Alucard había convertido buena parte de la biblioteca en un laboratorio para Mirrha. El día siguiente a la tormenta eléctrica, el joven encontró a la niña plantada en el umbral, observando hacia los libros y al sentir su presencia dijo muy decidida "quiero saber cómo funcionan". Alucard preguntó qué cosa, a lo que ella respondió, "los rayos y los truenos".
Era la primera vez que Mirrha expresaba algún deseo, desde que le pidió que le permitiera quedarse y aunque él no sabía al principio qué hacer para concederle ese deseo, accedió sin decírselo.
Pasó los días siguientes hablándole a Mirrha sobre la electricidad, los fenómenos lumínicos, los colores. Y por las noches preparaba un espacio en la biblioteca.
-esta bien si no logras entenderlo al principio- dijo tras observar el ceño fruncido de Mirrha.
-Pero quiero entender- Alucard no estaba seguro si aquello era determinación o berrinche. - está… e-electricidad ¿en dónde está?
-en todas partes, en los objetos, en los cuerpos, en el aire- explicaba el rubio mientras frotaba sus manos con un trozo de tela.
-p-pero, ¿cómo..¡au!- la niña se cubrió la nariz al sentir una pequeña explosión proveniente del dedo índice de su maestro- ¿qué fue…? ¿Eso fue…?
-electricidad Mirrha-
La chica tenía una cara de asombro tal que Alucard no pudo evitar sonreír un poco.
-¿qué más?- preguntó entusiasmada.-¿hay electricidad en las plantas?
-si, y también en algunos animales- el joven sacó de su bolsillo una brújula- la electricidad produce fenómenos, como pequeñas explosiones, luces…
-¡como los rayos y los truenos!-
-así es, y otras cosas-
-¿qué cosas?-
Alucard suspiró antes de continuar. La energía de Mirrha a veces lo agotaba.
Alucard enseñó la brújula.
-los viajeros usan esto para saber el camino, porque la electricidad atrae esta aguja hacia el sur de la Tierra-
-¿qué?-
-la electricidad hace que las cosas se atraigan-
-¿a-atraerse?-
-si, y puede hacer que otras cosas se repelan-
-pero ¿cómo?-
-adentro de las cosas la electricidad tiene dos formas, por así decirlo. Positiva negativa, no quiere decir que sean buenas o malas, sólo quiere decir que son diferentes. Cuando dos objetos tienen electricidad positiva o electricidad negativa se repelen, pero cuando son opuestos, se atraen-
-¿los opuestos se atraen?- preguntó Mirrha pensativa.
-Así es- respondió Alucard alzando la vista. La chica lo miraba absorta, con las mejillas rosas y los labios entreabiertos. Apartó la vista algo turbado.- ¿por qué no vas a comer algo? Pensar hace que gastes energía
Mirrha se levantó sin decir nada, pero sus orejas estaban coloradas y salió mirando el suelo.
-No sé qué estoy haciendo recordando esto- se dijo Alucard a sí mismo la noche que le presentó el laboratorio a Mirrha. Había pasado las noches de las últimas semanas construyendo el espacio. No estaba precisamente exhausto, pero por alguna razón estaba ansioso.
La encontró en una de las salas, leyendo de cabeza en el sillón y con la brújula colgando en su cuello.
-¡Señor Tepes!- exclamó al verlo, acomodándose con vergüenza.
-Acompáñame por favor-
Mirrha se puso nerviosa de repente.
-Si- respondió levantándose y siguiéndolo hacia las escaleras de la biblioteca. Al entrar, vió un especie de contenedor cubierto con una tela negra.
-Espera un momento- Alucard descubrió el objeto y reveló una especie de jaula de cristal que por detrás tenía una infinidad de bulbos y palancas.
-¿y esto… qué es?-
La chica observó a su maestro verter un líquido extraño dentro de uno de los bulbos. La maquinaria donde estaban las palancas comenzó a vibrar, y él las subía y bajaba, abría y cerraba llaves.
La jaula se empezó a llenar de vapor, las volutas giraban y giraban. Se compactaron a cada momento adquiriendo colores densos. Pronto Mirrha sabía lo que estaba viendo: nubes.
-las nubes provienen del agua Mirrha- explicaba Alucard mientras ella observaba absorta el espectáculo en la jaula.- Se evapora y sube al cielo, crea nubes. El agua conduce electricidad y cuando las nubes se llenan de agua, se frotan entre ellas, excitando la electricidad que llevan dentro y luego…
Dentro del contenedor empezó una danza de chispas e hilos de luz. Se propagaban como ramas de árboles, como telarañas.
Mirrha se había llevado las manos al pecho. Pronto le fue imposible seguir escuchando las palabras de su acompañante. Todo lo que veía eran las luces y los destellos del otro lado del cristal.
-Señor Tepes- lo llamó ella.
-Dime- dijo él volviendo su vista. Se asombró de ver una lágrima que recorría su mejilla. Pero ella le repuso sonriendo:
-gracias, es de verdad muy bello-
Entonces Alucard reconoció en la niña, el cabello negro de su padre y la ternura de su madre. Y pensó en él mismo: su cabello rubio y su silencio.
-No es nada- le contestó a la chica, y pensó entonces, con ganas de que su madre lo escuchara, donde quiera que estuviera, que su broma, no le hacía para nada gracia.
Miró de nuevo a Mirrha sonreír, extasiada.
-Con qué, los opuestos ¿eh?-Y se percató de que algo tibio se instalaba en su pecho.
