Alucard caminaba de regreso, sintiendo el viento en su cabello empapado. ¿Por qué no lo había considerado antes? Era lógico que para ella, que creció con gente a su alrededor, tarde o temprano empezaría a sentir la falta del contacto humano. "Humano". Qué ironía, la gente por la que llegó al punto de matar a su padre, eran la razón potencial por la que Mirrha se alejaría de él en algún momento… porque el hijo de un vampiro, no es exactamente humano ¿o si?
¿Qué estás pensando?, se dijo a sí mismo. Desde el principio sabías que no sería mucho tiempo. Se rascó la cabeza para alejar sus pensamientos, pero lo que logró distraerlo fue el crujir de una rama. De inmediato dirigió sus ojos a dónde venía el sonido y vio emerger de las sombras una figura desconocida.
-oh, una persona- era un joven más o menos de la edad de Mirrha, con el cabello cenizo y los ojos muy azules. Su ropa estaba rasgada de algunas partes y tenía raspones por todas partes de donde asomaban pequeñas gotas de sangre.- yo… ¿de casualidad vio a una chica por aquí?
Alucard abrió los ojos con asombro.
-¿disculpa…?-
-una chica, como de esta estatura, estaba con ella hace poco pero apareció un oso y salió huyendo hacia el interior del bosque pero…- Alucard pensó qué decir por unos instantes.
-estás herido- dijo por fin.
-oh, sólo son rasguños- contestó el joven.
-ven conmigo- Alucard se dió la vuelta y empezó a caminar.
-e-espera…- el chico empezó a seguirle el paso. Lo miró con detenimiento y no pudo evitar pensar que era algo sospechoso. No estaba vestido como para ir de caza, tenía el cabello y la ropa húmedos como si se hubiera metido al río así sin más, y estaba demasiado tranquilo como para estar perdido en el interior del bosque… y además, cerca de aquella persona… hacía frío, por alguna razón.-¿vives por aquí?
-algo así- repuso Alucard simplemente. El joven arqueó su ceja con desconfianza. Pronto entre los árboles apareció la fachada del castillo y el chico sintió un escalofrío bajar por su espalda, ese lugar le resultaba muy familiar por alguna razón.
La puerta principal se abrió y dejó salir a una figura conocida. La chica paró en seco en cuanto los vió y dejó caer sus brazos sorprendida. El joven que caminaba detrás de Alucard hizo lo mismo.
-e-esa es…-
-Mirrha- la llamó su amo. Y en su voz que normalmente era gentil y aterciopelada, la niña sintió un inusual filo- aquí hay una persona herida, cúrala.
-Mirrha…-repitió el rubio muy bajo, pero no lo suficiente para que Alucard no lo oyera. Sin más, entró por la puerta del castillo dejando a los dos jóvenes solos y sin prisa bajó por las escaleras de la biblioteca tratando de descifrar, qué era lo que estaba sintiendo.
