Hacer algo. Hacerlo bien. No dudar nunca de la decisión tomada. Mirar al frente. Dejar ir los miedos. Eso me repetía mientras esperaba afuera de la oficina del director. La secretaria me observaba cada cierto tiempo, probablemente tenía sus dudas sobre mí, pero no podía culparla. De haber sido posible, le hubiese dicho que estaba en lo correcto con sus sospechas.
Tuve que esperar varios minutos hasta que me permitieran la entrada. Adentro, todo estaba ordenado y pulcro. El director sentado detrás del escritorio, mirándome, revisando los papeles de mi carpeta, fingiendo amabilidad.
La reunión fue rápida. Hubo recomendaciones generales, algún comentario que intentaba ser gracioso y falló, risas fingidas, tos para romper los silencios incómodos, hasta que escuché un nombre, el nombre por el que vine a este lugar y que, sin siquiera haber pisado oficialmente la escuela, estaría conmigo. Asentí a todo lo que me decía y sonreí genuinamente.
Al poco tiempo sonó la puerta. El director permitió que pasaran y ahí estaba. No había nada más que decir. Ninguna duda, ni miedo, todo lo que me invadía era emoción, estaba expectante por mis pasos futuros, por lograr mi objetivo.
—Señor Uchiha —dijo el director al mismo tiempo en que se paraba y se acercaba hacia nosotros-, le presento al señor Haruno, el nuevo estudiante con quien compartirá habitación y al que le encargo, por favor. Muéstrele la escuela, sus edificios y dónde está cada cosa necesaria para que pueda desenvolverse aquí.
—Lo haré —respondió él, parado cerca de mí, pero sin siquiera mirarme.
Me abrumaba la idea de que mi primer encuentro con un alumno del Kendal School haya sido precisamente con el que llevo buscando por años.
Hacer algo y hacerlo bien. Continuaba repitiéndomelo.
Caminábamos juntos por el pasillo que nos llevaría fuera de las oficinas administrativas. Al llegar al siguiente edificio nos detuvimos. Más bien él se detuvo frente a mí y me dirigió una mirada escrutiñadora por primera vez. Sus ojos eran duros. Como si toda su vitalidad se concentrara en ellos. Tanta era la fuerza que emanaban, que sentí que se me ruborizaban las mejillas.
—Hace calor, ¿no? —solté mirando en derredor. Él no respondió, seguía sin inmutarse. Más delante de donde estábamos había algo parecido a una sala de estar inmensa y un puñado de chicos se encontraba por ahí. Imaginé que ese sería el edificio donde estarían las habitaciones, pues parecía el más grande de todos los que había visto hasta el momento.
—No creo que de verdad necesites un recorrido —dijo, haciendo que regresara mi atención a él—. ¿O sí? —parecía que su pregunta había sido solo para fingir cordialidad. Ni siquiera intentó cambiar el tono brusco que su voz tenía antes de soltarlo, sino que lo dejó salir, tal cual, esperando o, de nuevo, fingiendo que esperaba una respuesta cuando en realidad era bastante obvio lo que yo diría. Y no solo yo, creo que cualquiera lo haría. Era un tipo hosco este. Sasuke Uchiha.
—No es necesario. Solo dime dónde están los cuartos. El mío… nuestro. Eso será suficiente.
Metió las manos en los bolsillos y giró la mitad de su cuerpo para indicarme que debía subir al segundo piso y que la cuarta puerta era nuestro lugar. Me explicó algunas normas de convivencia, según él necesarias para que 'lleváramos la fiesta en paz' y, sin siquiera permitir que planteara alguna regla yo, se marchó.
Maleta en mano seguí sus indicaciones. Había grupos de chicos jugando, haciéndose bromas y hasta golpeándose. Era un ambiente bastante animado. Al llegar a la habitación, me lancé sobre la cama y revisé el celular. Tenía llamadas perdidas que seguramente querían saber si conseguí infíltrame o no en la escuela. Sin darme cuenta, me dormí por varias horas. Al despertar se escuchaba el ruido de la regadera. Aún somnolienta, me levanté para buscar un cambio de ropa.
La habitación parecía estar arreglada con minuciosidad. Sasuke tenía sus cosas ordenadas por color y por tamaño. A la distancia quise hallar algo que me pudiese servir para continuar con el plan. Encontrar algo así hubiese sido demasiado fácil, por eso, a simple vista, no se veía algo que pudiera ser usado contra los Uchiha. Más adelante habría que revisar los cajones o debajo de la cama. Pero en ese momento no. Sobre todo, porque el sonido del agua de la regadera se había detenido hace algún rato y, al mirar en dirección al baño, vi a Sasuke caminar hasta su cama. Tenía una toalla amarrada en su cintura y el cabello lleno de agua. Seguí desempacando en silencio, olvidando a mi compañero de habitación.
En mi primer día de clases tendría educación física muy temprano a la mañana. Para esto, había decidido que la talla más grande de camiseta sería la adecuada. Las vendas no podrían estar muy flojas y yo debería tener más cuidado del que tengo normalmente.
Trotábamos todos en clases, pero Sasuke no estaba. Parecía que faltaba con regularidad, pero tampoco estaba en nuestro cuarto. Inmediatamente, la imagen de Sasuke recién bañado apareció en mi mente con la misma intensidad con que un rayo atraviesa el cielo. Aumenté la velocidad y me concentré en el entrenamiento de esa mañana. En el descanso, intentando apartar mis pensamientos de aquella escena, miré a mis compañeros. Todos se conocían. Había grupos distintos, pero yo era la única que estaba sola.
—¿Me das un poco de agua? —me preguntó alguien sentándose a mi lado. Le extendí la botella y él bebió hasta la última gota—. Uffff. Me has salvado.
—No es nada —respondí y él extendió su mano. Correspondí el saludo.
—Me llamo Lee. Rock Lee. Debes ser el nuevo.
—Sí. Soy Saku…mo. Sakumo Haruno.
—Ok, Saku…mo —rio al imitar mi titubeo al presentarme—. ¿Ya conoces la escuela? De seguro Sasuke no hizo nada para enseñártela.
—Bueno… creo que no es necesario. Ya la he de conocer a medida que pasen los días. Eso creo.
Lee me observaba con detenimiento. Sonrió y alzó los hombros como diciendo "si tú dices". El resto del entrenamiento la pasamos juntos. Conversamos. O algo así porque en la mayoría de tiempo, quien hablaba era él. Cuando terminó la clase y me alejaba, Lee corrió hasta estar a mi lado. Quiso que fuéramos juntos hasta las habitaciones e incluso me invitó a una fiesta por el comienzo del semestre, a la cual me negué a asistir.
Por un segundo, un breve y fallido segundo, pensé que podría ir, que no pasaría nada, que yo estaba aquí para vivir mi vida escolar con normalidad y que podría hacer amigos. Mi realidad no era esa y yo lo sabía muy bien.
De regreso a la habitación, vi que Sasuke seguía sin aparecer. Dejé mis cosas encima de mi cama y me apresuré a ir sobre las cosas de él. No estaba segura de cuánto tiempo tenía, por lo que solo podía hacer todo rápido, pensando que Sasuke aparecería pronto. Mientras registraba los cajones de su cómoda, la puerta se abrió. Traté de cerrar el cajón y me paré firme.
Sasuke vio que estaba en su lado de la habitación y, aunque no me preguntó directamente, su mirada me impulsaba a querer justificarme, a dar explicaciones que no me habían pedido.
—Necesitaba un poco de champú. Eso era todo. Como no estabas, me tomé el atrevimiento de buscarlo entre tus cosas. Espero que no te moles…
Antes de que terminara de hablar, Sasuke se acercó hasta donde estaba, me empujó ligeramente y caí sobre la cama. Él revolvió uno de sus cajones, tomó algo que no alcancé a distinguir y caminó hacia el baño, de donde salió con un frasco pequeño.
—El champú pasa en el baño no en mis cajones —y me lo lanzó tan fuerte que apenas pude atraparlo sin dejarlo caer—. No toques mis cosas —sentenció y, otra vez, desapareció de la habitación.
Pude respirar recién en ese instante. Saqué de mi bolsillo la hoja que había tomado del cajón de Sasuke y la ojeé. Este era el primer paso.
El teléfono sonaba incontables veces, pero no había respuesta del otro lado. Intenté de nuevo y a punto de perder las esperanzas en que me respondieran, escuché la voz de Ino al otro lado.
—Hey, Ino, soy yo, Sakura. ¿Por qué has tardado en responder?
—Estaba ocupada. Lo importante es que ya estoy aquí. ¿Cómo va todo?
—Sorpresivamente bien. ¡Comparto habitación con el mismísimo Sasuke Uchiha!
Se escuchó un grito que Ino lanzó.
—Es que no puedo créelo. Todo parece estar a nuestro favor.
—Y eso que no te he dicho lo que encontré —Ino gritaba que le dijera lo más pronto, parecía desesperada e intrigada—. Tengo un papel que es de los pagos de las pensiones de la escuela. Claro que son los nombres de una empresa, al parecer, no de una persona, pero si logramos rastrearla, probablemente nos llevará a Fugaku Uchiha.
—¡Esto es maravilloso! No puedo creerlo, en serio. Todo va tan bien y tan fácil. Si esto sigue así, no tendrás que seguir ahí por mucho tiempo, Sakura. Podrás volver a tu vida.
Volver a mi vida, pensé.
—Sí. Estaría bien.
—Y hablando de eso, ¿cómo vas manteniéndote oculta? ¿Usas bien las vendas? ¿Necesitas algo? Ya sabes, esas cosas de mujer…
—No. Cuando necesite algo te lo haré saber.
—Está bien.
—Ino…
—¿Dime…?
—Papá querría esto, ¿verdad?
Silencio. Ino suspiró.
—Pues claro que sí. Quítate esas ideas raras de la cabeza. ¿Me estás escuchando?
—Sí.
—¿Crees que puedas seguir con el plan?
—Estoy segura. Adiós, Ino. Te envié los datos por mensaje.
—Cuídate. Te mantendré informada.
A lo largo del camino de regreso a la habitación, sentí que alguien caminaba detrás de mí, muy cerca, aunque no se veía a nadie. Probablemente era mi imaginación, pues antes de llamar a Ino me aseguré de que el área de la cancha estuviese vacía.
El resto de clases pasaron rápido. Lee se sentó a mi lado y habló casi todo el rato. A la salida y contra mi voluntad, me presentó a varios de mis compañeros. Kiba, Neji, Choji, Shino y Kankuro. Todos lucían muy animados. Hablaban de los juegos internos que se celebrarían en pocas semanas y me preguntaron en qué equipo iba a estar. Lejos de querer responder, inventé alguna excusa, que aún no me decido, que lo pensaría un poco más, cualquier cosa y me alejé diciéndoles que tenía que terminar de desempacar.
En las escaleras me topé a Sasuke. Bajaba acompañado de un chico rubio al que conocía por mis investigaciones de antes de entrar al colegio. Él habló con naturalidad, como si no fuésemos extraños y me sentí un poco intimidada. Parecía que sus ojos azules traspasaban todas las capas externas del cuerpo para llegar justo a tu centro y calmarte. Parecían buenos esos ojos, pero si era amigo de Sasuke, no podía esperar mucho.
—Así que el nuevo. Sakumo, ¿verdad?
—Sí.
—Ya vámonos, Naruto—murmuró Sasuke.
—Je. Ya escuchaste mi nombre. Nos veremos luego, Sakumo. Por favor tenle paciencia a Sasuke. No es lo que parece —me guiñó el ojo y se fue junto a Sasuke, que pasó a mi lado sin mirarme. Sentí un odio intenso dirigido hacia mí, pero quizá solo fuese el aura natural que emanaba Sasuke.
Regresé el papel al cajón de Sasuke y entré al baño para ducharme. Escuché la puerta de la habitación, pero seguí en la ducha. Luego, la voz de Lee sonó sumamente cerca, no solo estaba dentro de la habitación, sino que había avanzado hasta el baño. Un terror desconocido empezó a invadirme, desde los pies hasta los ojos. Tuve el impulso de gritar toda la verdad, de dejar de mentir, pero cuando iba a abrir la boca para decir algo, la voz de Lee se alzó por encima de mis propósitos:
—Sakumo, ¿estás ahí?
Carraspeé intentando reponerme para mantener mi voz gruesa.
—Sí. ¿Por qué estás aquí?
—No pasa nada, Sakumo. Solo quería recordarte la reunión de más tarde. Ya sé que dijiste que no…
—Está bien.
—¿Qué? ¿Seguro?
—Dije que está bien.
Alcé el tono de voz sin darme cuenta. Lee calló un momento.
—Nos vemos —se despidió y se fue. Respiré más tranquila. Me apresuré a bañarme y al salir, Sasuke y Naruto estaban sentados en la cama, hablando con mucha seriedad. Cuando se percataron de mi presencia, Naruto sonrió y Sasuke siguió con la mirada perdida. Me puse audífonos y aparenté acostarme a leer, pero no tenía la música encendida. Estaba escuchando todo lo que decían.
—Si lo que dices es verdad, Sasuke, que no lo creo, ¿entonces quién es al que la policía atrapó la última vez?
—No lo sé, Naruto. Si lo supiera no estaría aquí hablándolo contigo.
—¿Y qué harás?
—Seguir investigando.
—¿Sabes dónde está Itachi?
—No.
El silencio se prolongó hasta que Naruto se puso en pie. Me miró y me hizo un gesto para que me sacara los audífonos.
—¿Irás a la fiesta?
—Sí.
—Pues vamos juntos entonces. Es la hora.
Me levanté, tomé mi celular y esperé. Naruto salió de la habitación para responder una llamada y al instante en que quedamos solos, Sasuke me habló por primera vez en el día.
—¿Qué planeas?
No supe cómo responder y el gesto de mi cara debió dárselo a entender porque se levantó y se paró frente a mí. Tragué saliva.
—No sé de qué hablas.
—No mientas —habló. Su voz destellaba odio, eso era indudable—. Estuviste husmeando en mis cosas. ¿Quién eres?
Mi respiración se aceleró.
—No entiendo —repetí. Era lo único que se me ocurría. Mi garganta estaba seca y los nervios se volvían peor con cada segundo. Sasuke ni siquiera pestañeaba.
—Te diré algo y lo diré una sola vez —se acercó aún más. Tanto que su aliento rebotaba en mi nariz, en mis mejillas—: aléjate de mí. Y de mis amigos o te arrepentirás.
Quise decir algo, una mentira, pero no fui capaz. Estaba de pie frente a él, con miedo, sin ánimo para inventarme algo y él estaba tan seguro de que yo ocultaba algo, de que yo era un enemigo y eso solo me hizo querer saber por su vida, por qué alguien tendría los instintos tan afilados pero la respuesta era fácil porque se trataba de él. De Sasuke Uchiha.
