La niña sintió algo caliente resbalar por sus mejillas y hacía lo que podía por esconder su rostro en su cabello. Mirrha, había dicho su nombre de nuevo, de una manera tan oscura y terrorífica que la había puesto a temblar, y a pesar de eso, no sabía cómo empezar a explicar, o qué decir. La verdad era que guardar un secreto del hombre que la había acogido y enseñado la estaba volviendo loca.
Todo empezó unas semanas atrás cuando al perseguir una liebre se salió del camino habitual. Ya le había dado con la flecha y seguía escabulléndose por todas partes. Cuando por fin la atrapó escuchó un crujir de ramas y pensando que era un venado hizo caso omiso pero luego.
-oye niña, ¿qué haces aquí?- la sangre se le heló en ese momento. Montado en un caballo, un chico rubio la miraba, con los ojos pálidos y azules como hielo, tenía tal vez dos años más que ella.- ¿eres muda? estas muy lejos de la aldea, deberías regresar
En ese momento solo hizo lo primero que le vino a la mente, apuntó el arco hacia él, los ojos del joven se abrieron con sorpresa y luego se cerraron de golpe con el disparo. Cuando los abrió de nuevo la chica ya no estaba.
Mirrha entró por la puerta apurada y sintió la mirada de su guardián sobre ella. Pero se apuró en reponerse y dijo "he llegado" de la forma más natural que pudo. Estaba algo nerviosa por el incidente, pero, al fin y al cabo no iba a volver a encontrarse con aquella persona, o eso fue lo que pensó, por que unos días después mientras se encontraba buscando bayas sintió que algo la miraba entre los arbustos.
Escabulléndose entre los árboles logró identificar una figura que la seguía y justo cuando pasaba a su lado, salió de su escondite apuntando la flecha. Era aquel chico de nuevo. Esta vez fue ella la que tragó aire con sorpresa.
¿Qué haces aquí?- preguntó inmediatamente.
Vaya, hablas, qué sorpresa- dijo él en tono burlón.
¿Qué haces aquí?- repitió ella tensando el arco. Él trago un nudo en su garganta.
No quiero hacerte daño, tranquila. Estoy viajando y mi compañía hizo su campamento cerca. Te escuché caminar sin saber que eras tú y me puse a seguir los pasos ¿de dónde vienes?- la chica lo miró con detenimiento, su cabello no era tan rubio como el de Alucard y parecía tener en su semblante implantado una sorna perpetua que a decir verdad, la irritaba un poco.
De ningún lado- dijo simplemente- deberías irte, hay osos por aquí.
Espera- dijo él- ¿vives por aquí?
No, este lugar es inhabitable, deberías irte- dijo antes de desaparecer entre los arbustos. En esa ocasión pensó en decir algo a Alucard, pero no quería molestarlo con cosas sin importancia, y además, si dijo que estaba viajando, lo más probable es que la próxima vez que saliera a cazar ya no estaría. Eso fue lo que pensó, y atrasó lo más que pudo salir a cazar de nuevo, hasta que no le quedó más opción.
Esta vez decidió ir por el cauce del río, cuando el sonido familiar de las piedras fue interrumpido por el crujir de ramas y un golpe seco. Ahí tirado en la orilla, una vez más el extraño. Mirrha frunció el ceño de inmediato.
¿otra vez tú?- preguntó con cansancio.
también me da gusto verte- le contestó él reponiendose de la caída.- ¿por qué te gusta deambular tan lejos de la aldea?
la chica lo miró con detenimiento y sólo después contestó simplemente.-me gustan las bayas que crecen por aquí-
Ah, eso…- el joven le extendió algo en ese momento. Era su canasta, pero estaba llena de moras y bayas- la dejaste la última vez, me comí las que recolectaste esa vez pero la llené a manera de disculpas.
Mirrha dudó en tomarla al principio pero al final cedió.-gracias- murmuró por lo bajo.
No hay de qué, eres una chica extraña, pero debo decir que tienes agallas, no cualquiera viene a esta parte del bosque armado solo con un arco. Dicen que habita una bestia en lo profundo ¿sabías?- dijo él sin dejar de sonreír.
Seguro sólo son los osos, a la gente en esa aldea le gustan mucho los chismes-
Ah, entonces vives ahí ¡lo sabía!- Mirrha empezaba a sentirse incómoda- y seguramente tu familia es de curadores ¿no?
¿Eh?- abrió los ojos sorprendida.
La daga que llevas ahí, es una daga de curadores ¿cierto? Mi familia se dedica a vender objetos extraños, viajamos en caravana, y recuerdo haber visto antes cosas con esa serpiente inscripta, debe ser antigua- la chica se dió cuenta de que había dejado pasar mucho tiempo con aquel extraño. Tenía que hallar la forma de volver ya.
Debo irme ahora- dijo y se internó en el bosque.
Oye, espera- dijo él siguiendo el paso- no es seguro que vayas sola, déjame acompañarte.
No- se apresuró a decir.- estoy bien. Ustedes deberían acampar más cerca de la aldea, es cierto que el bosque es peligroso pero no hay ningún monstruo.
La gente de las aldeas no nos quiere mucho ¿sabes? Piensan que somos ladrones o cosas así- dijo él rascándose la cabeza. Ella se sintió mal por él en ese momento, conocía bien lo crueles que podían ser las personas en ese pueblo.
la gente en las aldeas es tonta, no se pierden de mucho en serio- contestó sin pensar mientras seguía caminando.
si bueno… no pasa nada… la gente en Wallachia es así desde los desiertos hasta las montañas, hey, espera- Mirrha paró en seco.
¿haz estado en los desiertos?- preguntó de pronto. El joven captó un destello en sus ojos.
-bueno sí, en muchas partes, las caravanas viven viajando, a mucha gente no le gusta pero… los cielos estrellados, el paisaje, la gente… a mi me gusta todo eso- Mirrha notó cómo mientras hablaba, los ojos del chico parecían viajar y esbozó una pequeña sonrisa sin querer.
vaya…- dijo él- con que también sonríes.-Ella alejó la vista de inmediato. Siguió caminando con prisa intentando perderlo, pero se movía muy bien entre los arbustos y estaba empezando a cansarse.- ¿no es mejor que regreses? tu familia debe estar preocupada
no tengo familia- contestó ella tajante.
oh, lo siento…- murmuró el chico apenado- en ese caso… ¿no te gustaría venir conmigo?
Mirrha paró de inmediato, y lo cuestionó con los ojos. Él se sorprendió por su expresión y contestó sonriendo:
No tenemos un curador en la caravana, sería de mucha ayuda y además viajarías con nosotros y verías muchas cosas… y…- Mirrha dejó de escuchar, sólo podía ver su sonrisa y sus mejillas ruborizadas. Debo regresar, pensaba.- ¿qué opinas?
-yo…- de pronto sintió el suelo temblar de manera inusual, algo se movía rápido hacia ellos arrancando ramas y removiendo la tierra. Cuando la chica se dió cuenta ya era demasiado tarde, el oso apareció frente a ellos.- ¡corre!
Tomó al chico del brazo y se internó en el bosque, pero el animal avanzaba rápido hacia ellos. Sin darse cuenta se habían metido en su territorio. Sentía el corazón estrellarse contra sus costillas y las zarzas rasguñarle las piernas. De pronto el camino desapareció, frente a ellos una enorme piedra tapaba el paso. Mirrha apenas tuvo tiempo para reaccionar cuando el oso ya estaba frente a ellos, tomó una flecha como pudo y tensó su arco. Como pudo apuntó y la flecha fue a parar al ojo del animal. Ambos salieron corriendo de nuevo.
Después de un rato, la chica reconoció el lugar, sabía que estaba cerca de la mansión así que soltó al chico.
Debemos separarnos- dijo terminante- yo iré hacia allá, tú regresa al campamento.
Pero…-
¡Pero nada! Estoy bien. Necesitas irte, ya.- a juzgar por su apariencia, su compañero seguía en shock. Mirrha aprovechó para escabullirse entre los arbustos y librarse de él. Alcanzó a cazar una liebre en el camino.
Ahora estaba en la cocina, tratando de recuperarse de la interacción con su maestro. Tenía que decirle la verdad, pero no sabía cómo, ni qué decir, y la culpa se la estaba comiendo viva.
