferencia entre una tragedia o un buen final.
Cuando al fin llegó la orden de actuar, Kotetsu se encontró a sí mismo con el estómago hecho nudos y más impaciente que antes, pues solo Origami Cyclone se acercaría por ahora, aprovechando que habían conseguido la liberación de uno solo de los rehenes como muestra de buena voluntad y los demás héroes debían seguir esperando.
—No por mucho —advirtió Agnes, su tono serio y firme—. Estén listos para actuar apenas tengan mi señ que actuar de inmediato o esto se saldrá de control.
O apenas se viesen obligados y no pudiesen esperar a tal señal, como si había una sola indicación de fuego.
Al final, fue justo eso lo que ocurrió, mas no involucró ninguna llamarada y sí una puerta siendo cerrada tras los dos policias (y Origami, haciéndose pasar por uno) sin que ningún rehén fuese liberado.
Bunny y él intercambiaron una mirada y activaron sus poderes al tiempo, cruzando la entrada de la torre, cuya puerta había sido dejada abierta de par en par, y recorriendo el corredor que llevaba a la sala de la que se habían apoderado.
Fue Kotetsu quien se deshizo del obstáculo de la puerta y quien recibió sin consecuencias el primer disparo.
El sonido de éste causó caos, gritos, pero estaba claro que los criminales no habían esperado una respuesta tan rápida ante su intento de conseguir más rehenes y eso le dio la ventaja a Origami, quien desarmó a uno de los hombres y a Bunny, quien noqueó a dos más, y también a los policías, quienes se encargaron de apresar a otro.
Kotetsu se dirigió a los rehenes, todos sentados contra una de las paredes del lugar (sin duda porque los criminales habían decidido que así era más fácil controlarlos), y se convirtió en el escudo de ellos sin siquiera cerciorarse de la ubicación de Yuri. Por ahora, tenía que ser un héroe para todos y con la llegada del final de su minuto, no podía cubrirlos y enfrentar a alguien al mismo tiempo.
Por suerte, los demás héroes no tardaron en entrar también y pronto todos los malhechores estuvieron apresados gracias a la veloz acción de todos.
Fue solo tras eso que Kotetsu se tomó un momento para buscar entre los rehenes un rostro conocido. El encontrar a Yuri sentado junto a los demás bastó para que Kotetsu se sintiese capaz de volver a respirar.
Quizás en cualquier otra circunstancia, Kotetsu se habría dejado caer en el asiento más cercano, presa del alivio; o incluso, si no existiese una montaña de razones para no hacerlo, habría corrido hacia Yuri.
Él era un héroe, sin embargo, y su deber no había terminado, por lo que indicó en voz alta que estaban a salvo, alzando su casco para sonreírles a todos e indicarles que podían salir y que la policía quería hablar con ellos.
Todos obedecieron, Yuri incluido, aun cuando, a diferencia de los demás, no estaba expresando abiertamente la alegría de verse a salvo. No, en vez de eso, Yuri lucía tan tranquilo como si nunca hubiese temido que el resultado pudiese ser diferente y fue el último en el grupo camino a la puerta, actuando con la parsimonia de quien no está escapando de una prisión temporal.
Kotetsu fue incapaz de resistir el impulso de acercarse y preguntarle en voz baja:
—¿Algo que deba saber?
—¿Como qué, exactamente?
Esa era una buena y exasperante pregunta e, incapaz de responderla, Kotetsu se encogió de hombros.
Yuri se detuvo, quedando como el único rezagado en la sala ahora que los demás ya la habían abandonado y Kotetsu lo imitó, conteniendo la respiración mientras aguardaba.
—Esos hombres no podían permitirse lastimar a ningún rehén —pronunció Yuri al fin, tras un corto suspiro—. Sería una evidencia innegable en su contra y les dificultaría más sus planes futuros.
Eso sonaba como algo lógico y que Yuri llegara a esa conclusión, quizás con la ayuda de lo que los hombres habían dicho durante el tiempo que habían estado allí, tenía sentido. Kotetsu asintió, pese a que no podía decir que estaba del todo satisfecho; todavía faltaba algo, aun si no podía precisar qué...
—Además —continuó Yuri, dedicándole una mirada cargada de intensidad— estoy familiarizado con las medidas que HERO TV toma en estos casos. Y con lo que puedo esperar de Wild Tiger.
¿Ese era una pulla por la puerta que ya no estaba en el camino de nadie y que tendría que ser remplazada, una muestra de confianza o ambos?
Kotetsu resopló.
—Tú y tus bromas.
—No estoy bromeando.
Yuri no sanaba irritado ni indiferente. De hecho, su voz fue tan apagada como quien está confesando un gran secreto que no deseaba que nadie supiera o, incluso, como si no quisiera aceptarlo.
Pero lo había hecho. Yuri había depositado su confianza por completo en él y lo acababa de admitir tanto consigo mismo como con Kotetsu y, con ello, le había quitado un peso de encima.
Quizás era muy pronto para abrazar a Yuri y que la alegría de verlo bien lo hiciese olvidar todas sus dudas justificadas; aun así...
—¿Por qué no vienes esta noche? —dijo tras aclarar su garganta—. Pienso hacer arroz frito.
Y esa no era una invitación con la que buscaba vigilarlo y sin duda Yuri lo sabía, pues le dedicó una mirada incrédula. Pese a eso, no lo recriminó por ello, ni tampoco le dio una de sus advertencias.
Lo que sí hizo, fue suspirar de una manera casi cómica.
—Podrías aprender a cocinar algo más.
—No quiero escuchar eso de alguien que vive de té.
Tener una riña tan mundana era fácil, tal como lo era salir del lugar caminando casi que hombro a hombro y también sonreír pese a que ya no estaban solos.
No que todo estuviese bien, que nunca tuviese que volver a preocuparse o que lo que Yuri había hecho como Lunatic fuese algo del pasado que pudiese ser olvidado y perdonado, pero, en ese momento, el futuro lucía más lleno de esperanza que antes.
Pero... siempre había, siempre habría un pero gracias a Lunatic.
Yuri notó su titubeo de inmediato, pues entrecerró sus ojos al tiempo que se enfocó por completo en él y dio un paso en su dirección, acercándose más de lo que, quizás, debería hacer en público.
—Hay una solución fácil para todo.
Era escalofriante lo mucho que a Yuri le gustaba insinuar algo así, sonando como si lo dijese completamente en serio y prefiriese afrontar las peores consecuencias que buscar ayuda. Esa era una buena razón para mantenerse firme y realmente salvarlo de sí mismo y la culpa que no parecía querer aceptar, así le tomase meses o incluso años y tuviese que seguir avanzando un paso a la vez, como lo había estado haciendo.
Hoy, se recordó Kotetsu, había conseguido dar un paso más y lo bien que había terminado todo lo probaba.
—No me gusta elegir lo fácil.
La sonrisa de Kotetsu hizo que Yuri lo imitara por un corto segundo, en el que sus ojos incluso se llenaron de un calor que no tenía que ver con sus llamas.
